miércoles, 27 de diciembre de 2023

28 de diciembre del 2023: Los Santos Inocentes

 

Testigos de la fe

Los Santos Inocentes

Hoy son honrados “todos los niños de Belén y sus alrededores, menores de dos años”, que fueron asesinados, por orden del rey Herodes, después del nacimiento de Jesús.

El clima navideño es entristecido rápidamente por la maldad de los hombres y las desgracias del mundo. La fiesta de los Santos Inocentes nos recuerda que el sufrimiento y la cruz acompañan necesariamente la salvación traída por Jesús.

 

(1 Juan 1, 5 — 2, 2) Los niños, sin vida entre los escombros de un bombardeo, imploran a su manera la paz de la Navidad. Su martirio hace insoportable la mentira de los que traman en la oscuridad, a veces pretendiendo estar al servicio de Dios

 

(Mateo 2, 13-18) Hoy, aún, como al día siguiente de la Natividad de Jesús, niños inocentes son arrancados violentamente del amor de sus padres y sus seres queridos. Oh, Emanuel, Oh príncipe de la paz, sálvanos de tanto odio, de tanta violencia, ¡de tanta maldad!

 


José, el siervo fiel


(Mateo 2, 13-18) Claramente, es en sueños cuando José percibe la voluntad de Dios: así como fue invitado a acoger a María en su casa, es invitado a levantarse, tomar al niño y a su madre para huir del odioso proyecto de Herodes. Asimismo, también se levantará para regresar a la región de Galilea. Confía en Dios que le confía a su Hijo para escapar de la masacre decretada por el rey Herodes. Invítame, Señor, a levantarme y dame la fuerza para confiar en ti para responder a tus llamados. 

Gérard Naslin, sacerdote de la diócesis de Nantes


Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (1,5–2,2):

Os anunciamos el mensaje que hemos oído a Jesucristo: Dios es luz sin tiniebla alguna. Si decimos que estamos unidos a él, mientras vivimos en las tinieblas, mentimos con palabras y obras. Pero, si vivimos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos unidos unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia los pecados. Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y no somos sinceros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y no poseemos su palabra. Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

Palabra de Dios


Salmo

Sal 123,2-3.4-5.7b-8

R/.
 Hemos salvado la vida,
como un pájaro de la trampa del cazador


Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros. R/.

Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas espumantes. R/.

La trampa se rompió, y escapamos.
Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra. R/.

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (2,13-18):

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.»
José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto.» Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes; es Raquel que llora por sus hijos, y rehúsa el consuelo, porque ya no viven.»

Palabra del Señor



Valor ante el mal

 

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.»

 

Mateo 2:13

 

El evento más glorioso que haya tenido lugar en nuestro mundo también llenó a algunos de odio e ira. Herodes, celoso de su propio poder terrenal, se sintió muy amenazado por el mensaje que le transmitieron los Magos. Y cuando los Magos no regresaron a Herodes para decirle dónde se encontraba el Rey Recién Nacido, Herodes hizo lo impensable. Ordenó matar a todos los niños menores de dos años que se encontraban en Belén y sus alrededores.

Tal acto es difícil de comprender. ¿Cómo pudieron los soldados llevar a cabo un complot tan malvado? Imagine el profundo duelo y la devastación que tantas familias encontraron como resultado. ¿Cómo podría un gobernante civil asesinar a tantos niños inocentes?

Por supuesto, en nuestra época, tantos líderes civiles continúan apoyando la práctica bárbara de permitir la matanza de inocentes dentro del útero. Así, en muchos sentidos, la acción de Herodes no es tan diferente a la de hoy.

El pasaje anterior nos revela la voluntad del Padre con respecto no solo a la protección de Su Hijo divino, sino también Su voluntad divina para la protección y santidad de toda vida humana. Fue satanás quien inspiró a Herodes a matar a esos preciosos e inocentes niños hace tanto tiempo, y es satanás quien continúa promoviendo una cultura de muerte y destrucción en la actualidad. ¿Cuál debe ser nuestra respuesta? 

Nosotros, como San José, debemos ver como nuestro deber solemne proteger a los más inocentes y vulnerables con determinación inquebrantable. Aunque este Niño recién nacido era Dios, y aunque el Padre en el Cielo pudo haber protegido a Su Hijo con una miríada de ángeles, fue la voluntad del Padre que un hombre, San José, protegiera a Su Hijo. Por eso, también debemos escuchar al Padre llamándonos a todos y cada uno de nosotros a hacer todo lo posible para proteger a los inocentes y más vulnerables,

Reflexiona, hoy, sobre la voluntad de Dios para tu vida. ¿De qué manera te está llamando Dios a ser como San José y proteger a los más inocentes y vulnerables? ¿Cómo estás siendo llamado a ser un guardián de aquellos confiados a tu cuidado? Ciertamente, a nivel civil, todos debemos trabajar para proteger la vida de los que están por nacer. Pero todos los padres, abuelos y todos aquellos a quienes se les ha confiado la responsabilidad de otro deben esforzarse por proteger a quienes están bajo su cuidado de innumerables otras formas. Debemos trabajar diligentemente para preservarlos de los males de nuestro mundo y de los numerosos ataques del maligno sobre sus vidas. Reflexiona hoy sobre esta cuestión y deja que el Señor te hable de tu deber de imitar al gran protector, San José.

