8 de diciembre del 2024: Inmaculada Concepción de ls Bienaventurada Virgen María

 

"¡Alégrate! »

(Lucas 1, 26-38) “Alégrate ("Ave"), llena de gracia, el Señor está contigo.»

Esta palabra del ángel Gabriel está dirigida a María, pero cada uno de nosotros podemos recibirla personalmente. “Ave”, o más precisamente “Alégrate”.

Sí, seas quien seas, cualesquiera que sean las preocupaciones de este día, alégrate, porque el Señor viene a visitarte; Él te da su gracia, su vida, su amor.

Él está contigo, como estuvo con María.

Siguiendo a la humilde joven de Nazaret, ¡entremos en la alegría de Dios!

Bertrand Lesoing, sacerdote de la comunidad de Saint-Martin

 

(Efesios 1, 3-6.11-12) En Jesucristo, Dios nos da a todos y a cada uno de nosotros la gracia de ser santos e irreprensibles en el amor. Como María, digamos simplemente sí al don divino.


Primera lectura

Lectura del libro del Génesis (3,9-15.20):

Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre: «¿Dónde estás?»
Él contestó: «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.»
El Señor le replicó: «¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?»
Adán respondió: «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí.»
El Señor dijo a la mujer: «¿Qué es lo que has hecho?»
Ella respondió: «La serpiente me engañó, y comí.»
El Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón.»
El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

Palabra de Dios

 

Salmo

Sal 97,1.2-3ab.3c-4

R/. Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.

 

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (1,3-6.11-12):

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria.

Palabra de Dios


Lectura del santo evangelio según san Lucas (1.26-38):

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»
Y la dejó el ángel.


Palabra del Señor

 

Reflexión Central

I

Le pondrás por nombre Jesús


La fiesta de la Inmaculada Concepción en Adviento, que celebramos con el visto bueno de la Santa Sede, nos recuerda que con María comienza el Misterio de la Encarnación de Jesús, el Hijo de Dios.

No se entiende la significación verdadera de la Virgen María sin evocar expresamente a su Hijo.

Primera lectura: Gn 3,9-15.20 nos presenta el origen del mundo, del cosmos y de la humanidad, afirmando que todo fue hecho por iniciativa de Dios. La relación de equilibrio, de armonía entre Dios y su creación queda rota por la actitud soberbia de Adán y Eva. Ambos entablan un diálogo muy expresivo con su Creador, desligándose de toda culpa. Adán echa la culpa a Eva; Eva, a la ‘serpiente’; y la ‘serpiente’ recibe de Dios el “castigo” de tener que arrastrarse por la tierra. A pesar del pecado de Adán y Eva, Dios no los abandona. Al contrario, les anuncia la salvación: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya”.

Segunda lectura: Rom 15,4-9 En esta lectura, el Apóstol señala dos cosas. Primeramente, la necesidad de la esperanza cristiana, y no sólo para este tiempo de Adviento, sino para toda la vida. Segundo, la universalidad de esta esperanza cristiana: Cristo vino en la carne, para el bien de toda la humanidad, así como vendrá en la próxima Navidad para el bien de todos los pueblos, naciones y culturas.

El Evangelio: Lc 1,26-38 inicia con la aparición del Ángel Gabriel en la ciudad de Galilea en un pueblito llamado Nazaret, donde se revela a una joven virgen de nombre María, que estaba desposada con José, un hombre considerado justo, de la estirpe del rey David. El saludo del Ángel la invita a llenarse de alegría, y la llama “llena de gracia” (kejaritoméne) que se traduce como: privilegiada, favorecida, llena de gracia. Destaca, sin duda, que María goza del amor privilegiado de Dios. Ante el saludo, Ella queda desconcertada, porque el Ángel le anuncia que, al encontrar gracia ante los ojos de Dios, su Hijo se encarnará en su seno, y le pondrá por nombre Jesús que significa Dios salva. La iniciativa de Dios de enviar a su Hijo como Salvador del mundo, encuentra respuesta positiva de esta humilde joven, la Elegida que acepta llevar adelante la misión que Dios le encomienda. La fe de María es tan grande que el Evangelio recoge sus palabras; ellas resumen la auténtica actitud del discípulo – discípula: “Yo soy la esclava del Señor, que se haga en mí según tu Palabra”.


