lunes, 4 de abril de 2016

10 de abril del 2016: 3er Domingo de Pascua (C)


Un nuevo comienzo con el Resucitado!

Jesús resucitado se da a conocer en la vida concreta de sus discípulos, hecha de encuentros, de noches y de fracasos.

Estamos acá con nuestras alegrías, nuestros triunfos y también con nuestros sufrimientos y nuestras decepciones. Jesús Resucitado nos espera y quiere abrir nuestros ojos y darnos fuerza y coraje. Él ha preparado la mesa. Tomemos nuestro lugar con toda confianza para vivir un nuevo comienzo con el Resucitado.




EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 21, 1-19

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón
Pedro les dice:
-- Me voy a pescar.
Ellos contestaban:
-- Vamos también nosotros contigo.
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada.
Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice:
-- Muchachos, ¿tenéis pescado?
Ellos contestaron:
-- No.
Él les dice:
-- Echad la red a la derecha de la barca y encontrareis.
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro.
-- Es el Señor.
Al oír que era el Señor. Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaba de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.
Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice:
-- Traed de los peces que acabáis de coger.
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice:
-- Vamos, almorzad.
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quien era, porque sabían muy bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da; y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.
Después de comer dice Jesús a Simón Pedro:
-- Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?
Él le contestó:
-- Sí, Señor, tu sabes que te quiero.
Jesús le dice:
-- Apacienta mis corderos.
Por segunda vez le pregunta:
-- Simón, hijo de Juan, ¿me amas?
Él le contesta:
-- Sí, Señor tu sabes que te quiero.
Él le dice:
-- Pastorea mis ovejas.
Por tercera vez le pregunta:
-- Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?
-- Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contesto:
-- Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.
Jesús le dice:
-- Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.
Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios.
Dicho esto, añadió:
-- Sígueme.

Palabra del Señor



A guisa de introducción:

Una simpática historia y reflexión: comparación de peces y cristianos:

Vittorio Messori, ese periodista italiano, ateo en un principio y anticlerical, se convirtió mientras hacía una investigación sobre los fundamentos históricos de la FE CRISTIANA. Él publicó un Best-seller traducido a más de 25 lenguas titulado “Hipótesis sobre Jesús”. Cada vez que aparece un ataque, él como exegeta retoma el trabajo para responder punto por punto y volver a decir que el evangelio, es creíble. Nuestra fe es histórica. Ella es “apostólica”. Es decir, está basada sobre lo que los apóstoles han visto con sus ojos, escuchado con sus oídos, tocado con sus manos, olido con su olfato, saboreado al lado de Jesús. El evangelio, es la experiencia concreta de hombres y mujeres que tenían los pies sobre la tierra. Esto no impide que el evangelio emplee también el lenguaje simbólico. Por ejemplo, ¿los apóstoles han realmente contado los 153 peces de la pesca milagrosa del evangelio de Juan? Un pez es resbaladizo. Uno puede equivocarse con facilidad…153 (es una cifra simbólica) (153 especies de peces según S. Jerónimo) (para otros, es un número obtenido disponiendo sobre líneas sucesivas 1 punto, después 2 puntos, luego 3 puntos, etc., hasta 17. Estos puntos forman un triángulo donde cada uno de los lados cuenta 17 puntos. Ahora, 17 es la suma de 10, que significa la multitud, y de 7, cifra perfecta que significa la totalidad.

El número 153 es entonces el símbolo del conjunto o totalidad del universo. Esto significa que la red o atarraya de San Pedro es bastante sólida para contener todo el universo.  La red, es el Reino de Dios. El primer pez, es Jesús. Ustedes saben que durante siglos y todavía hoy, el pez- (que no pescado, de niño me enseñaron que pez se llama mientras vive, y pescado una vez sacrificado o muerto)- es fácil de dibujar- es el signo para reconocer los cristianos. Cuando ustedes ven un pescado o pez detrás un carro, ustedes saben que el conductor es cristiano. En griego pescado se dice ichtus. Cada letra es el comienzo de una palabra y el conjunto constituye una frase que significa: Jesucristo Hijo de Dios Salvador. Un signo perfecto. Como un pez en el agua: por el Bautismo, nosotros nos hemos convertido en los peces (pescados) atrapados en la red del Padre.

En la Iglesia del Señor, hay peces:

Que ronronean, esos son los peces-gato…que están ahí “Dios me lleve, Dios me traiga, adormilados, indiferentes, contentos con muy poco”.

Que no hacen más que repetir sin reflexionar demasiado: esos son los peces-loro.

Peces que son a menudo distraídos, esos son los peces-luna.

Peces que no perseveran o cambian de lugar: esos son los peces-eléctricos.

Peces que son viejos lobos de mar…peces-piloto que guían a los otros.

Peces que están siempre alegres: esos son los peces-payaso.

Hay peces de todos los colores: peces rojos, peces blancos, e igualmente peces negros, al chocolate.

Hay peces con la lengua bien afilada: esos son los peces-espadas.

Hay peces muy intelectuales: esos son los peces-volante (o cabrilla).

Hay algunos que fueron tiburones y que han llegado a ser delfines muy tiernos, muy buenos (mismo si los delfines no están clasificados entre los peces),

Hay peces  de agua dulce y aguas de alta mar.

Viva la variedad extrema de nuestra Iglesia!


Nosotros sabemos lo que entristece al señor: y es que lleguemos a ser pescado seco o pescado congelado. Cuando nos separamos de Él, cuando nuestro corazón no lo acoge más, ni en la oración, ni en la comunión, ni en la confesión.

A Él tampoco le gusta que uno termine en cola de pescado cuando uno no va hasta el final de sus compromisos, o que hagamos colas de pescado a los demás. O que nosotros los “atrapemos o encintemos” como pescado podrido.

A Él tampoco le gusta que uno ahogue el pez cuando se rechaza a la verdad. Pero el Señor también puede repescarnos…Lo que le agrada, es que nosotros estemos en su casa como un pez en el agua.

