domingo, 4 de enero de 2026

5 de enero de 2026: Lunes después de la Epifanía (tiempo de Navidad)

 

Es totalmente nuevo

(Mt 4,12-17.23-25) Mateo insiste en el cumplimiento de las Escrituras en Jesucristo, Él que es la luz del mundo, el liberador de todos los yugos (cf. Is 9). Una liberación que reclama nuestra cooperación, y ésta pasa por la conversión y por un cambio de mirada sobre Dios, sobre nosotros mismos, sobre los demás, sobre los acontecimientos. Porque se trata, en efecto, de ajustarnos a la novedad de la Buena Noticia proclamada por Cristo.

Dios nos invita a no contentarnos con lo ya adquirido, pues en Jesús, Él hace “algo nuevo”.

Emmanuelle Billoteau, ermite

 


Primera lectura

1 Jn 3, 22 - 4, 6

Examinen si los espíritus vienen de Dios

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan.

QUERIDOS hermanos:
Cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.
Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.
Queridos míos: no se fíen de cualquier espíritu, sino examinen si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo.
En esto podrán conocer el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús no es de Dios: es del Anticristo. El cual ustedes han oído que iba a venir; pues bien, ya está en el mundo.
Ustedes, hijos míos, son de Dios y lo han vencido. Pues el que está en ustedes es más que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan según el mundo y el mundo los escucha. Nosotros somos de Dios.
Quien conoce a Dios nos escucha, quien no es de Dios no nos escucha.
En esto conocemos el Espíritu de la verdad y el espíritu del error.

Palabra de Dios.

 

Salmo

Sal 2, 7-8. 10-12a (R.: 8b)

R. Te daré en herencia las naciones.

V. Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho: «Tú eres mi hijo:
yo te he engendrado hoy.
Pídemelo:
te daré en herencia las naciones;
en posesión, los confines de la tierra. 
R.

V. Y ahora, reyes, sean sensatos;
escarmienten, los que rigen la tierra:
sirvan al Señor con temor,
ríndanle homenaje temblando. 
R.

 

Aclamación

R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Jesús proclamaba el evangelio del reino, y curaba toda dolencia del pueblo. R.

 

Evangelio

Mt 4, 12-17. 23-25

Está cerca el reino de los cielos

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea.
Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas
vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,
una luz les brilló».
Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
«Conviértanse, porque está cerca el reino de los cielos».
Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curó.
Y lo seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.

Palabra del Señor.

 

 

 

1) La luz brilla donde hay oscuridad

Jesús comienza su misión en Galilea, una región marcada por la mezcla, la pobreza y el olvido. Mateo ve en esto el cumplimiento de la profecía de Isaías: “el pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz”.

Dios no espera que todo esté en orden para intervenir. Él enciende su luz justamente en los lugares heridos: en las historias rotas, en los duelos no resueltos, en los corazones cansados, en las ausencias que duelen. Allí comienza el Reino.

Y hoy, de manera especial, esa luz nos consuela al recordar a nuestros difuntos. Ellos también caminaron entre luces y sombras, y creemos firmemente que la luz de Cristo no se apaga con la muerte, sino que se vuelve plenitud.

2) Convertirse es cambiar de mirada

La conversión que Jesús propone no es solo moral; es interior, profunda, cotidiana. Es cambiar la mirada:

  • Sobre Dios, para dejar de verlo lejano o severo, y reconocerlo como Padre fiel.
  • Sobre nosotros mismos, para no quedarnos atrapados en la culpa o el desaliento.
  • Sobre los demás, para pasar del juicio rápido a la misericordia.
  • Sobre la vida, incluso sobre la muerte, para mirarla con esperanza y fe.

Cuando perdemos a alguien que amamos, la tentación es quedarnos en la oscuridad del vacío. Pero la fe nos invita a mirar más allá: en Cristo, la muerte no tiene la última palabra.

