viernes, 25 de abril de 2014

Santos Papas Juan XXIII y Juan Pablo II: la paz y la Verdad de Jesucristo ensalzadas




Leí en el twitter, que los 3 últimos Papas: Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, representa cada uno una virtud vivida y proyectada fuertemente en su correspondiente pontificado. Así, Juan Pablo II nos reflejó la Esperanza, Benedicto nos invitó a tomar en serio y profundizar en la FE, y Francisco hace gala de entusiasmarnos con la vivencia y práctica de la CARIDAD. Por otra parte alguien ha dicho: a Juan Pablo II todo el mundo quería verlo, a Benedicto todos querían escucharlo y ahora a Francisco todo mundo quiere tocarlo...


Este domingo 27 de abril, en Roma Francisco destacara la vida y obra de dos de sus antecesores, elevándolos a los Altares, como se dice oficialmente canonizándolos, ellos son Juan XXIII (papa de 1958 a 1963) y Juan Pablo II (1978-2005).

A mi generación le habla y llega más al alma, como es lógico el papa polaco, por su reciente paso por el Vaticano, pero también es cierto que el testimonio del denominado “papa bueno” Juan XXIII,  su vida contada por nuestros padres y abuelos o el mensaje tacita en el nombre de una institución, colegio o barrio, también nos ha hablado y admirado.

Al canonizar a Juan XXIII y a Juan Pablo II, la Iglesia nos empuja a acercarnos a estos hombres y buscar en su vida, su oración y acción, elementos, cosas para inspirar nuestra propia vocación. Juan XXIII se inspirò en la paz y trabajò fervientemente por ella durante su pontificado, fruto de esto fue su carta encìclica  "Pacem in terris" (La paz en la tierra).

Entre las muchas enseñanzas del Papa viajero y misionero Juan Pablo II, retengamos la Verdad y su esfuerzo por reconciliar a finales del siglo XX la Fe y la razón, fruto de su reflexión y pontificado fue la Enciclica "Veritatis splendeur" (El esplendor de la verdad). 

Dos épocas, dos pastores, dos grandes hombres, dos santos.

Este fin de semana, cientos de miles de personas se presentaran en Roma para su canonización.

Les recomiendo las lecturas del "Diario de un alma", autobiografía de Juan XXIII,

"Pacem in terris", enciclica de Juan XXIII

"Veritatis splendeur", enciclica de Juan Pablo II

"Cruzando el umbral de la esperanza", encuentro con Juan Pablo II, de Vittorio Messori

Santos papas Juan XXIII y Juan Pablo II:    Rueguen por nosotros!


Antiguas entradas en mi blog sobre estos dos papas:



miércoles, 23 de abril de 2014

El mundo trascendente de Gabo: Dios, la Iglesia y sacramentos (3)




Por lo que cuenta en su autobiográfico libro “Vivir para contarla”, Gabo hablando de su colegage y amistad con el padre Camilo Torres, confiesa su dificultad para creer en la efectividad del sacramento del bautismo y el descenso del Espíritu Santo en el momento del signo-símbolo cristiano-católico:

Entre las amistades que me quedaron de la universidad, la de Camilo Torres no sólo fue de las menos olvidables, sino la más dramática de nuestra juventud.
Un día no asistió a clases por primera vez. La razón se regó como pólvora.
Arregló sus cosas y decidió fugarse de su casa para el seminario de Chiquinquirá, a ciento y tantos kilómetros de Bogotá. Su madre lo alcanzó en la estación del ferrocarril y lo encerró en su biblioteca. Allí lo visité, más pálido que de costumbre, con una ruana blanca y una serenidad que por primera vez me hizo pensar en un estado de gracia. Había decidido ingresar en el seminario por una vocación que disimulaba muy bien, pero que estaba resuelto a obedecer hasta el final.
—Ya lo más difícil pasó —me dijo.
Fue su modo de decirme que se había despedido de su novia, y que ella celebraba su decisión. Después de una tarde enriquecedora me hizo un regalo indescifrable: El origen de las especies, de Darwin. Me despedí de él con la rara certidumbre de que era para siempre.
Lo perdí de vista mientras estuvo en el seminario. Tuve noticias vagas de que se había ido a Lovaina para tres años de formación teológica, de que su entrega no había cambiado su espíritu estudiantil y sus maneras laicas, y de que las muchachas que suspiraban por él lo trataban como a un actor de cine desarmado por la sotana.
Diez años después, cuando regresó a Bogotá, había asumido en cuerpo y alma el carácter de su investidura pero conservaba sus mejores virtudes de adolescente. Yo era entonces escritor y periodista sin título, casado y con un hijo, Rodrigo, que había nacido el 24 de agosto de 1959 en la clínica Palermo de Bogotá. En familia decidimos que fuera Camilo quien lo bautizara. El padrino sería Plinio Apuleyo Mendoza, con quien mi esposa y yo habíamos contraído desde antes una amistad de compadres. La madrina fue Susana Linares, la esposa de Germán Vargas, que me había transmitido sus artes de buen periodista y mejor amigo. Camilo era más cercano de Plinio que nosotros, y desde mucho antes, pero no quería aceptarlo como padrino por sus afinidades de entonces con los comunistas, y quizás también por su espíritu burlón que bien podía estropear la solemnidad del sacramento. Susana se comprometió a hacerse cargo de la formación espiritual del niño, y Camilo no encontró o no quiso encontrar otros argumentos para cerrarle el paso al padrino.
El bautismo se llevó a cabo en la capilla de la clínica Palermo, en la penumbra helada de las seis de la tarde, sin nadie más que los padrinos y yo, y un campesino de ruana y alpargatas que se acercó como levitando para asistir a la ceremonia sin hacerse notar. Cuando Susana llegó con el recién nacido, el padrino incorregible soltó en broma la primera provocación:
—Vamos a hacer de este niño un gran guerrillero.
Camilo, preparando los bártulos del sacramento, contraatacó en el mismo tono: «Sí, pero un guerrillero de Dios». E inició la ceremonia con una decisión del más grueso calibre, inusual por completo en aquellos años:
—Voy a bautizarlo en español para que los incrédulos entiendan lo que significa este sacramento.
Su voz resonaba con un castellano altisonante que yo seguía a través del latín de mis tiernos años de monaguillo en Aracataca. En el momento de la ablución, sin mirar a nadie, Camilo inventó otra fórmula provocadora:
—Quienes crean que en este momento desciende el Espíritu Santo sobre esta criatura, que se arrodillen.
Los padrinos y yo permanecimos de pie y quizás un poco incómodos por la marrullería del cura amigo, mientras el niño berreaba bajo la ducha de agua yerta. El único que se arrodilló fue el campesino de alpargatas. El impacto de este episodio se me quedó como uno de los escarmientos severos de mi vida, porque siempre he creído que fue Camilo quien llevó al campesino con toda premeditación para castigarnos con una lección de humildad. O, al menos, de buena educación…

