martes, 27 de enero de 2026

27 de enero del 2026: martes de la tercera semana del tiempo ordinario-II- Santa Ángela de Merici-memoria opcional

 

Santo del día:

Santa Ángela Merici

1474-1540.

«Hacedlo todo con paciencia y caridad», aconsejaba la fundadora de la Compañía de Santa Úrsula, instituto religioso que dio origen a la congregación docente de las Ursulinas.

 


Una historia de escucha

(Marcos 3:31-35) «La voluntad de Dios»: ¡cuántos malentendidos ha generado esta expresión! La voluntad de Dios no es un decreto inmutable que se descubre buscando tesoros; ni es un sustituto conveniente de nuestra propia voluntad. Es más bien una historia de escucha, confianza y alianza; una intimidad que nos abre a algo más grande que nosotros mismos y nos hace hermanos y hermanas de Jesús.

Bertrand Lesoing, sacerdote de la comunidad de San Martín

 


Primera lectura

2 Sam 6, 12b-15. 17-19

David y todo Israel iban subiendo el Arca del Señor entre aclamaciones

Lectura del segundo libro de Samuel.

EN aquellos días, David fue y trajo con algazara el Arca de Dios de la casa de Obededón a la ciudad de David.
Cuando los portadores del Arca del Señor avanzaban seis pasos, se sacrificaba un toro y un animal cebado.
David iba danzando ante el Señor con todas sus fuerzas, ceñido de un efod de lino.
Él y toda la casa de Israel iban subiendo el Arca del Señor entre aclamaciones y al son de trompeta.
Trajeron el Arca del Señor y la instalaron en su lugar, en medio de la tienda que había desplegado David.
David ofreció ante el Señor holocaustos y sacrificios de comunión.
Cuando acabó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor del universo. Repartió a todo el pueblo, a la muchedumbre de Israel, hombres y mujeres, una torta de pan, un pastel de dátiles y un pastel de uvas pasas. Tras lo cual, todo el pueblo se fue, cada uno a su casa.

Palabra de Dios.

 

Salmo

Sal 23, 7. 8. 9. 10 (R.: cf. 8a)

R. ¿Quién es ese Rey de la gloria? Es el Señor.

V. ¡Portones!, alcen los dinteles,
que se alcen las puertas eternales:
va a entrar el Rey de la gloria. 
R.

V. ¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso,
el Señor valeroso en la batalla.
 R.

V. ¡Portones!, alcen los dinteles,
que se alcen las puertas eternales:
va a entrar el Rey de la gloria. 
R.

V. ¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios del universo,
él es el Rey de la gloria. 
R.

 

Aclamación

R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del reino a los pequeños. R.

 

Evangelio

Mc 3, 31-35

El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, llegaron la madre de Jesús y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.
La gente que tenía sentada alrededor le dice:
«Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan».
Él les pregunta:
«¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?».
Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice:
«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».

Palabra del Señor.

 

 

*******

 

1) Introducción: “La voluntad de Dios” como historia de escucha

Hermanos, la expresión “la voluntad de Dios” puede sonar, a veces, como una frase fría o fatalista: “ya qué… eso era la voluntad de Dios”. O puede convertirse en una coartada para no decidir: “Dios dirá”, cuando en realidad yo no quiero comprometerme. Pero el Evangelio de hoy nos corrige con mucha ternura: la voluntad de Dios no es un destino escrito sin nosotros, sino una historia de escucha, de confianza, de alianza viva.

Y esa historia tiene un fruto precioso: nos hace familia de Jesús.


2) David y el Arca: cuando el corazón aprende a alegrarse en Dios (2 Samuel)

La primera lectura nos muestra a David subiendo el Arca de la Alianza a Jerusalén. El Arca era el signo de la presencia del Señor en medio del pueblo. Y David no la recibe con protocolos fríos: baila, canta, ofrece sacrificios, bendice al pueblo y reparte pan y alimento. Es decir: Dios vuelve al centro, y cuando Dios está en el centro, la fe se vuelve celebración, la religión se vuelve vida, y el pueblo se siente cuidado.

David nos enseña algo clave:

·        La voluntad de Dios no aplasta; levanta.

·        No encierra; convoca.

·        No empobrece; alimenta.

Cuando uno escucha a Dios de verdad, la vida no se vuelve más estrecha: se vuelve más grande, más fraterna.


3) “¡Abran las puertas!”: el salmo como examen de conciencia (Sal 24/23)

El salmo canta: “¡Portones, alzad los dinteles… va a entrar el Rey de la gloria!”.
Qué imagen tan hermosa: Dios quiere entrar… pero hay puertas. Y no solo puertas de madera: puertas interiores.

A veces, el problema no es que Dios no hable, sino que yo no le abro:

·        porque estoy lleno de ruido,

·        porque estoy herido y desconfiado,

·        porque me creo autosuficiente,

·        porque tengo resentimientos que no suelto,

·        porque mi “yo” ocupa toda la casa.

La escucha verdadera siempre pide un gesto: abrir. Abrir tiempo, abrir prioridades, abrir el corazón.