3) Discernir los espíritus: una clave para vivir en la verdad

La primera carta de san Juan nos exhorta: “No se fíen de cualquier espíritu”. Hoy circulan muchas voces que parecen sabias, pero que no conducen a la vida.

Hay espíritus que:

  • siembran miedo,
  • alimentan la división,
  • endurecen el corazón,
  • nos encierran en el pasado.

El Espíritu de Dios, en cambio, conduce a la verdad, a la paz interior, a la confianza, incluso en medio del dolor. Si una voz nos aleja del amor, de la oración, de la esperanza, no viene de Dios.

También en el duelo necesitamos discernir: no toda resignación es fe, ni toda tristeza es falta de esperanza. El Espíritu Santo nos enseña a llorar, pero sin desesperar.

4) Jesús proclama y sana

El Evangelio concluye diciendo que Jesús enseñaba, anunciaba y curaba. El Reino no es una idea: es una experiencia de sanación. Sana el cuerpo, pero también el corazón herido, la memoria lastimada, el duelo silencioso.

Por eso hoy, al orar por nuestros difuntos, no lo hacemos desde la nostalgia vacía, sino desde la fe: Dios sigue sanando vínculos, incluso más allá de la muerte. En Él, los que amamos no se pierden; se transforman.

5) Un gesto concreto

La Palabra de hoy nos invita a:

  • dejar que Cristo ilumine algún rincón oscuro de nuestra vida,
  • revisar qué voces estamos escuchando,
  • y orar con amor por quienes ya partieron, confiándolos a la misericordia infinita de Dios.

Conclusión

Hermanos, Dios no se conforma con lo viejo ni con lo ya adquirido. En Jesús, Él hace algo nuevo. Hoy esa novedad es luz para nuestra vida y consuelo para nuestra memoria.

Que Cristo, luz del mundo, nos conceda un corazón convertido, un espíritu discernidor y una fe capaz de esperar incluso frente a la muerte.
Y que nuestros difuntos, purificados por el amor de Dios, descansen en su paz.
Amén.

 

sábado, 3 de enero de 2026

4 de enero del 2026: Solemnidad de la Epifanía del Señor (Ciclo A)

 

Un don ofrecido a todos

El Evangelio según san Mateo es discreto respecto al número exacto de los Magos. Sin embargo, la tradición cristiana les atribuyó, mucho más tarde, los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar, figuras simbólicas de toda la humanidad mestiza. Con su presencia, ellos encarnan la vocación universal del mensaje evangélico: todos los pueblos, hombres y mujeres, están invitados a dejarse iluminar por Cristo, luz y vida del mundo.

En Navidad, Dios se revela en la sencillez de una familia, bajo la mirada de unos pocos pastores. En la Epifanía, esta luz íntima se despliega a plena luz del día: la estrella guía a las naciones y anuncia que la salvación no es patrimonio de un solo pueblo, sino un don ofrecido a todos.

El sueño del profeta Isaías —el de las naciones caminando hacia el resplandor de la aurora— encuentra aquí todo su sentido. Así, la fiesta de la Epifanía proclama la universalidad del designio de Dios. Cada cultura, cada pueblo, está llamado a celebrarlo según sus propias riquezas humanas y espirituales, en el respeto de los más humildes y de los más frágiles.

Los Magos, al reconocer en el Niño del pesebre al Hijo de Dios, descubrieron en Él la fuente de una sabiduría nueva. A su ejemplo, nos corresponde acoger a Cristo como la luz que orienta nuestras vidas, ilumina nuestros proyectos e inspira el futuro de nuestras familias, de nuestras naciones y del mundo entero.

