miércoles, 11 de febrero de 2026

11 de febrero del 2026: miércoles de la quinta semana del tiempo ordinario-II- Nuestra Señora de Lourdes-Memoria opcional

 

Testigo de la fe

Santísima Virgen María Nuestra Señora de Lourdes

El 11 de febrero de 1858, la Virgen María se apareció por primera vez a Bernadette Soubirous.

De febrero a julio de 1858, la Gruta de Massabielle atrajo multitudes a Lourdes. Al invocar a la Madre de Dios Inmaculada, que allí se manifestó a Bernardita, el pueblo cristiano descubre en María la imagen de la Iglesia futura, prefiguración de la nueva Jerusalén, cuyas puertas están abiertas a todos los pueblos. 

En Lourdes, María cumplió una misión de aliviar los sufrimientos y reconciliar las almas con Dios y con el prójimo” (San Juan Pablo II). 

Hoy es también la 34a Jornada Mundial del Enfermo, instituida en 1992 por el Santo Papa Juan Pablo II.

 

 

Un giro existencial

(Marcos 7, 14-23) La controversia iniciada ayer se radicaliza cuando Jesús da un paso más. Ya no se desmarca solamente de la ley oral de los escribas, sino incluso de los preceptos sobre lo puro y lo impuro de la misma Ley de Moisés. Inicia así un giro religioso mayor, haciendo pasar a sus discípulos de una concepción simbólica de la santidad —dominada por lo sagrado y sus preceptos objetivados— a una concepción existencial.

Jean-Marc Liautaud, Fondacio

 


Primera lectura

1 Re 10, 1-10
La reina de Saba percibió la sabiduría de Salomón

Lectura del primer libro de los Reyes.

EN aquellos días, la reina de Saba oyó la fama de Salomón, en honor del nombre del Señor, y vino a ponerlo a prueba con enigmas.
Llegó a Jerusalén con una gran fuerza de camellos portando perfumes, oro en cantidad y piedras preciosas. Ante Salomón se presentó para plantearle cuanto había ideado. El rey resolvió sus preguntas todas, pues no había cuestión tan arcana que él no pudiese desvelar. Cuando la reina de Saba percibió la sabiduría de Salomón, el palacio que había construido, los manjares de su mesa, las residencias de sus servidores, el porte y vestimenta de sus ministros, sus coperos y los holocaustos que ofrecía en el templo del Señor, se quedó sin respiración y dijo al rey:
«Era verdad cuanto oí en mi tierra acerca de tus enigmas y tu sabiduría. No daba crédito a lo que se decía, pero ahora he venido y mis propios ojos lo han visto. ¡Ni la mitad me narraron! Tu conocimiento y prosperidad superan con mucho las noticias que yo escuché. Dichosas tus mujeres, dichosos estos servidores tuyos siempre en tu presencia escuchando tu sabiduría. Bendito sea el Señor, tu Dios, que se ha complacido en ti y te ha situado en el trono de Israel. Pues, por el amor eterno del Señor a Israel, te ha puesto como rey para administrar derecho y justicia».
Ofreció al rey ciento veinte talentos de oro y gran cantidad de esencias perfumadas y piedras preciosas. Jamás llegaron en tal abundancia perfumes como los que la reina de Saba dio a Salomón.

Palabra de Dios.


Salmo

Sal 36, 5-6. 30-31. 39-40 (R.: 30a)

R. La boca del justo expone la sabiduría.

V. Encomienda tu camino al Señor,
confía en él, y él actuará:
hará tu justicia como el amanecer,
tu derecho como el mediodía.
 R.

V. La boca del justo expone la sabiduría,
su lengua explica el derecho;
porque lleva en el corazón la ley de su Dios,
y sus pasos no vacilan. 
R.

V. El Señor es quien salva a los justos,
él es su alcázar en el peligro;
el Señor los protege y los libra,
los libra de los malvados y los salva
porque se acogen a él.
 R.

 

Aclamación

R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Tu palabra, Señor, es verdad; santifícanos en la verdad. R.

 

Evangelio

Mc 7, 14-23

Lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo:
«Escuchen y entiendan todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre».
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola.
Él les dijo:
«¿También ustedes siguen sin entender? ¿No comprenden? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón sino en el vientre y se echa en la letrina».
(Con esto declaraba puros todos los alimentos).
Y siguió:
«Lo que sale de dentro del hombre, eso sí hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».

Palabra del Señor.

 

 

1

 

Hermanos, hoy la liturgia nos pone delante un tema delicado y muy real: la “pureza” del corazón. Y lo hace en un día especialmente sensible, porque celebramos a Nuestra Señora de Lourdes y la Jornada Mundial del Enfermo. En otras palabras: hoy el Evangelio nos ayuda a entender, con una luz poderosa, que la enfermedad no contamina, que el dolor no “mancha”, y que la santidad no es una fachada impecable sino una vida tocada por Dios desde dentro.

1) El “giro existencial” que propone Jesús

Jesús reúne a la gente y les dice algo que en su contexto fue una revolución:

“Nada que entra de fuera puede hacer impuro al hombre… lo que sale del corazón es lo que lo hace impuro” (cf. Mc 7,15).

