Primero de abril del 2026: Miércoles Santo
¡Desconcertante! (Isaías 50, 4-9a; Mateo 26, 14-25 ) Como el siervo de Isaías, Jesús avanza sin echarse atrás hacia aquellos que van a maltratarlo. Va y, “a la manera” del Padre, se entrega por completo. Va humilde y decidido, a desarmar la violencia de los violentos. Él invierte la imagen de aquel que se esperaba, e incluso la imagen misma de Dios. Porque, en ese instante, Dios no se esconde: es Él quien permanece allí, con el rostro de todos aquellos y aquellas que todavía hoy sufren la violencia. Colette Hamza, xavière Primera lectura Is 50, 4-9a No escondí el rostro ante ultrajes Lectura del libro de Isaías. EL Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos. El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro a...