Jean-Paul Sagadou, prêtre assomptionniste, rédacteur en chef de Prions en Église Afrique

 


Primera lectura

Is 60,1-6

La gloria del Señor amanece sobre ti

Lectura del libro de Isaías


L​EVÁNTATE y resplandece, Jerusalén,
porque llega tu luz;
la gloria del Señor amanece sobre ti!
Las tinieblas cubren la tierra,
la oscuridad los pueblos,
pero sobre ti amanecerá el Señor
y su gloria se verá sobre ti.
Caminarán los pueblos a tu luz,
los reyes al resplandor de tu aurora.
Levanta la vista en torno, mira:
todos esos se han reunido, vienen hacia ti;
llegan tus hijos desde lejos,
a tus hijas las traen en brazos.
Entonces lo verás y estarás radiante;
tu corazón se asombrará, se ensanchará,
porque la opulencia del mar se vuelca sobre ti,
y a ti llegan las riquezas de los pueblos.
Te cubrirá una multitud de camellos,
dromedarios de Madián y de Efá.
Todos los de Saba llegan trayendo oro e incienso,
y proclaman las alabanzas del Señor.

Palabra de Dios

 

Salmo

​Sal 71, 1bc-2. 7-8. 10-11. 12-13 (R.: cf. 11)

R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.

V. Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R.

V. En sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra. R.

V. Los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.
Los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
póstrense ante él todos los reyes,
y sírvanle todos los pueblos. R.

V. Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres. R.

 

Segunda lectura

Ef 3, 2-3a. 5-6

Ahora ha sido revelado que los gentiles son coherederos de la promesa

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios.

HERMANOS:
Han oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor de ustedes, los gentiles.
Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo, y partícipes de la misma promesa en Jesucristo, por el Evangelio.

Palabra de Dios

 

Aclamación

R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Hemos visto salir su estrella
y venimos a adorar al Señor. R.

 

Evangelio

Mt 2, 1-12

Venimos a adorar al Rey

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.


HABIENDO nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.
Ellos le contestaron:
«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:
“Y tú, Belén, tierra de Judá,
no eres ni mucho menos la última
de las poblaciones de Judá,
pues de ti saldrá un jefe
que pastoreará a mi pueblo Israel”».
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:
«Vayan y averigüen cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encuentren, avísenme, para ir yo también a adorarlo».
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.

Palabra del Señor.

 

1

 

Hermanos y hermanas:

La Epifanía no es solo el recuerdo de unos Magos que llegaron a Belén. Es, sobre todo, la fiesta de la manifestación de Dios: Dios se deja ver, se deja encontrar, se deja adorar. Y lo hace de un modo desconcertante: no se revela primero en los palacios, sino en la sencillez de una casa; no se impone con ejércitos, sino con la fragilidad de un Niño; no se reserva para un grupo, sino que se ofrece a todos los pueblos.

1) “¡Levántate y resplandece!”: cuando la luz de Dios entra en la noche (Is 60,1-6)

Isaías nos regala una imagen poderosa: “¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz!” (Is 60). El profeta habla a un pueblo cansado, golpeado, con sombras internas y externas. Y allí, precisamente allí, Dios promete una luz nueva.

Esa luz no es una idea bonita: es una presencia. Es Dios acercándose. Por eso Isaías anuncia que vendrán pueblos y reyes, que llegarán con dones, que se abrirán los caminos: oro e incienso, cantos de alabanza… ¿No es esto, hermanos, una profecía que se cumple en el Evangelio? Los Magos son como el primer fruto visible de esa promesa: las naciones caminando hacia la luz.

La Epifanía nos dice algo muy actual: cuando hay oscuridad en el corazón —dudas, heridas, cansancio espiritual, decepciones—, Dios no espera a que “arreglemos todo” para visitarnos. Él entra en la noche con su luz. Y la luz no solo se contempla: la luz levanta, despierta, pone en camino.

2) Un Rey distinto: justicia, paz y ternura por los pobres (Sal 72)

El Salmo 72 nos pinta el retrato del rey que Dios sueña: un rey que gobierna con justicia, que trae paz, que defiende al pobre, que salva al desvalido, que se inclina ante el que no tiene quien lo ayude. Ese salmo, que parecía una oración por un rey ideal, en realidad es un anuncio del Mesías.

