domingo, 27 de agosto de 2023

28 de agosto del 2023: lunes de la vigésima primera semana del tiempo ordinario- San Agustín, Obispo y Doctor de la Iglesia

 

(1 Tesalonicenses  1, 1-5.8b-10) Pablo junto a Silas y Timoteo, da gracias a Dios por la fe activa, la caridad y la esperanza de los Tesalonicenses. Ve allí una "Buena Noticia" para todos aquellos que los rodean. Qué personas son "buena Noticia" para mi…por las cuales yo quiero dar gracias hoy?


(Mateo 23,13-22) Todas las acusaciones que dirige Jesús a los letrados y fariseos van en contra de la verdad y del amor. Una vida donde en lugar de la verdad y del amor reine e impere la mentira y el odio ni es humana, ni es cristiana.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.



Primera lectura
Comienzo de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (1,1-5.8b-10):

Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz. Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones. Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo, nuestro Señor. Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido y que, cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros, no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda. Sabéis cuál fue nuestra actuación entre vosotros para vuestro bien. Vuestra fe en Dios había corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la acogida que nos hicisteis: cómo, abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.

Palabra de Dios


Salmo
Sal 149,1-2.3-4.5-6a.9b

R/. El Señor ama a su pueblo


Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey. R/.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes. R/.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca;
es un honor para todos sus fieles. R/.


Lectura del santo evangelio según san Mateo (23,13-22):

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que viajáis por tierra y mar para ganar un prosélito y, cuando lo conseguís, lo hacéis digno del fuego el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: "Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo sí obliga!" ¡Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro? O también: "Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga." ¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? Quien jura por el altar jura también por todo lo que está sobre él; quien jura por el templo jura también por el que habita en él; y quien jura por el cielo jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él.»

Palabra del Señor

1

Pablo y compañía. Felicitaciones a los Tesalonicenses por su fe!

Leemos hoy la introducción a la 1a  carta de San Pablo a los Tesalonicenses. Esta es entre todas las cartas pastorales, la más antigua del Nuevo Testamento. San Pablo, su autor, pretende aquí, responder a la comunidad de Tesalónica,  algunas preguntas, válidas también hoy para nosotros: qué pasa después de la muerte? Es que Cristo volverá un día? La originalidad de la Carta reside en intentar responder a estas cuestiones.
En dicha introducción tres autores son nombrados (Pablo, Silvano y Timoteo). Pablo no era un héroe solitario de la fe. Las cartas que escribirá enseguida serán en primera persona: él habrá ganado en autoridad. El objetivo de Pablo será siempre fundar una Iglesia centrada en la revelación de Cristo, donde todos los talentos son bienvenidos.
Transformados por el mensaje recibido, guiados por Dios, los Tesalonicenses han encontrado la valentía para actuar y testimoniar. El amor, la fe y la esperanza no son cosas reconfortantes para iluminados, son fuerzas que actúan. Sin ellas, cómo creer en Dios en un mundo injusto?  Cómo amar cuando es difícil tener confianza? y cómo esperar cuando la muerte parece llevarnos, vencernos, sin más?

En el Evangelio, es necesario primero decir que Jesús no ataca a todos los fariseos. Ellos tienen razón al reclamar el respeto de la ley. Jesús lo que hace es denunciar aquellos que desvían el sentido verdadero de los mandamientos: la justicia, la bondad y la fidelidad. En todo tiempo y en todas las religiones, se ha denunciado la conducta de los falsos devotos, que se preocupan por lo exterior y se ríen de lo interior, lo pasan por alto. Pretender respetar en todo punto la voluntad de Dios para adquirir un estatus social, ventajas o una importancia en la comunidad de los creyentes, no es coherente con la fe. No se puede vivir una verdadera relación con Dios, portándose de esta manera.


San Agustín

La Iglesia también nos invita hoy a contemplar la vida, obra y santidad de Agustín de Hipona. Qué decir?
Algunos necesitan la mitad de su vida para descubrir que estaban equivocados, o quizás para tener el valor de ser suficientemente honestos consigo mismos y para enfrentarse a Dios y a sí mismos. Como Agustín. Tenía un corazón inquieto, era un buscador. Una vez que encontró ese valor, su tranquilidad en Dios, reflexionó profundamente sobre su fe. Llegó a ser un teólogo muy brillante, pero al mismo tiempo un hombre accesible para la gente sencilla y un modelo de amor para todos los que le rodeaban. San Agustín: ruega por nosotros!


2

Unidad de verdad y virtud



 «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren…

 

Mateo 23:13

 

 

Hoy comienza el “Ay de vosotros…” de Jesús, condenando a los escribas y fariseos. 

Jesús emite siete condenas posteriores. Esta es la primera. 

En ese momento, las condenas de Jesús hacia estos líderes religiosos cayeron en su mayoría en oídos sordos. Eran obstinados y no escuchaban lo que Jesús tenía que decir. 