Eso es el “giro existencial” del comentario: pasar de una santidad entendida como algo externo, reglamentado, visible, a una santidad existencial, es decir, concreta, interior, vital, donde Dios trabaja las raíces.

Porque, seamos sinceros: es más fácil cuidar la imagen que cuidar el corazón. Es más fácil “cumplir” que “convertirse”. Es más fácil evitar ciertas cosas por fuera que enfrentar lo que se cuece por dentro: resentimientos, envidias, heridas no sanadas, adicciones, doble vida, palabras hirientes, miradas sucias, soberbias finas… Y Jesús nos mira con cariño, pero con claridad: “Lo de dentro es lo que hay que sanar”.

Y aquí viene una clave pastoral (y muy humana): muchas impurezas del corazón nacen del dolor. No justifican el pecado, pero lo explican. Un corazón herido, si no se deja curar, termina hiriendo. Por eso Jesús no solo denuncia; Jesús invita a la sanación interior.

2) La reina de Saba y el deseo de una sabiduría que dé vida

La primera lectura nos presenta a la reina de Saba, que viaja para probar la sabiduría de Salomón (1R 10,1-10). Ella hace un camino largo porque intuye que allí hay una palabra que ilumina.

Hermanos, en el fondo todos somos como esa reina cuando estamos en crisis: cuando llega una enfermedad, cuando la casa se llena de silencios, cuando aparece un diagnóstico, cuando la vida cambia el ritmo… buscamos sentido. Y no basta una explicación fría. Necesitamos una sabiduría que sostenga, que consuele, que ordene la vida.

Pues bien: Jesús es más que Salomón. Salomón asombra por su inteligencia; Jesús transforma por su amor. Salomón responde preguntas; Jesús cura el corazón y abre caminos de esperanza aun dentro del sufrimiento.

3) El salmo: la confianza que no es ingenuidad

El salmo nos da una frase preciosa:

“Encomienda al Señor tu camino… y Él actuará” (Sal 37).

Esto no es magia ni ingenuidad. Es fe madura. Es decir: “Señor, no entiendo todo, pero me pongo en tus manos”. La fe no siempre quita la cruz; muchas veces cambia la manera de cargarla. Y eso ya es un milagro cotidiano.

4) Lourdes: cuando el cielo se inclina sobre el dolor humano

Hoy recordamos Lourdes: un lugar donde la Virgen, Madre, se hace cercana a los enfermos. Y celebramos la Jornada Mundial del Enfermo. Esto nos lleva a una afirmación importantísima:

Enfermar no es volverse impuro.
Sufrir no es ser menos digno.
Necesitar ayuda no es un fracaso.

A veces la enfermedad trae una tentación espiritual muy dura: sentirse una carga, sentirse “de sobra”, sentir que uno ya no aporta, que ya no vale. ¡Qué mentira tan cruel! En la lógica del Evangelio, el enfermo no es un estorbo: es un lugar sagrado donde Cristo se deja encontrar. La comunidad no “tolera” al enfermo: lo honra, lo acompaña, aprende de su paciencia, y lo cuida como se cuida un tesoro.

Y aquí me permito una observación muy pastoral: en muchas familias, lo que más duele no es el dolor físico sino la soledad emocional. Que no llamen. Que no visiten. Que no pregunten. Que todo siga como si nada. Por eso, hoy el Señor también nos convierte a nosotros: no solo al enfermo, sino al que está sano.

5) ¿Qué sale del corazón? Tres exámenes simples

Jesús enumera cosas que salen del interior y dañan la vida (Mc 7,21-23). Yo lo traduzco en tres preguntas para el examen de conciencia:

1.    ¿Qué sale de mi boca?
Palabras que construyen o que destruyen. Ironías, chismes, desprecios “disfrazados” de humor. Con los enfermos, esto es crucial: una frase dura puede herir más que una aguja.

2.    ¿Qué sale de mis decisiones?
¿Mis acciones nacen del amor o del ego? ¿Me pongo al centro? ¿Me cierro? ¿Me vuelvo indiferente?

3.    ¿Qué sale de mis heridas?
Porque lo no sanado se convierte en veneno: amargura, resentimiento, agresividad. Y Jesús hoy nos pide valentía: “Déjame entrar a ese lugar”.

6) Hoy, una conversión concreta: pastoral del enfermo

En un día como hoy, la homilía tiene que terminar en gestos. Si no, se queda en bonito discurso.

Les propongo tres compromisos sencillos:

·        Un gesto de cercanía: hoy mismo, una llamada, un mensaje, una visita breve a un enfermo. No para “dar consejos”, sino para decir: “No estás solo”.

·        Una palabra de fe realista: no frases hechas. A veces basta: “Estoy contigo; vamos paso a paso; Dios está aquí”.

·        Una oración con nombre propio: tomar uno o dos enfermos y rezar por ellos por su nombre. Eso cambia el corazón del que ora.

7) Eucaristía: medicina para el interior

Hermanos, la Eucaristía es el lugar donde Cristo entra en nuestra vida. Y hoy es hermoso recordarlo así: Él no entra para juzgarte; entra para sanarte. No viene a inspeccionar tu fachada; viene a habitar tu interior.

