domingo, 24 de abril de 2022

25 de abril del 2022: Fiesta de San Marcos, Evangelista

 

Testigo de la fe

 

San Marcos.

Los primeros cristianos se reunían en Jerusalén en la casa de la familia de Marcos. Este último acompañó a Pablo y Bernabé en Asia Menor; fue intérprete de Pedro en Antioquía y luego en Roma. Su Evangelio presenta una elección de palabras y acciones de Jesús, como resumen de la catequesis primitiva. Se le atribuye la fundación de la Iglesia de Alejandría, Egipto.



(Pedro 5, 5b-14) Pedro nos invita a tomar la humildad, a que la vistamos como un delantal de servicio. En efecto, los humildes encuentran siempre gracia a los ojos de Dios. A aquellos que le sirven con fidelidad en el prójimo y luchan contra el mal, el Señor promete confirmarlos, fortalecerlos y hacerlos inquebrantables en su fe.

 

(Marcos 16, 15-20) Todos los días dedico unos minutos a acoger la presencia de Jesucristo a mi lado y descubrir los signos de su amor en los pequeños gestos de la vida cotidiana.


Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (5,5b-14):

Tened sentimientos de humildad unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes. Inclinaos, pues, bajo la mano poderosa de Dios, para que, a su tiempo, os ensalce. Descargad en él todo vuestro agobio, que él se interesa por vosotros. Sed sobrios, estad alerta, que vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quién devorar. Resistidle firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos en el mundo entero pasan por los mismos sufrimientos. Tras un breve padecer, el mismo Dios de toda gracia, que os ha llamado en Cristo a su eterna gloria, os restablecerá, os afianzará, os robustecerá. Suyo es el poder por los siglos. Amén. Os he escrito esta breve carta por mano de Silvano, al que tengo por hermano fiel, para exhortaros y atestiguaros que ésta es la verdadera gracia de Dios. Manteneos en ella. Os saluda la comunidad de Babilonia, y también Marcos, mi hijo. Saludaos entre vosotros con el beso del amor fraterno. Paz a todos vosotros, los cristianos.


Palabra de Dios

 


Salmo

Sal 88,2-3.6-7.16-17

R/. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor


Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» R/.

El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos? R/.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R/.

 

Lectura del santo evangelio según san Marcos (16,15-20):

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: «ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.»
Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Palabra del Señor

 

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No a la indiferencia!

 

HUMILDAD, palabra con poca publicidad en nuestros días.

Pedro invita a la humildad y no nos digamos mentiras, ella en nuestra sociedad moderna no es un valor, pues esta misma sociedad proclama que uno debe reafirmarse, tener confianza en sí mismo, !uno debe atreverse a afirmarse! Ser humilde es convertirse en un perdedor?

La humildad podría volver a ser un valor actual, ya que ella ayuda a descentrarse de sí mismo. La humildad es también aceptar depender de Dios. Ella nos permite estar atentos de los demás, ser sensibles ante su sufrimiento. ¿La humildad no será el mejor antídoto contra la indiferencia?

Por otra parte, Pedro invita a la comunidad creyente de su tiempo y a nosotros hoy a estar lúcidos, bien despiertos por qué? el mal está a la puerta. Y en cada sociedad el mal está representado de diferentes maneras. A veces la sociedad se vale de imágenes para hablar del mal. Aquí, se habla de un animal amenazante. El diablo, diábolos, en griego, es aquel que divide, sembrando el desorden. Al dividir, rompe la unidad (la armonía) y hace surgir oposiciones en lugar de paz. En este sentido, el diablo continúa actuando y por eso es necesario estar vigilantes.

San Marcos, discípulo de San Pedro y a quien festejamos hoy ha escrito el segundo evangelio con sencillez, con humildad. Su obra incipiente pero tan valiosa será fuente y base para los otros evangelistas. Marcos escribe para dar testimonio a toda la humanidad del Hijo de Dios, para que, como él, testigos de la Resurrección nos interroguemos a lo largo de la vida sobre su identidad y dar una respuesta fiel, convincente al mundo. Confiémonos a su intercesión.

