sábado, 5 de septiembre de 2026

5 de septiembre del 2026: sábado de la vigésima segunsa semana del tiempo ordinario II-Memoria de Santa Teresa de Calcuta, Virgen

 

Testigo de la fe:

Santa Teresa de Calcuta

1910-1997

«Comiencen el día con la oración y termínenlo con la oración», aconsejaba la célebre fundadora de las Misioneras de la Caridad, quien dedicó cerca de medio siglo al servicio de los más pobres entre los pobres. Convencida de que en cada persona abandonada encontraba al mismo Cristo, acogió a enfermos, moribundos, huérfanos y excluidos, devolviéndoles dignidad mediante la ternura y el cuidado.

Su caridad nacía de una intensa vida de oración y de su encuentro cotidiano con Jesús en la Eucaristía. Incluso durante largos años de oscuridad espiritual, permaneció fiel a su vocación y continuó sirviendo con amor.

Galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 1979, murió en Calcuta el 5 de septiembre de 1997.

Fue canonizada por el papa Francisco el 4 de septiembre de 2016.

Santa Teresa nos recuerda que la santidad comienza al reconocer a Jesús en quien sufre y al realizar con un amor extraordinario las cosas pequeñas de cada día.

 

 


El sábado al servicio de la vida


«El Hijo del hombre es señor del sábado».

El sentido del sábado se comprende ahora a partir de la autoridad de Jesús. Él no lo suprime ni le quita importancia, sino que revela su significado más profundo: el sábado fue dado para conducir al ser humano hacia Dios, procurarle descanso y proteger su vida. Cuando la norma se olvida de la persona, traiciona la intención de Aquel que la estableció. Jesús nos enseña así que la fidelidad a Dios nunca puede separarse de la misericordia, del cuidado de los más frágiles y del amor concreto al prójimo.

 

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Primera lectura

1 Cor 4, 6b-15

Pasamos hambre y sed y falta de ropa

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

HERMANOS:
Aprendan de Apolo y de mí a jugar limpio y no se engrían el uno contra el otro. A ver, ¿quién te hace tan importante? ¿Tienes algo que no hayas recibido? Y, si lo has recibido, ¿a qué tanto orgullo, como si nadie te lo hubiera dado?
Ya tienen todo lo que ansiaban, ya son ricos, han conseguido un reino sin nosotros. ¿Qué más quisiera yo? Así reinaríamos juntos. Por lo que veo, a nosotros, los apóstoles, Dios nos coloca los últimos; como condenados a muerte, dados en espectáculo público para ángeles y hombres. Nosotros unos locos por Cristo, ustedes, sensatos en Cristo; nosotros débiles, ustedes fuertes; ustedes célebres, nosotros despreciados; hasta ahora pasamos hambre y sed y falta de ropa; recibimos bofetadas, no tenemos domicilio, nos agotamos trabajando con nuestras propias manos; nos insultan y les deseamos bendiciones; nos persiguen y aguantamos; nos calumnian y respondemos con buenos modos; nos tratan como a la basura del mundo, el desecho de la humanidad; y así hasta el día de hoy.
No les escribo esto para avergonzarlos, sino para amonestarlos. Porque los quiero como a hijos; ahora que están en Cristo tendrán mil tutores, pero padres no tienen muchos; por medio del Evangelio soy yo quien los ha engendrado para Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

 

Salmo

Sal 144, 17-18. 19-20. 21 (R.: 18a)

R. Cerca está el Señor de los que lo invocan.

V. El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones.
Cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente.
R.

V. Satisface los deseos de los que le temen,
escucha sus gritos, y los salva.
El Señor guarda a los que lo aman,
pero destruye a los malvados.
R.

V. Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga su santo nombre
por siempre jamás.
R.

 

Aclamación

R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Yo soy el camino y la verdad y la vida —dice el Señor—;
nadie va al Padre sino por mí.
R.

 

Evangelio

Lc 6, 1-5

¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

UN sábado, iba Jesús caminando por medio de un sembrado y sus discípulos arrancaban y comían espigas, frotándolas con las manos.
Unos fariseos dijeron:
«¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?».
Respondiendo Jesús, les dijo:
«¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros sintieron hambre?
Entró en la casa de Dios, y tomando los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, comió él y dio a los que estaban con él».
Y les decía:
«El Hijo del hombre es señor del sábado».

Palabra del Señor.


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«¿Qué tienes que no hayas recibido?»

 

Queridos hermanos:

La Palabra de Dios de este sábado nos invita a pasar de una religiosidad centrada únicamente en el cumplimiento exterior a una fe que reconoce los dones recibidos, se compadece del hambre ajena y se convierte en servicio.

