7 de noviembre del 2026: sábado de la trigésima primera semana del tiempo ordinario II- San Vicente Grossi, memoria libre

 

Testigo de la fe:

San Vicente Grossi (1845–1917)

«Trabajemos, trabajemos, porque debemos llegar cansados al Paraíso», repetía este sacerdote lombardo, fundador del Instituto de las Hijas del Oratorio, dedicado a la educación de los niños. Fue canonizado por el papa Francisco en 2015.

La canonización se celebró el 18 de octubre de 2015, y su conmemoración es el 7 de noviembre. Su obra se orientó especialmente a la formación humana y cristiana de niñas y jóvenes de zonas rurales y de las periferias urbanas, en colaboración con los párrocos.

Prions en Église

 

 

El bien verdadero

Los bienes que tenemos pueden ayudarnos a servir a Dios y a nuestros hermanos. El dinero permite alimentar a una familia, cuidar a un enfermo, sostener una obra de evangelización o aliviar una necesidad. Pero también puede llegar a gobernar nuestras decisiones y endurecer el corazón.

Por eso conviene preguntarnos: ¿qué lugar ocupa lo que poseemos? ¿Podemos compartirlo con libertad? ¿Nos ayuda a amar o nos vuelve indiferentes ante el sufrimiento ajeno?

Jesús nos invita a reconocer a quién estamos sirviendo. En el Evangelio de Lucas enseña que la fidelidad se manifiesta en las cosas pequeñas y que el servicio a Dios es incompatible con someter la vida al dinero. También nos recuerda que Dios conoce nuestro corazón, más allá de las apariencias que mostramos ante los demás.

Esa fidelidad cotidiana toma formas sencillas: cumplir una promesa, pagar justamente, administrar con honradez, prestar ayuda sin esperar recompensa. Allí podemos aprender a vivir con un corazón libre.

El bien verdadero es la comunión con Dios, que nos enseña a recibir con gratitud y a compartir con generosidad. Cuando reconocemos que cuanto tenemos es también una responsabilidad, nuestros bienes pueden convertirse en alimento, consuelo y esperanza para otros.

Señor, ordena nuestros deseos. Enséñanos a usar con sabiduría lo que nos confías y a reconocer las necesidades de quienes están cerca. Que ninguna posesión nos impida responder a tu amor. Amén.

 


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Primera lectura

Flp 4, 10-19

Todo lo puedo en aquel que me conforta

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses.

HERMANOS:
Me alegré muchísimo en el Señor de que ahora, por fin, haya vuelto a florecer su interés por mí; siempre lo habían sentido, pero les faltaba la ocasión. Aunque ando escaso de recursos, no lo digo por eso; yo he aprendido a bastarme con lo que tengo. Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy entrenado en todo y para todo: a la hartura y al hambre, a la abundancia y a la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicieron bien en compartir mis tribulaciones.
Ustedes, filipenses, saben además que, desde que salí de Macedonia y empecé la misión, ninguna Iglesia, aparte de ustedes, me abrió una cuenta de haber y debe. Ya me mandaron a Tesalónica, más de una vez, un subsidio para aliviar mi necesidad; no es que yo busque regalos, busco que los intereses se acumulen en su cuenta. Tengo lo necesario, y me sobra. Estoy plenamente satisfecho habiendo recibido de Epafrodito el donativo de ustedes, que es suave olor, sacrificio aceptable y grato a Dios.
En pago, mi Dios proveerá a todas sus necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

 

Salmo

Sal 111, 1b-2. 5-6. 8a y 9 (R.: 1b)

R. Dichoso quien teme al Señor.

O bien:

R. Aleluya.

V. Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.
R.

V. Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos,
porque jamás vacilará.
El recuerdo del justo será perpetuo.
R.

V. Su corazón está seguro, sin temor.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad dura por siempre
y alzará la frente con dignidad.
R.

 

Aclamación

R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre
para enriquecerlos con su pobreza.
R.

 

Evangelio

Lc 16, 9-15

Si no fueron fieles en la riqueza injusta, ¿quién les confiará la verdadera?

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

EN aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos:
«Gánense amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando les falte, los reciban en las moradas eternas.
El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto.
Pues, si no fueron fieles en la riqueza injusta, ¿quién les confiará la verdadera? Si no fueron fieles en lo ajeno, ¿lo de ustedes, quién se lo dará?
Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No pueden servir a Dios y al dinero».
Los fariseos, que eran amigos del dinero, estaban escuchando todo esto y se burlaban de él.
Y les dijo:
«Ustedes se las dan de justos delante de los hombres, pero Dios conoce sus corazones, pues lo que es sublime entre los hombres es abominable ante Dios».

Palabra del Señor.

 

1

 

Hermanos:

La Palabra de Dios nos invita hoy a preguntarnos: ¿qué lugar ocupa Dios en nuestras decisiones? Podemos decir que creemos en Él, pero conviene mirar qué dirige realmente nuestra vida: qué buscamos, qué nos preocupa y qué estamos dispuestos a compartir.

Jesús nos habla con claridad: «No pueden servir a Dios y al dinero». El dinero permite sostener una familia, cuidar a un enfermo y ayudar a quien pasa necesidad. Por eso debemos administrarlo con responsabilidad. El peligro aparece cuando comienza a mandar en nuestro corazón, cuando por conseguirlo sacrificamos la honradez, descuidamos a nuestra familia o dejamos de ver al hermano.

Este pasaje del evangelio de hoy nos deja una enseñanza de san Ignacio de Loyola: usar las cosas en cuanto nos ayudan a caminar hacia Dios y desprendernos de ellas cuando nos apartan de Él. ¡Cuánta libertad necesitamos para vivir así! Dar gracias por lo que tenemos, cuidarlo y poder compartirlo sin sentir que nuestra vida se acaba al dar algo.

En la primera lectura, san Pablo nos muestra esa libertad. Ha aprendido a vivir en la abundancia y también en la escasez. Su apoyo más profundo es Cristo: «Todo lo puedo en aquel que me conforta». Es la confianza de quien sabe que el Señor lo sostiene también cuando tiene hambre, sufre o atraviesa dificultades.

Y esa confianza lo lleva a agradecer la ayuda de los filipenses. Reconoce que han compartido su tribulación. Allí encontramos una enseñanza preciosa: nuestra solidaridad puede ser la respuesta concreta de Dios a la oración de alguien. Una ayuda para comprar alimentos, una medicina o una visita pueden hacerle sentir: «Dios no se ha olvidado de mí».

El salmo completa este mensaje presentándonos a una persona que respeta al Señor, actúa con justicia y comparte con los pobres. Su fe se reconoce en la manera de tratar a los demás. También nosotros damos testimonio cuando cumplimos una promesa, pagamos lo justo o cuidamos con honradez lo que nos han confiado.

En esta memoria de María en sábado, miramos a nuestra Madre. Su corazón estuvo disponible para Dios. Esa disponibilidad la puso en camino hacia Isabel y la hizo atenta a la necesidad de los esposos en Caná. María nos enseña que un corazón lleno de Dios tiene espacio para las necesidades ajenas.

Pidámosle que nos ayude a vivir la fidelidad en las cosas pequeñas. Hoy podemos comenzar con un gesto concreto de generosidad, una responsabilidad cumplida con amor o una ayuda que llevamos tiempo aplazando.

Al recibir a Jesús en la Eucaristía, dejemos que su entrega transforme nuestra manera de vivir.

Señor, danos un corazón agradecido, honrado y generoso. Que sepamos compartir cuanto nos confías. Y tú, María, Madre nuestra, enséñanos a poner a Dios en el centro y a servir con alegría. Amén.


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