domingo, 22 de febrero de 2026

23 de febrero del 2026: lunes de la primera semana de Cuaresma

 

Vivir de Dios

Cristo nos juzgará según el amor vivido. Lo que hacemos a los más pequeños, a Él se lo hacemos. Acoger, visitar, cuidar, alimentar: ahí es donde nuestra fe se vuelve viva a través de nuestros gestos. Vivir de Dios es aprender a amar como Él, a ver en cada rostro un hermano, una hermana. Y nosotros, cuando Cristo pasa por nuestro camino, ¿lo reconocemos en aquel que necesita de nosotros?

Jean-Paul Musangania, prêtre assomptionniste

 


Primera lectura

Lev 19, 1-2. 11-18
Juzga con justicia a tu prójimo

Lectura del libro del Levítico.

EL Señor habló así a Moisés:
«Di a la comunidad de los hijos de Israel:
“Sean santos, porque yo, el Señor, su Dios, soy santo.
No robarán ni defraudarán ni se engañarán unos a otros.
No jurarán en falso por mi nombre, profanando el nombre de tu Dios. Yo soy el Señor.
No explotarás a tu prójimo ni le robarás. No dormirá contigo hasta la mañana siguiente el jornal del obrero.
No maldecirás al sordo ni pondrás tropiezo al ciego. Teme a tu Dios. Yo soy el Señor.
No darán sentencias injustas. No serás parcial ni por favorecer al pobre ni por honrar al rico. Juzga con justicia a tu prójimo.
No andarás difamando a tu gente, ni declararás en falso contra la vida de tu prójimo. Yo soy el Señor.
No odiarás de corazón a tu hermano, pero reprenderás a tu prójimo, para que no cargues tú con su pecado.
No te vengarás de los hijos de tu pueblo ni les guardarás rencor, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor”».

Palabra de Dios.

 

Salmo

Sal 18, 8. 9. 10. 15 (R.: cf. Jn 6, 63)

R. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

V. La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye a los ignorantes. 
R.

V. Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. 
R.

V. El temor del Señor es puro
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. 
R.

V. Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,
Señor, Roca mía, Redentor mío. 
R.

 

Aclamación

V. Ahora es el tiempo favorable,
ahora es el día de la salvación.

 

Evangelio

Mt 25, 31-46

Cada vez que lo hicieron con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones.
Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.
Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su derecha:
“Vengan ustedes, benditos de mi Padre; hereden el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, fui forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, en la cárcel y vinieron a verme”.
Entonces los justos le contestarán:
“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”.
Y el rey les dirá:
“En verdad les digo que cada vez que lo hicieron con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron”.
Entonces dirá a los de su izquierda:
“Apártense de mí, malditos, vayan al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, fui forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y en la cárcel y no me visitaron”.
Entonces también estos contestarán:
“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”.
Él les replicará:
“En verdad les digo: lo que no hicieron con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicieron conmigo”.
Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna».

Palabra del Señor.

 

 

1

 

Hermanos, la Cuaresma nos pone de frente una verdad sencilla y exigente: la santidad no es una idea, es una manera de tratar al otro. La primera lectura lo dice con fuerza: “Sean santos, porque yo, el Señor, soy santo” (Lv 19,2). Y de inmediato Dios traduce esa santidad en cosas muy concretas: no robar, no mentir, no explotar, no humillar, no guardar rencor… y culmina con una frase que nos persigue toda la vida: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lv 19,18).

Pero el Evangelio de hoy va aún más lejos: Jesús nos describe el juicio final (Mt 25,31-46) y nos revela el criterio decisivo: no será un examen de teoría religiosa, sino de amor encarnado. “Tuve hambre… tuve sed… fui forastero… estuve desnudo… enfermo… preso…” Y el Rey responde: “Cada vez que lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron”.

1. La fe se vuelve “viva” cuando se vuelve gesto

Alguien comentando este evangelio, lo resume bellamente: acoger, visitar, cuidar, alimentar. Ahí la fe se hace real. Porque hay una tentación cuaresmal muy común: creer que todo se resuelve con “cosas religiosas” —algunas prácticas, unos rezos, algún sacrificio—, pero sin tocar el corazón. Y Jesús nos corrige: la oración verdadera desemboca en misericordia, y la penitencia auténtica nos vuelve más humanos, más atentos, más compasivos.

Por eso el salmo canta que la ley del Señor “reconforta el alma” y “da luz a los ojos” (Sal 19). ¿Y qué es “dar luz a los ojos”? Es aprender a mirar como mira Dios: no por encima del hombro, no con prejuicio, no con indiferencia, sino reconociendo un rostro, una historia, una necesidad.

2. “¿Lo reconocemos cuando pasa por nuestro camino?”

Podemos hacer una pregunta tremenda: cuando Cristo pasa, ¿lo reconozco? Porque Cristo no siempre pasa como yo lo imagino. A veces pasa con la cara del migrante, del enfermo, del anciano solo, del vecino con depresión, de la madre agotada, del joven confundido, del preso, del que pide una oportunidad.

Y aquí conviene una luz psicológica y espiritual: muchas veces no es mala voluntad; es ceguera por costumbre. Nos acostumbramos al dolor ajeno, normalizamos la miseria, aprendemos a “pasar de largo” para no sentir. El corazón se defiende: “no mires, no te involucres, no te desgastes”. Pero Jesús nos propone otra defensa: la compasión, que no destruye, sino que humaniza. La compasión no siempre resuelve todo, pero sí cambia el mundo de alguien… y también cambia el nuestro.

