sábado, 14 de febrero de 2026

15 de febrero del 2026: sexto domingo del tiempo ordinario- Ciclo A

 

La exigencia de una vida sintonizada con Cristo

Los textos de este domingo nos indican que elegir a Cristo no está exento de consecuencias, comenzando por la fidelidad necesaria al compromiso asumido. Si la primera lectura nos recuerda que la fidelidad depende verdaderamente de nosotros y de nuestra decisión de permanecer fieles, el final del Evangelio de Mateo nos invita a hacer de nuestra palabra un verdadero “sí” o un verdadero “no”. La enseñanza inaugural de la misión de Jesús continúa. Su voz se alza con fuerza y claridad para hablar de la Ley, que se convierte en un camino de vida que conduce a Dios. De algún modo, se nos invita a una auténtica radicalidad. Esta radicalidad la recibimos del mismo Cristo. Él no ha venido a abolir la Ley, sino a llevarla a su plenitud. Las palabras de Jesús siempre incomodarán. Afirmar que todo hombre que se enoja contra su hermano es un homicida, o que quien insulta a su hermano es digno de la gehena de fuego, son expresiones fuertes. La tentación de olvidar estas palabras de Jesús puede ser grande, pero sus palabras, incluso cuando son duras, nos invitan también a una exigencia de vida y de amor. La Ley es esa sabiduría de la que habla Pablo: una sabiduría tan alejada de la del mundo, que solo el Espíritu puede ayudarnos a descubrir sus contornos. Una sabiduría que no deja de iluminar nuestra búsqueda y de modelar nuestro discernimiento. Una sabiduría que escribe nuestros “sí” y nuestros “no”, para que nuestra vida esté cada vez más sintonizada con la vida misma de Dios.

Preguntas para la oración:

  • ¿Cuáles son los caminos habituales de mi discernimiento cuando debo tomar decisiones importantes en mi vida?
  • ¿Cómo ilumina la Palabra de Dios mis palabras y mis actos? ¿El Evangelio me ayuda a acercarme a mis compañeros de humanidad?

Benoît Gschwind, évêque de Pamiers

 


Primera lectura

Eclo 15, 15-20

A nadie obligó a ser impío

Lectura del libro del Eclesiástico.

SI quieres, guardarás los mandamientos
y permanecerás fiel a su voluntad.
Él te ha puesto delante fuego y agua,
extiende tu mano a lo que quieras.
Ante los hombres está la vida y la muerte,
y a cada uno se le dará lo que prefiera.
Porque grande es la sabiduría del Señor,
fuerte es su poder y lo ve todo.
Sus ojos miran a los que le temen,
y conoce todas las obras del hombre.
A nadie obligó a ser impío,
y a nadie dio permiso para pecar.

Palabra de Dios.

 

Salmo

Sal 118, 1-2. 4-5. 17-18. 33-34 (R.: 1b)

R. Dichoso el que camina en la ley del Señor.

V. Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la ley del Señor;
dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón. 
R.

V. Tú promulgas tus mandatos
para que se observen exactamente.
Ojalá esté firme mi camino,
para cumplir tus decretos.
 R.

V. Haz bien a tu siervo: viviré
y cumpliré tus palabras;
ábreme los ojos, y contemplaré
las maravillas de tu ley. 
R.

V. Muéstrame, Señor, el camino de tus decretos,
y lo seguiré puntualmente;
enséñame a cumplir tu ley
y a guardarla de todo corazón.
 R.

 

Segunda lectura

1 Cor 2, 6-10

Dios predestinó la sabiduría antes de los siglos para nuestra gloria

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

HERMANOS:
Hablamos de sabiduría entre los perfectos; pero una sabiduría que no es de este mundo ni de los príncipes de este mundo, condenados a perecer, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria.
Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido, pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria.
Sino que, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman».
Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu; pues el Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios.

Palabra de Dios.

 

Aclamación

R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del reino a los pequeños. R.

 

Evangelio

Mt 5, 17-37 (forma larga)

Así se dijo a los antiguos; pero yo les digo

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.


EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No crean que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad les digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.
Porque les digo que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos.
Han oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio.
Pero yo les digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.
Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve
a presentar tu ofrenda.
Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras van todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.
Han oído que se dijo: “No cometerás adulterio”.
Pero yo les digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.
Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.
Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.
Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”.
Pero yo les digo que si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.
También han oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”.
Pero yo les digo que no juren en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que su hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».

Palabra del Señor


Mt 5, 20-22a. 27-28. 33-34a. 37 (forma breve)

Así se dijo a los antiguos; pero yo les digo

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Les digo que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos.
Han oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio.
Pero yo les digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado.
Han oído que se dijo: “No cometerás adulterio”.
Pero yo les digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.
También han oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”.
Pero yo les digo que no juren en absoluto.
Que su hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».

Palabra del Señor.

 

 

1

 

1) Elegir a Cristo es elegir un camino

La primera lectura pone el asunto sobre la mesa con una claridad que no deja escapatoria: Dios te ha puesto delante el fuego y el agua… la vida y la muerte… lo que elijas se te dará (cf. Sir 15,16-17). La fe no es solo emoción religiosa; es una decisión que compromete la vida. Y por eso el libro del Eclesiástico (Sirácida) nos devuelve la dignidad y el peso de nuestra libertad: no somos marionetas de los impulsos ni víctimas inevitables del ambiente. Podemos elegir.