Pidamos entonces, por intercesión de la Virgen de Lourdes:

·        por nuestros enfermos: que el Señor les conceda alivio, fortaleza, paz interior, y si es su voluntad, salud;

·        por los cuidadores y familias: que no se cansen de amar;

·        por el personal médico: que su servicio sea también una vocación de compasión;

·        y por nosotros: que vivamos este “giro existencial”, pasando de una fe de apariencias a una fe del corazón.

Que María, Salud de los Enfermos, nos tome de la mano y nos lleve a Jesús, el Médico del alma y del cuerpo. Amén.

 

 

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11 de febrero:

Nuestra Señora de Lourdes — Memoria facultativa
11 de enero–16 de julio de 1858
Patrona de los enfermos, de quienes padecen asma.

 


Cita:


“Fui todos los días durante una quincena, y cada día le pregunté quién era, y esta petición siempre la hacía sonreír. Después de la quincena se lo pregunté tres veces seguidas. Ella siempre sonrió. Por fin lo intenté por cuarta vez. Dejó de sonreír. Con los brazos bajados, alzó los ojos al cielo y luego, juntando las manos sobre el pecho, dijo: ‘Yo soy la Inmaculada Concepción’.”


~Testimonio de santa Bernardita Soubirous

 

Reflexión:

Bernadette Soubirous nació el 7 de enero de 1844, en el seno de una familia humilde y muy pobre en Lourdes, Francia. Su padre era molinero y su madre lavaba ropa. La mayor de nueve hijos, Bernadette recibió una educación sencilla de parte de las Hermanas de la Caridad y de la Instrucción Cristiana, pero las enfermedades frecuentes dificultaron sus estudios. Creció hablando el dialecto local del occitano y aprendió algo de francés en su adolescencia. Su familia era tan pobre que los once vivían juntos, gratuitamente, en el sótano de una sola habitación perteneciente a un pariente, que antes había sido usado como prisión o calabozo.

Cuando Bernadette tenía catorce años, fue con su hermana y una amiga a recoger leña para calentar su hogar. Bernadette se quedó atrás mientras buscaban madera cerca de una gruta natural de roca. Entonces oyó el sonido de un viento impetuoso, pero solo vio moverse un rosal silvestre. Luego, desde el interior de la gruta, vio una luz deslumbrante y la figura de una pequeña joven vestida de blanco, con rosas amarillas en los pies. Las otras dos niñas no vieron nada. Bernadette pidió a su hermana que no contara nada a nadie, pero su hermana se lo dijo después a su madre. La madre de Bernadette castigó a las niñas por mentir y les prohibió volver a la gruta.

Tres días más tarde, Bernadette se sintió atraída a volver a la gruta, así que ella y sus dos compañeras rogaron permiso a su madre, quien accedió a regañadientes. Bernadette llevó consigo una botella de agua bendita. Cuando llegaron a la cueva, las tres niñas se arrodillaron para rezar el rosario. Antes de terminar el primer misterio, apareció la joven vestida de blanco. Bernadette le roció agua bendita, diciéndole que si venía de Dios debía quedarse; si no, debía irse. La mujer sonrió y se quedó hasta el final del rosario, y luego se retiró.

Para entonces, algunos habitantes del pueblo empezaron a enterarse de estos encuentros. Algunos eran supersticiosos y pensaban que se trataba de las almas de parientes fallecidos. Otros creían que era la Santísima Virgen María. Cuatro días después, Bernadette regresó a la cueva acompañada por algunos adultos. Cuando apareció la Señora, habló por primera vez con Bernadette, en occitano. La Señora se dirigió a Bernadette de un modo sorprendentemente formal y respetuoso, no como un adulto se dirigiría normalmente a una niña campesina pobre. Le preguntó a Bernadette si estaba dispuesta a volver durante los siguientes catorce días. Bernadette aceptó.

Bernadette cuenta lo siguiente sobre las dos semanas siguientes de visiones:
“Volví durante una quincena. La visión aparecía cada día, excepto un lunes y un viernes. Me repitió varias veces que debía decir a los sacerdotes que construyeran allí una capilla, y que debía ir a la fuente a lavarme, y que debía rezar por los pecadores. Durante esta quincena, me dijo tres secretos que me prohibió contar a nadie. He sido fiel hasta ahora.”

A medida que la noticia se difundía, el número de asistentes creció a 30, 100, 350, 800, 1000, 1500, hasta culminar con casi 10.000. Durante la quincena, se implicó la policía local y amenazó a Bernadette y a su familia. Sin embargo, Bernadette perseveró. La Señora pidió que la gente rezara por los pecadores y hiciera penitencia. Durante la novena visión, la Señora pidió a Bernadette que bebiera de un manantial de agua en la cueva. Ella encontró solo un pequeño charco lodoso, así que bebió de allí. Eso le dejó barro en el rostro, y muchos de los presentes se burlaron de ella, para vergüenza de su familia. Durante los dos días siguientes, el pequeño charco de barro se convirtió en un manantial de agua clara que corría. Muchos empezaron a creer cuando el brazo paralizado de una mujer fue curado después de bañarlo en el nuevo manantial. A lo largo de los catorce días, Bernadette preguntaba constantemente el nombre de la Señora, porque el párroco le había pedido que lo hiciera. Cada vez, la Señora solo sonreía.