Finalmente, para decir algo sobre lo que ha suscitado polémicas declaraciones directas y  comentarios subterfugios sobre el carácter “non sanctus” de Gabo, por  su incoherencia moral, me queda por acotar que solo Dios puede juzgar. Qué pecó por omisión, si! Nuestro mayor pecado sobre esta tierra es no hacer siempre lo que hemos de hacer, es nuestro error y o debilidad más recurrente, a cada minuto pecamos por OMISION. Así, Tan es aventurado es  afirmar que nuestro admirado y galardonado escritor está en el cielo como aseverar también que su destinación es el Hades; y como suelo decir en ocasiones, en las introducciones de mis homilías de funerales: Sólo Dios lo sabe…Le corresponde a Él y nada más que a Él juzgarnos, determinar lo que será de nosotros y de qué manera lo seremos, después de la muerte. Por eso, en las ceremonias de funerales el cometido principal es confiar el difunto a la misericordia de Dios…pues su fe es algo misterioso, algo que solo Dios puede medir y sobre lo cual solamente Él puede concluir.

Gabo, si  bien fue creyente durante algún tiempo de su vida posiblemente no fue muy practicante (respecto a la participación en la misa o demás celebraciones litúrgicas), mismo al momento de su muerte, quizás por voluntad propia no quiso saber de funerales ni de liturgias de la palabra…

Como ha escrito algún periodista: Su muerte debería poner a pensar a sus compatriotas  sobre quiénes somos y para dónde vamos


Que Dios lo acoja en su infinito amor y misericordia, Amen! 

En el día del idioma: Memorias de Sherezada




Mi vida ha adquirido un gran sentido gracias a las letras, a la literatura, a los libros. Siempre los he amado, los amé desde pequeño. Frisaba los 6 años cuando comencé a balbucear y a tratar de darle sonido a las letras y llegar a deleitarme con las palabras. Como olvidar que en mi época de escolar, mi abuela paterna Virginia  así como mi padre, dedicaban gran parte de su  tiempo para enseñarme a leer y aprender a apreciar el lenguaje, la capacidad de comunicación.

Comprobé siempre que la fantasía, la imaginación y el deseo de soñar están antes que el aprender a leer y llegar así a plasmar una historia sobre el papel.

He comprendido siempre que mismo los analfabetas son capaces de crear, dé inventar grandes historias y de inspirarse por supuesto en sus vivencias. Porque toda vida o toda existencia es sagrada, importante y trascendente y por lo tanto digna de ser relatada.

Entre los 7 y 8 años leí la biblia y fue como mi primer libro de cabecera. No sé hasta donde su lectura influyó en mi para que así llegara yo un día a tomar la decisión de hacerme sacerdote.

En una casa de campo donde mis familiares residían y me acogían por varias semanas en mis vacaciones escolares, en uno de esos cuartos de madera, sobre una abandonada, escasa e improvisada biblioteca me encontraría con otro maravilloso libro que influiría en mí: Las mil y una noches (amarillo y sucio por el paso del tiempo). Aladino, Alî Baba, Simbad y por supuesto Sherezada la narradora (doncella bella e inteligente, compositora de cuentos) me transportarían a paisajes de lontananza, en el medio oriente para ser testigo de sus aventuras y desventuras.

Después fueron las revistas de comics, y en Kalimân, Arandû, Memîn Pinguin, entre otros, encontré en ellos, cómplices y compañeros que me brindaron aliciente respiro y solaz en medio de una infancia a veces dura de soledad, miedo, tensiones y esperanzas.