Pero aquí hay una verdad incómoda: elegir implica renunciar. Quien elige a Cristo elige también un estilo: aprender a amar como Él ama, a mirar como Él mira, a hablar como Él habla. Y eso tiene consecuencias.

2) La Ley como camino de vida, no como reja

En el Evangelio, Jesús no se presenta como alguien que viene a “bajar el listón” para que el cristianismo sea fácil. Dice todo lo contrario: “No he venido a abolir, sino a dar plenitud” (Mt 5,17).
La Ley, entendida desde Dios, no es una jaula sino una carretera: orienta, protege, conduce a la vida. Por eso el Salmo 119 no canta una obligación pesada, sino una alegría: “Dichosos los de conducta perfecta, los que caminan en la ley del Señor” (Sal 119/118,1).

Hay una forma de vivir la religión como “mínimos”: ¿qué es lo menos que tengo que hacer para no sentirme culpable? Jesús rompe esa lógica. Él no busca “mínimos”; busca corazones nuevos.

3) La radicalidad de Jesús: del acto al corazón

Aquí llega lo más desafiante: Jesús va al origen de nuestras acciones, al “motor” interior.

  • “Han oído… no matarás… Pero yo les digo…” (Mt 5,21-22).
    Jesús no reduce el mal solo al golpe final; lo rastrea hasta la raíz: la ira alimentada, el desprecio, la deshumanización del otro.
    Psicológicamente lo sabemos: una palabra hiriente repetida, un resentimiento rumeado por dentro, termina erosionando vínculos y sembrando violencia. Jesús llama a eso por su nombre: matar puede empezar en el corazón cuando el otro deja de ser “hermano” y se vuelve “estorbo”.
  • Y enseguida propone un camino concreto: reconciliación (Mt 5,23-24). No es un detalle devoto: es liturgia hecha vida. “Ve primero a reconciliarte.” La adoración que no cura relaciones se vuelve ritual vacío.
  • Luego toca el tema de la pureza del deseo (Mt 5,27-30). No es moralismo; es realismo: el corazón humano puede convertir al otro en objeto. Y cuando el otro se vuelve objeto, el amor se degrada. Jesús defiende la dignidad del otro y también la tuya: no dejes que el deseo te gobierne como tirano.
  • Finalmente, el Señor habla del lenguaje: que el “sí” sea sí y el “no” sea no (Mt 5,37). Aquí hay una medicina para nuestro tiempo: la época de la ambigüedad, de los dobles mensajes, de las medias verdades. El discípulo está llamado a una palabra clara, sin manipulación. La santidad también se juega en la credibilidad.

4) Una sabiduría que no viene “de este mundo”

San Pablo pone el fundamento: el Evangelio no es una filosofía humana más; es sabiduría de Dios, revelada por el Espíritu (1Co 2,6-10).
Por eso no basta con “querer portarnos bien”: necesitamos pedir un don: discernimiento. La vida cristiana es un arte: elegir lo que edifica, lo que reconcilia, lo que hace crecer.

Cuando Pablo dice que el Espíritu “lo sondea todo, incluso las profundidades de Dios” (cf. 1Co 2,10), nos está diciendo: no estás solo para vivir esta exigencia. Lo que parece imposible a fuerza de voluntad se vuelve camino cuando lo vivimos en gracia, con oración, sacramentos y acompañamiento.

5) Aplicación pastoral: tres decisiones para esta semana

1.    Elegir una reconciliación concreta: una llamada, un mensaje, una visita; o al menos dar el primer paso interior: dejar de alimentar el desprecio.

2.    Cuidar el corazón: revisar qué pensamientos sostengo, qué consumo me forma, qué conversaciones me contaminan. No por miedo, sino por amor a la libertad.

3.    Purificar la palabra: menos promesas vacías; más coherencia. Que tu “sí” tenga peso, y tu “no” sea respetuoso y firme.

6) Para orar con las preguntas del comentario

  • ¿Cómo discierno mis decisiones importantes? ¿Solo por lo que me conviene, o también por lo que me convierte?
  • ¿La Palabra de Dios ilumina mis palabras y mis actos? ¿Me está haciendo más humano, más fraterno, más verdadero?

Oración final

Señor Jesús, Palabra viva del Padre,
no permitas que reduzcamos tu Evangelio a un listado de mínimos.
Enséñanos la radicalidad del amor:
un corazón sin odio, una mirada limpia, una palabra veraz.
Danos tu Espíritu para discernir,
para elegir la vida cuando se nos presenten el fuego y el agua,
y para que nuestra existencia esté cada vez más sintonizada con tu Vida.
Amén.

 

2

 

“Una vida sintonizada con Cristo: más allá del mínimo”

 

Hermanos, hoy la Palabra de Dios nos pone delante una verdad simple y exigente: ser cristiano no es solo “no hacer el mal”, sino aprender a amar como Cristo. Es una invitación a vivir una fe con columna vertebral: con decisiones, con coherencia, con un “sí” que sea sí.