Pero es útil notar que, en realidad, estas condenaciones parecen además de referirse a los escribas y fariseos van dirigidas a los discípulos y a las multitudes a quienes Jesús hablaba.

Aunque hay muchas lecciones que podemos aprender de nuestro Señor, consideremos lo primero que Él dice. 

Condena la hipocresía.  ¿Y Qué es la hipocresía? Sencillamente la hipocresía es esencialmente decir una cosa y hacer otra. 

Es una desconexión entre lo que decimos y lo que hacemos. 

La hipocresía también puede darse en la forma de tratar de presentarse como si uno tuviera todas las virtudes bajo el cielo, pero en realidad le importa poco la doctrina clara y los preceptos morales que Dios nos ha dado. 

En el pasaje de las Escrituras, los escribas y fariseos afirmaban estar guiando a la gente a la salvación, pero condenaban la fuente misma de la salvación. Por un lado, algo de lo que enseñaban era verdad, pero no enseñaban con la virtud que viene de Dios. 

Por otro lado, parte de lo que enseñaban era rotundamente erróneo, en esencia, porque estaban más preocupados por su imagen pública que por la verdad.

Estas dos tendencias opuestas parecen ser una fuente de mucha división dentro de nuestra Iglesia hoy. 

En la extrema “derecha” tenemos a quienes predican doctrina, pero no ejercen la virtud necesaria para ser instrumentos eficaces de esas verdades. Y en la extrema “izquierda” están aquellos que actúan como si lo único que importara fuera la llamada virtud. Le restan importancia a las verdades morales y doctrinales claras e inequívocas que nos fueron dadas por nuestro Señor, para que otros los elogien por parecer amables, comprensivos y compasivos con todos. 

El problema es que no se puede excluir la verdad de la virtud o la virtud de la verdad. La compasión no es compasiva si carece de verdad, y la verdad no es verdadera si no se presenta con las virtudes mediante las cuales nuestro Señor quiere que se produzcan.

Reflexione hoy sobre la importancia de abrazar todos y cada uno de los preceptos morales y doctrinales dados por nuestro Señor. 

Debemos abrazar todo lo que Él dice con cada fibra de nuestro ser. Reflexione también sobre cómo expresa usted estas enseñanzas de Jesús a los demás. ¿Se esfuerza por presentar el Evangelio completo con la mayor virtud? Cuanto más profunda es la verdad, más necesaria es la virtud con la que se presenta. Y cuanta más virtud usted tenga, mejor instrumento de la verdad plena usted será.

 Esfuércese por superar toda forma de hipocresía en su vida trabajando hacia la verdadera santidad. La santidad es plenitud. La Verdad unida a la virtud. Sólo entonces escapará usted de la condenación de nuestro Señor, pero también prosperará como un instrumento puro de Su gracia salvadora.

 

Mi Señor salvador, Tú deseaste profundamente que los líderes religiosos de la época fueran instrumentos poderosos de Tu Evangelio salvador presentando toda verdad en amor puro. Por favor líbrame de todo error para que Tu santa Palabra esté viva en mí y sea enviada a los demás mediante la manifestación de las muchas virtudes que deseas otorgar. Jesús, en Ti confío.

 

 

28 de agosto:

San Agustín de Hipona, obispo y doctor de la Iglesia—Memorial

354–430 Patrón de cerveceros, impresores y teólogos 

Invocado contra el dolor de ojos y las alimañas 

 Declarado Doctor de la Iglesia por el Papa Bonifacio VIII en 1298

 Denominado “Doctor de Gracia” por aclamación popular 



¡Tarde te amé, oh Belleza siempre antigua, siempre nueva, tarde te amé! Tú estabas dentro de mí, pero yo estaba afuera, y fue allí donde te busqué. En mi falta de encanto me sumergí en las cosas hermosas que Tú creaste. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo. Las cosas creadas me alejaron de Ti; pero si no hubieran estado en ti, no habrían existido en absoluto. Llamaste, gritaste y rompiste mi sordera. Brillaste, y disipaste mi ceguera. Tú respiraste sobre mí tu fragancia; Respiré y ahora jadeo por Ti. Te he probado, ahora tengo hambre y sed de más. Me tocaste y ardí por tu paz.

~Confesiones de San Agustín, Libro X

 

La Iglesia honró ayer a Santa Mónica, madre del hoy santo, San Agustín. 

A pesar de su vida desafiante, Mónica cumplió con su deber más importante como madre y esposa. Oró por su familia y demostró virtudes tan convincentes que su esposo, su suegra y sus tres hijos se convirtieron a Cristo. Entre ellos se encontraba San Agustín de Hipona, uno de los santos más venerados de la Iglesia.

Aurelius Augustinus Hipponensis, conocido como Agustín, nació en Tagaste, actual Zoco Ahras, Argelia, Norte de África. 

