miércoles, 11 de febrero de 2026

12 de febrero del 2026: jueves de la quinta semana del tiempo ordinario-II

 

Intrusión liberadora

Alejado de su tierra, tras haber proclamado una enseñanza sobre la pureza que le cerró puertas en Israel, Jesús parece situarse en una encrucijada: por un lado, la dificultad de que su mensaje sea acogido por su propio pueblo; por otro, su aparente reserva ante la súplica de una mujer pagana, Él, el Mesías enviado a Israel.

Sin embargo, la audaz y humilde palabra de aquella mujer —cuando habla de las migajas que caen de la mesa— provoca un giro decisivo. Esa intervención libera no solo a su hija atormentada, sino que manifiesta la amplitud universal de la misión de Jesús. Desde ese momento, su don se revela sin fronteras: el pan de la salvación será ofrecido a todos, judíos y paganos, hasta el extremo.

Jean-Marc Liautaud, Fondacio

 


Primera lectura

1 Re 11, 4-13

Por no guardar la alianza, voy a arrancar el reino de tus manos; pero daré a tu hijo una tribu, en atención a David

Lectura del primer libro de los Reyes.

CUANDO el rey Salomón llegó a viejo, sus mujeres desviaron su corazón tras otros dioses y su corazón no fue por entero del Señor, su Dios, como lo había sido el corazón de David, su padre.
Salomón iba en pos de Astarté, diosa de los sidonios, y de Milcón, abominación de los amonitas. Salomón hizo así lo malo a los ojos del Señor, no manteniéndose del todo al lado del Señor como David, su padre.
Edificó Salomón por entonces un altar a Camós, abominación de Moab, sobre el monte que está frente a Jerusalén, y otro a Milcón, abominación de los amonitas.
Lo mismo hizo con todas sus mujeres extranjeras que quemaban incienso y sacrificaban a sus dioses.
Y se enojó el Señor contra Salomón por haber desviado su corazón del Señor, Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces, dándole instrucciones sobre este asunto: que no fuera en pos de otros dioses. Pero no guardó lo que el Señor le había ordenado.
El Señor dijo a Salomón:
«Por haber actuado así y no guardar mi alianza y las leyes que te ordené, voy a arrancar el reino de tus manos y lo daré a un siervo tuyo. Pero no lo haré en vida tuya, en atención a David, tu padre, sino que lo arrancaré de manos de tu hijo. Tampoco le arrancaré todo el reino, en atención a David, mi siervo, sino que daré a tu hijo una tribu en consideración a Jerusalén, a la que he elegido».

Palabra de Dios.

 

Salmo

Sal 105, 3-4. 35-36. 37 y 40 (R.: 4ab)

R. Acuérdate de mí, Señor,
por amor a tu pueblo.


V. Dichosos los que respetan el derecho
y practican siempre la justicia.
Acuérdate de mí
por amor a tu pueblo,
visítame con tu salvación. 
R.

V. Emparentaron con los gentiles,
imitaron sus costumbres;
adoraron sus ídolos
y cayeron en sus lazos. 
R.

V. Inmolaron a los demonios
sus hijos y sus hijas.
La ira del Señor se encendió contra su pueblo,
y aborreció su heredad. 
R.

 

Aclamación

R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Acojan con docilidad la palabra, que ha sido injertada en ustedes y es capaz de salvar sus vidas. R.

 

Evangelio

Mc 7, 24-30

Los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro.
Entró en una casa procurando pasar desapercibido, pero no logró ocultarse.
Una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró enseguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies.
La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija.
Él le dijo:
«Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Pero ella replicó:
«Señor, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños».
Él le contestó:
«Anda, vete, que por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija».
Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

Palabra del Señor.

 

1

 

Hermanos, hoy la Palabra nos pone frente a una escena que, si la miramos con calma, es profundamente transformadora: una mujer extranjera “se mete” donde no la han invitado, insiste con humildad, y esa “intrusión” termina siendo… una liberación. No solo para su hija, también —misteriosamente— para el propio camino de Jesús en su misión.

