viernes, 13 de febrero de 2026

14 de febrero del 2026: sábado de la quinta semana del tiempo ordinario-II- Santos Cirilo, monje y Metodio, Obispo-Memoria obligatoria

 

Santo del día:

Santos Cirilo y Metodio

Siglo IX. Nacidos en Tesalónica, estos dos hermanos proclamaron el Evangelio a los pueblos eslavos en su propia lengua, el eslavo. Copatronos de Europa, junto con San Benito.

 


Pan que sacia el hambre del corazón

Jeroboán teme perder el poder y fabrica ídolos (cf. 1R 12,26-32; 13,33-34). El pueblo, olvidando las maravillas del Señor, cambia su gloria por un becerro de metal (Sal 106). Cuando el corazón se deja gobernar por el miedo, termina construyendo falsos dioses que no salvan.

En el Evangelio (Mc 8,1-10), en cambio, Jesús ve a la multitud cansada y hambrienta y se conmueve. No se aprovecha de su necesidad: la colma. Donde el hombre fabrica ídolos por inseguridad, Dios multiplica el pan por compasión.

Hoy somos invitados a revisar nuestras confianzas: ¿en qué apoyamos nuestra seguridad? Acerquémonos al Señor con nuestra pobreza; Él es el único que puede saciar el hambre más profunda del corazón.

G.Q


 

Primera lectura

1 Re 12, 26-32; 13, 33-34

Jeroboán fundió dos becerros de oro

Lectura del primer libro de los Reyes.

EN aquellos días, Jeroboán pensó para sus adentros:
«El reino podría volver todavía a la casa de David. Si el pueblo continúa subiendo para ofrecer sacrificios en el templo del Señor en Jerusalén, el corazón del pueblo se volverá a su señor, a Roboán, rey de Judá, y me matarán».
Y tras pedir consejo, el rey fundió dos becerros de oro y dijo al pueblo:
«Basta ya de subir a Jerusalén. Este es tu dios, Israel, el que te hizo subir de la tierra de Egipto»,
e instaló uno en Betel y otro en Dan. Este hecho fue ocasión de pecado. El pueblo marchó delante de uno a Betel y delante del otro hasta Dan.
Construyó lugares de culto en los altos e instituyó sacerdotes del común del pueblo que no eran descendientes de Leví.
Jeroboán estableció una fiesta en el mes octavo, el día quince del mes, a semejanza de la que se celebraba en Judá. Subió al altar que había edificado en Betel a ofrecer sacrificios a los becerros que había esculpido y estableció en Betel sacerdotes para los lugares de culto que instituyó.
Después de esto, Jeroboán no se convirtió de su mal camino y siguió consagrando para los lugares de culto sacerdotes tomados de entre el pueblo común; a todo el que deseaba, lo consagraba sacerdote de los lugares de culto.
Este proceder condujo a la casa de Jeroboán al pecado y a su perdición y exterminio de la superficie de la tierra.

Palabra de dios.

 

Salmo

Sal 105, 6-7ab. 19-20. 21-22 (R.: 4ab)

R. Acuérdate de mí, Señor,
por amor a tu pueblo.


V. Hemos pecado como nuestros padres,
hemos cometido maldades e iniquidades.
Nuestros padres en Egipto
no comprendieron tus maravillas. 
R.

V. En Horeb se hicieron un becerro,
adoraron un ídolo de fundición;
cambiaron su gloria por la imagen
de un toro que come hierba. 
R.

V. Se olvidaron de Dios, su salvador,
que había hecho prodigios en Egipto,
maravillas en la tierra de Cam,
portentos junto al mar Rojo. 
R.

 

Aclamación

R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. R.

 

Evangelio

Mc 8, 1-10

La gente comió hasta quedar saciada

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

POR aquellos días, como de nuevo se había reunido mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
«Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, van a desfallecer por el camino. Además, algunos han venido desde lejos».
Le replicaron sus discípulos:
«¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para saciar a tantos?».
Él les preguntó:
«¿Cuántos panes tienen?».
Ellos contestaron:
«Siete».
Mandó que la gente se sentara en el suelo y tomando los siete panes, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente.
Tenían también unos cuantos peces; y Jesús pronunció sobre ellos la bendición, y mandó que los sirvieran también.
La gente comió hasta quedar saciada y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil y los despidió; y enseguida montó en la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

Palabra del Señor.

