La fe
pascual: anunciar al Resucitado
Decir que Jesús murió y luego resucitó, es decir,
que está vivo, se apoya en el testimonio apostólico y en la fe, transmitida por
los Evangelios y por la tradición, que afirman la realidad de la cruz vacía y
la presencia real de Cristo. Transmitir este acontecimiento inaudito se funda
en la experiencia espiritual, en los sacramentos —especialmente la Eucaristía—
y en el testimonio de vida de los creyentes.
Primera lectura
LECTURAS
ANTIGUO TESTAMENTO.
Primera
Lectura.
Gn
1,1. 26-31a (forma breve)
Vio
Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno
Lectura del libro del Génesis
AL principio creó Dios el cielo y la tierra.
Dijo Dios:
«Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar,
las aves del cielo, los ganados y los reptiles de la tierra».
Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los
creó.
Dios los bendijo; y les dijo Dios:
«Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen los
peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la
tierra».
Y dijo Dios:
«Miren, les entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la superficie
de la tierra y todos los árboles frutales que engendran semilla: les servirán
de alimento.
Y la hierba verde servirá de alimento a todas las fieras de la tierra, a todas
las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra y a todo ser que
respira»,
Y así fue.
Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno.
Palabra de Dios
Segunda
Lectura .
Gn
22, 1-2.9a.10-13.15-18 (forma breve)
El
sacrificio de nuestro Patriarca Abrahán
Lectura del libro del Génesis
EN aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán. Le dijo:
«¡Abrahán!»
El respondió:
«Aquí estoy»
Dios dijo:
«Toma a tu hijo único, al que amas, a Isaac, y vete a la tierra de Moria y
ofrécemelo allí en holocausto en uno de los montes que yo te indicaré»
Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar
y apiló la leña. Entonces Abrahán alargó la mano y tomó el cuchillo para
degollar a su hijo.
Pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:
«¡Abrahán, Abrahán!».
Él contestó:
«Aquí estoy»
El ángel le ordenó:
«No alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado
que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo»
Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la
maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su
hijo.
El ángel del Señor llamó a Abrahán por segunda vez desde el cielo y le dijo:
«Juro por mí mismo, oráculo del Señor: por haber hecho esto, por no haberte
reservado tu hijo, tu hijo único, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a
tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus
descendientes conquistarán las puertas de sus enemigos. Todas las naciones de
la tierra se bendecirán con tu descendencia, porque has escuchado mi voz».
Palabra de Dios
Tercera
lectura.
Éx
14,15 - 15,1 (nunca se puede omitir)
Los
hijos de Israel entraron en medio del mar, en lo seco
Lectura del libro del Éxodo
EN aquellos días, el Señor dijo a Moisés
«¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los hijos de Israel que se pongan en
marcha. Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para
que los hijos de Israel pasen por medio del mar, por lo seco. Yo haré que los
egipcios se obstinen y entren detrás de ustedes, y me cubriré de gloria a costa
del faraón y de todo su ejército, de sus carros y de sus jinetes. Así sabrán
los egipcios que yo soy el Señor
cuando me haya cubierto de gloria a costa del faraón, de sus carros y de sus
jinetes»,
Se puso en marcha el ángel del Señor, que iba al frente del ejército de Israel,
y pasó a retaguardia. También la columna de nube, que iba delante de ellos, se
desplazó y se colocó detrás, poniéndose entre el campamento de los egipcios y
el campamento de Israel. La nube era tenebrosa y transcurrió toda la noche sin
que los ejércitos pudieran aproximarse el uno al otro. Moisés extendió su mano
sobre el mar y el Señor hizo retirarse el mar con un fuerte viento del este que
sopló toda la noche; el mar se secó y se dividieron las aguas. Los hijos de
Israel entraron en medio del mar, en lo seco, y las aguas les hacían de muralla
a derecha e izquierda. Los egipcios los persiguieron
y entraron tras ellos, en medio del mar: todos los caballos del faraón, sus
carros y sus jinetes.
Era ya la vigilia matutina cuando el Señor miró desde la columna de fuego y
humo hacia el ejército de los egipcios y sembró el pánico en el ejército
egipcio. Trabó las ruedas de sus carros, haciéndolos avanzar pesadamente.