3. “Sean santos” significa: no guardar rencor, no vengarse, no odiar

Levítico hoy aterriza la santidad en el terreno más difícil: las relaciones. “No odiarás… no te vengarás… no guardarás rencor” (Lv 19,17-18). ¡Qué fuerte para Cuaresma! A veces pensamos que amar al pobre es solo dar algo; pero hay otro “pobre” muy cercano: el que vive conmigo, el que me hirió, el que me irrita, el que me decepcionó. La caridad comienza por la casa, por la comunidad, por el barrio, por la parroquia: con palabras limpias, con justicia, con reconciliación, con respeto.

Y entonces entendemos el Evangelio: Cristo está en “los pequeños”. Y “pequeño” no es solo el que carece de pan; también el que carece de paz, de compañía, de escucha, de dignidad.

4. Una Cuaresma con obras concretas (no solo propósitos)

Para no quedarnos en lo bonito, hagamos una propuesta sencilla para esta semana:

  • Un gesto de alimento: apoyar a alguien con mercado, un almuerzo, o sumarse a una obra de caridad de la comunidad.
  • Un gesto de visita: llamar o visitar a un enfermo, a un anciano, a alguien que está solo.
  • Un gesto de acogida: tratar con respeto a quien normalmente ignoramos; saludar, mirar a los ojos, ofrecer ayuda real.
  • Un gesto de reconciliación: soltar un rencor, pedir perdón, o dar el primer paso.
  • Un gesto de fe: unirlo a la oración: “Señor, que hoy te reconozca donde tú eliges estar”.

Porque al final, el juicio de Mt 25 no nos asusta para paralizarnos; nos despierta para vivir: Cristo no viene a complicarnos la vida, viene a enseñarnos dónde está la vida.

5. Intención por nuestros hermanos difuntos

Y hoy oramos por nuestros difuntos. ¿Qué tiene que ver con este Evangelio? Muchísimo. Porque el amor no se pierde: lo que se hizo por amor queda en Dios. Nuestros seres queridos han pasado al umbral definitivo; nosotros los encomendamos a la misericordia del Padre, y al mismo tiempo pedimos la gracia de vivir de tal modo que, cuando llegue nuestra hora, podamos escuchar esas palabras: “Vengan, benditos de mi Padre”.


Oración final (breve)

Señor Jesús,
abre nuestros ojos para reconocerte en los pequeños,
abre nuestras manos para servirte en los necesitados,
y ablanda nuestro corazón para amar sin rencor.
Acuérdate hoy de nuestros hermanos difuntos:
purifícalos en tu misericordia y llévalos a la paz eterna.
Amén.

 

2

Hermanos, el Evangelio de hoy nos sitúa ante una escena solemne: Cristo viene en su gloria, se sienta en su trono y todas las naciones son reunidas delante de Él (Mt 25,31-32). Y como un pastor separa ovejas de cabritos, así el Señor separará lo verdadero de lo aparente. Pero el criterio no será un examen de ideas: será la caridad vivida.

1) Un solo Rey, una sola santidad concreta

La primera lectura lo deja claro desde el inicio: “Sean santos, porque Yo, el Señor, su Dios, soy santo” (Lv 19,2). Y enseguida Dios traduce esa santidad en acciones muy concretas:

  • no robar, no mentir, no engañar,
  • no explotar al trabajador,
  • no maldecir ni poner tropiezos,
  • no juzgar injustamente,
  • no sembrar odio ni guardar rencor,
  • y culmina con la síntesis: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lv 19,18).

Esto es importantísimo: la santidad bíblica no es una “aureola” en la cabeza; es un estilo de vida en la verdad, la justicia y la misericordia. Por eso el Evangelio encaja perfecto: cuando Cristo nos juzga, nos pregunta justamente por eso… por lo que hicimos en lo cotidiano, con los más frágiles.

2) La Palabra que ilumina y despierta

El salmo de hoy nos ofrece una clave preciosa: “La ley del Señor es perfecta y reconforta el alma… los preceptos del Señor son rectos y alegran el corazón… el mandato del Señor es claro y da luz a los ojos” (Sal 19).

¡Qué expresión tan fuerte!: “da luz a los ojos”.
Eso significa que la Palabra de Dios no solo informa; transforma la mirada. Nos enseña a ver como Dios ve: a notar al que sufre, a percibir al que nadie mira, a reconocer el valor del pequeño. Por eso la antífona que se propone hoy (cf. Jn 6,63) lo resume: la Palabra es espíritu y vida. Cuando uno escucha de verdad, se despierta por dentro.

3) La tentación: vivir como si esto fuera lo único

A veces terminamos viviendo como si esta vida fuera el final. Entonces nos dominan las luchas por poder, el enojo, la frustración, el afán de acumular, la comparación constante.

Y aquí Cuaresma nos rescata: nos enseña a vivir con vigilancia y esperanza. Vigilancia para no dejarnos adormecer por lo superficial. Esperanza para no absolutizar lo pasajero. Lo político, lo económico, lo material importan, sí, pero no son el último horizonte. El horizonte final es Cristo Rey.

