Santo del día:
Santa Ángela Merici
1474-1540.
«Hacedlo todo con paciencia y caridad»,
aconsejaba la fundadora de la Compañía de Santa Úrsula, instituto religioso que
dio origen a la congregación docente de las Ursulinas.
Una historia de escucha
(Marcos 3:31-35) «La
voluntad de Dios»: ¡cuántos malentendidos ha generado esta
expresión! La voluntad de Dios no es un decreto inmutable que se descubre
buscando tesoros; ni es un sustituto conveniente de nuestra propia voluntad. Es
más bien una historia de escucha, confianza y alianza; una intimidad que nos
abre a algo más grande que nosotros mismos y nos hace hermanos y hermanas de
Jesús.
Bertrand Lesoing, sacerdote de la comunidad de San Martín
Primera lectura
David y todo
Israel iban subiendo el Arca del Señor entre aclamaciones
Lectura del segundo libro de Samuel.
EN aquellos días, David fue y trajo con algazara el Arca de Dios de la casa de
Obededón a la ciudad de David.
Cuando los portadores del Arca del Señor avanzaban seis pasos, se sacrificaba
un toro y un animal cebado.
David iba danzando ante el Señor con todas sus fuerzas, ceñido de un efod de
lino.
Él y toda la casa de Israel iban subiendo el Arca del Señor entre aclamaciones
y al son de trompeta.
Trajeron el Arca del Señor y la instalaron en su lugar, en medio de la tienda
que había desplegado David.
David ofreció ante el Señor holocaustos y sacrificios de comunión.
Cuando acabó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor del universo.
Repartió a todo el pueblo, a la muchedumbre de Israel, hombres y mujeres, una
torta de pan, un pastel de dátiles y un pastel de uvas pasas. Tras lo cual,
todo el pueblo se fue, cada uno a su casa.
Palabra de Dios.
Salmo
R. ¿Quién
es ese Rey de la gloria? Es el Señor.
V. ¡Portones!,
alcen los dinteles,
que se alcen las puertas eternales:
va a entrar el Rey de la gloria. R.
V. ¿Quién
es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso,
el Señor valeroso en la batalla. R.
V. ¡Portones!,
alcen los dinteles,
que se alcen las puertas eternales:
va a entrar el Rey de la gloria. R.
V. ¿Quién es
ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios del universo,
él es el Rey de la gloria. R.
Aclamación
V. Bendito
seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios
del reino a los pequeños. R.
Evangelio
El que haga
la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
EN aquel tiempo, llegaron la madre de Jesús y sus hermanos y, desde fuera, lo
mandaron llamar.
La gente que tenía sentada alrededor le dice:
«Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan».
Él les pregunta:
«¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?».
Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice:
«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi
hermano y mi hermana y mi madre».
Palabra del Señor.
*******
1) Introducción: “La voluntad de Dios” como
historia de escucha
Hermanos,
la expresión “la voluntad
de Dios” puede sonar, a veces, como una frase fría o fatalista:
“ya qué… eso era la voluntad de Dios”. O puede convertirse en una coartada para
no decidir: “Dios dirá”, cuando en realidad yo no quiero comprometerme. Pero el
Evangelio de hoy nos corrige con mucha ternura: la voluntad de Dios no es un destino escrito sin nosotros,
sino una historia de
escucha, de confianza, de alianza viva.
Y
esa historia tiene un fruto precioso: nos
hace familia de Jesús.
2) David y el Arca: cuando el corazón aprende a
alegrarse en Dios (2 Samuel)
La
primera lectura nos muestra a David subiendo
el Arca de la Alianza a Jerusalén. El Arca era el signo de la
presencia del Señor en medio del pueblo. Y David no la recibe con protocolos
fríos: baila,
canta, ofrece sacrificios, bendice al pueblo y reparte pan y alimento. Es
decir: Dios vuelve al
centro, y cuando Dios está en el centro, la fe se vuelve
celebración, la religión se vuelve vida, y el pueblo se siente cuidado.