Y entonces entendemos mejor la escena de Mateo: los Magos buscan “al rey de los judíos”. Pero el verdadero Rey no se parece a Herodes. Herodes es el rey del miedo, del control, de la sospecha; Jesús es el Rey de la mansedumbre, de la justicia, de la paz.
En Belén se enfrentan dos lógicas:

  • la del poder que se protege eliminando,
  • y la de Dios que reina sirviendo y salvando.

Por eso el Salmo no es un adorno litúrgico: es una clave. La Epifanía nos pregunta: ¿Qué tipo de rey gobierna mi vida? ¿El miedo o la fe? ¿La obsesión por controlar o la confianza que se abandona en Dios?

3) “También los gentiles son coherederos”: el Evangelio sin fronteras (Ef 3,2-3a.5-6)

San Pablo nos dice hoy algo revolucionario para su tiempo —y todavía desafiante para el nuestro—: el misterio revelado es que los gentiles, los “de afuera”, los que no pertenecían al pueblo de Israel, son coherederos, miembros del mismo cuerpo, partícipes de la misma promesa en Cristo Jesús.

Eso es Epifanía: Dios derriba muros, rompe exclusivismos, desarma la religión del “solo nosotros”. Cristo no es propiedad privada. Cristo es don. Y la Iglesia, cuando es fiel a su Señor, se vuelve hogar abierto, mesa amplia, puente y no aduana.

Aquí vale una aplicación pastoral muy concreta: la Epifanía nos pide revisar nuestros “Herodes” interiores y nuestras fronteras interiores:

  • cuando juzgamos a alguien antes de conocerlo,
  • cuando despreciamos al que piensa distinto,
  • cuando nos encerramos en lo nuestro,
  • cuando convertimos la fe en bandera contra otros, en lugar de verla como luz para todos.

4) Los Magos: psicología de un corazón buscador (Mt 2,1-12)

El Evangelio es precioso por su realismo humano. Los Magos representan al ser humano buscador. Ellos leen signos, se hacen preguntas, se ponen en marcha, atraviesan dudas, se equivocan de lugar —porque llegan primero a Jerusalén—, preguntan, se dejan orientar por la Escritura, y al final encuentran.

Fíjense en un detalle: la estrella los guía, pero no les da todo resuelto. Les da dirección, no un mapa completo. Y así suele actuar Dios con nosotros: nos da luz suficiente para el paso de hoy, no para controlar el mañana. La fe no es tener todo claro; es caminar con la luz necesaria.

Y al llegar, sucede algo hermoso: “se llenaron de inmensa alegría”. La alegría es un signo espiritual: cuando uno encuentra de verdad a Cristo, no queda igual. Y también hay un gesto profundamente humano: ofrecen dones. Oro, incienso y mirra: lo más valioso, lo más simbólico, lo más íntimo. Es como decir: “Señor, te entrego lo mejor de mí”.

Y luego, el texto dice: volvieron por otro camino. Esa frase es casi un programa de vida. Quien se encuentra con Jesús, regresa distinto: con otra mirada, con otro estilo, con otra manera de tratar a los demás.

5) Epifanía hoy: una estrella para nuestra realidad

Hermanos, ¿cuál es la estrella que Dios usa hoy para llamarnos? A veces será una palabra que nos toca, una persona que nos inspira, una herida que nos despierta, un acontecimiento que nos obliga a replantearnos, un cansancio que nos hace volver a lo esencial. Dios se vale de caminos muy humanos.

Pero el punto no es la estrella: el punto es el Niño. La estrella no es meta; es señal. Y aquí está la gran invitación: no quedarnos solo en señales, en emociones, en curiosidades espirituales… sino llegar al corazón: adorar.

Adorar es poner a Dios en el centro. Es sacar a Herodes del trono. Es dejar de vivir desde el miedo y empezar a vivir desde la confianza.