1) Un corazón que se divide: Salomón y la lógica del “acomodo”

La primera lectura (1R 11,4-13) es dolorosa: Salomón, el sabio, el que edificó y oró con belleza, termina con el corazón “inclinado” hacia otros dioses. No es una caída de un día para otro: es el desgaste lento del alma cuando uno empieza a negociar con lo que no debe negociarse.

Y aquí hay una clave psicológica muy humana: el mal casi nunca entra con estruendo; suele entrar por cansancio, por conveniencia, por el deseo de agradar, por esa frase interior: “no pasa nada… total, es solo un poco”. Pero “un poco” repetido muchas veces acaba siendo “mucho”. El salmo lo grita con honestidad: el pueblo “se mezcló con los paganos”, “sirvió a sus ídolos” … y el corazón se fue perdiendo (Sal 106).

Ese es el drama: cuando se pierde el centro, se pierde la libertad. Y cuando se pierde la libertad interior, la misión se apaga.

2) Jesús en tierra pagana: cuando la misión parece “atascada”

El Evangelio (Mc 7,24-30) nos muestra a Jesús saliendo hacia la región de Tiro. Quiere pasar desapercibido, pero no puede. Aparece una mujer sirofenicia: extranjera, pagana, madre desesperada. Suplica por su hija atormentada.

Y sucede algo que nos desconcierta: Jesús responde con una frase dura sobre el pan de los hijos y los perritos. Pero la mujer no se ofende, no se va, no cancela la conversación. Con una inteligencia humilde —y con un amor de madre que no se rinde— responde: “también los perritos, debajo de la mesa, comen las migajas de los hijos.”

Esa frase es dinamita espiritual. No exige derechos; pide misericordia. No reclama un banquete; suplica por una migaja… porque sabe que una migaja del Señor es más poderosa que todos los banquetes del mundo.

Y entonces Jesús dice: “Por lo que has dicho, vete: el demonio ha salido de tu hija.”

3) La “intrusa” que libera: la fe que abre puertas

Alguien comentando este evangelio, lo dice de un modo precioso: la palabra de la intrusa libera a la hija y libera a Jesús. ¿Cómo entenderlo? No es que Jesús “aprenda” como si ignorara su misión, sino que en esa escena se revela el paso decisivo: la salvación no será un círculo cerrado, sino una mesa abierta. La misericordia de Dios desborda fronteras.

Y aquí está la buena noticia para nuestra vida pastoral: muchas veces, Dios empuja la evangelización con personas que “no estaban en el plan”, con situaciones que “interrumpen”, con preguntas incómodas, con dolores que llegan sin cita. A veces, lo que parece estorbo resulta ser el llamado de Dios a ensanchar el corazón.

4) Evangelizar hoy: migajas que se vuelven pan para muchos

Nuestra Iglesia evangeliza así: no siempre con grandes discursos, sino con “migajas” de Reino que se vuelven pan multiplicado:

  • una visita a un enfermo,
  • una conversación que devuelve esperanza,
  • una catequista que persevera,
  • un joven que se atreve a preguntar por Dios,
  • una familia que vuelve a la Eucaristía,
  • un sacerdote que escucha sin prisa,
  • una comunidad que ora por las vocaciones aunque no vea resultados inmediatos.

La sirofenicia nos enseña el estilo: humildad sin humillación, insistencia sin agresividad, fe sin teatro. Ella no busca “ganar” una discusión; busca salvar a su hija. Y Dios ama esa fe que no se rinde.

5) Vocaciones: Dios llama donde menos lo esperamos

Si hoy oramos por las vocaciones, este Evangelio nos deja una luz: Dios no llama solo a los “perfectos” ni a los “de siempre”. A veces llama a quien viene de lejos, a quien parecía fuera, a quien solo tiene “migajas” de fe… pero tiene un corazón grande.

La vocación nace muchas veces así:

  • de un dolor que se vuelve oración,
  • de una búsqueda sincera,
  • de una experiencia de misericordia,
  • de una “intrusión” de Dios en la rutina.

Por eso la Iglesia no puede cansarse de pedir vocaciones: porque el Señor sigue actuando, y porque la mies es mucha, y porque hay muchas “hijas” y “hijos” heridos que esperan liberación.