David
nos enseña algo clave:
·
La
voluntad de Dios no aplasta; levanta.
·
No
encierra; convoca.
·
No
empobrece; alimenta.
Cuando
uno escucha a Dios de verdad, la vida no se vuelve más estrecha: se vuelve más
grande, más fraterna.
3) “¡Abran las puertas!”: el salmo como examen
de conciencia (Sal 24/23)
El
salmo canta: “¡Portones,
alzad los dinteles… va a entrar el Rey de la gloria!”.
Qué imagen tan hermosa: Dios quiere entrar… pero hay puertas. Y no solo puertas
de madera: puertas interiores.
A
veces, el problema no es que Dios no hable, sino que yo no le abro:
·
porque
estoy lleno de ruido,
·
porque
estoy herido y desconfiado,
·
porque
me creo autosuficiente,
·
porque
tengo resentimientos que no suelto,
·
porque
mi “yo” ocupa toda la casa.
La
escucha verdadera siempre pide un gesto: abrir.
Abrir tiempo, abrir prioridades, abrir el corazón.
4) El Evangelio: la familia que nace de
escuchar y cumplir (Marcos 3,31-35)
La
escena es sencilla: llegan la madre y los parientes de Jesús, lo buscan; y Él
responde con una frase que puede sonar dura si no la entendemos bien:
“El que cumple la voluntad
de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre.”
Jesús
no desprecia a su familia. Al contrario: está revelando algo inmenso: la familia del Reino. En
la Iglesia nadie es “extraño” si escucha a Dios. Aquí se aprende una
pertenencia nueva, nacida no de la sangre, sino de la fe.
Y
atención: Jesús no dice “el que habla
de la voluntad de Dios”, ni “el que opina
sobre la voluntad de Dios”, sino el
que la cumple.
¿Y cómo se cumple? Primero escuchando,
porque nadie puede obedecer lo que no ha escuchado. Y escuchar, en cristiano,
no es solo oír sonidos: es dejar
que la Palabra me interprete a mí, me ordene por dentro, me
convierta.
La voluntad de Dios es una historia de escucha, confianza y alianza.
Es intimidad. No es “un decreto inmutable”, es una relación viva: Dios me habla
como Padre, y yo respondo como hijo.
5) Aplicación pastoral: tres señales de una
escucha auténtica
Para
aterrizarlo en la vida diaria, miremos tres señales sencillas de que estoy
caminando en la voluntad de Dios:
1.
La voluntad de Dios me vuelve más fraterno
Si lo que llamo “voluntad de Dios” me endurece, me aísla o me hace despreciar a
otros, algo anda mal. Jesús lo deja claro: su voluntad crea hermanos y hermanas.
2.
La voluntad de Dios me da paz operativa, no
pereza espiritual
No es la paz de “me desentiendo”, sino la paz de quien actúa con rectitud: pido
perdón, hablo, sirvo, cumplo, acompaño. Es una paz con obras.
3.
La voluntad de Dios siempre termina en pan
compartido
Miremos a David: al final reparte alimento. Cuando Dios entra, el corazón se
vuelve generoso. Una fe que no se traduce en misericordia concreta se queda en
discurso.
6) Intención orante: por familiares, amigos y
benefactores
Hoy
ponemos en el altar a quienes Dios ha usado para sostenernos: la familia que nos formó
o nos acompaña, los amigos
que han sido refugio y alegría, y los benefactores
que con su ayuda —material o espiritual— han sostenido la obra de la Iglesia,
nuestras comunidades, nuestra vida.
Pidámosle
al Señor tres gracias para ellos:
·
Escucha: que en sus casas se aprenda a escuchar
a Dios y a escucharse entre sí.
·
Unidad: que en las heridas familiares no gane
el orgullo sino el perdón.
·
Bendición: que Dios les devuelva
multiplicado el bien que han hecho, muchas veces en silencio.