Es el gran negocio de nuestra vida: conocer al Señor, conocerlo cada vez más y mejor, llegar a ser un familiar de Dios.

Un día, un pescador me hacía caer en cuenta: se dice que uno atrapa peces. En efecto, será necesario decir lo contrario. Es el pez quien nos atrapa. Si un pez no quiere morder el anzuelo, usted no puede hacer nada absolutamente. Esto también es verdad en la FE: el Señor no nos atrapará nunca a la fuerza. Él hace todo lo necesario para atraernos. Él nos ama, Él imanta. Pero seré yo quien finalmente decidirá dejarse o no atrapar por Él…



Aproximación psicológica al texto del evangelio:

Un nuevo comienzo de manera suave y tierna…

Después de una disputa violenta, los conyugues que se quieren reconciliar retoman a menudo contacto, rehacen su relación, haciéndose preguntas muy aterrizadas, como para evitar toda alusión a lo que acaba de pasar. En la punta de los pies, como para reaprovisionarse el uno con el otro, ellos comienzan a hacer el uno por el otro, gestos muy simples que significan: acércate suavemente. Y más pronto que tarde, ellos están juntos de nuevo.

Esto se parece mucho al clima psicológico que se desprende de la aparición de Jesús a sus discípulos cuando estos están pescando.

Acaba de sucederse cosas terribles, muy duras entre Jesús y los apóstoles. El “pastor” que tenía tanta influencia sobre el grupo “ha sido golpeado”, y este evento ha sumergido “las ovejas” en la decepción (Marcos 14,27). “Apretujados los unos contra los otros como animales durante la tormenta” (Bornkamm), los discípulos cargan en silencio su sufrimiento reciente.

Si Jesús resucitado quiere reanudar contacto con ellos, le será necesario respetar este sufrimiento, caminar en la punta de los pies, consentir a recomenzar suavemente con ellos. Y, de hecho, las interacciones entre las personas que no quieren hacerse daño, están teñidas emocionalmente de sobriedad y pudor:

Pedro: “Voy a pescar”.
Los otros: “Vamos contigo”.
Jesús:  «Muchachos, ¿tienen algo que comer?»
Ellos: Nada
Él: «Echen la red a la derecha…”
Juan: “Es el Señor”
El Señor: «Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar. Vengan a desayunar».

Y eso es todo…No hay más palabras. De parte y parte, se respeta la intensidad de lo que se ha vivido en el sufrimiento y el decaimiento. No será sino más tarde, luego de otros encuentros, que se arriesgará volver sobre lo que se ha vivido, que se ensayará de desprender o encontrar el sentido.

Pero tranquilamente, poco a poco, la vida retoma su fuerza. Ahora, es alrededor de los apóstoles cuando hay que retomar aliento. Y cuando el tiempo, mucho tiempo después, Pedro volverá a pensar en ello, cuando evocará los caminos de Dios a través de esta extraordinaria aventura, escribirá: “Él nos ha hecho renacer por la resurrección de Jesús” (1 Pedro 1,3). “Es aquel que uno creía muerto, pero éramos nosotros los muertos. Y su resurrección nos ha hecho revivir”.

¡Feliz o bienaventurado aquel que vuelve a encontrar la FE en la persona que para sus ojos (o a su manera de ver) estaba muerta!


REFLEXIÓN CENTRAL:


1    Ante una misión imposible:

Hay momentos y horas oscuras, sombrías en la vida, cuando todo parece condenado al fracaso. Uno se siente acongojado por los eventos, agotado por las responsabilidades. En esos momentos uno se siente poca cosa, muy pequeño. Uno busca de donde nos vendrá la luz y la fuerza para cumplir nuestra misión o cometido. Y es cierto, mirando nuestra vida familiar, nuestros ambientes de trabajo, por todas partes.

Y es verdad todo esto sobre todo cuando pensamos en nuestra misión de cristianos: aportar al mundo la buena noticia del evangelio, hacer descubrir a los otros la ternura de Dios. Miles de obstáculos nos recuerdan nuestra impotencia, al menos que el Señor intervenga con su fuerza de Resucitado.

En tiempos simples y de conmoción, el evangelio de hoy nos muestra una manifestación de Jesús resucitado a sus discípulos. La escena se pasa a la orilla del lago Tiberíades, en Galilea. Los apóstoles rencuentran a Jesús pero sin reconocerlo.  Les será necesario la experiencia de una pesca milagrosa para darse cuenta que Jesús está vivo y presente en ellos, en sus penas y en sus esfuerzos.

La historia nos es familiar. Simón Pedro anuncia que va a la pesca y los apóstoles se comprometen espontáneamente a seguirlo. Ellos parten y pasan toda la noche sin pescar nada. En sus recuerdos de la predicación de Jesús, la pesca con la red, representa el Reino. Ella evoca también su misión a ellos: Jesús les había dicho que los haría PESCADORES DE HOMBRES (Mateo 4,19).

Los apóstoles sufren con dolor la pobreza de sus medios. Ellos parecen condenados a una misión imposible (como la del equipo IMF de la célebre serie de los 60s). Si ellos no llegan a atraer un solo pez en su red, ¿como pueden ellos soñar con reunir el mundo en el Reino de Jesús?

2.    El encuentro que cambia todo

Al despertad del día, los apóstoles vuelven con las manos vacías. Jesús se encuentra en la orilla, pero ellos no lo reconocen. Él les dirige la palabra para saber si tienen con qué desayunar. Después les sugiere lanzar nuevamente la red. Los discípulos confían en Él. Ellos esperan contra toda esperanza. Y he aquí que se reproduce el milagro de la pesca milagrosa. Una enorme cantidad de pescados, una red que no se rompe. “Es el señor”. Este grito de fe es de San Juan, quien había sido el primero en creer ante la tumba vacía. Pedro se lanza al agua, impetuoso como siempre. Y es ahí cuando tiene lugar el encuentro en el paro, en la alegría de la FE.

