¡Peregrinos de la esperanza!
El año 2025 habrá estado marcado por el tiempo del Jubileo que cada uno de
nosotros habrá vivido de una u otra manera.
El Papa Francisco nos invitó a
ser Peregrinos de la Esperanza.
El Jubileo terminará dentro de
algunas semanas, pero hoy comienza el tiempo de Adviento, un tiempo que cada
año nos llama a ser peregrinos de esperanza y a preparar nuestros corazones
para la venida del Hijo del Hombre.
El Adviento nos invita a ser vigilantes, centinelas, despertadores de
esperanza.
Ser vigilante es, de alguna
manera, aceptar no dejar caer los brazos, para ser testigo del día que llega,
para decir —a tiempo y a destiempo— a los dormidos y a los insomnes, a los que
esperan y a los que ya no esperan nada, que otro tiempo se acerca.
Entrar en el tiempo de Adviento es entrar en la vigilancia, en la hora de los
centinelas que se arriesgan a dar un paso más para atravesar la noche y nacer
al gran día.
¿Estamos listos para
arrancarnos de nuestras torpezas y de nuestro sueño, de nuestras letargias y de
nuestras lentitudes?
¿Estamos listos, como nos
invita el Apóstol Pablo, a revestirnos para el combate de la luz?
Esperar a Dios cada día, buscarlo en el corazón mismo del mundo y en lo secreto
de nuestra vida, he aquí también a lo que nos llama el tiempo de Adviento.
No sabemos ni el día ni la
hora, pero sabemos que Él ya está aquí, que ha venido, que vendrá.
¡Confianza, Dios llega! ¡Él se
hace peregrino con nosotros!
El Adviento podría ser un buen momento para comenzar a preguntarme cómo he
vivido el tiempo del Jubileo.
¿Qué es lo que más me ha
transformado, me ha hecho crecer durante este año jubilar?
¿Qué tengo deseo de pedir a Dios al comienzo de este tiempo de Adviento?”
Benoît Gschwind, évêque de
Pamiers
Primera lectura
Is
2, 1-5
El
Señor congrega a todas las naciones en la paz eterna del Reino de Dios
Lectura del libro de Isaías.
VISIÓN de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén.
En los días futuros estará firme
el monte de la casa del Señor,
en la cumbre de las montañas,
más elevado que las colinas.
Hacia él confluirán todas las naciones,
caminarán pueblos numerosos y dirán:
«Vengan, subamos al monte del Señor,
a la casa del Dios de Jacob.
Él nos instruirá en sus caminos
y marcharemos por sus sendas;
porque de Sion saldrá la ley,
la palabra del Señor de Jerusalén».
Juzgará entre las naciones,
será árbitro de pueblos numerosos.
De las espadas forjarán arados,
de las lanzas, podaderas.
No alzará la espada pueblo contra pueblo,
no se adiestrarán para la guerra.
Casa de Jacob,
ven; caminemos a la luz del Señor.
Palabra de Dios.
Salmo
Sal
122(121),1-2.4-5.6-7. 8-9 (R. cf. 1)
R. Vamos alegres a la
casa del Señor.
V. ¡Qué alegría cuando
me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén. R.
V. Allá suben las
tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David. R.
V. Deseen la paz a
Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios». R.
V. Por mis hermanos y
compañeros,
voy a decir: «La paz contigo».
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien. R.
Segunda lectura
Rom
13, 11-14a
La
salvación está más cerca de nosotros
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.
HERMANOS:
Compórtense reconociendo el momento en que viven, pues ya es hora de
despertarse del sueño, porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que
cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada, el día está cerca: dejemos,
pues, las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz.
Andemos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas y borracheras, nada
de lujuria y desenfreno, nada de riñas y envidias. Revístanse más bien del
Señor Jesucristo.
Palabra de Dios.
Aclamación
R. Aleluya, aleluya,
aleluya.
V. Muéstranos,
Señor, tu misericordia y danos tu salvación. R
Evangelio
Mt
24, 37-44
Estén
en vela para estar preparados
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé.
En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y
las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando
menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá
cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo, a uno se lo
llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la
llevarán y a otra la dejarán.
Por tanto, estén en vela, porque no saben qué día vendrá su Señor.
Comprendan que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el
ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa.