7) Cierre: abrir la puerta al Rey de la gloria
Hermanos,
hoy la Palabra nos deja una invitación concreta: abrir. Abrir el tiempo
para Dios, abrir la casa del corazón, abrir el oído interior. Y entonces
ocurrirá el milagro: el Señor no solo entrará como Rey de gloria, sino que nos
irá tejiendo en una familia nueva: la
familia de los que escuchan y cumplen.
Que
María, la Madre que escuchó y dijo “hágase”, nos enseñe a vivir la voluntad de
Dios como lo que realmente es: una
historia de amor, de confianza y de alianza. Amén.
*******
27 de enero:
Santa Ángela de Mérici, Virgen — Memoria
opcional
1474–1540
Santa
patrona
de los enfermos, de quienes han perdido a sus padres, de las personas con
discapacidad o con limitaciones físicas
Canonizada el 24 de mayo de 1807
por el Papa Pío VII
Cita:
“Mis queridísimas hermanas, es
necesario que estemos vigilantes, y tanto más cuanto que la empresa es de tal
importancia que no puede haber otra mayor, pues en ella se juegan nuestra vida
y nuestro bienestar; y en ella somos llamadas a una vida de tanta gloria que
somos esposas del Hijo de Dios y llegaremos a ser reinas en el cielo.”
— Prólogo de la Regla de la
Compañía de Santa Úrsula, nn. 15–17
Reflexión
Ángela
fue la menor de cinco hijos nacidos de padres virtuosos y llenos de fe. Nació
en la localidad de Desenzano, en el norte de Italia. Poco después, su familia
se trasladó a una granja a las afueras del pueblo, donde Ángela creció. Desde
joven recibió una sólida formación en la fe católica. Cada día, su padre leía a
la familia la vida de los santos tomada de La
Leyenda Dorada, inundando la mente y el corazón de la pequeña
Ángela con el deseo de imitarlos.
Sin
embargo, durante su adolescencia, la tragedia golpeó a su familia no una, ni
dos, sino tres veces. El padre, la madre y una hermana de Ángela murieron en un
corto período de tiempo, dejando huérfanos a Ángela y a sus tres hermanos.
Tras
la muerte de sus padres y de su hermana, Ángela y su hermano menor se
trasladaron a la ciudad de Salò, a unos quince kilómetros al norte de
Desenzano, para vivir con su tío, hermano de su madre. Este tío también era un
hombre virtuoso, y bajo su amoroso cuidado Ángela continuó creciendo en la fe.
Alrededor
de los veinte o veintidós años, Ángela ingresó en la Tercera Orden Franciscana,
la rama laical de la gran familia franciscana. Los terciarios franciscanos no
hacían los mismos votos que los hombres y mujeres consagrados, sino que vivían
su vocación en medio del mundo. Como terciaria franciscana, Ángela adoptó la
costumbre, que mantendría durante toda su vida, de vestir el sencillo hábito de
los terciarios franciscanos. También comunicó a su tío su deseo de consagrar toda
su vida a Cristo, en lugar de contraer matrimonio. Poco después, su tío
falleció y Ángela decidió regresar a la casa familiar en Desenzano para
comenzar una nueva etapa de su vida como franciscana seglar. Permaneció allí
durante aproximadamente los siguientes veinte años.
En
algún momento, se cree que Ángela tuvo una o varias visiones que fortalecieron
su confianza en Dios y profundizaron su compromiso con la vocación recibida.
Estaba profundamente preocupada por el destino eterno de su hermana y anhelaba una
certeza. La respuesta le llegó en forma de una visión en la que vio a su
hermana participando en una procesión celestial junto con ángeles y otras
jóvenes. Aquello llenó de paz su corazón. En esa misma visión, o en otra
posterior, vio una escalera que conducía al cielo y a varias jóvenes vírgenes
subiendo por ella. Esta experiencia se convirtió en la semilla de su llamado a
enseñar a las jóvenes acerca de Dios y a formarlas para una vida santa.