1) “Delante de ti están el fuego y el agua”

La primera lectura del Sirácida es de una claridad impresionante: Dios nos toma en serio. No nos trata como niños sin libertad. Dice: “Delante de ti están la vida y la muerte… lo que elijas se te dará” (cf. Sir 15,15-20).
Aquí se desmonta una tentación muy humana: echarle la culpa a Dios, a la vida, al carácter, al ambiente, a “lo que me tocó”. La Escritura afirma: somos responsables de nuestras decisiones, y por eso mismo, somos capaces de elegir el bien.

Y esto no es un peso, es una dignidad. Pensemos en la historia del muchacho de 16 años, Jerry, que decidió donar un riñón a su hermano. Nadie lo presionó. Él lo dijo con sencillez: “Lo amo y quería hacerlo. Así de simple.” Esa historia es un icono del Evangelio: la libertad que se vuelve amor, la elección que se vuelve don.

2) La Ley no es una reja: es un camino de vida

El Salmo 119 canta: “Dichosos los que cumplen tus preceptos.” No dice “pobrecitos”, dice “dichosos”. Porque la Ley de Dios —cuando se entiende bien— no es para aplastar, sino para ordenar el corazón, proteger la vida, sostener relaciones, construir comunidad.

Una anécdota lo ilustra de manera simpática: alguien decía que las reglas son al béisbol lo que la ley es a la vida; no son el juego, pero sin ellas el juego pierde sentido. Si nadie define “bola o strike”, “justo o injusto”, “verdad o mentira”, “bien o mal”, todo termina en confusión. Y entonces se cumple lo que dijo aquel personaje de cine: “Sin ley, todo es oscuridad.”

3) Jesús no rebaja la exigencia: va a la raíz

Y aquí viene lo fuerte: Jesús dice: “No he venido a abolir, sino a dar plenitud.” (Mt 5,17).
O sea: no vino a negociar con el pecado, sino a sanar el corazón.

Por eso, en el Evangelio de hoy, Jesús hace algo impresionante: toma mandamientos conocidos y los lleva al fondo, al lugar donde nacen las acciones. No se conforma con el “no maté”; pregunta: ¿qué pasó en tu corazón?
No se conforma con “no fui infiel”; pregunta: ¿qué miradas, qué deseos, qué conversaciones, qué fantasías has alimentado?
No se conforma con “yo no firmé nada”; pregunta: ¿tu palabra es confiable?

Jesús nos enseña que la santidad no es maquillaje moral. Es conversión interior.

4) “Un matrimonio destruido por una barra de jabón”

Hay una historia tremenda: un matrimonio se desintegró por una barra de jabón olvidada. No fue el jabón. Fue el orgullo. Fue la incapacidad de decir: “Perdón… me equivoqué… no vale la pena.”
Durmieron meses en cuartos separados, comieron en silencio… y aun viejos, ese tema podía reabrir heridas como si fuera ayer.

Esto ilumina el Evangelio: Jesús no está exagerando cuando dice que la ira puede ser homicida. Porque la ira sostenida mata vínculos, mata ternuras, mata familias, mata la paz interior.

Y aquí vale una lectura psicológica, muy concreta: cuando uno “incuba” el enojo, el cuerpo lo paga. Se vuelve tensión, se vuelve insomnio, se vuelve hipertensión, se vuelve ansiedad… Y el alma se amarga. Por eso San Pablo dirá: “Si se enojan, no pequen” (Ef 4,26): hay un enojo que defiende la justicia, pero hay otro que se vuelve veneno.

Jesús nos pide un paso práctico y urgente: reconciliarse.
“Si vas a presentar tu ofrenda y recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, ve primero a reconciliarte.” (Mt 5,23-24).
No es un consejo opcional. Es medicina del Reino.

5) Pureza: no es miedo, es libertad del corazón

Luego Jesús habla de la mirada, del deseo, del adulterio del corazón. Y aquí hay que predicarlo bien: Jesús no está obsesionado con prohibir; está obsesionado con liberar.
Porque cuando la mirada se vuelve posesiva, el otro deja de ser persona y se vuelve objeto. Y eso destruye el amor.

Jesús usa un lenguaje fuerte (“arráncate… córtate…”) porque sabe que hay cosas que, si no se cortan a tiempo, se convierten en cadena. No se trata de mutilación física; se trata de una decisión espiritual: corta lo que te enferma el alma. Cambia hábitos, evita ocasiones, ordena tus afectos, busca ayuda si hace falta, vuelve a los sacramentos. Eso es libertad cristiana.

6) Matrimonio: alianza, no contrato de temporada

Y cuando Jesús toca el tema del divorcio, no lo hace para humillar a nadie, sino para recordarnos la verdad más hermosa: el amor no es “mientras me convenga”. El matrimonio es alianza, y por eso es signo del amor fiel de Dios.
En un mundo donde la cultura del descarte se mete también en las relaciones, Jesús proclama la dignidad de un amor que no huye a la primera dificultad.

Aquí conviene hablar con misericordia pastoral: sabemos que hay historias difíciles, heridas profundas, abandonos, violencias. La Iglesia acompaña, discierne, sostiene, abraza. Pero el ideal del Evangelio permanece: la fidelidad es posible por gracia, y vale la pena lucharla.