6) Una llamada concreta para hoy

Hoy la Palabra nos pide dos decisiones:

1.    Revisar el corazón: ¿en qué se me está “inclinando” el alma, como a Salomón? ¿Qué pactos pequeños estoy tolerando y me van apagando por dentro?

2.    Abrir la mesa: ¿a quién he dejado “debajo de la mesa”? ¿A quién le he negado incluso “migajas” de escucha, de respeto, de acompañamiento, de Evangelio?

Cuando el corazón se centra en Dios, la misión se enciende. Cuando la misión se enciende, muchos quedan libres.


Oración final (breve)

Señor Jesús,
danos un corazón fiel, que no se incline ante los ídolos de la comodidad, del miedo o del qué dirán.
Regálanos la fe humilde y valiente de la mujer sirofenicia: la fe que insiste, la fe que confía, la fe que abre caminos.
Bendice la Obra evangelizadora de tu Iglesia y suscita santas vocaciones: sacerdotes, consagrados y laicos apasionados por tu Reino.
Y que una sola “migaja” de tu amor baste para sanar nuestras casas y levantar a tus hijos.
Amén.

 

2

 

1) Puerta de entrada: el tirón irresistible de la misericordia

Jesús entra en una casa en la región de Tiro queriendo pasar desapercibido, pero “no pudo ocultarse”. La misericordia tiene ese peso: cuando Dios está cerca, el dolor lo reconoce. Y aquí aparece una madre con el corazón en carne viva: su hija está oprimida. Ella no viene a debatir; viene a suplicar.

Esa escena nos recuerda que la evangelización, antes que estrategia, es compasión que conduce a Cristo.

2) Contexto: Tiro y las fronteras que Dios atraviesa

Tiro es tierra pagana, próspera, comercial, marcada por idolatrías en la memoria bíblica. Jesús cruza fronteras: geográficas, culturales, religiosas. Es un signo: su Reino no será propiedad privada de nadie. La Iglesia, cuando es fiel, siempre está en salida, cruzando límites, buscando a quienes están lejos.

3) Primera lectura: Salomón, el corazón dividido y la misión debilitada

La 1ª lectura (1R 11,4-13) nos muestra la tragedia de un hombre grande que termina pequeño por dentro: “su corazón ya no fue enteramente del Señor”. Salomón se deja inclinar por amores, alianzas e idolatrías. Y cuando el corazón se divide, la fe se vuelve tibia y la misión se apaga.

Aquí hay un espejo para nosotros: la evangelización se debilita no solo por falta de recursos, sino por corazones partidos: cuando Dios deja de ser el centro, cuando la comodidad, el prestigio, la costumbre o la aprobación de los demás se vuelven “dioses discretos”.

4) Salmo 106: memoria del pecado y súplica por conversión

El salmo (106) es una confesión colectiva: el pueblo se mezcló, imitó, se contaminó, sirvió ídolos… y eso terminó en oscuridad interior. Pero el salmo también es oración humilde:
“Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo”.

¡Qué importante para la Iglesia! Evangelizar sin conversión sería propaganda. Por eso el salmo pone el suelo firme: volvemos a Dios, y desde ahí anunciamos. Si queremos vocaciones y ardor misionero, lo primero es pedir un corazón limpio.

5) Nos parecemos a la mujer: todos somos mendigos de gracia

Aunque seamos creyentes, hay un sentido en el que todos somos “extranjeros” aquí: llevamos heridas, tentaciones, sombras, y anhelamos libertad. Por eso esta mujer sirofenicia nos representa: se postra, insiste, confía. No pide por capricho, pide por amor.

Y cuando el amor por otros arde, el alma se vuelve más fina: la caridad nos hace reconocer a Cristo aun cuando está “oculto” en una casa, en un hecho pequeño, en una situación inesperada.

6) La respuesta desconcertante de Jesús: cura la lógica del “merecimiento”

Jesús dice: “Deja que primero se sacien los hijos… no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.” No es desprecio: es una pedagogía fuerte para revelar algo esencial: nadie tiene derecho a la misericordia. Es don.