Por eso, estén también ustedes preparados, porque a la hora que menos piensen
viene el Hijo del hombre».
Palabra del Señor.
1
Queridos hermanos y hermanas:
Comenzamos hoy un nuevo Año Litúrgico. Y lo hacemos
con el Adviento, ese tiempo breve y a la vez inmenso, que el Señor nos regala
para volver a encender la esperanza, revisar la ruta, levantar la mirada
y preparar el corazón.
Y para nosotros, como comunidad parroquial, este Adviento tiene un toque
especial: coincide con el segundo día de nuestra Novena Patronal a la
Bienaventurada Virgen María, Estrella del Mar, esa Madre que nos guía entre
las corrientes variables de la vida.
Además, lo vivimos en las últimas semanas del Año Jubilar, ese gran
tiempo de gracia en el que hemos sido llamados —como nos pidió el Papa
Francisco— a ser Peregrinos de la Esperanza.
**1. “Estén despiertos”: el
Evangelio que sacude
Mt 24,37-44**
En el Evangelio, Jesús no invita al miedo, sino a
la conciencia.
No dice: “Estén angustiados”, sino: “Estén despiertos”.
La comparación con los días de Noé es fuerte: la
gente vivía como si nada, sin captar los signos de Dios.
Hoy también podemos vivir así: distraídos, anestesiados, acelerados, dormidos
por tantas luces artificiales que nos hacen olvidar la Luz verdadera.
Adviento no es un tiempo decorativo:
es un despertador espiritual.
Jesús nos dice: “Si el dueño de casa supiera a
qué hora llega el ladrón, estaría en vela”.
No se trata de esperar calamidades, sino de vivir la vida con hondura, con
propósito, con fe activa.
Adviento es dejarnos sacudir de lo superficial para volver a lo esencial.
2. San Pablo nos pone la armadura
(Rm 13,11-14)
San Pablo nos grita casi con urgencia:
“Ya es hora de despertar del sueño… revístanse con las armas de la luz.”
Armas de luz:
– la verdad,
– la caridad,
– la sobriedad,
– la esperanza,
– la paciencia,
– la oración,
– la lucha interior,
– el servicio concreto.
No se nos pide ser perfectos, sino estar en
camino, ser peregrinos de la esperanza, no espectadores que se
resignan.
3. Isaías y la montaña donde Dios
nos reúne (Is 2,1-5)
Isaías sueña un mundo donde los pueblos caminan
hacia el monte del Señor, donde las espadas se transforman en arados y las
lanzas en podaderas.
Ese es el sueño de Dios:
un mundo donde aprendamos a sembrar vida y no violencia, a construir
paz y no heridas.
Adviento es esa montaña donde Dios nos espera para
enseñarnos de nuevo sus caminos.
4. En clave Jubilar: ¿cómo hemos
vivido este año de gracia?
Estamos a pocas semanas de cerrar el Jubileo.
Buena pregunta para este inicio de Adviento:
¿Qué me transformó realmente durante este año?
¿Qué heridas sané?
¿Qué perdones entregué o todavía debo entregar?
¿Qué cadenas fueron rotas?
¿Qué aprendizajes guardo?
¿En qué áreas de mi vida volví a caminar como peregrino de esperanza y no como
turista de lo religioso?
El Jubileo no se mide por eventos, sino por conversiones,
por decisiones interiores que nos vuelven más de Dios.
5. Estrella del Mar: nuestra guía
en medio de la noche
En estas fiestas patronales, nuestra Madre aparece
con una fuerza especial.
Ella, Estrella del Mar, brilla no solo cuando el mar está sereno, sino
cuando hay niebla, corrientes traicioneras o noches oscuras.
– Para el pescador es rumbo.
– Para el navegante es seguridad.
– Para el corazón creyente es esperanza que no falla.
Ella nos enseña lo que significa estar en vigilia:
no dejar caer los brazos, guardar silencio, escuchar, esperar, confiar,
avanzar.
En este segundo día de la Novena, le pedimos que
renueve en nosotros esa actitud del creyente que no se duerme ante la vida, ni
se deja adormecer por la rutina, sino que espera activamente la llegada del
Señor.
6. ¿Qué pedir en este Adviento?
Comienza un tiempo precioso para hacer dos
preguntas profundas:
1. ¿Cómo viví el Año Jubilar?