 

Señor, dame perspicacia, sabiduría y fuerza para que pueda trabajar de acuerdo con Tu voluntad para proteger a los más inocentes de los males de este mundo. Que nunca me acobarde ante el mal, y que siempre cumpla con mi deber de proteger a los que están a mi cuidado. San José, ruega por mí. Jesús, en Ti confío.

 


Santos inocentes, mártires

 

28 de diciembre: fiesta
cuarto día de la octava de Navidad

Santos Patronos de los bebés

 

Nadie es menos merecedor de la muerte que un bebé

 

Herodes el Grande no fue grande. Él era malvado. Herodes el sociópata, o Herodes el diablo, serían títulos más precisos. Herodes asesinó a su propia esposa y conservó su cadáver en miel. Tuvo dos de sus propios hijos estrangulados hasta la muerte. Rutinariamente liquidaba a cualquiera sospechoso de deslealtad. Tenía un harén de quinientas mujeres, una prole de hijos ilegítimos y un gusto por los pajes que servían en su palacio. El emperador romano Augusto, el patrón de Herodes, estaba asombrado por su sed de sangre. Un historiador contemporáneo escribió que Herodes era "un hombre de gran barbarie hacia todos". Herodes fue simplemente el rey más despiadado de su tiempo. Fue este Herodes cuyo hijo decapitó a Juan el Bautista. Fue este Herodes quien asustó a José y María para que huyeran a Egipto. Fue este Herodes cuya furia habría colgado a cada uno de los tres sabios de una viga si un ángel no les hubiera advertido que regresaran a casa por otro camino. Y fue este Herodes cuyo salvajismo se conmemora hoy, la Fiesta de los Santos Inocentes. Ordenó la matanza de numerosos bebés varones en Belén y sus alrededores con la esperanza de eliminar solo a uno. Pesadas en la distorsionada balanza moral de Herodes, muchas muertes valían una amenaza cancelada.

En el Antiguo Testamento, el faraón ordenó ahogar a todos los bebés varones judíos en un deseo de reprimir a la población israelita y una posible amenaza a su gobierno ( Éxodo 1:22 ). A medida que llegaron a la edad adulta, tanto Moisés como Cristo seguramente se dieron cuenta de los duros sacrificios que otros habían soportado para poder vivir y cumplir el plan de liberación de Dios para su pueblo. Moisés y Cristo están unidos por el doble esfuerzo de los gobernantes duros de apagar sus vidas como una vela. Moisés también está al lado de Cristo en la Transfiguración, que evoca el propio encuentro transformador de Moisés con Dios en la zarza ardiente. Entonces, en muchos sentidos, Cristo es un nuevo Moisés, el cumplimiento de la profecía de Moisés de que Dios levantaría un profeta como él para hablar todo lo que el Señor ordenó ( Deuteronomio 18: 15-19 ).

Los inocentes de hoy son considerados los primeros mártires de la Iglesia, aunque es más preciso decir que murieron en lugar de Cristo que por Él. 

Tanto en las Escrituras como en la historia secular, mueren inocentes para que el héroe sobreviva para lograr su misión. Solo podemos imaginar los rostros de las madres arrugados por el dolor y los ojos de los padres llenos de horror cuando sus bebés fueron arrancados a la fuerza de sus brazos, para nunca regresar a la suave cuna de la vida familiar. Muchos de estos Inocentes nunca rebotaron sobre las rodillas de la abuela, dieron un primer paso tambaleante hacia los brazos abiertos de su madre o construyeron castillos en la arena. 

Hay una tristeza más amarga en lo desconocido de lo que cada uno "podría haber sido" que en cualquier "tenido y perdido". 

Al morir para que Otro pudiera vivir, los Santos Inocentes fueron otros Cristos. 

Los frutos de los sacrificios de muchos mártires se cosechan mucho después de su muerte, y hoy no es una excepción. Quizás los Santos Inocentes estén muy cerca del altar de Dios en el cielo en este momento. Quizás fueron los primeros en dar la bienvenida a Cristo a Su trono en Su Ascensión al cielo. Quizás estos primeros brotes del martirio cristiano florecieron hasta convertirse en adultos en el cielo. Es una obviedad de justicia que es mejor que nueve culpables salgan libres que un inocente sea castigado. Nadie es más inocente que un bebé. Sin embargo, estos bebés murieron en el último crimen de odio para que se pudiera lograr su propia redención.


Santos Inocentes de Belén, murieron sin nombre a manos de un loco. Que vuestras almas prístinas, lavadas en sangre, den esperanza a todos los que sufren injustamente, que un día su sacrificio será recompensado con triunfo, no sólo para ellos mismos, sino también para los que le siguen.

27 de diciembre del 2023: Fiesta de San Juan, Apóstol y Evangelista


Testigo de la fe:

San Juan  (siglo I)


Hermano de Santiago el Mayor, fue el único de los Apóstoles presente en la crucifixión. Jesús le confió a María. Se le atribuyen el cuarto evangelio y el Apocalipsis.

Celebremos a Juan: durante la Última Cena, descansó sobre el pecho del Señor; Bienaventurado el Apóstol a quien fueron revelados los secretos del cielo: por él la palabra de vida se difundió por toda la tierra.

 


ver y creer

(Juan 20, 2-8) El acto de fe es una respuesta a una invitación. 

