martes, 6 de enero de 2026

6 de enero del 2026: Martes después de la Epifanía

 

Una misión compartida

(Marcos 6,34-44)

Jesús se revela aquí como el Buen Pastor: «Yo mismo haré reposar» a mi rebaño. «A la oveja perdida la buscaré; a la herida la curaré; a la enferma le devolveré las fuerzas» (Ez 34,15-16). Una misión que Él quiere compartir con sus discípulos: «Denles ustedes mismos de comer». A cada uno le corresponde contemplar a Cristo compasivo y reconocerse tocado y renovado por esa compasión, para vivir de ella y ejercerla con rectitud respecto de los demás.

Emmanuelle Billoteau, ermite

 


Primera lectura

1 Jn 4, 7-10
Dios es amor

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan.

QUERIDOS hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él.
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.

Palabra de Dios.

 

Salmo

Sal 71, 1-2. 3-4ab. 7-8 (R.: cf. 11)

R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.

V. Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. 
R.

V. Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre. 
R.

V. En sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.
 R.

 

Aclamación

R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. El Señor me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad. R.

 

Evangelio

Mc 6, 34-44

Al multiplicar los panes Jesús se manifiesta como profeta

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.
Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle:
«Estamos en despoblado y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer».
Él les replicó:
«Denles ustedes de comer».
Ellos le preguntaron:
«¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?».
Él les dijo:
«¿Cuántos panes tienen? Vayan a ver».
Cuando lo averiguaron le dijeron:
«Cinco, y dos peces».
Él les mandó que la gente se recostara sobre la hierba verde en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta.
Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces.
Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces.
Los que comieron eran cinco mil hombres.

Palabra del Señor.

 

 

1

 

A) “Vio mucha gente… y se compadeció”

El Evangelio de hoy comienza con una frase que podría resumir el corazón de Jesús: “vio… y se compadeció” (Mc 6,34). No se trata de una emoción pasajera. La compasión de Cristo es una mirada que comprende, un corazón que se deja afectar, y unas manos que se ponen a servir.

Marcos añade el motivo: “andaban como ovejas sin pastor”. Es decir: gente cansada, confundida, hambrienta de sentido, hambrienta de palabra verdadera. Y Jesús responde de una manera muy suya: primero enseña, luego alimenta. Porque el ser humano no solo necesita pan: necesita también dirección, verdad, ternura, esperanza.

B) La fuente de todo: “Dios es amor”

La primera lectura nos entrega la raíz de todo lo que veremos en el Evangelio:
“Amémonos… porque el amor es de Dios” (1Jn 4,7).
Y lo dice con precisión: no es que nosotros hayamos fabricado el amor con esfuerzo moral, sino que Dios tomó la iniciativa:
“Él nos amó primero… y envió a su Hijo como víctima de expiación por nuestros pecados” (1Jn 4,10).

Aquí está el centro: la compasión de Jesús no es filantropía, es revelación. Cuando Cristo se inclina sobre la multitud, nos está mostrando cómo es Dios: un Padre que no se desentiende, que no mira desde lejos, que se mete en nuestra historia y “se hace cargo”.

C) “Denles ustedes mismos de comer”: una misión compartida

Llega entonces la frase que incomoda, pero también dignifica:
“Denles ustedes mismos de comer” (Mc 6,37).

Los discípulos piensan en cálculos, en carencias, en imposibles: “¿Cómo vamos a hacer?” Y Jesús no niega la realidad; más bien la ordena: “¿Cuántos panes tienen? Vayan a ver”. Es como si dijera:

  • No te paralices mirando lo que falta.
  • Mira lo que hay.
  • Entrégamelo.
  • Y verás lo que Dios hace cuando lo poco se ofrece con amor.

Hay un detalle precioso: el milagro no elimina a los discípulos; los incluye. Jesús parte el pan, sí, pero el texto subraya: “se los dio a los discípulos para que los distribuyeran” (Mc 6,41). El Señor podría hacerlo todo solo; sin embargo, elige salvar, consolar y alimentar con nosotros.