¿Qué huella dejó en mi vida espiritual, familiar, comunitaria?
2. ¿Qué quiero pedirle a Dios al
comenzar este Adviento?
¿Una conversión?
¿La gracia de ser más vigilante?
¿Recuperar la esperanza?
¿Sanar un corazón cansado?
¿Vencer un pecado que me estanca?
¿Volver a la oración?
¿Reconciliarme con alguien?
¿Reemprender un camino que abandoné?
Dios está cerca.
Adviento es el tiempo donde Él nos susurra:
“Confía, llego pronto… camino contigo… soy tu compañero de viaje.”
7. Conclusión mariana y jubilar
Que María, Estrella del Mar, nos acompañe en este
Adviento y nos enseñe a:
– mantener la lámpara encendida,
– cruzar la noche con fe,
– revestirnos de la luz de Cristo,
– caminar como peregrinos de esperanza,
– preparar un corazón pobre y dócil donde Jesús pueda nacer.
Que este Adviento sea la puerta de salida de
nuestro Jubileo, pero también la puerta de entrada a un modo nuevo de seguir a
Cristo con esperanza renovada.
Amén.
2
Queridos hermanos y hermanas:
Comenzamos hoy un nuevo Año Litúrgico, y lo
hacemos entrando por la puerta silenciosa y luminosa del Adviento, ese
tiempo en el que la Iglesia, con sabiduría maternal, nos dice:
“Despierten… su Señor está cerca.”
Las lecturas de hoy nos colocan de frente ante este
primer llamado del Adviento: estar despiertos, vigilantes, atentos,
porque el Señor viene —vino, viene cada día y vendrá definitivamente— y solo un
corazón despierto puede reconocer sus pasos en la historia.
1. “Estén despiertos”: un llamado
urgente y amoroso (Mt 24,37-44)
El Evangelio de Mateo utiliza palabras fuertes:
“Por tanto, estén despiertos… porque no saben el día en que vendrá su
Señor.”
Jesús no quiere que vivamos con miedo, sino con
conciencia.
No llama al terror, llama al despertar.
No nos invita a vivir angustiados por el fin, sino atentos al presente,
porque Dios viene constantemente a nuestro encuentro.
La imagen del “ladrón en la noche” no pretende
presentar a Dios como alguien que irrumpe para destruir, sino para sacudir
nuestra rutina, romper nuestros olvidos, interrumpir nuestras
distracciones, abrir las ventanas de un corazón que a veces se adormece en lo
superficial.
Adviento es, ante todo, una sacudida espiritual.
Jesús nos pregunta:
¿Estás viviendo despierto o dormido?
¿Eres consciente de mi presencia, o te has dejado enterrar en la rutina?
¿Aún esperas algo de mí, o solo sobrevives?
El que vive dormido no se da cuenta de que Dios
pasa.
El que vigila descubre que el Señor llega de mil maneras: en la Palabra, en los
Sacramentos, en las pruebas, en las alegrías, en cada persona.
2. El Adviento: un triple
movimiento de fe
La Iglesia siempre ha enseñado que el Adviento nos
hace contemplar tres venidas del Señor:
1. Su primera venida, en Belén, en la humildad de la
carne.
2. Su venida diaria, silenciosa, sacramental,
interior, en la gracia que toca la vida concreta.
3. Su venida final, gloriosa, cuando Él será todo
en todos.
Estas tres venidas están profundamente unidas:
la primera da fundamento,
la última da esperanza,
y la del día a día da sentido al camino.
Y para reconocerlas, necesitamos un corazón vigilante.
3. En el marco del Año Jubilar:
un Adviento que revisa y renueva
Este Adviento coincide con la parte final del Año
Jubilar, en el cual la Iglesia entera ha sido llamada a caminar como Peregrinos
de la Esperanza.
Por eso este tiempo se convierte en una invitación
muy concreta:
¿Cómo viví este Año Jubilar?
¿Me acercó más a Dios?
¿Me impulsó a perdonar?
¿Despertó en mí la esperanza o sigo viviendo cansado, inercial, repetitivo?
Un Jubileo que termina no es una puerta que se
cierra, sino un envío renovado para vivir desde la reconciliación, la
misericordia y la vigilancia interior.