Los apóstoles no han sido engañados. Ellos serán pescadores de hombres. Librados a ellos mismos, ellos son incapaces de extender el evangelio en el mundo. Pero el Señor está con ellos. Y esto cambia todo. La misión es posible, a causa de Jesús.

Hoy aun, mucha gente dice que la Iglesia está acabada, que ella es impotente ante las crisis que la atraviesan, o todavía más, que ella no podrá nunca responder a los desafíos del mundo postmoderno, relativo y confundido. Mas nosotros compartimos la FE DE LOS APOSTOLES que es más fuerte y es evidente: El Señor está con nosotros. A causa de esto, juntos podemos construir un mundo nuevo. Nosotros podemos aportar en nuestros ambientes respectivos un poco de paz y de amor como lo que somos, reflejos del evangelio. Eso que es imposibilidad sin Jesucristo, llega a ser posible y altamente realizable a causa de Él, mismo si nosotros disponemos de pocos medios, poco prestigio o influencia.

El encuentro a la orilla del lago de Tiberiades tiene lugar al comienzo de la mañana. Esta luz de aurora todavía ilumina nuestra manera de ver nuestra misión y nuestros compromisos de hoy.

3.    La comida compartida

El Señor está con nosotros. Como en Galilea, Él tiene su manera discreta de irrumpir en nuestras vidas, de compartir nuestras penas y nuestras alegrías. A la manera de los discípulos, es necesario que lo reconozcamos y gocemos con su presencia que nos aporta LUZ, CORAJE y CONFIANZA.

San Juan ha querido describirnos la comida de Jesús con sus discípulos al momento del paro, de la inactividad laboral. Es el comienzo de un día nuevo. Jesús sirve a sus discípulos en la intimidad de una comida improvisada. Esta comida recuerda otras: la de la multiplicación de los panes, la de Emaús, y sobre todo aquella de la última cena.

En esta página del evangelio, la Iglesia aparece como enviada a lo ancho y profundo del mundo, encargada de la MISION. Los cristianos somos enviados de Jesucristo cerca de nuestros hermanos. La Iglesia aparece también reunida alrededor de su Señor quien la quiere alimentar con su Palabra y su Pan. Los cristianos somos amigos de Jesús, sus familiares.

Tenemos una gran misión a realizar, pero nosotros sabemos en quien hemos puesto nuestra confianza.

Después de su RESURRECCIÓN, Jesús está presente en la orilla de nuestras vidas.



Reflexión (2)

El Señor está siempre ahí...en el horizonte de nuestras vidas.

El pasado domingo, el Evangelio nos ha hablado de la fe del apóstol Tomás. Recordemos cómo él ha pasado de una fe que pide pruebas a una fe que dice: “Señor mío y Dios mío”. Hoy es Pedro quien resulta cuestionado: al comienzo su fe era muy voluntarista; hoy su fe se convierte en respuesta a la confianza que Jesús le demuestra.

Todo comienza con una decisión de ir a pescar, una pesca que se ve infructuosa. Es dentro de esta situación de fracaso que Jesús aparece y se une a sus discípulos. Él les hace reiniciar la pesca, y entonces el resultado supera todas sus expectativas y o esperanzas. El Evangelio nos habla de 153 pescados. Este número corresponde a un número de especies de peces conocido en la época. Este número simboliza la autoridad y la misión universal de los apóstoles. Pedro será confirmado en su misión de pescador de hombres. Pero él deberá comprender que el trabajo principal es realizado por Jesús. Y es siempre verdad para nosotros también: Él trabaja, Él está manos a la obra, nosotros no somos que los obreros, sus manos de obra.

Pedro era un hombre de mucha fogosidad. Él deberá aceptar que alguien diferente dirige su vida. Es Jesús quien tiene la iniciativa y no le pide a Pedro más que una cosa y es de amarlo más que los otros discípulos y estar dispuesto a sufrir para seguirlo. Él mismo, que había negado 3 veces a su maestro, se encontraba en una situación muy incómoda.  Pero Jesús le va ofrecer la manera de salir de tal situación: Pedro podrá decirle 3 veces seguidas su amor; Jesús lo convertirá en el pastor de su rebaño.

La misericordia de Cristo no ha cambiado. Ella se nos ofrece a todos. Cuando todo va mal, Él está sobre la rivera, en la orilla de nuestras vidas. Muy a menudo, nosotros no le reconocemos. Para reconocerlo, necesitamos pasar a la Fe pascual como el apóstol Tomás y como Pedro. Si estamos demasiado encartados, alienados por nuestras preocupaciones y por todo lo que nos mantiene alejados de Él, seremos incapaces de reconocerlo.

Pero, repetimos, la misericordia de Cristo no tiene límites. Él está siempre ahí, donde nosotros estamos para reavivar nuestra esperanza. Como Pedro, estamos invitados a sumergirnos y a confiar en su Palabra. Con Él, nosotros somos enviados al mundo para testimoniar esta fe que nos anima. Es a todos los hombres y mujeres del universo que Dios quiere manifestar su misericordia. Él mismo nos ha dicho que ha venido para buscar y salvar lo que estaba perdido, a quienes estaban perdidos. Sí Él ha dado su vida en la cruz, es por nosotros y la multitud.

La primera lectura nos muestra a los apóstoles en esta misión que Cristo les ha confiado. Hoy, nosotros los vemos ante el mismo tribunal que condenó a Jesús. Graves amenazas pesan sobre ellos. Pero ellos no dudan en afirmar su fe en Jesús Resucitado. Ellos deciden mejor obedecer a Dios antes que a los hombres. Ellos testimonian la victoria de Cristo sobre la muerte. Dios lo ha elevado al rango de jefe y de salvador de su pueblo. Es así como el Espíritu Santo ha hecho de estos hombres miedosos unos misioneros valientes.