4) Ovejas y cabritos: una decisión interior que se ve en obras

Jesús toma una imagen conocida: durante el día ovejas y cabritos pueden mezclarse; al final se separan. Eso significa que en la historia conviven el bien y el mal, lo generoso y lo egoísta. Pero también significa algo más cercano: la separación comienza dentro del corazón.

  • Oveja: la docilidad a Dios, la humildad, la obediencia del amor.
  • Cabrito: la terquedad del ego, la autosuficiencia, la vida centrada en mí.

¿Y cómo se nota de verdad? En lo que Jesús enumera: dar de comer, dar de beber, acoger, vestir, visitar, cuidar (Mt 25,35-36). Ahí se vuelve concreta la santidad de Levítico: no dañar, no mentir, no explotar, no vengarse, no guardar rencor… y sí amar.

5) Misericordia y justicia: la conversión como abrazo

Dios es perfectamente misericordioso y perfectamente justo. Pero la misericordia hay que acogerla. Y la forma de acogerla se llama conversión: reconocer el pecado, pedir perdón, cambiar de rumbo, reparar en lo posible.

En Cuaresma, esto es muy práctico:

  • ¿a quién le miento?
  • ¿a quién estoy explotando o usando?
  • ¿a quién no saludo?
  • ¿a quién tengo en la lista negra del corazón?
    Levítico hoy es un espejo. Y el salmo nos dice que esa Palabra, aunque duela, reconforta el alma y alegra el corazón porque nos vuelve libres.

6) Oración por nuestros hermanos difuntos

Hoy rezamos por nuestros difuntos. Ellos ya han sido llamados a la presencia del Rey. Los confiamos a su misericordia, y pedimos que el Señor les conceda descanso y paz.

Y al orar por ellos, aprendemos a vivir con perspectiva eterna: lo único que se lleva uno no es lo que acumuló, sino lo que amó. Por eso, la caridad no es un “adorno” del cristiano: es lo que permanece.


Tres gestos cuaresmales para vivir esta Palabra

1.    Un gesto de misericordia corporal: ayudar a alguien con comida/medicina/visita concreta.

2.    Un gesto de misericordia interior: soltar un rencor o dar el primer paso hacia la reconciliación.

3.    Un gesto de escucha de la Palabra: leer Mt 25,31-46 despacio y preguntarle al Señor: “¿Dónde estabas hoy esperándome?”


Oración final

Señor Jesús, Rey eterno,
tu Palabra ilumina nuestros ojos y despierta el corazón.
Haznos santos con la santidad concreta del amor:
verdaderos, justos, misericordiosos.
Que te reconozcamos en los pequeños
y vivamos vigilantes y llenos de esperanza.
Recibe en tu paz a nuestros hermanos difuntos
y concédenos caminar hacia Ti con obras de caridad.

Amén.

 

sábado, 21 de febrero de 2026

“Therian”: cuando la búsqueda de identidad se disfraza de animal (Reflexión pastoral y formativa para jóvenes )

 

En estas semanas, muchos me han preguntado por una palabra que se volvió tendencia en redes: “therian” (a veces la escriben “theriant”, pero lo más común es therian). Aparece en videos de TikTok e Instagram: jóvenes con máscaras, colas, orejas, caminando a cuatro patas, imitando conductas de lobo, gato o zorro, y hablando de una “conexión” interior con un animal.


Como siempre que algo se vuelve viral, el tema corre el riesgo de ser tratado con 
burla, con pánico moral o con sensacionalismo. Prefiero otro camino: comprender, iluminar y acompañar.

1) ¿Qué significa “therian”?

En términos generales, therian se usa hoy para describir a una persona que afirma sentir una identificación psicológica y/o espiritual con un animal (un “animal interior” o “thériotype”), sin creer necesariamente que su cuerpo se transforma físicamente. Es un fenómeno asociado a la subcultura llamada therianthropy (therianthropía), que en el lenguaje contemporáneo se entiende como una forma de identidad no-humana (a veces vinculada a otherkin), distinta de la comunidad furry (que suele ser más estética, artística o de fandom).

Dicho con claridad: para muchos, ser therian no es “jugar a ser animal” solamente, sino decir algo sobre sí mismos usando el símbolo del animal.

2) ¿Por qué se puso de moda (o se volvió viral) ahora?

La therianthropía no nació ayer: hay rastros de comunidades y foros desde los años 90.
Lo nuevo es la visibilidad explosiva por tres razones:

1.    El lenguaje de TikTok: es una identidad altamente “visual” (máscaras, saltos, gestos, performance), perfecta para el formato corto y repetible.

2.    Los algoritmos: cuando un tema genera sorpresa, humor o choque, se comparte más; y lo que se comparte más, el algoritmo lo empuja más.

3.    La necesidad de pertenencia: muchos adolescentes buscan tribu, un “lugar” donde sentirse comprendidos. Las quedadas recientes y el ruido mediático lo muestran: convocatorias que se vuelven evento social, a veces incluso rodeadas de curiosos o burlas.

En pocas palabras: es tendencia porque combina identidad + estética + comunidad + viralidad.

3) ¿Es una enfermedad? ¿Hay que alarmarse?

Aquí conviene respirar hondo.

Varios especialistas señalan que no hay evidencia de que la identidad therian, por sí sola, sea un trastorno psiquiátrico. El punto decisivo es si esa vivencia afecta gravemente el funcionamiento: relaciones, colegio, rutinas, autocuidado, capacidad de vivir en la realidad.