Aquí se rompe una tentación muy común (también en la vida religiosa): acercarnos a Dios con mentalidad de “me lo deben”. Salomón cayó, en parte, por la lógica del acomodo; el salmo denuncia el corazón que se mezcla; y el Evangelio nos cura de raíz: la gracia no se exige, se implora.

7) Fe y humildad: la oración de las “migajas” que vence al mal

La mujer responde con una frase luminosa:
“También los perritos, debajo de la mesa, comen las migajas de los hijos.”

Ahí se unen dos fuerzas que atraen irresistiblemente el corazón de Dios:

·        Fe: una migaja basta, porque el poder está en Él.

·        Humildad: no presume, no reclama, se abandona.

Y ocurre la liberación: su hija queda sana. El mal retrocede ante un corazón humilde. El demonio se alimenta del orgullo; la humildad lo desarma.

8) Aplicación pastoral: misión y vocaciones nacen de un corazón entero

Con esto la liturgia nos amarra tres hilos en una sola cuerda:

·        Salomón: cuando el corazón se divide, la misión se fractura.

·        El salmo: cuando el pueblo se mezcla con ídolos, se apaga; pero cuando suplica, renace.

·        La sirofenicia: cuando la fe es humilde, la misericordia irrumpe.

Por eso, si oramos hoy por la Obra evangelizadora y por las vocaciones, el primer terreno es el corazón: vocaciones nacen donde se aprende a decir: “Señor, no merezco… pero confío.” Y la misión se sostiene cuando no adoramos “Astartés” modernos: la vanidad, el poder, el dinero, la comodidad, el aplauso.

9) Llamado concreto para hoy

Dos preguntas para llevar a casa:

1.    ¿Qué ídolo pequeño me está dividiendo el corazón? (como a Salomón)

2.    ¿Rezo como quien exige o como quien confía? (como la sirofenicia)

Y una oración breve que vale oro, tomada del Evangelio:
“Señor, aunque sea una migaja…”

Oración final

Señor Jesús,
acuérdate de nosotros por amor a tu pueblo.
Arranca de nuestro corazón toda idolatría que debilite la misión.
Danos la fe humilde de la mujer sirofenicia: fe que insiste, humildad que confía.
Sostén la Obra evangelizadora de tu Iglesia y suscita vocaciones santas:
sacerdotes, consagrados y laicos misioneros, con el corazón entero para Ti.
Jesús, en Ti confío
. Amén.

 

11 de febrero del 2026: miércoles de la quinta semana del tiempo ordinario-II- Nuestra Señora de Lourdes-Memoria opcional

 

Testigo de la fe

Santísima Virgen María Nuestra Señora de Lourdes

El 11 de febrero de 1858, la Virgen María se apareció por primera vez a Bernadette Soubirous.

De febrero a julio de 1858, la Gruta de Massabielle atrajo multitudes a Lourdes. Al invocar a la Madre de Dios Inmaculada, que allí se manifestó a Bernardita, el pueblo cristiano descubre en María la imagen de la Iglesia futura, prefiguración de la nueva Jerusalén, cuyas puertas están abiertas a todos los pueblos. 

En Lourdes, María cumplió una misión de aliviar los sufrimientos y reconciliar las almas con Dios y con el prójimo” (San Juan Pablo II). 

Hoy es también la 34a Jornada Mundial del Enfermo, instituida en 1992 por el Santo Papa Juan Pablo II.

 

 

Un giro existencial

(Marcos 7, 14-23) La controversia iniciada ayer se radicaliza cuando Jesús da un paso más. Ya no se desmarca solamente de la ley oral de los escribas, sino incluso de los preceptos sobre lo puro y lo impuro de la misma Ley de Moisés. Inicia así un giro religioso mayor, haciendo pasar a sus discípulos de una concepción simbólica de la santidad —dominada por lo sagrado y sus preceptos objetivados— a una concepción existencial.

Jean-Marc Liautaud, Fondacio

 


Primera lectura

1 Re 10, 1-10
La reina de Saba percibió la sabiduría de Salomón

Lectura del primer libro de los Reyes.