 

1

 

“Del becerro al Pan: con María, volver a confiar”

Hermanos, en este sábado, Memoria de María, la Iglesia nos pone ante un contraste muy fuerte y muy actual: el ser humano que, por miedo, fabrica ídolos… y Dios que, por compasión, multiplica el pan. Es casi como si la Palabra nos dijera: cuando el corazón se cierra, inventa becerros; cuando el corazón se abre, recibe pan del cielo.

1) El miedo que fabrica “becerros”

La primera lectura nos muestra a Jeroboán con un miedo muy humano: “Si el pueblo sube a Jerusalén, se me va a ir” (cf. 1R 12). Y entonces hace algo terrible: convierte la fe en una estrategia de control.

  • Crea santuarios alternativos,
  • fabrica becerros de oro,
  • cambia el centro de la adoración,
  • y “acomoda” la religión a la conveniencia política.

Fíjense: Jeroboán no niega a Dios con palabras; lo reemplaza con algo manipulable. No es ateísmo abierto: es idolatría funcional. Es decir: Dios existe… pero yo lo administro, lo reduzco, lo domestico.

Y el texto es duro: “No se apartó de su mala conducta” (1R 13,33-34). Cuando uno empieza a negociar con la mentira, termina viviendo dentro de ella.

¿Cuántas veces nosotros hacemos algo parecido?

  • Por miedo a perder, controlamos.
  • Por miedo a sufrir, nos cerramos.
  • Por miedo a la escasez, acaparamos.
  • Por miedo a quedarnos solos, nos inventamos seguridades.

Y ahí aparecen nuestros “becerros” modernos: el dinero como garantía absoluta, la imagen como identidad, el poder como refugio, el placer como anestesia, incluso ciertas “devociones” usadas no para amar más a Dios, sino para evitar convertirnos.

2) El salmo: cuando olvidamos las maravillas

El Salmo 106 es una confesión penitencial: “Hemos pecado como nuestros padres… olvidamos las maravillas del Señor” (Sal 106).
Y describe el corazón que se extravía: “cambiaron su gloria por la figura de un toro que come hierba”.

¡Qué frase! Cambiar la gloria por un animal que come hierba… Es el drama de toda idolatría: rebajar el corazón. El ídolo siempre te encoge la vida. Promete mucho y termina dando poco. Te pide sacrificios y no te salva.

Por eso la Iglesia nos pone hoy un salmo que es como una puerta: si confieso, vuelvo; si recuerdo, me convierto. Recordar las maravillas de Dios es medicina contra la idolatría.

3) El Evangelio: la compasión que multiplica el pan

En el Evangelio, Jesús ve la realidad: gente cansada, con hambre, lejos, sin fuerzas. Y dice algo conmovedor:
“Me da lástima esta gente” (Mc 8,2).
No es lástima superficial: es compasión que se mueve, que actúa, que se compromete.

Y hace una pregunta simple que lo cambia todo:
“¿Cuántos panes tienen?” (Mc 8,5).
Dios no pide lo que no tienes; pide lo que sí tienes, aunque sea poco, para bendecirlo.

Este milagro revela una verdad grande: Jesús no solo resuelve un hambre física; revela qué tipo de Dios es.

  • Jeroboán, por miedo, produce un ídolo para controlar al pueblo.
  • Jesús, por amor, parte el pan para servir al pueblo.
  • El miedo fabrica becerros.
  • La compasión multiplica el pan.

Y al final quedan “siete canastas”. Cuando Dios actúa, queda abundancia. No siempre la abundancia que yo imaginaba, pero sí la abundancia que sostiene el camino.

4) Memoria de María en sábado: la mujer sin becerros

¿Y María? ¿Qué hace María en medio de estas lecturas?

María es la mujer que no se deja gobernar por el miedo. También tuvo motivos para temer:

  • un embarazo incomprendido,
  • un viaje difícil,
  • un parto pobre,
  • una huida a Egipto,
  • la espada del dolor al pie de la cruz.

Pero ella no fabricó becerros. No se inventó un “dios a su medida”. Ella hizo algo más grande: confió.
En Caná lo resume con una frase que es antídoto contra toda idolatría:
“Hagan lo que Él les diga” (Jn 2,5).