7) “Que tu sí sea sí”: integridad

Finalmente, Jesús nos lleva a la palabra: juramentos, promesas, “doble discurso”. Y nos pide integridad: “Que tu sí sea sí y tu no sea no.” (Mt 5,37).
Porque una vida cristiana sin verdad es una fe sin columnas. La gente puede perdonar errores, pero se rompe cuando percibe mentira, manipulación, doble intención.

Aquí entra la segunda lectura: San Pablo habla de una sabiduría que el mundo no entiende: la sabiduría del Espíritu (1 Co 2,6-10). Esa sabiduría forma la conciencia, afina el discernimiento, escribe nuestros “sí” y “no”.


Conclusión: tres decisiones para esta semana

Hermanos, el Evangelio de hoy nos pide no “mínimos”, sino plenitud. Propongo tres decisiones sencillas y valientes:

1.    Reconcíliate pronto: haz una llamada, manda un mensaje, da el primer paso. No esperes a que el orgullo mande.

2.    Corta lo que te lleva al pecado: un hábito, una conversación, un contenido, una relación ambigua. La libertad se cuida.

3.    Vive con palabra limpia: menos excusas, menos doblez. Más verdad. Más coherencia.

Porque elegir a Cristo tiene consecuencias, sí. Pero son consecuencias de vida.
Dios no nos dio su Ley para quitarnos alegría, sino para enseñarnos cómo ser dichosos.


Oración final

Señor Jesús,
Tú que no viniste a abolir, sino a dar plenitud,
purifica nuestro corazón: sana nuestra ira, ordena nuestros deseos, endereza nuestra palabra.
Danos tu Espíritu para discernir y elegir la vida.
Que nuestra justicia supere la apariencia,
y se convierta en amor verdadero,
para que nuestro “sí” sea fiel
y nuestra vida esté sintonizada con la tuya.
Amén.

 

3

 

“No he venido a abolir, sino a dar plenitud” (Mt 5,17)

 

Hermanos, a muchos les pasa que al abrir el Antiguo Testamento sienten una especie de desconcierto: leyes, ritos, prescripciones, historias que parecen lejanas… y entonces surge la pregunta: ¿qué tiene que ver todo eso con Jesús y con nuestra vida cristiana?

El Evangelio de hoy responde con una frase que es clave para entender la Biblia entera: “No piensen que he venido a abolir la Ley o los Profetas… he venido a darles plenitud.” (Mt 5,17).
Es decir: Dios no se contradice. Dios no se arrepiente de su Palabra. Toda la historia de Israel es un camino que conduce a Cristo. Todo converge en Él.

1) La Biblia como “boceto” y Cristo como “obra terminada”

Pensemos en una comparación sencilla. Un artista dibuja un boceto de una cordillera al atardecer. Ese boceto ya tiene líneas, estructura, luz y sombras; anuncia una belleza real. Pero cuando el artista logra llevarlo a la realidad —cuando lo convierte en una pintura perfecta o cuando se contempla la montaña verdadera— todo cobra plenitud.

Así es la relación entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.
El Antiguo Testamento es como un boceto inspirado: contiene el diseño, las promesas, los signos, los llamados de Dios.
Cristo es la realidad: en Él el boceto se vuelve vida; lo anunciado se cumple; lo prometido se realiza.

Por eso Jesús dice que no pasará “ni la letra más pequeña” hasta que todo se cumpla (Mt 5,18). No es rigidez; es fidelidad. Dios cumple. Dios completa. Dios lleva a término.

2) “Delante de ti están la vida y la muerte”

La primera lectura del Sirácida aterriza todo en lo concreto: “Delante de ti están el fuego y el agua… la vida y la muerte… lo que elijas se te dará.” (Sir 15,16-21).
Aquí hay una proclamación preciosa: Dios nos creó libres. No nos fuerza al bien ni nos empuja al mal.
La fe no es fatalismo: “yo soy así”, “la vida me hizo así”, “no pude evitarlo”. La Palabra de Dios es clara: puedes elegir.

Y aquí aparece el vínculo con el Evangelio: elegir a Cristo significa aceptar que la Ley de Dios no es una jaula, sino un camino de vida. Por eso el salmo canta: “Dichosos los que caminan en la Ley del Señor.” (Sal 119/118). La felicidad no nace de hacer lo que a uno se le antoja; nace de aprender a amar bien, y amar bien necesita una brújula.

3) La Ley moral: no solo “lo que hago”, sino “lo que soy”

Jesús, después de afirmar que da plenitud a la Ley y los Profetas, pone ejemplos concretos. Y aquí viene lo más exigente y lo más liberador: Jesús no se contenta con la obediencia exterior; va al corazón.

  • “No matarás”… pero Jesús dice: el mal empieza antes del acto. La ira rumiada, el desprecio, la humillación del otro, ya son semillas de muerte. (Mt 5,21-22).
    Hay palabras que no dejan morados en la piel, pero sí dejan heridas profundas en el alma. Jesús llama a eso por su nombre: si yo destruyo al hermano con mi desprecio, me estoy alejando de la vida.
  • “No cometerás adulterio”… y Jesús dice: el adulterio puede comenzar en la mirada que cosifica, en el deseo alimentado que convierte al otro en objeto (Mt 5,27-28).
    Jesús no está proponiendo una moral de vigilancia enferma; está defendiendo la dignidad del amor. El amor se muere cuando el otro deja de ser persona y se vuelve cosa.
  • “No jurarás en falso”… y Jesús lo eleva a una vida de sinceridad e integridad: “Que su sí sea sí, y su no sea no.” (Mt 5,37).
    En tiempos de medias verdades, dobles discursos, promesas fáciles, Jesús pide coherencia: una palabra limpia, una vida transparente.