Concluidos los catorce días, la vida volvió a la normalidad durante las tres semanas siguientes. Sin embargo, el 25 de marzo, fiesta de la Anunciación, Bernadette se sintió atraída de nuevo hacia la gruta. Esta vez, preguntó repetidamente el nombre de la Señora. La Señora respondió: “Yo soy la Inmaculada Concepción.” Bernadette era una joven campesina simple y con poca educación. No tenía idea de qué era la “Inmaculada Concepción”. Pero repitió ese nombre una y otra vez para no olvidarlo. Cuando se lo dijo al párroco, él quedó atónito. Solo cuatro años antes, el Papa había proclamado el Dogma de la Inmaculada Concepción. Este hecho, en particular, ayudó a convencer a los responsables de la Iglesia de que las apariciones eran auténticas.

Desde entonces, las aguas de Lourdes han seguido fluyendo, y se han registrado, estudiado y confirmado más de setenta curaciones mediante un riguroso proceso científico. Muchísimas más curaciones han sido proclamadas por los fieles. Millones de personas visitan Lourdes cada año, convirtiéndolo en uno de los lugares de peregrinación más frecuentados del mundo. Los enfermos acuden a esta santa gruta para bañarse o beber el agua milagrosa, buscando una cura para sus dolencias.

Varios años después de sus visiones, Bernadette ingresó en la vida religiosa. Sobre las visiones, diría más tarde: “La Virgen me usó como una escoba para quitar el polvo. Cuando el trabajo está hecho, la escoba se vuelve a poner detrás de la puerta.” Esta “escoba” fue canonizada en 1933. La gruta de Lourdes, sin embargo, era mucho más grande que Bernadette. Fue el don de Nuestra Señora al pueblo. Fue su proclamación de que ella era la Inmaculada Concepción y su aceptación formal de este título aquí en la tierra.

Oración:

Madre amadísima, Inmaculada Concepción, escogiste el instrumento más humilde en Bernadette para proclamar tu mensaje universal de arrepentimiento. Declaraste al mundo que tú eres, verdaderamente, la Inmaculada Concepción. Te ruego que intercedas por mí, traigas sanación a mi alma y me ayudes a ser liberado de todo pecado, para que un día pueda compartir tu gloria en el Cielo. Santa Bernardita, ruega por mí. Nuestra Señora, Inmaculada Concepción, ruega por mí. Jesús, en Ti confío.

 

martes, 10 de febrero de 2026

7 de febrero del 2024: miércoles de la quinta semana del tiempo ordinario (año par)

 

Portero vigilante

 

(Marcos 7, 14-23) Jesús nos invita a un movimiento, a un cambio de perspectiva, a un paso del exterior al interior, de la exterioridad a la interioridad. De este modo, nos anima a la pureza de corazón, instándonos a purificarnos de los malos pensamientos que impiden que surja la bondad de Dios, a cuya imagen fuimos creados. Esto implica ejercer vigilancia y convertirse en “el guardián del corazón” o “el pastor de los pensamientos”, para usar dos expresiones de Evagrio Póntico (siglo IV). 

Emmanuelle Billoteau, ermitaña



(Marcos 7, 14-23) “El limpio de corazón” (Salmo 23, 4) manifiesta una rectitud de intención; sus palabras son benévolas y justas; sus actos son caritativos e imbuidos de delicadeza. Busca cumplir la voluntad de Dios en lugar de servir a sus propios intereses.

 


Primera lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (10,1-10):

En aquellos días, la reina de Sabá oyó la fama de Salomón y fue a desafiarle con enigmas. Llegó a Jerusalén con una gran caravana de camellos cargados de perfumes y oro en gran cantidad y piedras preciosas. Entró en el palacio de Salomón y le propuso todo lo que pensaba. Salomón resolvió todas sus consultas; no hubo una cuestión tan oscura que el rey no pudiera resolver.
Cuando la reina de Sabá vio la sabiduría de Salomón, la casa que había construido, los manjares de su mesa, toda la corte sentada a la mesa, los camareros con sus uniformes sirviendo, las bebidas, los holocaustos que ofrecía en el templo del Señor, se quedó asombrada y dijo al rey: «¡Es verdad lo que me contaron en mi país de ti y tu sabiduría! Yo no quería creerlo; pero ahora que he venido y lo veo con mis propios ojos, resulta que no me habían dicho ni la mitad. En sabiduría y riquezas superas todo lo que yo había oído. ¡Dichosa tu gente, dichosos los cortesanos que están siempre en tu presencia, aprendiendo de tu sabiduría! ¡Bendito sea el Señor, tu Dios, que, por el amor eterno que tiene a Israel, te ha elegido para colocarte en el trono de Israel y te ha nombrado rey para que gobiernes con justicia!»
La reina regaló al rey cuatro mil quilos de oro, gran cantidad de perfumes y piedras preciosas; nunca llegaron tantos perfumes como los que la reina de Saba regaló al rey Salomón.


Palabra de Dios

 

 

Salmo

Sal 36,5-6.30-31.39-40

R/.
 La boca del justo expone la sabiduría

Encomienda tu camino al Señor,
confía en él, y él actuará:
hará tu justicia como el amanecer,
tu derecho, como el mediodía. R/.

La boca del justo expone la sabiduría,
su lengua explica el derecho:
porque lleva en el corazón la ley de su Dios,
y sus pasos no vacilan. R/.