4) El Evangelio: la familia que nace de escuchar y cumplir (Marcos 3,31-35)

La escena es sencilla: llegan la madre y los parientes de Jesús, lo buscan; y Él responde con una frase que puede sonar dura si no la entendemos bien:
“El que cumple la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre.”

Jesús no desprecia a su familia. Al contrario: está revelando algo inmenso: la familia del Reino. En la Iglesia nadie es “extraño” si escucha a Dios. Aquí se aprende una pertenencia nueva, nacida no de la sangre, sino de la fe.

Y atención: Jesús no dice “el que habla de la voluntad de Dios”, ni “el que opina sobre la voluntad de Dios”, sino el que la cumple.
¿Y cómo se cumple? Primero escuchando, porque nadie puede obedecer lo que no ha escuchado. Y escuchar, en cristiano, no es solo oír sonidos: es dejar que la Palabra me interprete a mí, me ordene por dentro, me convierta.

La voluntad de Dios es una historia de escucha, confianza y alianza. Es intimidad. No es “un decreto inmutable”, es una relación viva: Dios me habla como Padre, y yo respondo como hijo.


5) Aplicación pastoral: tres señales de una escucha auténtica

Para aterrizarlo en la vida diaria, miremos tres señales sencillas de que estoy caminando en la voluntad de Dios:

1.    La voluntad de Dios me vuelve más fraterno
Si lo que llamo “voluntad de Dios” me endurece, me aísla o me hace despreciar a otros, algo anda mal. Jesús lo deja claro: su voluntad crea hermanos y hermanas.

2.    La voluntad de Dios me da paz operativa, no pereza espiritual
No es la paz de “me desentiendo”, sino la paz de quien actúa con rectitud: pido perdón, hablo, sirvo, cumplo, acompaño. Es una paz con obras.

3.    La voluntad de Dios siempre termina en pan compartido
Miremos a David: al final reparte alimento. Cuando Dios entra, el corazón se vuelve generoso. Una fe que no se traduce en misericordia concreta se queda en discurso.


6) Intención orante: por familiares, amigos y benefactores

Hoy ponemos en el altar a quienes Dios ha usado para sostenernos: la familia que nos formó o nos acompaña, los amigos que han sido refugio y alegría, y los benefactores que con su ayuda —material o espiritual— han sostenido la obra de la Iglesia, nuestras comunidades, nuestra vida.

Pidámosle al Señor tres gracias para ellos:

·        Escucha: que en sus casas se aprenda a escuchar a Dios y a escucharse entre sí.

·        Unidad: que en las heridas familiares no gane el orgullo sino el perdón.

·        Bendición: que Dios les devuelva multiplicado el bien que han hecho, muchas veces en silencio.


7) Cierre: abrir la puerta al Rey de la gloria

Hermanos, hoy la Palabra nos deja una invitación concreta: abrir. Abrir el tiempo para Dios, abrir la casa del corazón, abrir el oído interior. Y entonces ocurrirá el milagro: el Señor no solo entrará como Rey de gloria, sino que nos irá tejiendo en una familia nueva: la familia de los que escuchan y cumplen.

Que María, la Madre que escuchó y dijo “hágase”, nos enseñe a vivir la voluntad de Dios como lo que realmente es: una historia de amor, de confianza y de alianza. Amén.

 

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27 de enero:

Santa Ángela de Mérici, Virgen — Memoria opcional
1474–1540


Santa patrona de los enfermos, de quienes han perdido a sus padres, de las personas con discapacidad o con limitaciones físicas
Canonizada el 24 de mayo de 1807 por el Papa Pío VII

 


Cita:


“Mis queridísimas hermanas, es necesario que estemos vigilantes, y tanto más cuanto que la empresa es de tal importancia que no puede haber otra mayor, pues en ella se juegan nuestra vida y nuestro bienestar; y en ella somos llamadas a una vida de tanta gloria que somos esposas del Hijo de Dios y llegaremos a ser reinas en el cielo.”
Prólogo de la Regla de la Compañía de Santa Úrsula, nn. 15–17


Reflexión

Ángela fue la menor de cinco hijos nacidos de padres virtuosos y llenos de fe. Nació en la localidad de Desenzano, en el norte de Italia. Poco después, su familia se trasladó a una granja a las afueras del pueblo, donde Ángela creció. Desde joven recibió una sólida formación en la fe católica. Cada día, su padre leía a la familia la vida de los santos tomada de La Leyenda Dorada, inundando la mente y el corazón de la pequeña Ángela con el deseo de imitarlos.

Sin embargo, durante su adolescencia, la tragedia golpeó a su familia no una, ni dos, sino tres veces. El padre, la madre y una hermana de Ángela murieron en un corto período de tiempo, dejando huérfanos a Ángela y a sus tres hermanos.

Tras la muerte de sus padres y de su hermana, Ángela y su hermano menor se trasladaron a la ciudad de Salò, a unos quince kilómetros al norte de Desenzano, para vivir con su tío, hermano de su madre. Este tío también era un hombre virtuoso, y bajo su amoroso cuidado Ángela continuó creciendo en la fe.