María no se pone en el centro. No reemplaza a Dios. No manipula. Conduce a Jesús.
En lenguaje sencillo: María es memoria viva de lo esencial. Y por eso, en este sábado, le pedimos que nos enseñe a pasar del becerro al Pan, del miedo a la confianza, del control a la entrega.

5) Aplicación pastoral: ¿cuál es mi “becerro”?

Hermanos, hagamos hoy una pregunta valiente, sin moralismos, pero con verdad:

  • ¿Qué “becerro” he fabricado yo para sentirme seguro?
  • ¿Qué estoy adorando de hecho, aunque diga que creo en Dios?
  • ¿Qué me está robando la libertad interior?
  • ¿En qué área de mi vida me cuesta confiar y entonces controlo?

Y la otra pregunta del Evangelio:

  • ¿Cuántos panes tengo?
    Es decir: ¿qué tengo hoy, aunque sea poco, para ponerlo en manos de Jesús?
    Un poco de tiempo, una reconciliación pendiente, un acto de caridad, una decisión de ordenarme por dentro, una oración sincera, una ayuda concreta a alguien…

Porque el milagro no empieza con abundancia: empieza con entrega.

6) Cierre: volver a la mesa del Señor

El Evangelio termina con una mesa improvisada en el camino. Eso es la Iglesia: una mesa en el camino.
Y cada Eucaristía es esto: Jesús mira nuestra hambre, se compadece, toma lo poco, lo bendice, lo parte y lo da.

Pidámosle a María, en este sábado, que nos ayude a reconocer dónde nos hemos desviado, a pedir perdón con humildad, y a volver al único alimento que no engaña: Cristo, Pan de vida.


Intención orante (Memoria de María en sábado)

Señor Jesús, por intercesión de la Virgen María, libéranos de los ídolos que fabricamos por miedo y enséñanos a confiar en tu Providencia. Sacia el hambre de quienes sufren en el cuerpo y en el alma, y haz de nuestra vida pan partido para los demás. Amén.

 

****************

14 de febrero:

Santos Cirilo, monje, y Metodio, obispo—Memoria

San Cirilo: c. 827–869
San Metodio: c. 815–885
Copatronos de Europa, de los pueblos eslavos y de la unidad entre las Iglesias de Oriente y Occidente.


Cita:


“Escucha mi oración y protege a tu pueblo fiel, porque me has establecido como su servidor inadecuado e indigno. Haz que tu pueblo sea conocido por la unidad y la profesión de su fe. Inspira los corazones de tu pueblo con tu palabra y tu enseñanza. Tú nos llamaste a predicar el Evangelio de tu Cristo y a alentarlos a vivir vidas y realizar obras que te sean agradables.
Ahora te devuelvo a tu pueblo, tu don para mí. Guíalos con tu poderosa diestra y protégelos bajo la sombra de tus alas. Que todos alaben y glorifiquen tu nombre, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.”


~De una antigua biografía eslava de san Cirilo


Reflexión

Imagina cómo sería la vida si no pudieras leer porque la lengua que hablas ni siquiera existiera por escrito. Sin alfabeto, sin libros, solo una lengua hablada. Ese fue el contexto al que fueron enviados nuestros santos de hoy para predicar el Evangelio.

Su historia comenzó en Tesalónica, Grecia, territorio que había sido evangelizado por primera vez por san Pablo. Un magistrado imperial de habla griega y su esposa tuvieron siete hijos. Dos de ellos se llamaron Constantino y Miguel. Su madre probablemente era de origen eslavo, y los niños aprendieron su lengua, que aún no tenía forma escrita, junto con el griego y el latín. Cuando Constantino tenía unos catorce años, fue enviado a la gran ciudad griega de Constantinopla para estudiar. Allí también conoció al joven emperador bizantino Miguel III, quien entonces era apenas un niño.

Después de completar su educación, Constantino decidió hacerse sacerdote. Poco después de su ordenación, fue invitado a enseñar y pronto se hizo conocido como “el Filósofo”. Su hermano Miguel, unos doce años mayor, comenzó su carrera en el servicio civil en Macedonia, pero decidió abandonar ese cargo para hacerse monje, tomando el nombre de Metodio.