El Señor es quien salva a los justos,
él es su alcázar en el peligro;
el Señor los protege y los libra,
los libra de los malvados y los salva,
porque se acogen a él. R/.

 

Lectura del santo evangelio según san Marcos (7,14-23):

En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír, que oiga.»
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola. Él les dijo: «¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre, y se echa en la letrina.»
Con esto declaraba puros todos los alimentos. Y siguió: «Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»


Palabra del Señor

 


¿Por qué hacemos lo que hacemos?

 

Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre.

 

Marcos 7:15

 

 

Hablando a la inversa, ¡lo que viene de adentro es lo que hace a una persona santa!

 

A menudo, nos preocupamos más por lo que está afuera que por lo que está adentro. A menudo nos preocupamos excesivamente por cómo somos percibidos por los demás, cómo nos vemos o cuál es nuestra reputación a los ojos del mundo. Este Evangelio aborda específicamente la acusación de los fariseos de que comer ciertos alimentos contamina a alguien. Jesús no está de acuerdo con eso. Él está dirigiendo nuestra atención a nuestros corazones. ¿Qué hay en nuestros corazones? ¿Y qué es lo que sale del corazón? Esto es lo que nos hace ser quienes somos.

 

Aunque se trata aquí de las preocupaciones de que ciertos alimentos contaminan, también se trata de mucho más. Aborda la tendencia de observancias puramente externas de la ley de Dios. Por lo tanto, aborda la tendencia de los fariseos a preocuparse excesivamente por cómo los demás los perciben. Su observancia externa de la ley revela el hecho de que parecen estar demasiado preocupados por lo que otros piensan de ellos y lo que otros dicen de ellos. Quieren verse santos. Quieren parecer que están más allá de la más pequeña de las indiscreciones. Pero todo es apariencia y no realidad.

 

Por eso, Jesús pone la atención en lo interno. Dios ve lo que hay en nuestros corazones. Incluso si nadie más ve esto, nunca debemos olvidar el hecho de que Dios lo ve todo. Eso es todo lo que importa. Lo que está en nuestros corazones puede hacernos un gran daño o bien. Hay quienes, en la percepción pública, están muy equivocados. Pero desde la perspectiva de Dios, están dando justo en el blanco. Por el contrario, hay quienes en la opinión pública son estrellas brillantes, pero desde la perspectiva de Dios están muy equivocados. Sólo hay una cosa que importa: ¿Qué piensa Dios?

 

Reflexiona, hoy, sobre lo que está dentro de tu corazón. Esta introspección también debería desafiarte a mirar tus motivaciones. ¿Por qué haces lo que haces y por qué tomas las decisiones que tomas? ¿Son elecciones que vienen de un corazón honesto y sincero? ¿O son elecciones que se basan más en cómo serás percibido? Ojalá que tus motivos sean puros. Y ojalá esos motivos puros provengan de un corazón profundamente unido al corazón de Cristo.

 

 

Señor de toda pureza, haz que mis motivos sean puros. Ayúdame a vivir sólo con un corazón puro. Ayúdame a darme cuenta siempre de que la santidad se encuentra sólo sirviéndote a Ti y no sirviendo a mi imagen pública. Te amo mi Señor. ¡Jesús, en ti confío!

lunes, 9 de febrero de 2026

10 de febrero del 2026: martes de la quinta semana del tiempo ordinario-II- Santa Escolástica, Virgen, memoria obligatoria


santo del día:

Santa Escolástica

480–543.

Hermana de san Benito de Nursia, se hizo monja cerca del monte Cassino. San Gregorio Magno relata que Benito y Escolástica se veían una vez al año para mantener largos diálogos espirituales.


Demasiados preceptos

(Marcos 7,1-13) Como Marcos explica a su audiencia proveniente del paganismo, la devoción judía en tiempos de Jesús se caracteriza por prácticas de pureza y por un conjunto de normas jurídicas observadas escrupulosamente, como tantas señales de reverencia hacia el Dios Santo. Pero, según Jesús, esa acumulación, lejos de servir a Dios, oscurece e incluso bloquea el acceso a su voluntad: que recibamos su amor gratuito y vivamos en el amor y en la verdad.

Jean-Marc Liautaud, Fondacio

 


Primera lectura

1 Re 8, 22-23. 27-30

Declaraste: «Allí estará mi Nombre». Escucha la súplica de tu pueblo Israel

Lectura del primer libro de los Reyes

EN aquellos días, Salomón se puso en pie ante el altar del Señor frente a toda la asamblea de Israel, extendió las manos al cielo y dijo:
«Señor, Dios de Israel, no hay Dios como tú arriba en los cielos ni abajo en la tierra, tú que guardas la alianza y la fidelidad a tus siervos que caminan ante ti de todo corazón.
¿Habitará Dios con los hombres en la tierra? Los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerte, ¡cuánto menos este templo que yo te he erigido!
Inclínate a la plegaria y a la súplica de tu siervo, Señor, Dios mío. Escucha el clamor y la oración que tu siervo entona hoy en tu presencia. Que día y noche tus ojos se hallen abiertos hacia este templo, hacia este lugar del que declaraste: “Allí estará mi Nombre”. Atiende la plegaria que tu servidor entona en este lugar. Escucha la súplica que tu siervo y tu pueblo Israel entonen en este lugar. Escucha tú, hacia el lugar de tu morada, hacia el cielo, escucha y perdona».