Estando en el colegio comenzaría a despertar mi incipiente afición por la literatura, componiendo cuentos breves, raros y particulares con introducciones, nudos y desenlaces solo plenamente comprendidos y apreciados por mí. Haría algunos borradores y ensayos de cuentos que terminarían anónimamente o inéditos en la basura

Probé con la poesía, me embebí en muchos libros y justo el año en que cursaba primero de bachillerato en el Colegio Juan XXIII, leía por primera vez a Gabriel García Márquez, nuestro famoso GABO y que ganaría el premio Nobel justo ese año  1982. Después me diría en la ingenuidad e inocencia de adolescente, como habían podido otorgarle un tan gran premio al autor de un libro tan aburrido como "La Hojarasca".
Solamente después sabría de la existencia entre sus obras de "Cien años de Soledad" y de "Crónica de una muerte anunciada", para mí la primera obra suya que me gustó.

García Márquez se volvió para mí autor de lectura obligada entre los años 1983 y 1987, cuando terminé mis estudios secundarios.

Pero a la par con GABO, también tuve la fortuna de degustar más con la razón y el discernimiento de adolescente a Los Hermanos Grimm y sus maravillosos cuentos, a Rafael Pombo, al papá de Pinocho (Carlo Collodi o Lorenzini), entre otros. Después a los 17 años, ingresé al mundo paradójico e irónico, loco de Don Quijote de Cervantes y ningún otro personaje como él, pienso yo y como lo piensan muchos, es el mejor reflejo de la vida de todo ser humano. Todos Somos Quijotes, ansiosos de vivir, de aventuras. Tenemos cada uno la Dulcinea de nuestros sueños, de nuestras metas ansiosos de alcanzarla y hacerla nuestra novia.

Todos soñamos con la libertad y somos capitanes de un velero que no tiene mar", como dice también Julio Iglesias en su inolvidable canción "Quijote".
Llegue a la juventud y por lectura sugerida en el curso ultimo de la Normal, a las puertas de graduarme como bachiller pedagógico (profesor) me encontré con un Albert Camus que me sorprendió sobremanera y lo catalogué por muchos años como mi escritor preferido y con el cual me identifiqué en muchas de sus ideas y planteamientos .

Un Herman Hesse fue mi compañero en muchos ratos del Seminario y la Universidad. En "Narciso y Goldmundo", sobre todo en la personalidad del segundo, encontraría en esa época juvenil, muchos puntos comunes conmigo.

Narciso representa la parte lógica, el erudito científico mientras que Goldmundo encarna el espíritu artístico llamado a sentir el mundo en una escala mayor, lleno de dicha y dolor. Se trata de una novela de “conciliación” de antagonismos. Los dos personajes protagónicos de la misma, Narciso y Goldmundo, siguen, cada uno, sus propios caminos, atraviesan -el uno y el otro- innumerables desventuras y descubrimientos. Sus puntos de vista respectivos sobre el mundo, sus cosmovisiones, bosquejan en el inicio trayectorias marcadamente divergentes, para reencontrarse. Hesse buscará conjugar a su manera sin quebrantarlo, un dualismo manifiesto entre espíritu y materia, entre espiritualidad y animalidad, o entre la vocación y la mirada de las ciencias y la de las artes.

Hubo otros autores que me cuestionaron la existencia misma, la existencia de Dios y me llevaron a preguntarme insistentemente por el sentido de la vida. Y es que es eso en resumen a lo que aspiran los literatos, los autores, algunos periodistas con su crónicas y escritos, encontrar e indagar por el sentido y significación de todas las cosas, incluida la vida misma.


En este día que se conmemora al lenguaje, a la posibilidad de soñar, al prodigio de comunicarnos, les invito a amar más los sueños, a devorar más libros y encontrarle un mayor sentido a nuestra existencia.

lunes, 21 de abril de 2014

El mundo trascendente-espiritual de Gabriel García Màrquez : A-Dios GABO (2)


Yo agregaría a los dos temas recurrentes en la literatura de GABO, el amor y el poder, según el decir de sus biógrafos y quienes dicen conocerlo más, el tema de Dios. El ser superior, el demiurgo griego, el creador bíblico fascina a nuestro hombre de letras cataqueno. Asi es necesario refutar lo que pretendió afirmar categóricamente Don  Darío Arizmendi en la radio caracol de Colombia,  el lunes pasado de madrugada: “Gabo no menciona a Dios en ninguna de sus obras”. 

La pobreza de mis padres en Barranquilla, por el contrario, era agotadora, pero me permitió la fortuna de hacer una relación excepcional con mi madre. Sentía por ella, más que el amor filial comprensible, una admiración pasmosa por su carácter de leona callada pero feroz frente a la adversidad, y por su relación con Dios, que no parecía de sumisión sino de combate. (En “Vivir para contarla”).

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Comprobó que la niña tenía un poco de fiebre, y aunque ésta se consideraba una enfermedad en sí misma y no un síntoma de otros males, no la pasó por alto. Le advirtió al atribulado señor que la niña no estaba a salvo de cualquier mal, pues el mordisco de un perro, con rabia o sin ella, no preservaba contra nada. Como siempre, el único recurso era esperar. El marqués le preguntó:
«¿Es lo último que puede decirme?» «La ciencia no me ha dado los medios para decirle nada más», le replicó el médico con la misma acidez. «Pero si no cree en mí le queda todavía un recurso: confíe en Dios».
El marqués no entendió.
«Hubiera jurado que usted era incrédulo», dijo.
El médico no se volvió siquiera a mirarlo:
«Qué más quisiera yo, señor».
El marqués no se confió a Dios, sino a todo el que le diera alguna esperanza.
«A veces atribuimos al demonio ciertas cosas que no entendemos, sin pensar que pueden ser cosas que no entendemos de Dios».
(En “Del Amor y Otros Demonios”)
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«Dios es muy grande».
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Con el padre Pieschacón, el rector, tuve algunas charlas casuales, y de ellas me quedó la certidumbre de que me veía como a un adulto, no sólo por los temas que se planteaban sino por sus explicaciones atrevidas. En mi vida fue decisivo para clarificar la concepción sobre el cielo y el infierno, que no lograba conciliar con los datos del catecismo por simples obstáculos geográficos.
Contra esos dogmas el rector me alivió con sus ideas audaces. El cielo era, sin más complicaciones teológicas, la presencia de Dios. El infierno, por supuesto, era lo contrario. Pero en dos ocasiones me confesó su problema de que «de todos modos en el infierno había fuego», pero no lograba explicarlo. Más por esas lecciones en los recreos que por las clases formales, terminé el año con el pecho acorazado de medallas.

