Testigo de la fe:
Santa Teresa de Calcuta
1910-1997
«Comiencen el día con la oración y termínenlo con
la oración»,
aconsejaba la célebre fundadora de las Misioneras de la Caridad, quien dedicó
cerca de medio siglo al servicio de los más pobres entre los pobres. Convencida
de que en cada persona abandonada encontraba al mismo Cristo, acogió a
enfermos, moribundos, huérfanos y excluidos, devolviéndoles dignidad mediante
la ternura y el cuidado.
Su caridad nacía de una intensa vida de oración y
de su encuentro cotidiano con Jesús en la Eucaristía. Incluso durante largos
años de oscuridad espiritual, permaneció fiel a su vocación y continuó
sirviendo con amor.
Galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 1979,
murió en Calcuta el 5 de septiembre de 1997.
Fue canonizada por el papa Francisco el 4 de
septiembre de 2016.
Santa Teresa nos recuerda que la santidad comienza
al reconocer a Jesús en quien sufre y al realizar con un amor extraordinario
las cosas pequeñas de cada día.
El
sábado al servicio de la vida
«El
Hijo del hombre es señor del sábado».
El
sentido del sábado se comprende ahora a partir de la autoridad de Jesús. Él no
lo suprime ni le quita importancia, sino que revela su significado más
profundo: el sábado fue dado para conducir al ser humano hacia Dios, procurarle
descanso y proteger su vida. Cuando la norma se olvida de la persona, traiciona
la intención de Aquel que la estableció. Jesús nos enseña así que la fidelidad
a Dios nunca puede separarse de la misericordia, del cuidado de los más
frágiles y del amor concreto al prójimo.
Primera lectura
1
Cor 4, 6b-15
Pasamos
hambre y sed y falta de ropa
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.
HERMANOS:
Aprendan de Apolo y de mí a jugar limpio y no se engrían el uno contra el otro.
A ver, ¿quién te hace tan importante? ¿Tienes algo que no hayas recibido? Y, si
lo has recibido, ¿a qué tanto orgullo, como si nadie te lo hubiera dado?
Ya tienen todo lo que ansiaban, ya son ricos, han conseguido un reino sin
nosotros. ¿Qué más quisiera yo? Así reinaríamos juntos. Por lo que veo, a
nosotros, los apóstoles, Dios nos coloca los últimos; como condenados a muerte,
dados en espectáculo público para ángeles y hombres. Nosotros unos locos por
Cristo, ustedes, sensatos en Cristo; nosotros débiles, ustedes fuertes; ustedes
célebres, nosotros despreciados; hasta ahora pasamos hambre y sed y falta de
ropa; recibimos bofetadas, no tenemos domicilio, nos agotamos trabajando con
nuestras propias manos; nos insultan y les deseamos bendiciones; nos persiguen
y aguantamos; nos calumnian y respondemos con buenos modos; nos tratan como a
la basura del mundo, el desecho de la humanidad; y así hasta el día de hoy.
No les escribo esto para avergonzarlos, sino para amonestarlos. Porque los
quiero como a hijos; ahora que están en Cristo tendrán mil tutores, pero padres
no tienen muchos; por medio del Evangelio soy yo quien los ha engendrado para
Cristo Jesús.
Palabra de Dios.
Pasamos hambre y sed y falta de ropa
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.
HERMANOS:
Aprendan de Apolo y de mí a jugar limpio y no se engrían el uno contra el otro. A ver, ¿quién te hace tan importante? ¿Tienes algo que no hayas recibido? Y, si lo has recibido, ¿a qué tanto orgullo, como si nadie te lo hubiera dado?