Este es el punto: Jesús no abolió la Ley; la curó por dentro.
La Ley, vivida a su modo, no es un código frío; es un camino de santidad.

4) La sabiduría que el mundo no entiende

San Pablo, en la segunda lectura, nos ofrece una clave decisiva: esta manera de vivir no se consigue solo “a punta de voluntad”. Pablo habla de la sabiduría de Dios, revelada por el Espíritu (1 Co 2,6-10).
El mundo entiende la “sabiduría” como conveniencia: lo que me sirve, lo que me deja ventaja, lo que me evita problemas.
Pero la sabiduría de Dios es otra: es verdad, amor, pureza interior, reconciliación, coherencia.

Y Pablo remata con una frase preciosa: Dios ha preparado para los que lo aman “lo que ojo no vio, ni oído oyó…” (cf. 1 Co 2,9).
Es decir: la obediencia a Dios no empobrece; ensancha la vida. Parece exigente, sí, pero porque está hecha para nuestra plenitud.

5) Jesús cumple también los ritos y los profetas: la Cruz y la Nueva Alianza

Aunque el Evangelio de hoy se centra en la Ley moral, no olvidemos lo demás: Jesús también da plenitud al culto y a las profecías.
Él se vuelve Cordero de Dios y ofrece el sacrificio definitivo. Él se vuelve el Sumo Sacerdote que presenta su propia vida en el altar de la Cruz.
Y cumple a los profetas estableciendo la Nueva Alianza en su sangre, esa alianza “escrita en el corazón” por la gracia.

Dicho de otra forma: no solo nos enseña un camino, sino que nos da la fuerza para caminarlo.

6) Aplicación pastoral: tres pasos concretos

Hermanos, ¿qué nos pide hoy el Señor?

1.    Revisar el corazón, no solo la conducta.
Preguntarnos: ¿qué estoy cultivando por dentro? ¿ira? ¿resentimiento? ¿doblez? ¿miradas que no son limpias?
El cristianismo no es cosmética; es conversión.

2.    Buscar reconciliación y no acostumbrarnos a la ruptura.
Jesús, en el Sermón de la Montaña, insistirá en que el culto auténtico lleva a la paz. No es normal comulgar con Cristo y vivir permanentemente enemistado con un hermano. A veces será un proceso, pero siempre hay un primer paso: orar por el otro, hablar con humildad, pedir perdón cuando toca, poner límites sanos cuando es necesario, pero sin odio.

3.    Renovar nuestra opción por Cristo, con libertad.
Sirácida nos lo recordó: delante de nosotros está la vida y la muerte. Cada día elegimos.
La gran pregunta no es “¿qué me permite la ley?” sino: “Señor, ¿qué te agrada? ¿Qué me hace más parecido a Ti?”

Conclusión

Hermanos, si Cristo es el cumplimiento de la Ley y los Profetas, entonces Él es también el cumplimiento de nuestra vida. Todo lo demás puede dejar vacío; Cristo no.
Él es el centro del tiempo y la eternidad; en Él todo converge y de Él brota vida nueva.

Pidámosle hoy la gracia de vivir una vida “sintonizada” con Él:
con un corazón que no mata con ira,
con una mirada limpia,
con una palabra veraz,
con una libertad que elige el bien.


Oración final

Señor Jesús, Legislador glorioso y Mesías,
Tu sabiduría es perfecta, eterna y transformadora.
Todo fue hecho por Ti y todo encuentra su plenitud en Ti.
Te doy gracias por el don de tu Ley eterna
y te pido la gracia de vivirla en plenitud,
con la ayuda de tu gracia salvadora.
Escribe tu alianza en mi corazón,
purifica mis intenciones, sana mis heridas,
haz mi “sí” verdadero y mi “no” honesto.
Jesús, yo confío en Ti.
Amén.

 

viernes, 13 de febrero de 2026

14 de febrero del 2026: sábado de la quinta semana del tiempo ordinario-II- Santos Cirilo, monje y Metodio, Obispo-Memoria obligatoria

 

Santo del día:

Santos Cirilo y Metodio

Siglo IX. Nacidos en Tesalónica, estos dos hermanos proclamaron el Evangelio a los pueblos eslavos en su propia lengua, el eslavo. Copatronos de Europa, junto con San Benito.

 


Pan que sacia el hambre del corazón

Jeroboán teme perder el poder y fabrica ídolos (cf. 1R 12,26-32; 13,33-34). El pueblo, olvidando las maravillas del Señor, cambia su gloria por un becerro de metal (Sal 106). Cuando el corazón se deja gobernar por el miedo, termina construyendo falsos dioses que no salvan.

En el Evangelio (Mc 8,1-10), en cambio, Jesús ve a la multitud cansada y hambrienta y se conmueve. No se aprovecha de su necesidad: la colma. Donde el hombre fabrica ídolos por inseguridad, Dios multiplica el pan por compasión.