Era el mayor de tres hermanos, incluidos un hermano y una hermana menores. Su padre, Patricio (Patricio) no era rico, pero tenía responsabilidades cívicas en su ciudad, que formaba parte del Imperio Romano. 

Su padre era un pagano, conocido por su temperamento violento y su estilo de vida inmoral. 

La madre de Agustín, conocida hoy como Santa Mónica, luchó contra el alcohol a una edad temprana pero superó ese vicio. Fue criada como cristiana y abrazó de todo corazón su fe católica. A pesar del sufrimiento causado por el temperamento y el comportamiento adúltero de su marido, Mónica fue un modelo de caridad y sus oraciones finalmente convirtieron a toda su familia.

El padre de Agustín no permitió que sus hijos recibieran el bautismo, a pesar de las súplicas de su madre. Sin embargo, Mónica aseguró su formación catequética desde temprana edad, así como una educación en los clásicos. 

La fe de Mónica inculcó en Agustín la conciencia de Cristo su Salvador, pero esa conciencia nunca penetró completamente en su joven mente. En cambio, se convirtió en un alborotador. Por ejemplo, una vez él y sus amigos robaron algunas peras, no porque tuvieran hambre o porque las peras supieran bien, sino simplemente por la emoción de hacerlo. Más tarde relató en sus Confesiones: “Amaba mi propia ruina. Amaba mi error, no aquello por lo que me había equivocado, sino el error mismo... y no buscaba nada en el acto vergonzoso sino la vergüenza misma. Fue un amor al pecado”.

Debido a que Agustín sobresalió en sus estudios en su ciudad natal, su orgulloso padre decidió enviarlo a la próspera ciudad cercana de Cartago para continuar su educación, una vez que pudiera encontrar a alguien que la pagara. Esto llevó varios meses, y la ociosidad de Agustín durante ese tiempo sólo le llevó a cometer mayores males. Su padre murió ese año, pero un ciudadano rico de Tagaste se ofreció a patrocinar la educación de Agustín. Cuando llegó a Cartago, estaba maduro para una vida de pecado. 

Muchos de los otros estudiantes vivían inmoralmente, los teatros excitaban sus pasiones y él se embriagaba con sus éxitos literarios. 

Poco después de su llegada, se mudó con una mujer joven y tuvo un hijo fuera del matrimonio. Cuando tenía diecinueve años, leyó un libro que comenzaría a cambiar su vida: Hortensio de Cicerón... Aunque ese libro ahora se ha perdido en la historia, ensalzaba la virtud de la sabiduría. 

Su lectura despertó en Agustín un hambre de verdad, que comenzó a perseguir con seriedad. Desafortunadamente, en ese momento comenzó a dudar de su fe cristiana, principalmente debido a sus luchas con el Antiguo Testamento, que percibía como violento y confuso. Luego se encontró con la filosofía religiosa del maniqueísmo, que afirmaba haber descubierto conocimientos secretos y apoyaba su opinión de que la Biblia tenía contradicciones. 

El maniqueísmo veía la realidad como una lucha entre la luz y la oscuridad, el bien y el mal. Consideraba el mundo creado como parte del lado oscuro, con el objetivo de atraparnos en la oscuridad. Esta nueva religión influyó en él y la investigó más. Aunque nunca se unió formalmente, siguió sus enseñanzas con la esperanza de descubrir la sabiduría que prometían.

Cuando Agustín completó sus estudios en Cartago, alrededor de los diecinueve años, regresó a Tagaste con su novia y su hijo y comenzó a enseñar gramática en una escuela local. Cuando le dijo a su madre que estaba considerando convertirse en maniqueo, ella lo echó de su casa, pero luego se reconcilió con él gracias a la inspiración divina que recibió. 

Tuvo tanto éxito como profesor que unos años más tarde lo invitaron a regresar a Cartago para enseñar retórica. Después de varios años de éxito, recibió una invitación a Roma, lo que fue un gran honor. Cuando informó a su madre, ella le dijo que iría con él, a lo que él accedió de mala gana. Sin embargo, Agustín engañó a su madre y se fue a Roma sin ella. En Roma, se disgustó con los estudiantes que le estafaban con los gastos de matrícula y, después de unos años, aceptó un puesto en Milán.

Aun buscando la verdad, Agustín conoció al futuro santo, el obispo Ambrosio de Milán. Ambrosio fue un gran pensador y predicador. También prestó atención a Agustín, escuchándolo, ofreciéndole amistad y respondiendo a sus muchas preguntas. Ambrosio lo introdujo en la lectura adecuada de la Biblia, ayudándolo especialmente con sus dificultades con el Antiguo Testamento. Cuando Ambrosio entró en conflicto con la emperatriz Justina, que intentaba tomar su catedral y convertirla en arriana, Ambrose se mantuvo firme en un acto de gran coraje y desafío. Ella retrocedió y Agustín quedó muy impresionado.