Ya tienen todo lo que ansiaban, ya son ricos, han conseguido un reino sin nosotros. ¿Qué más quisiera yo? Así reinaríamos juntos. Por lo que veo, a nosotros, los apóstoles, Dios nos coloca los últimos; como condenados a muerte, dados en espectáculo público para ángeles y hombres. Nosotros unos locos por Cristo, ustedes, sensatos en Cristo; nosotros débiles, ustedes fuertes; ustedes célebres, nosotros despreciados; hasta ahora pasamos hambre y sed y falta de ropa; recibimos bofetadas, no tenemos domicilio, nos agotamos trabajando con nuestras propias manos; nos insultan y les deseamos bendiciones; nos persiguen y aguantamos; nos calumnian y respondemos con buenos modos; nos tratan como a la basura del mundo, el desecho de la humanidad; y así hasta el día de hoy.
No les escribo esto para avergonzarlos, sino para amonestarlos. Porque los quiero como a hijos; ahora que están en Cristo tendrán mil tutores, pero padres no tienen muchos; por medio del Evangelio soy yo quien los ha engendrado para Cristo Jesús.
Palabra de Dios.
Salmo
Sal
144, 17-18. 19-20. 21 (R.: 18a)
R. Cerca
está el Señor de los que lo invocan.
V. El Señor es
justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones.
Cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R.
V. Satisface
los deseos de los que le temen,
escucha sus gritos, y los salva.
El Señor guarda a los que lo aman,
pero destruye a los malvados. R.
V. Pronuncie
mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga su santo nombre
por siempre jamás. R.
R. Cerca está el Señor de los que lo invocan.
V. El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones.
Cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R.
V. Satisface los deseos de los que le temen,
escucha sus gritos, y los salva.
El Señor guarda a los que lo aman,
pero destruye a los malvados. R.
V. Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga su santo nombre
por siempre jamás. R.
Aclamación
R. Aleluya,
aleluya, aleluya.
V. Yo soy el
camino y la verdad y la vida —dice el Señor—;
nadie va al Padre sino por mí. R.
V. Yo soy el camino y la verdad y la vida —dice el Señor—;
nadie va al Padre sino por mí. R.
Evangelio
Lc
6, 1-5
¿Por qué
hacen en sábado lo que no está permitido?
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
UN sábado, iba Jesús caminando por medio de un sembrado y sus discípulos
arrancaban y comían espigas, frotándolas con las manos.
Unos fariseos dijeron:
«¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?».
Respondiendo Jesús, les dijo:
«¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros sintieron hambre?
Entró en la casa de Dios, y tomando los panes de la proposición, que solo está
permitido comer a los sacerdotes, comió él y dio a los que estaban con él».
Y les decía:
«El Hijo del hombre es señor del sábado».
Palabra del Señor.
¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
UN sábado, iba Jesús caminando por medio de un sembrado y sus discípulos arrancaban y comían espigas, frotándolas con las manos.
Unos fariseos dijeron:
«¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?».
Respondiendo Jesús, les dijo:
«¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros sintieron hambre?
Entró en la casa de Dios, y tomando los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, comió él y dio a los que estaban con él».
Y les decía:
«El Hijo del hombre es señor del sábado».
Palabra del Señor.
«¿Qué tienes que no hayas
recibido?»
Queridos
hermanos:
La
Palabra de Dios de este sábado nos invita a pasar de una religiosidad centrada
únicamente en el cumplimiento exterior a una fe que reconoce los dones
recibidos, se compadece del hambre ajena y se convierte en servicio.
San
Pablo pregunta en la primera lectura: «¿Qué
tienes que no hayas recibido? Y, si lo has recibido, ¿por qué presumes como si
no lo hubieras recibido?» Esta pregunta desmonta nuestro
orgullo. La vida, la fe, la inteligencia, la salud, las capacidades, la
familia, la comunidad y hasta las oportunidades que hemos tenido son dones
recibidos. Nada nos autoriza a sentirnos superiores ni a despreciar a los
demás.
Los
corintios se consideraban ricos, fuertes y sabios; mientras tanto, Pablo
describe la condición de los apóstoles: padecen hambre, sed y cansancio; son
despreciados, perseguidos y calumniados. Sin embargo, cuando los insultan,
bendicen; cuando los persiguen, soportan; cuando los calumnian, responden con
bondad. Así se reconoce al verdadero discípulo: no solamente por lo que enseña,
sino por la manera cristiana de responder al sufrimiento y a la ofensa.
