miércoles, 11 de febrero de 2026

11 de febrero del 2026: miércoles de la quinta semana del tiempo ordinario-II- Nuestra Señora de Lourdes-Memoria opcional

 

Testigo de la fe

Santísima Virgen María Nuestra Señora de Lourdes

El 11 de febrero de 1858, la Virgen María se apareció por primera vez a Bernadette Soubirous.

De febrero a julio de 1858, la Gruta de Massabielle atrajo multitudes a Lourdes. Al invocar a la Madre de Dios Inmaculada, que allí se manifestó a Bernardita, el pueblo cristiano descubre en María la imagen de la Iglesia futura, prefiguración de la nueva Jerusalén, cuyas puertas están abiertas a todos los pueblos. 

En Lourdes, María cumplió una misión de aliviar los sufrimientos y reconciliar las almas con Dios y con el prójimo” (San Juan Pablo II). 

Hoy es también la 34a Jornada Mundial del Enfermo, instituida en 1992 por el Santo Papa Juan Pablo II.

 

 

Un giro existencial

(Marcos 7, 14-23) La controversia iniciada ayer se radicaliza cuando Jesús da un paso más. Ya no se desmarca solamente de la ley oral de los escribas, sino incluso de los preceptos sobre lo puro y lo impuro de la misma Ley de Moisés. Inicia así un giro religioso mayor, haciendo pasar a sus discípulos de una concepción simbólica de la santidad —dominada por lo sagrado y sus preceptos objetivados— a una concepción existencial.

Jean-Marc Liautaud, Fondacio

 


Primera lectura

1 Re 10, 1-10
La reina de Saba percibió la sabiduría de Salomón

Lectura del primer libro de los Reyes.

EN aquellos días, la reina de Saba oyó la fama de Salomón, en honor del nombre del Señor, y vino a ponerlo a prueba con enigmas.
Llegó a Jerusalén con una gran fuerza de camellos portando perfumes, oro en cantidad y piedras preciosas. Ante Salomón se presentó para plantearle cuanto había ideado. El rey resolvió sus preguntas todas, pues no había cuestión tan arcana que él no pudiese desvelar. Cuando la reina de Saba percibió la sabiduría de Salomón, el palacio que había construido, los manjares de su mesa, las residencias de sus servidores, el porte y vestimenta de sus ministros, sus coperos y los holocaustos que ofrecía en el templo del Señor, se quedó sin respiración y dijo al rey:
«Era verdad cuanto oí en mi tierra acerca de tus enigmas y tu sabiduría. No daba crédito a lo que se decía, pero ahora he venido y mis propios ojos lo han visto. ¡Ni la mitad me narraron! Tu conocimiento y prosperidad superan con mucho las noticias que yo escuché. Dichosas tus mujeres, dichosos estos servidores tuyos siempre en tu presencia escuchando tu sabiduría. Bendito sea el Señor, tu Dios, que se ha complacido en ti y te ha situado en el trono de Israel. Pues, por el amor eterno del Señor a Israel, te ha puesto como rey para administrar derecho y justicia».
Ofreció al rey ciento veinte talentos de oro y gran cantidad de esencias perfumadas y piedras preciosas. Jamás llegaron en tal abundancia perfumes como los que la reina de Saba dio a Salomón.

Palabra de Dios.


Salmo

Sal 36, 5-6. 30-31. 39-40 (R.: 30a)

R. La boca del justo expone la sabiduría.

V. Encomienda tu camino al Señor,
confía en él, y él actuará:
hará tu justicia como el amanecer,
tu derecho como el mediodía.
 R.

V. La boca del justo expone la sabiduría,
su lengua explica el derecho;
porque lleva en el corazón la ley de su Dios,
y sus pasos no vacilan. 
R.

V. El Señor es quien salva a los justos,
él es su alcázar en el peligro;
el Señor los protege y los libra,
los libra de los malvados y los salva
porque se acogen a él.
 R.

 

Aclamación

R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Tu palabra, Señor, es verdad; santifícanos en la verdad. R.

 

Evangelio

Mc 7, 14-23

Lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo:
«Escuchen y entiendan todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre».
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola.
Él les dijo:
«¿También ustedes siguen sin entender? ¿No comprenden? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón sino en el vientre y se echa en la letrina».
(Con esto declaraba puros todos los alimentos).
Y siguió:
«Lo que sale de dentro del hombre, eso sí hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».

Palabra del Señor.