Un día, mientras estaba sentado en un jardín, Agustín escuchó la voz de un niño que le decía: "Toma y lee". Aunque no sabía de dónde venía la voz, tomó la Biblia que estaba a su lado y la abrió al azar en Romanos 13:13-14 que decía: "...conduzcámonos apropiadamente como de día, no en orgías y borracheras". , no en promiscuidad y libertinaje, no en rivalidad y celos. sino vestíos del Señor Jesucristo y no proveáis para los deseos de la carne”. Este pasaje le afectó tan profundamente que comenzó apresuradamente su conversión.

Agustín pasó tiempo con buenos amigos católicos y mantuvo largas conversaciones, lo que le ayudó enormemente. La presencia de su madre también fue un gran apoyo. Aunque no tenía educación, su sabiduría y conocimiento de la verdad eran innegables, y siempre se defendió ante su hijo bien educado. Todo esto, junto con las oraciones llenas de lágrimas de Mónica, llevaron a Agustín, de treinta y dos años, hacia su conversión final y su bautismo al año siguiente por parte del obispo Ambrosio durante la Vigilia Pascual del año 387, junto con su hijo. Una vez bautizado, Agustín decidió regresar a su ciudad natal con su madre, su hijo y sus amigos. En el camino, su madre enfermó en las afueras de Roma y murió. Más tarde, Agustín relató su fallecimiento en las Confesiones, que es una de las representaciones más bellas del amor de una madre y un hijo jamás escritas.

Al regresar a Tagaste, Agustín formó una comunidad religiosa con sus amigos. Su reputación dentro de la comunidad cristiana creció rápidamente, y el genio de su ciudad natal, que se había hecho católico, se convirtió en una fuente de esperanza para muchos. Por aclamación del pueblo, se convirtió en sacerdote en 391 y fue consagrado obispo de la cercana ciudad de Hipona en 396. Durante sus cuarenta y tres años como cristiano, Agustín se convirtió en uno de los más grandes, si no el más grande, teólogos de la historia de la Iglesia. 

Su trabajo pastoral con el pueblo, sus sermones regulares y su atención a las necesidades del pueblo cambiaron sus vidas. 

Los voluminosos escritos de Agustín siguen estando entre los textos más leídos y citados en la actualidad. Sus obras incluyen apologética, sermones, cartas, comentarios de las Escrituras, una regla monástica y tratados filosóficos y teológicos. 

Su obra más importante, Confesiones, es autobiográfica, profundamente personal y humilde. Traza su conversión interna y la intercala con profundas ideas teológicas.

 En su otra gran obra, Ciudad de Dios, defiende la fe y refuta la idea de que el saqueo de Roma en 410 fue provocado por un rechazo de los dioses paganos. En cambio, compara la ciudad del hombre con la ciudad de Dios, señalando a la sociedad los ideales a los que está llamada. 

También escribió una famosa obra sobre la Trinidad, entre muchas otras obras. En total, hasta hoy han sobrevivido más de cinco millones de palabras escritas por Agustín, suman más de 1.000 documentos.

 En su último año de vida, fue testigo de la destrucción de Hipona cuando los bárbaros invadieron, asesinaron, destruyeron iglesias y edificios y derribaron la ciudad como lo habían hecho en Roma años antes. Sin embargo, no pudieron destruir el impacto duradero que tendría San Agustín. Su influencia se extiende mucho más allá de la Iglesia; Ha impactado profundamente la totalidad del pensamiento occidental. 

Al honrar este pilar de sabiduría, considere especialmente el viaje personal de Agustín hacia Cristo. En muchos sentidos, San Agustín vivió dos vidas. Al principio era un hombre débil, confundido y pecador. Después de eso, se convirtió en un pecador que fue redimido y transformado por la gracia. 

Su lucha lo llevó a la verdad y cuando eso sucedió, Dios lo usó de manera extraordinaria. Su vida se puede resumir en una de sus citas más famosas: "Nuestros corazones fueron hechos para ti, oh Señor, y están inquietos hasta que descansen en ti". 

Medita en tu propia historia de conversión, y especialmente en cualquier forma en la que estés inquieto. Sigue el ejemplo de este santo y busca la Verdad con todo tu corazón, sabiendo que Dios se te revelará cuando estés preparado, para que puedas descansar en Él.

 

San Agustín, fuiste un pecador que fuiste redimido por Cristo. Luego dedicaste toda tu vida a la gloria de Dios y a la salvación de las almas. Por favor, ora por mí, para que pueda descubrir lo que tú descubriste e imitar tu conversión radical, sin ocultar nada a nuestro Dios misericordioso. San Agustín de Hipona, ruega por mí. Jesús, en Ti confío.


viernes, 25 de agosto de 2023

26 de agosto del 2023: sábado de la vigésima semana del tiempo Ordinario


(Rut (2,1-3.8-11;4,13-17) El libro de Rut es un relato amable, escrito para deleite de sus lectores, que incluye también elementos históricos y subraya otros que tejen rasgos de la mejor tradición israelita.

