“¡En guardia, listos!”
(Lucas 21, 34-36) Jesús invita a mantenerse en guardia, no tanto por un peligro exterior, sino por una tendencia interior al adormecimiento del espíritu.
Un adormecimiento que nos hace olvidar que este mundo pasa y que nuestra vida está orientada hacia el encuentro con el Hijo del Hombre, cuya venida pertenece al ámbito de lo inesperado.
Las “borracheras”, la
“embriaguez” y “las preocupaciones de la vida”, que oscurecen nuestra relación
con Dios y nos vuelven ausentes de nosotros mismos, se nos presentan aquí como
lugares donde ejercitar la vigilancia.
Emmanuelle Billoteau, ermite
Primera lectura
Dan
7, 15-27
El
reinado y el dominio serán entregados al pueblo de los santos del Altísimo
Lectura de la profecía de Daniel.
YO, Daniel, me sentía agitado por dentro, y me turbaban las visiones de mi
mente.
Me acerqué a uno de los que estaban allí en pie y le pedí que me explicase todo
aquello.
Él me contestó exponiéndome la interpretación de la visión:
«Esas cuatro bestias gigantescas representan cuatro reinos que surgirán en el
mundo. Pero los santos del Altísimo recibirán el reino y lo poseerán para
siempre por los siglos de los siglos».
Yo quise saber qué significaba la cuarta bestia, distinta de las demás,
terrible, con dientes de hierro y garras de bronce, que devoraba y trituraba, y
pateaba las sobras con las pezuñas, y qué significaban los diez cuernos de su
cabeza, y el otro cuerno que le salía y eliminaba a otros tres; aquel cuerno
que tenía ojos y una boca que profería insolencias, y era más grande que sus
compañeros.
Mientras yo seguía mirando, aquel cuerno luchó contra los santos y los derrotó.
Hasta que llegó el anciano para hacer justicia a los santos del Altísimo; se
cumplió el tiempo y los santos tomaron posesión del reino.
Después me dijo:
«La cuarta bestia es un cuarto reino que habrá en la tierra, distinto de todos
los demás; devorará toda la tierra, la trillará y triturará. Sus diez cuernos
son diez reyes que habrá en aquel reino; después de ellos vendrá otro
distinto que destronará a tres reyes, blasfemará contra el Altísimo, e
intentará aniquilar a los santos del Altísimo y cambiar el calendario y la ley.
Los santos serán abandonados a su poder durante un año, dos años y medio año.
Pero cuando se siente el tribunal a juzgar, se le quitará el poder y será
destruido y aniquilado totalmente.
El reinado, el dominio y la grandeza de todos los reinos bajo el cielo serán
entregados al pueblo de los santos del Altísimo.
Su reino será un reino eterno, al que temerán y se someterán todos los
soberanos».
Palabra de Dios.
Salmo
Dan
3, 82a. 83a. 84a. 85a. 86a. 87a (R.: 59b)
R. ¡Ensálcenlo con
himnos por los siglos!
V. Hijos de los
hombres, bendigan al Señor. R
V. Bendiga Israel al
Señor. R.
V. Sacerdotes del Señor,
bendigan al Señor. R.
V. Siervos del Señor,
bendigan al Señor. R.
V. Almas y
espíritus justos, bendigan al Señor. R.
V. Santos y humildes de
corazón, bendigan al Señor. R.
Aclamación
R. Aleluya,
aleluya, aleluya.
V. Estén despiertos en
todo tiempo, pidiendo mantenerse en pie ante el Hijo del hombre. R.
Evangelio
Lc
21, 34-36
Estén
despiertos, para que puedan escapar de todo lo que está por suceder
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Tengan cuidado de ustedes, no sea que se emboten sus corazones con juergas,
borracheras y las inquietudes de la vida, y se les eche encima de repente aquel
día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estén, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que puedan escapar de todo lo
que está por suceder y mantenerse en pie ante el Hijo del hombre».
Palabra del Señor.
1
1. Introducción: Un tiempo para despertar
Queridos
hermanos, llegamos al final del año litúrgico, un tiempo precioso donde la
Iglesia nos invita a mirar la historia con los ojos de la fe. Lo hacemos en el Año
Jubilar, tiempo de gracia y conversión, y en este día sábado en que
elevamos nuestra mirada a Santa María, la mujer vigilante, la discípula
que nunca dejó de esperar la llegada del Señor.