Los egipcios dijeron:
«Huyamos ante Israel, porque el Señor lucha por él contra Egipto».
Luego dijo el Señor a Moisés:
«Extiende tu mano sobre el mar, y vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus
carros y sus jinetes»
Moisés extendió su mano sobre el mar, y al despuntar el día el mar recobró su
estado natural, de modo que los egipcios, en su huida, toparon con las aguas.
Así precipitó el Señor a los egipcios en medio del mar.
Las aguas volvieron y cubrieron los carros, los jinetes y todo el ejército del
faraón, que había entrado en el mar Ni uno solo se salvó.
Mas los hijos de Israel pasaron en seco por medio del mar, mientras las aguas
hacían de muralla a derecha e izquierda.
Aquel día salvó el Señor a Israel del poder de Egipto, e Israel vio a los
egipcios muertos, en la orilla del mar. Vio, pues, Israel la mano potente que
el Señor había desplegado contra los egipcios, y temió el pueblo al Señor, y
creyó en el Señor y en Moisés, su siervo.
Entonces Moisés y los hijos de Israel entonaron este canto al Señor.
NO
SE DICE Palabra de Dios.
Cuarta
lectura.
Is 54,5-14
Con amor eterno te quiere el Señor, tu libertador
Lectura del libro de Isaías.
QUIEN te desposa es tu Hacedor:
su nombre es Señor todopoderoso.
Tu libertador es el Santo de Israel:
se llama «Dios de toda la tierra».
Como a mujer abandonada y abatida
te llama el Señor;
como a esposa de juventud, repudiada
-dice tu Dios-
Por un instante te abandoné,
pero con gran cariño te reuniré.
En un arrebato de ira,
por un instante te escondí mi rostro,
pero con amor eterno te quiero
-dice el Señor, tu libertador-
Me sucede como en los días de Noé:
juré que las aguas de Noé
no volverían a cubrir la tierra;
así juro no irritarme contra ti
ni amenazarte.
Aunque los montes cambiasen
y vacilaran las colinas,
no cambiaría mi amor
ni vacilaría mi alianza de paz
- dice el Señor que te quiere-.
¡Ciudad afligida, azotada por el viento,
a quien nadie consuela!
Mira, yo mismo asiento tus piedras sobre azabaches,
tus cimientos sobre zafiros
haré tus almenas de rubí,
tus puertas de esmeralda,
y de piedras preciosas tus bastiones.
Tus hijos serán discípulos del Señor,
gozarán de gran prosperidad tus constructores.
Tendrás tu fundamento en la justicia:
lejos de la opresión, no tendrás que temer;
lejos del terror, que no se acercará.
Palabra de Dios.
Quinta lectura.
Is 55,1-11
Vengan a mi y vivirán. Sellaré con ustedes una alianza perpetua
Lectura del libro de Isaías
ESTO dice el Señor:
«Sedientos todos, acudan por agua;
vengan, también los que no tienen dinero:
compren trigo y coman, vengan y compren,
sin dinero y de balde, vino y leche.
¿Por qué gastar dinero en lo que no alimenta
y el salario en lo que no da hartura?
Escúchenme atentos y comerán bien,
saborearán platos sustanciosos.
Inclinen su oído, vengan a mí:
escúchenme y vivirán.
Sellaré con ustedes una alianza perpetua,
las misericordias firmes hechas a David:
lo hice mi testigo para los pueblos,
guía y soberano de naciones.
Tú llamarás a un pueblo desconocido
un pueblo que no te conocía correrá hacia ti;
porque el Señor tu Dios,
el Santo de Israel te glorifica.
Busquen al Señor mientras se deja encontrar,
invóquenlo mientras está cerca.
Que el malvado abandone su camino,
y el malhechor sus planes;
que se convierta al Señor, y él tendrá piedad,
a nuestro Dios, que es rico en perdón.
Porque mis planes no son sus planes,
los caminos de ustedes no son mis caminos
-oráculo del Señor-.
Cuanto dista el cielo de la tierra,
así distan mis caminos de los de ustedes,
y mis planes de sus planes.
Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo,
y no vuelven allá sino después de empapar la tierra,
de fecundarla y hacerla germinar,
para que dé semilla al sembrador
y pan al que come,
así será mi palabra que sale de mi boca:
no volverá a mí vacía,
sino que cumplirá mi deseo
y llevará a cabo mi encargo».
Palabra de Dios
Sexta lectura.
Ba 3,9-15.32 - 4,4
Camina al resplandor de su luz
Lectura del libro de Baruc.
ESCUCHA, Israel, mandatos de vida;
presta oído y aprende prudencia
¿Cuál es la razón, Israel,
de que sigas en país enemigo
envejeciendo en tierra extranjera;
de que te crean un ser contaminado,
un muerto habitante del Abismo?
¡Abandonaste la fuente de la sabiduría!
Si hubieras seguido el camino de Dios,
habitarías en paz para siempre.
Aprende dónde está la prudencia,
dónde el valor y la inteligencia,
dónde una larga vida,
la luz de los ojos y la paz.
¿Quién encontró su lugar
o tuvo acceso a sus tesoros?
El que todo lo sabe la conoce
la ha examinado y la penetra;
el que creó la tierra para siempre
y la llenó de animales cuadrúpedos
el que envía la luz y le obedece,
la llama y acude temblorosa;
a los astros que velan gozosos
arriba en sus puestos de guardia,
los llama, y responden: «Presentes»
y brillan gozosos para su Creador.
Este es nuestro Dios
y no hay quien se le pueda comparar;
rastreó el camino de la inteligencia
y se lo enseñó a su hijo, Jacob,
se lo mostró a su amado, Israel.
Después apareció en el mundo
y vivió en medio de los hombres
Es el libro de los mandatos de Dios
la ley de validez eterna:
los que la guarden vivirán;
los que la abandonen morirán.
Vuélvete, Jacob, a recibirla,
camina al resplandor de su luz;
no entregues a otros tu gloria
ni tu dignidad a un pueblo extranjero.
¡Dichosos nosotros, Israel,
que conocemos lo que agrada al Señor!
Palabra de Dios.
Séptima lectura.
Ez 36,16-17a.18-28
Derramaré sobre ustedes un agua pura. y les daré un corazón nuevo
Lectura de la profecía de Ezequiel.
ME vino esta palabra del Señor
«Hijo de hombre, la casa de Israel profanó
con su conducta y sus acciones
la tierra en que habitaba.
Me enfurecí contra ellos,
por la sangre que habían derramado en el país,
y por haberlo profanado con sus ídolos.
Los dispersé por las naciones,
y anduvieron dispersos por diversos países.
Los he juzgado según su conducta y sus acciones
Al llegar a las diversas naciones,
profanaron mi santo nombre,
ya que de ellos se decía:
´´Estos son el pueblo del Señor
y han debido abandonar su tierra´´.
Así que tuve que defender mi santo nombre,
profanado por la casa de Israel
entre las naciones adonde había ido.
Por eso, di a la casa de Israel:
´´Esto dice el Señor Dios:
No hago esto por ustedes, casa de Israel,
sino por mi santo nombre, profanado por ustedes
en las naciones a las que fueron.
Manifestaré la santidad de mi gran nombre,
profanado entre los gentiles,
porque ustedes lo han profanado en medio de ellos.
Reconocerán las naciones que yo soy el Señor
-oráculo del Señor Dios-,
cuando por medio de ustedes les haga ver mi santidad.
Los recogeré de entre las naciones,
los reuniré de todos los países
y los llevaré a su tierra.
Derramaré sobre ustedes un agua pura
que los purificará:
de todas sus inmundicias e idolatrías
los he de purificar
y les daré un corazón nuevo,
y les infundiré un espíritu nuevo;
arrancaré de su carne el corazón de piedra,
y les daré un corazón de carne.
Les infundiré mi espíritu,
y haré que caminen según mis preceptos, y que guarden y cumplan mis mandatos. Y
habitarán en la tierra que di a sus padres. Ustedes serán mi pueblo, y yo seré
su Dios´´».
Palabra de Dios.
LECTURA NUEVO TESTAMENTO.
Epístola.
Rm 6,3-11 .
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.
HERMANOS:
Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte.
Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que
Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también
nosotros andemos en una vida nueva.
Pues si hemos sido incorporados a él en una muerte como la suya, lo seremos
también en una resurrección como la suya; sabiendo que nuestro hombre viejo fue
crucificado con Cristo, para que fuera destruido el cuerpo de pecado, y, de
este modo, nosotros dejáramos de servir al pecado
porque quien muere ha quedado libre del pecado.
Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos
que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte
ya no tiene dominio sobre él. Porque quien ha muerto, ha muerto al pecado de
una vez para siempre; y quien vive, vive para Dios
Lo mismo ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo
Jesús.
Palabra de Dios.
Salmo
Salmo
responsorial a la primera lectura.
Sal 104(103), 1-2a.5-6.10 y 12.13-14ab.24 y 35c (R. cf. 30)
R. Envía tu espíritu,
Señor
y repuebla la faz de la tierra.
V. Bendice, alma
mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R.
V. Asentaste la tierra
sobre sus cimientos,
y no vacilará jamás;
la cubriste con el manto del océano,
y las aguas se posaron sobre las montañas. R.
V. De los manantiales
sacas los ríos,
para que fluyan entre los montes;
junto a ellos habitan las aves del cielo,
y entre las frondas se oye su canto. R.
V. Desde tu morada
riegas los montes,
y la tierra se sacia de tu acción fecunda;
haces brotar hierba para los ganados,
y forraje para los que sirven al hombre.
Él saca pan de los campos. R.
V. Cuántas son tus
obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría;
la tierra está llena de tus criaturas.
¡Bendice, alma mía, al Señor! R.
Salmo
responsorial a la segunda lectura.
Sal 16(15), 5+8.9-10.11 (R. 1)
R. Protégeme, Dios mío,
que me refugio en ti.
V. El Señor es el lote
de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R.
V. Por eso se me alegra
el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos ni dejarás a tu fiel ver
la corrupción. R.
V. Me enseñarás el
sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R.
Salmo
responsorial a la tercera lectura.
Sal Éx 15,1-2ab.2cd.3-4. 5-6.17-18 (R. 1a)
R. Cantaré al Señor,
gloriosa es su victoria.
V. Cantaré al Señor,
gloriosa es su victoria,
caballos y carros ha arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
Él fue mi salvación.
Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré. R.
V. El Señor es un
guerrero,
su nombre es ´´El Señor´´.
Los carros del faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes. R.
V. Las olas los
cubrieron,
bajaron hasta el fondo como piedras.
Tu diestra, Señor, es magnífica en poder,
tu diestra, Señor, tritura al enemigo. R.
V. Lo introduces y lo
plantas en el monte de tu heredad,
lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás. R.
Salmo
responsorial a la cuarta lectura .
Sal 30(29),3-4.5-6.12ac-13 (R. 2a)
R. Te ensalzaré, Señor,
porque me has librado.
V. Te ensalzaré, Señor,
porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R.
V. Tañan para el Señor,
fieles suyos,
celebren el recuerdo de su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo. R.
V. Escucha, Señor, y ten
piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R.
Salmo
responsorial a la quinta lectura.
Sal Is 12,2-3.4bcd.5-6 (R. 3)
R. Sacarán aguas con
gozo de las fuentes de la salvación.
V. «Él es mi Dios y
Salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación»,
Y sacarán aguas con gozo
de las fuentes de la salvación. R.
V. «Den gracias al
Señor,
invoquen su nombre,
cuenten a los pueblos sus hazañas,
proclamen que su nombre es excelso». R.
V. Tañan para el Señor,
que hizo proezas
anúncienlas a toda la tierra;
griten jubilosos, habitantes de Sion
porque es grande en medio de ti el Santo de Israel. R.
Salmo
responsorial a la sexta lectura.
Sal 19(18),8. 9.10.11 (R. Jn 6,68c)
R. Señor, tú
tienes palabras de vida eterna.
V. La ley del Señor es
perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye a los ignorantes. R.
V. Los mandatos del
Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R.
V. El temor del Señor es
puro
y eternamente estable
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R.
V. Más preciosos que el
oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R.
Salmo
responsorial a la séptima lectura.