Para llevar a casa (tres llamadas concretas)

1.    Levántate y resplandece: no te acostumbres a vivir en penumbra espiritual; vuelve a buscar la luz (Is 60).

2.    Deja que Cristo reine: su reino se nota donde hay justicia, paz y compasión por el débil (Sal 72).

3.    Rompe fronteras: mira al otro como coheredero, no como rival; la fe auténtica ensancha el corazón (Ef 3).


Oración final

Señor Jesús, Astro verdadero,
cuando nuestras sombras nos confundan, enciende tu luz.
Haznos buscadores humildes, como los Magos;
danos el valor de caminar,
la docilidad de dejarnos orientar por tu Palabra,
y la alegría profunda de adorarte.

Que tu Iglesia sea casa abierta para todos,
y que nosotros volvamos “por otro camino”:
más libres, más fraternos, más justos,
más tuyos.
Amén.

 

2

 

Hermanos y hermanas:

La solemnidad de la Epifanía es una fiesta profundamente luminosa. No solo porque aparece una estrella en el cielo, sino porque Dios mismo se deja ver, se deja encontrar, se deja adorar. Epifanía significa “manifestación”: hoy celebramos que Dios no se esconde, que no se reserva para unos pocos, que no pertenece a una sola cultura ni a un solo pueblo. Cristo es un don ofrecido a todos.

Esta celebración adquiere un significado aún más profundo porque coincide con la conclusión del Año Jubilar, que ya ha terminado en las parroquias y diócesis del mundo, y que hoy, 6 de enero, culmina solemnemente en la ciudad del Vaticano. El Jubileo ha sido un tiempo de gracia, de puertas abiertas, de peregrinación interior y exterior. Y no es casual que termine en la Epifanía: el Jubileo desemboca en la luz que se ofrece a todos los pueblos.

1. “¡Levántate y resplandece!”: la luz que convoca (Is 60,1-6)

El profeta Isaías anuncia una visión audaz y esperanzadora: pueblos y naciones caminan hacia la luz, reyes llegan trayendo dones, la oscuridad retrocede ante el amanecer. Isaías habla a un pueblo cansado, marcado por el exilio y la fragilidad, y sin embargo le dice: “¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz!”

Esta palabra se cumple plenamente en la Epifanía. Los Magos son la imagen viva de esa profecía: hombres venidos de lejos, de otra cultura, de otra religión, que se ponen en camino atraídos por una luz que no conocen del todo, pero que los llama. Ellos nos recuerdan que Dios sigue atrayendo, incluso cuando nuestras sociedades parecen sumidas en sombras de violencia, injusticia y división.

2. Un Reino distinto: justicia, compasión y paz (Sal 72)

El Salmo 72 nos presenta el retrato del Rey mesiánico: un rey que no oprime, sino que protege; que no se impone, sino que sirve; que se inclina ante el pobre y salva al desvalido. Este es el Rey que los Magos buscan… y que Herodes no comprende.

Aquí se cruzan dos lógicas:
– la lógica del poder que se defiende eliminando,
– y la lógica de Dios que reina salvando y cuidando la vida.

La Epifanía nos interpela: ¿qué tipo de reino construimos en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestras naciones? ¿El reino del miedo o el de la justicia? ¿El del control o el de la misericordia?

3. “También los gentiles son coherederos” (Ef 3,2-6)

San Pablo nos ofrece hoy una de las afirmaciones más fuertes del cristianismo: el misterio revelado es que todos —también los que estaban “fuera”— son coherederos, miembros del mismo Cuerpo, partícipes de la misma promesa en Cristo Jesús.

Esto es profundamente jubilar. El Jubileo ha sido un tiempo para recordar que la Iglesia no es una fortaleza, sino una casa abierta; no es una aduana, sino un hogar; no es un club de perfectos, sino un pueblo en camino. La Epifanía confirma esta verdad: nadie queda excluido de la luz de Cristo.

4. Los Magos: buscadores de sentido (Mt 2,1-12)

El Evangelio nos presenta a los Magos como buscadores sinceros. No lo saben todo, se equivocan de camino, necesitan preguntar, escuchar la Escritura, dejarse corregir. La estrella los orienta, pero no les evita el esfuerzo del discernimiento.