Alrededor de los veinte o veintidós años, Ángela ingresó en la Tercera Orden Franciscana, la rama laical de la gran familia franciscana. Los terciarios franciscanos no hacían los mismos votos que los hombres y mujeres consagrados, sino que vivían su vocación en medio del mundo. Como terciaria franciscana, Ángela adoptó la costumbre, que mantendría durante toda su vida, de vestir el sencillo hábito de los terciarios franciscanos. También comunicó a su tío su deseo de consagrar toda su vida a Cristo, en lugar de contraer matrimonio. Poco después, su tío falleció y Ángela decidió regresar a la casa familiar en Desenzano para comenzar una nueva etapa de su vida como franciscana seglar. Permaneció allí durante aproximadamente los siguientes veinte años.

En algún momento, se cree que Ángela tuvo una o varias visiones que fortalecieron su confianza en Dios y profundizaron su compromiso con la vocación recibida. Estaba profundamente preocupada por el destino eterno de su hermana y anhelaba una certeza. La respuesta le llegó en forma de una visión en la que vio a su hermana participando en una procesión celestial junto con ángeles y otras jóvenes. Aquello llenó de paz su corazón. En esa misma visión, o en otra posterior, vio una escalera que conducía al cielo y a varias jóvenes vírgenes subiendo por ella. Esta experiencia se convirtió en la semilla de su llamado a enseñar a las jóvenes acerca de Dios y a formarlas para una vida santa.

Ángela comenzó entonces a enseñar a jóvenes muchachas que se reunían cada día en su casa para ayudarlas a ser mejores cristianas. Pronto, otras mujeres jóvenes y solteras comenzaron a imitarla, acogiendo también a niñas en sus propios hogares. Estas maestras laicas formaron entre sí una asociación sencilla, unidas por una misma misión y una vocación laical compartida. Tras veinte años en Desenzano, Ángela fue invitada a fundar otra casa en la cercana ciudad de Brescia.

En Brescia, Ángela se hizo muy conocida y querida por muchos, especialmente por las jóvenes necesitadas. Aconsejó a numerosas personas: antiguas prostitutas, miembros de la alta sociedad, pobres y todos aquellos que buscaban su orientación. En 1535, a la edad de sesenta y un años, Ángela culminó la etapa final de su misión al reunir a veintiocho vírgenes para formar la organización laical femenina conocida como la Compañía de Santa Úrsula. Santa Úrsula era una patrona muy apropiada, pues era la patrona de las escolares. La Compañía de Santa Úrsula fue el primer instituto secular para laicos en la historia de la Iglesia.

Para las mujeres de aquella época, tradicionalmente solo existían dos opciones: el matrimonio o la entrada en un convento de clausura. Esta nueva asociación laical ofrecía por primera vez a las jóvenes una tercera posibilidad. Un par de años más tarde, Ángela fue elegida madre de esta nueva compañía y permaneció en ese cargo hasta su muerte en 1540. En el momento de su fallecimiento, la Compañía contaba con alrededor de 150 miembros. Cuatro años después de su muerte, en 1544, el Papa Pablo III promulgó una bula papal aprobando la Regla de la Compañía de Santa Úrsula.

Aunque la Compañía de Santa Úrsula existe aún hoy, algunas de sus primeras miembros se separaron formalmente para dar origen a una nueva orden religiosa llamada las Ursulinas, bajo la guía del arzobispo san Carlos Borromeo de Milán, en 1572. Tanto las Ursulinas como la Compañía de Santa Úrsula, entidades distintas dentro de la Iglesia, reconocen a santa Ángela como su fundadora.

Dios utilizó a santa Ángela para una misión singular. Desde muy joven se enamoró de su Dios, se consagró únicamente a Él como a su Esposo y siguió su voluntad a medida que esta se iba manifestando. Al principio, su misión fue personal: amar a las jóvenes y guiarlas hacia Dios desde su propio hogar. Con el tiempo, Dios amplió esa misión y la integró plenamente en la vida de la Iglesia.

Dios no llama a todas las personas a iniciar un nuevo movimiento dentro de la Iglesia o a dar origen a una orden religiosa, pero sí nos llama a todos a reconocer las necesidades de quienes nos rodean y a trabajar para responder a ellas con amor y entrega. Santa Ángela supo ver la necesidad de cuidar y educar a las jóvenes. Reflexiona sobre las necesidades que existen a tu alrededor y, a imitación de santa Ángela, ofrécete a Dios para ayudar a responder a esas necesidades de acuerdo con su divina voluntad.


Oración

Santa Ángela, te enamoraste de Dios desde joven y supiste alimentar ese amor en medio de las pruebas. Tras perder a muchos de tus seres queridos, Dios te regaló nuevos hijos espirituales a quienes cuidar como madre. Acogiste ese llamado y la Iglesia dio abundantes frutos. Te ruego que intercedas por mí, para que aprenda de tu ejemplo y cuide de aquellos que Dios ha puesto en mi camino, entregándome a servirles conforme a la perfecta voluntad de Dios.
Santa Ángela, ruega por mí.
Jesús, en Ti confío.

 

 

 

 

 

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