San Pablo pregunta en la primera lectura: «¿Qué tienes que no hayas recibido? Y, si lo has recibido, ¿por qué presumes como si no lo hubieras recibido?» Esta pregunta desmonta nuestro orgullo. La vida, la fe, la inteligencia, la salud, las capacidades, la familia, la comunidad y hasta las oportunidades que hemos tenido son dones recibidos. Nada nos autoriza a sentirnos superiores ni a despreciar a los demás.

Los corintios se consideraban ricos, fuertes y sabios; mientras tanto, Pablo describe la condición de los apóstoles: padecen hambre, sed y cansancio; son despreciados, perseguidos y calumniados. Sin embargo, cuando los insultan, bendicen; cuando los persiguen, soportan; cuando los calumnian, responden con bondad. Así se reconoce al verdadero discípulo: no solamente por lo que enseña, sino por la manera cristiana de responder al sufrimiento y a la ofensa.

Pablo tampoco habla para humillar a la comunidad. Les dice que los amonesta como a hijos queridos, porque los ha engendrado en Cristo mediante el Evangelio. El auténtico evangelizador no busca admiradores, privilegios ni reconocimientos: ama con corazón de padre, acompaña, corrige con caridad y está dispuesto a desgastarse por aquellos que Dios le ha confiado.

El salmo nos ofrece una certeza consoladora: «Cerca está el Señor de los que lo invocan». Dios no permanece distante frente al sufrimiento humano. Escucha el grito del pobre, sostiene al que está abatido y protege al que lo ama. Pero debemos preguntarnos: si Dios está cerca de quienes sufren, ¿podemos nosotros permanecer indiferentes? Quien invoca sinceramente al Señor aprende también a acercarse al hambriento, al enfermo, al anciano abandonado, al migrante, al niño desprotegido y a quien sufre en silencio. Las lecturas completas corresponden a 1 Corintios 4,6b-15; Salmo 144 y Lucas 6,1-5.

En el Evangelio, los discípulos tienen hambre y arrancan algunas espigas para comer. Algunos fariseos no ven personas necesitadas, sino infractores de una norma. Jesús no desprecia el sábado ni relativiza la Ley de Dios. Por el contrario, revela su sentido más profundo: el sábado fue entregado para honrar a Dios, devolverle dignidad y descanso al ser humano y proteger la vida.

Por eso Jesús proclama: «El Hijo del hombre es señor del sábado». Él es quien interpreta plenamente la voluntad del Padre. Ninguna práctica religiosa puede utilizarse para ignorar el dolor, condenar al necesitado o cerrar las puertas de la misericordia. La ley sin amor se convierte en carga; la verdad sin compasión puede convertirse en piedra; la religión sin cercanía termina olvidando el corazón de Dios.

En este sábado dirigimos también nuestra mirada hacia la Virgen María. Ella comprendió que todo era gracia. No presumió de sus privilegios, sino que proclamó: «El Poderoso ha hecho obras grandes por mí». Y enseguida se puso en camino para servir a Isabel. María nos muestra que quien reconoce los dones de Dios no los guarda egoístamente: los convierte en disponibilidad, servicio y alabanza.

Recordamos además a santa Teresa de Calcuta, quien comenzó cada jornada en la oración y en la Eucaristía, y desde ese encuentro salió a buscar a Cristo en los más pobres. En los moribundos abandonados, en los enfermos, en los hambrientos y en quienes nadie quería, ella reconoció el rostro del Señor. Su caridad no nació simplemente de la sensibilidad humana, sino de una profunda unión con Jesús. Su vida confirma que la oración verdadera abre los ojos y las manos: nos permite descubrir que el necesitado no es una molestia, sino un hermano; no es un número, sino una persona amada por Dios. La Santa Sede recuerda que las Misioneras de la Caridad fueron establecidas en 1950 para servir a “los más pobres entre los pobres”.

Hoy podríamos preguntarnos:

¿Reconozco agradecidamente que todo lo bueno que poseo lo he recibido de Dios? ¿Mi manera de vivir la fe me vuelve más cercano y misericordioso? ¿Soy capaz de descubrir a Jesús en quien tiene hambre de pan, de compañía, de escucha, de perdón o de esperanza?

Pidamos al Señor que nos libre del orgullo espiritual y de una religiosidad fría. Que, siguiendo el ejemplo de la Virgen María y de santa Teresa de Calcuta, comencemos y terminemos cada jornada en oración, pero que entre una oración y otra transcurra una vida llena de amor, servicio y misericordia.

Santa María, Madre de los pobres, ruega por nosotros.
Santa Teresa de Calcuta, ruega por nosotros. Amén.

 

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