 Al obedecer a Jesús El creyente está seguro de la ayuda de Dios para resistir, para perseverar en el bien. ¡Cristo ha vencido el mal!

 

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A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.»

Marcos 16:17–18

 

 

¿Jesús quiso decir esto literalmente? Sí. Ciertamente lo hizo. Y a lo largo de la historia de la Iglesia hemos visto grandes milagros y proezas realizadas por Sus seguidores en Su nombre como Dios lo dispuso en varios tiempos y lugares. Entonces, sí, quiso decir lo que dijo.

 

Pero también hay otro nivel de significado que no debemos pasar por alto. Aunque esto no va a ser vivido literalmente por todos los que creen, se vivirá de acuerdo con un significado más profundo y espiritual. 

 

Hay cuatro cosas básicas que Jesús promete que sucederán aquí. Él promete que aquellos que tienen fe:

1) serán victoriosos sobre el maligno,

 2) se comunicarán de una manera nueva,

3) enfrentarán los peligros del mundo y serán protegidos, y

4) serán una fuente de sanación para otros.

 

Primero, el maligno es real y está constantemente tratando de asustarnos y abrumarnos. Pero, por analogía, el maligno es como un perro…que tiene un ladrido feroz y detestable, y un pequeño mordisco. El “ladrido” puede ser aterrador a veces, pero el poder de Cristo es como un zapato con punta de acero que puede manejar fácilmente esta amenaza.

 

Segundo, estamos llamados a “hablar nuevas lenguas” en el sentido de que estamos llamados a comunicar las palabras y la verdad de Dios de una manera que está más allá de nuestras habilidades naturales. Estamos llamados a hablar y comunicarnos en el lenguaje de Dios y convertirnos en Su boca para un mundo necesitado.

 

Tercero, habrá muchas luchas que enfrentaremos en esta vida. No sólo con el maligno, sino también con el mundo y nuestras propias acciones distorsionadas. Una vez más, Jesús promete la gracia para vencer los muchos peligros y luchas que enfrentaremos en la vida si se lo permitimos.

 

Por último, Jesús vino a sanar, especialmente nuestras almas, y quiere que seamos instrumentos de sanación para aquellos con quienes nos encontramos todos los días.  

 

San Marcos, a quien honramos hoy, fue un gran evangelista de Cristo. 

 

Reflexione hoy sobre el hecho de que todos estamos llamados a participar en la misión de la evangelización. 

 

Reflexione sobre estos llamados en la vida como se describe anteriormente y si uno se destaca y le habla de una manera única, escúchelo con atención. Puede ser Dios llamándole a compartir más plenamente en su misión divina.

 

 

Señor, creo y elijo dejar que me uses como un instrumento de tu gracia. Que la fe que me has dado sea también fuente de gracia para un mundo necesitado. Jesús, en Ti confío.

 

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San Marcos Evangelista
c. Primer siglo

patrón de los leones, abogados, Venecia, intérpretes y prisioneros

 

Hizo una crónica de lo que presenció el primer Papa

 


El Evangelio de Juan ofrece al lector esta breve escena posterior a la Resurrección: “Simón Pedro les dijo: 'Voy a pescar'. Ellos le dijeron: 'Iremos contigo'. Salieron y subieron a la barca…”Jn 21,3 ). 

El rebaño siguió por donde Pedro los guiaba. Con qué facilidad San Pedro pasa a primer plano en los Hechos de los Apóstoles. Con qué facilidad habla por toda la Comunidad de Fe. San Pedro deja incluso la dirección de la Iglesia en Jerusalén a Santiago para mostrar que no está ligado a una sola ciudad o comunidad. En cambio, Pedro camina hacia el horizonte más amplio de la evangelización, la capital del mundo: Roma. El traidor Pedro se convierte en el Papa Pedro.

Pedro era, por supuesto, un simple pescador. Es más interesante notar que no se quedó como un simple pescador. El Creció. Maduró. Dirigió. Y los líderes no tienen seguidores tanto como los que se unen. 

San Marcos, a quien conmemoramos hoy, fue uno de los más significativos de los muchos ensambladores que se desarraigaron para acompañar a Pedro en su peligrosa aventura de fundar la Iglesia.