Hoy somos invitados a revisar nuestras confianzas: ¿en qué apoyamos nuestra seguridad? Acerquémonos al Señor con nuestra pobreza; Él es el único que puede saciar el hambre más profunda del corazón.

G.Q


 

Primera lectura

1 Re 12, 26-32; 13, 33-34

Jeroboán fundió dos becerros de oro

Lectura del primer libro de los Reyes.

EN aquellos días, Jeroboán pensó para sus adentros:
«El reino podría volver todavía a la casa de David. Si el pueblo continúa subiendo para ofrecer sacrificios en el templo del Señor en Jerusalén, el corazón del pueblo se volverá a su señor, a Roboán, rey de Judá, y me matarán».
Y tras pedir consejo, el rey fundió dos becerros de oro y dijo al pueblo:
«Basta ya de subir a Jerusalén. Este es tu dios, Israel, el que te hizo subir de la tierra de Egipto»,
e instaló uno en Betel y otro en Dan. Este hecho fue ocasión de pecado. El pueblo marchó delante de uno a Betel y delante del otro hasta Dan.
Construyó lugares de culto en los altos e instituyó sacerdotes del común del pueblo que no eran descendientes de Leví.
Jeroboán estableció una fiesta en el mes octavo, el día quince del mes, a semejanza de la que se celebraba en Judá. Subió al altar que había edificado en Betel a ofrecer sacrificios a los becerros que había esculpido y estableció en Betel sacerdotes para los lugares de culto que instituyó.
Después de esto, Jeroboán no se convirtió de su mal camino y siguió consagrando para los lugares de culto sacerdotes tomados de entre el pueblo común; a todo el que deseaba, lo consagraba sacerdote de los lugares de culto.
Este proceder condujo a la casa de Jeroboán al pecado y a su perdición y exterminio de la superficie de la tierra.

Palabra de dios.

 

Salmo

Sal 105, 6-7ab. 19-20. 21-22 (R.: 4ab)

R. Acuérdate de mí, Señor,
por amor a tu pueblo.


V. Hemos pecado como nuestros padres,
hemos cometido maldades e iniquidades.
Nuestros padres en Egipto
no comprendieron tus maravillas. 
R.

V. En Horeb se hicieron un becerro,
adoraron un ídolo de fundición;
cambiaron su gloria por la imagen
de un toro que come hierba. 
R.

V. Se olvidaron de Dios, su salvador,
que había hecho prodigios en Egipto,
maravillas en la tierra de Cam,
portentos junto al mar Rojo. 
R.

 

Aclamación

R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. R.

 

Evangelio

Mc 8, 1-10

La gente comió hasta quedar saciada

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

POR aquellos días, como de nuevo se había reunido mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
«Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, van a desfallecer por el camino. Además, algunos han venido desde lejos».
Le replicaron sus discípulos:
«¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para saciar a tantos?».
Él les preguntó:
«¿Cuántos panes tienen?».
Ellos contestaron:
«Siete».
Mandó que la gente se sentara en el suelo y tomando los siete panes, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente.
Tenían también unos cuantos peces; y Jesús pronunció sobre ellos la bendición, y mandó que los sirvieran también.
La gente comió hasta quedar saciada y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil y los despidió; y enseguida montó en la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

Palabra del Señor.

 

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“Del becerro al Pan: con María, volver a confiar”

Hermanos, en este sábado, Memoria de María, la Iglesia nos pone ante un contraste muy fuerte y muy actual: el ser humano que, por miedo, fabrica ídolos… y Dios que, por compasión, multiplica el pan. Es casi como si la Palabra nos dijera: cuando el corazón se cierra, inventa becerros; cuando el corazón se abre, recibe pan del cielo.

1) El miedo que fabrica “becerros”

La primera lectura nos muestra a Jeroboán con un miedo muy humano: “Si el pueblo sube a Jerusalén, se me va a ir” (cf. 1R 12). Y entonces hace algo terrible: convierte la fe en una estrategia de control.

  • Crea santuarios alternativos,
  • fabrica becerros de oro,
  • cambia el centro de la adoración,
  • y “acomoda” la religión a la conveniencia política.

Fíjense: Jeroboán no niega a Dios con palabras; lo reemplaza con algo manipulable. No es ateísmo abierto: es idolatría funcional. Es decir: Dios existe… pero yo lo administro, lo reduzco, lo domestico.

Y el texto es duro: “No se apartó de su mala conducta” (1R 13,33-34). Cuando uno empieza a negociar con la mentira, termina viviendo dentro de ella.

¿Cuántas veces nosotros hacemos algo parecido?

  • Por miedo a perder, controlamos.
  • Por miedo a sufrir, nos cerramos.
  • Por miedo a la escasez, acaparamos.
  • Por miedo a quedarnos solos, nos inventamos seguridades.

Y ahí aparecen nuestros “becerros” modernos: el dinero como garantía absoluta, la imagen como identidad, el poder como refugio, el placer como anestesia, incluso ciertas “devociones” usadas no para amar más a Dios, sino para evitar convertirnos.

2) El salmo: cuando olvidamos las maravillas

El Salmo 106 es una confesión penitencial: “Hemos pecado como nuestros padres… olvidamos las maravillas del Señor” (Sal 106).
Y describe el corazón que se extravía: “cambiaron su gloria por la figura de un toro que come hierba”.