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En los tranvías y orinales públicos había un letrero triste: «Si no le temes a Dios, témele a la sífilis».

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Se puede entrever que en su infancia y parte de su adolescencia, García Márquez sintió curiosidad, fascinación por las cosas religiosas propias del catolicismo: historia bíblica que según él mismo cuenta conoció solo por fragmentos leídos por terceros, pero no directamente. Ademàs antes que la Biblia se dejó arrobar más por “Las mil y una noches”, “Don Quijote” al que aprendió a querer luchando contra si mismo,  y el “Ulises” de Joyce al que considero fundamental en su vocación y carrera como escritor:

Jorge Álvaro Espinosa, un estudiante de derecho que me había enseñado a navegar en la Biblia y me hizo aprender de memoria los nombres completos de los contertulios de Job, me puso un día sobre la mesa un mamotretosobrecogedor, y sentenció con su autoridad de obispo:
—Esta es la otra Biblia.
Era, cómo no, el Ulises de James Joyce, que leí a pedazos y tropezones hasta que la paciencia no me dio para más. Fue una temeridad prematura. Años después, ya de adulto sumiso, me di a la tarea de releerlo en serio, y no sólo fue el descubrimiento de un mundo propio que nunca sospeché dentro de mí, sino además una ayuda técnica invaluable para la libertad del lenguaje, el manejo del tiempo y las estructuras de mis libros.

No se puede olvidar su paso por el colegio de Zipaquirà, regido por los jesuitas, donde la imagen que le dejaron  los sacerdotes fue de hombres solteros y tristes, pero sin embargo inteligentes:

Enseguida recobró su estilo propio y decidió que mi suerte estaba en aquel antiguo convento del siglo XVII, convertido en colegio de incrédulos en una villa soñolienta donde no había más distracciones que estudiar. El viejo claustro, en efecto, se mantenía impasible ante la eternidad. En su primera época tenía un letrero tallado en el pórtico de piedra: El principio de la sabiduría es el temor de Dios. Pero la divisa fue cambiada por el escudo de Colombia cuando el gobierno liberal del presidente Alfonso López Pumarejo nacionalizó la educación en 1936.

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En su infancia participó inclusive como monaguillo de la misa, pero ninguna trascendencia y fuerza arrobadora o inspiradora encontró en ella:

Empecé a ayudar la misa sin demasiada credulidad, pero con un rigor que tal vez me lo abonen como un ingrediente esencial de la fe. Debió ser por esas buenas virtudes que me llevaron a los seis años con el padre Angarita para iniciarme en los misterios de la primera comunión. Me cambió la vida. Empezaron a tratarme como a un adulto, y el sacristán mayor me enseñó a ayudar la misa. Mi único problema fue que no pude entender en qué momento debía tocar la campana, y la tocaba cuando se me ocurría por pura y simple inspiración. A la tercera vez, el padre se volvió hacia mí y me ordenó de un modo áspero que no la tocara más. La parte buena del oficio era cuando el otro monaguillo, el sacristán y yo nos quedábamos solos para poner orden en la sacristía y nos comíamos las hostias sobrantes con un vaso de vino.
La víspera de la primera comunión el padre me confesó sin preámbulos, sentado como un Papa de verdad en la poltrona tronal, y yo arrodillado frente a él en un cojín de peluche. Mi conciencia del bien y del mal era bastante simple, pero el padre me asistió con un diccionario de pecados para que yo contestara cuáles había cometido y cuáles no. Creo que contesté bien hasta que me preguntó si no había hecho cosas inmundas con animales. Tenía la noción confusa de que algunos mayores cometían con las burras algún pecado que nunca había entendido, pero sólo aquella noche aprendí que también era posible con las gallinas. De ese modo, mi primer paso para la primera comunión fue otro tranco grande en la pérdida de la inocencia, y no encontré ningún estímulo para seguir de monaguillo.

(Continuará...) 

27 de abril del 2014: 2o Domingo de Pascua. Domingo de la Misericordia (A,B,C)


La resurrección en el día a día

Acostumbrados a los relatos de la Resurrección, nosotros corremos el riesgo de no ver las sacudidas y movimientos que hace surgir en nuestra vida.
La Liturgia de este domingo 2º de Pascua es un llamado a descubrir la frescura de la Pascua.