El discípulo Juan, “aquel a quien Jesús amaba”, ve el sepulcro vacío y esto le basta para pasar de la visión a la fe. Sin duda recuerda las confidencias que el Maestro hizo a sus discípulos. No es el primero en entrar en la tumba, pero sí el primero en creer que Cristo ha resucitado. Señor, no permitas que me contente con ver, aumenta la fe en mí. ■

Gérard Naslin, sacerdote de la diócesis de Nantes


(1 Jn 1, 1-4) "Lo que hemos contemplado ..." Este es el camino del apóstol: contemplar a Cristo, Verbo eterno ofrecido a la humanidad, para salvarla. Contemplar es más que mirar al pasar: es dejar que la belleza del totalmente Otro habite nuestros corazones y nos transforme día a día.


(Juan 20, 2-8) ¿Qué vio Juan cuando entró tranquilamente en el sepulcro después de haberse apresurado tanto para llegar? Vio la ausencia del cuerpo de Jesús, y en la ausencia, la Presencia. La fe muestra al Dios viviente tan ciertamente como el amanecer anuncia el día.



Primera lectura

Comienzo de la primera carta del apóstol san Juan (1,1-4):

Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de la vida (pues la vida se hizo visible), nosotros la hemos visto, os damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó. Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis unidos con nosotros en esa unión que tenemos con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestra alegría sea completa.

Palabra de Dios

 

 

Salmo

Sal 96,1-2.5-6.11-12

R/.
 Alegraos, justos, con el Señor

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R/.

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R/.

Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre. R/.

 

 

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,2-8):

El primer día de la semana, María Magdalena echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Palabra del Señor



El discípulo amado


El primer día de la semana, María Magdalena echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro.

Juan 20:1–3

 

Es interesante que San Juan se refiera a sí mismo como el discípulo “a quien Jesús amaba”. Por supuesto, Jesús amaba a todas las personas. Amaba a todos los discípulos. Pero en el Evangelio de Juan, este título único del discípulo amado se le da a Juan.

San Juan Apóstol puede entenderse como este discípulo amado por muchas razones. 

Primero, recuerda la especial cercanía y afecto que Juan le muestra a Jesús en la Última Cena cuando Juan se reclinó a su lado. 

Recordemos, también, que fue Juan solo quien estuvo al pie de la Cruz con la madre de Jesús y que Jesús confió Su madre a Juan y Juan a Su madre. 

Y observe en el pasaje anterior que fue Juan quien primero corrió hacia la tumba vacía tan pronto como María Magdalena le reveló su descubrimiento.

Además, muchos eruditos creen que Juan es el discípulo más joven. Y como un discípulo más joven, puede haber recibido una atención paternal especial de nuestro Señor.

Sin embargo, Juan también puede ser entendido como el discípulo amado por otra razón. En pocas palabras, así es como Juan se vio a sí mismo cuando escribió su relato del Evangelio. Juan pudo haberlo hecho porque contar la historia de la vida de Jesús era profundamente personal para él. Su propio amor y afecto por su Señor era la pasión central y más consumidora de su alma. Y parece que cuando Juan habla de Jesús y de sus propios encuentros con Jesús, Juan se vio obligado a reflexionar en oración sobre el amor santo y espiritual que Jesús tenía por él. Así, parece que Juan no podía hablar de sus encuentros con nuestro Señor sin identificar también el amor divino que los unía. Es como si cada vez que su relato evangélico hablara de un encuentro que tuvo con Jesús, Juan se sintiera abrumado por el simple hecho de que Jesús, el Hijo de Dios, el Mesías, lo conocía y lo amaba personalmente.

En este caso, es bastante hermoso, a nivel espiritual, reflexionar sobre el alma de Juan. 

Era clara y profundamente un hombre tocado por Dios en la persona de Jesús. Y después de que Jesús ascendió al cielo, parece que el amor santo de Juan por Jesús solo creció. A medida que avanzaba como Apóstol, predicando acerca de la salvación que viene a través de su Salvador y querido amigo, claramente se acercaba más a nuestro Señor día tras día. 

Cuando Juan escribió su Evangelio hacia el final de su vida, su corazón estaba claramente inflamado con el amor divino mientras esperaba intensamente estar completamente unido a su Señor en el Cielo.

Mientras honramos a este Apóstol único y santo, reflexiona hoy sobre la simple verdad de que tú también estás invitado a compartir el amor santo e íntimo compartido por Jesús y San Juan. 

Reflexiona sobre el hecho de que nuestro Señor también te ama con perfecta caridad, intimidad y totalidad. Si puedes contemplar el amor en el corazón de este amado discípulo, entonces tú también puedes compartir ese amor y convertirte en un amado discípulo.

 

Mi amado Señor, el amor que le diste al discípulo Juan fue perfecto en todos los sentidos. Después de Tu ascensión al Cielo, continuaste profundizando Tu relación con él, acercándolo cada vez más a Tu Sagrado Corazón. Por favor, derrama sobre mí ese mismo amor y llévame a Tu Corazón para que yo también me convierta en Tu amado discípulo. San Juan, ruega por nosotros. Jesús, en Ti confío.


 

San Juan Apóstol y Evangelista


c. Principios del siglo I – c. 100

Santo Patrón de los autores,

Virtudes: lealtad y amistad

 

Fuera del cristianismo, hay pocas razones para creer que Dios es amor.

 


A fines de los años 300, mientras vivía en Palestina, San Jerónimo relata una anécdota conmovedora que todavía se cuenta en ese momento sobre Juan el Evangelista. Cuando Juan era viejo y débil, cuenta Jerónimo, y ya no podía caminar ni predicar, se dejaba llevar entre los fieles de la iglesia y repetía solo una cosa una y otra vez: “Hijitos míos, amaos unos a otros”. 