Eso sí: también es verdad que algunos casos pueden encubrir o acompañar otras luchas (ansiedad, soledad, depresión, bullying, trauma, dificultades de integración, etc.). Ahí no se trata de burlarse ni de “etiquetar”, sino de escuchar y, si hace falta, buscar ayuda profesional.

4) Lectura creyente: ¿qué nos está diciendo esta tendencia?

Como sacerdote, cuando escucho estas historias, no empiezo preguntando “¿qué máscara usan?”, sino:

  • ¿Qué herida se está intentando cubrir?
  • ¿Qué necesidad está gritando por dentro?
  • ¿Qué búsqueda de identidad está en juego?

El animal, muchas veces, funciona como símbolo: “si yo fuera lobo, no me herirían”; “si yo fuera gato, no dependería de nadie”; “si yo fuera zorro, nadie me engañaría”; “si yo fuera ave, escaparía de todo”.

Detrás de eso suele haber una sed muy humana: ser visto, ser amado, pertenecer, tener un lugar, sentirse fuerte.

Y aquí la fe cristiana no entra con palo, sino con luz:
Tu identidad más profunda no se decide por un algoritmo, ni por una etiqueta, ni por una máscara.
Tu nombre verdadero está en Dios: hijo amado, hija amada.

5) Una palabra pedagógica para jóvenes que se sienten atraídos por ser “therian”

Si tú, que me lees, estás en esto (o te llama la atención), quiero hablarte sin gritos y sin burla:

1.    No te reduzcas a una etiqueta. Eres más que una tendencia. Las redes simplifican; la vida real es más grande y más compleja.

2.    Pregúntate con honestidad:

o   ¿Esto me ayuda a vivir mejor, a amar mejor, a respetarme más?

o   ¿O me está aislando, confundiendo, encerrando, volviéndome más frágil?

3.    Cuida tu cuerpo y tu dignidad. Tu cuerpo no es un accidente: es parte del don de Dios. No es cárcel: es casa.

4.    No confundas “pertenecer” con “perderte”. Una comunidad sana te hace crecer, no te captura.

5.    Si hay dolor detrás, pide ayuda. Habla con alguien confiable: tus padres, un orientador, un psicólogo, un sacerdote cercano. Pedir ayuda no te hace débil: te hace valiente.

6.    No te dejes maltratar ni maltrates. A veces el mundo se vuelve cruel con lo diferente. Y a veces uno, por defenderse, se vuelve cruel también. Ninguna de las dos cosas construye.

6) Y para los adultos: ni burla ni pánico

Si eres papá, mamá, catequista o educador, una recomendación concreta:

  • Escucha antes de juzgar.
  • Pon límites razonables (sobre exposición en redes, seguridad, horarios, escuela).
  • Acompaña la vida real: amigos sanos, deporte, arte, servicio, fe vivida en comunidad.
  • Y si hay señales de sufrimiento serio, no discutas etiquetas: busca ayuda profesional.

Conclusión: el Evangelio y la identidad verdadera

Vivimos una época de identidades rápidas, cambiantes y a veces frágiles. Por eso los jóvenes merecen algo mejor que el sarcasmo: merecen acompañamiento.

La fe cristiana propone un centro firme:
“Yo sé quién soy porque sé de quién soy.”
Soy de Cristo. Y en Cristo, mi vida no necesita disfraz para ser valiosa.

Que esta tendencia, más que motivo de pelea, sea ocasión para lo esencial: ayudar a nuestros jóvenes a descubrir que no están solos, que no tienen que inventarse de cero, y que hay un amor —el de Dios— que no depende de modas, ni de comentarios, ni de likes.

 

22 de febrero del 2026: Primer domingo de Cuaresma-Ciclo A

 

Sin cesar volver a decirle “sí” a Dios

El relato de las tentaciones forma un todo con el del bautismo, al término del cual Jesús recibe la confirmación de su identidad de Hijo de Dios. Esta sucesión de acontecimientos —bautismo, confirmación por el Padre, tentaciones— no es en absoluto casual. Hay que leer el relato de las tentaciones a la luz de lo que lo precede.

La historia, entonces, comienza con Jesús que pide recibir el bautismo de conversión que administra el Bautista. Este se resiste y le dice a Jesús que no lo necesita; Jesús le responde que, sin embargo, es lo que debe hacer. Jesús indica aquí que acepta asumir la condición humana. Le dice “sí” al Padre. Entonces, el Padre confirma que reconoce en él a su Hijo amado.

Pero el relato no termina ahí: continúa en el desierto, adonde Jesús es conducido por el Espíritu para ser tentado. Si Jesús vive un combate contra Satanás, es porque le ha dicho “sí” a Dios. Para nosotros también, el combate surge precisamente cuando nos decidimos por Dios. La tentación o el combate espiritual no significan que estemos separados de Dios, sino que debemos elegirlo de nuevo una y otra vez.

Jesús llevó esta batalla hasta el final: justo antes de su muerte, en el huerto de los olivos, tuvo que decir, una vez más, “sí” a Dios. Jesús no vino para poner fin al combate, sino para mostrarnos cómo vivirlo y, sobre todo, para vivirlo en nosotros. En eso consiste nuestra alegría: también ahí, él está con nosotros.

El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” ¿Qué puedo hacer para alimentarme de la Palabra de Dios?

No tentarás al Señor tu Dios.En mis actitudes de creyente, ¿cuáles podrían ser una manera de poner a Dios a prueba?