EVANGELIO DE NUESTRO SENOR JESUCRISTO SEGÚN SAN JUAN 20, 19-31
Ese mismo día, el primero después del sábado, los discípulos estaban reunidos por la tarde, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se puso de pie en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!»
20.Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron mucho al ver al Señor.
21.Jesús les volvió a decir: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envío a mí, así los envío yo también.»
22.Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo:
23.a quienes descarguen de sus pecados, serán liberados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos.»
24.Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.
25.Los otros discípulos le dijeron: «Hemos visto al Señor.» Pero él contestó: «Hasta que no vea la marca de los clavos en sus manos, no meta mis dedos en el agujero de los clavos y no introduzca mi mano en la herida de su costado, no creeré.»
26.Ocho días después, los discípulos de Jesús estaban otra vez en casa, y Tomás con ellos. Estando las puertas cerradas, Jesús vino y se puso en medio de ellos. Les dijo: «La paz esté con ustedes.»
27.Después dijo a Tomás: «Pon aquí tu dedo y mira mis manos; extiende tu mano y métela en mi costado. Deja de negar y cree.»
28.Tomás exclamó: «Tú eres mi Señor y mi Dios.»
29.Jesús replicó: «Crees porque me has visto. ¡Felices los que no han visto, pero creen!»
30.Muchas otras señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus discípulos que no están escritas en este libro.
31.Estas han sido escritas para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Crean, y tendrán vida por su Nombre.

A GUISA DE INTRODUCCIÓN:

 Recibir la confianza de los otros, para creer…

1.     Creer, es antes que nada, creer en sí mismo, en sus capacidades. Tener confianza en sí, llega a ser posible, cuando alguien tiene confianza “en nosotros”.
Si un cónyuge tiene confianza en su esposa, ésta gana más confianza en sí misma; y es verdad para el conyugue también, cuando su esposa se fía de su marido. Lo que es válido para los hijos hacia los padres; y para los padres con respecto a sus hijos.
Confiar en alguien, es la más grande marca de amistad, y es el signo de que se cree en los valores fundamentales de la humanidad.

2.     La fe en sí mismo y en el otro no se asocian necesariamente con la FE en Dios, igual si es verdad que ella dispone alguien a la confianza en una actitud positiva.
Si ciertas personas buscan signos para cimentar su FE, es porque necesitan estar seguros. Estas personas que están en búsqueda de signos para aumentar su fe o para tenerla simplemente, toman un camino equivocado y o falso.

3.     En nuestra FE, nosotros tenemos necesidad del apoyo o sustento de la Comunidad (como signo para nuestra FE), al ejemplo del apóstol Tomas, para el encuentro con el Resucitado.
Las personas convencidas en su FE tienen como papel o rol principal revitalizar la comunidad, para que esta llegue a ser un lugar real de recorrido o camino de la FE, por la Palabra y el pan compartidos, la fraternidad y la acción.

“y por lo tanto, yo pienso en ello…
yo he visto hombres…yo he visto mujeres;
yo he visto jóvenes y niños cristianos de verdad.
No muy numerosos, es verdad, pero los he visto…
He visto ojos, que se abrían a la luz,
y que en lo cotidiano de sus vidas,
leían tu presencia magnifica, maravillosa!
Hombres sin esperanza retomaban gusto por la vida…
Hombres que aparecían ante los ojos de los otros como inútiles,
ineficaces, hombres que era necesario arrastrar,
hombres que no eran ya hombres han surgido de la tierra,
y volvieron a vivir.
Todo eso, yo lo he visto.
Mas el vidente, no eres Tu Señor a quien he visto?
 No eres Tú a quien he tocado?
Es verdad, yo lo sé, yo lo he visto, yo lo creo.
Mi Salvador está vivo.
Mi Señor y mi Dios.”   (Jacques Grand Maison).



Una aproximación psicológica al texto del Evangelio:

JESÚS NO CREE EN MILAGROS 

Para muchas personas que viven un cuerpo a cuerpo (en la lucha) entre sus dudas y su fe, las palabras que Jesús dirige a Tomás aparecen difíciles de aceptar. 

En el sentido como se han comprendido habitualmente, es decir, “cree sin preguntarte, sin cuestionarte tanto”, esta frase o expresión es inaceptable. Y no solamente inaceptable, es totalmente contraria al pensamiento de Jesús. 

En efecto, Jesús nos dice: antes de creer, antes de seguirme, antes de tomar la decisión de hacerte mi discípulo, tomate el tiempo para sentarte! ( es la parábola de la torre a construir y del ejercito a afrontar- Lucas 14,25-33). Examina, escudriña primero el terreno, aprende a conocerte, explora tu potencial. De otro modo tú te preparas para enfrentar preocupaciones, estar aburrido tener y dolores de cabeza! 

San Pablo retoma la misma exigencia de exploración y de verificación rigurosa en lo referente a la vida espiritual, cuando  pide: “Verifiquen, examínenlo todo: lo que es bueno, reténganlo (quédense con ello) (1 Tes 5,21). 

Sería entonces bastante inverosímil que Jesús reprochara a Tomàs por poner cuidado a las cuestiones que surgían en su interior. 

La reacción de Jesús se comprende mucho mejor si la situamos en el contexto de su actitud habitual de cara a aquellos que “piden o exigen signos”. Esta manera de exigir milagros para arreglar sus problemas de fe, indisponía profundamente a Jesús (Marcos 8,11-13) y hacia que se impacientara tanto que dejaba plantado allí todo el mundo en medio de la discusión (Mateo 16,4). 

Jesús no creía en milagros, en los “signos”, para fundamentar la fe (Juan 2,23-25), 
y aquello lo frustraba tanto el que se asociara la fe con la vista de un milagro (Juan 
3,48). 