Si algo nos pide este tiempo santo es volver a
mirar la vida con ojos nuevos y corazón en vela.
4. El consejo de San Pablo:
“Revístanse de Cristo” (Rm 13,11-14)
San Pablo nos pide dos cosas esenciales:
- “Ya
es hora de despertarse del sueño”
- “Revístanse
del Señor Jesucristo”
¿Cómo se despierta un cristiano?
No con alarmas exteriores, sino con gestos concretos:
- un
espacio diario de oración,
- la
confesión que limpia el alma,
- la
Eucaristía que alimenta,
- la
caridad que despierta,
- la
esperanza que sostiene,
- la
paciencia que construye,
- la
vigilancia interior que escucha a Dios.
San Pablo nos dice que la noche está avanzada y el
día se acerca.
Adviento es ese amanecer que ya se asoma y que nos urge a revestirnos de la
Luz.
5. Isaías y la montaña donde
nacen la paz y la esperanza (Is 2,1-5)
La primera lectura de Isaías es uno de los sueños
más hermosos de toda la Escritura: pueblos que caminan hacia el monte del
Señor; armas convertidas en herramientas para sembrar; la humanidad aprendiendo
de nuevo el camino de la paz.
Ese sueño no es utopía; es profecía, es
promesa, es tarea.
Y comienza por un corazón vigilante y convertido.
Solo quienes están despiertos pueden transformar
espadas en arados.
Solo quienes están atentos pueden convertir resentimientos en perdón.
Solo quienes esperan pueden construir paz.
6. ¿Qué significa “estar
despierto” hoy?
Estar despierto no es vivir nervioso, sino vivir
conscientemente.
No es anticipar calamidades, sino descubrir la presencia de Dios en cada
instante.
Un cristiano despierto:
- escucha
antes de reaccionar,
- piensa
antes de juzgar,
- se
detiene antes de condenar,
- ora
antes de decidir,
- ama
antes de cerrar la puerta.
Dios nos habla más frecuentemente en los susurros
que en los portazos.
Estar despierto es saber escuchar esos susurros.
7. Actitudes concretas para este
Adviento
Jesús nos pide vigilancia, y eso se cultiva:
- Oración
diaria,
aunque sea breve, pero sincera.
- Confesión
antes de Navidad,
para que el corazón sea pesebre.
- Lucha
interior,
dejando atrás hábitos que nos anestesian.
- Caridad
concreta,
que despierta la fe dormida.
- Lectura
orante de la Palabra, donde Cristo viene cada día.
- Silencio
interior,
para percibir la voz de Dios.
- Apertura
al prójimo, al
más necesitado, al más solo.
El Adviento no se vive con velas moradas sobre una
corona, sino con corazones encendidos por la esperanza.
8. Conclusión: permanecer
vigilantes porque el Señor viene
El Hijo de Dios que nació en Belén quiere nacer en
tu vida hoy.
Él viene en cada Eucaristía, en cada amanecer, en cada encuentro.
Él viene a tocar lo que está herido, a ordenar lo que está roto, a iluminar lo
que está oscuro.
Por eso, este domingo Jesús nos suplica:
“Estén despiertos… prepárense… abránme la puerta.”
Que este Adviento, unido al Año Jubilar, renueve en
nosotros el deseo ardiente de buscar a Cristo, amarle en lo pequeño y esperarle
con un corazón vigilante.
Y que María, Estrella que anuncia el amanecer,
nos enseñe a mantenernos despiertos, confiados y disponibles para la llegada de
su Hijo.
Amén.
3
Para niños, adolescentes con sus familias y
catequistas
1.
¿Qué es estar “despiertos” para Jesús?
(Evangelio: Mt 24,37-44)
En
el Evangelio Jesús dice algo curioso:
“Estén despiertos, porque
no saben cuándo voy a venir.”
Pero
Jesús no está hablando de dormir en la cama…
Está hablando de cómo está
nuestro corazón.
Les
pregunto:
·
¿Alguna
vez les ha pasado que están despiertos… pero aburridos, distraídos, sin ganas
de nada?
·
¿O
que están en clase, con los ojos abiertos… pero la mente volando por allá
lejos?
·
¿O
que los papás les hablan… y uno está pensando en otra cosa?