¡Qué frase! Cambiar la gloria por un animal que come hierba… Es el drama de toda idolatría: rebajar el corazón. El ídolo siempre te encoge la vida. Promete mucho y termina dando poco. Te pide sacrificios y no te salva.

Por eso la Iglesia nos pone hoy un salmo que es como una puerta: si confieso, vuelvo; si recuerdo, me convierto. Recordar las maravillas de Dios es medicina contra la idolatría.

3) El Evangelio: la compasión que multiplica el pan

En el Evangelio, Jesús ve la realidad: gente cansada, con hambre, lejos, sin fuerzas. Y dice algo conmovedor:
“Me da lástima esta gente” (Mc 8,2).
No es lástima superficial: es compasión que se mueve, que actúa, que se compromete.

Y hace una pregunta simple que lo cambia todo:
“¿Cuántos panes tienen?” (Mc 8,5).
Dios no pide lo que no tienes; pide lo que sí tienes, aunque sea poco, para bendecirlo.

Este milagro revela una verdad grande: Jesús no solo resuelve un hambre física; revela qué tipo de Dios es.

  • Jeroboán, por miedo, produce un ídolo para controlar al pueblo.
  • Jesús, por amor, parte el pan para servir al pueblo.
  • El miedo fabrica becerros.
  • La compasión multiplica el pan.

Y al final quedan “siete canastas”. Cuando Dios actúa, queda abundancia. No siempre la abundancia que yo imaginaba, pero sí la abundancia que sostiene el camino.

4) Memoria de María en sábado: la mujer sin becerros

¿Y María? ¿Qué hace María en medio de estas lecturas?

María es la mujer que no se deja gobernar por el miedo. También tuvo motivos para temer:

  • un embarazo incomprendido,
  • un viaje difícil,
  • un parto pobre,
  • una huida a Egipto,
  • la espada del dolor al pie de la cruz.

Pero ella no fabricó becerros. No se inventó un “dios a su medida”. Ella hizo algo más grande: confió.
En Caná lo resume con una frase que es antídoto contra toda idolatría:
“Hagan lo que Él les diga” (Jn 2,5).

María no se pone en el centro. No reemplaza a Dios. No manipula. Conduce a Jesús.
En lenguaje sencillo: María es memoria viva de lo esencial. Y por eso, en este sábado, le pedimos que nos enseñe a pasar del becerro al Pan, del miedo a la confianza, del control a la entrega.

5) Aplicación pastoral: ¿cuál es mi “becerro”?

Hermanos, hagamos hoy una pregunta valiente, sin moralismos, pero con verdad:

  • ¿Qué “becerro” he fabricado yo para sentirme seguro?
  • ¿Qué estoy adorando de hecho, aunque diga que creo en Dios?
  • ¿Qué me está robando la libertad interior?
  • ¿En qué área de mi vida me cuesta confiar y entonces controlo?

Y la otra pregunta del Evangelio:

  • ¿Cuántos panes tengo?
    Es decir: ¿qué tengo hoy, aunque sea poco, para ponerlo en manos de Jesús?
    Un poco de tiempo, una reconciliación pendiente, un acto de caridad, una decisión de ordenarme por dentro, una oración sincera, una ayuda concreta a alguien…

Porque el milagro no empieza con abundancia: empieza con entrega.

6) Cierre: volver a la mesa del Señor

El Evangelio termina con una mesa improvisada en el camino. Eso es la Iglesia: una mesa en el camino.
Y cada Eucaristía es esto: Jesús mira nuestra hambre, se compadece, toma lo poco, lo bendice, lo parte y lo da.

Pidámosle a María, en este sábado, que nos ayude a reconocer dónde nos hemos desviado, a pedir perdón con humildad, y a volver al único alimento que no engaña: Cristo, Pan de vida.


Intención orante (Memoria de María en sábado)

Señor Jesús, por intercesión de la Virgen María, libéranos de los ídolos que fabricamos por miedo y enséñanos a confiar en tu Providencia. Sacia el hambre de quienes sufren en el cuerpo y en el alma, y haz de nuestra vida pan partido para los demás. Amén.

 

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14 de febrero:

Santos Cirilo, monje, y Metodio, obispo—Memoria

San Cirilo: c. 827–869
San Metodio: c. 815–885
Copatronos de Europa, de los pueblos eslavos y de la unidad entre las Iglesias de Oriente y Occidente.


Cita:


“Escucha mi oración y protege a tu pueblo fiel, porque me has establecido como su servidor inadecuado e indigno. Haz que tu pueblo sea conocido por la unidad y la profesión de su fe. Inspira los corazones de tu pueblo con tu palabra y tu enseñanza. Tú nos llamaste a predicar el Evangelio de tu Cristo y a alentarlos a vivir vidas y realizar obras que te sean agradables.
Ahora te devuelvo a tu pueblo, tu don para mí. Guíalos con tu poderosa diestra y protégelos bajo la sombra de tus alas. Que todos alaben y glorifiquen tu nombre, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.”


~De una antigua biografía eslava de san Cirilo


Reflexión

Imagina cómo sería la vida si no pudieras leer porque la lengua que hablas ni siquiera existiera por escrito. Sin alfabeto, sin libros, solo una lengua hablada. Ese fue el contexto al que fueron enviados nuestros santos de hoy para predicar el Evangelio.