Nada se sabe con certeza sobre los orígenes de Marcos o su juventud. No se le menciona en el Evangelio que lleva su nombre y sólo es posible el más mínimo esbozo biográfico. Lo que sí se sabe es que Marcos dejó su patria en Palestina para seguir primero a San Pablo y luego a San Pedro. 

Marcos navegó por mares peligrosos en barcos primitivos. Caminó largos trechos por tierras desoladas. Trató de convencer a los paganos empedernidos y a los romanos escépticos de que el mensaje del Evangelio era verdadero. 

Las palabras de los Hechos de los Apóstoles, las cartas de San Pablo y la Primera Carta de San Pedro ponen puntos en el gran mapa de la vida de Marcos. Sin embargo, aún quedaban muchos espacios en blanco en el medio. Marcos está viajando con Pablo en Asia Menor, luego está con Bernabé en un bote aquí, luego está con alguien más allá, y luego desaparece por varios años. Sin embargo, la evidencia dispersa termina con un claro testimonio de que Marcos se unió a Pedro en Roma. 

En la primera carta de Pedro, escrita desde la ciudad de su muerte a la Iglesia en Asia Menor, el Papa Pedro envía saludos de parte de Marcos y se refiere a él como “mi hijo”  (1 Pedro 5:13 ).

San Marcos es, por supuesto, más conocido como el autor de un Evangelio. Al igual que San Lucas y San Pablo, él no fue uno de los Doce Apóstoles y probablemente nunca conoció a Jesucristo en persona. Los eruditos creen que el Evangelio de San Marcos relata las experiencias de San Pedro, el mentor de Marcos. 

Cada Evangelio tiene sus propias fuentes, énfasis y audiencias únicas. 

Marcos escribe para los no judíos que estarían más impresionados por los milagros de Cristo que por su cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento. Así que en el Evangelio de Marcos se encuentran ciertos detalles coloridos que sugieren que el escritor estaba relatando las palabras de un testigo. 

Por ejemplo, en Marcos 5:41 , Jesús entra en la casa de Jairo, un líder de la sinagoga cuya hija yacía muerta. Cristo le dice: “Talitha koum”. Marcos luego le dice al lector que "Talitha koum" significa “A ti te te digo niña levántate”, presumiblemente porque sus lectores no hablaban arameo. Ningún otro Evangelio incluye este conmovedor detalle de las palabras no traducidas que salieron de la boca de Cristo ese día. Marcos también pone otras palabras arameas en los labios de Cristo: “ Ephatha ”, “ Abba ” y “ Hosanna. 

Pedro estaba allí cuando sucedió. Pedro escuchó al Señor hablar. Y Pedro estaba envejeciendo, o estaba en la cárcel, o lo amenazaban de muerte. El Evangelio que había compartido y repetido verbalmente miles de veces tuvo que ser escrito para enviarlo a otros, para preservar la exactitud de la historia o para contradecir versiones falsificadas. Y así ocurrió lentamente la progresión natural de la historia oral a la escrita. El Evangelio fue una palabra hablada antes de ser un libro, y la palabra tiene primacía sobre el libro. San Marcos el evangelista preservó para siempre la Palabra de Dios, Jesucristo, al poner por escrito las palabras de Pedro, asegurando así que los relatos de la vida de Cristo, hablados por testigos oculares, no se fueran flotando en la brisa. Consagrada la Palabra en papiro, San Marcos había cumplido su misión por los siglos de los siglos.

 

San Marcos, fuiste amigo de los Apóstoles y compartiste su compromiso de difundir la fe. Desde tu hogar en el Cielo, que fortalezcas a todos aquellos que no tienen el coraje de vivir el mensaje del Evangelio en sus propias vidas para que puedan testimoniarlo a los demás.


sábado, 23 de abril de 2022

24 de abril del 2022: 2º Domingo de Pascua, Domingo de la divina Misericordia


Cristo en medio de nosotros


Al igual que para sus discípulos la noche de Pascua y para Tomás el domingo siguiente, Cristo resucitado se nos une, se pone en medio de nuestra asamblea. Él se hace presente y se impone a nuestros miedos y dudas. Él nos ofrece su paz y su alegría.



LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
-- Paz a vosotros.
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
-- Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
-- Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos.
Tomás, uno de los doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino el Señor. Y los otros discípulos le decían:
-- Hemos visto al Señor.
Pero él les contestó:
-- Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto el dedo en el agujero de los clavos, si no meto la mano en su costado, no lo creo.
A los ocho días estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y les dijo:
-- Paz a vosotros.
-- Luego dijo a Tomás:
-- Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
Contestó Tomas:
-- ¡Señor mío y Dios mío!
Jesús le dijo:
-- ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean si haber visto.
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre.

Palabra del Señor




A guisa de introducción:

La incredulidad hace parte del crecimiento en la FE

Para muchos de nosotros, la FE no ha sido un PROBLEMA, una cuestión a resolver (bueno…quizás en los llamados momentos de crisis). Nosotros la recibimos de nuestros padres y abuelos, de nuestro ambiente…nosotros crecimos con ella. Ella está ahí, simplemente.

Cuando vemos a nuestros familiares, nuestros amigos o mismo nuestros mismos hijos (o sobrinos), tomar su distancia y no adherirse a nuestra FE, podemos preguntarnos: “por qué ellos, simplemente…no creen como nosotros?
 
El ejemplo de Tomás nos permite realizar (o darnos cuenta) que “tener la FE no es algo automático”. Él ha pedido ver antes de creer. Es una reacción normal. Sería ingenuo creer todo lo que se dice. ¡Y creer en la RESURRECCIÓN no es algo insignificante! Es creer en la ETERNIDAD, es creer que Dios habita nuestra cotidianidad, es creer que Jesús está presente en lo más profundo de nuestro corazón como en cada persona que me encuentro…Es creer que su PALABRA ES VIDA, que Dios nos ha creado ÚNICOS E IRREMPLAZABLES, que Él nos llama a vivir.

Y uno podría continuar por largo rato esta enumeración sin poder agotar todo lo que “CREER EN JESÚS”, significa para nosotros.

Jesús se hace presente en nuestro corazón, Él nos invita a creer. Es importante para nosotros, cristianos, inspeccionar, revisar regularmente los “fundamentos” de nuestra FE, y en el caso que pudiéramos haberlas olvidado, volver a ellas, evocarlas de vez en cuando, para que así esta FE esté siempre sana, viva y actuante…Así de simple.





Una aproximación psicológica al texto del evangelio

LA FE NO ES UN DOGMA

Los sucesos de la Pascua conllevan un desplazamiento de acento en la fe de los discípulos. Durante todo el tiempo que había pasado con ellos, Jesús les había centrado en el Reino que emergía en sus vidas; Él los había sensibilizado sobre la ternura del Padre, Él les había hecho descubrir la importancia de la oración, Él les había hecho nacer a la gratuidad del amor fraterno.

Se tiene la impresión que, con estos sucesos de Pascua, aquellas pistas están un poco olvidadas. Lo que llega a ser importante para los discípulos, ya no es más la riqueza de la vida en la cual Jesús les había iniciado, pero si lo que le sucedió a Jesús, a él mismo, después de su muerte.

Es así cómo, y si se comenta sin arreglos el versículo 31, uno es llevado a decir que lo que cuenta ahora no es más  lo que Jesús ha sido, la libertad, el coraje con las cuales Él ha vivido su búsqueda de Dios. Lo que importa ahora, es creer que Él es el Cristo. Al final, lo que salvaría a la persona, no será tanto vivir como Jesús, sino creer que Él es el Mesías.

Las cosas suceden como si fuera más fácil propagar un enunciado dogmático sobre Jesús que sensibilizar lentamente las personas sobre la manera como Jesús ha vivido su vida. Es así como Pedro definirá la misión de los apóstoles: “testimoniar que Dios ha designado a Jesús de Nazaret como juez de vivos y muertos” (Hechos de los apóstoles 10,42).

Era probablemente necesario que los apóstoles se centraran por un tiempo en el hecho de la Resurrección. Visto su carácter misterioso, era probablemente inevitable que ellos no reflexionaran sobre la transmisión de este evento con un vocabulario más parecido y cercano a la teología y no próximo a un testimonio de vida (juez, Mesías, Hijo de Dios, Señor, salvación…).