Eso
es estar despiertos por
fuera, pero dormidos por dentro.
Jesús
quiere que no vivamos dormidos por dentro, distraídos, haciendo todo a medias,
sin darnos cuenta de lo que Él nos quiere decir.
Adviento es un despertador del corazón.
Es
Jesús diciendo:
“Hey, ¿me estás escuchando? ¿Estás atento a lo que hago por ti? ¿Sabes que te
amo y estoy contigo?”
2. El Adviento tiene tres sorpresas de Jesús
La
Iglesia nos enseña que Jesús viene de
tres maneras:
1. Vino en
Belén
Cuando
nació en el pesebre, pequeño, pobre, pero lleno de amor.
2. Viene
cada día
En
la Eucaristía, en la oración, en la Palabra, en la gente que nos quiere, en la
escuela, en la casa, en las cosas bonitas que pasan y también en las difíciles.
3. Vendrá
al final de los tiempos
Cuando
regrese para llenarlo todo de luz.
Y
el Adviento nos dice:
“Estén listos para las
tres venidas.”
3. Isaías: ¡subamos a la montaña de Dios! (1ª
lectura: Is 2,1-5)
El
profeta Isaías imagina algo precioso:
una montaña alta donde Dios enseña a todos a vivir bien, a no pelear, a
transformar las armas en herramientas para sembrar.
Imaginen
eso:
·
en
vez de palabras que hieren…
palabras que ayudan.
·
en
vez de pelear…
trabajar juntos.
·
en
vez de dividir…
cuidarnos los unos a los
otros.
Isaías
nos dice:
“Vengan, subamos al monte
del Señor.”
Para
ustedes, niños y jóvenes, esta subida significa:
·
esforzarse,
·
ser
mejores cada día,
·
pedir
perdón,
·
compartir,
·
estudiar
con ganas,
·
tratar
bien a los papás,
·
respetar
a los catequistas.
Eso
es caminar hacia la montaña de Dios.
4. San Pablo nos da un consejo importante (Rm
13,11-14)
San
Pablo dice:
“Ya es hora de despertarse del sueño.”
¡Qué
frase tan bonita para ustedes!
Despertarse
significa:
·
dejar
la pereza,
·
dejar
los malos hábitos,
·
abandonar
el bullying,
·
no
seguir modas tontas,
·
no
hablar mal de otros,
·
no
dejar que la rabia se quede en el corazón,
·
dejar
de hacer solo lo mínimo.
Y
San Pablo dice también:
“Revístanse de Cristo.”
¿Saben
qué significa eso?
Vestirse
de Cristo es:
·
ponerse
la camisa de la bondad,
·
los
zapatos de la paz,
·
el
pantalón del servicio,
·
el
abrigo de la paciencia,
·
el
cinturón de la humildad.
Con
esa ropa… ¡cualquiera está preparado para encontrar a Jesús!
5. En este Año Jubilar: ser niños y jóvenes
“Peregrinos de la Esperanza”
Estamos
terminando el Año Jubilar,
un tiempo donde la Iglesia nos pidió ser “Peregrinos
de la Esperanza”.
¿Qué
significa para ustedes, niños y jóvenes, ser peregrinos de esperanza?
·
No rendirse fácilmente.
·
Levantarse
cuando se caen.
·
Buscar
a Dios incluso cuando parece que no lo escuchan.
·
No
perder la alegría.
·
Creer
que siempre es posible ser mejores.
·
Cuidar
su corazón de todo lo que los aleja de Jesús.
Y
para los papás y catequistas, significa:
·
acompañar,
·
animar,
·
corregir
con amor,
·
escuchar,
·
enseñar
con el ejemplo,
·
caminar
junto a sus hijos y alumnos.
6. ¿Cómo podemos prepararnos en familia durante
este Adviento?
Aquí
algunas ideas sencillas:
1. Tener un
pequeño momento de oración en casa
Antes
de dormir, una oración cortita en familia.
2. Encender
juntos la corona de Adviento
Explicar
cada domingo qué significa la vela.
3. Hacer un
“pesebre interior”
Pensar
qué actitud quiero regalarle a Jesús:
·
paciencia,
·
obediencia,
·
alegría,
·
compartir,
·
perdonar.
4. Leer un
versículo del Evangelio en familia
Un
minuto, no más. Y comentar algo.