En la 2ª lectura, hemos escuchado el pasaje del apocalipsis de San Juan. Este libro, es necesario decirlo, ha sido escrito por cristianos perseguidos y nos invita a darle Gloria al Cordero inmolado, vencedor de la muerte y del pecado. Seguramente que hay catástrofes y violencias de todo tipo. Hoy, más que nunca, los cristianos son perseguidos y son presa de burlas. Pero el poder del amor es una fuerza contagiosa que nada ni nadie puede detener. En definitiva, es el amor y no el mal que tendrá la última palabra.

El gran mensaje de estas tres lecturas bíblicas es que Cristo Resucitado está siempre ahí, aquí, y a pesar que no lo veamos. Él se nos une en las vivencias de cada día, en medio de nuestras dudas y nuestros sufrimientos. Cuando todo va mal, Él está ahí. Él viene para perdonarnos y hacer renacer nuestra confianza. Con él, podemos siempre empezar el camino hacia una vida renovada. La comida que nos propone para rehacer nuestras fuerzas, no es más ya pescado asado, sino su Cuerpo y su Sangre. Como Pedro, estamos confirmados en el amor; somos enviados para ser los testigos y los mensajeros del amor.

Con todos los cristianos del mundo entero, recibimos esta misión: “Vayan por todas las plazas, vayan por todo el mundo, a anunciar el amor y buscar mis amigos…”



ORACIÓN-MEDITACIÓN:

Eres Tú!, Señor, 
hoy, todavía estás aquí,
¡Tú el pan verdadero, que hace vivir!
Tú nos invitas a comer contigo,
todos juntos, los unos con los otros.

Mira entre nosotros aquellos que resienten
una carencia, un vacío, en su existencia.
Mira, aquellos que están sacudidos por un fracaso…
un rechazo…un duelo…el anuncio de un cáncer…
y que se ven tentados a desanimarse y a desesperarse.
¡Calienta y reconforta Señor sus corazones!
¡Provoca la sobreabundancia!

Que el Pan de amor que Tú nos das
nos empuje por ellos,
a lanzar las redes de la compasión y de la ternura
que muestran tu rostro y traducen
tu presencia y tu amistad que se ofrendan siempre.

Contigo, que te haces alimento para nuestra ruta,
que todos marchemos en la confianza,
con el corazón más liviano y en la Paz…que viene de Ti.

Amén.




REFERENCIAS:

-        http://betania.es (para los textos integrales de las lecturas bíblicas).

-        Pequeño Misal “Prions en Église”, edición quebequense, 2010.

-        HÉTU, Jean- Luc. Les Options de Jésus.

-        Histoire et réflexion: (extraites de « Paraboles d'un curé de campagne » 
         de  Pierre Trevet, no 57 et 58)

         http://dimancheprochain.org 



sábado, 19 de marzo de 2016

27 de marzo del 2016: Resurrección del Señor

La alegría de creer

Con la Iglesia del mundo entero, estamos reunidos para celebrar nuestra alegría de creer. Cristo no está más en la tumba, Él ha vencido la muerte. Él está vivo.



Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (20,1-9):

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor



A guisa de introducción: 

El deseo de vivir

Indudablemente que lo que deseamos todos es una VIDA PLENA, humana, en salud, en bienestar. Esta es una de las aspiraciones más profundas, uno de los deseos más reales y o verdaderos, anclados en nuestra existencia. Nosotros deseamos vivir…FELICES.

Jesús  había comprendido este deseo de vivir. Más allá del fracaso, de las apariencias, Él ha rencontrado la vida. Él les ha devuelto el gusto de vivir a todos aquellos que han creído en Él.

La ceremonia del Sábado Santo habla de la vida, por las lecturas bíblicas de la Creación, del Éxodo (deseo de vivir libre), por la Carta de San Pablo a los Romanos (vida del bautismo), por el Evangelio de la Resurrección.

El deseo de vivir puede ser colmado en parte por nuestra energía o esfuerzo personal, por nuestros medios modernos. Debemos dejar de VIVIR en un estilo que no tiene futuro (el de AMO y sirvientes o esclavos). Volvamos a encontrar un estilo de vida actual que tenga cuenta  lo humano, el buen sentido; no escamoteemos la realidad con principios de antaño. Vivamos la realidad de hoy, con principios que den cuenta de la VIDA, de una vida arraigada en este mundo, puesto que nosotros vivimos en esta época y no en otro tiempo, ni en otro lado, con el objetivo de ir más lejos.

Volvamos a encontrar el gusto de implicarnos en nuestros asuntos, como Iglesia de Bautizados; algo así como las “partes” o miembros de una empresa, dando ánimo a los empleados para que realicen bien su trabajo y diciéndoles esto les pertenece, es nuestra propiedad… Los Bautizados tienen el deber de informarse sobre lo que ellos son, de formarse, de ser y de llegar a ser lo que ellos son.

La vida supera los sacramentos. Es muy importante mirar cómo se evangeliza en el corazón o centro de la vida y de la existencia (en lo cotidiano).

El deseo de vivir puede ser satisfecho, sobre todo por la FE en la Resurrección de Cristo.

Los cristianos, convencidos de la Resurrección de Cristo, poseen un optimismo, un entusiasmo comunicativo, esta es la esperanza en su esencia, genuina.

Cristo es vencedor. Él ha merecido y ganado bien la medalla de Oro en la carrera contra la muerte.

La Vida de Pascua, es mucho más que los conejos en o rellenos de chocolate (y que por el excesivo mercantilismo y consumismo se comen aun fuera del tiempo). La vida de Pascua es la esperanza de vivir por (para) siempre. Vivir inmediatamente, y enseguida con Cristo vivo.




Una aproximación psicológica al texto del evangelio:

Tú conocerás a Yahvé

La resurrección es la intervención de Dios en el caso Jesús.

Es la toma de posición de Dios de cara a las opciones de Jesús. 

Es Dios quien interviene para decir: si, tiene sentido, eso de orar como Él lo ha hecho, de luchar como Él ha luchado, de morir como Él ha muerto.