 

 

1

 

Hermanos, hoy la liturgia nos pone delante un tema delicado y muy real: la “pureza” del corazón. Y lo hace en un día especialmente sensible, porque celebramos a Nuestra Señora de Lourdes y la Jornada Mundial del Enfermo. En otras palabras: hoy el Evangelio nos ayuda a entender, con una luz poderosa, que la enfermedad no contamina, que el dolor no “mancha”, y que la santidad no es una fachada impecable sino una vida tocada por Dios desde dentro.

1) El “giro existencial” que propone Jesús

Jesús reúne a la gente y les dice algo que en su contexto fue una revolución:

“Nada que entra de fuera puede hacer impuro al hombre… lo que sale del corazón es lo que lo hace impuro” (cf. Mc 7,15).

Eso es el “giro existencial” del comentario: pasar de una santidad entendida como algo externo, reglamentado, visible, a una santidad existencial, es decir, concreta, interior, vital, donde Dios trabaja las raíces.

Porque, seamos sinceros: es más fácil cuidar la imagen que cuidar el corazón. Es más fácil “cumplir” que “convertirse”. Es más fácil evitar ciertas cosas por fuera que enfrentar lo que se cuece por dentro: resentimientos, envidias, heridas no sanadas, adicciones, doble vida, palabras hirientes, miradas sucias, soberbias finas… Y Jesús nos mira con cariño, pero con claridad: “Lo de dentro es lo que hay que sanar”.

Y aquí viene una clave pastoral (y muy humana): muchas impurezas del corazón nacen del dolor. No justifican el pecado, pero lo explican. Un corazón herido, si no se deja curar, termina hiriendo. Por eso Jesús no solo denuncia; Jesús invita a la sanación interior.

2) La reina de Saba y el deseo de una sabiduría que dé vida

La primera lectura nos presenta a la reina de Saba, que viaja para probar la sabiduría de Salomón (1R 10,1-10). Ella hace un camino largo porque intuye que allí hay una palabra que ilumina.

Hermanos, en el fondo todos somos como esa reina cuando estamos en crisis: cuando llega una enfermedad, cuando la casa se llena de silencios, cuando aparece un diagnóstico, cuando la vida cambia el ritmo… buscamos sentido. Y no basta una explicación fría. Necesitamos una sabiduría que sostenga, que consuele, que ordene la vida.

Pues bien: Jesús es más que Salomón. Salomón asombra por su inteligencia; Jesús transforma por su amor. Salomón responde preguntas; Jesús cura el corazón y abre caminos de esperanza aun dentro del sufrimiento.

3) El salmo: la confianza que no es ingenuidad

El salmo nos da una frase preciosa:

“Encomienda al Señor tu camino… y Él actuará” (Sal 37).

Esto no es magia ni ingenuidad. Es fe madura. Es decir: “Señor, no entiendo todo, pero me pongo en tus manos”. La fe no siempre quita la cruz; muchas veces cambia la manera de cargarla. Y eso ya es un milagro cotidiano.

4) Lourdes: cuando el cielo se inclina sobre el dolor humano

Hoy recordamos Lourdes: un lugar donde la Virgen, Madre, se hace cercana a los enfermos. Y celebramos la Jornada Mundial del Enfermo. Esto nos lleva a una afirmación importantísima:

Enfermar no es volverse impuro.
Sufrir no es ser menos digno.
Necesitar ayuda no es un fracaso.

A veces la enfermedad trae una tentación espiritual muy dura: sentirse una carga, sentirse “de sobra”, sentir que uno ya no aporta, que ya no vale. ¡Qué mentira tan cruel! En la lógica del Evangelio, el enfermo no es un estorbo: es un lugar sagrado donde Cristo se deja encontrar. La comunidad no “tolera” al enfermo: lo honra, lo acompaña, aprende de su paciencia, y lo cuida como se cuida un tesoro.

Y aquí me permito una observación muy pastoral: en muchas familias, lo que más duele no es el dolor físico sino la soledad emocional. Que no llamen. Que no visiten. Que no pregunten. Que todo siga como si nada. Por eso, hoy el Señor también nos convierte a nosotros: no solo al enfermo, sino al que está sano.

5) ¿Qué sale del corazón? Tres exámenes simples

Jesús enumera cosas que salen del interior y dañan la vida (Mc 7,21-23). Yo lo traduzco en tres preguntas para el examen de conciencia:

1.    ¿Qué sale de mi boca?
Palabras que construyen o que destruyen. Ironías, chismes, desprecios “disfrazados” de humor. Con los enfermos, esto es crucial: una frase dura puede herir más que una aguja.

