Sal y luz
El Evangelio de hoy forma parte del discurso de
Jesús en la montaña. Sigue al Evangelio de las Bienaventuranzas, que es una
llamada a la felicidad: «¡Felices ustedes!».
A los discípulos reunidos a su alrededor para escucharlo, el Señor no les dice:
«Conviértanse en la sal de la tierra… conviértanse en la luz del mundo». Les
dice: «Ustedes son la sal de la tierra… ustedes son la luz del mundo».
Es decir, en el corazón de este mundo, son los granos de sal que revelan a cada
hombre y a cada mujer el sabor de la vida, el gusto de ser discípulos del Señor
Jesús.
En el relato de los comienzos, en el libro del
Génesis, se nos cuenta que la primera palabra de Dios fue para hacer surgir la
luz: «“Que exista la luz”. Y la luz existió. Dios vio que la luz era buena» (Gn
1,3-4).
El Señor nos llama a compartir lo que Él mismo es:
«Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no camina en tinieblas, sino que
tendrá la luz de la vida» (Jn 8,12).
Ser la luz de Cristo es “estar con Él” y actuar a
su manera: compartir nuestro pan con el que tiene hambre, acoger en nuestra
casa a los pobres sin techo, cubrir al que no tiene vestido, no desentendernos
de nuestro semejante. Entonces —dice el profeta Isaías— nuestra luz brotará
como la aurora.
El apóstol Pablo lo afirma: los hombres y mujeres
de este mundo que vean esta luz en nosotros darán gloria a nuestro Padre que
está en los cielos.
¿He hecho la experiencia de dar gloria al Padre
acogiendo en mi vida a los más pobres?
¿Soy consciente de estar llamado, como discípulo de Jesús, a ser sal de la
tierra y luz del mundo?
Anne Da, xavière
Primera
lectura
Surgirá tu
luz como la aurora
Lectura del libro de Isaías
ESTO dice el Señor:
«Parte tu pan con el hambriento,
hospeda a los pobres sin techo,
cubre a quien ves desnudo
y no te desentiendas de los tuyos.
Entonces surgirá tu luz como la aurora,
enseguida se curarán tus heridas,
ante ti marchará la justicia,
detrás de ti la gloria del Señor.
Entonces clamarás al Señor y te responderá;
pedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”.
Cuando alejes de ti la opresión,
el dedo acusador y la calumnia,
cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo
y sacies al alma afligida,
brillará tu luz en las tinieblas,
tu oscuridad como el mediodía».
Palabra de Dios.
Salmo
R. El
justo brilla en las tinieblas como una luz.
O bien:
R. Aleluya.
V. En
las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos. R.
V. Porque
jamás vacilará.
El recuerdo del justo será perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor. R.
V. Su corazón
está seguro, sin temor.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad dura por siempre
y alzará la frente con dignidad. R.
Segunda
lectura
Les anuncié
el misterio de Cristo crucificado
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
YO mismo, hermanos, cuando vine a ustedes a anunciarles el misterio de Dios, no
lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre ustedes me precié
de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado.
También yo me presenté a ustedes débil y temblando de miedo; mi palabra y mi
predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y
el poder del Espíritu, para que su fe no se apoye en la sabiduría de los
hombres, sino en el poder de Dios.
Palabra de Dios.
Aclamación
V. Yo soy la
luz del mundo —dice el Señor—; el que me sigue tendrá la luz de la vida. R.
Evangelio
Ustedes son
la luz del mundo
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la
salarán?
No sirve más que para tirarla y que la pise la gente.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto
de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para
ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Brille así su luz ante los hombres, para que vean sus buenas obras y den gloria
a su Padre que está en los cielos».
Palabra del Señor.
1
“Ustedes son: identidad, no
tarea”
Queridos
hermanos,
1. No “convertirse”, sino “vivir lo que somos”
2. La luz: una historia que comienza en Dios
3. Isaías: cuando la fe se vuelve concreta (Is 58)
Isaías
pone los pies en la tierra. No habla de teorías ni de emociones religiosas.
