29 de diciembre del 2024: Fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, José y María- ciclo C
“Debo estar con mi Padre”
La historia del Evangelio
presenta a Jesús como un niño y luego como un adolescente que crece en
sabiduría, estatura y gracia.
La obediencia de Jesús y el
respeto por sus padres sirven de marco para la historia.
No se trata, pues, de una fuga
ni de una crisis que el Jesús adolescente viviría en la relación con sus
padres. Se trata más bien de escuchar y admirar la madurez de Jesús que, como
todo niño judío, alcanzó la edad del bar mitzvá, este ritual que marca
la etapa de su mayoría religiosa y le autoriza a leer la palabra de Dios ante
la asamblea…
El evangelista Lucas presenta
a Jesús dotado de una capacidad de escucha y de una aguda inteligencia que
suscita la admiración de los doctores de la Ley.
En el Templo, Jesús muestra
gran libertad, determinación al distanciarse de sus padres. Se afirma como Hijo
amado del Padre, antes que ser hijo de sus padres.
Jesús, nacido de María, es
enviado por el Padre para “reunir en la unidad a todos los hijos de Dios
dispersos”.
La liturgia hace eco de los
textos: Ana, oída por el Señor, recibe el nacimiento de un hijo. En señal de
gratitud, confía el niño a Eli. Samuel queda así consagrado al Señor.
María y José están llamados a
comprender en el posicionamiento de su hijo que ha llegado el momento de que
Jesús anuncie públicamente su misión: vivir como Hijo amado estando en los asuntos
del Padre.
¿Cómo puedo entender la determinación de Jesús de estar en los asuntos del
Padre?
¿Qué resonancia para mi
relación con el Padre?
¿Cómo podemos ayudar a un
joven a crecer en libertad y escuchar el llamado del Padre?
Anne Da, Javiera
Primera Lectura
Lectura del libro del Eclesiástico
(3,2-6.12-14):
El Señor honra más al padre que a los hijos y
afirma el derecho de la madre sobre ellos.
Quien honra a su padre expía sus pecados, y quien respeta a su madre es como
quien acumula tesoros.
Quien honra a su padre se alegrará de sus hijos y cuando rece, será escuchado.
Quien respeta a su padre tendrá larga vida, y quien honra a su madre obedece al
Señor.
Hijo, cuida de tu padre en su vejez y durante su vida no le causes tristeza.
Aunque pierda el juicio, sé indulgente con él y no lo desprecies aun estando tú
en pleno vigor.
Porque la compasión hacia el padre no será olvidada y te servirá para reparar
tus pecados.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 127,1-2.3.4-5
R/. Dichosos los que temen al Señor y
siguen sus caminos.
V/. Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R/.
V/. Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R/.
V/. Ésta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R/.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los
Colosenses (3,12-21):
Hermanos:
Como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable,
bondad, humildad, mansedumbre, paciencia.
Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro.
El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.
Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta.
Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados en
un solo cuerpo.
Sed también agradecidos. La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su
riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente.
Cantad a Dios, dando gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos
inspirados.
Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Jesús,
dando gracias a Dios Padre por medio de él.
Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos,
amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a
vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor.
Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan el ánimo.
Palabra de Dios
Lectura del santo evangelio según san Lucas
(2,41-52)
Los padres de Jesús solían ir cada año a
Jerusalén por la fiesta de la Pascua.
Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando
terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo
supieran sus padres.
Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se
pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se
volvieron a Jerusalén buscándolo.
Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio
de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían
quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:
«Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados».
Él les contestó:
«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi
Padre?».
Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.
Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos.
Su madre conservaba todo esto en su corazón.
Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante
los hombres.
Palabra del Señor
La
familia como comunión de amor
Él bajó con ellos y fue a
Nazaret y estaba sujeto a ellos.
Su madre conservaba todo esto en su corazón.
Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante
los hombres.
Lucas
2, 50-52
Hoy honramos la vida familiar
en general haciendo una pausa para reflexionar sobre la particular y hermosa
vida oculta en el hogar de Jesús, María y José. En muchos sentidos, su vida
cotidiana en común habría sido muy similar a la de otras familias de esa época.
Pero en otros aspectos, su vida en común es completamente única y nos brinda un
modelo perfecto para todas las familias.
Por la providencia y el
designio de Dios, la vida familiar de Jesús, María y José se menciona muy poco
en las Escrituras. Leemos acerca del nacimiento de Jesús, la presentación en el
Templo, la huida a Egipto y el hallazgo de Jesús en el Templo a los doce años.
Pero aparte de estas historias de su vida en común, sabemos muy poco.