La resurrección, es Dios quien interviene para contradecir los cínicos que dicen: la militancia, ahí vemos donde lleva eso; el amor, ahí constatamos lo que él da; la búsqueda de Dios, podemos bien concluir a dónde, eso lleva.
En la resurrección, Dios afirma que hay un más allá 
de la represión por el poder, 
de la traición que decepciona el amor, 
de la noche que desemboca en oración; 
y que represión, traición y noche son un pasaje hacia otra cosa, que esta oscuridad desemboca sobre la luz y sobre una posibilidad nueva de comunión.

La resurrección de Jesús aparece entonces como una consecuencia comprensible de lo que le ha precedido. No porque este evento no sea pura gracia de Dios, sino a causa justamente del deseo gratuito de Dios de ser reconocido por el hombre.

Conocer a Dios, es primero que todo vivir de la justicia: “No hay ni sinceridad, ni amor, ni conocimiento de Dios en el país, sino perjurio y mentira, asesinato y robo, adulterio y violencia…” (Oseas 4,2).

Aquel que se comprometa con todas sus fuerzas a “conocer Dios” en la búsqueda de la justicia social, este mismo no podrá actuar de otro modo que desembocar un día sobre Dios, y esto en virtud misma de su promesa: “yo te haré mi novia en la justicia y en el derecho, en la ternura y en el amor; yo te haré mi novia en la fidelidad, y tu conocerás a Yahvé” (Oseas 2,21).

He aquí lo que le sucedió a Jesús. 

El cómo de su resurrección permanece ciertamente como una realidad misteriosa, pero su sentido es claro: ella es la muestra de la fidelidad de Dios a su compromiso, un compromiso también real y creador como el compromiso de Jesús: concreto, fuerte y cimentado en la esperanza.





Reflexión Central:
El discípulo que Jesús ama


Luego de un deceso, donde uno rememora los acontecimientos que han marcado al difunto y que conoce su apogeo con los funerales, es después de darle sepultura o la incineración que viene el tiempo de la interiorización.

¿No encuentran, no ven ustedes que hay algo parecido en el relato del sepulcro vacío de este domingo de Pascua? Sin lugar a dudas, el tiempo de exposición ha sido abreviado, el tiempo de descender el cuerpo de la cruz y envolverlo en las sabanas. Demasiado rápido, somos proyectados y obligados a ir después de los funerales, cuando ya no hay cuerpo, a esta etapa de interiorización.

Me permito aquí abrir un paréntesis para preguntar, ¿qué habría pasado, si el cuerpo de Jesús hubiera permanecido siempre ahí, dentro del sepulcro o tumba y que se hubiera podido pasar un tiempo cerca de este cuerpo envuelto en sábanas? No me respondan, no me digan: “este escenario sería imposible, ya que Jesús resucito!” Se podría afirmar la resurrección de Jesús, aun mismo si su cuerpo apareciera acostado en la tumba: el estado de resurrección no necesita un cuerpo mortal. Por otro lado, hay un consenso en el medio bíblico para afirmar que la tradición de la resurrección y aquella del sepulcro vacío son totalmente independientes. Lean las cartas de Pablo y no encontrarán ninguna mención o referencia de la tumba vacía. Yo vuelvo entonces a mi pregunta, En efecto, si el cuerpo hubiera estado siempre ahí y admitiendo que no se habría descompuesto, yo pienso que se hubiera desarrollado una forma de fijación castrante sobre el pasado: se arriesgaba con ser una religión del recuerdo.

Henos aquí entonces confrontados con la ausencia del cuerpo. Con ese cuerpo ausente se pueden incorporar cosas de nuestra propia vida: la ausencia de tantas cosas que podrían hacer mi vida excitante y palpitante, la ausencia de seres queridos que yo retendría cerca de mí; la ausencia de esta sagrada seguridad que todos buscamos, la ausencia de un cuerpo joven y atleta que ya he tenido. Uno podría agregar esos deseos no satisfechos de comprender una historia personal, de dar sentido a todos esos azares y esos accidentes de una vida, de explicarse un marco de vida que puede aparecer insignificante y sin frutos sobre los demás. María Magdalena llora: “Yo tengo necesidad de ese cuerpo, dígame donde lo han puesto”.

Miremos la actitud de Pedro y del otro discípulo. Pedro entra en el sepulcro vacío. Él aparece como el primero en abrirse a esta experiencia de ausencia. Uno encuentra con él todos aquellos para quienes esta experiencia no hace que engendrar una serie de preguntas, cuestiones dolorosas e incesantes interrogaciones.
El discípulo que Jesús ama, entra en su momento y contrariamente a Pedro, en el centro de esta experiencia de ausencia, él ve y él cree. He aquí el primero en hacer experiencia de la FE. ¿Qué ha visto y qué ha creído Juan?

Juan comprende por un esfuerzo de memoria y de profundización. Él recuerda las palabras de Jesús. Él se acuerda de la Escritura, la larga tradición espiritual de su pueblo. Dios no deja a su servidor sumido en la muerte. Jesús está vivo…Como dice mi colega eudista el Padre Linero: “el man está vivo”. Él es el Señor. Dios ha hecho por Él lo que no había hecho por ningún otro hombre.

A causa de esto, en adelante la vida ha cambiado. Los discípulos buscaban un cadáver. No hay cadáver. No hay más que una tumba o sepulcro vacío. Y enseguida, de repente, ellos comprenden. No buscan ya más el cadáver de Jesús, sus despojos mortales. Ellos buscan al Señor Jesús, al Resucitado. Ellos entran en la FE. Otros relatos nos permitirán comprender que el Resucitado es verdaderamente el mismo crucificado, pero que está en un estado radicalmente diferente. Él aparece y desaparece, entre las puertas cerradas, Él es visto sin ser reconocido, etc. Eso importa poco.