Habla de gestos:
- compartir el pan con el
hambriento,
- acoger al pobre sin techo,
- vestir al desnudo,
- no desentenderse del
hermano.
4. San Pablo: menos brillo humano, más poder de
Dios (1 Co 2)
5. El fruto: dar gloria al Padre
6. Preguntas que nos deja el Evangelio
- ¿He hecho la experiencia de dar gloria al Padre acogiendo a los más pobres en mi vida concreta?
- ¿Soy consciente de que ser
discípulo de Jesús implica ser sal y luz en el corazón del mundo,
no al margen de él?
7. Conclusión
Hermanos,
la sal no hace ruido, pero cambia el sabor.
La luz no se impone, pero vence la oscuridad.
Jesús hoy
no nos da una tarea más:
👉 nos recuerda quiénes somos.
Pidámosle
la gracia de no perder el sabor del Evangelio
y de no esconder la luz que Él ha encendido en nosotros.
Amén.
2
1) Puerta de entrada
Hermanos, el Evangelio de hoy trae una palabra
breve, casi cortante: “Ustedes son la sal de la tierra” (Mt 5,13). Y
enseguida una advertencia que inquieta: “si la sal se vuelve sosa…”.
¿Cómo puede la sal perder su sabor? La experiencia cotidiana nos dice que la
sal es estable. Pero Jesús no habla de química: habla de vida espiritual.
Se dice que en Palestina la “sal” que se obtenía
del entorno del Mar Muerto venía mezclada con minerales; si se almacenaba mal o
se humedecía, lo verdaderamente “salado” podía disolverse y quedar un residuo
que parecía sal… pero ya no servía para nada.
Esa imagen es durísima y real: parecer
cristianos, tener apariencia de sal… pero haber perdido lo esencial.
2) Clave bíblica: ¿qué significa
ser “sal”?
Jesús, después de proclamar las Bienaventuranzas,
nos revela que el discípulo está llamado a ser tres cosas en el mundo:
1. Sabor (dar gusto a la vida)
2. Conservación (preservar de la
corrupción)
3. Pureza/consagración (ofrecer a
Dios un mundo más santo)
No son ideas abstractas: se aterrizan en las
lecturas de hoy.
3) La sal que da sabor: el
Evangelio como alegría y verdad
La primera función de la sal es dar sabor.
El mundo puede quedar insípido cuando se vive sin horizonte, sin sentido, sin
verdad, sin esperanza. El discípulo de Jesús está llamado a poner “sabor” con
la verdad del Evangelio y la alegría de pertenecer a Cristo.
Aquí conviene una pregunta pastoral:
- ¿Qué
sabor deja mi vida en los demás: amargura, crítica, cansancio… o
esperanza, paz, misericordia?
Porque el cristiano no “predica” solo con palabras:
la vida misma deja gusto.
4) La sal que preserva: un freno
a la decadencia moral
La segunda función de la sal, sobre todo antes de
las neveras, era conservar. La sal impedía la corrupción.
Y aquí el Evangelio se vuelve profecía: Jesús nos
pide ser un “preservante” frente a la descomposición espiritual: la mentira
normalizada, la violencia verbal, el desprecio del débil, la corrupción, la
infidelidad, la sexualización sin amor, el “todo vale”.
Ser sal es no dejar que el alma se pudra: ni
la propia, ni la del ambiente que tocamos.
Pero si el discípulo se “diluye”, si se vuelve indistinguible, si se vuelve
“aguado”, entonces no preserva nada. Se vuelve un residuo que aparenta… y no
transforma.
5) La sal de la pureza:
consagración y alianza (Lv 2,13)
En la liturgia de Israel la sal era signo de alianza
y consagración: “no dejarás que falte la sal de la alianza” (Lv 2,13).
La sal “purifica” la ofrenda: la preserva, la guarda, la hace digna.
Aquí aparece una dimensión preciosa del
discipulado: ser sal es vivir con integridad, con un corazón unificado,
sin doblez, sin “impurezas” que quitan el sabor: el orgullo, la hipocresía, la
doble vida, la comodidad espiritual.