Marie-Caroline Bustarret, théologienne, enseignante aux facultés Loyola Paris


Primera lectura

Gén 2, 7-9; 3, 1-7

Creación y pecado de los primeros padres

Lectura del libro del Génesis.

EL Señor Dios modeló al hombre del polvo del suelo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en ser vivo.
Luego el Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado.
El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos para la vista y buenos para comer; además, el árbol de la vida en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal.
La serpiente era más astuta que las demás bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer:
«¿Conque Dios les ha dicho que no coman de ningún árbol del jardín?».
La mujer contestó a la serpiente:
«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No coman de él ni lo toquen, de lo contrario morirán”».
La serpiente replicó a la mujer:
«No, no morirán; es que Dios sabe que el día en que coman de él, se les abrirán los ojos, y serán como Dios en el conocimiento del bien y el mal».
Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su marido, que también comió.
Se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos; y entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

Palabra de Dios.

 

Salmo

Sal 50, 3-4. 5-6ab. 12-13. 14 y 17 (R. : cf. 3a)

R. Misericordia, Señor, hemos pecado.

V. Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. 
R.

V. Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad en tu presencia. 
R.

V. Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
 R.

V. Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. 
R.

 

Segunda lectura

Rom 5, 12-19 (forma larga)

Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

HERMANOS:
Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron…
Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir.
Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.
Y tampoco hay proporción entre la gracia y el pecado de uno: pues el juicio, a partir de uno, acabó en condena, mientras que la gracia, a partir de muchos pecados, acabó en justicia.
Si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado a través de uno solo, con cuánta más razón los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo.
En resumen, lo mismo que por un solo delito resultó condena para todos, así también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos.
Pues, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos.

Palabra de Dios.



Rom 5, 12. 17-19 (forma breve)

Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia

Lectura de la carta de san Pablo a los Romanos.

HERMANOS:
Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron…
Si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado a través de uno solo, con cuánta más razón los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo.
En resumen, lo mismo que por un solo delito resultó condena para todos, así también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos.
Pues, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos.

Palabra de Dios.

 

Aclamación

V. No solo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

 

Evangelio

Mt 4, 1-11

Jesús ayuna cuarenta días y es tentado

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
El tentador se le acercó y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».
Pero él le contestó:
«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».
Jesús le dijo:
«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo:
«Todo esto te daré, si te postras y me adoras».
Entonces le dijo Jesús:
«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

Palabra del Señor.

 

1

 

1. Del Jordán al desierto: cuando dices “sí”, empieza el combate

El Evangelio de hoy no comienza realmente en el desierto: viene del Jordán. Jesús ha sido bautizado, ha escuchado la voz del Padre (“Este es mi Hijo amado”), y precisamente por eso el Espíritu lo conduce al desierto. Esta secuencia nos enseña algo muy realista: la tentación no es señal de que Dios se fue; muchas veces es señal de que hemos decidido caminar con Él.

Hay personas buenas que se angustian: “Padre, si yo rezo más, si yo vuelvo a misa, si yo me confieso, ¿por qué siento más lucha?” Porque la luz revela el polvo, y la gracia saca a la superficie lo que estaba dormido. La Cuaresma no es un paseo; es un camino de libertad. Y la libertad se entrena.

2. El “veneno” del Génesis: la sospecha contra Dios

La primera lectura nos muestra el origen del drama: la serpiente no empieza ofreciendo una fruta; empieza sembrando una duda: “¿Conque Dios les ha dicho…?” Es la estrategia más antigua: presentar a Dios como rival de nuestra felicidad, como quien “prohíbe” para fastidiar, como quien “quita” para dominar.

Y cuando uno sospecha de Dios, se rompe la confianza; y cuando se rompe la confianza, aparece el miedo, la vergüenza, la comparación, el “yo me escondo”. Eso pasa también hoy: cuando el corazón se convence de que Dios no es Padre sino obstáculo, entonces busco salvación en cualquier “fruto”: poder, consumo, aplauso, sensualidad, rabia, venganza, control.

3. Tres tentaciones, tres mentiras… y tres medicinas

El desierto de Jesús nos revela tres tentaciones que no son solo “de Él”: son nuestras.

a) “Di que estas piedras se conviertan en pan”
Es la tentación de reducir la vida a lo inmediato: “necesito sentir ya, resolver ya, tener ya”. Es la voz que nos dice: “si no satisface ahora, no sirve”.
Jesús responde: la vida no se sostiene solo con pan. Hay hambre de sentido, hambre de amor, hambre de Dios. Y cuando esa hambre no se alimenta, buscamos compensaciones: comemos ansiedad, bebemos tristeza, compramos vacío, discutimos por nada.

b) “Tírate… Dios mandará a sus ángeles”
Es la tentación de manipular a Dios: “Señor, si me amas, demuéstralo como yo digo”. Es la fe infantil que exige pruebas, la fe que pone condiciones.
Jesús responde: no tentarás al Señor. La fe madura confía incluso cuando no entiende. La Cruz misma será la gran tentación: “baja y creeremos”. Jesús no baja, porque el amor no se prueba con show; se prueba con fidelidad.

c) “Todo esto te daré si me adoras”
Es la tentación del atajo: éxito sin cruz, reino sin servicio, gloria sin verdad. Es el “acomódate”, “negocia tus principios”, “hazlo como sea”.
Jesús responde: solo al Señor adorarás. Porque cuando uno se arrodilla ante el ídolo, termina esclavo. Y los ídolos modernos siempre cobran caro: cobran la paz, cobran la familia, cobran el alma.