Mas estos hechos no pueden hacernos olvidar que Jesús no nos envía a proclamar dogmas que Él mismo no ha proclamado.

EL no nos envía tampoco (a) para defender una moral, porque viviendo sobre esta tierra, Él estaba quizás del lado de aquellos a quienes atacaba la moral de su tiempo.

Estas observaciones arriesgan de chocar (molestar) a muchos cristianos que cada domingo de sus vidas, se han hecho encaminar de la mano de la moral del sermón en los dogmas del Credo.

Pero es suficiente con leer las cartas de Pablo, de Juan y de los otros, para captar, a través algunas expresiones a veces teológicas, la profunda continuidad entre aquello que el cristiano está llamado a vivir y lo que los evangelios nos refieren de la vida de Jesús.

La fe no es un dogma. Ella es la influencia de Cristo en nuestra vida.




Reflexión Central:

El más testarudo de los apóstoles?


En la tradición cristiana, Tomás sigue siendo considerado un personaje legendario: es un cabeciduro, un testarudo. ¿Es necesario decirlo Tomás el escéptico, Tomás el incrédulo? Por lo tanto, después de su duda, Tomás hará la confesión de fe más explícita de los evangelios: “Mi Señor y mi Dios”.

Es conveniente decir que el acceso a la fe en la resurrección de Jesús no ha sido más fácil para los apóstoles que para nosotros. Si los apóstoles y los discípulos han creído, muchos no han creído. Juan nos reporta el grito de Jesús, cuando un funcionario del imperio le pide curar a su hijo: “Ustedes no pueden creer a condición de haber visto signos y prodigios?” (cfr. Juan 4,48) Nosotros siempre nos imaginamos que los primeros creyentes han sido conducidos a creer a la fuerza, ya que la verdad se les imponía, les explotaba en la cara, como dice cierto proverbio. Pero es falso. Es en la fe que ellos han comprendido la resurrección de Jesús. Cuando Juan encuentra el sepulcro vacío, él no comprende ni cree. Es necesario que él se persuada que las Escrituras se cumplen en Jesús. Entonces, él entra en la fe y se adhiere a la Resurrección.

La tarde de Pascua, cuando Jesús aparece a los discípulos, Tomás no está presente. Él no ha recorrido el camino de los otros. Él no ha pasado del miedo a la alegría. Él no ha caminado en su comprensión (de los 10) en el misterio de Jesús. Esta es la razón por la cual, él fija su mirada exterior en Jesús y repite las objeciones normales. ¿Cómo un crucificado puede estar vivo? ¿cómo puede marchar con los pies atravesados por los clavos, respirar con el costado abierto, agarrar con las manos heridas? ¿Qué quiere decir eso, estar resucitado? ¿Cómo aquel que murió ayer puede hoy estar vivo?

Tomás se hace las preguntas de todo el mundo. Los relatos sobre la manifestación del Resucitado no son periodismo. Jesús aparece con las puertas cerradas dentro de una sala donde los discípulos tienen miedo, se esconden y en donde hasta las puertas las tienen atrancadas. Pero, de repente, Él aparece en medio de ellos. “La paz esté con ustedes”. Shalom. No se trata de un simple saludo. Es el don mismo del saludo. Entonces, ellos saben que Jesús está vivo y que se trata bien del mismo crucificado. Y así pasan ellos del miedo a la alegría.

Tomás, repito, no está allí. Él no tiene esta experiencia ni el largo proceso o camino de los otros para comprender que era necesario que Jesús muriera y se cumpliera así la voluntad del Padre. Tomás no cree, puesto que no entra en la experiencia de la comunidad. Por ello se obstina en sus percepciones desde el exterior.