Palabra de Dios.

 

Salmo

Sal 83, 3. 4. 5 y 10. 11 (R.: 2)

R. ¡Qué deseables son tus moradas,
Señor del universo!


V. Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne
se alegran por el Dios vivo. 
R.

V. Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor del universo,
Rey mío y Dios mío. 
R.

V. Dichosos los que viven en tu casa,
alabándote siempre.
Fíjate, oh, Dios, escudo nuestro,
mira el rostro de tu Ungido. 
R.

V. Vale más un día en tus atrios
que mil en mi casa,
y prefiero el umbral de la casa de Dios
a vivir con los malvados. 
R.

 

Aclamación

R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Inclina mi corazón, oh, Dios, a tus preceptos; y dame la gracia de tu ley. R.

 

Evangelio

Mc 7, 1-13

Dejan a un lado el mandamiento de Dios para aferrarse a la tradición de los hombres

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas).
Y los fariseos y los escribas le preguntaron:
«¿Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras?».
Él les contestó:
«Bien profetizó Isaías de ustedes, hipócritas, como está escrito:
“Este pueblo me honra con los labios,
pero su corazón está lejos de mí.
El culto que me dan está vacío,
porque la doctrina que enseñan
son preceptos humanos”.
Dejan a un lado el mandamiento de Dios para aferrarse a la tradición de los hombres».
Y añadió:
«Anulan el mandamiento de Dios por mantener su tradición. Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre” y “el que maldiga a su padre o a su madre es reo de muerte”. Pero ustedes dicen: “Si uno le dice al padre o a la madre: los bienes con que podría ayudarte son ‘corbán’, es decir, ofrenda sagrada”, ya no le permiten hacer nada por su padre o por su madre; invalidando la palabra de Dios con esa tradición que ustedes se trasmiten; y hacen otras muchas cosas semejantes».

Palabra del Señor.

 

1

 

Hermanos, hoy la Palabra de Dios y el testimonio de Santa Escolástica se iluminan mutuamente y nos ayudan a discernir algo muy delicado: la diferencia entre una fe llena de normas y una fe habitada por el amor.

1) Cuando la religión se llena de preceptos, pero se vacía el corazón

En el Evangelio, Jesús no rechaza la tradición en sí, sino su deformación. El problema no es la ley, sino cuando la ley reemplaza al corazón. “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí” (Mc 7,6).

Es una tentación permanente: creer que estar “en regla” con Dios es suficiente, mientras dejamos intactas actitudes de dureza, indiferencia o egoísmo. Desde una mirada también psicológica, muchas veces el exceso de normas es una defensa: controlamos lo exterior para no confrontar lo interior.

2) Santa Escolástica: el amor que entiende mejor a Dios

Aquí entra con fuerza la memoria de Santa Escolástica. La tradición nos cuenta que, en su último encuentro con su hermano san Benito, ella pidió prolongar la conversación espiritual. Él, fiel a la regla, se negó. Entonces Escolástica oró… y Dios respondió con una tormenta que impidió el regreso de Benito al monasterio.

Más tarde, san Benito comprendió la lección y dijo con humildad:
“Dios la escuchó a ella, porque amó más.”

No fue desobediencia; fue amor que discierne mejor la voluntad de Dios. Santa Escolástica nos enseña que la verdadera fidelidad no es rigidez, sino docilidad al Espíritu.

3) Un Dios que no se deja encerrar

La oración de Salomón en la primera lectura es clave:
“¿Es posible que Dios habite en la tierra?” (1 Re 8,27).
Dios no cabe en templos, normas o sistemas cerrados. Y, sin embargo, se deja encontrar por quien lo busca con un corazón sincero.

Santa Escolástica no encerró a Dios en la regla; dejó que Dios se manifestara en el amor fraterno, en el tiempo compartido, en la comunión espiritual.

4) El Salmo: la fe como deseo y hogar

El Salmo 84(83) pone palabras al corazón creyente:
“Mi alma se consume de deseos por los atrios del Señor.”
No dice: “me tranquiliza cumplir”, sino “mi corazón suspira”.

Esa es la fe de Santa Escolástica: una fe que desea, que busca, que ama, que convierte la obediencia en relación viva.

5) Aplicación para hoy

En esta Eucaristía, y orando por nuestros familiares, amigos y benefactores, el Señor nos pregunta:

  • ¿Mi fe me vuelve más cercano o más distante?
  • ¿Uso la religión para justificar ausencias, silencios o indiferencias?
  • ¿Amo a las personas concretas que Dios ha puesto en mi camino?

Santa Escolástica nos recuerda que el amor no anula la regla, pero lo lleva a plenitud. Y Jesús nos confirma que la voluntad del Padre no se bloquea con normas, sino que se revela a los corazones que aman en verdad.

Oración final

Señor, por intercesión de Santa Escolástica, líbranos de una fe fría y calculadora. Enséñanos a amar más, para comprenderte mejor. Bendice a nuestros familiares, amigos y benefactores; recompensa su entrega y haz de nosotros testigos de una fe viva, humilde y misericordiosa. Amén.