EN aquellos días, la reina de Saba oyó la fama de Salomón, en honor del nombre del Señor, y vino a ponerlo a prueba con enigmas.
Llegó a Jerusalén con una gran fuerza de camellos portando perfumes, oro en cantidad y piedras preciosas. Ante Salomón se presentó para plantearle cuanto había ideado. El rey resolvió sus preguntas todas, pues no había cuestión tan arcana que él no pudiese desvelar. Cuando la reina de Saba percibió la sabiduría de Salomón, el palacio que había construido, los manjares de su mesa, las residencias de sus servidores, el porte y vestimenta de sus ministros, sus coperos y los holocaustos que ofrecía en el templo del Señor, se quedó sin respiración y dijo al rey:
«Era verdad cuanto oí en mi tierra acerca de tus enigmas y tu sabiduría. No daba crédito a lo que se decía, pero ahora he venido y mis propios ojos lo han visto. ¡Ni la mitad me narraron! Tu conocimiento y prosperidad superan con mucho las noticias que yo escuché. Dichosas tus mujeres, dichosos estos servidores tuyos siempre en tu presencia escuchando tu sabiduría. Bendito sea el Señor, tu Dios, que se ha complacido en ti y te ha situado en el trono de Israel. Pues, por el amor eterno del Señor a Israel, te ha puesto como rey para administrar derecho y justicia».
Ofreció al rey ciento veinte talentos de oro y gran cantidad de esencias perfumadas y piedras preciosas. Jamás llegaron en tal abundancia perfumes como los que la reina de Saba dio a Salomón.

Palabra de Dios.


Salmo

Sal 36, 5-6. 30-31. 39-40 (R.: 30a)

R. La boca del justo expone la sabiduría.

V. Encomienda tu camino al Señor,
confía en él, y él actuará:
hará tu justicia como el amanecer,
tu derecho como el mediodía.
 R.

V. La boca del justo expone la sabiduría,
su lengua explica el derecho;
porque lleva en el corazón la ley de su Dios,
y sus pasos no vacilan. 
R.

V. El Señor es quien salva a los justos,
él es su alcázar en el peligro;
el Señor los protege y los libra,
los libra de los malvados y los salva
porque se acogen a él.
 R.

 

Aclamación

R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Tu palabra, Señor, es verdad; santifícanos en la verdad. R.

 

Evangelio

Mc 7, 14-23

Lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo:
«Escuchen y entiendan todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre».
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola.
Él les dijo:
«¿También ustedes siguen sin entender? ¿No comprenden? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón sino en el vientre y se echa en la letrina».
(Con esto declaraba puros todos los alimentos).
Y siguió:
«Lo que sale de dentro del hombre, eso sí hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».

Palabra del Señor.

 

 

1

 

Hermanos, hoy la liturgia nos pone delante un tema delicado y muy real: la “pureza” del corazón. Y lo hace en un día especialmente sensible, porque celebramos a Nuestra Señora de Lourdes y la Jornada Mundial del Enfermo. En otras palabras: hoy el Evangelio nos ayuda a entender, con una luz poderosa, que la enfermedad no contamina, que el dolor no “mancha”, y que la santidad no es una fachada impecable sino una vida tocada por Dios desde dentro.

1) El “giro existencial” que propone Jesús

Jesús reúne a la gente y les dice algo que en su contexto fue una revolución:

“Nada que entra de fuera puede hacer impuro al hombre… lo que sale del corazón es lo que lo hace impuro” (cf. Mc 7,15).

Eso es el “giro existencial” del comentario: pasar de una santidad entendida como algo externo, reglamentado, visible, a una santidad existencial, es decir, concreta, interior, vital, donde Dios trabaja las raíces.

Porque, seamos sinceros: es más fácil cuidar la imagen que cuidar el corazón. Es más fácil “cumplir” que “convertirse”. Es más fácil evitar ciertas cosas por fuera que enfrentar lo que se cuece por dentro: resentimientos, envidias, heridas no sanadas, adicciones, doble vida, palabras hirientes, miradas sucias, soberbias finas… Y Jesús nos mira con cariño, pero con claridad: “Lo de dentro es lo que hay que sanar”.

