5 de noviembre del 2026: jueves de la trigésima primera semana del tiempo ordinario II
Dios, el que busca En estas dos parábolas se habla de pérdida y, por tanto, de ausencia y de la obstinación por encontrar lo que se ha perdido. Dios siente pasión por buscar a quien se ha extraviado. No se resigna a su ausencia ni considera que una sola persona sea una pérdida insignificante. Para él, cada uno tiene un rostro, un nombre, una historia. Cada uno ocupa un lugar insustituible en su corazón. El pastor sale tras la oveja perdida; la mujer enciende una lámpara y barre cuidadosamente la casa. Estas imágenes nos revelan a un Dios que toma la iniciativa, que se pone en camino y que busca con paciencia. Antes de que nosotros deseemos volver, él ya desea encontrarnos. Y cuando encuentra, se alegra. No recibe a la oveja con golpes ni reproches: la carga sobre sus hombros. Su alegría desborda y se convierte en una invitación: «¡Alégrense conmigo!». Así es el corazón de Dios: nuestra vuelta a él es motivo de fiesta. También nosotros estamos llamados a participar de es...