Sal 42(41),3. 5bcd; 43(42),3.4
R. Como busca
la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío.
V. Mi alma tiene sed de
Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R.
V. Cómo entraba en el
recinto santo,
cómo avanzaba hacia la casa de Dios
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta. R.
V. Envía tu luz y tu
verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada. R.
V. Me acercaré al altar
de Dios,
al Dios de mi alegría,
y te daré gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío. R.
Salmo
responsorial a la séptima lectura
(cuando se celebra el Bautismo, opción 1).
Is 12, 2-3. 4bcde. 5-6 (R:3)
R. Sacarán
aguas con gozo de las fuentes de la salvación.
V. «El es mi Dios y
Salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor
él fue mi salvación»
Y sacarán aguas con gozo
de las fuentes de la salvación. R.
V. «Den gracias al
Señor,
invoquen su nombre,
cuenten a los pueblos sus hazañas,
proclamen que su nombre es excelso». R.
V. Tañan para el Señor,
que hizo proezas,
anúncienlas a toda la tierra;
griten jubilosos, habitantes de Sion,
porque es grande en medio de ti el Santo de Israel. R.
Salmo
responsorial a la epístola.
Sal 118 (117),1-2.15c+16a+17.22-23
R. Aleluya,
aleluya, aleluya.
V. Den gracias al Señor
porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R.
V. «La diestra del Señor
es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa»,
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R.
V. La piedra que
desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R.
Evangelio
Mt
28, 1-10
Ha
resucitado y va por delante de ustedes a Galilea
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
PASADO el sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María la
Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la
tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la
piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como
la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel
habló a las mujeres:
«Ustedes no teman, ya sé que buscan a Jesús el crucificado. No está aquí: ¡ha
resucitado!, como había dicho. Vengan a ver el sitio donde yacía y vayan aprisa
a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante
de ustedes a Galilea. Allí lo verán”. Miren, se lo he anunciado».
Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría
corrieron a anunciarlo a los discípulos.
De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:
«Alégrense».
Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él.
Jesús les dijo:
«No teman: vayan a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me
verán».
Palabra del Señor.
Queridos hermanos y hermanas:
Esta es la noche más santa de todas las noches. La
Iglesia entera se reúne en torno al fuego nuevo, al cirio pascual, a la Palabra
proclamada con solemnidad, al canto jubiloso del Gloria, al anuncio de la
Resurrección y, si es posible, a los sacramentos que renuevan y fecundan la
vida cristiana. Esta noche no es una noche más: es la Madre de todas las
Vigilias, porque en ella celebramos que Cristo, muerto por nosotros, ha
vencido para siempre el pecado, el mal y la muerte.
Venimos de un largo recorrido de escucha. Las
primeras siete lecturas del Antiguo Testamento, tomadas en su conjunto, no son
una simple acumulación de textos hermosos. Son el gran relato del amor fiel de
Dios. Son como un río inmenso que desemboca en Cristo resucitado. Lo que hemos
escuchado esta noche nos dice una verdad fundamental: Dios nunca ha
abandonado a su pueblo, y todo lo que ha ido realizando en la historia
preparaba esta victoria definitiva de la Pascua.
La primera lectura, la creación, nos recuerda que
desde el comienzo Dios quiso la vida, la luz, la belleza, el orden, la armonía.
El mundo no nació del absurdo ni del caos definitivo, sino del amor creador de
Dios. Y si esta noche celebramos la Resurrección, es porque el Dios que creó la
vida al principio es el mismo que ahora, en Cristo, realiza una nueva
creación. La Pascua no es un remiendo sobre un mundo roto; es el comienzo
de un mundo nuevo. En Cristo resucitado, Dios rehace la humanidad.
La lectura del sacrificio de Isaac nos introduce en
el drama de la fe. Abraham confía cuando humanamente todo parece oscuro. Y ahí
aparece una figura que prepara el misterio pascual: el hijo amado ofrecido.
Pero, a diferencia de Isaac, Jesús sí llevará hasta el extremo la entrega. El
Padre no ahorrará a su propio Hijo, sino que lo entregará por amor a nosotros.