San Policarpo, a través de San Ireneo, nos dice que la larga vida de San Juan terminó pacíficamente en Éfeso alrededor del año 100 d.C. Juan fue el único Apóstol que no murió mártir.

La vejez de Juan en Éfeso estaba muy lejos de donde comenzó su vida a orillas del Mar de Galilea. 

El joven Juan estaba sentado en su barca remendando sus redes junto a su hermano Santiago cuando pasó un maestro enigmático pero que hablaba con franqueza y que vivía en las cercanías de Cafarnaúm ( Mt 4:13 ). Jesús vio a los hermanos en la orilla del lago y  los desafió a seguirlo y convertirse en pescadores de hombres ( Mt 4: 21-22). Juan y su hermano dijeron "Sí". 

Su respuesta inmediata y generosa los colocó en el centro al rojo vivo de un movimiento que cambiaría el mundo. Desde ese momento decisivo en adelante, Juan estuvo al lado de Cristo en los tiempos tranquilos y en los momentos trascendentales. 

Pedro, Santiago y Juan fueron los Tres privilegiados dentro de los Doce. 

Juan vio a Cristo transfigurado en el monte Tabor y se preguntó qué significaba. Se apoyó contra Jesús en la Última Cena y estuvo ante Su cuerpo crucificado al pie de la cruz. 

Juan fue el primero en llegar a la tumba vacía el primer domingo de Pascua, aunque se abstuvo de entrar al fondo de la tumba primero y dejó que se le adelantara  Pedro, por respeto a su edad y autoridad. 

Juan ve al Jesús resucitado en el cenáculo y luego de regreso donde todo comenzó, en el Mar de Galilea. 

Juan persevera a pesar de la persecución, incluso del asesinato de su hermano por inspiración religiosa.

El Evangelio de Juan es estilísticamente distinto de los de Mateo, Marcos y Lucas. Probablemente lo escribió en su vejez. Quizás muchos años de calma suavizaron el tono del Evangelio, permitiendo a Juan extraer el amor puro de Dios más que su lucha.

El Evangelio de Juan, sus cartas y su Libro del Apocalipsis se destacan. Ofrecen una alta teología de Cristo, una visión sobrenatural, a menudo mística, del papel de Cristo en la salvación. 

Juan es el apóstol que mejor transmite el amor de Dios. Es un lugar común decir que Dios es amor. 

También es un lugar común decir que cualquier descripción adicional de Dios complica Su sencillez y conduce a discusiones, división y violencia. Sin embargo, la declaración cristiana de que “Dios es amor” es como una bandera ondeando al viento en la cima de una montaña de pensamiento: pensamiento teológico y filosófico complicado y matizado. Lo más simple que podemos decir acerca de Dios está ligado a lo más complejo que podemos decir acerca de Dios. Fueron necesarios siglos de escalada para plantar esa bandera del amor en la cima. Decir que Dios es amor implica una gran cantidad de verdades de apoyo. 

La dureza y la aparente injusticia de la vida no llevan naturalmente a la conclusión de que Dios es amor, y nadie dijo que Dios era amor antes de que los cristianos lo dijeran. Para muchos, Dios fue y es un maestro, un guerrero, un héroe, un roble, una cascada o un amanecer. 

Dios fue un fuerte terremoto, una poderosa tormenta, un maremoto que ahogó la nueva colonia. Dios tomó venganza por los pecados e inundó la tierra cuando la gente desobedeció. Era como un cazador al acecho, su arco arqueado con flechas listas para lanzar. 

Al leer la historia del hombre y experimentar la vida cotidiana, no queda claro en absoluto que Dios es amor. Dudamos cuando nos dicen esto. Tenemos que ver esto. Tenemos que experimentar esto. Y la Iglesia nos lo dice y nos muestra constantemente.

 Que mucha gente en todo el mundo piense instintivamente que Dios es amor es un triunfo de la Iglesia y de San Juan Evangelista. 

Decir esto y pensar esto es romper la lanza contra la pared de ladrillos de la vida diaria. Pero también es decir la verdad, una verdad recibida. Dios se ama a sí mismo en la Santísima Trinidad primero, y luego ese amor irradia hacia afuera para todos nosotros. Sin saber eso, no podemos conocer el resto.

 

San Juan Evangelista, escribiste sobre el amor de Dios por ti, el discípulo amado de Cristo. A través de tu intercesión en el cielo, inspira a todos los escritores y evangelistas a transmitir la bondad y el amor de Dios, para que el mundo entero sepa que hay una persona, una persona divina, que se preocupa por todos y cada uno de los que habitamos este mundo…Amén¡

 

lunes, 25 de diciembre de 2023

24 y 25 de diciembre 2022: Solemnidad de la Natividad del Señor



Luz en nuestra noche


Hoy, un salvador nos ha nacido. Hace más de 20 siglos, una luz se ha puesto en lo alto. Ella ilumina todavía nuestras noches. Jesús se hizo uno de nosotros, tomando nuestra carne. Nada ni nadie en adelante, podrá separarnos del amor de Dios.



