lunes, 9 de febrero de 2026

10 de febrero del 2026: martes de la quinta semana del tiempo ordinario-II- Santa Escolástica, Virgen, memoria obligatoria


santo del día:

Santa Escolástica

480–543.

Hermana de san Benito de Nursia, se hizo monja cerca del monte Cassino. San Gregorio Magno relata que Benito y Escolástica se veían una vez al año para mantener largos diálogos espirituales.


Demasiados preceptos

(Marcos 7,1-13) Como Marcos explica a su audiencia proveniente del paganismo, la devoción judía en tiempos de Jesús se caracteriza por prácticas de pureza y por un conjunto de normas jurídicas observadas escrupulosamente, como tantas señales de reverencia hacia el Dios Santo. Pero, según Jesús, esa acumulación, lejos de servir a Dios, oscurece e incluso bloquea el acceso a su voluntad: que recibamos su amor gratuito y vivamos en el amor y en la verdad.

Jean-Marc Liautaud, Fondacio

 


Primera lectura

1 Re 8, 22-23. 27-30

Declaraste: «Allí estará mi Nombre». Escucha la súplica de tu pueblo Israel

Lectura del primer libro de los Reyes

EN aquellos días, Salomón se puso en pie ante el altar del Señor frente a toda la asamblea de Israel, extendió las manos al cielo y dijo:
«Señor, Dios de Israel, no hay Dios como tú arriba en los cielos ni abajo en la tierra, tú que guardas la alianza y la fidelidad a tus siervos que caminan ante ti de todo corazón.
¿Habitará Dios con los hombres en la tierra? Los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerte, ¡cuánto menos este templo que yo te he erigido!
Inclínate a la plegaria y a la súplica de tu siervo, Señor, Dios mío. Escucha el clamor y la oración que tu siervo entona hoy en tu presencia. Que día y noche tus ojos se hallen abiertos hacia este templo, hacia este lugar del que declaraste: “Allí estará mi Nombre”. Atiende la plegaria que tu servidor entona en este lugar. Escucha la súplica que tu siervo y tu pueblo Israel entonen en este lugar. Escucha tú, hacia el lugar de tu morada, hacia el cielo, escucha y perdona».

Palabra de Dios.

 

Salmo

Sal 83, 3. 4. 5 y 10. 11 (R.: 2)

R. ¡Qué deseables son tus moradas,
Señor del universo!


V. Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne
se alegran por el Dios vivo. 
R.

V. Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor del universo,
Rey mío y Dios mío. 
R.

V. Dichosos los que viven en tu casa,
alabándote siempre.
Fíjate, oh, Dios, escudo nuestro,
mira el rostro de tu Ungido. 
R.

V. Vale más un día en tus atrios
que mil en mi casa,
y prefiero el umbral de la casa de Dios
a vivir con los malvados. 
R.

 

Aclamación

R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Inclina mi corazón, oh, Dios, a tus preceptos; y dame la gracia de tu ley. R.

 

Evangelio

Mc 7, 1-13

Dejan a un lado el mandamiento de Dios para aferrarse a la tradición de los hombres

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas).
Y los fariseos y los escribas le preguntaron:
«¿Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras?».
Él les contestó:
«Bien profetizó Isaías de ustedes, hipócritas, como está escrito:
“Este pueblo me honra con los labios,
pero su corazón está lejos de mí.
El culto que me dan está vacío,
porque la doctrina que enseñan
son preceptos humanos”.
Dejan a un lado el mandamiento de Dios para aferrarse a la tradición de los hombres».
Y añadió:
«Anulan el mandamiento de Dios por mantener su tradición. Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre” y “el que maldiga a su padre o a su madre es reo de muerte”. Pero ustedes dicen: “Si uno le dice al padre o a la madre: los bienes con que podría ayudarte son ‘corbán’, es decir, ofrenda sagrada”, ya no le permiten hacer nada por su padre o por su madre; invalidando la palabra de Dios con esa tradición que ustedes se trasmiten; y hacen otras muchas cosas semejantes».

Palabra del Señor.

 

1

 

Hermanos, hoy la Palabra de Dios y el testimonio de Santa Escolástica se iluminan mutuamente y nos ayudan a discernir algo muy delicado: la diferencia entre una fe llena de normas y una fe habitada por el amor.

1) Cuando la religión se llena de preceptos, pero se vacía el corazón

En el Evangelio, Jesús no rechaza la tradición en sí, sino su deformación. El problema no es la ley, sino cuando la ley reemplaza al corazón. “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí” (Mc 7,6).