*****

"Heme aquí"

He aquí la esclava del Señor... La Palabra de Dios nos presenta hoy una alternativa. En la primera lectura está el hombre que en los orígenes dice no a Dios y en el Evangelio está María que en la Anunciación dice sí a Dios. En ambas lecturas es Dios quien busca al hombre. Pero en el primer caso se dirige a Adán, después del pecado, y le pregunta: «¿Dónde estás?» y él responde: «Me he escondido». En el segundo caso se dirige a María, inmaculada, sin pecado, y le responde: «He aquí la esclava del Señor». El heme aquí abre a Dios, mientras el pecado cierra, aísla, hace permanecer solos con uno mismo. Heme aquí, es la palabra clave de la vida. Heme aquí, es estar disponible para el Señor, es la cura para el egoísmo, el antídoto de una vida insatisfecha, a la que siempre le falta algo.

Heme aquí, es creer que Dios cuenta más que mi yo. Es elegir apostar por el Señor, dócil a sus sorpresas. Por eso, decirle heme aquí es la mayor alabanza que podemos ofrecerle.

Todos los días al despertar deberíamos decirle:
Heme aquí, Señor, hoy quiero hacer fielmente tu voluntad.

María pone toda su confianza en Dios ante los problemas. El ángel la deja, pero ella cree que con ella y en ella, ha permanecido Dios. Y se fía. Se fía de Dios. Está segura de que, con el Señor, aunque de modo inesperado, todo irá bien. Es una actitud sabia: no vivir dependiendo de los problemas, sino fiándose de Dios y confiándose cada día a Él: ¡Heme aquí! es oración. Pidamos a María, la Virgen Inmaculada, la gracia de vivir siempre disponibles a lo que Padre Dios nos pida.

Lo dice el Papa:

Dios posa su mirada de amor sobre cada hombre y cada mujer, con nombre y apellido. Su mirada de amor está sobre cada uno de nosotros. El apóstol Pablo afirma que Dios «nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos e intachables» (Ef 1, 4). También nosotros, desde siempre, hemos sido elegidos por Dios para vivir una vida santa, libre del pecado. Es un proyecto de amor que Dios renueva cada vez que nosotros nos acercamos a Él, especialmente en los Sacramentos.
En esta fiesta, entonces, contemplando a nuestra Madre Inmaculada, bella, reconozcamos también nuestro destino verdadero, nuestra vocación más profunda: ser amados, ser transformados por el amor, ser transformados por la belleza de Dios. Mirémosla a ella, nuestra Madre, y dejémonos mirar por ella, porque es nuestra Madre y nos quiere mucho; dejémonos mirar por ella para aprender a ser más humildes, y también más valientes en el seguimiento de la Palabra de Dios; para acoger el tierno abrazo de su Hijo Jesús, un abrazo que nos da vida, esperanza y paz.
Del Ángelus del 8 de diciembre de 2013


II

De Eva a María



 La primera lectura y el Evangelio de esta fiesta ponen en relación a María con Adán y Eva, nuestros primeros padres, el símbolo primero de la humanidad. En ellos se ve cómo somos capaces de eludir la responsabilidad. 

Queremos ser libres, pero no queremos rendir cuentas de lo que hacemos. Es como si prefiriésemos vivir toda la vida como niños o adolescentes 
inmaduros. 

Cuando en el relato del Génesis Dios pregunta a Adán y Eva qué ha sucedido, la respuesta de los dos es muy parecida. Los dos echan a la culpa a otro. “No sabían lo que hacían”, “fue la mujer que me diste por compañera” (y así, muy finamente, Adán le echa la culpa a Dios mismo de lo sucedido), “fue la serpiente”. 

Se trata de liberarse de la culpa. Y con la culpa se va la responsabilidad también. Y, de paso, la libertad. Porque la libertad es nada sin responsabilidad. 
     