Cuando Constantino tenía alrededor de treinta años y su hermano Metodio estaba en los primeros años de la cuarentena, Constantino decidió dejar su carrera docente y abrazar la vida de oración en el monasterio de su hermano. Sin embargo, pocos años después, el emperador Miguel III, ya adulto, pidió a Constantino que emprendiera una misión para evangelizar a los judíos y turcos jázaros, en lo que hoy sería Rusia, Ucrania y Crimea. Metodio lo acompañó en esta misión, y ambos aprendieron hebreo y turco para poder hablar a las personas en sus lenguas maternas.

Al cabo de un par de años, el príncipe Rastislav de Moravia pidió al emperador Miguel III que enviara misioneros a la Gran Moravia, en lo que hoy es la República Checa. Su pueblo había rechazado el paganismo y abrazado el cristianismo, pero no tenían a nadie que pudiera explicarles la fe en su lengua eslava nativa, ya que el clero germánico se aferraba estrictamente al latín. Esta misión marcaría el inicio de una nueva era y de un nuevo método de evangelización dentro de la Iglesia.

En la Gran Moravia, Constantino y Metodio comenzaron a traducir la Biblia y los libros litúrgicos a la lengua eslava. Como no existía una forma escrita de esa lengua ni siquiera un alfabeto, Cirilo creó uno. Tradujo los diversos sonidos en símbolos, lo que permitió a él y a su hermano poner por escrito los textos sagrados. Además de las traducciones, comenzaron a enseñar al pueblo y a los futuros clérigos eslavos a leer su nueva lengua escrita. Con el tiempo, el nuevo alfabeto evolucionó hasta convertirse en lo que hoy conocemos como alfabeto cirílico, base de muchas lenguas de Europa oriental y Asia, utilizadas actualmente por más de 250 millones de personas.

Aunque el pueblo eslavo se llenó de alegría al escuchar el Evangelio y orar la liturgia en su lengua materna, muchos miembros del clero germánico cuestionaron este enfoque. Para resolver el problema, los hermanos viajaron a Roma, donde recibieron la aprobación del papa Adriano II, quien los ordenó obispos y los envió de regreso a la Gran Moravia. Antes de partir de Roma, Constantino enfermó. Antes de morir, se consagró plenamente a Dios como monje en uno de los monasterios griegos, tomando el nombre monástico de Cirilo. Su hermano Metodio regresó entonces a la Gran Moravia para continuar la obra.

El obispo Metodio pasó los siguientes catorce años evangelizando al pueblo en su lengua materna, formando al clero y administrando eficazmente la Iglesia. Continuó soportando duros tratos por parte del clero germánico, llegando incluso a ser encarcelado por un tiempo, pero perseveró, extendiendo su labor misionera más allá de las fronteras de la Gran Moravia.

No fue sino hasta un milenio después que estos hermanos recibieron el honor universal que merecían, cuando la Iglesia occidental los incorporó a su calendario litúrgico. Un siglo más tarde, el papa san Juan Pablo II, él mismo eslavo, los honró con el título de copatronos de Europa y Apóstoles de los eslavos.

Estos grandes hermanos nos enseñan que el Evangelio debe ser personal y comprendido a través del prisma de nuestra propia lengua, cultura y experiencia humana. También nos enseñan que debemos esforzarnos por compartir el Evangelio con los demás de manera que lo entiendan y con la que puedan identificarse.

Al honrar a estos grandes misioneros, reflexiona sobre las maneras en que Dios quiere usarte para llegar a otros con su mensaje salvador. Tal vez no estés llamado a inventar un nuevo alfabeto, pero sí estarás llamado a salir de tu zona de confort. Sé valiente, creativo y lleno de celo en este empeño, a imitación de estos Apóstoles de los eslavos.


Oración

Santos Cirilo y Metodio, ustedes entregaron su vida al servicio de Dios. Sirvieron con celo, creatividad y gran determinación. Rueguen por mí, para que Dios me use como instrumento de su gracia salvadora para aquellos que la necesitan, llevando la Buena Nueva de un modo que puedan comprender y acoger.

Santos Cirilo y Metodio, rueguen por mí.
Jesús, en ti confío.


jueves, 12 de febrero de 2026

13 de febrero del 2026: viernes de la quinta semana del tiempo ordinario-II

 

El destino del Evangelio


La palabra sobre las migajas puso de nuevo a Jesús en camino: regresa a su tierra dando un gran rodeo por territorio pagano. Aunque le cuesta liberar al hombre incapaz de oír y de hablar, lo consigue finalmente, y el eco de ese gesto resuena por toda la Decápolis.