Y aquí aparece una clave muy humana (y muy pastoral): muchas veces la gente no está rota por “falta de cosas”, sino por falta de cuidado, de escucha, de presencia. La compasión cristiana no es solo “dar algo”; es darse un poco, con justicia, con orden, con ternura.

D) El Salmo 72: el estilo del Reino

El Salmo 72 nos describe el reinado que Dios sueña: un rey que defiende al pobre, que hace justicia, que trae paz (Sal 72). Ese Salmo, leído junto al Evangelio, nos enseña que la compasión verdadera no es desordenada ni sentimental: es justa, organiza, repara, sostiene.

Por eso Jesús manda sentarlos “en grupos” sobre la hierba. La compasión de Cristo también sabe poner orden para que nadie quede por fuera y para que el bien llegue a todos. Hay caridades que cansan y se vuelven fuego de paja; y hay caridades evangélicas que se sostienen porque tienen oración, discernimiento, comunidad, estructura.

E) Aplicación a nuestra intención: familiares, amigos y benefactores

Hoy queremos orar por quienes han sido “pan” en nuestra vida: familiares, amigos y benefactores. Algunos nos ayudaron con recursos; otros con tiempo; otros con una palabra oportuna; otros con acompañamiento silencioso. Muchas veces, sin saberlo, fueron discípulos que cumplieron la orden del Señor: “denles ustedes mismos de comer”.

Y al mismo tiempo, el Evangelio nos pregunta con suavidad pero con firmeza:

  • En mi casa, ¿quién necesita pan de paciencia?
  • En mi comunidad, ¿quién necesita pan de escucha?
  • En mi trabajo o en mi entorno, ¿quién necesita pan de reconciliación?
  • ¿A quién he dejado “como oveja sin pastor” por indiferencia, por prisa, por cansancio?

La compasión cristiana no nace de la culpa; nace de sabernos amados primero. Cuando uno se siente amado por Dios, se vuelve más capaz de amar sin humillar, ayudar sin controlar, dar sin pasar factura.

F) Cierre

Hermanos, Jesús sigue mirando a la multitud con compasión. Y hoy nos dice lo mismo: “Denles ustedes mismos de comer”. No te pide lo que no tienes; te pide lo que sí tienes: tus “cinco panes y dos peces”. Lo pequeño, ofrecido con fe, en manos de Cristo se multiplica. Y al final —detalle grandioso— sobran canastos: porque el amor de Dios nunca es tacaño.


Oración final (por familiares, amigos y benefactores)

Señor Jesús, Buen Pastor,
mira con compasión a nuestros familiares, amigos y benefactores.
Bendice sus trabajos, sus hogares, su salud y sus luchas ocultas.
Recompensa su generosidad con la paz que el mundo no puede dar.

Y a nosotros, danos un corazón semejante al tuyo:
capaz de ver, de acercarse, de escuchar, de compartir,
y de poner en tus manos lo poco que tenemos,
para que se convierta en alimento de esperanza para muchos.

Amén.

 

 

2

 

1) Puerta de entrada: cuando la “practicidad” se vuelve excusa

Los discípulos proponen algo lógico: “Despídelos para que vayan a comprarse de comer” (Mc 6,36). Suena sensato. Pero Jesús revela que el Reino no se mueve solo por cálculos: se mueve por fe obediente. Por eso lanza la frase que desinstala:
“Denles ustedes mismos de comer” (Mc 6,37).
Ahí está la prueba: pasar de una solución “correcta” a una misión compartida.

2) Primera lectura: la fuente de la compasión es Dios mismo

San Juan nos da la raíz de todo:
“Amémonos unos a otros, porque el amor viene de Dios” (1Jn 4,7).
Y lo define con una afirmación inmensa: Dios es amor.

Pero Juan no se queda en ideas. Precisa la dirección del amor:
“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y envió a su Hijo…” (1Jn 4,10).

Entonces entendemos el Evangelio: cuando Jesús mira a la multitud y se compadece, no es solo un gesto bonito; es la manifestación visible de ese amor primero de Dios. Cristo es el amor de Dios “en acto”, caminando entre nosotros, cargando nuestra necesidad, sanando la desorientación de las “ovejas sin pastor”.