1.     A los fieles hay que decirles que lo que hoy celebramos no es un hecho pasado, que duerme en la historia. El misterio del Dios hecho hombre y el de nuestra divinización liberadora tiene lugar hoy, en el "ahora" de la fiesta. Dios sigue manifestándosenos hoy, liberándonos de la esclavitud y del egoísmo, iluminándonos el camino, solidarizándose con nosotros, con nuestras luchas y nuestros sufrimientos. Hay que ayudar a la comunidad cristiana a que sea consciente de esto y se sumerja en el misterio que celebramos. Sólo de esta forma será posible colmar la esperanza que, a lo largo del Adviento, se ha ido despertando en nosotros.
Si no fuera así la espera del Adviento quedaría sin respuesta.

2. En la Eucaristía -que los cristianos repetimos sobre todo el domingo, el día del Señor- se nos hace presente de un modo sacramental y se nos da como alimento el mismo Jesús que nació en Belén hace veinte siglos, y el mismo Jesús que vendrá al final de los tiempos como Señor Glorioso y Juez de la historia.
En cada Eucaristía entramos en comunión con Él. Cada Eucaristía es como la Navidad, la Pascua y la Venida final, condensadas para nosotros, con toda la gracia y la salvación que el Hijo de Dios ha querido traer a nuestras vidas.

EMPIEZA EL TIEMPO DE NAVIDAD.
Un nuevo "tiempo fuerte", después de las cuatro semanas de Adviento: hasta el 9 de enero del 2022, en  la fiesta del Bautismo del Señor, celebramos los cristianos la Manifestación del Salvador. Se tendrá que notar en el modo de la celebración: cantos, tono festivo, potenciación del Gloria cantado, etc.
Para las celebraciones de este primer día, recordar que los formularios de lecturas de las tres misas del 25 son "intercambiables", y que incluso se pueden utilizar en la misa de la vigilia, si para bastantes va a ser ésa la Misa de Navidad. Lo que habría que cuidar es que cada año no se elijan las mismas lecturas, porque resultan educativas en su complementariedad. Por ejemplo, los dos evangelios (sucesivos) de Lucas en torno al anuncio a los pastores, son muy interesantes. Pero también lo es el gran himno a la Palabra viviente de Dios que es el prólogo de Juan (que en este año no se repetirá, como los demás años, en el domingo 2o después de Navidad).

El día de Navidad se celebran tres misas: la de la vigilia (misa del Gallo), la de la madrugada (misa de la Aurora) y la del día. El tiempo litúrgico de Navidad se prolonga hasta el domingo del Bautismo del Señor.

Los antiguos romanos denominaban el Canto del Gallo al comienzo del día, en la media noche, de ahí viene el nombre de Misa del Gallo a la misa que se celebra en la media noche.


Hacer la experiencia de Dios

Dios pequeño y frágil




En la noche de nuestro mundo, Dios viene a nosotros en un recién nacido, acostado en el comedero de un establo. Quien puede esperarse la venida de un Dios tan humilde, tan frágil y tan cercano a nosotros? Navidad es la revelación del verdadero rostro de Dios.


Evangelio Según San Lucas 2,1-14

Por aquellos días salió un decreto del emperador Augusto, por el que se debía proceder a un censo en todo el imperio. Éste fue llamado el primer censo, siendo Quirino gobernador de Siria.
Todos, pues, empezaron a moverse para ser registrados cada uno en su ciudad natal. José también, que estaba en Galilea, en la ciudad de Nazaret, subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, porque era descendiente de David
Mientras estaban en Belén, llegó para María el momento del parto  y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, pues no había lugar para ellos en la sala principal de la casa.
En la región había pastores que vivían en el campo y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños. Se les apareció un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de claridad. Y quedaron muy asustados.
Pero el ángel les dijo: «No tengan miedo, pues yo vengo a comunicarles una buena noticia, que será motivo de mucha alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, ha nacido para ustedes un Salvador, que es el Mesías y el Señor. Miren cómo lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre.»
De pronto una multitud de seres celestiales aparecieron junto al ángel, y alababan a Dios con estas palabras: «Gloria a Dios en lo más alto del cielo y en la tierra paz a los hombres: ésta es la hora de su gracia.»

Palabra de Dios 



A guisa de introducción


La experiencia de Dios

La experiencia de Dios no es necesariamente algo sensacional que se salga de lo ordinario. Hay sin ninguna duda una experiencia de Dios que difiere de la mayoría de las experiencias a las cuales nosotros estamos acostumbrados; está el silencio profundo, la oscuridad radiante, el vacío que llena de plenitud…La soledad cuando se le descubre más que como una novia o compañera, sino también como el hábitat donde puede hablarnos Dios…

Hay rayos de eternidad y de infinito, sorprendentes e inexplicables, que nos emocionan de una manera inesperada en medio de nuestras tantas ocupaciones.

Agreguemos que en presencia de la belleza y del amor, nosotros tenemos la impresión de ser transportados fuera de nosotros mismos. Es raro que consideremos esas experiencias como sensacionales o extraordinarias. Nosotros no conocemos su verdadera naturaleza y continuamos nuestra búsqueda de la gran experiencia de Dios que vendrá para transformar nuestras vidas.

La verdad es que para hacer la experiencia de Dios no se necesita de grandes cosas. Es suficiente con encontrar la calma y llegar a ser conscientes de nuestras sensaciones corporales, por ejemplo sentir el tacto en nuestra mano…Y bien SI! Ahí se encuentra Dios, vivo, obrando en nosotros, tocándonos, intensamente, cerca de nosotros. Eso es hacer la experiencia de Dios…

Se considera esta experiencia como “tener bien puestos los pies sobre la tierra”.
Hacer la experiencia de Dios, es ciertamente mucho más que percibir las sensaciones de nuestra mano, derecha o izquierda.