Así entonces, lo que le reprocha a Tomas no es que éste se cuestione (o se haga preguntas) acerca del sentido de los sucesos de la Pascua o sobre el sentido de su relación personal. Lo que le reprocha a Tomas, es que él piense que el simple hecho de verle (a él) a Jesús podrá arreglar todos sus problemas. 

 Bienaventurados (o felices) aquellos que no esperan  respuestas ya hechas, pero que son capaces de situarse en su fe, yendo hasta el final de las preguntas que ellos llevan consigo! 

Fuente: 
JEAN-LUC HETU, en “Les options de Jésus”



REFLEXIÓN CENTRAL


La constante evolución de su (mi, nuestra) FE

Con la edad, como en mi caso, nos puede pasar que somos como  Tomás Dídimo, de tener mayor dificultad para CREER, de sentir menos que antes LA PRESENCIA DE DIOS. Qué es lo que pasa entonces?

El más bello paralelo que muchos autores creyentes como yo han podido encontrar para comprender la evolución de la FE es la relación padre-hijo.

En nuestra infancia, la presencia de nuestros padres era constante, estaban muy presentes (quizás asfixiantes, en el caso de los sobreprotectores), protegiéndonos y mimándonos (contemplándonos como decimos en la zona paisa), pues éramos totalmente dependientes de ellos.  En el campo espiritual, durante la infancia, nosotros nos sentimos bendecidos por Dios y su presencia se hace sentir a cada instante. En el Evangelio este periodo corresponde a la narración de los milagros donde se cantan las maravillas de Dios. Una Teresa de Lisieux (Santa Teresita del Nino Jesús) se regocijaba como un niño al ver esa nieve excepcional que ella había pedido y la cual caía en el momento de su profesión religiosa. Un Ayrton Senna, campeón conductor de Formula 1, se enorgullecía de ser protegido por Dios.

Después viene la adolescencia, cuando se descubre otro mundo distinto al de los padres y que cuestiona. En el mundo de la Fe, esto es la constatación que se puede vivir muy bien sin Dios y ser autentico, y sobre todo que las injusticias y el mal están tan presentes en nuestro mundo, y que esta tierra parece girar sin que Dios haga algo. En el Evangelio, esta crisis está presente sobre todo con la llegada de la Pasión y el Proceso de Jesús: no hay más milagros, hay solamente la dura realidad de la vida. De igual modo una Teresita del Nino Jesús vive la tortura del cuestionamiento. Ayrton Senna perece en un accidente de la Formula 1.

En qué se convierten los padres para los hijos en la edad adulta? Al menos que se siga siendo una persona dependiente, no tenemos más una relación utilitaria. La única posibilidad: un nuevo tipo de relación, más de igual a igual, fijada o anclada más en una forma de amistad (y yo agregaría de agradecimiento). No pasará un poco de igual manera por el lado de Dios? Alguien podría reaccionar indignado ante mi afirmación, recordándome que nosotros no somos Dios…Pero Jesús acaso no ha dicho: “ya no les llamo más servidores…yo los llamo amigos”.

Todo el evangelio de este domingo que se sitúa después de la muerte de Jesús, va en el mismo sentido. Por qué los discípulos se regocijan al ver a Jesús? La fuente de esta alegría es el simple hecho que Él esté presente, que Él esté vivo. Uno diría igualmente, que una tal actitud no es posible sino después de una experiencia de duelo y de tristeza, tal como lo han vivido los discípulos, como si hubiese sido necesario que muera el rostro omnipresente y omnisciente del padre o de la madre.

Qué es lo que lleva Tomás a grita: “Señor mío y Dios mío”. Habría recibido para él un favor especial, por ejemplo una curación? No en absoluto. Este grito de FE viene después de sentirse reconocido por Jesús: en efecto, tal exclamación retoma todas las palabras dichas por Tomás 8 días antes y delante los demás discípulos, como si él hubiera estado allí. Este conocimiento es el que existe nada más en una relación de amor profundo.

Algo parecido o igual puede decirse de aquello que ha vivido María Magdalena con el jardinero cerca al sepulcro vacio, cuando éste le dice: “María” y ella reacciona exclamando “Rabí”, como lo dice el evangelio de Juan: “El pastor conoce sus ovejas por su nombre”…

Cuando Jesús dice: “Como el Padre me ha enviado, yo también los envío”, nosotros somos reenviados al momento cuando los padres desaparecen (o se borran) para dejar a los hijos tomar la antorcha o la llama. Para continuar una misión, hace falta un mínimo de relación de igualdad. Es por otro lado el sentido del don del Espíritu.

Nosotros somos capaces de descentrarnos de nosotros mismos, y de engendrar a nuestro turno. Teresa de Lisieux decía antes de morir: “Cuando yo muera…quiero continuar siendo misionera”.

He escrito y o dicho todo esto, porque estoy convencido que este paradigma permite hacer la transición hacia una FE adulta, a una FE sin miedos, sin desconfianzas (de Iglesia), sin reparos u odios,  salida de, fruto y don de la Pascua. A pesar de ser seres creados, finitos, limitados y pecadores, estamos llamados a un amor de intimidad como si fuéramos iguales a nuestro creador.
Esto no impide o no quita los momentos cuando gritamos pidiendo ayuda, pero también se hace en un contexto de un ser que se abre a un amigo. He aquí la mejor definición del Evangelio de Juan.

