Cuando el amor queda herido: vidas entregadas y muertes que desconciertan
Por el P. Gustavo Quiceno Jaramillo-Gusqui Hay muertes que nos dejan sin palabras. Y hay otras cuyas circunstancias parecen formular una pregunta particularmente dolorosa a nuestra fe: ¿cómo pudo suceder precisamente así? Un misionero muere a manos de alguien a quien ayudaba. Una religiosa es asesinada por miembros del pueblo que intentaba proteger. Un sacerdote que abre las puertas de su casa encuentra la muerte en esa misma hospitalidad. Otro fallece durante la celebración eucarística, golpeado por un crucifijo que se desprende. Humanamente, podríamos hablar de una trágica ironía. Desde la fe, sentimos el deseo de descubrir un significado. Pero antes de interpretar conviene detenernos: detrás de cada noticia hubo una persona, una historia de servicio, unos seres queridos y una comunidad herida. El respeto exige que nuestra reflexión no convierta el dolor ajeno en una anécdota impresionante ni en una explicación religiosa demasiado fácil. Lo admirable es el amor que sostuvo aque...