Uno de ellos, que el cristianismo reforzará, es el universalismo, la apertura a otros pueblos que Israel parece integrar sin dificultad.

Rut es tipo de la Iglesia, para quien no importa la raza sino la fe, y ha pasado de ser extranjera a ser pueblo de Dios gracias a Cristo. Se trata, pues, de un libro edificante, que puede leerse provechosamente en clave cristiana.

Fray Emilio García. O.P


(Mateo 23, 1-12) Jesús está en una buena posición para criticar a los escribas y fariseos que “dicen y no hacen”. Él mismo ha actuado constantemente en perfecta coherencia con su enseñanza. Llegó al extremo de abajarse en la cruz y luego ser elevado a la gloria eterna.

 



Primera lectura

Lectura del libro de Rut (2,1-3.8-11;4,13-17):

Noemí tenía, por parte de su marido, un pariente de muy buena posición, llamado Boaz, de la familia de Elimelec.
Rut, la moabita, dijo a su suegra Noemí: «Déjame ir al campo, a espigar donde me admitan por caridad.»
Noemí le respondió: «Anda, hija.»
Ella marchó y fue a espigar en las tierras, siguiendo a los segadores. Fue a una de las tierras de Boaz, de la familia de Elimelec.
Boaz dijo a Rut: «Escucha, hija. No vayas a espigar a otra parte, no te vayas de aquí ni te alejes de mis tierras. Fíjate en qué tierra siegan los hombres y sigue a las espigadoras. Dejo dicho a mis criados que no te molesten. Cuando tengas sed, vete donde los botijos y bebe de lo que saquen los criados.»
Rut se echó, se postró ante él por tierra y le dijo: «Yo soy una forastera; ¿por qué te he caído en gracia y te has interesado por mí?»
Boaz respondió: «Me han contado todo lo que hiciste por tu suegra después que murió tu marido: que dejaste a tus padres y tu pueblo natal y has venido a vivir con gente desconocida.»
Así fue como Boaz se casó con Rut. Se unió a ella; el Señor hizo que Rut concibiera y diese a luz un hijo.
Las mujeres dijeron a Noemí: «Bendito sea Dios, que te ha dado hoy quien responda por ti. El nombre del difunto se pronunciará en Israel. Y el niño te será un descanso y una ayuda en tu vejez; pues te lo ha dado a luz tu nuera, la que tanto te quiere, que te vale más que siete hijos.»
Noemi tomó al niño, lo puso en su regazo y se encargó de criarlo.
Las vecinas le buscaban un nombre, diciendo: «¡Noemí ha tenido un niño!»
Y le pusieron por nombre Obed. Fue el padre de Jesé, padre de David.

Palabra de Dios

 

 

Salmo

Sal 127,1-2.3.4.5

R/.
 Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R/.

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R/.

Ésta es la bendición del hombre
que teme al Señor. R/.

Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R
/.

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (23,1-12):

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Palabra del Señor

 

************

 

Humildad…el camino a la grandeza



“El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Mateo 23: 11-12

 

Si tuviera que planificar el futuro ideal para usted, ¿cómo sería? 


Imagínese si no estuviera limitado por el presupuesto o los recursos. 


Imagínese si pudiera elegir hacer lo que quisiera, ir a cualquier lugar que quisiera y disfrutar de cualquier actividad que quisiera. Imagine la mejor experiencia que pueda tener. 


¿Cómo sería eso? La mayoría de la gente pensaría inmediatamente en disfrutar de los mayores placeres imaginables. Una vida con los alojamientos más lujosos, la mejor comida, los paisajes más hermosos y el tiempo más relajante y agradable posible. Pero, ¿sería ese realmente el "futuro ideal para usted?"

 

El pasaje del Evangelio de hoy es muy claro. La grandeza se encuentra en el servicio. La exaltación se disfruta solo a través de la humildad. ¿Es el estilo de vida ideal uno que esté lleno de indulgencia, entretenimiento, lujo y cosas por el estilo? Ciertamente no. 


La vida ideal, la vida más grandiosa, la vida más exaltada es la vida del servicio más humilde a los demás como sea posible. Eso es esencialmente lo que Jesús nos dice en este pasaje. ¿Cree usted eso?


Tenga en cuenta que Jesús usa las palabras "primero" y "servidor" en la misma oración. Estas dos palabras son bastante definitivas. 


No hay nadie más grande que el "primero", y el camino hacia esa grandeza requiere, sin excepción, que el más grande sea un servidor de todos los demás. 


En muchos sentidos, esta verdad desafía la mayoría de las concepciones humanas de grandeza. La mayoría de las veces, si alguien es considerado “grande”, entonces se le sirve y se le trata con un honor y respeto que no se le da a la mayoría. 


Por ejemplo, si tuviera a alguien de gran importancia en su casa para cenar, lo más probable es que lo atienda. Por supuesto, el servicio en este contexto es mucho más que servir mesas o proporcionar una comida. Aunque esa es una manera bendecida de servir a los demás y expresar amor, el concepto de servicio de Jesús va mucho más allá. 