Los paganos adoptan, sin saberlo, las palabras de la Biblia. Marcos profetiza aquí el destino del Evangelio, mejor recibido fuera de Israel que dentro.


Jean-Marc Liautaud, Fondacio

 

 


Primera lectura

1 Re 11, 29-32; 12, 19

Israel se rebeló contra la casa de David

Lectura del primer libro de los Reyes

SUCEDIÓ entonces que Jeroboán salía de Jerusalén y se le presentó el profeta Ajías de Siló cubierto con un manto nuevo.
Estando los dos solos en campo abierto, tomó Ajías el manto nuevo que llevaba puesto, lo rasgó en doce jirones y dijo a Jeroboán:
«Toma diez jirones para ti, porque así dice el Señor, Dios de Israel: “Rasgaré el reino de manos de Salomón y te daré diez tribus. La otra tribu será para él, en atención a mi siervo David y a Jerusalén, la ciudad que me elegí entre todas las tribus de Israel”».
Así Israel se rebeló contra la casa de David, hasta el día de hoy.

Palabra de Dios.

 

Salmo

Sal 80, 10-11ab. 12-13. 14-15 (R.: cf. 11a y 9a)

R. Yo soy el Señor, Dios tuyo:
escucha mi voz


V. No tendrás un dios extraño,
no adorarás un dios extranjero;
yo soy el Señor, Dios tuyo,
que te saqué de la tierra de Egipto.
 R.

V. Mi pueblo no escuchó mi voz,
Israel no quiso obedecer:
los entregué a su corazón obstinado,
para que anduviesen según sus antojos. 
R.

V. ¡Ojalá me escuchase mi pueblo
y caminase Israel por mi camino!:
en un momento humillaría a sus enemigos
y volvería mi mano contra sus adversarios.
 R.

 

Aclamación

R. Aleluya, aleluya, aleluya
V. Abre, Señor, nuestro corazón, para que aceptemos las palabras de tu Hijo. R.

 

Evangelio

Mc 7, 31-37

Hace oír a los sordos y hablar a los mudos

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

EN aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga la mano.
Él, apartándolo de la gente, a solas, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua.
Y mirando al cielo, suspiró y le dijo:
«Effetá» (esto es, «ábrete»).
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba correctamente.
Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos.
Y en el colmo del asombro decían:
«Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

Palabra del Señor.

 

1

 

Hay días en que uno siente que el corazón se le parte en dos: por dentro hay un ruido de fondo —rabias, decepciones, culpas, cansancios— y por fuera hay que seguir “funcionando”. La Palabra de hoy habla justamente de eso: de un pueblo dividido, de un corazón que no escucha y de un Dios que, aun así, no se cansa de abrir caminos de sanación.

1) Un reino roto y un corazón que se endurece

La primera lectura presenta una escena dolorosa: Israel se fractura. Jeroboam recibe diez tribus; la unidad se resquebraja y el texto concluye con una frase seca: “Israel se rebeló contra la casa de David hasta el día de hoy” (cf. 1R 12,19).
Pero la Biblia no cuenta esta ruptura como simple “política”. En el fondo hay una herida espiritual: cuando el corazón se aparta de Dios, tarde o temprano se rompe también la comunión entre hermanos.

Y aquí aparece el Salmo como diagnóstico y como llamada:
“No haya en ti un dios extraño… ¡Ojalá me escuchara mi pueblo!” (cf. Sal 81).
Es impresionante: Dios no se presenta como un juez frío, sino como un Padre que sufre porque no lo escuchamos. La idolatría —hoy con otros nombres— siempre nos divide: nos hace absolutizar algo (el poder, el ego, el placer, el dinero, la imagen, la rabia) y al absolutizarlo, perdemos el oído del alma.

2) Jesús “da un rodeo”: Dios también llega por caminos inesperados

El Evangelio nos muestra a Jesús en territorio pagano, haciendo un recorrido amplio. Alguien comentando este texto, lo dice bellísimo: la palabra de las “migajas” lo vuelve a poner en ruta. Es decir: el diálogo con aquella mujer extranjera (Mc 7,24-30) abrió una puerta, y Jesús continúa atravesando fronteras.