Es una tentación permanente: creer que estar “en regla” con Dios es suficiente, mientras dejamos intactas actitudes de dureza, indiferencia o egoísmo. Desde una mirada también psicológica, muchas veces el exceso de normas es una defensa: controlamos lo exterior para no confrontar lo interior.

2) Santa Escolástica: el amor que entiende mejor a Dios

Aquí entra con fuerza la memoria de Santa Escolástica. La tradición nos cuenta que, en su último encuentro con su hermano san Benito, ella pidió prolongar la conversación espiritual. Él, fiel a la regla, se negó. Entonces Escolástica oró… y Dios respondió con una tormenta que impidió el regreso de Benito al monasterio.

Más tarde, san Benito comprendió la lección y dijo con humildad:
“Dios la escuchó a ella, porque amó más.”

No fue desobediencia; fue amor que discierne mejor la voluntad de Dios. Santa Escolástica nos enseña que la verdadera fidelidad no es rigidez, sino docilidad al Espíritu.

3) Un Dios que no se deja encerrar

La oración de Salomón en la primera lectura es clave:
“¿Es posible que Dios habite en la tierra?” (1 Re 8,27).
Dios no cabe en templos, normas o sistemas cerrados. Y, sin embargo, se deja encontrar por quien lo busca con un corazón sincero.

Santa Escolástica no encerró a Dios en la regla; dejó que Dios se manifestara en el amor fraterno, en el tiempo compartido, en la comunión espiritual.

4) El Salmo: la fe como deseo y hogar

El Salmo 84(83) pone palabras al corazón creyente:
“Mi alma se consume de deseos por los atrios del Señor.”
No dice: “me tranquiliza cumplir”, sino “mi corazón suspira”.

Esa es la fe de Santa Escolástica: una fe que desea, que busca, que ama, que convierte la obediencia en relación viva.

5) Aplicación para hoy

En esta Eucaristía, y orando por nuestros familiares, amigos y benefactores, el Señor nos pregunta:

  • ¿Mi fe me vuelve más cercano o más distante?
  • ¿Uso la religión para justificar ausencias, silencios o indiferencias?
  • ¿Amo a las personas concretas que Dios ha puesto en mi camino?

Santa Escolástica nos recuerda que el amor no anula la regla, pero lo lleva a plenitud. Y Jesús nos confirma que la voluntad del Padre no se bloquea con normas, sino que se revela a los corazones que aman en verdad.

Oración final

Señor, por intercesión de Santa Escolástica, líbranos de una fe fría y calculadora. Enséñanos a amar más, para comprenderte mejor. Bendice a nuestros familiares, amigos y benefactores; recompensa su entrega y haz de nosotros testigos de una fe viva, humilde y misericordiosa. Amén.

 

2

 

1) Puerta de entrada: el reclamo y la frase que nos desnuda

“¿Por qué tus discípulos no siguen la tradición…?” Y Jesús responde con una cita que atraviesa los siglos: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.”
Hermanos, no es un ataque a la liturgia ni a las prácticas de piedad. Es una llamada a lo esencial: Dios no quiere solo gestos correctos; quiere un corazón entregado. Lo demás, si no nace de ahí, se vuelve “en vano”.

2) ¿Qué significa “corazón”? Una clave para entender el Evangelio

En la Biblia, el “corazón” no es sentimentalismo: es el centro de la persona, donde se decide. Es, en palabras sencillas, nuestra voluntad profunda: lo que realmente queremos, lo que elegimos, lo que amamos.

Dios nos habla iluminando la mente: nos muestra el bien. Pero el bien no se vuelve vida si la voluntad no lo abraza. Y ahí aparece la gracia: Dios no aplasta nuestra libertad; la sana y la fortalece para que podamos elegirlo de verdad.

3) El gran diagnóstico de Jesús: externalismo y orgullo religioso

Lo que Jesús denuncia en los fariseos y escribas es una religión reducida a exterioridad: cumplimiento, reputación, apariencia. Una fe que se vuelve vitrina de “yo soy mejor”, en vez de ser camino de conversión.

Y atención: Jesús no regaña por humillar. Reprende por amor, para despertar la conciencia, para rescatar el corazón. El drama es cuando uno se cierra, se justifica y se endurece. Entonces la práctica religiosa queda “vacía”: mucha forma… poco fuego.