Y aquí viene una clave pastoral (y muy humana): muchas impurezas del corazón nacen del dolor. No justifican el pecado, pero lo explican. Un corazón herido, si no se deja curar, termina hiriendo. Por eso Jesús no solo denuncia; Jesús invita a la sanación interior.

2) La reina de Saba y el deseo de una sabiduría que dé vida

La primera lectura nos presenta a la reina de Saba, que viaja para probar la sabiduría de Salomón (1R 10,1-10). Ella hace un camino largo porque intuye que allí hay una palabra que ilumina.

Hermanos, en el fondo todos somos como esa reina cuando estamos en crisis: cuando llega una enfermedad, cuando la casa se llena de silencios, cuando aparece un diagnóstico, cuando la vida cambia el ritmo… buscamos sentido. Y no basta una explicación fría. Necesitamos una sabiduría que sostenga, que consuele, que ordene la vida.

Pues bien: Jesús es más que Salomón. Salomón asombra por su inteligencia; Jesús transforma por su amor. Salomón responde preguntas; Jesús cura el corazón y abre caminos de esperanza aun dentro del sufrimiento.

3) El salmo: la confianza que no es ingenuidad

El salmo nos da una frase preciosa:

“Encomienda al Señor tu camino… y Él actuará” (Sal 37).

Esto no es magia ni ingenuidad. Es fe madura. Es decir: “Señor, no entiendo todo, pero me pongo en tus manos”. La fe no siempre quita la cruz; muchas veces cambia la manera de cargarla. Y eso ya es un milagro cotidiano.

4) Lourdes: cuando el cielo se inclina sobre el dolor humano

Hoy recordamos Lourdes: un lugar donde la Virgen, Madre, se hace cercana a los enfermos. Y celebramos la Jornada Mundial del Enfermo. Esto nos lleva a una afirmación importantísima:

Enfermar no es volverse impuro.
Sufrir no es ser menos digno.
Necesitar ayuda no es un fracaso.

A veces la enfermedad trae una tentación espiritual muy dura: sentirse una carga, sentirse “de sobra”, sentir que uno ya no aporta, que ya no vale. ¡Qué mentira tan cruel! En la lógica del Evangelio, el enfermo no es un estorbo: es un lugar sagrado donde Cristo se deja encontrar. La comunidad no “tolera” al enfermo: lo honra, lo acompaña, aprende de su paciencia, y lo cuida como se cuida un tesoro.

Y aquí me permito una observación muy pastoral: en muchas familias, lo que más duele no es el dolor físico sino la soledad emocional. Que no llamen. Que no visiten. Que no pregunten. Que todo siga como si nada. Por eso, hoy el Señor también nos convierte a nosotros: no solo al enfermo, sino al que está sano.

5) ¿Qué sale del corazón? Tres exámenes simples

Jesús enumera cosas que salen del interior y dañan la vida (Mc 7,21-23). Yo lo traduzco en tres preguntas para el examen de conciencia:

1.    ¿Qué sale de mi boca?
Palabras que construyen o que destruyen. Ironías, chismes, desprecios “disfrazados” de humor. Con los enfermos, esto es crucial: una frase dura puede herir más que una aguja.

2.    ¿Qué sale de mis decisiones?
¿Mis acciones nacen del amor o del ego? ¿Me pongo al centro? ¿Me cierro? ¿Me vuelvo indiferente?

3.    ¿Qué sale de mis heridas?
Porque lo no sanado se convierte en veneno: amargura, resentimiento, agresividad. Y Jesús hoy nos pide valentía: “Déjame entrar a ese lugar”.

6) Hoy, una conversión concreta: pastoral del enfermo

En un día como hoy, la homilía tiene que terminar en gestos. Si no, se queda en bonito discurso.

Les propongo tres compromisos sencillos:

·        Un gesto de cercanía: hoy mismo, una llamada, un mensaje, una visita breve a un enfermo. No para “dar consejos”, sino para decir: “No estás solo”.

·        Una palabra de fe realista: no frases hechas. A veces basta: “Estoy contigo; vamos paso a paso; Dios está aquí”.