Esto es clave para nosotros: cuando uno sufre —en el alma o en el cuerpo— muchas veces espera que Dios llegue “por donde yo creo”, de manera rápida y directa. Pero el Señor a veces hace un rodeo, porque está sanando más de lo que vemos: está trabajando el corazón, la fe, la libertad interior… y está abriendo también el horizonte para otros.

3) Un hombre que no oye ni habla: símbolo de tantas heridas humanas

Le traen a Jesús un hombre sordo y con dificultad para hablar (Mc 7,31-37). Y Jesús hace algo muy humano y muy divino:

  • lo aparta de la multitud: la sanación no es espectáculo.
  • toca sus oídos y su lengua: Dios no nos salva “desde lejos”.
  • suspira, mira al cielo, y dice: “Effatá” (Ábrete).

Aquí hay una luz pastoral preciosa: muchas enfermedades del alma empiezan cuando dejamos de escuchar y, por tanto, dejamos de comunicarnos. La sordera interior puede ser defensa: “si no escucho, no me duele”; “si no hablo, no me expongo”. Pero ese mecanismo, que parece proteger, termina aislando. Y el aislamiento enferma.

Jesús no le exige al hombre un discurso perfecto: primero le devuelve el oído, y con el oído, le devuelve la relación; y con la relación, le devuelve la palabra.
¡Cuánta gente hoy necesita eso! Personas que sufren ansiedad, duelos no resueltos, depresiones silenciosas, heridas familiares, cargas de culpa… Gente que por dentro grita, pero por fuera no puede decirlo.

4) “Todo lo ha hecho bien”: cuando la sanación se vuelve anuncio

Al final la gente proclama: “Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos”. Y como lo subraya alguien: en la Decápolis —tierra pagana— resuena el eco. Marcos nos está diciendo algo profético: el Evangelio tendrá un destino sorprendente, muchas veces acogido con más frescura fuera de los lugares “religiosamente seguros”.

Eso nos pide humildad. A veces el corazón “de dentro” —el de la costumbre, el de la autosuficiencia espiritual— se vuelve impermeable. En cambio, quien se sabe necesitado, quien no presume, quien viene desde la intemperie… recibe la Palabra como pan.

5) Para nuestra vida: tres “Effatá” concretos

Hoy el Señor nos dice “Ábrete” en tres direcciones:

1.    Ábrete a Dios: vuelve a escucharlo. No sólo oír misa; escuchar de verdad. La fe se apaga cuando el oído interior se cierra.

2.    Ábrete a la verdad: reconoce lo que te está dividiendo por dentro. Lo no dicho se enquista. Lo no sanado se repite.

3.    Ábrete al hermano: la comunión se reconstruye con pequeños actos: una llamada, un perdón, un “aquí estoy”, una conversación pendiente.


Oración final (según la intención del día)

Señor Jesús, que dijiste “Effatá”,
pronuncia hoy tu palabra sobre quienes sufren en el alma y en el cuerpo:
sobre el que vive con dolor físico, sobre el que carga ansiedad,
sobre el que no puede dormir, sobre el que se siente solo,
sobre el que se ha quedado sin palabras por la tristeza,
sobre el que se endureció para no llorar.

Ábrenos el oído para escucharte,
ábrenos la lengua para pedir ayuda y para bendecir,
ábrenos el corazón para volver a la comunión contigo y con los hermanos.
Y haz de tu Iglesia un lugar donde el herido no sea juzgado,
sino acompañado y levantado.
Amén.

 

2

 

1. Dios abre caminos… aun cuando nosotros cerramos el corazón

El Evangelio (Mc 7,31-37) nos muestra a Jesús caminando por territorios paganos: Tiro, Sidón, la Decápolis. Es un Jesús que cruza fronteras para que nadie quede fuera de la salvación. Y allí, en tierra gentil, sana a un hombre sordo y con dificultad para hablar.

Pero hoy, la primera lectura nos pone delante la otra cara: cuando el corazón humano se cierra, se rompe la comunión.

Ahías anuncia a Jeroboam que el reino se dividirá (1 Re 11,29-32). ¿Por qué? Porque el pueblo y sus líderes han permitido que el corazón se les parta en dos: una parte para Dios… y otra para los ídolos, los intereses, la autosuficiencia. Y el resultado es dramático: “Israel se rebeló contra la casa de David hasta el día de hoy” (1 Re 12,19).
Cuando se rompe la alianza con Dios, comienzan las fracturas entre nosotros.