Lo que en Abraham era figura y obediencia, en Cristo se vuelve plenitud y
salvación. En la Pascua comprendemos que Dios no juega con el dolor humano: lo
asume, lo atraviesa y lo redime.
La lectura del paso del Mar Rojo es quizá la gran
imagen de esta noche. Israel, perseguido, sin salida, con el enemigo detrás y
el mar delante, experimenta que cuando todo parece perdido, Dios abre un
camino. Y ese camino pasa por las aguas. La Iglesia siempre ha visto allí la
figura del Bautismo: el pueblo antiguo pasa de la esclavitud a la libertad; el
pueblo nuevo pasa del pecado a la gracia, de la muerte a la vida. La
Resurrección de Cristo no es una idea piadosa; es un verdadero éxodo. Jesús nos
saca de nuestras esclavitudes, de nuestros miedos, de nuestras culpas, de
nuestras tumbas interiores.
Las lecturas de los profetas nos han mostrado
después el corazón de Dios. Hemos escuchado cómo el Señor ama con amor eterno,
cómo convoca de nuevo a su pueblo disperso, cómo ofrece una alianza de paz,
cómo invita gratuitamente al agua viva, cómo su Palabra es eficaz, cómo la
sabiduría divina orienta el camino del hombre y cómo promete un corazón nuevo.
Todo eso encuentra hoy su cumplimiento. Lo que los profetas anunciaron en
esperanza, esta noche se realiza en Cristo.
Podríamos decir que toda la primera parte de la
Vigilia nos ha repetido, de distintos modos, una misma certeza: Dios es fiel.
Fiel cuando crea. Fiel cuando llama. Fiel cuando libera. Fiel cuando el pueblo
se extravía. Fiel cuando corrige. Fiel cuando promete. Fiel incluso cuando el
hombre traiciona. Y esa fidelidad alcanza su cumbre cuando Cristo, muerto en la
cruz, resucita glorioso del sepulcro. La Pascua es la victoria de la fidelidad
de Dios sobre todas nuestras infidelidades.
Luego, al llegar a la epístola, san Pablo nos ha
dicho algo decisivo: por el Bautismo hemos sido incorporados a la muerte de
Cristo para caminar en una vida nueva. No celebramos solamente algo que le
sucedió a Jesús hace siglos. Celebramos algo que nos involucra personalmente.
La Pascua no es solo memoria; es acontecimiento presente. Si Cristo ha resucitado,
entonces nuestra vida puede cambiar. Si Cristo ha resucitado, entonces el
pecado no tiene la última palabra. Si Cristo ha resucitado, entonces también
nosotros estamos llamados a resucitar: resucitar del odio a la reconciliación,
de la tibieza al fervor, de la desesperanza a la confianza, de la mediocridad a
la santidad.
El salmo responsorial y todo el clima litúrgico de
esta noche nos hacen pasar del lamento al júbilo, del silencio al canto, de las
tinieblas a la luz. Y finalmente llegamos al Evangelio. Las mujeres van al
sepulcro. Van con amor, con dolor, con desconcierto. Van buscando un cadáver, y
se encuentran con el anuncio más grande de la historia: no está aquí; ha
resucitado. El cristianismo se sostiene sobre esta noticia inaudita. Como
decía el comentario que hemos traducido, afirmar que Jesús murió y resucitó se
apoya en el testimonio apostólico y en la fe transmitida por los Evangelios y
la tradición. No seguimos una leyenda hermosa ni un símbolo vacío. Seguimos a
Cristo vivo.
Sin embargo, conviene detenernos un poco aquí.
Nadie vio el instante exacto de la Resurrección. Lo que la Iglesia recibió fue
el testimonio de quienes encontraron el sepulcro vacío, de quienes escucharon
el anuncio, de quienes se encontraron con el Resucitado y fueron transformados
por Él. Por eso la Pascua pide fe. No una fe ingenua, sino una fe fundada en el
testimonio. La Iglesia cree porque los apóstoles vieron, escucharon, tocaron,
comieron con el Resucitado; y porque esa experiencia fue transmitida fielmente
en la comunidad creyente.