Sin embargo, la frase del Evangelio de hoy que hemos citado anteriormente nos da una idea que vale la pena reflexionar. En primer lugar, vemos que esta familia “cumplía todas las prescripciones de la ley del Señor…”. Aunque esto se refiere a la presentación de Jesús en el Templo, también debe entenderse que se aplica a todos los aspectos de su vida en común.
La vida familiar, al igual que nuestra vida
individual, debe regirse por las leyes de nuestro Señor.
La ley primaria del Señor con respecto a la vida familiar es que debe participar de la misma unidad y “comunión de amor” que se encuentra en la vida de la Santísima Trinidad.
Cada persona de la Santísima Trinidad tiene un respeto perfecto por los demás, se da desinteresadamente a los demás sin reservas y recibe a cada persona en su totalidad. Es su amor lo que los hace uno y les permite actuar juntos en perfecta armonía como una comunión de Personas divinas.
Aunque San José no era
inmaculado en su naturaleza, la perfección del amor sí vivía en su Hijo divino
y en su esposa inmaculada. Este don abrumador de su amor perfecto lo habría
atraído diariamente a la perfección de sus vidas.
Reflexiona hoy sobre tus relaciones más cercanas. Si tienes la suerte de tener una familia unida, reflexiona sobre ella. Si no, reflexiona sobre las personas que Dios ha puesto en tu vida, cercanas, y a las que estás llamado a amar con amor familiar.
¿Quién eres tú para estar ahí en los buenos y en los malos momentos?
¿Quién eres tú para sacrificar tu vida sin reservas?
¿Quién eres tú para ofrecer respeto, compasión, tiempo, energía, misericordia, generosidad y todas las demás virtudes?
¿Y qué tan bien cumples con este deber de amor?
Reflexiona hoy sobre el hecho de que Dios quiere que participes de una comunión de vida, no sólo con la Santísima Trinidad, sino también con quienes te rodean, especialmente con tu familia.
Intenta reflexionar sobre la vida oculta de Jesús, María y José y procura que su relación familiar sea el modelo de cómo amas a los demás.
Que su
perfecta comunión de amor sea un modelo para todos nosotros.
Señor, llévame a la vida, al amor y a la comunión que viviste con tu Madre Inmaculada y con San José. Te ofrezco mi persona, mi familia y todos aquellos a quienes estoy llamado a amar con un amor especial. Haz que imite tu amor y tu vida familiar en todas mis relaciones. Ayúdame a saber cómo cambiar y crecer para poder participar más plenamente de tu vida familiar. Jesús, en Ti confío.
2
En esta fiesta tan significativa, la Iglesia nos invita a mirar a la Sagrada Familia de Nazaret como un modelo de amor, unidad y fidelidad a Dios en el contexto de la vida familiar. Jesús, María y José nos enseñan cómo vivir según los valores del Evangelio en la cotidianidad de la vida familiar.
1. Primera Lectura:
Eclesiástico 3, 3-7. 14-17
En esta lectura, el libro del
Eclesiástico habla sobre el valor del respeto y la obediencia dentro de la
familia. El pasaje resalta cómo la honra a los padres es vista como un acto que
agrada a Dios y trae bendiciones sobre la vida del hijo. Además, el respeto y
el amor entre los miembros de la familia son el camino hacia una vida plena y
conforme a la voluntad de Dios.
Comentario: En
la Sagrada Familia, todos se amaban y respetaban profundamente, especialmente
José, que obedeció a Dios en todo, cuidando a María y a Jesús con diligencia y
amor. Este respeto mutuo y la disposición a cumplir la voluntad de Dios nos
enseñan cómo debe ser la vida en nuestras familias: de amor, sacrificio y
obediencia a Dios. Los padres deben educar a sus hijos en el camino del Señor,
y los hijos deben honrar a sus padres. Este principio fundamental crea una
armonía que es una bendición para todos.
2. Salmo 127
Este salmo es un himno de
gratitud por la bendición de tener una familia basada en la justicia y el temor
a Dios. La bendición de una familia que sigue los caminos del Señor es descrita
como algo que produce frutos abundantes: los hijos son una bendición y el hogar
es un lugar de paz.
Comentario: El
salmo refleja la visión de que la verdadera felicidad y prosperidad de una
familia no vienen de lo material, sino de vivir conforme a los mandamientos de
Dios. El hogar donde se respeta y se honra a Dios es un lugar donde reina la
paz y el bienestar. En la Sagrada Familia, vemos cómo, a través de su vida
sencilla y humilde, Dios bendice abundantemente el hogar de Nazaret. Esta es la
bendición que la Iglesia nos ofrece hoy: vivir con Dios en el centro de nuestra
vida familiar.