 

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1) Puerta de entrada: el reclamo y la frase que nos desnuda

“¿Por qué tus discípulos no siguen la tradición…?” Y Jesús responde con una cita que atraviesa los siglos: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.”
Hermanos, no es un ataque a la liturgia ni a las prácticas de piedad. Es una llamada a lo esencial: Dios no quiere solo gestos correctos; quiere un corazón entregado. Lo demás, si no nace de ahí, se vuelve “en vano”.

2) ¿Qué significa “corazón”? Una clave para entender el Evangelio

En la Biblia, el “corazón” no es sentimentalismo: es el centro de la persona, donde se decide. Es, en palabras sencillas, nuestra voluntad profunda: lo que realmente queremos, lo que elegimos, lo que amamos.

Dios nos habla iluminando la mente: nos muestra el bien. Pero el bien no se vuelve vida si la voluntad no lo abraza. Y ahí aparece la gracia: Dios no aplasta nuestra libertad; la sana y la fortalece para que podamos elegirlo de verdad.

3) El gran diagnóstico de Jesús: externalismo y orgullo religioso

Lo que Jesús denuncia en los fariseos y escribas es una religión reducida a exterioridad: cumplimiento, reputación, apariencia. Una fe que se vuelve vitrina de “yo soy mejor”, en vez de ser camino de conversión.

Y atención: Jesús no regaña por humillar. Reprende por amor, para despertar la conciencia, para rescatar el corazón. El drama es cuando uno se cierra, se justifica y se endurece. Entonces la práctica religiosa queda “vacía”: mucha forma… poco fuego.

4) Primera lectura: Dios no cabe en nuestras reglas, pero escucha al corazón sincero

Salomón, frente al templo, reconoce: “Si los cielos no pueden contenerte… ¿cuánto menos esta casa?” (1 Re 8).
Es una lección preciosa: el Señor no se deja encerrar en estructuras, costumbres o fórmulas. Y sin embargo, se inclina para escuchar al que suplica, al que busca, al que ama.

Por eso, cuando la fe se vuelve solo “norma”, corremos el riesgo de encerrar a Dios en nuestro esquema. Y Dios, que es Amor, rompe los esquemas para salvar el corazón.

5) Salmo 84(83): el termómetro de la autenticidad

“Mi alma se consume de deseos por los atrios del Señor.”
El salmo no habla de obligación, sino de deseo; no de peso, sino de alegría: “dichosos los que viven en tu casa”.
La pregunta es directa: ¿mi vida de fe tiene deseo de Dios o solo inercia? ¿Me acerco a Él por amor o por costumbre?

6) Santa Escolástica: amar más para entender mejor a Dios

En esta memoria obligatoria, Santa Escolástica aparece como una luz: el amor que es más fuerte que la mera rigidez. Su vida, marcada por la búsqueda de Dios en la sencillez, nos recuerda que la verdadera santidad no es “cumplir por cumplir”, sino dejar que el amor de Dios ordene el corazón.

Ella nos dice, con su ejemplo: cuando hay caridad auténtica, la fe deja de ser teatro y se vuelve vida.

7) La Eucaristía: el acto más puro de culto del corazón

Hermanos veamos: en la misa, el sacerdote mezcla una gota de agua con el vino. Esa gota nos representa.
¿Qué significa? Que la misa no es “ir a ver”, ni “cumplir”, ni “asistir”: es ofrecerse. Poner en el altar: lo que soy, lo que cargo, lo que amo, lo que me duele. Y unirlo al sacrificio de Cristo.

Si no hago esa ofrenda interior, el rito queda por fuera. Pero si me ofrezco, entonces todo cobra sentido: canto, silencio, comunión, envío… y la vida entera se vuelve liturgia.

8) Aplicación pastoral: intención por familiares, amigos y benefactores

Hoy oremos por los nuestros con un culto verdadero:

·        que nuestra gratitud no sea solo palabras, sino gestos;

·        que el amor no sea discurso, sino presencia;

·        que la fe no sea excusa para desentendernos, sino fuerza para servir.

Y preguntémonos con valentía:

·        ¿Qué me mueve cuando voy a misa: amor, necesidad de Dios, gratitud… o solo rutina?

·        ¿Mis oraciones me vuelven más humilde y misericordioso?

·        ¿Mis obras nacen del Evangelio o del deseo de “quedar bien”?

Oración final

Señor Jesús, purifica nuestro corazón. Líbranos de la vanidad religiosa y de la fe de apariencia. Danos un culto verdadero: humilde, sincero, lleno de caridad.
Bendice a nuestros familiares, amigos y benefactores: recompensa su entrega, sana sus heridas, fortalece su esperanza. Y haz que, unidos a tu sacrificio en la Santa Misa, toda nuestra vida sea una ofrenda de amor
. Amén.

 

 

10 de febrero:

Santa Escolástica, virgen — Memoria

c. 480–543
Santa patrona de las monjas, las escuelas, los exámenes, la lectura y de los niños con convulsiones.
Invocada contra las tormentas y la lluvia.

 


Cita:

La santa monja dijo a su hermano:
—«Por favor, no te vayas esta noche; quedémonos hasta el amanecer hablando de las delicias de la vida espiritual».
—«Hermana —respondió él—, ¿qué estás diciendo? No puedo quedarme fuera de mi celda».