Nos parecemos a los judíos que escrutaban el avenir en la espera de un Mesías glorioso, sensacional…cuando el Mesías estaba tan cerca de ellos, bajo la forma de un niño llamado Jesús.

Olvidamos con demasiada facilidad que una de las grandes lecciones de la Encarnación (Dios que se hace hombre en medio de nosotros) es que a Dios se le encuentra en la vida ordinaria, en nuestra cotidianidad.

Ustedes desean ver a Dios?

Escuchen el llanto de un niño, una risa sonora en una fiesta, el ruido que hacen los arboles agitados por el viento.

Quiere usted sentir a Dios?

Tiéndale la mano a alguien o simplemente cálmese, apacígüese, tome conciencia de todo el poder de Dios que se encuentra ahora obrando en usted y hasta qué punto Él esta tan cerca suyo…Emmanuel= Dios con nosotros.

Dios es lo Infinito y por lo tanto, El viene a nosotros en lo finito, en el mundo!
Por qué buscar lejos o en otra parte Aquel que está cerca de nosotros?
Por qué pretender buscar en las nubes Aquel que se hace pequeño en una Palabra, en un trozo de pan?

Dios está con nosotros y es para permanecer por siempre a nuestro lado.



Sin Navidad no puede existir Pascua (2)


(reflexión basada en el evangelio del día de la Navidad:
 25 diciembre del 2016)


corazón de pastor

 

En esta noche de Navidad, la liturgia nos invita a mirar a los pastores que cuidan sus rebaños a la luz de las estrellas y a ver la gloria del Señor envolviéndolos en su luz. Para escuchar la buena noticia del nacimiento del Salvador anunciada por el profeta Isaías al pueblo liberado del yugo que pesaba sobre él, de la barra que le hería el hombro, del cayado del tirano. Compartir la experiencia de los pastores embargados por la alegría y el gozo que los hace salir apresuradamente a buscar al recién nacido, encontrándolo envuelto y acostado en un pesebre.
¡Qué llamada tan sorprendente! Llamado a reconocer al Salvador, Cristo y Señor, en este recién nacido que está en un lugar humilde en un pesebre. Llamado a descubrir, con los pastores asombrados, al Príncipe de la Paz que llegó como un niño pobre, al corazón de las tinieblas y de la fragilidad de nuestra humanidad. Respondamos a esta llamada preparándonos para este encuentro extraordinario en lo ordinario de nuestra vida, haciéndonos pequeños pobres, a su manera. Presentados a José, María y el Niño, sintonicemos nuestro corazón con el de los pastores, aquellos que recibieron por primera vez la asombrosa noticia de la salvación para llevarla al pueblo que camina en tinieblas: la señal del poder del Príncipe de - la-Paz, la Paz es un niño envuelto y acostado en un pesebre. Promesa de un reino de paz, basado en la ley y la justicia ahora y para siempre.

¿Tengo el deseo de acoger al Príncipe de Paz en lo concreto y ordinario de mi vida y trabajar con él en el reino de Dios?
¿Cómo puedo compartir mi fe en la esperanza de salvación ofrecida a todos?

Anne Da, Javiera



Lectura del santo evangelio según san Juan (1,1-18):

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: "El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo."» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.
Palabra del Señor


