miércoles, 30 de septiembre de 2026

Primero de octubre del 2026: jueves de la vigésima sexta semana del tiempo ordinario II-Santa Teresita del Niño Jesús-Memoria obligatoria

 

Testigo de la fe:

Santa Teresita del Niño Jesús

1873-1897

Desde hace más de un siglo, el «caminito, muy recto, muy corto […] completamente nuevo» para «ir al Cielo», descrito por la humilde carmelita de Lisieux, no deja de conmover a los creyentes de todos los países.

Doctora de la Iglesia desde 1997.

 

 

El Reino está muy cerca

Si Jesús espera obreros para la mies, no espera técnicas de comunicación misionera voluntaristas y mercantiles. No se trata de cosechar adeptos, sino de revelar la cercanía de Dios, que ama a cada persona y desea hacer de su vida un lugar de encuentro, de paz y de esperanza.

Los discípulos son enviados a llevar esa paz, compartir la mesa y cuidar a los enfermos. Así se hace creíble el anuncio: «El Reino de Dios está cerca de ustedes». Antes de convertirse en palabras, la Buena Noticia toma cuerpo en una presencia fraterna, en una escucha atenta, en unas manos que alivian el sufrimiento.

La misión comienza de rodillas, pidiendo al Señor que envíe obreros a su mies, y continúa por los caminos de la vida, con la confianza de quien sabe que Dios ya está obrando en los corazones. Los medios de comunicación pueden ayudar; su fecundidad evangelizadora depende también del amor y de la verdad que transmitimos.

Cada uno puede participar en esta tarea. Una visita, una reconciliación, un gesto de ternura o una palabra de aliento pueden abrir una puerta al Evangelio. El Reino está muy cerca: dejemos que los demás descubran su presencia a través de nuestra manera de amar.

 



*******************

 

Primera lectura

Job 19, 21-27

Yo sé que mi redentor vive

Lectura del libro de Job.

DIJO Job:
«¡Piedad, piedad, amigos míos,
que me ha herido la mano de Dios!
¿Por qué me persiguen como Dios
y no se hartan de escarnecerme?
¡Ojalá se escribieran mis palabras!
¡Ojalá se grabaran en cobre,
con cincel de hierro y con plomo
se escribieran para siempre en la roca!
Yo sé que mi redentor vive
y que al fin se alzará sobre el polvo:
después que me arranquen la piel,
ya sin carne, veré a Dios.
Yo mismo lo veré, y no otro;
mis propios ojos lo verán.
¡Tal ansia me consume por dentro!».

Palabra de Dios.

 

Salmo

Sal 26, 7-8ab. 8c-9abcd. 13-14 (R.: 13)

R. Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.


V. Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.
Oigo en mi corazón:
«Busquen mi rostro».
R.

V. Tu rostro buscaré, Señor.
No me escondas tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches.
R.

V. Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.
R.

 

Aclamación

R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Está cerca el reino de Dios;
conviértanse y crean en el Evangelio.
R.

 

Evangelio

Lc 10, 1-12

Descansará sobre ellos su paz

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

EN aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.
Y les decía:
«La mies es abundante y los obreros pocos; rueguen, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.
¡Pónganse en camino! Miren que los envío como corderos en medio de lobos. No lleven bolsa, ni alforja, ni sandalias;
y no saluden a nadie por el camino.
Cuando entren en una casa, digan primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos su paz; si no, volverá a ustedes.
Quédense en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No vayan cambiando de casa en casa.
Si entran en una ciudad y los reciben, coman lo que les pongan, curen a los enfermos que haya en ella, y díganles: “El reino de Dios ha llegado a ustedes”.
Pero si entran en una ciudad y no los reciben, saliendo a sus plazas, digan: “Hasta el polvo de su ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre ustedes. De todos modos, sepan que el reino de Dios ha llegado”.
Les digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad».

Palabra del Señor.


*************

 

El Reino está cerca: confiar, amar y ponerse en camino

 

Queridos hermanos:

¿Cómo puede una persona descubrir que Dios está cerca cuando atraviesa una enfermedad, una soledad profunda o una preocupación que le quita el sueño? Muchas veces comienza a descubrirlo cuando alguien se acerca, la escucha y le hace sentir que su vida importa. Esa cercanía abre una puerta para recibir el anuncio del Evangelio.

La Palabra de este día nos invita a ser testigos de esa presencia de Dios. Y santa Teresita del Niño Jesús nos enseña un camino al alcance de todos: confiar en el amor del Padre y responderle con amor en las pequeñas cosas de cada día.

En la primera lectura encontramos a Job, un hombre herido que sigue buscando a Dios. Su sufrimiento se agrava porque sus amigos, en vez de acompañarlo con compasión, lo someten a sus juicios. Por eso les suplica que tengan piedad de él. En medio de esa experiencia brota una afirmación impresionante: «Yo sé que mi Redentor vive».

Job todavía tiene preguntas. Su dolor sigue presente. Sin embargo, se aferra a la esperanza de que alguien defenderá su causa y de que podrá encontrarse con Dios.

También nosotros podemos creer con el corazón herido. Podemos rezar entre lágrimas, presentar nuestras preguntas y pedir ayuda. La confianza permite poner nuestra vida en manos del Señor incluso cuando nos cuesta comprender lo que estamos viviendo.

