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Primero de noviembre del 2026: Solemnidad de Todos los Santos

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  Todos los santos “Es por nuestro interés, no por el de los santos, que honramos su memoria. Pensar en ellos es, en cierto modo, verlos. De esta manera, nuestra delicadeza espiritual nos transporta a la Tierra de los Vivos”. (San Bernardo, Sermones) Y sobre todo ¡sean felices! En la montaña, aparte, Jesús inaugura su ministerio público. ¡Primera gran palabra para sus discípulos! Desde el principio, el contenido de sus palabras proporciona la clave del futuro. Toda la vida pública de Jesús será una lenta subida hacia Jerusalén, un don que se va realizando poco a poco, hasta llegar a ser total. Entre el monte de las Bienaventuranzas y el cerro del Gólgota, la misión de Jesús se resume en amar, sanar, elevar y guiar los pasos del hombre que busca a su Dios. Las Bienaventuranzas podrían ser una especie de programa político de Jesús. Son a la vez lo que hará y será, pero también su rostro. El pobre, el humillado, el rechazado, el pacificador, el corazón puro... tantos rostros de Jesús...

Primero y 2 de noviembre: Solemnidad de Todos los Santos y Conmemoración de los Fieles Difuntos (para celebrar ambos días)

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  Todos los santos «Es por nuestro bien, y no por el bien de los santos, por lo que honramos su memoria. Pensar en ellos es, en cierto modo, verlos. De esta manera, somos transportados, por lo más elevado de nuestro espíritu, hacia la tierra de los vivientes». — San Bernardo de Claraval, Sermones .     Caminos de alegría El evangelio de Todos los Santos nos permite descubrir qué es la santidad a través de las Bienaventuranzas. Nos recuerda que la peregrinación hacia la santidad no es austera, sino que nos abre a la alegría de vivir en el amor de Dios. Jesús nos invita a recorrer este camino con un corazón humilde, misericordioso y dispuesto a construir la paz. Incluso entre lágrimas y dificultades, su presencia sostiene nuestra esperanza. Los santos conocieron el cansancio, las dudas y el sufrimiento. En medio de todo ello aprendieron a confiar, a perdonar y a entregarse. Su alegría echaba raíces en la certeza de ser amados por Dios. También nosotros pode...

Por qué no amo el Halloween… y por qué prefiero vestir de esperanza a nuestros niños

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S í, mis amigos… no amo el Halloween. Y no es que me molesten la alegría de los niños, los disfraces o los caramelos. Bueno… estos últimos hasta me gustan, dada mi conocida inclinación por los dulces y el «mecato». Me encanta ver a los pequeños jugar, reír, inventar personajes y disfrutar de una fiesta en familia. Pero hay algo que no consigo celebrar con el mismo entusiasmo: esa insistencia en asociar la infancia con lo macabro. Rostros ensangrentados, cuerpos mutilados, demonios, muertos que regresan para aterrorizar, personajes cuya fama consiste en asesinar… ¿De verdad necesitamos todo eso para que nuestros niños pasen una tarde feliz? Esa es mi inquietud. Y quisiera compartirla desde la fe, con serenidad, pero también con la libertad de quien no está obligado a aplaudir todo lo que ponen de moda las vitrinas. Antes, sin embargo, una precisión necesaria: para defender nuestra fe no necesitamos repetir historias sin fundamento . La palabra Halloween procede de All Hallows’ ...

31 de octubre del 2026: sábado de la trigésima semana del tiempo ordinario II

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  Vista desde atrás Ocupar el último lugar es, en el fondo, unirse a Cristo, que quiso hacerse pobre con los pobres. Desde ese último lugar, podemos mirar el mundo desde el punto de vista de quienes suelen quedar olvidados: los pequeños, los pobres, aquellos a quienes nadie reserva un puesto de honor. Desde allí descubrimos rostros que pasan inadvertidos cuando buscamos estar por encima de los demás. Jesús no nos invita a despreciarnos, sino a abandonar la necesidad de sobresalir. La humildad no consiste en negar los dones recibidos, sino en ponerlos al servicio de los hermanos. Elegir el último lugar por amor nos acerca a quien hizo de toda su vida una entrega. En la mesa del Reino, nuestro valor no depende del asiento que ocupamos ni de los aplausos que recibimos. Somos amados por el Padre antes de haber conseguido reconocimiento alguno. Por eso podemos dejar de competir por los primeros puestos y empezar a hacer sitio a los demás. Señor Jesús, líbranos del afán de figura...