 La actitud de María en el Evangelio de Lucas es muy diferente. Ante el saludo del ángel, María se siente perturbada. Pero eso no la lleva a decir que posiblemente el ángel estaba buscando a otra persona y que ella no era la elegida. María escucha, asume el desafío que la presencia del ángel presenta y responde (responder tiene mucho que ver con “responsabilidad” y, por tanto, con “libertad”) afirmativamente a su propuesta. En el momento del “sí” no es plenamente consciente de las consecuencias que comportará en el futuro su respuesta, pero el resto del Evangelio nos muestra a una mujer que sabe estar en los momentos más fundamentales de la vida de su hijo, que escucha su palabra y la guarda en el corazón, que le acompaña hasta en el momento de la cruz y que, más tarde, aparece, como una más, en medio de la comunidad cristiana. Todo un ejemplo de madurez, de responsabilidad, y, por tanto, de libertad. 

      María, al responder positivamente al anuncio del ángel, rompe una tendencia que todavía está presente en el corazón de muchos de nosotros: la de echar la culpa a otro, la de no querer asumir la responsabilidad que está inseparablemente unida al inmenso don que es la libertad. Al renunciar a la responsabilidad, renunciamos también a la libertad. Y nos quedamos reducidos a ser unos perpetuos niños.

      María representa a la nueva humanidad, hecha de hombres y mujeres libres y responsables, conscientes de que Dios ha puesto este mundo en nuestras manos y de que tenemos que cuidarlo y mejorarlo, que compartirlo con nuestros hermanos y hermanas. María es, así, fuente de esperanza. Es posible una humanidad nueva, es posible un mundo diferente, si acogemos, como ella lo hizo, el anuncio del Reino en nuestros corazones, si asumimos nuestra libertad con responsabilidad y madurez. 


Para la reflexión

      ¿Cómo vivo mi libertad? ¿Significa que puedo hacer lo que me dé la gana sin que me importen las consecuencias? ¿O asumo de forma responsable las consecuencias de mis decisiones? 



III

Homilía para la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María


Comentario de lecturas y alusión a la Novena a Santa María Estrella del Mar

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

Hoy celebramos con alegría y gratitud la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, un dogma que la Iglesia nos ha revelado y que la llena de gracia desde el primer momento de su concepción. Este día nos invita a reflexionar sobre el papel único y especial que Dios ha dado a María en la historia de la salvación, como la mujer completamente purificada, preservada de todo pecado, para ser la Madre del Salvador.

Comentario sobre las lecturas:

  1. Primera lectura: Génesis 3, 9-15.20

En la lectura del libro del Génesis, encontramos la promesa de Dios después de la caída del hombre, en la que se anuncia que la descendencia de la mujer herirá la cabeza de la serpiente. Este pasaje es la primera vez que se menciona la figura de la mujer, que se interpretará como María, quien, preservada del pecado original, es la "nueva Eva", la que, con su "sí", da inicio al proceso de restauración de la humanidad. La serpiente, símbolo del mal, será derrotada por su Hijo, pero para ello es necesario que María sea elegida y preservada de la mancha del pecado desde el principio.

Es importante resaltar que, aunque el pecado ha entrado en el mundo a través de Adán y Eva, Dios tiene un plan de salvación que se empieza a revelar en este momento. María es la respuesta de Dios a la caída, y su concepción inmaculada es el comienzo de la nueva creación.

  1. Salmo 98

Este salmo nos invita a cantar al Señor un cántico nuevo por las maravillas que ha hecho. Hoy, celebramos una de esas maravillas: la creación de una mujer que, preservada de todo pecado, sería la madre del Salvador. El salmo resuena con gozo y agradecimiento a la victoria de Dios, y en María, esa victoria ya ha comenzado. Ella es la que, con su pureza, responde al llamado de Dios y le da su "sí" para ser la Madre de Jesús. En su vida, vemos la perfección de la obediencia y la entrega a la voluntad de Dios.