3) El Salmo 72: así gobierna el Mesías que hoy se nos revela

El Salmo 72(71) canta el sueño de Dios para su pueblo: un rey que hace justicia, que defiende al pobre, que trae paz y cuyo reinado se extiende como bendición. Es un retrato del Mesías.

Y el Evangelio nos dice: ese Rey es Jesús.
Su “realeza” no se expresa dominando, sino sirviendo. No se impone desde arriba, sino que se inclina ante la necesidad. Por eso el Salmo y el Evangelio se abrazan: Jesús realiza el reinado justo y compasivo que Israel esperaba.

4) Evangelio: compasión que enseña y luego alimenta

Marcos narra que Jesús, al ver la multitud, “se compadeció… y se puso a enseñarles muchas cosas” (Mc 6,34).
Primero alimenta el interior: da palabra, sentido, orientación. Después viene el hambre del cuerpo. Jesús cuida de todo.

5) La prueba de los discípulos: de la lógica a la confianza

Cuando los Doce sugieren despedir a la gente, Jesús los forma con una orden imposible:
“Denles ustedes mismos de comer.”
Ellos responden con cálculo y límites. Jesús, en cambio, los lleva al gesto decisivo:
“¿Cuántos panes tienen? Vayan a ver.”

Aquí aparece la clave espiritual: el Señor no pide lo que no tenemos; pide que le entreguemos lo que sí tenemos. Los “cinco panes y dos peces” son nuestro poco: capacidades, tiempo, paciencia, recursos, disponibilidad. En manos de Cristo, lo poco se convierte en bendición para muchos.

6) Un detalle esencial: Jesús multiplica, pero quiere colaboradores

El texto es claro: Jesús parte el pan y se lo da a los discípulos para que lo distribuyan.
Dios no solo resuelve; asocia. No solo alimenta; forma servidores. La misión es compartida. Y el milagro educa: nuestra fecundidad no depende de nuestra suficiencia, sino de la gracia, acogida con obediencia.

7) Aplicación: ¿a quién me pide Jesús alimentar hoy?

La primera lectura nos pone un espejo: si Dios nos amó primero, nuestra vida no puede encerrarse. Y el Salmo nos orienta: el amor verdadero busca justicia y paz.

Entonces la pregunta concreta:

  • ¿Quién a mi alrededor está “sin pastor”: confundido, triste, resentido, solo?
  • ¿Quién está hambriento de pan, pero también de escucha, de perdón, de compañía?
  • ¿Qué gesto me pide hoy el Señor: una llamada, una visita, una ayuda discreta, una palabra que levante, una reconciliación pendiente?

8) Intención del día: familiares, amigos y benefactores

Encomendemos hoy a nuestros familiares, amigos y benefactores:
que el Señor los colme de su amor, les conceda paz en sus casas, fortaleza en sus luchas, alegría en su servicio. Que nunca les falte el “pan” de la esperanza.

Y que nosotros aprendamos a agradecer no solo con palabras, sino con obras: porque el amor de 1 Juan se vuelve creíble cuando se convierte en pan partido para otros.

9) Cierre

Hermanos: la “practicidad” es buena, pero no es el Evangelio completo. El Evangelio es amor que se atreve.
Porque Dios nos amó primero (1Jn 4,10), porque el Mesías reina con justicia y paz (Sal 72), hoy Jesús nos mira y nos dice:
“Denles ustedes mismos de comer.”
Y cuando ofrecemos lo poco con fe, Dios hace lo que nosotros no podemos.


Oración final

Señor Jesús, Rey de justicia y Pastor compasivo,
gracias porque nos amaste primero
y nos mostraste el rostro del Padre.

Bendice a nuestros familiares, amigos y benefactores:
recompensa su generosidad, sostiene sus hogares,
dales paz, salud y esperanza.

Y a nosotros concédenos un corazón como el tuyo:
capaz de ver, compadecerse y actuar;
capaz de ofrecerte lo poco que tenemos,
para que tu amor alimente a muchos.

Amén.


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