3. Segunda Lectura: Colosenses
3, 12-21
San Pablo en esta carta nos
presenta un código de conducta cristiano que debe impregnar toda la vida
familiar. El apóstol insta a los miembros de la familia a vestirse con virtudes
como la compasión, la bondad, la humildad, la paciencia y la tolerancia. Además,
enfatiza la importancia del amor como el vínculo que debe unir a todos. También
aconseja a las esposas y maridos a vivir en respeto mutuo, y a los hijos, a
obedecer a sus padres.
Comentario: En
la Sagrada Familia, todos estos valores se viven de manera plena. Jesús, como
hijo, obedeció a María y a José, y José y María vivieron su relación en el
amor, respeto y fidelidad a Dios. San Pablo nos recuerda que cada miembro de la
familia tiene un rol específico que cumplir, pero todos deben vivir unidos en
el amor de Cristo. En nuestras propias familias, estamos llamados a vivir este
amor mutuo y a practicar la paciencia, el perdón y la armonía.
4. Evangelio: Lucas 2, 41-52
Este pasaje del Evangelio nos
relata un episodio de la infancia de Jesús, en el que, a los doce años, se
pierde durante una peregrinación a Jerusalén y es encontrado por sus padres en
el Templo. Aunque María y José no entendían completamente lo sucedido, confían
en la misión divina de Jesús. Jesús, por su parte, muestra su obediencia a sus
padres y regresa con ellos a Nazaret.
Comentario: Este
relato es profundamente significativo. En primer lugar, vemos la obediencia de
Jesús, quien, siendo el Hijo de Dios, se somete a sus padres. Esto nos muestra
que la obediencia a los padres no es algo que depende solo de la edad o el
lugar en la jerarquía familiar, sino de la disposición de corazón para cumplir
la voluntad de Dios. María y José, a pesar de no comprender completamente el
misterio de Jesús, vivieron siempre en obediencia a Dios y cuidaron de Él con
amor.
La presencia de Jesús en el
Templo nos recuerda también que la familia debe ser un lugar donde se fomente
la fe, donde la búsqueda de Dios sea parte integral de la vida cotidiana. María
y José educaron a Jesús no solo en las tradiciones de su pueblo, sino en la
relación íntima con Dios, una tarea que todos los padres tienen hoy en día.
Homilía:
Queridos hermanos y hermanas,
hoy celebramos la Fiesta de la Sagrada Familia. Este es un día para mirar al
modelo perfecto de familia, a Jesús, María y José, y aprender de ellos cómo
vivir nuestras relaciones familiares. La Sagrada Familia nos enseña que, aunque
no son una familia "ideal" en términos humanos, son el modelo divino
de amor, respeto y obediencia a Dios.
La primera lectura del
Eclesiástico nos recuerda la importancia del respeto entre padres e hijos. Este
respeto no solo es un mandato humano, sino que es la voluntad de Dios para que
nuestras familias sean lugares de paz y prosperidad. En la Sagrada Familia,
todos se cuidaban y se respetaban, y este es el principio que debemos aplicar
en nuestras propias familias. Los padres tienen el deber de educar y guiar,
pero también deben mostrar amor y respeto hacia sus hijos.
El salmo nos invita a
reflexionar sobre las bendiciones de una familia que sigue el camino del Señor.
La vida de la Sagrada Familia, en su pobreza y simplicidad, nos muestra que no
es necesario tener riquezas materiales para ser una familia bendecida por Dios.
La verdadera bendición es vivir en armonía con Dios y con los demás.
San Pablo, en su carta a los
Colosenses, nos presenta una lista de virtudes que deben adornar nuestras
relaciones familiares. La compasión, la paciencia, el perdón y el amor mutuo
son los pilares para que nuestras familias vivan en unidad. La Sagrada Familia
vivió estas virtudes perfectamente, y nosotros estamos llamados a hacer lo
mismo, día tras día.
Finalmente, el Evangelio nos
muestra la obediencia y la humildad de Jesús, quien, aunque es el Hijo de Dios,
se somete a la autoridad de sus padres. Esto nos enseña que la vida familiar
está marcada por la obediencia a Dios y el respeto hacia los demás, especialmente
en el contexto del hogar. En las familias de hoy, estamos llamados a ser
testigos del amor y la obediencia que Jesús vivió en su hogar en Nazaret.
Que, en este día de la Fiesta
de la Sagrada Familia, pidamos a Dios la gracia de vivir nuestras familias con
amor, respeto y fe. Que cada hogar sea un reflejo de la paz y la unidad que
experimentaron José, María y Jesús. Que el Señor nos conceda ser familias donde
reine su amor y su voluntad.
Amén.
Comentarios
Publicar un comentario
Gracias por visitar mi blog, Deje sus comentarios que si son hechos con respeto y seriedad, contestaré con mucho gusto. Gracias. Bendiciones