Pero la Pascua no se transmite solamente con
palabras. También aquí el comentario que se nos ha dado es muy iluminador: este
acontecimiento inaudito se comunica por la experiencia espiritual, por los
sacramentos —especialmente la Eucaristía— y por el testimonio de vida de los
creyentes. Es decir, Cristo resucitado sigue haciéndose presente en su Iglesia.
Lo encontramos en la Palabra proclamada, en el Bautismo que nos regenera, en la
Eucaristía que nos alimenta, en la comunidad reunida, en la caridad vivida, en
la esperanza que no se deja derrotar.
Hermanos, una de las preguntas más importantes de
esta noche es esta: ¿dónde se ve hoy la Resurrección? Se ve cuando un
pecador vuelve a Dios. Se ve cuando una familia rota decide reconciliarse. Se ve
cuando un enfermo mantiene la paz en medio de su sufrimiento. Se ve cuando una
persona que ha llorado mucho no se deja vencer por la amargura. Se ve cuando
alguien, en lugar de devolver odio, responde con bondad. Se ve cuando la
Iglesia, a pesar de sus heridas, sigue anunciando el Evangelio. Se ve cuando
participamos de la Eucaristía no como una costumbre vacía, sino como encuentro
real con Cristo vivo.
También Santa María ocupa un lugar muy especial en
esta noche. Ayer la contemplábamos en la soledad y el silencio. Hoy la intuimos
como mujer de fe que esperó contra toda esperanza. Aunque los Evangelios no
narran un encuentro explícito entre Jesús resucitado y su Madre, la tradición
cristiana ha visto siempre en María a la creyente perfecta, la mujer que no
dejó apagarse la lámpara de la esperanza. Ella permaneció firme en la noche del
Sábado Santo. Ella nos enseña a esperar cuando todavía no vemos. Y por eso
también ella es madre de la esperanza pascual.
La Vigilia Pascual nos invita, entonces, a tres actitudes
concretas.
La primera: hacer memoria agradecida de la
historia de la salvación. No somos huérfanos ni caminamos a oscuras. Dios
ha guiado la historia desde la creación hasta la Pascua de Cristo, y sigue
guiando nuestra historia personal. Cada uno podría preguntarse esta noche:
¿cuántas veces Dios ha abierto mares en mi vida? ¿Cuántas veces me ha
sostenido, me ha perdonado, me ha levantado?
La segunda: renovar nuestra fe bautismal.
Renunciar al pecado, al mal, a Satanás y a todas sus seducciones no es una
fórmula vacía. Es tomar partido por Cristo. Es decidirnos de nuevo por la luz.
Es dejar que la Pascua toque las zonas muertas de nuestra existencia. Tal vez
algunos llevamos por dentro cansancios, heridas, culpas antiguas, rutinas
espirituales, tristezas profundas. Esta noche el Señor nos dice: “Yo puedo
sacar vida de todo eso”.
La tercera: volvernos testigos. Las mujeres
del Evangelio no se quedaron inmóviles en el sepulcro; fueron enviadas. También
nosotros somos enviados. Un cristiano pascual no puede vivir instalado en la
queja permanente, en el pesimismo crónico o en una fe triste. El Resucitado nos
llama a ser portadores de esperanza. En un mundo herido por la violencia, la incertidumbre,
la mentira y la desconfianza, los cristianos estamos llamados a anunciar con la
vida que Cristo vive.
Queridos hermanos y hermanas, esta noche santa nos
invita a proclamar con todo el corazón: Cristo ha resucitado verdaderamente.
Y si Él ha resucitado, entonces la muerte no vence, el pecado no manda, la
noche no dura para siempre, la piedra no permanece cerrada eternamente. La
última palabra no la tiene el sepulcro, sino la vida; no la tiene el odio, sino
el amor; no la tiene la derrota, sino la gloria de Dios.
Celebremos, pues, esta Pascua con un corazón
renovado. Acerquémonos a la Eucaristía como al banquete del Resucitado.
Renovemos nuestras promesas bautismales con fe viva. Dejemos que esta noche
encienda de nuevo nuestra esperanza. Y salgamos de aquí con una certeza que
nada ni nadie nos pueda quitar: Cristo vive, camina con nosotros y hace
nuevas todas las cosas.
Amén.

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