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Por qué no amo el Halloween… y por qué prefiero vestir de esperanza a nuestros niños

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S í, mis amigos… no amo el Halloween. Y no es que me molesten la alegría de los niños, los disfraces o los caramelos. Bueno… estos últimos hasta me gustan, dada mi conocida inclinación por los dulces y el «mecato». Me encanta ver a los pequeños jugar, reír, inventar personajes y disfrutar de una fiesta en familia. Pero hay algo que no consigo celebrar con el mismo entusiasmo: esa insistencia en asociar la infancia con lo macabro. Rostros ensangrentados, cuerpos mutilados, demonios, muertos que regresan para aterrorizar, personajes cuya fama consiste en asesinar… ¿De verdad necesitamos todo eso para que nuestros niños pasen una tarde feliz? Esa es mi inquietud. Y quisiera compartirla desde la fe, con serenidad, pero también con la libertad de quien no está obligado a aplaudir todo lo que ponen de moda las vitrinas. Antes, sin embargo, una precisión necesaria: para defender nuestra fe no necesitamos repetir historias sin fundamento . La palabra Halloween procede de All Hallows’ ...

31 de octubre del 2026: sábado de la trigésima semana del tiempo ordinario II

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  Vista desde atrás Ocupar el último lugar es, en el fondo, unirse a Cristo, que quiso hacerse pobre con los pobres. Desde ese último lugar, podemos mirar el mundo desde el punto de vista de quienes suelen quedar olvidados: los pequeños, los pobres, aquellos a quienes nadie reserva un puesto de honor. Desde allí descubrimos rostros que pasan inadvertidos cuando buscamos estar por encima de los demás. Jesús no nos invita a despreciarnos, sino a abandonar la necesidad de sobresalir. La humildad no consiste en negar los dones recibidos, sino en ponerlos al servicio de los hermanos. Elegir el último lugar por amor nos acerca a quien hizo de toda su vida una entrega. En la mesa del Reino, nuestro valor no depende del asiento que ocupamos ni de los aplausos que recibimos. Somos amados por el Padre antes de haber conseguido reconocimiento alguno. Por eso podemos dejar de competir por los primeros puestos y empezar a hacer sitio a los demás. Señor Jesús, líbranos del afán de figura...

30 de octubre del 2026: viernes de la trigésima semana del tiempo ordinario II

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  Fuera de lo establecido Una comida, quizá un poco mundana, en casa de uno de los jefes de los fariseos. Jesús habría podido optar por quedar bien, por ajustarse a lo que se esperaba de él, cerrando toda oportunidad ante aquel hombre enfermo. Jesús deja que la misericordia marque su manera de actuar. La preocupación por conservar una buena imagen podría haberle aconsejado guardar silencio y dejar la curación para otro día. Pero el sufrimiento de una persona merece atención, incluso cuando atenderlo incomoda a los presentes. Jesús pregunta si está permitido curar en sábado. Sus interlocutores callan. Él, entonces, toma al enfermo, lo cura y lo deja marchar. Su gesto revela el corazón de Dios: un Padre que se acerca a sus hijos y quiere su bien. El sábado es un don de Dios, un tiempo para descansar en él y celebrar su bondad. Al devolverle la salud a aquel hombre, Jesús manifiesta el sentido profundo de ese día santo. Honrar a Dios y cuidar de quien sufre son expresiones de un...

29 de octubre del 2026: jueves de la trigésima semana del tiempo ordinario II

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  ¿Una mamá gallina? «Jerusalén, Jerusalén, cuántas veces he querido reunir a tus hijos como la gallina reúne a sus polluelos bajo sus alas». ¿Será Jesús un poco mamá gallina? Tal vez. Pero atención, no una madre que, por querer proteger demasiado a sus hijos, les impide crecer. Su amor cobija, fortalece y enseña a vivir en libertad. Jesús escoge una imagen sencilla y entrañable para revelar la ternura de Dios: una gallina que reúne a sus polluelos, les ofrece calor y los resguarda del peligro. ¡Qué cerca está Dios de nuestra fragilidad! Conoce nuestros temores, nuestras heridas y ese deseo profundo de encontrar un lugar donde sentirnos acogidos. Sin embargo, el lamento de Jesús contiene unas palabras dolorosas: «Y no habéis querido». Sus alas están abiertas, pero podemos resistirnos a su llamada. Dios nos ofrece su amor sin imponérnoslo. Desea reunirnos, pero espera nuestra respuesta libre. En ese encuentro entre su deseo de salvarnos y nuestra posibilidad de rechazarlo se...