2. Daniel y los monstruos del tiempo: cuando el mal
ruge pero no vence
La
primera lectura nos presenta un desfile de bestias y símbolos inquietantes. A
través de esas figuras, Daniel representa los grandes imperios que oprimieron
al pueblo: Babilonia, los Medos, los Persas, los reinos helenísticos. El
“cuerno arrogante” es Antíoco Epífanes, quien quiso borrar la fe del pueblo
santo.
Pero lo
más importante no son las bestias… sino su destino.
Todos
esos monstruos caen. Todos esos poderes pasan. Todos esos imperios desaparecen.
Hoy
también existen “monstruos”: violencias, corrupciones, adicciones, ideologías
que siembran confusión, poderes que se creen eternos. Pero Daniel nos recuerda
que nada puede destruir la obra de Dios cuando su pueblo permanece fiel.
3. El Evangelio: el riesgo de quedarnos dormidos
En el
Evangelio, Jesús no nos habla de monstruos externos, sino de enemigos internos:
la rutina, la tibieza, el corazón que se apaga.
Dice el
Señor:
“Tened
cuidado: no se embote vuestro corazón con los vicios, la bebida y las
preocupaciones de la vida… velad y orad.”
El
enemigo más peligroso no es el que ruge afuera, sino el que susurra dentro:
- la falta de oración,
- el desgaste espiritual,
- el cansancio que nos enfoca
solo en el presente,
- las falsas alegrías que nos
anestesian,
- el corazón distraído que
deja de esperar a Cristo.
4. En el Año Jubilar: un llamado a la esperanza que
renueva
Este es
un año para:
- revisar en qué “monstruos”
hemos confiado,
- identificar qué falsos
consuelos nos han adormecido,
- volver al primer amor,
- vivir la fe con esperanza
renovada,
- abrirnos a la conversión
personal y comunitaria.
5. María en sábado: la mujer vigilante
Y hoy,
sábado, la liturgia nos lleva a mirar a María.
A su lado
aprendemos:
- a discernir la voz de Dios;
- a no dejarnos distraer por
lo que pasa;
- a guardar el corazón
despierto para Cristo.
6. Conclusión: velar y orar — este es nuestro
nombre cristiano
Hermanos:
- Las bestias pasarán.
- Los poderes humanos se desmoronarán.
- Las falsas alegrías
decepcionarán.
Pero quienes
velan y oran, quienes permanecen despiertos en el Señor, “se mantendrán en
pie delante del Hijo del Hombre”.
Pidamos
en este fin de año litúrgico, en este sábado mariano y en este Año Jubilar, la
gracia de un corazón despierto, limpio, vigilante, lleno de esperanza.
Oración final
Santa
María, Madre vigilante,
enséñanos a mantener el corazón despierto,
a vivir con esperanza aun en tiempos difíciles,
a discernir la voz de tu Hijo
entre tanto ruido que quiere distraernos.
Haz que
este Año Jubilar sea para nosotros
un tiempo de gracia, de renovación y de encuentro.
Guíanos hacia Cristo,
para que Él reine en nuestros corazones
y nos encuentre velando cuando vuelva.
Amén.
2
1. Introducción: El fin del año litúrgico como despertador
espiritual
Queridos hermanos, este
sábado que cierra el año litúrgico es una especie de “último aviso” antes de
entrar en el Adviento. Y como cada sábado, miramos a Santa María,
modelo de vigilancia creyente. Lo hacemos además en un Año Jubilar,
tiempo de gracia y conversión, de renovación interior y de esperanza para toda
la Iglesia.
El Evangelio de hoy es
breve, pero incisivo. Jesús parece un amigo que, antes de despedirse, te toma
de los hombros, te mira a los ojos y dice:
“¡Despierta!
¡No vivas dormido!”
2. Daniel y el telón de
fondo: el mal ruge, pero no reina
La primera lectura nos
presenta la visión de Daniel, llena de imágenes fuertes: bestias, cuernos,
imperios que se levantan y caen. Pero la enseñanza es clara:
Los
poderes del mal, por aterradores que parezcan, no tienen la última palabra.
Daniel contempla:
·
imperios
que oprimen,
·
gobernantes
que se vuelven ídolos,
·
poderes
que parecen eternos…
Pero todos pasan.