·        Una oración con nombre propio: tomar uno o dos enfermos y rezar por ellos por su nombre. Eso cambia el corazón del que ora.

7) Eucaristía: medicina para el interior

Hermanos, la Eucaristía es el lugar donde Cristo entra en nuestra vida. Y hoy es hermoso recordarlo así: Él no entra para juzgarte; entra para sanarte. No viene a inspeccionar tu fachada; viene a habitar tu interior.

Pidamos entonces, por intercesión de la Virgen de Lourdes:

·        por nuestros enfermos: que el Señor les conceda alivio, fortaleza, paz interior, y si es su voluntad, salud;

·        por los cuidadores y familias: que no se cansen de amar;

·        por el personal médico: que su servicio sea también una vocación de compasión;

·        y por nosotros: que vivamos este “giro existencial”, pasando de una fe de apariencias a una fe del corazón.

Que María, Salud de los Enfermos, nos tome de la mano y nos lleve a Jesús, el Médico del alma y del cuerpo. Amén.

 

 

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11 de febrero:

Nuestra Señora de Lourdes — Memoria facultativa
11 de enero–16 de julio de 1858
Patrona de los enfermos, de quienes padecen asma.

 


Cita:


“Fui todos los días durante una quincena, y cada día le pregunté quién era, y esta petición siempre la hacía sonreír. Después de la quincena se lo pregunté tres veces seguidas. Ella siempre sonrió. Por fin lo intenté por cuarta vez. Dejó de sonreír. Con los brazos bajados, alzó los ojos al cielo y luego, juntando las manos sobre el pecho, dijo: ‘Yo soy la Inmaculada Concepción’.”


~Testimonio de santa Bernardita Soubirous

 

Reflexión:

Bernadette Soubirous nació el 7 de enero de 1844, en el seno de una familia humilde y muy pobre en Lourdes, Francia. Su padre era molinero y su madre lavaba ropa. La mayor de nueve hijos, Bernadette recibió una educación sencilla de parte de las Hermanas de la Caridad y de la Instrucción Cristiana, pero las enfermedades frecuentes dificultaron sus estudios. Creció hablando el dialecto local del occitano y aprendió algo de francés en su adolescencia. Su familia era tan pobre que los once vivían juntos, gratuitamente, en el sótano de una sola habitación perteneciente a un pariente, que antes había sido usado como prisión o calabozo.

Cuando Bernadette tenía catorce años, fue con su hermana y una amiga a recoger leña para calentar su hogar. Bernadette se quedó atrás mientras buscaban madera cerca de una gruta natural de roca. Entonces oyó el sonido de un viento impetuoso, pero solo vio moverse un rosal silvestre. Luego, desde el interior de la gruta, vio una luz deslumbrante y la figura de una pequeña joven vestida de blanco, con rosas amarillas en los pies. Las otras dos niñas no vieron nada. Bernadette pidió a su hermana que no contara nada a nadie, pero su hermana se lo dijo después a su madre. La madre de Bernadette castigó a las niñas por mentir y les prohibió volver a la gruta.

Tres días más tarde, Bernadette se sintió atraída a volver a la gruta, así que ella y sus dos compañeras rogaron permiso a su madre, quien accedió a regañadientes. Bernadette llevó consigo una botella de agua bendita. Cuando llegaron a la cueva, las tres niñas se arrodillaron para rezar el rosario. Antes de terminar el primer misterio, apareció la joven vestida de blanco. Bernadette le roció agua bendita, diciéndole que si venía de Dios debía quedarse; si no, debía irse. La mujer sonrió y se quedó hasta el final del rosario, y luego se retiró.

Para entonces, algunos habitantes del pueblo empezaron a enterarse de estos encuentros. Algunos eran supersticiosos y pensaban que se trataba de las almas de parientes fallecidos. Otros creían que era la Santísima Virgen María. Cuatro días después, Bernadette regresó a la cueva acompañada por algunos adultos. Cuando apareció la Señora, habló por primera vez con Bernadette, en occitano. La Señora se dirigió a Bernadette de un modo sorprendentemente formal y respetuoso, no como un adulto se dirigiría normalmente a una niña campesina pobre. Le preguntó a Bernadette si estaba dispuesta a volver durante los siguientes catorce días. Bernadette aceptó.