Toda la fe pascual, toda la fe cristiana, está aquí presente. Jesús se ha levantado de entre los muertos. El sepulcro está vacío. No busquen más un cadáver, no permanezcan más encerrados en sus tumbas. No continúen más encerrados en el miedo y la zozobra. Mismo la muerte no ha podido retenerlo. El Padre ha tomado la mano de su Hijo y lo ha hecho levantarse de entre los muertos…Es esto más que una fiesta, es la ruptura radical, el horizonte que nos abre a la esperanza. Jesús Resucitado no muere más. Él ha entrado en una humanidad nueva. Sin lugar a dudas, el viejo orden de las cosas existe aún: nosotros envejecemos, nos morimos, cedemos todavía ante la fatiga, el miedo, el odio. El pecado hace parte todavía de nuestra experiencia humana. Pero en cualquier parte de nosotros una cosa ha nacido que no sabrá morir: es la esperanza que se arraiga en la resurrección de Jesús.

La Fiesta de Pascua, es la fiesta de la gente que quiere vivir de pie, que no acepta podrirse en la tumba y que ha decidido, a causa de la fuerza de Jesús que les habita, que, en adelante, nada sabrá impedirles de vivir y desafiar la muerte.

¡Felices son ustedes de estar aquí en esta fiesta de Pascua! ¡Que la Resurrección de Jesús haga de ustedes personas vivas, vivientes!



ORACIÓN-CONTEMPLACIÓN

Salvación, mañana nueva de la vida,
salvación, alegre mañana de Pascua,
porque Cristo se ha levantado de entre los muertos,
y nos ha hecho entrar a un mundo nuevo.

Si, es cierto, nuestra vida continúa a la manera antigua,
y la vida se va, gastándose de estación en estación, de año en año, 
mes a mes, semana a semana,
las arterias se hacen más estechas,
el corazón se agota,
las arrugas se cruzan.

Nuestros amores también se gastan al ritmo de nuestras demisiones.
El antiguo mundo sigue su camino como si se tratara de nada,
y nuestras esperanzas tienen a menudo un sabor de ceniza y de muerte.
Pero el sepulcro está vacío,
El que está vivo se ha ido,
es necesario acordarse de su promesa, 
hay otra estación entre las estaciones de la vida,
la quinta estación misteriosa, inefable...

Es otra semana que se espera.
Otro día ha despertado sobre otra creación.
Es tiempo de ir más lejos,
Oh Tú, el Resucitado, haznos entrar en tu VIDA.
Amén!


Referencias:


HÉTU, Jean-Luc. Les options de Jésus.


BEAUCHAMP, André. Comprendre la Parole. Québec,  Novalis, 1997.

martes, 15 de marzo de 2016

19 de marzo del 2016: San José Esposo de María y padre adoptivo de Jesús



 Hacemos una pequeña pausa en la Cuaresma para celebrar al justo por excelencia San José. Que su ejemplo y santidad de vida, nos motiven hoy para prepararnos como debe ser para los días santos que vienen. Aprendamos de José su disponibilidad, su fe, su silencio, su oración, condiciones indispensables para comulgar con Dios.


Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (1,16.18-21.24a):

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: - «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Palabra del Señor



A guisa de introducción:

¡Simplemente José!

Un hombre entre los hombres. El padre adoptivo (putativo) de Jesús de Nazaret histórico y del Hijo de Dios como lo confiesa nuestra fe.

José nació en Nazaret y la tradición teológica bíblica antigua nos lo presenta como un anciano, un hombre pasada la mediana edad a quien le es dada como esposa la joven María (Nuestra Virgen Madre de Dios).

Algunos teólogos y exegetas racionales con fundamentos históricos nos dicen que era también joven cuando recibió a María como esposa. De hecho, la mayor parte de las películas hollywoodenses sobre la infancia y o vida de Jesús nos presentan a su padre lleno de vitalidad y tan joven como su esposa.

Siempre se nos ha dicho que José era un humilde y pobre carpintero, que ganaba su vida entre garlopas, serruchos y martillos rústicos propios de la época. Unos lo imaginan en su domicilio trabajando día a día con perseverancia y gran sacrificio. Otros dicen que era un constructor y reparador de casas itinerante, y que iba de pueblo en pueblo (novelas literarias como "El Evangelio Según Jesucristo" (Saramago) y "Los caballos de Troya" (J.J Benítez) nos lo presentan así.

A San José se le llamado el santo del silencio, por dos razones:

1. En los evangelios no se nos dejó ni una sola frase pronunciada por él. Sólo se dice que era un hombre justo.

2. La literatura, música con homenaje a él han sido hasta hace recientemente muy escasas o muy pocas.

En verdad las veces que se ha aludido al padre adoptivo de Jesús y de manera popular ha sido en los inocentes y sencillos villancicos de navidad, que cantan como él está junto a María, la burra (o mula) y el buey esperando, contemplando (todo, pastores y reyes), sonriendo en la Noche de Paz.

Pero indudablemente que todas estas pocas y a veces sencillas e inocentes referencias a José se quedan cortas para todo lo que el significo en la Historia de la salvación.




Aproximación psicológica al texto del evangelio:

Nacer, sufrir, aprender

Un best seller de autoayuda de los años 80 se titulaba “vivir, amar y aprender”. Era la tesis del profesor y escritor italo-americano Leo Buscaglia (1924-1998). En este libro el autor explora las múltiples definiciones del amor y trata de explicar cómo el amor es un elemento modificador de la conducta. El autor insiste que el amor es algo que se aprende, un hecho que los psicólogos, sociólogos y antropólogos han sostenido por mucho tiempo. En este aprendizaje del amor los primeros maestros son los padres, luego la escuela y así se va aprendiendo a lo largo de diversas experiencias en la vida.

Pero los evangelistas al presentarnos los relatos de la infancia como el que leemos este día, nos dan como coordenadas de la existencia otros 3 verbos: nacer, sufrir, aprender…Algo hay de parecido y en relación, pero las tesis de Buscaglia y los autores del evangelio difieren mucho, cuando se profundiza en ellas...veamos:

Con textos o relatos alegóricos, plenos de imágenes, los evangelios de la infancia, tanto el de Lucas como el de Mateo, constituyen una introducción teológica a lo que va venir enseguida en el texto.