La semana siguiente, al contrario, Tomás está con los discípulos. Es un domingo. Él ora con ellos. Y llegado el momento, a su turno, comprende y cree. Sí, Jesús está vivo. Si, el que vive es el mismo crucificado. Es el mismo en un estado completamente transfigurado. Él vive, pero este vivo, viviente no es más simplemente Jesús, el hijo de María que ha sufrido y que ha muerto. Este Jesús se ha convertido en Cristo. Él ha cambiado de estado, Tomás no mete su dedo ni en las manos ni en su costado. Entonces, manifestará simplemente que permanece incrédulo. Tomás dice simplemente: “Señor mío y Dios mío” Es la confesión de fe más explícita de los evangelios. Al comienzo del evangelio se dice:

“En el principio existía el Verbo, la Palabra de Dios,
Y el Verbo estaba cerca de Dios, y el Verbo era Dios” (Juan 1,1)

La confesión de Tomás lleva a su plenitud, al cumplimiento, el evangelio. Si, Cristo resucitado es verdaderamente el Señor, el Verbo de Dios.

La fe de los apóstoles no ha sido fácil. Nadie es forzado por la evidencia. La fe es siempre una libre adhesión. Tomás ha tenido dificultades para creer, lo mismo que cada uno de nosotros, para entrar en la FE, Tomás ha debido juntarse, adherirse a la comunidad y orar con ella. Él ha debido renunciar a las representaciones que tenía de la manera como Jesús estaba vivo. Tomás había permanecido en las representaciones infantiles de un resucitado: las manos, los pies, el costado. El texto de la conversión de Tomás es muy breve. El otro texto de los discípulos de Emaús es más elaborado. Pero el relato de Tomás muestra el movimiento que se opera en él. Cuando Tomás comprende que Cristo está vivo, él confiesa su fe.

Nosotros también tenemos nuestras dificultades para creer. A menudo nuestras dificultades son de orden intelectual a causa, entre otras, del desarrollo de la ciencia. La fe se expresa, frecuentemente en representaciones ingenuas que la ciencia ha deshecho. El cielo no está en lo alto, el infierno no está abajo. La creación no fue hecha en 6 días. El sol no gira alrededor de la tierra, y nuestro planeta es un minúsculo planeta dentro de un pequeño sistema solar, en una pequeña galaxia. Y hay millones de galaxias. 99% del genoma humano es común con el de los grandes monos o primates. Uno podría seguir alargando la lista indefinidamente. Constantemente la ciencia, viene a poner en aprietos (mal o en ridículo) las representaciones ingenuas y provisorias de la fe. Es este nuestro estatuto de creyentes hoy. Las objeciones de Tomás nos parecen bien simples en comparación con aquellas que nos asaltan constantemente. Estamos en un mundo donde la ciencia pretende querer dar una respuesta a todo y poner la fe a la defensiva. Yo, por el contrario, pienso como Santo Tomás de Aquino, San Juan Pablo II y muchos otros, que Fe y razón pueden complementarse.

Hay un proverbio de Blas Pascal que dice: “El corazón tiene sus razones que la razón no entiende”. La fe es ante todo asunto del corazón y del orden de la experiencia. Ella no es el resultado de una demostración científica. YO no sé si tenga la fe. Yo tengo fe de tener la fe. Pero por lo tanto mi fe no es absurda. Yo tengo razones para creer, razones para pensar que la inmensidad y complejidad del mundo, reenvían a una presencia y a un misterio que se llama Dios. Ya que lo que es sorprendente, no es que Dios exista, sino que el universo exista. ¿Por qué hay algo y no nada?

Toda la experiencia religiosa de la humanidad en su diversidad testimonia este esfuerzo de los seres humanos por entrar en el misterio de Dios. No es irracional, pero más allá, esto se sitúa en otro nivel, distinto al del recorrido o camino científico. ¿Qué es lo que hace a una cosa ser bella, tanto que un atardecer nos emocione, que una música nos agrade, que tal pintura o escultura nos transporten? La experiencia de lo bello escapa a la ciencia, y por lo tanto es una experiencia fabulosa. Igual sucede con el amor.