Su historia comenzó en Tesalónica, Grecia, territorio que había sido evangelizado por primera vez por san Pablo. Un magistrado imperial de habla griega y su esposa tuvieron siete hijos. Dos de ellos se llamaron Constantino y Miguel. Su madre probablemente era de origen eslavo, y los niños aprendieron su lengua, que aún no tenía forma escrita, junto con el griego y el latín. Cuando Constantino tenía unos catorce años, fue enviado a la gran ciudad griega de Constantinopla para estudiar. Allí también conoció al joven emperador bizantino Miguel III, quien entonces era apenas un niño.

Después de completar su educación, Constantino decidió hacerse sacerdote. Poco después de su ordenación, fue invitado a enseñar y pronto se hizo conocido como “el Filósofo”. Su hermano Miguel, unos doce años mayor, comenzó su carrera en el servicio civil en Macedonia, pero decidió abandonar ese cargo para hacerse monje, tomando el nombre de Metodio.

Cuando Constantino tenía alrededor de treinta años y su hermano Metodio estaba en los primeros años de la cuarentena, Constantino decidió dejar su carrera docente y abrazar la vida de oración en el monasterio de su hermano. Sin embargo, pocos años después, el emperador Miguel III, ya adulto, pidió a Constantino que emprendiera una misión para evangelizar a los judíos y turcos jázaros, en lo que hoy sería Rusia, Ucrania y Crimea. Metodio lo acompañó en esta misión, y ambos aprendieron hebreo y turco para poder hablar a las personas en sus lenguas maternas.

Al cabo de un par de años, el príncipe Rastislav de Moravia pidió al emperador Miguel III que enviara misioneros a la Gran Moravia, en lo que hoy es la República Checa. Su pueblo había rechazado el paganismo y abrazado el cristianismo, pero no tenían a nadie que pudiera explicarles la fe en su lengua eslava nativa, ya que el clero germánico se aferraba estrictamente al latín. Esta misión marcaría el inicio de una nueva era y de un nuevo método de evangelización dentro de la Iglesia.

En la Gran Moravia, Constantino y Metodio comenzaron a traducir la Biblia y los libros litúrgicos a la lengua eslava. Como no existía una forma escrita de esa lengua ni siquiera un alfabeto, Cirilo creó uno. Tradujo los diversos sonidos en símbolos, lo que permitió a él y a su hermano poner por escrito los textos sagrados. Además de las traducciones, comenzaron a enseñar al pueblo y a los futuros clérigos eslavos a leer su nueva lengua escrita. Con el tiempo, el nuevo alfabeto evolucionó hasta convertirse en lo que hoy conocemos como alfabeto cirílico, base de muchas lenguas de Europa oriental y Asia, utilizadas actualmente por más de 250 millones de personas.

Aunque el pueblo eslavo se llenó de alegría al escuchar el Evangelio y orar la liturgia en su lengua materna, muchos miembros del clero germánico cuestionaron este enfoque. Para resolver el problema, los hermanos viajaron a Roma, donde recibieron la aprobación del papa Adriano II, quien los ordenó obispos y los envió de regreso a la Gran Moravia. Antes de partir de Roma, Constantino enfermó. Antes de morir, se consagró plenamente a Dios como monje en uno de los monasterios griegos, tomando el nombre monástico de Cirilo. Su hermano Metodio regresó entonces a la Gran Moravia para continuar la obra.

El obispo Metodio pasó los siguientes catorce años evangelizando al pueblo en su lengua materna, formando al clero y administrando eficazmente la Iglesia. Continuó soportando duros tratos por parte del clero germánico, llegando incluso a ser encarcelado por un tiempo, pero perseveró, extendiendo su labor misionera más allá de las fronteras de la Gran Moravia.

No fue sino hasta un milenio después que estos hermanos recibieron el honor universal que merecían, cuando la Iglesia occidental los incorporó a su calendario litúrgico. Un siglo más tarde, el papa san Juan Pablo II, él mismo eslavo, los honró con el título de copatronos de Europa y Apóstoles de los eslavos.

Estos grandes hermanos nos enseñan que el Evangelio debe ser personal y comprendido a través del prisma de nuestra propia lengua, cultura y experiencia humana. También nos enseñan que debemos esforzarnos por compartir el Evangelio con los demás de manera que lo entiendan y con la que puedan identificarse.

Al honrar a estos grandes misioneros, reflexiona sobre las maneras en que Dios quiere usarte para llegar a otros con su mensaje salvador. Tal vez no estés llamado a inventar un nuevo alfabeto, pero sí estarás llamado a salir de tu zona de confort. Sé valiente, creativo y lleno de celo en este empeño, a imitación de estos Apóstoles de los eslavos.


Oración

Santos Cirilo y Metodio, ustedes entregaron su vida al servicio de Dios. Sirvieron con celo, creatividad y gran determinación. Rueguen por mí, para que Dios me use como instrumento de su gracia salvadora para aquellos que la necesitan, llevando la Buena Nueva de un modo que puedan comprender y acoger.

Santos Cirilo y Metodio, rueguen por mí.
Jesús, en ti confío.


15 de febrero del 2026: sexto domingo del tiempo ordinario- Ciclo A

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