Hay “minerales” que se mezclan con nuestra fe y la
vuelven insípida:
- el
miedo a quedar mal,
- el
deseo de agradar a todos,
- el
conformismo,
- el
“así es el mundo”,
- el
“yo soy así”, como excusa para no cambiar.
6) Isaías: el modo concreto de no
perder el sabor (Is 58,7-10)
La primera lectura nos dice cómo se mantiene la
sal viva: con caridad concreta.
Isaías no se queda en lo devocional; baja al cuerpo y al pan:
- compartir
el pan con el hambriento
- acoger
al pobre sin techo
- vestir
al desnudo
- no
desentenderse del hermano
Y entonces viene la promesa:
“tu luz brotará como la aurora”.
Nota el orden: primero misericordia, luego luz.
La fe pierde sabor cuando se vuelve discurso sin compasión.
La fe recupera su fuerza cuando se vuelve pan partido.
7) Salmo 112: el justo es “sal”
porque es misericordioso
El salmo describe al justo como alguien compasivo
y generoso, que no teme las malas noticias, que sostiene al pobre.
Es decir: el justo no “alardea” de ser sal. Lo es porque su vida tiene
consistencia.
Ahí está una gran enseñanza:
la santidad no es un perfume para uno mismo; es un bien público:
preserva, sostiene, ilumina, da sabor.
8) San Pablo: no “sazonar” con
ego, sino con la fuerza de Dios (1 Co 2,1-5)
Pablo nos guarda de una tentación: creer que la
misión depende de “retórica”, de “estrategia”, de “brillo”.
Él predicó “con temor y temblor”, para que la fe se apoyara en el poder de
Dios.
Aplicación directa:
- podemos
“sazonar” con carisma… pero sin Cristo;
- podemos
impresionar… pero no convertir;
- podemos
llenar espacios… y no transformar corazones.
La sal auténtica no es el “yo” del predicador: es Cristo
en él.
9) Evangelio completo: sal y luz
(Mt 5,13-16)
Jesús une las dos imágenes: sal (interior,
discreta) y luz (visible).
La sal actúa sin ruido; la luz se ve.
Pero ambas tienen un objetivo: que el Padre sea glorificado.
No se trata de que digan: “qué buen cristiano”,
sino:
“qué grande es Dios”.
10) Examen pastoral: ¿cómo se
vuelve “sosa” la sal?
Concretando: la sal se vuelve sosa cuando el
“sodio” se disuelve y queda el residuo. En clave espiritual:
- cuando
la oración se diluye en rutina,
- cuando
el Evangelio se mezcla con la lógica del mundo sin discernimiento,
- cuando
dejamos que la queja, el cinismo o la tibieza nos “humedezcan”,
- cuando
la fe se vuelve apariencia sin amor.
Parecemos sal… pero ya no sazona.
11) Llamado concreto para esta
semana
Te propongo tres acciones simples (pero potentes):
1. Sabor: una palabra que levante a
alguien (sin ironía, sin herir).
2. Preservación: un “no” firme a una complicidad
con el pecado (una conversación sucia, una injusticia, una trampa).
3. Pureza: una obra de misericordia al
estilo de Isaías: pan, visita, ayuda real, acogida.
Verás que, cuando haces esto, algo pasa: tu luz
brota.
12) Conclusión
Hermanos, el mundo necesita sal auténtica.
No un cristianismo “de apariencia”, no un residuo sin sabor.
Necesita discípulos que, con humildad y firmeza, sean:
- sabor
de Evangelio,
- preservación
contra la corrupción,
- ofrenda
pura para Dios.
Y entonces, como dice Jesús, verán nuestras
obras y glorificarán al Padre.
Amén.
Oración final
Señor
Jesús,
Tú eres quien da sabor a nuestra vida,
quien nos preserva del pecado
y nos hace ofrenda agradable al Padre.
Líbranos
de una fe diluida,
de una sal que solo aparenta.
Haznos sencillos y firmes,
misericordiosos y coherentes,
para que el mundo encuentre en nosotros
el sabor de tu Evangelio,
la fuerza que preserva del mal
y la pureza de un corazón entregado.
Jesús, en
Ti confiamos. Amén.
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