4. Psicología del combate: la tentación no entra por la fuerza, entra por la herida

La tentación suele tocar una zona vulnerable: cansancio, soledad, hambre afectiva, resentimiento, miedo. Por eso el Evangelio subraya: “tuvo hambre”. No para humillarlo, sino para mostrarnos que el combate se da en lo humano.

Aquí una clave pastoral: cuando estás más débil, decide menos. No tomes grandes decisiones en medio de la tormenta. Primero: come bien (con orden), duerme, busca compañía sana, habla con alguien, ora aunque sea corto. La gracia no anula la psicología; la sana y la ordena.

5. Pablo nos da esperanza: donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia

San Pablo (Rm 5) traza un contraste: Adán abre una puerta al pecado; Cristo abre una puerta a la vida. No es solo “un ejemplo moral”: es un Salvador real. Jesús no vino a decirnos “esfuérzate más”, sino a decirnos: “ven, yo peleo contigo y en ti”.

Por eso la Cuaresma no es tristeza estéril; es esperanza combativa: cada vez que dices ‘sí’ a Dios, aunque te cueste, se ensancha en ti la libertad. Y esa libertad es pascual.

6. Aplicación concreta para nuestra vida (y para nuestras comunidades)

Te propongo tres decisiones sencillas para esta semana:

1.    Palabra diaria (pan del alma): 10 minutos al día con el Evangelio. Lee lento, subraya una frase, repítela en el día.

2.    Un “no” saludable: identifica tu atajo favorito (queja, chisme, redes sin medida, licor, pornografía, compras impulsivas, explosiones de genio…) y ponle un límite concreto.

3.    Un “sí” de caridad: Cuaresma sin caridad es dieta. Haz una obra: reconcíliate, visita a alguien, ayuda a un necesitado, comparte con discreción.

En nuestras tierras del Caribe, donde la vida comunitaria es tan cercana, cuidemos también las tentaciones colectivas: la indiferencia ante el que sufre, la cultura del “deja así”, el facilismo, la corrupción pequeña “porque todos lo hacen”, y esa violencia verbal que divide familias y vecinos. El Evangelio nos llama a una libertad que construye.

7. Conclusión: la alegría de la Cuaresma es saber que Él está contigo en el desierto

Jesús no quitó el combate: lo habitó. Y por eso, cuando tú estás en tu “desierto” —una enfermedad, una crisis familiar, una tentación repetida, un duelo, una incertidumbre económica—, no estás solo. La victoria no siempre se siente; muchas veces se decide.

Pidámosle al Señor la gracia de volver a decirle “sí”: hoy, esta semana, esta Cuaresma. Y que María, la mujer del “hágase”, nos enseñe a confiar cuando el corazón tiembla.

Oración final breve:
Señor Jesús, vencedor del tentador, enséñanos a alimentarnos de tu Palabra, a no poner condiciones a tu amor y a adorarte solo a Ti. Que esta Cuaresma sea camino de libertad, de verdad y de caridad. Amén.

 

 

2

 

Queridos hermanos:

Entramos en Cuaresma de la mano de Jesús en el desierto. No es un detalle secundario: el Espíritu lo conduce al desierto. No va porque perdió el rumbo, no va porque fracasó, no va porque dudó de su identidad. Va después del bautismo, después de escuchar la voz del Padre: “Tú eres mi Hijo amado”.

Y precisamente porque es Hijo, es probado.

1. Jesús en el desierto… y nosotros en el mundo

El desierto no es solo un lugar geográfico. Es el tiempo de las decisiones. Es el momento en que uno descubre si lo que cree lo vive, si lo que promete lo sostiene, si lo que ama lo defiende.

En el fondo, las tentaciones son siempre las mismas:
olvidarse de Dios y olvidarse de los otros.

Primera tentación: el cuerpo, lo material, lo inmediato

“Si eres Hijo de Dios, convierte estas piedras en pan”.

No es malo comer. No es malo trabajar. No es malo descansar, viajar, entretenerse, disfrutar del deporte, del estudio, de la tecnología. El problema no es el pan. El problema es cuando creemos que solo de pan vive el hombre.

Hoy la tentación no se presenta con cuernos; se presenta con ofertas, pantallas, promociones, likes, excesos, distracciones constantes.
La tentación es aturdirnos para no pensar en Dios.
Ocuparnos tanto, consumir tanto, correr tanto… que no quede espacio para el alma.

Se puede vivir sin ir a misa.
Se puede vivir sin confesarse.
Se puede vivir sin orar.

Pero es como vivir sin ir al dentista o al médico: al principio no pasa nada… pero poco a poco el deterioro avanza. Y cuando uno necesita esperanza profunda, fuerza interior, sentido ante el sufrimiento, descubre que no tiene raíces.

Jesús responde:
“No solo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.”

La Palabra es alimento. Sin ella, el alma se debilita.

Segunda tentación: manipular a Dios

“Si eres Hijo de Dios, tírate… que Él te salve”.

Aquí ya no se trata del cuerpo sino del ego.
Es la tentación de exigirle a Dios que haga nuestra voluntad.
De pedirle milagros como espectáculo.
De creer que la fe es un contrato: “Señor, si me cumples, creo”.