Pablo
tampoco habla para humillar a la comunidad. Les dice que los amonesta como a
hijos queridos, porque los ha engendrado en Cristo mediante el Evangelio. El
auténtico evangelizador no busca admiradores, privilegios ni reconocimientos:
ama con corazón de padre, acompaña, corrige con caridad y está dispuesto a
desgastarse por aquellos que Dios le ha confiado.
El
salmo nos ofrece una certeza consoladora: «Cerca está el Señor de los que lo invocan».
Dios no permanece distante frente al sufrimiento humano. Escucha el grito del
pobre, sostiene al que está abatido y protege al que lo ama. Pero debemos
preguntarnos: si Dios está cerca de quienes sufren, ¿podemos nosotros
permanecer indiferentes? Quien invoca sinceramente al Señor aprende también a
acercarse al hambriento, al enfermo, al anciano abandonado, al migrante, al
niño desprotegido y a quien sufre en silencio. Las
lecturas completas corresponden a 1 Corintios 4,6b-15; Salmo 144 y Lucas 6,1-5.
En
el Evangelio, los discípulos tienen hambre y arrancan algunas espigas para comer.
Algunos fariseos no ven personas necesitadas, sino infractores de una norma.
Jesús no desprecia el sábado ni relativiza la Ley de Dios. Por el contrario,
revela su sentido más profundo: el sábado fue entregado para honrar a Dios,
devolverle dignidad y descanso al ser humano y proteger la vida.
Por
eso Jesús proclama: «El
Hijo del hombre es señor del sábado». Él es quien interpreta
plenamente la voluntad del Padre. Ninguna práctica religiosa puede utilizarse
para ignorar el dolor, condenar al necesitado o cerrar las puertas de la
misericordia. La ley sin amor se convierte en carga; la verdad sin compasión
puede convertirse en piedra; la religión sin cercanía termina olvidando el
corazón de Dios.
En
este sábado dirigimos también nuestra mirada hacia la Virgen María. Ella
comprendió que todo era gracia. No presumió de sus privilegios, sino que
proclamó: «El Poderoso ha hecho obras grandes por mí». Y enseguida se puso en
camino para servir a Isabel. María nos muestra que quien reconoce los dones de
Dios no los guarda egoístamente: los convierte en disponibilidad, servicio y
alabanza.
Recordamos
además a santa Teresa de
Calcuta, quien comenzó cada jornada en la oración y en la
Eucaristía, y desde ese encuentro salió a buscar a Cristo en los más pobres. En
los moribundos abandonados, en los enfermos, en los hambrientos y en quienes
nadie quería, ella reconoció el rostro del Señor. Su caridad no nació
simplemente de la sensibilidad humana, sino de una profunda unión con Jesús. Su
vida confirma que la oración verdadera abre los ojos y las manos: nos permite
descubrir que el necesitado no es una molestia, sino un hermano; no es un
número, sino una persona amada por Dios. La
Santa Sede recuerda que las Misioneras de la Caridad fueron establecidas en
1950 para servir a “los más pobres entre los pobres”.
Hoy
podríamos preguntarnos:
¿Reconozco
agradecidamente que todo lo bueno que poseo lo he recibido de Dios? ¿Mi manera
de vivir la fe me vuelve más cercano y misericordioso? ¿Soy capaz de descubrir
a Jesús en quien tiene hambre de pan, de compañía, de escucha, de perdón o de
esperanza?
Pidamos
al Señor que nos libre del orgullo espiritual y de una religiosidad fría. Que,
siguiendo el ejemplo de la Virgen María y de santa Teresa de Calcuta,
comencemos y terminemos cada jornada en oración, pero que entre una oración y
otra transcurra una vida llena de amor, servicio y misericordia.
Santa María, Madre de los pobres, ruega por nosotros.
Santa Teresa de Calcuta,
ruega por nosotros. Amén.