La fe y la ciencia no se oponen. Ellas preferentemente se complementan, una purifica la otra. La ciencia por su rigor y su método nos permiten comprender el universo en su estructura interna. Ella, así también purifica la fe de representaciones en desuso y de creencias ingenuas. "Cuando yo era un niño, dice San Pablo, yo pensaba como un niño. " Los antiguos pensaban que la tierra era muy joven, que ella tenía alrededor de 6 mil años. Hoy estimamos que tiene alrededor de 4,5 millones de años y que el cosmos en el cual se encuentra nuestra galaxia tendría quizás 15 millones de años. Pero a la inversa, la fe purifica la ciencia, ella la libera de un cierto imperialismo, de aquello que uno llama un racionalismo ahogador. La ciencia es siempre frágil y provisoria. Ella no agota jamás el misterio de la existencia.

El apóstol Tomas es el testigo de la tensión inevitable entre el conocimiento racional y la fe, entre la necesidad de tocar, de verificar, de comprender, y la apertura a la experiencia espiritual, al encuentro con Dios. Tomás quería tocar. Él no ha tocado. Pero estando al lado de sus hermanos, en medio de la comunidad, ha comprendido que Jesús de Nazaret crucificado y depositado en el sepulcro estaba ahora vivo, que había una continuidad entre el Jesús que había conocido y el Señor resucitado del cual él ahora hace la experiencia. La vida de Tomás vacila y cambia. La luz inunda su corazón. Él exclama, grita: “Señor mío y Dios mío!”. Nosotros somos los Tomás de hoy. Nuestra fe es puesta a prueba y es bueno que sea así. No reculemos, no echemos para atrás como los fundamentalistas que rechazan la ciencia y quieren la respuesta contraria del texto de la biblia tomada palabra por palabra. Esto no es fe, es ceguera. El Dios que nos invita a creer es también aquel que ha creado el ser humano, este animal razonable, este animal dotado de razón y capaz de explorar el universo.

Bravo y valiente Tomás. Que él nos enseñe a creer de una manera adulta y responsable.

Amén!




ORACIÓN-MEDITACIÓN

Señor, hay en mi vida,
días de gran luz,
y días de absoluta oscuridad,
días, donde tu presencia irradia mi corazón
y lo hace ligero como una mañana de primavera,
días, donde tu rostro se borra,
donde yo no sé si tu existes,
y mismo en los cuales me pregunto si yo mismo existo.

Dame el coraje para enfrentar esos días,
para perseverar y permanecer fiel en la angustia y el miedo.
Que Tomás el apóstol rebelde y testarudo
me ayude a descubrir el misterio de tu presencia,
a hacer el vínculo entre el crucificado y el Resucitado:

¡Señor Mío y Dios mío!





Referencias:

-         http://betania.es (para texto del evangelio)

-         Pequeño misal “Prions en Église”, Novalis, Québec, 2013

-         HÉTU, Jean-Luc. Les Options de Jésus.


-         BEAUCHAMP, André. Comprendre la Parole, année C. Novalis, Québec, 2007.

viernes, 22 de abril de 2022

23 de abril del 2022: sábado de la Octava de Pascua


(Salmo 117 y Marcos 16, 9-15) ¿Por qué a veces es tan difícil aceptar una buena noticia, y más aún, la buena nueva? Sin embargo, tenemos todos los motivos para regocijarnos y dar gracias al Señor, porque “¡eterno es su amor!” Manifestémoslo sin demora a todos los que nos rodean.



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (4,13-21):

EN aquellos días, los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, viendo la seguridad de Pedro y Juan, y notando que eran hombres sin letras ni instrucción, estaban sorprendidos. Reconocían que habían sido compañeros de Jesús, pero, viendo de pie junto a ellos al hombre que había sido curado, no encontraban respuesta. Les mandaron salir fuera del Sanedrín y se pusieron a deliberar entre ellos, diciendo:
«¿Qué haremos con estos hombres? Es evidente que todo Jerusalén conoce el milagro realizado por ellos, no podemos negarlo; pero, para evitar que se siga divulgando, les prohibiremos con amenazas que vuelvan a hablar a nadie de ese nombre».
Y habiéndolos llamado, les prohibieron severamente predicar y enseñar en el nombre de Jesús. Pero Pedro y Juan les replicaron diciendo:
«¿Es justo ante Dios que os obedezcamos a vosotros más que a él? Juzgadlo vosotros. Por nuestra parte no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído».
Pero ellos, repitiendo la prohibición, los soltaron, sin encontrar la manera de castigarlos a causa del pueblo, porque todos daban gloria a Dios por lo sucedido.