Aproximación Psicológica al texto del Evangelio:
El sentimiento ante la Navidad es ambiguo. Muchos esperan con impaciencia e ilusión este tiempo de fiestas donde la atmósfera es de alegría O diversión permanente, uno hace ruido, otros se intercambian regalos, se juega a los tradicionales aguinaldos (me imagino que unos pocos), se hacen encuentros y reuniones de parientes y amigos, donde el tiempo de trabajo se detiene por unos cuantos días u horas para darle lugar a espacios de gratuidad.
Para otros, por el contrario, es la angustia en esos grandes momentos de soledad, el llamado tortuoso de los hijos que ya no están más aquí o que no llegarán, o el dolor de no poder hacer parte de la fiesta…Por ejemplo en Quebec –Canadá - hace 8 años, conocí a Alfonso, un migrante mexicano que había sufrido mucho  por las adicciones, lo que con el tiempo hizo que vinieran otros males más complejos y se viera de pronto sin familia (porque decide abandonarlo), solo, dependiendo de personas y organismos estatales, perdiendo su autonomía…no se demasiado, pero en todo caso desde lo profundo del corazón me decía conscientemente que esta época del año no hacía sino más que reabrirle  la herida que no cicatrizaba este hombre,  por una familia que no existe más.
Es la misma ambigüedad que uno encuentra en el relato del evangelio previsto para la liturgia del 25 de diciembre “La luz es aquella que está ahí y brilla en las tinieblas pero no ha logrado llegar a iluminar (expandirse por) todo…y es por su causa que el mundo ha llegado a existir, pero desgraciadamente éste no la ha reconocido…”. Qué puede ser más deseable que la VIDA y la LUZ? La Navidad coincide con ese momento en que celebramos la prolongación del día y la disminución de la noche. Por qué entonces hablar de un rechazo de la luz? Igualmente, según el evangelista, al igual que esta Palabra de Dios (Jesucristo) nosotros estamos tejidos con la misma fibra. Qué significa entonces la afirmación o el hecho de “que el mundo no la ha reconocido (la luz)? Hay aquí algo trágico que es necesario intentar comprender. Puesto que lo se dice en una palabra, es que la alienación en relación a su ser verdadero hace parte de nuestro mundo, y entonces describe una faceta de nuestras vidas.
Según ustedes, cuál es una de las más grandes dificultades de la vida?, será acaso la vida misma, donde otras muchas (dificultades) convergen? Personalmente respondo: la VIDA misma, la existencia misma. Puesto que hay, y en eso estoy de acuerdo, la alegría de vivir, pero también está el envejecimiento y la muerte. Hay el placer de descubrir, pero también existen los límites donde cada pequeña respuesta es obtenida de manera penosa y a cuenta gotas. Está el placer de este cuerpo que puede correr y bailar, pero también está la enfermedad, los problemas mentales y físicos (hándicaps), las consecuencias de un cuerpo demasiado obeso o demasiado pequeño y . Hay la maravilla del amor, pero también existen la soledad, el odio y la violencia. Hay esta cosa única y misteriosa llamada: LIBERTAD. Pero esta libertad cede lugar a un montón de opciones (o decisiones) catastróficas, hasta tal punto que la primera cosa que sería eliminada si el hombre pudiera re-crear (VOLVER A CREAR) al hombre-es una convicción personal- es la LIBERTAD.
Aceptar celebrar Navidad, es entrar en este mundo de sombras y de luz, es volver aceptar este largo nacimiento de sí mismo y de este mundo que habitamos, no tal cual como nos lo imaginamos cuando tomamos caminos de evasión sino tal como él es realmente. Dónde, piensan ustedes se ha reconstruido la persona de Jesús tal como lo revelará sus 3 últimos años, sino en la cotidianidad de Nazaret? Dónde se ha afinado su percepción de Dios, sino es en su oración y en el contacto con los eventos y los seres (personas)?
De manera simbólica, nuestra actitud ante el cuerpo, a la vez querido y detestado, fuente a la vez de tantas alegrías y penas, condensa el sentido de nuestras relaciones con el universo. Cada quien encontrará un movimiento de vaivén entre la plena aceptación y el rechazo, entre un compromiso consciente y una pasividad total. Por lo tanto, la tierra prometida hacia la cual nos ha hecho caminar el Adviento, no está en otro sitio más que aquí, y si Pascua puede producirse, es necesario primero nacer a su yo y a su mundo, es necesario entrar en esta carne para esperar vivir la resurrección de la carne, esta carne donde el Verbo de vida ha posado su tienda.
Es costumbre en los ambientes religiosos condenar la fiesta mercantil de Navidad. Por qué no superar las sombras de esos condicionamientos sociales, y ver en esos múltiples momentos de festividades esta luz que muestra esta cara de cada uno de nosotros, un ser que, más allá del trabajo, tiene necesidad de los otros para aprender a vivir? Por qué no ver en esos momentos, cuando los niños ocupan la escena, a pesar de los excesos del niño-rey (consentido, mimado…) que nuestra persona no se define primordialmente por su trabajo, su status social, sus entradas, sino por su lado único y porque está en crecimiento incesante?
Pueda la Navidad ser ese momento de reconciliación con la persona que somos, con este mundo que es el nuestro. Pues no hay otro lugar para caminar hacia la Pascua (pasaje del mal al bien, del pecado a la gracia, de la muerte a la vida).
FELIZ NAVIDAD PARA TODOS! 

MUCHAS BENDICIONES Y GRACIAS DE DIOS PARA TODOS LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD!

El testimonio maduro y convencido de San Juan (3)



25 diciembre del 2016: 
Misa del día de Navidad





REFLEXIÓN CENTRAL
El testimonio maduro y convencido de San Juan

En NAVIDAD, los cristianos tenemos dos celebraciones: una en la noche y la otra en el día. Mas el día no es la noche: qué diferencia!
Las lecturas propuestas para la noche y las propuestas para el día, pertenecen a dos mundos diferentes.
En la noche nos sentíamos atraídos por el pesebre: hemos visto al niño, hemos vivido el acontecimiento con José y María, ocupamos un lugar entre los pastores. Nos maravillamos de tanta HUMANIDAD: Dios hecho uno de nosotros, Emanuel: Dios con nosotros.
Ahora que el día avanza, escuchamos en las lecturas cosas muy diferentes a las de la noche anterior. Entre lo que acabamos de escuchar no oímos nombrar ningún niño en el pesebre, no hay mas una palabra sobre José y María, y los pastores son lejanos. Qué escuchamos entonces?
“En el principio era el verbo, y el verbo estaba con Dios, y el verbo era Dios” (Jn 1,1-2).
Así, pues somos de repente elevados muy alto, lejos de los sucesos del pesebre o portal de Belén, escenario de Lucas en cuyo centro están José, María, los pastores y los Ángeles. Estamos sobre las alas de un águila, Juan el Evangelista se eleva hasta la cercanía de Dios, llevándonos con él.
Pero esta redacción mística del evangelio de este día, elevada y muy teológica es la elaboración, fruto de la experiencia personal y muy cercana que Juan el Evangelista ha tenido con Jesús de Nazaret. Además no hay que olvidar que según la tradición, Juan murió a una edad avanzada (entre 110 y los 120 años), lo que le permitió por otra parte tener el tiempo necesario para meditar y contemplar el misterio de Cristo vivo, muerto y resucitado de quien fue testigo...si, con el tiempo, orando, escribiendo lo revelado por el Espíritu (Evangelio y Apocalipsis) Juan demuestra por qué se le ha simbolizado con el águila, la reina de las aves, cuyo ojo tiene la capacidad según las leyendas de mirar de frente el sol mismo sin parpadear...pero a Juan se le compara con ese ojo de águila justo por la capacidad de ver más allá de lo aparente, de lo físico, de los sucesos históricos...
Juan nos dice que en Dios hay el Verbo, hay la Palabra misteriosa y poderosa que se ha tornado hacia Dios. Hay un diálogo en el seno mismo de Dios, mostrándonos que Dios no es un solitario. Dios es comunión.
Nosotros comprendemos ahora, que somos creados a su imagen, el por qué hay dentro de nosotros ese deseo, esa atracción, ese movimiento hacia el otro, y esta alergia a la soledad. Nadie es una isla. El hombre busca la comunión. Comprendemos ahora por qué nos casamos, o hacemos vida con otra persona en pareja, por qué fundamos una familia y por qué nos gusta tener amigos.
Esto explica también la depresión y la violencia de los que no son bien amados: “Amadme o yo me muero” “Amadme o yo muerdo”.