  1. Segunda lectura: Efesios 1, 3-6.11-12

San Pablo nos habla de la elección de los creyentes en Cristo, y de cómo, antes de la fundación del mundo, Dios nos ha predestinado a ser santos y sin mancha ante Él. Esto se cumple de manera singular en María, quien ha sido elegida para ser la madre de Jesús. Su inmaculada concepción es la manifestación de la gracia de Dios que la preserva del pecado para cumplir con esta misión única. Esta lectura nos recuerda que en María vemos la plenitud de la gracia, la cual es un don divino que no ha sido ganado, sino que es pura misericordia de Dios.

  1. Evangelio: Lucas 1, 26-38

El evangelio de hoy narra la anunciación, el momento en que el ángel Gabriel se presenta a María y le anuncia que será la madre del Hijo de Dios. María, al recibir este mensaje, no duda ni rechaza la misión que se le confía, sino que, con humildad, responde: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. En su “sí”, María nos muestra cómo debe ser nuestra respuesta al llamado de Dios: plena, confiada y humilde.

María es la primera en ser llamada por Dios y en acoger su voluntad. Su sí no solo la hace Madre de Jesús, sino que también la convierte en nuestra madre, la madre de la Iglesia. Ella es el modelo perfecto de fe, de obediencia y de aceptación de los planes divinos, cualidades que todos estamos llamados a imitar.

Alusión a la Novena a Santa María Estrella del Mar:

Durante estos días de preparación para la fiesta de la Virgen María, muchos de nosotros participamos en la Novena a Santa María Estrella del Mar, una devoción especial que nos invita a reconocer a María como guía y luz en nuestro caminar. En medio de las tormentas de la vida, Ella es la estrella que nos guía hacia el puerto seguro, hacia Cristo. En su pureza y gracia, María es la guía perfecta para llevarnos a Dios. Como Estrella del Mar, su luz brilla más allá de nuestras sombras, señalándonos el camino hacia la salvación.

Hoy, al meditar sobre la Inmaculada Concepción, podemos recordar que María, desde su concepción, fue elegida para ser la estrella que ilumina a la humanidad. Su vida, libre de pecado, refleja la luz de Cristo de manera plena y perfecta, y es la luz que necesitamos para navegar las dificultades de nuestra vida diaria.

Al igual que los navegantes antiguos confiaban en las estrellas para orientarse en el mar, nosotros, hoy, debemos confiar en María, Estrella del Mar, para orientarnos en nuestro camino de fe. Ella, como la mujer inmaculada, nos lleva de la mano a Cristo, nuestro Salvador.

Conclusión:

Hermanos y hermanas, al celebrar hoy la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, damos gracias a Dios por el don de María, quien, preservada del pecado, se convierte en la Madre de todos los creyentes. Ella es un modelo perfecto de obediencia, pureza y fe, y en ella podemos encontrar una guía segura para nuestro caminar hacia Cristo. Que, al final de esta novena, podamos ver a María, Estrella del Mar, como nuestra luz en la oscuridad y como el refugio seguro donde siempre podemos encontrar consuelo y dirección.

Que la Virgen María, Inmaculada y llena de gracia, interceda por nosotros ante su Hijo Jesucristo, y que, con su ayuda, podamos caminar siempre en la luz de su amor y en la voluntad de Dios.

Amén.


Oración:

Padre Dios, bueno y fuente de bondad:
Te damos gracias por haber escogido a María como Madre de tu Hijo Jesús,
y por preservarla de todo pecado desde el primer momento de su vida. 
Que sepamos responder a tu cariñosa bondad con la misma ilusión de María.
Cuando Ella dijo “Sí” a tus planes diciendo: Hágase en mi según tu voluntad, tú nos diste a tu Hijo, el Mesías, el Salvador.
Acepta nuestro “Sí” de cada día para llevar la vida y esperanza de tu Hijo a todos nuestros hermanos y hermanas.
 Haznos mensajeros e instrumentos de reconciliación, justicia y amor, para evitar siempre conflictos e injusticias, mientras esperamos con gozo la gloriosa y definitiva venida de tu Hijo, nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. Amén.





Referencias:


Diferentes hojas dominicales virtuales.

feadulta.org

tejasarriba.org

ciudadredonda.org



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