2.    ¿Qué sale de mis decisiones?
¿Mis acciones nacen del amor o del ego? ¿Me pongo al centro? ¿Me cierro? ¿Me vuelvo indiferente?

3.    ¿Qué sale de mis heridas?
Porque lo no sanado se convierte en veneno: amargura, resentimiento, agresividad. Y Jesús hoy nos pide valentía: “Déjame entrar a ese lugar”.

6) Hoy, una conversión concreta: pastoral del enfermo

En un día como hoy, la homilía tiene que terminar en gestos. Si no, se queda en bonito discurso.

Les propongo tres compromisos sencillos:

·        Un gesto de cercanía: hoy mismo, una llamada, un mensaje, una visita breve a un enfermo. No para “dar consejos”, sino para decir: “No estás solo”.

·        Una palabra de fe realista: no frases hechas. A veces basta: “Estoy contigo; vamos paso a paso; Dios está aquí”.

·        Una oración con nombre propio: tomar uno o dos enfermos y rezar por ellos por su nombre. Eso cambia el corazón del que ora.

7) Eucaristía: medicina para el interior

Hermanos, la Eucaristía es el lugar donde Cristo entra en nuestra vida. Y hoy es hermoso recordarlo así: Él no entra para juzgarte; entra para sanarte. No viene a inspeccionar tu fachada; viene a habitar tu interior.

Pidamos entonces, por intercesión de la Virgen de Lourdes:

·        por nuestros enfermos: que el Señor les conceda alivio, fortaleza, paz interior, y si es su voluntad, salud;

·        por los cuidadores y familias: que no se cansen de amar;

·        por el personal médico: que su servicio sea también una vocación de compasión;

·        y por nosotros: que vivamos este “giro existencial”, pasando de una fe de apariencias a una fe del corazón.

Que María, Salud de los Enfermos, nos tome de la mano y nos lleve a Jesús, el Médico del alma y del cuerpo. Amén.

 

 

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11 de febrero:

Nuestra Señora de Lourdes — Memoria facultativa
11 de enero–16 de julio de 1858
Patrona de los enfermos, de quienes padecen asma.

 


Cita:


“Fui todos los días durante una quincena, y cada día le pregunté quién era, y esta petición siempre la hacía sonreír. Después de la quincena se lo pregunté tres veces seguidas. Ella siempre sonrió. Por fin lo intenté por cuarta vez. Dejó de sonreír. Con los brazos bajados, alzó los ojos al cielo y luego, juntando las manos sobre el pecho, dijo: ‘Yo soy la Inmaculada Concepción’.”


~Testimonio de santa Bernardita Soubirous

 

Reflexión:

Bernadette Soubirous nació el 7 de enero de 1844, en el seno de una familia humilde y muy pobre en Lourdes, Francia. Su padre era molinero y su madre lavaba ropa. La mayor de nueve hijos, Bernadette recibió una educación sencilla de parte de las Hermanas de la Caridad y de la Instrucción Cristiana, pero las enfermedades frecuentes dificultaron sus estudios. Creció hablando el dialecto local del occitano y aprendió algo de francés en su adolescencia. Su familia era tan pobre que los once vivían juntos, gratuitamente, en el sótano de una sola habitación perteneciente a un pariente, que antes había sido usado como prisión o calabozo.

Cuando Bernadette tenía catorce años, fue con su hermana y una amiga a recoger leña para calentar su hogar. Bernadette se quedó atrás mientras buscaban madera cerca de una gruta natural de roca. Entonces oyó el sonido de un viento impetuoso, pero solo vio moverse un rosal silvestre. Luego, desde el interior de la gruta, vio una luz deslumbrante y la figura de una pequeña joven vestida de blanco, con rosas amarillas en los pies. Las otras dos niñas no vieron nada. Bernadette pidió a su hermana que no contara nada a nadie, pero su hermana se lo dijo después a su madre. La madre de Bernadette castigó a las niñas por mentir y les prohibió volver a la gruta.

Tres días más tarde, Bernadette se sintió atraída a volver a la gruta, así que ella y sus dos compañeras rogaron permiso a su madre, quien accedió a regañadientes. Bernadette llevó consigo una botella de agua bendita. Cuando llegaron a la cueva, las tres niñas se arrodillaron para rezar el rosario. Antes de terminar el primer misterio, apareció la joven vestida de blanco. Bernadette le roció agua bendita, diciéndole que si venía de Dios debía quedarse; si no, debía irse. La mujer sonrió y se quedó hasta el final del rosario, y luego se retiró.