4) Primera lectura: Dios no cabe en nuestras reglas, pero escucha al corazón sincero

Salomón, frente al templo, reconoce: “Si los cielos no pueden contenerte… ¿cuánto menos esta casa?” (1 Re 8).
Es una lección preciosa: el Señor no se deja encerrar en estructuras, costumbres o fórmulas. Y sin embargo, se inclina para escuchar al que suplica, al que busca, al que ama.

Por eso, cuando la fe se vuelve solo “norma”, corremos el riesgo de encerrar a Dios en nuestro esquema. Y Dios, que es Amor, rompe los esquemas para salvar el corazón.

5) Salmo 84(83): el termómetro de la autenticidad

“Mi alma se consume de deseos por los atrios del Señor.”
El salmo no habla de obligación, sino de deseo; no de peso, sino de alegría: “dichosos los que viven en tu casa”.
La pregunta es directa: ¿mi vida de fe tiene deseo de Dios o solo inercia? ¿Me acerco a Él por amor o por costumbre?

6) Santa Escolástica: amar más para entender mejor a Dios

En esta memoria obligatoria, Santa Escolástica aparece como una luz: el amor que es más fuerte que la mera rigidez. Su vida, marcada por la búsqueda de Dios en la sencillez, nos recuerda que la verdadera santidad no es “cumplir por cumplir”, sino dejar que el amor de Dios ordene el corazón.

Ella nos dice, con su ejemplo: cuando hay caridad auténtica, la fe deja de ser teatro y se vuelve vida.

7) La Eucaristía: el acto más puro de culto del corazón

Hermanos veamos: en la misa, el sacerdote mezcla una gota de agua con el vino. Esa gota nos representa.
¿Qué significa? Que la misa no es “ir a ver”, ni “cumplir”, ni “asistir”: es ofrecerse. Poner en el altar: lo que soy, lo que cargo, lo que amo, lo que me duele. Y unirlo al sacrificio de Cristo.

Si no hago esa ofrenda interior, el rito queda por fuera. Pero si me ofrezco, entonces todo cobra sentido: canto, silencio, comunión, envío… y la vida entera se vuelve liturgia.

8) Aplicación pastoral: intención por familiares, amigos y benefactores

Hoy oremos por los nuestros con un culto verdadero:

·        que nuestra gratitud no sea solo palabras, sino gestos;

·        que el amor no sea discurso, sino presencia;

·        que la fe no sea excusa para desentendernos, sino fuerza para servir.

Y preguntémonos con valentía:

·        ¿Qué me mueve cuando voy a misa: amor, necesidad de Dios, gratitud… o solo rutina?

·        ¿Mis oraciones me vuelven más humilde y misericordioso?

·        ¿Mis obras nacen del Evangelio o del deseo de “quedar bien”?

Oración final

Señor Jesús, purifica nuestro corazón. Líbranos de la vanidad religiosa y de la fe de apariencia. Danos un culto verdadero: humilde, sincero, lleno de caridad.
Bendice a nuestros familiares, amigos y benefactores: recompensa su entrega, sana sus heridas, fortalece su esperanza. Y haz que, unidos a tu sacrificio en la Santa Misa, toda nuestra vida sea una ofrenda de amor
. Amén.

 

 

10 de febrero:

Santa Escolástica, virgen — Memoria

c. 480–543
Santa patrona de las monjas, las escuelas, los exámenes, la lectura y de los niños con convulsiones.
Invocada contra las tormentas y la lluvia.

 


Cita:

La santa monja dijo a su hermano:
—«Por favor, no te vayas esta noche; quedémonos hasta el amanecer hablando de las delicias de la vida espiritual».
—«Hermana —respondió él—, ¿qué estás diciendo? No puedo quedarme fuera de mi celda».

Al oír que su hermano rechazaba su petición, la santa mujer juntó las manos sobre la mesa, apoyó la cabeza sobre ellas y comenzó a orar. Cuando levantó la cabeza de la mesa, se produjeron relámpagos tan brillantes, truenos tan fuertes y una lluvia tan intensa que ni Benito ni sus hermanos pudieron cruzar el umbral del lugar donde estaban sentados.

~ Diálogos, san Gregorio Magno


Reflexión

Poco se sabe de la vida de Santa Escolástica; sin embargo, su influencia en la Iglesia es innegable. Nació en el seno de una familia acomodada alrededor del año 480 d. C., en la ciudad de Nursia, en el centro de Italia, poco después de la caída del Imperio romano de Occidente. Era una época políticamente caótica, pero también un tiempo en el que Dios comenzaba a manifestar su estabilidad divina a través de ella. Tenía un solo hermano, muy probablemente su hermano gemelo, llamado Benito. Hoy, Benito y Escolástica son honrados como grandes santos. Ambos ejercieron una profunda influencia en la vida monástica tal como la conocemos: Benito como el padre del monacato occidental y Escolástica como su madre.