Mi dificultad a (de) creer viene probablemente del difícil nacimiento de la FE después de Pascua, donde es necesario antes tener la experiencia de una forma de duelo en nuestra percepción de aquel que nosotros llamados Dios.
En el transcurso de la celebración de este fin de semana, por qué no exclamar fuerte como se dice en francés después de la consagración del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo y que llamamos Anamnesis (memoria):  “Il est grand le mystère de la foi”( “Cómo es de grande (inmenso) el misterio de la FE”. )



lunes, 14 de abril de 2014

20 de abril del 2014: Domingo de Pascua y de la Resurrección del Señor

Luz plena :

Cristo es vencedor de la muerte! Ante  el sepulcro vacío, estamos llamados a CREER, ya sea inmediatamente, como el apóstol Juan, o más tarde como María Magdalena. Tras los pasos de Cristo, estamos invitados a salir de nuestros sepulcros para una VIDA ETERNA, LA VIDA DE RESUCITADOS.



EVANGELIO DE  NUESTRO SENOR JESUCRISTO SEGÚN SAN JUAN:

1.El primer día después del sábado, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, y vio que la piedra que cerraba la entrada del sepulcro había sido removida.
2.Fue corriendo en busca de Simón Pedro y del otro discípulo a quien Jesús amaba y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»
3.Pedro y el otro discípulo salieron para el sepulcro.
4.Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más que Pedro y llegó primero al sepulcro.
5.Como se inclinara, vio los lienzos tumbados, pero no entró.
6.Pedro llegó detrás, entró en el sepulcro y vio también los lienzos tumbados.
7.El sudario con que le habían cubierto la cabeza no se había caído como los lienzos, sino que se mantenía enrollado en su lugar.
8.Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero, vio y creyó.
9.Pues no habían entendido todavía la Escritura: ¡él "debía" resucitar de entre los muertos!

A guisa de introducción: 

El deseo de vivir

Indudablemente que lo que deseamos todos es una VIDA PLENA, humana, en salud, en bienestar. Esta es una de las aspiraciones más profundas, uno de los deseos más reales y o verdaderos, anclados en nuestra existencia. Nosotros deseamos vivir…FELICES.

Jesús lo había comprendido, este deseo de vivir. Más allá del fracaso, de las apariencias, Él ha rencontrado la vida. Él les ha devuelto el gusto de vivir a todos aquellos que han creído en Él.

La ceremonia del Sábado Santo habla de la vida, por las lecturas bíblicas de la Creación, del Éxodo (deseo de vivir libre), por la Carta de San Pablo a los Romanos (vida del bautismo), por el Evangelio de la Resurrección.

El deseo de vivir puede ser colmado en parte por nuestra energía o esfuerzo personal, por nuestros medios modernos. Debemos dejar de VIVIR en un estilo que no tiene futuro (el de AMO y sirvientes o esclavos). Rencontremos un estilo de vida actual que tenga cuenta de lo humano, del buen sentido; no escamoteemos la realidad con principios de antaño. Vivamos la realidad de hoy, con principios que den cuenta de la VIDA, de una vida arraigada en este mundo, puesto que nosotros vivimos en esta época y no en otro tiempo, ni en otro lado, con el objetivo de ir más lejos.

Rencontremos el gusto de implicarnos en nuestros asuntos, como Iglesia de Bautizados; algo así como las “partes” o miembros de una empresa, dando ánimo a los empleados para que realicen bien su trabajo y diciéndoles esto les pertenece, es nuestra propiedad… Los Bautizados tienen el deber de informarse sobre lo que ellos son, de formarse, de ser y de llegar a ser lo que ellos son.

La vida supera los sacramentos. Es muy importante mirar cómo se evangeliza en el corazón o centro de la vida y de la existencia (en lo cotidiano).

El deseo de vivir puede ser satisfecho, sobre todo por la FE en la Resurrección de Cristo.
Los cristianos, convencidos de la Resurrección de Cristo, poseen un optimismo, un entusiasmo comunicativos, esta es la esperanza en su esencia, genuina.

Cristo es vencedor. Él ha merecido y ganado bien la medalla de Oro en la carrera contra la muerte.


La Vida de Pascua, es mucho más que los conejos en o rellenos de chocolate (y que por el excesivo mercantilismo y consumismo se come aun fuera del tiempo). La vida de Pascua es la esperanza de vivir por (para) siempre. Vivir inmediatamente, enseguida con Cristo viviente.


Una aproximación psicológica al texto del evangelio:

Tú conocerás a Yahvé

La resurrección es la intervención de Dios en el caso Jesús.
Es la toma deposición de Dios de cara a las opciones de Jesús. 
Es Dios quien interviene para decir: si, tiene sentido, eso de orar como Él lo ha hecho, de luchar como Él ha luchado, de morir como Él ha muerto.

La resurrección, es Dios quien interviene para contradecir los cínicos que dicen: la militancia, ahí vemos donde lleva eso; el amor, ahí constatamos lo que él da; la búsqueda de Dios, podemos bien concluir a dónde, eso  lleva.

En la resurrección, Dios afirma que hay un más allá 
de la represión por el poder, 
de la traición que decepciona el amor, 
de la noche que desemboca en oración; 
y que represión, traición y noche son un pasaje hacia otra cosa, que esta oscuridad desemboca sobre la luz y sobre una posibilidad nueva de comunión.

La resurrección de Jesús aparece entonces como una consecuencia comprensible de lo que le ha precedido. No porque este evento no sea pura gracia de Dios, sino a causa justamente del deseo gracioso de Dios de ser reconocido por el hombre.