Para entonces, algunos habitantes del pueblo empezaron a enterarse de estos encuentros. Algunos eran supersticiosos y pensaban que se trataba de las almas de parientes fallecidos. Otros creían que era la Santísima Virgen María. Cuatro días después, Bernadette regresó a la cueva acompañada por algunos adultos. Cuando apareció la Señora, habló por primera vez con Bernadette, en occitano. La Señora se dirigió a Bernadette de un modo sorprendentemente formal y respetuoso, no como un adulto se dirigiría normalmente a una niña campesina pobre. Le preguntó a Bernadette si estaba dispuesta a volver durante los siguientes catorce días. Bernadette aceptó.

Bernadette cuenta lo siguiente sobre las dos semanas siguientes de visiones:
“Volví durante una quincena. La visión aparecía cada día, excepto un lunes y un viernes. Me repitió varias veces que debía decir a los sacerdotes que construyeran allí una capilla, y que debía ir a la fuente a lavarme, y que debía rezar por los pecadores. Durante esta quincena, me dijo tres secretos que me prohibió contar a nadie. He sido fiel hasta ahora.”

A medida que la noticia se difundía, el número de asistentes creció a 30, 100, 350, 800, 1000, 1500, hasta culminar con casi 10.000. Durante la quincena, se implicó la policía local y amenazó a Bernadette y a su familia. Sin embargo, Bernadette perseveró. La Señora pidió que la gente rezara por los pecadores y hiciera penitencia. Durante la novena visión, la Señora pidió a Bernadette que bebiera de un manantial de agua en la cueva. Ella encontró solo un pequeño charco lodoso, así que bebió de allí. Eso le dejó barro en el rostro, y muchos de los presentes se burlaron de ella, para vergüenza de su familia. Durante los dos días siguientes, el pequeño charco de barro se convirtió en un manantial de agua clara que corría. Muchos empezaron a creer cuando el brazo paralizado de una mujer fue curado después de bañarlo en el nuevo manantial. A lo largo de los catorce días, Bernadette preguntaba constantemente el nombre de la Señora, porque el párroco le había pedido que lo hiciera. Cada vez, la Señora solo sonreía.

Concluidos los catorce días, la vida volvió a la normalidad durante las tres semanas siguientes. Sin embargo, el 25 de marzo, fiesta de la Anunciación, Bernadette se sintió atraída de nuevo hacia la gruta. Esta vez, preguntó repetidamente el nombre de la Señora. La Señora respondió: “Yo soy la Inmaculada Concepción.” Bernadette era una joven campesina simple y con poca educación. No tenía idea de qué era la “Inmaculada Concepción”. Pero repitió ese nombre una y otra vez para no olvidarlo. Cuando se lo dijo al párroco, él quedó atónito. Solo cuatro años antes, el Papa había proclamado el Dogma de la Inmaculada Concepción. Este hecho, en particular, ayudó a convencer a los responsables de la Iglesia de que las apariciones eran auténticas.

Desde entonces, las aguas de Lourdes han seguido fluyendo, y se han registrado, estudiado y confirmado más de setenta curaciones mediante un riguroso proceso científico. Muchísimas más curaciones han sido proclamadas por los fieles. Millones de personas visitan Lourdes cada año, convirtiéndolo en uno de los lugares de peregrinación más frecuentados del mundo. Los enfermos acuden a esta santa gruta para bañarse o beber el agua milagrosa, buscando una cura para sus dolencias.

Varios años después de sus visiones, Bernadette ingresó en la vida religiosa. Sobre las visiones, diría más tarde: “La Virgen me usó como una escoba para quitar el polvo. Cuando el trabajo está hecho, la escoba se vuelve a poner detrás de la puerta.” Esta “escoba” fue canonizada en 1933. La gruta de Lourdes, sin embargo, era mucho más grande que Bernadette. Fue el don de Nuestra Señora al pueblo. Fue su proclamación de que ella era la Inmaculada Concepción y su aceptación formal de este título aquí en la tierra.

Oración:

Madre amadísima, Inmaculada Concepción, escogiste el instrumento más humilde en Bernadette para proclamar tu mensaje universal de arrepentimiento. Declaraste al mundo que tú eres, verdaderamente, la Inmaculada Concepción. Te ruego que intercedas por mí, traigas sanación a mi alma y me ayudes a ser liberado de todo pecado, para que un día pueda compartir tu gloria en el Cielo. Santa Bernardita, ruega por mí. Nuestra Señora, Inmaculada Concepción, ruega por mí. Jesús, en Ti confío.

 

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