1o de enero del 2025: Solemnidad de Santa María Madre de Dios
SANTO DEL DIA
Santa María, Madre de Dios
Ocho días después de la Natividad del Señor, celebramos a María, su madre. En el año 431, el Concilio de Éfeso la proclamó “Theotokos”, Madre de Dios, porque en ella el Verbo se hizo carne y el Hijo de Dios habitó entre los hombres.
En su benéfico santuario
(Lucas 2, 16-21) Ante acontecimientos inimaginables, María se retrae en sí misma para explorar las profundidades del misterio que la abruma. Una escucha interior atenta a esta voz del “fino silencio” que sólo puede surgir del encuentro entre el Santo Aliento y un corazón amoroso. Frente a los artificios del primer día del año, entremos en el silencio de la Madre de Dios, donde estamos, como en un santuario benéfico. Allí nos espera el Espíritu.
Sor Benedicta de la Cruz, cisterciense
La fiesta de Santa María,
Madre de Dios, nos revela el amor entrañable del Señor por aquella que iba a
ser la Madre del Salvador. María fue escogida entre todas las mujeres para
realizar su misión.
Después de nuestro bautismo, nosotros somos los embajadores del amor entrañable
de Dios.
En este comienzo del nuevo año, dejemos que el Señor nos reitere su amor y nos
bendiga.
PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO DE LOS NÚMEROS 6,22-27
El Señor habló a Moisés:
-- Di a Aarón y a sus hijos: Esta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas: El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz. Así invocarán mi nombre sobre los israelitas y yo los bendeciré.
Palabra de Dios
SALMO 66
R.- EL SEÑOR TENGA PIEDAD Y NOS BENDIGA.
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros:
conozca la tierra tus caminos,
Todos los pueblos tu salvación. R.-
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud,
Y gobiernas las naciones de la tierra. R.-
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
Que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga, que te teman
Hasta los confines del orbe. R.-
SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS GALATAS 4, 4-7
Hermanos:
Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: "¡Abba!" (Padre). Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.
Palabra de Dios
ALELUYA Heb 1,1-2
En distintas ocasiones hablo Dios antiguamente a nuestros padres por los Profetas: ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo.
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 2, 16-21
En aquel tiempo los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, les contaron lo que les había dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que había visto y oído; todo como les había dicho. Al cumplirse los ocho días tocaba circuncidar al niño y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.
Palabra del Señor
La Madre de Jesús es la Madre de Dios
Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Hoy, 1 de enero, completamos nuestra celebración de octava del día de Navidad. Es un hecho litúrgico que a menudo se pasa por alto que celebramos el día de Navidad durante ocho días seguidos. Hacemos esto también con el Día de Pascua, que concluye con la gran celebración del Domingo de la Divina Misericordia.
En este, el octavo día de la Octava de Navidad, nos centramos en el hecho único y hermoso de que Dios eligió entrar a nuestro mundo a través de una madre humana.
María es llamada “Madre de Dios” por el simple hecho de que su Hijo es Dios. Ella no fue sólo madre de la carne de su Hijo, ni madre sólo de su naturaleza humana. Esto se debe a que la Persona de Jesús, el Hijo de Dios, es una sola Persona. Y esa Persona se encarnó en el vientre de la Santísima Virgen María.
Aunque convertirse en Madre de Dios fue un puro regalo del Cielo y no algo que la Madre María mereciera por sí misma, había una cualidad particular que tenía que la hacía especialmente calificada para cumplir este papel. Esa cualidad era su naturaleza inmaculada.
Primero, la Madre María fue preservada de todo pecado cuando fue concebida en el vientre de su madre, Santa Ana. Esta gracia especial fue una gracia que le fue impartida desde la vida futura, muerte y resurrección de su Hijo. Fue la gracia de la salvación, pero Dios eligió tomar ese don de gracia y trascender el tiempo para impartírselo a ella en el momento de su concepción, convirtiéndola así en el instrumento perfecto y puro necesario para traer a Dios al mundo.
En segundo lugar, la Madre María permaneció fiel a este don de la gracia durante toda su vida, sin elegir nunca pecar, sin dudar, sin apartarse de Dios. Ella permaneció inmaculada durante toda su vida. Curiosamente, es esta elección suya, de permanecer siempre obediente a la voluntad de Dios en todos los sentidos, lo que la convierte en Madre de Dios más plenamente que el simple acto de llevarlo dentro de su vientre. Su acto de perfecta unidad con la voluntad de Dios a lo largo de su vida la convierte, también, en la madre perfecta de la gracia y misericordia divinas y perpetuamente en la Madre espiritual de Dios, llevándolo continua y perfectamente a nuestro mundo.
Reflexiona hoy sobre estos misterios más solemnes de nuestra fe. Este octavo día de la Octava de Navidad es una celebración solemne, una celebración digna de nuestra reflexión. El versículo anterior revela no sólo cómo nuestra bendita Madre abordó este misterio sino también cómo debemos abordarlo nosotros. Ella “guardaba todas estas cosas, reflexionándolas en su corazón”. Medita también sobre estos misterios en tu propio corazón y permite que la gracia de esta santa celebración te llene de alegría y gratitud.
Querida Madre María, fuiste agraciada con una gracia más allá de cualquier otra. Fuiste preservada de todo pecado y permaneciste perfectamente obediente a la voluntad de Dios durante toda tu vida. Como resultado, te convertiste en el instrumento perfecto del Salvador del mundo al convertirte en Su madre, la Madre de Dios. Ruega por mí para que pueda reflexionar hoy sobre este gran misterio de nuestra fe y regocijarme cada vez más profundamente en la incomprensible belleza de tu alma maternal. Madre María, Madre de Dios, ruega por nosotros. Jesús, en Ti confío.
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