Todos terminan por desmoronarse.
Todos están bajo el dominio del Altísimo.
Y concluye con una
frase luminosa:
“El
reino será dado al pueblo de los santos del Altísimo.”
Es decir:
Dios
no abandona a los suyos.
La
historia no está en manos de la bestia, sino en manos de Dios.
3. El Evangelio: el
verdadero enemigo no está afuera, sino adentro
Mientras Daniel
enfrenta monstruos exteriores, Jesús nos advierte sobre otro peligro más sutil
y más cercano:
el
adormecimiento del espíritu.
Jesús dice:
“Tened cuidado: que
vuestros corazones no se emboten…
velad y orad en todo momento.”
El problema no son solo
las amenazas externas, sino el corazón que se adormece:
·
cuando
la fe se vuelve rutina,
·
cuando
el mundo presente lo ocupa todo,
·
cuando
la búsqueda de placer anestesia la conciencia,
·
cuando
las preocupaciones nos roban la serenidad,
·
cuando
dejamos de mirar hacia el futuro de Dios.
El
peligro más grave no es el ruido del mundo, sino la modorra del alma.
4. ¿Qué embota hoy nuestro
corazón? Tres virus espirituales
Jesús menciona tres:
a) Las borracheras
No solo las del alcohol.
También la embriaguez de una vida sin límites, sin frenos, sin discernimiento.
La embriaguez del ego, del éxito rápido, del consumo, del exceso.
b) La embriaguez interior
Ese estado en el que
uno vive atolondrado, disperso, sobrecargado, sin centro.
Personas que tienen mucho movimiento… pero poca dirección.
c) Las preocupaciones de la
vida
El enemigo más
cotidiano de todos:
·
la
ansiedad,
·
el
miedo al futuro,
·
la
preocupación por el dinero,
·
la
angustia por la salud,
·
el
agotamiento por responsabilidades.
Estas cargas, si no se
entregan a Dios, nos roban presencia, serenidad y fe.
Jesús sabe que estas
realidades nos acechan…
Por eso nos pide:
“Velad.”
No para que vivamos
asustados.
Sino para que vivamos conscientes.
5. En el Año Jubilar: un
llamado a despertar el espíritu
Este Año Jubilar es una
invitación a la vigilancia espiritual:
·
despertar
lo que se durmió,
·
sanar
lo que se enfrió,
·
reavivar
lo que se apagó,
·
reorganizar
lo que se desordenó,
·
devolver
a Cristo el centro del corazón.
Un Jubileo es un nuevo
comienzo.
Dios nos dice hoy:
“Sé
libre. Despierta. Mira más alto. Camina conmigo.”
6. María en sábado: la mujer
despierta
¿Y quién mejor que
María para enseñarnos a velar?
Ella es la mujer del
“sí”,
la mujer del silencio atento,
la mujer que guarda y discierne,
la mujer que no se turba cuando el plan de Dios la sorprende,
la mujer siempre abierta al futuro del Espíritu.
María no vivió en un
mundo fácil.
También ella enfrentó preocupaciones, incertidumbres, angustias…
pero nunca
dejó que eso embotara su corazón.
Por eso la Iglesia la
recuerda cada sábado:
para
aprender de Ella la vigilancia del amor.
7. Conclusión: vivir
despiertos para recibir al Señor
Queridos hermanos:
·
Daniel
nos enseña que los monstruos caen.
·
Jesús
nos enseña que el corazón puede dormirse.
·
El
Jubileo nos llama a despertar.
·
María
nos muestra cómo mantenerse de pie.
Cerramos el año
litúrgico con una consigna clara:
“Velad
y orad.”
Es decir:
vivir
conscientes, en gracia, con esperanza.
Que el Señor nos
encuentre despiertos, atentos, disponibles,
con el corazón limpio y orientado hacia su Reino.
Oración final
Santa María,
mujer vigilante y discípula fiel,
enséñanos a velar con un corazón despierto y humilde.
Ayúdanos a identificar aquello que adormece nuestra alma
y a vivir este Año Jubilar como un tiempo de gracia,
de renovación profunda
y de encuentro verdadero con tu Hijo.
Haz que, cuando Él vuelva,
nos encuentre firmes en la fe,
alegres en la esperanza
y desbordantes en el amor.
Amén.