Es la religión a la carta.
Es el cristianismo sin cruz.
Es usar a Dios para mis proyectos.

Jesús responde:
“No tentarás al Señor tu Dios.”

La fe no es manipulación. Es confianza.
La madurez espiritual no consiste en que Dios haga lo que yo quiero, sino en que yo aprenda a querer lo que Dios quiere.

Tercera tentación: poder, orgullo, dominio

“Todo esto te daré si te postras y me adoras.”

Aquí el diablo se juega su última carta: el poder.
Dinero, influencia, prestigio, éxito rápido, dominio sobre otros.

Jesús rechaza radicalmente esa lógica.
Él no vino a dominar, vino a servir.

El poder que no se pone al servicio termina siendo diabólico, porque divide, humilla, instrumentaliza.

Hoy la tentación del poder no es solo política.
Es en la familia, en el trabajo, en la parroquia, en las redes sociales:
querer tener la razón siempre,
querer sobresalir,
querer controlar,
querer imponerse.

Jesús responde:
“Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo servirás.”

2. El “tercer tiempo”: el momento de la lucidez

Permítanme usar una imagen que muchos entienden: el fútbol.
Un partido tiene dos tiempos… pero luego viene el “tercer tiempo”: el análisis, la revisión, la evaluación.

La Cuaresma es ese “tercer tiempo” de la vida espiritual.

Primer tiempo: la llamada de Dios.
Segundo tiempo: la seducción del ego, los acomodos, las ventajas personales.
Tercer tiempo: la decisión lúcida, guiada por el Espíritu.

Jesús no dialoga con el diablo como Eva lo hizo.
No negocia.
No se justifica.
Se refugia en la Palabra.

La gran pregunta de este domingo es:
¿Yo reviso mi vida?
¿Me detengo a analizar mis motivaciones?
¿O vivo reaccionando sin discernir?

3. La raíz del pecado: sospechar de Dios

En el Génesis, la serpiente siembra una duda:
“¿Conque Dios les ha dicho…?”

El pecado comienza cuando sospechamos que Dios no quiere nuestro bien.
Cuando creemos que sus mandamientos son obstáculos y no caminos.
Cuando pensamos que la felicidad está lejos de Él.

Adán y Eva quisieron “ser como dioses”.
Y terminaron desnudos, frágiles, escondidos.

Pero San Pablo nos recuerda algo más grande:
donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia.

Jesús es el nuevo Adán.
Donde el primero cayó, el segundo venció.
Donde hubo desobediencia, ahora hay fidelidad.
Donde hubo muerte, ahora hay vida.

4. La Cuaresma no es tristeza… es combate esperanzado

En una cultura que habla de autoestima, satisfacción inmediata y bienestar permanente, palabras como ayuno, sacrificio y renuncia suenan anticuadas.

Pero el ayuno cristiano no es amargura.
Es libertad.

Como decía el profeta Isaías, el ayuno que agrada a Dios es:
romper cadenas injustas,
compartir el pan,
acoger al pobre,
liberar al oprimido.

La verdadera conversión no nos vuelve “careaburridos”.
Nos vuelve más humanos, más alegres, más serviciales.

5. Tres preguntas para esta semana

1.    ¿Soy consciente de que soy Hijo amado de Dios?
¿Vivo desde esa identidad o desde la inseguridad y la comparación?

2.    ¿Invoco al Espíritu Santo en mis tentaciones reales?
¿O confío solo en mi fuerza?

3.    ¿Qué me está tentando hoy concretamente?
¿El exceso? ¿El orgullo? ¿La indiferencia? ¿La pereza espiritual?
¿Estoy alimentando mi alma con la Eucaristía y la reconciliación?

6. Conclusión: Satanás jugó su última carta

Después de resistir, el Evangelio dice que el diablo se retiró.

No significa que desapareció para siempre, pero sí que ya está vencido.
En la cruz, Jesús sellará la victoria definitiva del amor.

Entramos en Cuaresma no con miedo, sino con Cristo vencedor.

Que podamos decirle hoy, desde el corazón:

Señor, es mi turno ahora de actuar.
Me dejo seducir, me equivoco, me alejo…
pero tu Palabra sigue aquí.
Tu pan sigue aquí.
Tu gracia es mayor que mi pecado.

Tú eres mi camino y mi vida.
En adelante, quiero seguirte.

Amén.

 

3

 

El primer domingo de Cuaresma nos pone frente a una palabra que casi nadie quiere escuchar, pero que todos conocemos por experiencia: tentación. Y lo más consolador del Evangelio de hoy es esto: Jesús no nos salva desde lejos. No mira nuestras luchas como un espectador. En su humildad, el Hijo de Dios se deja conducir por el Espíritu al desierto y permite que el tentador se le acerque.

No para “jugar” con el mal, sino para enseñarnos y para vencer por nosotros.

1) Dios nos creó para la vida, pero el pecado introdujo la sospecha

La primera lectura nos lleva al principio: Dios forma al hombre del polvo y sopla en él aliento de vida. Es una imagen preciosa: somos barro con respiración divina. Frágiles, sí, pero amados y habitados por Dios.

Luego aparece la serpiente, y con ella el veneno del pecado: la sospecha. La tentación comienza casi siempre así: “¿De verdad Dios quiere tu bien? ¿De verdad su Palabra te hace feliz? ¿No será que te limita?” Y nuestros primeros padres caen en la trampa: querer “ser como dioses”, no en el sentido de crecer en santidad, sino en el sentido de autonomía sin Dios, vida sin obediencia, felicidad sin alianza.