5. Hacer
una obra buena cada día
Un
gesto:
un saludo, una ayuda, ordenar sin que lo pidan, un abrazo, un perdón.
Eso
hace crecer a Jesús dentro del corazón.
7. Conclusión: Jesús viene… ¿cómo lo vas a
recibir?
Queridos
niños y jóvenes:
Jesús viene esta Navidad, viene hoy, viene cada día.
Viene
a tu colegio, viene a tu casa, viene a tu corazón.
Viene en lo que te alegra y en lo que te cuesta.
Viene para quedarse contigo.
Y
te pregunta:
“¿Estás despierto?
¿Estás escuchando?
¿Estás preparado para
recibirme?”
Que
este Adviento sea un tiempo hermoso:
·
para
crecer,
·
para
despertar,
·
para
sonreír más,
·
para
amar mejor,
·
para
creer con fuerza,
·
para
caminar juntos como familia,
·
para
que Jesús encuentre un lugar bonito en tu corazón.
Mensaje especial para los niños y
adolescentes que recibirán la Primera Comunión y la Confirmación
Y antes de terminar, quiero hablarles especialmente
a ustedes, niños y niñas que están preparándose para recibir por primera vez a
Jesús en la Eucaristía, y a ustedes, adolescentes que pronto serán confirmados
por el Espíritu Santo.
Para los niños de Primera
Comunión
Queridos niños:
Muy pronto recibirán el regalo más grande que
existe en la vida:
¡Jesús mismo, que viene a tu corazón en la Eucaristía!
En Adviento preparamos la casa por fuera:
las luces, el pesebre, el arbolito…
Pero ustedes están preparando la casa más
importante:
su corazón.
Cuando reciban su Primera Comunión, Jesús hará algo
hermoso:
- vendrá
a ustedes como vino al pesebre,
- pequeñito,
humilde, silencioso,
- pero
lleno de un amor que nadie puede darles.
Por eso este Adviento es especial para ustedes.
Es un tiempo para:
- ser
obedientes,
- ayudar
en casa,
- hacer
caso a los catequistas,
- portarse
bien en el colegio,
- perdonar
rápido,
- hablar
con Jesús en sus oraciones
- y
preparar un corazón limpio donde Él pueda vivir.
Jesús les dice hoy:
"Estoy muy feliz de venir a ti. Prepárate, que ya vengo."
Para los adolescentes que
recibirán la Confirmación
Y ustedes, adolescentes:
Están por recibir un sacramento que es explosión
de vida,
fuerza del Espíritu,
un Pentecostés personal.
La Confirmación no es una despedida de la Iglesia,
es el comienzo de una misión.
Es el Espíritu Santo diciéndoles:
- “Te
doy mis dones para que luches,
para que no te avergüences de creer,
para que no sigas modas que te dañan,
para que seas valiente
y puedas cambiar tu mundo para bien.”
En un mundo que a veces está oscuro,
ustedes serán jóvenes de luz.
En un mundo donde muchos se rinden,
ustedes serán jóvenes de esperanza.
En un mundo donde algunos se esconden,
ustedes serán jóvenes de pie,
jóvenes que dicen: “¡Aquí estoy Señor!”
La Confirmación les da:
- Fuerza para las tentaciones.
- Sabiduría para decidir bien.
- Consejo para acompañar a quienes
sufren.
- Ciencia para valorar la creación.
- Inteligencia para comprender a Dios.
- Piedad para amarlo.
- Temor
de Dios para
evitar lo que los aleja de Él.
No tengan miedo.
El Espíritu Santo los ama, los guía, los sostiene.
Ustedes no son el futuro de la Iglesia…
¡ustedes ya son el presente!
Conclusión final con ellos en el
corazón
Que en este Adviento,
ustedes —niños de la Primera Comunión
y jóvenes de la Confirmación—
sean los primeros en:
- abrirle
la puerta a Jesús,
- construir
paz,
- encender
esperanza,
- orar
en familia,
- y
vivir como verdaderos amigos del Señor.
Que María, la Mamá de Jesús y nuestra Mamá,
los cuide, los acompañe
y los lleve de la mano
para que lleguen al día de sus sacramentos
con un corazón grande, alegre y despierto.
Amén.