Esta lectura nos enseña, además, algo fundamental para la evangelización: necesitamos aprender a acompañar. Ante una persona que sufre, conviene escuchar antes de ofrecer explicaciones. Una visita paciente, una ayuda concreta y una oración compartida pueden preparar el corazón para reconocer la bondad de Dios.

El salmo recoge esa búsqueda y la convierte en oración: «Tu rostro buscaré, Señor». Y sostiene nuestra esperanza con estas palabras: «Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida».

Buscar el rostro del Señor es volver a Él cada día: abrir el Evangelio, guardar un momento de silencio, participar en la Eucaristía, poner ante su mirada nuestras alegrías y preocupaciones. De ese encuentro nace una mirada más compasiva hacia los demás.

Quien anuncia a Dios necesita cultivar esa relación con Él. También los sacerdotes, los catequistas, los padres de familia y todos los servidores de la comunidad necesitamos dejarnos consolar y renovar por el Señor. La misión puede cansarnos; la oración nos ayuda a recordar en quién hemos puesto nuestra confianza.

En el Evangelio, Jesús envía a setenta y dos discípulos. Los manda de dos en dos, para que caminen acompañados y aprendan a sostenerse mutuamente. Les pide orar para que el dueño de la cosecha envíe trabajadores, y los pone en camino con una misión concreta: llevar la paz, cuidar a los enfermos y anunciar la llegada del Reino.

«Paz a esta casa»: así debe comenzar su presencia. Y este es el mensaje que llevan: «El reino de Dios ha llegado a ustedes».

La tarea de la Iglesia consiste en ayudar a las personas a encontrarse con Jesucristo y a responder libremente a su amor. La preparación, la organización y los medios de comunicación son valiosos cuando sirven a ese encuentro. Pensemos en una catequesis, una emisión de radio o un mensaje compartido por las redes: su sentido evangelizador está en acercar a alguien al Señor y ayudarlo a vivir su Evangelio.

Hoy podemos preguntarnos qué reciben las personas cuando nos acercamos a ellas. ¿Encuentran escucha, respeto, paciencia? ¿Nuestra manera de hablar ayuda a reconciliar? ¿Nuestra presencia permite respirar un poco de paz?

Santa Teresita ilumina estas preguntas desde su vida en el Carmelo. Esta joven religiosa, reconocida como patrona de las misiones, vivió una profunda entrega a la Iglesia. Conoció también la enfermedad y una dolorosa oscuridad interior en la que perseveró en la fe. Su confianza maduró en medio de la prueba.

Su «caminito» nos invita a reconocer nuestra pequeñez y a abandonarnos al amor misericordioso de Dios. Desde esa confianza podemos amar en lo cotidiano: cumplir con responsabilidad una tarea, pedir perdón, atender con ternura a un enfermo, escuchar a alguien que necesita hablar, tratar con paciencia a la persona con la que nos cuesta convivir.

Ahí tenemos un campo misionero abierto cada día. Podemos comenzar en nuestra propia casa, en el trabajo y en la comunidad. La gracia de Dios puede hacer fecundo un gesto que parece pequeño.

Teresita expresó su vocación con estas palabras: «En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor». Cada uno de nosotros puede acoger esa invitación desde el lugar al que ha sido llamado. El amor da vida al servicio del sacerdote, a la entrega de los consagrados, al compromiso de los esposos y a la tarea de los laicos.

Por eso, hoy oramos especialmente por la obra evangelizadora de la Iglesia y por las vocaciones. Pedimos al Señor que sostenga a quienes anuncian el Evangelio, anime a los que están cansados y acompañe a quienes sirven en lugares difíciles.

Pidamos vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada; pidamos familias que transmitan la fe y laicos dispuestos a servir. Oremos por los jóvenes que están discerniendo su camino, para que encuentren libertad interior, buenos acompañantes y valentía para responder.

Esta oración nos compromete también a cuidar las vocaciones. Una comunidad que ora, acoge y sirve ofrece un ambiente donde se puede escuchar mejor la llamada de Dios. Y cada uno puede preguntarle al Señor qué servicio le está confiando hoy.

En esta Eucaristía recibimos a Jesús, que se entrega por nosotros. Alimentados por su amor, podemos salir al encuentro de los demás con una esperanza renovada.

Llevemos al corazón una pregunta: ¿Qué gesto concreto de amor puedo realizar hoy para que alguien descubra que Dios está cerca?

Señor Jesús, fortalece nuestra confianza en medio de las pruebas. Enséñanos a buscar tu rostro y a reconocer las necesidades de nuestros hermanos. Bendice la obra evangelizadora de tu Iglesia; suscita vocaciones generosas y sostén la fidelidad de quienes han respondido a tu llamada.

Santa Teresita del Niño Jesús, acompáñanos por tu caminito de confianza y amor. María, Madre de la Iglesia, ayúdanos a escuchar al Señor y a ponernos en camino con un corazón disponible.

Amén.

 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Gracias por visitar mi blog, Deje sus comentarios que si son hechos con respeto y seriedad, contestaré con mucho gusto. Gracias. Bendiciones




Primero de octubre del 2026: jueves de la vigésima sexta semana del tiempo ordinario II-Santa Teresita del Niño Jesús-Memoria obligatoria

  Testigo de la fe: Santa Teresita del Niño Jesús 1873-1897 Desde hace más de un siglo, el «caminito, muy recto, muy corto […] complet...