Aquí, el centro del relato, es decir, el mensaje principal que el autor quiere comunicar dentro de esta sección de su texto, se encuentra sin lugar a dudas en la doble mención del Espíritu Santo.

La convicción de Mateo, como la de los demás autores del Nuevo Testamento, es la siguiente: En Jesús, es Dios mismo quien ha venido para estar en medio de nosotros (v.23). Y si Dios viene, y se coloca en medio de nosotros, es gracias a su Espíritu, manifestando su Espíritu en las situaciones y sobre todo en personas puntuales o precisas. Es así como antes de hacer a Dios presente en sus exigencias y en sus proyectos, los profetas estaban invadidos por el Espíritu de Dios. Mas para Mateo Jesús no es ni Juan Bautista, ni Elías, ni Jeremías, ni ningún otro de los profetas (Mateo 16,14). Puesto que, si estos hombres eran profetas, es porque el Espíritu se había “fundido en ellos”, para animarles durante el tiempo de la misión, mientras que Jesús es “el Hijo de Dios vivo” (Mateo 16,16).

El Espíritu viene sobre los profetas, pero Jesús “viene del Espíritu” (Mateo 1,20). Aquí hay algo más que un juego de palabras. Está la diferencia entre las manifestaciones episódicas de Dios y su manifestación plena. Esto se manifiesta bien en el versículo 23, donde encontramos, en definitiva, en el “Dios con nosotros” de Mateo, el equivalente de aquello que encontramos en el prólogo de San Juan: “El Verbo era Dios (…) y ha puesto su tienda entre nosotros”; otra traducción dice: “Y la Palabra se hizo carne, puso su tienda entre nosotros (Juan 1, 1,14). Dios ha habitado entre nosotros por intermedio de un hombre que estaba él mismo habitado plenamente por el Espíritu.
Es entonces el misterio de la Trinidad que se perfila acá discretamente, en el relato del nacimiento de Jesús. Pero Jesús es un hombre, y a justo título, nada humano le será quitado. “Hijo como él era, ha aprendido por sus sufrimientos” (Hebreos 5,8) a ser dócil entre las manos del Padre y a dejarse habitar, invadir por su Espíritu”.

Aún más que el misterio de la Trinidad, para aquel que conoce la continuación del relato, es entonces el misterio de la humanidad de toda persona humana que es evocada con estas palabras: nacer, sufrir, aprender…

A medida que llegará a ser hombre, Jesús aprenderá a dejarse moldear, a formar por Dios, de tal modo, que, en consecuencia, a nuestro turno, nosotros podamos aprender lo mismo.



Reflexión Central:

Aprender a vivir en el desorden:


En el evangelio de este día, se nos presenta un hombre, un laico, casado, carpintero de profesión. No se le escucha hablar…lo que no quiere decir que no hace nada. Él se compromete, se entrega a aquello que es bien raro sobre nuestro mundo: ¡ESCUCHAR! El escucha los eventos: su mujer está embarazada y él no tiene que ver en ello. Él no comprende. Él entra en sí mismo. Él escucha. Una palabra venida de “otra parte” “de lo alto” lo abre a una presencia que está actuando, precisamente en aquello que él no comprende.  Después viene a su corazón el largo relato (histórico) de su pueblo, las profecías, y una promesa que flota sobre él como la nata sobre la leche: Emmanuel…

Caos, desorden, crisis, problemas, dificultad…Tendemos a ver casi siempre estas situaciones como negativas, no posibilitadoras de vida, frustrantes, decepcionantes. Pero mire, le apuesto a que alguna vez ha escuchado estas frases: “no hay mal que por bien no venga” o “la crisis ayuda a crecer” o aquella del filósofo colombiano, el ex entrenador de la selección colombiana de futbol, Maturana “perder es ganar un poco” …

En el evangelio del domingo pasado el cuadro no podía ser más frustrante y decepcionante:  la mujer adúltera es acusada con hipocresía por gente más pecadora que ella y Jesús era puesto a prueba, en una situación incómoda…Jesús nos enseña  “a armarse de paciencia y de coraje”  ante la dura realidad: mismo si todo parece oscuro, pésimo, violento “los ciegos ven, los sordos escuchan, los leprosos son purificados, los muertos resucitan”, pues Jesús está en la obra…y pues, como lo veremos aún más en la semana Santa que iniciaremos este domingo, Dios va a venir, el Mesías se manifestará y triunfará finalmente…La muerte y la maldad, no tienen la última palabra. Todo pasará, pero las palabras de Dios no pasarán…

El relato del evangelio de esta fiesta de San José, va como en el mismo sentido.
Cuando se lee un pasaje del evangelio como el de este día, uno lo lee casi siempre en el contexto de lo que se está viviendo.


Qué podemos aprender del relato sobre el nacimiento de Jesús?

Una frase del relato viene a focalizar la atención: “pero antes de que vivieran juntos, quedó embarazada por obra del Espíritu Santo”. Olvidemos por el instante la explicación religiosa. Contemplemos a José. Nos encontramos ante una situación donde nada ocurre como se había previsto. Esta pareja sin duda que había soñado una vida bien en regla, con las etapas previstas de las frecuentaciones, de la vida común, del nacimiento del hijo. Y he aquí que el niño es concebido en mal momento, y entonces José se encuentra con un hijo del cual no es el padre. Situémonos en esta época, y uno puede imaginarse la dimensión del drama. Dos personas ven su vida completamente sacudida, expuesta al fracaso. Hay un comentarista que encuentra  « que se echa  habitualmente agua bendita demasiado rápido sobre esta escena, haciendo intervenir todo seguido, de manera rápida los mensajeros. Uno diría: María sabía todo, ya que el Ángel Gabriel le había explicado lo que pasaba; del lado de José, este ve como el Ángel también le expone todo el plan de salvación y él “la coge de una, de manera rápida” y se da cuenta de la situación.