 

¿Cómo servimos siendo "primeros"? Lo hacemos especialmente humillándonos a nosotros mismos. La humildad es la mejor forma de servicio que podemos prestar a otro.

 

Jesús fue, sin lugar a duda, la persona más humilde que jamás haya vivido. Solo su madre participó perfectamente en esta santa virtud. 


La humildad permite a una persona romper con toda tendencia egoísta y convertir su amor en el bien del otro. 


Jesús hizo esto primero al encarnarse en el vientre de su querida madre. El Hijo Eterno de Dios no se hizo hombre porque de alguna manera ello lo benefició de una manera egocéntrica. Lo hizo porque nos amaba y Su Encarnación nos benefició. 


El Hijo de Dios no permitió que otros se burlaran de Él, lo ridiculizaran y finalmente lo mataran porque de alguna manera lo beneficiaba. Lo hizo para poder entrar en la muerte y destruirla para que pudiéramos resucitar con él. Lo hizo por nosotros. 


Y podríamos revisar cada pasaje de los Evangelios y ver que todo lo que Jesús hizo fue hecho por los demás, por  otros y nunca fue hecho por un deseo egoísta. 


Este servicio de abnegación que nuestro Señor ofrecía todos los días fue fruto de la increíble humildad que vivió. Jesús hizo todo lo que hizo por amor a los demás y con humildad para traer salvación y transformación a sus almas eternamente.

 

En nuestras vidas, debemos tomar una decisión fundamental. ¿Voy a vivir para mí mismo? ¿O voy a vivir para los demás? Parece que muy pocas personas viven plenamente para los demás. 


Es difícil apartar los ojos de nosotros mismos y dirigirlos solo al bien de los demás. Pero si nos damos cuenta de que vivir para los demás es también el camino hacia nuestra propia grandeza y máxima exaltación, entonces se vuelve mucho más fácil. 


Servir a los demás, especialmente de una manera espiritual mediante la cual usted hace todo lo posible para ayudarlos a acercarse más a Dios, es lo que le hará grande. Nada más puede hacerlo. Créalo y vívalo.

 

Reflexione hoy sobre una vida de verdadera grandeza. Reflexione, especialmente, sobre cómo puede vivir esa vida. ¿Cómo puede servir más completamente a los demás? ¿Cómo puede hacer de su santidad su objetivo principal? ¿Cómo puede ayudar a otros a crecer en su amor por Dios? Humíllese y vuelva los ojos a los demás. Si lo hace, marcará una diferencia eterna para los demás y también para usted.

 

 

Mi exaltado Señor, Tú eres muy exaltado sobre todos los demás. Eres la grandeza en sí misma. La vida que viviste, querido Señor, fue una de las más humildes. Pero fue con esta humildad que lograste la salvación del mundo. Ayúdame a imitar Tu grandeza haciendo del servicio a los demás mi misión más central en la vida. Te amo, mi señor. Que pueda amar y servir a los demás contigo. Jesús, en Ti confío.

23 de agosto del 2020: Domingo 21º del Tiempo Ordinario (Ciclo A)




Como a sus discípulos en otro tiempo, Jesús nos lanza hoy la pregunta: “Para ustedes, ¿quién soy yo?” La respuesta a dar no tiene nada de académico. Ella interpela todo nuestro ser.


La entrega de las llaves


Jesús confía las llaves del Reino de los cielos a Pedro y, por él, a todos sus discípulos que llegarán a ser su Iglesia y aportarán al mundo la libertad y la paz.


En este día del Señor, dejémonos iluminar por la fe de Pedro quien, bajo la inspiración del Padre, ha proclamado que Jesús es "el Cristo, el Hijo de Dios vivo". 

Piedras vivas en la Iglesia y depositarios de las llaves del Reino de los Cielos, dejemos que el amor misericordioso del Padre inunde nuestros corazones.




Primera lectura


Lectura del libro de Isaías (22,19-23):

Así dice el Señor a Sobná, mayordomo de palacio: «Te echaré de tu puesto, te destituiré de tu cargo. Aquel día, llamaré a mi siervo, a Eliacín, hijo de Elcías: le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, le daré tus poderes; será padre para los habitantes de Jerusalén, para el pueblo de Judá. Colgaré de su hombro la llave del palacio de David: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá. Lo hincaré como un clavo en sitio firme, dará un trono glorioso a la casa paterna.»

Palabra de Dios



Salmo


Sal 137,1-2a.2bc-3.6.8bc

R/. 
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos


Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario,
daré gracias a tu nombre. R/.

Por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R/.

El Señor es sublime,
se fija en el humilde
y de lejos conoce al soberbio.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R/.





Segunda lectura


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (11,33-36):

¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le ha dado primero, para que él le devuelva? Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos. Amén.

Palabra de Dios





Lectura del santo evangelio según san Mateo (16,13-20):

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.»
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.