Al oír que su hermano rechazaba su petición, la santa mujer juntó las manos sobre la mesa, apoyó la cabeza sobre ellas y comenzó a orar. Cuando levantó la cabeza de la mesa, se produjeron relámpagos tan brillantes, truenos tan fuertes y una lluvia tan intensa que ni Benito ni sus hermanos pudieron cruzar el umbral del lugar donde estaban sentados.

~ Diálogos, san Gregorio Magno


Reflexión

Poco se sabe de la vida de Santa Escolástica; sin embargo, su influencia en la Iglesia es innegable. Nació en el seno de una familia acomodada alrededor del año 480 d. C., en la ciudad de Nursia, en el centro de Italia, poco después de la caída del Imperio romano de Occidente. Era una época políticamente caótica, pero también un tiempo en el que Dios comenzaba a manifestar su estabilidad divina a través de ella. Tenía un solo hermano, muy probablemente su hermano gemelo, llamado Benito. Hoy, Benito y Escolástica son honrados como grandes santos. Ambos ejercieron una profunda influencia en la vida monástica tal como la conocemos: Benito como el padre del monacato occidental y Escolástica como su madre.

Desde niña, Escolástica se consagró al servicio de Dios, sin interesarse por las cosas de este mundo. Vivió con modestia, a pesar de haber sido criada en un hogar acomodado. Cuando Benito dejó su casa para convertirse en ermitaño y, más tarde, fundar un monasterio con una nueva regla monástica, ella admiró su vida oculta de oración y trabajo. Su vocación la interpeló, y obtuvo permiso del obispo local para ingresar en una casa de vírgenes que decidieron adoptar la nueva regla monástica de Benito. Benito las acompañó y nombró a Escolástica abadesa de aquella comunidad.

La nueva forma de monacato impulsada por Benito se centraba en la creación de monasterios permanentes, autosuficientes y estables, que seguían un régimen estricto de oración y trabajo. Tras un período de prueba de la vocación, los aspirantes emitían votos, comprometiéndose de manera definitiva con Dios y con la comunidad. Sus vidas quedaban estructuradas y ordenadas bajo la guía de un abad o una abadesa, a quienes los monjes y las monjas prometían obediencia. Poco después de que el humilde monasterio de Benito en Monte Cassino comenzara a florecer, Escolástica recibió permiso para adoptar su regla junto con un grupo de vírgenes, convirtiéndose así en el primer convento de monjas benedictinas. En los siglos siguientes, esta forma de vida se extendió ampliamente por todo el mundo occidental.

En su libro Diálogos, el papa san Gregorio Magno describe el amor santo que compartían Benito y Escolástica. Aunque el convento de Escolástica estaba a solo unos pocos kilómetros del monasterio de Benito, ambos se encontraban únicamente una vez al año, en fidelidad a su estricta regla de vida. Aquellos encuentros avivaban su amor compartido por Dios y los frutos de su oración y de su mutua llamada a este nuevo modo de vida. Cada año se reunían en una casa cercana y pasaban el día conversando sobre los temas más santos.

Cuando estos hermanos gemelos tenían alrededor de sesenta y tres años, se encontraron para lo que sería su última conversación en la tierra. Pasaron el día alabando a Dios y dialogando sobre asuntos espirituales. Después de una cena frugal, Benito anunció que él y sus compañeros debían marcharse y regresar al monasterio. Escolástica le suplicó que se quedara para continuar hablando de Dios durante toda la noche. Benito le respondió:
—«Hermana, ¿qué estás diciendo? No puedo quedarme fuera de mi celda».

Sin embargo, Escolástica comprendió que aquella conversación santa debía continuar. Inclinó la cabeza en oración, y Dios envió una tormenta tan poderosa que Benito y sus hermanos no pudieron marcharse. El amor de Escolástica por su hermano y su deseo de perseverar en la alabanza de Dios durante la noche hallaron la aprobación divina, y Dios mismo abrió el camino. Se despidieron al día siguiente, y tres días después Benito tuvo una visión del alma de su hermana que era llevada al cielo en forma de paloma. Mandó a sus hermanos traer el cuerpo de Escolástica al monasterio, y fue sepultada en la tumba que estaba destinada para él. Cuatro años más tarde, Benito murió y fue enterrado en la misma tumba junto a su hermana. Unidos por la gracia y por una misión compartida en esta vida, compartirán también una misma tumba desde la cual resucitarán juntos en el último día.

El papa san Gregorio opina que las oraciones de Escolástica fueron escuchadas frente a la objeción de Benito porque su amor era mayor. «Hizo más quien amó más», escribió. El testimonio de estos hermanos debería enseñarnos, de manera especial, el valor de las amistades santas que se edifican mutuamente y dan gloria a Dios. No estamos hechos solo para la comunión con Dios, sino también para la comunión entre nosotros. Estos santos hermanos dan testimonio de esta verdad sagrada.


Oración

Santa Escolástica, tú y tu hermano compartieron no solo la misma familia, sino también una profunda amistad espiritual centrada en Dios. Ruega por mí, para que descubra amigos que me ayuden en mi camino por este mundo y para que yo mismo sea un verdadero amigo para los demás.
Santa Escolástica y san Benito, rueguen por mí.
Jesús, en Ti confío.

 

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