Si uno hace esto, al relato se le amputa una dimensión fundamental, puesto que no es por azar que la base del relato sea una situación de “desorden”, donde las cosas no pasan como uno las habría deseado. Más tarde, Mateo nos describirá el desarraigo de esta familia, luego de la huida a Egipto, a la manera de los desarraigos vividos por el pueblo judío.

La buena Noticia acá es que en el centro de nuestros desordenes y nuestros desarraigos, Dios está con nosotros. Él es el Emmanuel (“Dios con nosotros”). Esto se opone a nuestra percepción común, percepción que se ve abundantemente en el Antiguo Testamento: cuando yo soy próspero y que todo va bien en mi vida, que yo puedo satisfacer todas mis ambiciones, que mis hijos son bien “formados y colocados”, yo poseo el signo, esa es la señal de que Dios está conmigo.

Lo que se afirma acá en este pasaje del evangelio para este día, es totalmente diferente. No porque nuestra percepción sea totalmente falsa, sino porque ella es demasiado limitada. Nuestro relato dice esto: Eso que ustedes han considerado como un desorden por el contrario ha sido para ustedes una fuente de liberación, gracias al Espíritu de Dios.

Basados en la imagen del desorden, bajo ella, cada uno puede desprender o concluir algo de su vida.

La persona adoptada puede colocar acá sus preguntas o cuestiones sobre sus padres originales.

Las parejas que han conocido el divorcio, después de haber soñado como tantas otras una alianza eterna, se reconocerán acá igualmente.

Piensan ustedes que los homosexuales, varones y mujeres, han deseado ser esos casos “excepcionales” de nuestra sociedad?

Uno puede pensar en todos esos jóvenes que no pueden seguir la curva normal de aprendizaje.

Uno entiende la reacción de José al querer repudiar a María: como todo hombre que se respete, él no puede aceptar un tal desorden. Él es como nosotros, al querer una vida “correcta”, sin problemas.

Jesús es el fruto de este desorden. Esto sin duda, lo ha marcado hasta el punto de sentir compasión sorprendente por todos los marginados. Pero aún lo más importante que hay acá, es su convicción de que en el centro de estos sucesos (eventos) y de estas situaciones que nosotros rechazaríamos de mil amores, el Espíritu de Dios está obrando para transformarlos en evento liberador. Todo esto nos hace pensar en ese perro labrador en Suiza al que se le había amputado una pata, y que habría desarrollado un sentido del olfato excepcional debido a su hándicap y gracias a esto, llegaría a salvar la vida de un esquiador sepultado por una avalancha: así un hombre le debía su vida a un perro de 3 patas (noticia del 2004).

En vísperas de la celebración del triduo pascual, recordemos que su historia de resurrección, ha sido posible gracias a la decisión de José de llevarse María a su casa, a pesar de su consternación.

Este fue un gesto de fe. El mismo llamado espera nuestra respuesta.

Querido José, enséñanos el arte de vivir LA FE. Condúcenos al interior de nosotros mismos. Enséñanos a adoptar y hacer nuestro el silencio que nos causa miedo. Enséñanos el arte de escuchar la Palabra. Amén!


ORACIÓN-CONTEMPLACIÓN

 Como un hombre anónimo e insignificante
te imaginan los literatos paganos.
Para Saramago, tú fuiste crucificado por error...

y por estar en el lugar y la hora equivocadas.

Para los evangelistas apócrifos, 
fuiste un hombre demasiado soso,
el viejito barbado al que le florece el bastón 
signo de la elección divina para ser esposo de María.

Nuestros evangelistas oficiales Mateo y Lucas,
te presentan lacónico, discreto, íntimo,
pero no dejan de insistir en tu fidelidad a Dios
y en el sentido preclaro y divino que tienes de la justicia.

Oh San José, qué poco se te ha cantado
los homenajes para ti han sido fugaces y escasos.
En la novena del pesebre te llamábamos padre putativo
riéndonos antes de descubrir al sinónimo de adoptivo.

Eras joven imberbe o viejo experimentado?
Agricultor o carpintero, te dedicabas a oficios varios?
Poco importa saber a qué te dedicabas puntualmente,
Tu mérito estuvo en hacer las veces de padre humano de Jesús.
Tu corazón e inteligencia eran grandes,
tus manos no sabían más que de trabajo productivo,
y tu alma de judío fiel a los mandamientos divinos,
respiraba magnánima y denodada ternura.

Buen esposo de María, digno objeto de nuestro homenaje,
Nuestro corazón hoy te pide: guarda, guarda a tus hijos.
Testigo del nacimiento y de los jóvenes años de Cristo,
nuestro corazón hoy te suplica: ora, ora por nosotros …

II
La falta de fe nos impide apoyarnos únicamente en Ti
y abandonarnos entre tus manos.
La verdad es que al alejarnos de Ti,
nosotros nos alejamos de la verdadera Vida y del Verdadero Amor.

Danos hoy el corazón de José
para que lleguemos a ser “justos”,
que seamos personas que viven constantemente de tu Palabra
y que se alegran plenamente, al vivir de acuerdo a tu Voluntad,
puesto que, solo manteniendo esta actitud de apertura hacia Ti,
es Como nosotros sabremos acoger en la Fe a tu Hijo,
el Emmanuel, que tu das al mundo.

Que tu Espíritu nos conduzca siempre a crear cada vez más
 en nuestra existencia más espacio para Señor de la Semana Santa,
de manera que lleguemos a ser más compasivos y amemos a los otros
hasta el final como tu Hijo lo ha hecho.

Nosotros queremos comprometernos
en nuestro ambiente de vida y de trabajo,
a realizar gestos y actos de solidaridad en esta Semana Santa
y a lo largo de todo el año que sigue…

Amén!



Referencias:


http://ciudadredonda.org (para el texto del evangelio)

Pequeño Misal "Prions en Église", edición quebequense, Novalis 2010-2013.

HÉTU, Jean-Luc. Les Options de Jésus.

http://mystereetvie.com


radiocanada.ca

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