Ángela
comenzó entonces a enseñar a jóvenes muchachas que se reunían cada día en su
casa para ayudarlas a ser mejores cristianas. Pronto, otras mujeres jóvenes y
solteras comenzaron a imitarla, acogiendo también a niñas en sus propios
hogares. Estas maestras laicas formaron entre sí una asociación sencilla, unidas
por una misma misión y una vocación laical compartida. Tras veinte años en
Desenzano, Ángela fue invitada a fundar otra casa en la cercana ciudad de
Brescia.
En
Brescia, Ángela se hizo muy conocida y querida por muchos, especialmente por
las jóvenes necesitadas. Aconsejó a numerosas personas: antiguas prostitutas,
miembros de la alta sociedad, pobres y todos aquellos que buscaban su
orientación. En 1535, a la edad de sesenta y un años, Ángela culminó la etapa
final de su misión al reunir a veintiocho vírgenes para formar la organización
laical femenina conocida como la Compañía de Santa Úrsula. Santa Úrsula era una
patrona muy apropiada, pues era la patrona de las escolares. La Compañía de
Santa Úrsula fue el primer instituto secular para laicos en la historia de la
Iglesia.
Para
las mujeres de aquella época, tradicionalmente solo existían dos opciones: el
matrimonio o la entrada en un convento de clausura. Esta nueva asociación
laical ofrecía por primera vez a las jóvenes una tercera posibilidad. Un par de
años más tarde, Ángela fue elegida madre de esta nueva compañía y permaneció en
ese cargo hasta su muerte en 1540. En el momento de su fallecimiento, la
Compañía contaba con alrededor de 150 miembros. Cuatro años después de su
muerte, en 1544, el Papa Pablo III promulgó una bula papal aprobando la Regla
de la Compañía de Santa Úrsula.
Aunque
la Compañía de Santa Úrsula existe aún hoy, algunas de sus primeras miembros se
separaron formalmente para dar origen a una nueva orden religiosa llamada las
Ursulinas, bajo la guía del arzobispo san Carlos Borromeo de Milán, en 1572.
Tanto las Ursulinas como la Compañía de Santa
Úrsula,
entidades distintas dentro de la Iglesia, reconocen a santa Ángela como su
fundadora.
Dios
utilizó a santa Ángela para una misión singular. Desde muy joven se enamoró de
su Dios, se consagró únicamente a Él como a su Esposo y siguió su voluntad a
medida que esta se iba manifestando. Al principio, su misión fue personal: amar
a las jóvenes y guiarlas hacia Dios desde su propio hogar. Con el tiempo, Dios
amplió esa misión y la integró plenamente en la vida de la Iglesia.
Dios
no llama a todas las personas a iniciar un nuevo movimiento dentro de la
Iglesia o a dar origen a una orden religiosa, pero sí nos llama a todos a
reconocer las necesidades de quienes nos rodean y a trabajar para responder a
ellas con amor y entrega. Santa Ángela supo ver la necesidad de cuidar y educar
a las jóvenes. Reflexiona sobre las necesidades que existen a tu alrededor y, a
imitación de santa Ángela, ofrécete a Dios para ayudar a responder a esas
necesidades de acuerdo con su divina voluntad.
Oración
Santa
Ángela, te enamoraste de Dios desde joven y supiste alimentar ese amor en medio
de las pruebas. Tras perder a muchos de tus seres queridos, Dios te regaló
nuevos hijos espirituales a quienes cuidar como madre. Acogiste ese llamado y
la Iglesia dio abundantes frutos. Te ruego que intercedas por mí, para que
aprenda de tu ejemplo y cuide de aquellos que Dios ha puesto en mi camino,
entregándome a servirles conforme a la perfecta voluntad de Dios.
Santa Ángela, ruega por mí.
Jesús, en Ti confío.

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