Desde niña, Escolástica se consagró al servicio de Dios, sin interesarse por las cosas de este mundo. Vivió con modestia, a pesar de haber sido criada en un hogar acomodado. Cuando Benito dejó su casa para convertirse en ermitaño y, más tarde, fundar un monasterio con una nueva regla monástica, ella admiró su vida oculta de oración y trabajo. Su vocación la interpeló, y obtuvo permiso del obispo local para ingresar en una casa de vírgenes que decidieron adoptar la nueva regla monástica de Benito. Benito las acompañó y nombró a Escolástica abadesa de aquella comunidad.

La nueva forma de monacato impulsada por Benito se centraba en la creación de monasterios permanentes, autosuficientes y estables, que seguían un régimen estricto de oración y trabajo. Tras un período de prueba de la vocación, los aspirantes emitían votos, comprometiéndose de manera definitiva con Dios y con la comunidad. Sus vidas quedaban estructuradas y ordenadas bajo la guía de un abad o una abadesa, a quienes los monjes y las monjas prometían obediencia. Poco después de que el humilde monasterio de Benito en Monte Cassino comenzara a florecer, Escolástica recibió permiso para adoptar su regla junto con un grupo de vírgenes, convirtiéndose así en el primer convento de monjas benedictinas. En los siglos siguientes, esta forma de vida se extendió ampliamente por todo el mundo occidental.

En su libro Diálogos, el papa san Gregorio Magno describe el amor santo que compartían Benito y Escolástica. Aunque el convento de Escolástica estaba a solo unos pocos kilómetros del monasterio de Benito, ambos se encontraban únicamente una vez al año, en fidelidad a su estricta regla de vida. Aquellos encuentros avivaban su amor compartido por Dios y los frutos de su oración y de su mutua llamada a este nuevo modo de vida. Cada año se reunían en una casa cercana y pasaban el día conversando sobre los temas más santos.

Cuando estos hermanos gemelos tenían alrededor de sesenta y tres años, se encontraron para lo que sería su última conversación en la tierra. Pasaron el día alabando a Dios y dialogando sobre asuntos espirituales. Después de una cena frugal, Benito anunció que él y sus compañeros debían marcharse y regresar al monasterio. Escolástica le suplicó que se quedara para continuar hablando de Dios durante toda la noche. Benito le respondió:
—«Hermana, ¿qué estás diciendo? No puedo quedarme fuera de mi celda».

Sin embargo, Escolástica comprendió que aquella conversación santa debía continuar. Inclinó la cabeza en oración, y Dios envió una tormenta tan poderosa que Benito y sus hermanos no pudieron marcharse. El amor de Escolástica por su hermano y su deseo de perseverar en la alabanza de Dios durante la noche hallaron la aprobación divina, y Dios mismo abrió el camino. Se despidieron al día siguiente, y tres días después Benito tuvo una visión del alma de su hermana que era llevada al cielo en forma de paloma. Mandó a sus hermanos traer el cuerpo de Escolástica al monasterio, y fue sepultada en la tumba que estaba destinada para él. Cuatro años más tarde, Benito murió y fue enterrado en la misma tumba junto a su hermana. Unidos por la gracia y por una misión compartida en esta vida, compartirán también una misma tumba desde la cual resucitarán juntos en el último día.

El papa san Gregorio opina que las oraciones de Escolástica fueron escuchadas frente a la objeción de Benito porque su amor era mayor. «Hizo más quien amó más», escribió. El testimonio de estos hermanos debería enseñarnos, de manera especial, el valor de las amistades santas que se edifican mutuamente y dan gloria a Dios. No estamos hechos solo para la comunión con Dios, sino también para la comunión entre nosotros. Estos santos hermanos dan testimonio de esta verdad sagrada.


Oración

Santa Escolástica, tú y tu hermano compartieron no solo la misma familia, sino también una profunda amistad espiritual centrada en Dios. Ruega por mí, para que descubra amigos que me ayuden en mi camino por este mundo y para que yo mismo sea un verdadero amigo para los demás.
Santa Escolástica y san Benito, rueguen por mí.
Jesús, en Ti confío.

 

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