Y cuando llegan al Niño, sucede lo decisivo: se llenan de una alegría inmensa, se postran, ofrecen lo mejor que tienen. Y luego, regresan por otro camino. Esa frase resume toda la experiencia cristiana: quien se encuentra con Cristo no vuelve igual.

5. Epifanía y Jubileo: volver con la luz en el corazón

Al concluir este Año Jubilar, la Epifanía nos plantea dos preguntas muy concretas:

  • ¿Cómo vivo hoy la universalidad del mensaje cristiano en mi relación con otras personas, culturas y pueblos?
  • ¿De qué manera la luz de la Epifanía puede seguir orientando nuestras sociedades hacia mayor justicia, fraternidad y paz?

Hermanos, el Jubileo termina, pero la luz no se apaga. La estrella ya no brilla en el cielo, pero debe seguir brillando en nuestra manera de vivir, de acoger, de dialogar, de construir futuro.

Conclusión

Como los Magos, estamos llamados a acoger a Cristo no solo como un recuerdo litúrgico, sino como la luz que orienta nuestra vida, ilumina nuestros proyectos e inspira el futuro de nuestras familias, de nuestras comunidades, de nuestras naciones y del mundo entero.

Que, al cerrar este Año Jubilar, no cerremos el corazón.
Que volvamos “por otro camino”:
más humanos, más fraternos, más abiertos,
más reflejo de la luz que hemos contemplado.

Amén.

 

3

 


Dios no solo habla “a su manera”, sino también en el lenguaje que el otro puede entender.
A María, José y a los pastores, Dios les envió un ángel; a los Magos, que leían el cielo, les habló con una estrella. No porque la astrología sea el camino cristiano, sino porque el Señor, en su misericordia, sale al encuentro de cada persona allí donde está, toma lo mejor de su búsqueda y la conduce más allá, hasta Cristo.

La estrella de Belén no es un simple fenómeno: es signo de que la luz de Cristo irrumpe en el mundo y convoca a todos—judíos y paganos—hacia el Salvador. La Epifanía revela desde el comienzo que la misión de Jesús es universal: no solo para Israel, sino para toda la humanidad.

Por eso, la homilía nos invita a no vivir una fe aislada o encerrada, sino abierta, misionera, hospitalaria. Y más: a dejarnos usar por Dios para ser “estrella” para otros, atrayéndolos a Cristo con caridad, sabiduría y valentía, de modo que puedan comprender y acoger el Evangelio.


2) Evangelio y contexto (Mt 2,1-12)

“¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”.
La Epifanía inicia con una búsqueda y con una pregunta. Y curiosamente, la pregunta la hacen extranjeros. Los de fuera se ponen en camino… mientras muchos de dentro se inquietan, se confunden o se cierran.

Herodes “se turbó” y con él “toda Jerusalén”. Aquí aparece un contraste espiritual:

  • unos buscan a Jesús para adorarlo,
  • otros lo temen porque sienten que su presencia desestabiliza su poder, sus seguridades, sus esquemas.

El Evangelio nos revela que Cristo no deja a nadie indiferente: o lo recibimos como Luz… o lo vivimos como amenaza.


3) Iluminación desde las otras lecturas

a) Isaías (Is 60,1-6): “¡Levántate y resplandece!”

Isaías canta el amanecer: la oscuridad no tiene la última palabra.
“La gloria del Señor amanece sobre ti… caminarán los pueblos a tu luz”. La Epifanía es eso: la luz de Dios no se queda en un rincón, sale, se expande, convoca naciones, culturas, lenguas.
Y el profeta menciona dones: oro e incienso… exactamente lo que luego traerán los Magos. La Palabra conecta: Dios había soñado desde antiguo esta peregrinación de los pueblos hacia su Luz.