Conocer a Dios, es primero que todo vivir de la justicia: “No hay ni sinceridad, ni amor, ni conocimiento de Dios en el país,  sino perjurio y mentira, asesinato y robo, adulterio y violencia…” (Oseas 4,2).

Aquel que se comprometiera con todas sus fuerzas a “conocer Dios” en la búsqueda de la justicia social, este mismo no podrá actuar de otro modo que desembocar un día sobre Dios, y esto en virtud misma de su promesa: “yo te haré mi novia en la justicia y en el derecho, en la ternura y en el amor; yo te haré mi novia en la fidelidad, y tu conocerás a Yahvé” (Oseas 2,21).

He aquí que esto fue lo que le sucedió a Jesús. 
El cómo de su resurrección permanece ciertamente como una realidad misteriosa, pero su sentido es claro: ella es la muestra de  la fidelidad de Dios a su compromiso, un compromiso también real y creador como el compromiso de Jesús: concreto, fuerte y cimentado en la esperanza.



Reflexión central:

El compromiso es ahora
Pascua es la fiesta cristiana más grande del año. Es la fiesta de la vida, de la primavera, de la renovación, de la alegría.
Lo que distingue los cristianos de los no creyentes es la resurrección, es la fe y la confianza en un Dios que rechaza la idea de poner fin a la vida y que no acepta que todo se termine en el cementerio. De otro lado, la palabra que los cristianos utilizaban para indicar el lugar donde ellos enterraban sus difuntos era la palabra griega “koimiterion”, que ha llegado a ser nuestra palabra “cementerio” y que quería decir “hotel para visitantes extranjeros”, “refugio de pasaje”.
La liturgia del domingo de Pascuas está impregnada de paz y serenidad.
“El Señor ha resucitado!”; “El sol se ha puesto: no busquen más entre los muertos a Aquel que vive. EL ha roto las cadenas de la muerte!”. Jesús le había dicho a María la hermana de Lázaro: “Yo soy la resurrección y la vida. Si alguien cree en mí, mismo si él muere vivirá”.
La resurrección, es la respuesta de Dios Padre a la violencia, a la injusticia de la tortura y de la cruz. Aquellos que han condenado a Jesús creían que podían hacerle callar y deshacerse definitivamente de Él. Pero el padre lo ha resucitado, aprobando los valores que Él ha querido promover durante su vida.
Nuestra fe cristiana no se limita a recordarnos que Cristo ha resucitado y que nuestra vida no se termina con la muerte. La Pascua y la resurrección conducen a una nueva primavera después de un invierno abominable, asesino y glacial. La pascua y la resurrección nos incitan a comprometernos ahora, a tomar la vida en serio. Cristo nos invita a vivir plenamente desde ahora, a salir de nuestros sepulcros, de nuestras decepciones o desalientos, de nuestros miedos, de nuestros temores.
“Salgan de sus tumbas”, de sus vidas sin esperanza. Recomiencen a respirar a pleno pulmón…”Yo he venido para que tengan vida y la vida en abundancia” (Juan 10,10).
Después de la ultima cena, yendo al Monte de los Olivos, Jesús había dicho a sus discípulos: “Una vez que haya resucitado, yo iré delante de ustedes en Galilea”. Es esta misma invitación que Jesús transmite a las mujeres después de la resurrección: “Vayan a anunciar a mis hermanos que deben estar presentes en Galilea: es ahí que ellos me verán”. Ellos son convidados a retornar a su Galilea natal, a su lugar de origen, a sus familias, a sus barcas y a sus redes.
Nuestra religión es una religión pascual. No ignoramos por lo tanto el mal presente en el mundo, mas rechazamos creer que este mal tendrá la última palabra, y hacemos todo para que él sea vencido.
Es verdad que vivimos en un mundo de muerte. Cien millones de personas han perdido la vida a causa de la guerra durante el último siglo, 60% de la población mundial sufre de pobreza crónica y de malnutrición. Vivimos en un mundo de discriminación, de violencia, de terrorismo, de suicidio, de drogas, del abuso de alcohol, de malos hábitos alimentarios, de falta de respeto hacia la naturaleza. Y sin embargo nosotros queremos luchar contra todos esos fenómenos y esos abusos mortales.
Es por eso , que al recordar la Pascua, cada “primer día de la semana”, nos reunimos alrededor del Señor. El Sabbat (sábado) era el último día de la semana : “el séptimo día”…Para los cristianos, “el primer día de la semana” es un día de fiesta y de adoración antes del trabajo que va continuar. El domingo cristiano inaugura e impregna los días que seguirán.
Cristo resucitado está presente entre nosotros: “cada vez que dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”. Él nos invita a escuchar su palabra, a compartir su vida, a retomar fuerzas antes de retornar a “nuestra Galilea”, donde Él nos acompaña día a día: “He aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”.
Hoy, festejamos la más grande fiesta cristiana del año, la fiesta de Pascua. Cristo resucitado nos da el coraje para volver al interior de nuestras familias, a nuestro trabajo, para vivir la primavera de Dios.
En este primer día de la semana, en este día de la Resurrección del Señor,
Felices Pascuas para todos. “El Señor resucito, aleluya, aleluya!”

Referencias:

Biblia Latinoamericana 
http://paroissesaintefamilledevalcourt.org
Jean-Luc Hétu, Les Options de Jésus
http://cursillos.ca

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