En estas semanas, muchos me han preguntado por una palabra que se volvió tendencia en redes: “therian” (a veces la escriben “theriant”, pero lo más común es therian). Aparece en videos de TikTok e Instagram: jóvenes con máscaras, colas, orejas, caminando a cuatro patas, imitando conductas de lobo, gato o zorro, y hablando de una “conexión” interior con un animal.
1) ¿Qué significa “therian”?
En términos generales, therian se usa hoy para describir a una persona que afirma sentir una identificación psicológica y/o espiritual con un animal (un “animal interior” o “thériotype”), sin creer necesariamente que su cuerpo se transforma físicamente. Es un fenómeno asociado a la subcultura llamada therianthropy (therianthropía), que en el lenguaje contemporáneo se entiende como una forma de identidad no-humana (a veces vinculada a otherkin), distinta de la comunidad furry (que suele ser más estética, artística o de fandom).
Dicho con claridad: para muchos, ser therian no es “jugar a ser animal” solamente, sino decir algo sobre sí mismos usando el símbolo del animal.
2) ¿Por qué se puso de moda (o se volvió viral) ahora?
La therianthropía no nació ayer: hay rastros de comunidades y foros desde los años 90.
Lo nuevo es la visibilidad explosiva por tres razones:
1. El lenguaje de TikTok: es una identidad altamente “visual” (máscaras, saltos, gestos, performance), perfecta para el formato corto y repetible.
2. Los algoritmos: cuando un tema genera sorpresa, humor o choque, se comparte más; y lo que se comparte más, el algoritmo lo empuja más.
3. La necesidad de pertenencia: muchos adolescentes buscan tribu, un “lugar” donde sentirse comprendidos. Las quedadas recientes y el ruido mediático lo muestran: convocatorias que se vuelven evento social, a veces incluso rodeadas de curiosos o burlas.
En pocas palabras: es tendencia porque combina identidad + estética + comunidad + viralidad.
3) ¿Es una enfermedad? ¿Hay que alarmarse?
Aquí conviene respirar hondo.
Varios especialistas señalan que no hay evidencia de que la identidad therian, por sí sola, sea un trastorno psiquiátrico. El punto decisivo es si esa vivencia afecta gravemente el funcionamiento: relaciones, colegio, rutinas, autocuidado, capacidad de vivir en la realidad.
Eso sí: también es verdad que algunos casos pueden encubrir o acompañar otras luchas (ansiedad, soledad, depresión, bullying, trauma, dificultades de integración, etc.). Ahí no se trata de burlarse ni de “etiquetar”, sino de escuchar y, si hace falta, buscar ayuda profesional.
4) Lectura creyente: ¿qué nos está diciendo esta tendencia?
Como sacerdote, cuando escucho estas historias, no empiezo preguntando “¿qué máscara usan?”, sino:
- ¿Qué herida se está intentando cubrir?
- ¿Qué necesidad está gritando por dentro?
- ¿Qué búsqueda de identidad está en juego?
El animal, muchas veces, funciona como símbolo: “si yo fuera lobo, no me herirían”; “si yo fuera gato, no dependería de nadie”; “si yo fuera zorro, nadie me engañaría”; “si yo fuera ave, escaparía de todo”.
Detrás de eso suele haber una sed muy humana: ser visto, ser amado, pertenecer, tener un lugar, sentirse fuerte.
Y aquí la fe cristiana no entra con palo, sino con luz:
Tu identidad más profunda no se decide por un algoritmo, ni por una etiqueta, ni por una máscara.
Tu nombre verdadero está en Dios: hijo amado, hija amada.
5) Una palabra pedagógica para jóvenes que se sienten atraídos por ser “therian”
Si tú, que me lees, estás en esto (o te llama la atención), quiero hablarte sin gritos y sin burla:
1. No te reduzcas a una etiqueta. Eres más que una tendencia. Las redes simplifican; la vida real es más grande y más compleja.
2. Pregúntate con honestidad:
o ¿Esto me ayuda a vivir mejor, a amar mejor, a respetarme más?
o ¿O me está aislando, confundiendo, encerrando, volviéndome más frágil?
3. Cuida tu cuerpo y tu dignidad. Tu cuerpo no es un accidente: es parte del don de Dios. No es cárcel: es casa.
4. No confundas “pertenecer” con “perderte”. Una comunidad sana te hace crecer, no te captura.
5. Si hay dolor detrás, pide ayuda. Habla con alguien confiable: tus padres, un orientador, un psicólogo, un sacerdote cercano. Pedir ayuda no te hace débil: te hace valiente.
6. No te dejes maltratar ni maltrates. A veces el mundo se vuelve cruel con lo diferente. Y a veces uno, por defenderse, se vuelve cruel también. Ninguna de las dos cosas construye.
6) Y para los adultos: ni burla ni pánico
Si eres papá, mamá, catequista o educador, una recomendación concreta:
- Escucha antes de juzgar.
- Pon límites razonables (sobre exposición en redes, seguridad, horarios, escuela).
- Acompaña la vida real: amigos sanos, deporte, arte, servicio, fe vivida en comunidad.
- Y si hay señales de sufrimiento serio, no discutas etiquetas: busca ayuda profesional.
Conclusión: el Evangelio y la identidad verdadera
Vivimos una época de identidades rápidas, cambiantes y a veces frágiles. Por eso los jóvenes merecen algo mejor que el sarcasmo: merecen acompañamiento.
La fe cristiana propone un centro firme:
“Yo sé quién soy porque sé de quién soy.”
Soy de Cristo. Y en Cristo, mi vida no necesita disfraz para ser valiosa.
Que esta tendencia, más que motivo de pelea, sea ocasión para lo esencial: ayudar a nuestros jóvenes a descubrir que no están solos, que no tienen que inventarse de cero, y que hay un amor —el de Dios— que no depende de modas, ni de comentarios, ni de likes.

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