b) Salmo 72: el Rey que salva al pobre

El salmo describe al Mesías como el rey de la justicia compasiva: defiende al desvalido, se apiada del pobre, rescata al que no tiene quien lo proteja.
Entonces, ¿qué Rey es Jesús? No es el rey del control (Herodes), sino el Rey del cuidado. No reina por miedo, sino por misericordia.
Si lo adoramos de verdad, nuestra fe debe traducirse en un estilo: más justicia, más compasión, más ternura con los frágiles.

c) Efesios (Ef 3,2-6): “los gentiles son coherederos”

San Pablo lo dice sin rodeos: el misterio revelado es que los gentiles —los “otros”— son coherederos, miembros del mismo Cuerpo, participantes de la misma promesa.
La Epifanía es el “Evangelio sin fronteras”: Cristo no se privatiza, no se monopoliza. La Iglesia, si es fiel al Señor, no se encierra; se abre. No se vuelve una élite; se vuelve sacramento de salvación para todos.


4) Reflexión central: La estrella, el lenguaje de Dios y nuestras resistencias

¿Por qué Dios usó una estrella? Porque Dios es Padre y sabe llegar al corazón de cada uno. Dios no desprecia la búsqueda humana: la purifica, la orienta, la conduce.
La estrella representa esos “signos” con los que Dios a veces toca la puerta: una pregunta que incomoda, un encuentro, una crisis, una belleza, una palabra, una herida, una nostalgia interior. Dios sabe hablar el idioma que puede despertar a cada persona.

Pero el texto también muestra resistencias: Herodes se turba, y la ciudad se agita. Es la psicología del poder y del miedo: cuando uno vive aferrado al control, cualquier luz que no provenga de uno mismo parece peligrosa.

En cambio, los Magos son la psicología del buscador:

  • observan,
  • se inquietan,
  • caminan,
  • preguntan,
  • aceptan ser reorientados por la Escritura,
  • se alegran,
  • adoran,
  • ofrecen,
  • y vuelven por otro camino.

Ese “otro camino” es el signo de la conversión: quien se encuentra con Cristo no regresa igual. Cambia el rumbo, cambia el corazón, cambia el estilo.


5) Aplicación pastoral: Epifanía, misión y cierre del Año Jubilar

Hoy, mientras el Año Jubilar ya ha concluido en parroquias y diócesis y culmina este 6 de enero en el Vaticano, la Epifanía nos deja una tarea: que el cierre del Jubileo no cierre el corazón.

El Jubileo nos recordó que somos peregrinos, que la gracia nos precede, que la misericordia abre puertas. Y la Epifanía nos dice hacia dónde se orienta todo: hacia una Iglesia que sea estrella, no foco sobre sí misma; puente, no muro; hospital de campaña, no club de selectos.

Ser católico no es solo una herencia cultural: es una misión. No se trata de imponerse, sino de manifestar a Cristo: con el testimonio, con la cercanía, con una manera de hablar que el otro pueda comprender, con una caridad que haga creíble el Evangelio.


6) Objetivo de vida para la semana (como en el esquema anterior)

  • Hoy o esta semana, haré un rato de silencio ante el Niño Dios y le preguntaré: “Señor, ¿cuál es mi estrella y hacia dónde me estás llevando?”
  • Elegiré un gesto concreto para “ser estrella” para alguien: una llamada, un perdón, una visita, una ayuda discreta, una palabra que levante.

7) Oración–Contemplación final

Señor Jesús, Luz del mundo,
Tú deseas brillar para que todos puedan encontrarte,
porque eres el único Salvador de todos.

No permitas que mi fe se encierre en un pequeño mundo.
Líbrame del miedo de Herodes,
de la inquietud que nace del orgullo
y de la religión que se vuelve frontera.

Hazme sencillo como los Magos,
capaz de caminar, preguntar, aprender y adorar.
Y si quieres, Señor, úsame como esa estrella de Belén:
dame sabiduría para hablar con verdad,
amor para acercarme sin juzgar,
y valentía para iluminar sin imponer.

Jesús, mi Señor y mi Luz,
en Ti confío.
Amén.

 

5 de enero de 2026: Lunes después de la Epifanía (tiempo de Navidad)

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