Bernadette cuenta lo siguiente sobre las dos semanas siguientes de visiones:
“Volví durante una quincena. La visión aparecía cada día, excepto un lunes y un viernes. Me repitió varias veces que debía decir a los sacerdotes que construyeran allí una capilla, y que debía ir a la fuente a lavarme, y que debía rezar por los pecadores. Durante esta quincena, me dijo tres secretos que me prohibió contar a nadie. He sido fiel hasta ahora.”

A medida que la noticia se difundía, el número de asistentes creció a 30, 100, 350, 800, 1000, 1500, hasta culminar con casi 10.000. Durante la quincena, se implicó la policía local y amenazó a Bernadette y a su familia. Sin embargo, Bernadette perseveró. La Señora pidió que la gente rezara por los pecadores y hiciera penitencia. Durante la novena visión, la Señora pidió a Bernadette que bebiera de un manantial de agua en la cueva. Ella encontró solo un pequeño charco lodoso, así que bebió de allí. Eso le dejó barro en el rostro, y muchos de los presentes se burlaron de ella, para vergüenza de su familia. Durante los dos días siguientes, el pequeño charco de barro se convirtió en un manantial de agua clara que corría. Muchos empezaron a creer cuando el brazo paralizado de una mujer fue curado después de bañarlo en el nuevo manantial. A lo largo de los catorce días, Bernadette preguntaba constantemente el nombre de la Señora, porque el párroco le había pedido que lo hiciera. Cada vez, la Señora solo sonreía.

Concluidos los catorce días, la vida volvió a la normalidad durante las tres semanas siguientes. Sin embargo, el 25 de marzo, fiesta de la Anunciación, Bernadette se sintió atraída de nuevo hacia la gruta. Esta vez, preguntó repetidamente el nombre de la Señora. La Señora respondió: “Yo soy la Inmaculada Concepción.” Bernadette era una joven campesina simple y con poca educación. No tenía idea de qué era la “Inmaculada Concepción”. Pero repitió ese nombre una y otra vez para no olvidarlo. Cuando se lo dijo al párroco, él quedó atónito. Solo cuatro años antes, el Papa había proclamado el Dogma de la Inmaculada Concepción. Este hecho, en particular, ayudó a convencer a los responsables de la Iglesia de que las apariciones eran auténticas.

Desde entonces, las aguas de Lourdes han seguido fluyendo, y se han registrado, estudiado y confirmado más de setenta curaciones mediante un riguroso proceso científico. Muchísimas más curaciones han sido proclamadas por los fieles. Millones de personas visitan Lourdes cada año, convirtiéndolo en uno de los lugares de peregrinación más frecuentados del mundo. Los enfermos acuden a esta santa gruta para bañarse o beber el agua milagrosa, buscando una cura para sus dolencias.

Varios años después de sus visiones, Bernadette ingresó en la vida religiosa. Sobre las visiones, diría más tarde: “La Virgen me usó como una escoba para quitar el polvo. Cuando el trabajo está hecho, la escoba se vuelve a poner detrás de la puerta.” Esta “escoba” fue canonizada en 1933. La gruta de Lourdes, sin embargo, era mucho más grande que Bernadette. Fue el don de Nuestra Señora al pueblo. Fue su proclamación de que ella era la Inmaculada Concepción y su aceptación formal de este título aquí en la tierra.

Oración:

Madre amadísima, Inmaculada Concepción, escogiste el instrumento más humilde en Bernadette para proclamar tu mensaje universal de arrepentimiento. Declaraste al mundo que tú eres, verdaderamente, la Inmaculada Concepción. Te ruego que intercedas por mí, traigas sanación a mi alma y me ayudes a ser liberado de todo pecado, para que un día pueda compartir tu gloria en el Cielo. Santa Bernardita, ruega por mí. Nuestra Señora, Inmaculada Concepción, ruega por mí. Jesús, en Ti confío.

 

12 de febrero del 2026: jueves de la quinta semana del tiempo ordinario-II

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