2. La gran enfermedad: la sordera interior y la lengua atada

El hombre del Evangelio es sordo y no logra hablar bien. Es una imagen potentísima de lo que ocurre en la vida espiritual y comunitaria:

  • Sordera interior: cuando ya no escuchamos a Dios, ni a los hermanos, ni el clamor del que sufre.
  • Lengua atada: cuando dejamos de bendecir, de pedir perdón, de decir la verdad con amor, de anunciar el Evangelio… y en cambio hablamos con dureza, o callamos por miedo, o nos escondemos en el “no me meto”.

La división del reino en Reyes comienza así: con el oído cerrado a Dios y la conciencia negociando con el pecado. Lo que en el corazón parece pequeño, termina en historia grande de ruptura.


3. Jesús sana con ternura: “Effetá” también para las heridas del alma

Jesús no hace un milagro “frío”. Lo aparta, lo toca, se acerca. Para quien no oye, el gesto es un lenguaje. Para quien está bloqueado, el contacto es una forma de decir: “No estás solo”.

Hay gente que sufre en el cuerpo: enfermedades, cansancio, dolores, diagnósticos.
Y hay gente que sufre en el alma: ansiedad, duelos, depresiones, culpa, heridas antiguas, soledad, adicciones, rupturas familiares.
Muchos cargan ambas cosas a la vez.

Hoy Jesús se inclina sobre esas dolencias y dice: “Ábrete”.
Ábrete a recibir ayuda.
Ábrete a la gracia.
Ábrete a volver a empezar.
Ábrete a hablar con Dios, aunque sea con lágrimas.


4. Provocación caritativa: la Iglesia no puede encerrarse

Que Jesús sane en tierra pagana es un mensaje a los discípulos: el Evangelio no es de un grupito, no es un club de “puros”. Es una medicina para todos.

Y aquí viene la “provocación” que a veces duele: también nosotros podemos tener tradiciones, miedos o prejuicios que —sin querer— bloquean el paso del Evangelio hacia quienes más lo necesitan.

Jesús rompe esas barreras, pero lo hace con caridad: no aplasta; invita. No condena; cura. No humilla; toca.


5. Clave penitencial: el pecado divide; la gracia reúne

La primera lectura nos habla de un reino dividido; el Evangelio nos muestra a Jesús restaurando a un hombre dividido por dentro (incomunicado, encerrado en su limitación).

Esta es una llamada penitencial:

  • Señor, ¿qué ídolos me han ido partiendo el corazón?
  • ¿Qué hábitos, rencores, soberbias o doble vida están rompiendo mi paz?
  • ¿A quién no escucho? ¿A quién no quiero comprender?
  • ¿Qué palabra de perdón tengo atragantada?

El pecado nos aísla; la gracia nos reintegra.
El pecado nos vuelve duros; Cristo nos vuelve compasivos.
El pecado nos encierra; Jesús nos dice: “Effetá”.


6. Llamado final: oír para sanar, hablar para consolar, salir para salvar

Hoy el Señor nos pide tres cosas muy concretas:

1.    Escuchar de nuevo su Palabra con docilidad.

2.    Hablar: bendecir, consolar, pedir perdón, anunciar con sencillez.

3.    Salir: ir hacia los “territorios” donde hay sufrimiento, confusión, lejanía de Dios… y llevar la presencia de Cristo.


7. Intención orante penitencial y por quienes sufren en el alma y en el cuerpo

Señor Jesús,
médico de los cuerpos y de las almas,
hoy venimos con corazón contrito:
hemos permitido que el pecado nos divida por dentro
y que nuestras heridas dividan nuestras relaciones.

Dinos otra vez: “Effetá”.
Abre nuestro oído para escuchar tu voz,
abre nuestra lengua para pronunciar palabras que curen,
abre nuestro corazón para acoger a quien sufre.

Te pedimos especialmente por quienes padecen en el alma:
por los que viven ansiedad, tristeza profunda, culpa, soledad, desesperanza;
y por quienes sufren en el cuerpo:
enfermos, ancianos, agotados, quienes cargan tratamientos o dolores silenciosos.

Tócalos, Señor, como tocaste al hombre del Evangelio.
Y haz de nosotros instrumentos de tu ternura.

Jesús, en Ti confío.

 

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