¿Y cuál es el resultado? No la libertad, sino la vergüenza: “se dieron cuenta de que estaban desnudos”. Cuando uno se separa de Dios, no se vuelve más fuerte: se vuelve más vulnerable. Se rompe el corazón y se rompe la relación: con Dios, con los otros y con uno mismo.

2) La batalla es real: existe el tentador, pero no es invencible

El comentario que compartiste subraya algo que la fe de la Iglesia siempre ha enseñado: la creación incluye seres espirituales, los ángeles. Y la revelación bíblica deja ver también la realidad de los ángeles caídos, los demonios. No estamos ante un mito infantil. Estamos ante una verdad espiritual: el mal no es solo “falta de educación” o “mala suerte”; hay una inteligencia que busca apartarnos de Dios.

Ahora bien, ojo: la angelología tiene elementos que son reflexión teológica y tradición, más allá de lo explícitamente revelado. Pero lo esencial es claro: hay un combate espiritual, y Jesús entra en ese combate para derrotar al maligno y para darnos su gracia.

La Cuaresma no es una temporada de culpa; es un tiempo de claridad: reconocer qué me tienta, cómo me tienta, y con qué armas me defiendo.

3) Las tres tentaciones: tres caminos falsos de “salvación”

Mateo nos muestra tres tentaciones que son como tres atajos. Y los atajos siempre cuestan caro.

Primera: “Convierte las piedras en pan”

Aquí el tentador apunta al hambre. Jesús tiene hambre de verdad. Y Satanás le propone: “resuelve tu necesidad sin confiar, sin esperar, sin obedecer”.
Es la tentación de reducir la vida a lo material, a lo inmediato: “si me satisface ya, está bien; si no, no sirve”.

¿Cuántas personas hoy viven así? Pan, pantalla y prisa. Trabajo, compras, entretenimiento, redes, y el alma desnutrida.
Jesús responde con firmeza: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.”

Hermanos, en Cuaresma hay que preguntarse:
¿Con qué alimento estoy viviendo?
¿Solo con pan… o también con Palabra?
Porque el cuerpo se sostiene con comida; pero el corazón se sostiene con sentido, con verdad, con Dios.

Segunda: “Tírate… Dios te salvará”

Aquí la tentación se disfraza de religiosidad: usa incluso la Escritura. Es la tentación de poner a Dios a prueba, de manipularlo: “si me amas, haz lo que yo digo; si no, me decepciono de Ti”.

Cuántas veces hacemos esto: “Señor, si me concedes esto, yo…”. Y si no ocurre como queremos, entonces nos enojamos con Dios.
Jesús responde: “No tentarás al Señor tu Dios.”
La fe verdadera no exige show; confía, incluso cuando no entiende.

Tercera: “Te daré todos los reinos… si me adoras”

Es la tentación del poder, del dominio, del éxito sin cruz: “arrodíllate ante el ídolo y tendrás resultados rápidos”.
Hoy cambia el escenario, pero no cambia el fondo: dinero, prestigio, control, manipulación, “ser el centro”. Y a veces incluso en lo religioso: usar a la gente, usar los cargos, usar la influencia.

Jesús corta de raíz: “Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo servirás.”
Porque cuando uno se arrodilla ante un ídolo, termina esclavo.

4) San Pablo: donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia

La segunda lectura es un anuncio de esperanza: Adán abrió la puerta del pecado; Cristo abre la puerta de la gracia.
No es que el cristianismo diga: “tú puedes solo”. No. Dice algo mejor: “No estás solo. Cristo pelea contigo y en ti.”

La victoria sobre la tentación no se alcanza a fuerza de pura voluntad. Se alcanza unidos a Jesús: por la oración, por la Eucaristía, por la confesión, por decisiones concretas, por comunidad, por humildad.

5) Aplicación pastoral: tres armas sencillas para esta semana

Para que esta homilía no se quede en teoría, te propongo tres decisiones para la primera semana de Cuaresma:

1.    Palabra diaria: 10 minutos al día con el Evangelio. Un versículo memorizado. Una frase repetida cuando llegue la tentación.

2.    Ayuno inteligente: no solo de comida; ayuno de lo que te roba libertad: redes sin medida, chisme, impulsos, alcohol, pornografía, compras compulsivas, rabia.

3.    Limosna y caridad concreta: comparte tiempo, escucha, ayuda, visita. El tentador aísla; Cristo reúne.

Conclusión

El Evangelio termina diciendo que el diablo se retiró y que los ángeles servían a Jesús. Qué imagen tan hermosa: Dios no abandona a los suyos en el combate. Si hoy tú estás luchando con una tentación repetida, no te declares derrotado. La Cuaresma es el tiempo de volver a empezar.

Señor Jesús, vencedor del maligno:
danos tu fuerza y tu valentía.
Que unidos a Ti, resistamos lo que nos aparta del Padre
y caminemos hacia la Pascua con un corazón nuevo.

Intención orante: En esta Cuaresma, Señor, te pedimos por quienes viven tentaciones que los esclavizan —en el cuerpo, en el corazón y en la mente—; dales tu luz, tu gracia y un camino de libertad. Amén.

 

23 de febrero del 2026: lunes de la primera semana de Cuaresma

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