Palabra de Dios

 

 

Salmo

Salmo responsorial Sal 117,1.14-15.16-18.19-21

R/.
 Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
El Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos R/.

«La diestra del Señor es poderosa.
La diestra del Señor es excelsa».
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte. R/.

Abridme las puertas de la salvación,
y entraré para dar gracias al Señor.
Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación. R/.



Lectura del santo evangelio según san Marcos (16,9-15):

JESÚS, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando.
Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.
Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo.
También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.
Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado.
Y les dijo:
«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación».


Palabra del Señor


**********


“Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado.”

Marcos 16:14

 

¿Por qué los apóstoles no creyeron que Jesús había resucitado de entre los muertos? Habían visto tantos milagros asombrosos de primera mano de Jesús. Vivieron con Él día tras día durante tres años. Lo escucharon predicar y enseñar con perfecta autoridad y gracia. Y ahora, después de que Él resucitó de entre los muertos, sus corazones se endurecieron y no creyeron inmediatamente. Jesús tuvo que aparecerse a ellos y ofrecer esta prueba a sus propios ojos.

Esta lucha por la que pasaron los Apóstoles es muy común. Es la lucha de una dureza de corazón. Querían creer, pero no podían permitirse abrazar libremente la Resurrección con verdadera fe hasta que tuvieran alguna prueba. Poco sabían que todas las pruebas que necesitaban ya estaban dentro de ellos.

Muy a menudo somos invitados por Jesús a tener fe y creer en Él y aceptar muchas cosas como una cuestión de fe. El don de la fe es como una pequeña llama dentro de nuestros corazones que descuidadamente exponemos a los vientos. Este descuido permite que la llama de la fe se apague antes de que pueda crecer.

La meta de nuestro caminar cristiano es dejar que esa llama de fe se convierta en el fuego abrasador que Dios quiere. ¡Y es posible! Es completamente posible dejar que esa llama se vuelva tan absorbente que nada pueda apagarla. ¿Estamos dispuesto a hacer lo necesario para que esa llama brille intensamente? ¿Y cómo podemos hacer esto?

El camino hacia este fuego ardiente de la fe interior tiene que ver con la forma en que manejamos esa chispa que ya está allí. Tenemos que cuidar y nutrir esa pequeña llama. Tenemos que tratar los comienzos de nuestra fe con mucho cuidado. Debemos cuidarla y alimentarla para que crezca. Esto se hace, en parte, evitando el descuido en nuestra vida de oración.  

La oración es la clave para dejar crecer a Dios en nuestro interior. Él está allí, hablándonos y llamándonos a creer. Cada vez que dudamos o endurecemos nuestro corazón, exponemos esa pequeña llama a los elementos. Pero cada vez que nos enfocamos intensamente en esa llama, le permitimos crecer y arraigarse. Orar, escuchar, buscar, amar y creer son los caminos hacia la fe que Dios quiere regalarnos. Y si los Apóstoles hubieran dejado crecer ese don de la fe, plantado en lo más profundo, por un ablandamiento de sus corazones, habrían creído rápida y fácilmente que Jesús estaba vivo sin necesidad de verlo con sus propios ojos.

Reflexione, hoy, sobre el hecho de que no vemos a Cristo Resucitado de manera física, pero sí tenemos la misma capacidad que los Apóstoles para conocerlo y amarlo. 

¿Qué hace usted todos los días para que crezca este amor y conocimiento de Cristo? ¿Qué está haciendo en su propia vida de fe para permitir que esta llama se convierta en un fuego abrasador y consumidor? Comprométase de nuevo este día a la oración, ¡y observe cómo crece su fe en Cristo!

 

Señor, te amo y creo en ti. Ayúdame a avivar la llama de la fe plantada en mi corazón hasta convertirla en un fuego abrasador y consumidor. Ayúdame a conocerte y amarte para que este conocimiento y este amor me transformen. Purifica mi alma con este fuego y líbrame de toda dureza de corazón. Jesús, en Ti confío.

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