Palabra del Señor

                        




A guisa de introducción:

Este Jesús mal conocido



El nombre de Jesús está inmensamente extendido.

Pero esta fama y conocimiento corren el riesgo de quedar superficiales, si ellos no se apoyan en una búsqueda interior profunda.

En la vida corriente, no es tan fácil conocer a los otros. Nosotros nos hacemos ideas sobre ellos. Repetimos lo que dicen los otros, los juicios sumarios, a veces los malos rumores o las calumnias. Sobre todo, ahora, que no faltan las indiscreciones con las redes sociales en internet.

Uno olvida fácilmente que cada persona es un misterio a descubrir y a respetar. ¡Uno manipula los objetos preciosos con delicadeza, pero a la gente la tratamos con tanta negligencia!

Para Jesús, es todavía más difícil. Él era un profeta, con toda seguridad. Él era un hombre extraordinariamente bueno. Él se ha preocupado inmensamente por los pobres y los pequeños. Él hablaba con autoridad. Él ha afrontado a los fariseos y a otros que hacían pesada la práctica religiosa en la época. ¡Pero Él es mucho más que todo esto! Y Él nos interroga a nosotros, como lo ha hecho con sus apóstoles: “Para ustedes, ¿quién soy yo?”

Pedro comprende que Dios está enteramente presente en Jesús. «¡Tú eres Cristo, el Hijo de Dios vivo!” Y Jesús le declara entonces: “Feliz, bienaventurado, eres tú Simón”. Y nosotros, ¿qué respondemos ante esta pregunta?




Aproximación psicológica al texto del Evangelio:



De la selva densa a la roca solida




En el espacio de 3 versículos se nos exponen 3 expresiones de gran complejidad a saber: EL HIJO DEL HOMBRE, CRISTO y EL HIJO DE DIOS. Estas expresiones llamadas títulos mesiánicos, corresponden a maneras bien precisas con las cuales los primeros cristianos comprendieron y expresaron su fe en Jesús.


Los exegetas continúan discutiendo entre ellos, la cuestión de saber si Jesús se aplicó esto títulos a sí mismo, y la respuesta aun no es bien clara.


Una cosa cierta es que estos títulos estaban estrechamente ligados al contexto religioso judío, y desaparecieron cuando la fe fue trasladada al mundo grecorromano. Así, nosotros los conocemos hoy más bajo la forma de nombres propios: El Mesías, Jesucristo.


En verdad, no hay nada que lamentar en esta evolución, ya que estos títulos logran bastante mal expresar la identidad de Jesús, a dar una buena concepción o toma de significado sobre su misterio.


Jesús se opone en alguna parte a “dar signos” de su autoridad (Mt 12,38-39), dejando a sus oyentes la tarea de evaluar por ellos mismos el conjunto de su acción (su práctica).  Se podría hablar de igual manera de su rechazo a dar definiciones teológicas de su identidad, rechazo que llevaría a sus contemporáneos a descubrir por ellos mismos quien era Él.


Esto de ninguna manera, significa que todo nos resbale entre los dedos, y que Jesús quede para siempre como una figura fugitiva e inalcanzable. Pero la crítica textual y el análisis teológico de los títulos mesiánicos es representada como una selva densa en la cual se perderían de modo seguro los más pequeños (Mt 11,25). Ahora, Jesús declara que justamente son estos últimos quienes tienen acceso a su misterio.


Es menester entonces decir que tenemos acceso directo a lo que importa saber sobre Jesús, y esto tiene dentro algunas convicciones de fondo, que toda persona sincera puede  tener después de una lectura atenta del evangelio.


Ante todo, Jesús se muestra convencido de que Dios se ha acercado a todo ser humano, y que Él está presente como un Padre en su vida de cada día.


Enseguida, Él está plenamente convencido de tener una causa común con Dios, y deja entender que la actitud que se asuma de cara él (Jesús) es la misma actitud que se asume ante Dios mismo. 

Finalmente, él está convencido, que los pobres y los oprimidos son los primeros en recibir la ternura de Dios, que la fiesta que viene será ante todo su fiesta, y que es con ellos que es necesario construir nuestras primeras solidaridades.


He aquí algunas de las convicciones de Jesús. Es reflexionando sobre ellas y acerca de la manera como Jesús vivió toda su vida en conformidad con ellas, que nosotros podremos comprometernos en una búsqueda espiritual auténtica.



Reflexión Central:



Suscitados por Dios



Los tres textos bíblicos que se nos proponen en este domingo 21o del domingo ordinario, nos presentan hombres que han sido llamados por Dios para una misión precisa. 

En la primera lectura, es Eliacin que es llamado. Él recibe la investidura para reemplazar un servidor de la realeza que se ha tornado muy ambicioso. No sabemos nada de Eliacin, su nombre significa "Dios lo ha suscitado". En adelante el hace parte del grupo de aquellos que Dios ha elegido para conducir a su pueblo y protegerlo.

