domingo, 4 de enero de 2026

5 de enero de 2026: Lunes después de la Epifanía (tiempo de Navidad)

 

Es totalmente nuevo

(Mt 4,12-17.23-25) Mateo insiste en el cumplimiento de las Escrituras en Jesucristo, Él que es la luz del mundo, el liberador de todos los yugos (cf. Is 9). Una liberación que reclama nuestra cooperación, y ésta pasa por la conversión y por un cambio de mirada sobre Dios, sobre nosotros mismos, sobre los demás, sobre los acontecimientos. Porque se trata, en efecto, de ajustarnos a la novedad de la Buena Noticia proclamada por Cristo.

Dios nos invita a no contentarnos con lo ya adquirido, pues en Jesús, Él hace “algo nuevo”.

Emmanuelle Billoteau, ermite

 


Primera lectura

1 Jn 3, 22 - 4, 6

Examinen si los espíritus vienen de Dios

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan.

QUERIDOS hermanos:
Cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.
Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.
Queridos míos: no se fíen de cualquier espíritu, sino examinen si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo.
En esto podrán conocer el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús no es de Dios: es del Anticristo. El cual ustedes han oído que iba a venir; pues bien, ya está en el mundo.
Ustedes, hijos míos, son de Dios y lo han vencido. Pues el que está en ustedes es más que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan según el mundo y el mundo los escucha. Nosotros somos de Dios.
Quien conoce a Dios nos escucha, quien no es de Dios no nos escucha.
En esto conocemos el Espíritu de la verdad y el espíritu del error.

Palabra de Dios.

 

Salmo

Sal 2, 7-8. 10-12a (R.: 8b)

R. Te daré en herencia las naciones.

V. Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho: «Tú eres mi hijo:
yo te he engendrado hoy.
Pídemelo:
te daré en herencia las naciones;
en posesión, los confines de la tierra. 
R.

V. Y ahora, reyes, sean sensatos;
escarmienten, los que rigen la tierra:
sirvan al Señor con temor,
ríndanle homenaje temblando. 
R.

 

Aclamación

R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Jesús proclamaba el evangelio del reino, y curaba toda dolencia del pueblo. R.

 

Evangelio

Mt 4, 12-17. 23-25

Está cerca el reino de los cielos

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea.
Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas
vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,
una luz les brilló».
Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
«Conviértanse, porque está cerca el reino de los cielos».
Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curó.
Y lo seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.

Palabra del Señor.

 

 

 

1) La luz brilla donde hay oscuridad

Jesús comienza su misión en Galilea, una región marcada por la mezcla, la pobreza y el olvido. Mateo ve en esto el cumplimiento de la profecía de Isaías: “el pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz”.

Dios no espera que todo esté en orden para intervenir. Él enciende su luz justamente en los lugares heridos: en las historias rotas, en los duelos no resueltos, en los corazones cansados, en las ausencias que duelen. Allí comienza el Reino.

Y hoy, de manera especial, esa luz nos consuela al recordar a nuestros difuntos. Ellos también caminaron entre luces y sombras, y creemos firmemente que la luz de Cristo no se apaga con la muerte, sino que se vuelve plenitud.

2) Convertirse es cambiar de mirada

La conversión que Jesús propone no es solo moral; es interior, profunda, cotidiana. Es cambiar la mirada:

  • Sobre Dios, para dejar de verlo lejano o severo, y reconocerlo como Padre fiel.
  • Sobre nosotros mismos, para no quedarnos atrapados en la culpa o el desaliento.
  • Sobre los demás, para pasar del juicio rápido a la misericordia.
  • Sobre la vida, incluso sobre la muerte, para mirarla con esperanza y fe.

Cuando perdemos a alguien que amamos, la tentación es quedarnos en la oscuridad del vacío. Pero la fe nos invita a mirar más allá: en Cristo, la muerte no tiene la última palabra.

3) Discernir los espíritus: una clave para vivir en la verdad

La primera carta de san Juan nos exhorta: “No se fíen de cualquier espíritu”. Hoy circulan muchas voces que parecen sabias, pero que no conducen a la vida.

Hay espíritus que:

  • siembran miedo,
  • alimentan la división,
  • endurecen el corazón,
  • nos encierran en el pasado.

El Espíritu de Dios, en cambio, conduce a la verdad, a la paz interior, a la confianza, incluso en medio del dolor. Si una voz nos aleja del amor, de la oración, de la esperanza, no viene de Dios.

También en el duelo necesitamos discernir: no toda resignación es fe, ni toda tristeza es falta de esperanza. El Espíritu Santo nos enseña a llorar, pero sin desesperar.

4) Jesús proclama y sana

El Evangelio concluye diciendo que Jesús enseñaba, anunciaba y curaba. El Reino no es una idea: es una experiencia de sanación. Sana el cuerpo, pero también el corazón herido, la memoria lastimada, el duelo silencioso.

Por eso hoy, al orar por nuestros difuntos, no lo hacemos desde la nostalgia vacía, sino desde la fe: Dios sigue sanando vínculos, incluso más allá de la muerte. En Él, los que amamos no se pierden; se transforman.

5) Un gesto concreto

La Palabra de hoy nos invita a:

  • dejar que Cristo ilumine algún rincón oscuro de nuestra vida,
  • revisar qué voces estamos escuchando,
  • y orar con amor por quienes ya partieron, confiándolos a la misericordia infinita de Dios.

Conclusión

Hermanos, Dios no se conforma con lo viejo ni con lo ya adquirido. En Jesús, Él hace algo nuevo. Hoy esa novedad es luz para nuestra vida y consuelo para nuestra memoria.

Que Cristo, luz del mundo, nos conceda un corazón convertido, un espíritu discernidor y una fe capaz de esperar incluso frente a la muerte.
Y que nuestros difuntos, purificados por el amor de Dios, descansen en su paz.
Amén.

 

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