Así, tomando impulso hacia cimas más altas en compañía de san Juan…Nos volvemos a encontrar como hermanos, hijos de un Padre que se fija en nosotros dándonos su Hijo.
“y el Verbo se hizo carne” (Juan 1,14). El Verbo se hizo carne y hoy nosotros cristianos anunciamos al mundo el salvador, el Salvador de la carne.
“Por el Espíritu Santo se encarno de María Virgen y se hizo hombre”.
Han ustedes tomado recientemente un bebe entre sus brazos? Hay en el mundo un ser más pequeño y dependiente?
La Palabra de Dios es poderosa, creadora, pero esta Palabra también es frágil y débil como un niño. Ella está en nuestras manos. Uno puede aceptar o rechazar la Palabra. Es por la Palabra que uno se liga, se compromete pero también por ella uno rechaza. Uno puede dar su Palabra, uno puede retomarla, o uno puede faltar a su Palabra. Pero si uno tiene Palabra, uno es ya reflejo de Dios, porque Dios, Él es fiel.
Una Palabra implica la libertad de aquel que la pronuncia (o dice). De nada valen las palabras forzadas o aquellas que no se dicen en libertad a Aquel a quien las dirigimos? Hoy Dios se nos propone como LA PALABRA. Él se nos propone como un niño frágil y que se propone a vivir como esta Palabra que uno no puede olvidar o simplemente no escuchar. En el misterio de la pobreza de Navidad, Él corre el riesgo de no ser recibido, pero le da al hombre su oportunidad, su dignidad: la ocasión de amar y de ser amado.
Maravilloso intercambio: el Verbo ha llegado a ser carne, para que le demos una humanidad a la imagen de aquella que ya está en nosotros, forjada a través de nuestros esfuerzos, destilada (o depurada) durante siglos de civilización.
Él es el verbo, pero hoy Él se calla y duerme y nos toca a nosotros enseñarle a hablar. Hoy, Él no tiene órdenes para darnos, Él está sometido a nuestros requerimientos, expuesto a nuestras violencias, huyendo ante nos caprichos. Muy pronto lo veremos escapándose a Belén para llegar a Egipto, y de Egipto ir a Nazaret. Es un hijo del azar, nacido al bordo de un camino, en el transcurso de un viaje.

Si, ayer Dios Él mismo ha venido para pasar su primera noche sobre nuestra tierra. que en adelante nadie se sienta muy pequeño o limitado: Dios ha encontrado suficiente lugar en una pesebrera.
Él es la perla fina del oriente. La maravillosa perla debuta como una partícula extraña dentro de la ostra. En lugar de rechazar lo extraño, la ostra “lo envuelve de tejidos” “le pone pañal” , y ella llega a ser tan preciosa como el negociante que está en búsqueda de perlas finas, va y vende todo lo que él posee y compra esta perla (Mateo 13,45-46).
Y ustedes me preguntarán: dónde está esta perla? Cómo puedo yo encontrarla? Y yo les respondo: Quieres encontrar a Dios? Haz como Él, se o llega a ser) HOMBRE!
Acaso no tiene nuestro mundo, una inmensa necesidad de humanidad y de calor para ser transformado a la imagen de su hijo? “lo que ustedes hicieron con los más pequeños (pobres) conmigo también lo hicieron” (Mateo 25,40). “Y entonces ustedes nacerán no de la carne y de la sangre, sino de Dios” (Juan 1,13)
Cada día puede ser Navidad. La imagen de Dios, en cada hombre espera ser reconocida para nacer y esperamos nuestro nacimiento con Él. “Todos aquellos que lo han recibido, aquellos que creen en su nombre, Él les ha dado el poder de llegar a ser Hijos de Dios” (Juan 1,12).
Si, la Palabra se ha hecho carne y estableció su tienda entre nosotros (Juan 1,14). Hemos visto su magnificencia y loa firmamos los unos a los otros: Él nos tomará de la mano y nos mostrará el camino. De su plenitud heredaremos y, sin cesar, seremos colmados de gracia tras gracia, luz tras luz, paz tras paz…
@gadabay   


REFERENCIAS

paroissesaintefamilledevalcourt.org    

ALLAN, Roy.  L'Avent au quotidien.  Nöel 2011

 mystereetvie.ca     

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