En la segunda lectura, vemos que el apóstol Pablo también ha sido suscitado por Dios. En un comienzo, él era un fariseo que perseguía a los cristianos: actuando así, él creía salvar el honor de Dios. Pero un día, él encuentra a Jesús en el camino de Damasco. Este encuentro fue para él, el punto de partida hacia un verdadero cambio. El perseguidor encarnizado fue llamado a convertirse en un gran testigo de la fe en el mundo pagano. En el texto de hoy, le vemos proclamando con entusiasmo las maravillas de Dios a lo largo de todos los siglos. Todos los hombres, judíos y paganos son llamados "hijos de Dios". Si Dios ha suscitado el pueblo de Israel, es para compartir con la humanidad entera esta alegría de ser amada por Dios.


En el Evangelio, es Pedro quien ha sido suscitado por Cristo. El es llamado a convertirse en esta piedra sobre la cual Jesús edificará su Iglesia. Esta promesa es hecha después de la pregunta que Él acaba de hacer a sus discípulos: «Y vosotros, ¿Quién decís que soy yo?» y es Pedro precisamente quien hace esta bella profesión de fe: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios…» Él reconoce en Jesús al Hijo de Dios vivo. Y es así como Pedro es elegido para ser el fundamento o base de esta Iglesia que Él edificará, construirá a lo largo de los siglos (20 exactamente). Esta Iglesia desafiará las fuerzas de la muerte; se buscará destruirla por todos los medios. Pero el "poder de la muerte" no  la derrotará.


Vemos entonces tres hombres (Eliacin, Pablo y Pedro) que han respondido al llamado del Señor en pro de la salvación del mundo. 

En esta semana vocacional  que estamos comenzando, también tendremos  la oportunidad de saber de  Rosa de Lima (23 o 30 agosto), del apóstol Bartolomé (24), de José de Calasanz (25), de Luis IX, rey de Francia (25), de Teresa de Jesús Bornet (26), de San Juan Bautista en su martirio (29), modelo e inspiración para todos ellos…


El mismo Señor hoy continúa llamando a hombres, mujeres y niños. Somos convocados a participar activamente en esta misión.

La Buena Noticia debe ser anunciada a todos. hombres, mujeres y niños.

Debemos volver a encontrar este entusiasmo misionero que tenía Pablo.

Nosotros, cristianos de hoy, como testigos y mensajeros de esta Buena Noticia, somos enviados a nuestras familias, a nuestros pueblos, barrios y veredas, a todo el mundo. El Señor cuenta con nosotros para que demos lo mejor de nosotros en esta misión.


"Te daré las llaves del reino de los cielos…" Este poder consiste en abrir el Reino a todos los hombres. Este Reino ha sido confiado a la Iglesia por mediación de Pedro y sus sucesores. Esta misión nos une en un mundo donde muchas puertas son cerradas. Ciertos medios de comunicación aquí y allá, nos han infligido una campaña de denigración, que deshonra a muchas personas. Pensemos en todos aquellos que son hundidos en su pasado y su mala reputación. El mundo desconfía de ellos; no se les da ninguna oportunidad. Todas esas críticas malvadas, esos comentarios negativos, esas calumnias no hacen más que encerrar las personas en la exclusión.


El Papa Francisco no cesa de reaccionar contra tales comportamientos. Si nosotros somos llamados y enviados, no es para hacer sentir más mal a los pecadores o culpables, torturarles, sino para testimoniar cercanos a ellos el amor que Dios les tiene. Con Jesús y con nosotros todos, la Buena Noticia debe ser anunciada a los pequeños, a los pobres y a los excluidos.


Somos enviados para decirles que ellos son preciosos ante los ojos de Dios. Es necesario que esto se vea en nuestra manera de acogerlos y de escucharlos.


Es para responder mejor a este llamado del Señor que nos reunimos el domingo para celebrar la Eucaristía. Es aquí donde nos alimentamos de la Palabra y del Cuerpo de Cristo. Y después al final de la misa, somos enviados hacia todos aquellos que el Señor pondrá en nuestro camino.

Pidámosle al Señor Jesús, por la intercesión de la Virgen María, Estrella de la Evangelización, que Él nos ayude a ser verdaderos testigos de su amor en todos nuestros ambientes…Amén!





Oración-meditación



Señor, Tú nos has alimentado
de tu Palabra y tu Pan de vida,

Tú el Hijo de Dios vivo.


Gracias por congregarnos en la Iglesia

para encontrarte y compartir con otros

tu amor y tu libertad.


Tú que les has dado a Pedro,

las llaves de tu Reino y,

por medio de él

a nosotros todos los que te seguimos,

ayúdanos a construir tu Iglesia

en la paz y la fidelidad a tu nombre


¡Amén!





Referencias:

prionseneglise.ca

HÉTU, Jean-Luc. Les Options de Jésus.

dimancheprochain.org

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