miércoles, 14 de enero de 2026

15 de enero del 2026: jueves de la primera semana del tiempo ordinario-II

 

Una historia de corazón


(1 Samuel 4, 1b-11 ; Marcos 1, 40-45
El error de Israel consiste en creer que la presencia del arca de la Alianza, como si fuera un talismán, garantiza fuerza y poder. La sabiduría de los filisteos consiste en comprender que nada puede reemplazar el valor del corazón. Ahí es donde Dios habita, ante todo. El leproso que suplica movilizando toda su voluntad suscita la compasión de Jesús y queda purificado. Su testimonio no sabe ser más discreto que un corazón desbordado de gratitud.

Nicolas Tarralle, prêtre assomptionniste

 


Primera lectura

1 Sam 4, 1b-11
Israel fue derrotado y el Arca de Dios fue apresada

Lectura del primer libro de Samuel.

EN aquellos días, salió Israel a la guerra contra los filisteos y acamparon en Ebenézer, mientras los filisteos acamparon en Afec.
Los filisteos formaron frente a Israel, la batalla se extendió e Israel fue derrotado por los filisteos.
Abatieron en el campo unos cuatro mil hombres de la formación.
Cuando la tropa volvió al campamento, dijeron los ancianos de Israel:
«¿Por qué nos ha derrotado hoy el Señor frente a los filisteos? Traigamos de Siló el Arca de la Alianza del Señor. Que venga entre nosotros y nos salve de la mano de nuestros
enemigos».
El pueblo envió gente a Siló para que trajeran de allí el Arca de la Alianza del Señor del universo, que se sienta sobre querubines. Allí, junto al Arca de la Alianza de Dios, se encontraban Jofní y Pinjás, los dos hijos de Elí.
Cuando el Arca de la Alianza del Señor llegó al campamento, todo Israel prorrumpió en un gran alarido y la tierra se estremeció.
Los filisteos oyeron la voz del alarido, y se preguntaron:
«¿Qué es ese gran alarido en el campamento de los hebreos?».
Y supieron que el Arca del Señor había llegado al campamento.
Los filisteos se sintieron atemorizados y dijeron:
«Dios ha venido al campamento».
Después gritaron:
«¡Ay de nosotros!, nada parecido nos había ocurrido antes. ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de estos poderosos dioses? Estos son los dioses que golpearon a Egipto con todo tipo de plagas en el desierto. Filisteos, cobren fuerzas y pórtense como hombres, para que no tengan que servir a los hebreos, como les han servido a ustedes. Pórtense como hombres y luchen».
Los filisteos lucharon e Israel fue derrotado. Cada uno huyó a su tienda.
Fue una gran derrota: cayeron treinta mil infantes de Israel.
El Arca de Dios fue apresada y murieron Jofní y Pinjás, los dos hijos de Elí.

Palabra de Dios.

 

Salmo

Sal 43, 10-11. 14-15. 24-25 (R.: 27b)

R. Redímenos, Señor, por tu misericordia.

V. Ahora nos rechazas y nos avergüenzas,
y ya no sales, Señor, con nuestras tropas:
nos haces retroceder ante el enemigo,
y nuestro adversario nos saquea. 
R.

V. Nos haces el escarnio de nuestros vecinos,
irrisión y burla de los que nos rodean;
nos has hecho el refrán de los gentiles,
nos hacen muecas las naciones. 
R.

V. Despierta, Señor, ¿por qué duermes?
Levántate, no nos rechaces más.
¿Por qué nos escondes tu rostro
y olvidas nuestra desgracia y opresión? 
R.

 

Aclamación

R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Jesús proclamaba el evangelio del reino, y curaba toda dolencia en el pueblo. R.

 

Evangelio

Mc 1, 40-45

La lepra se le quitó, y quedó limpio

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.


EN aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:
«Si quieres, puedes limpiarme».
Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo:
«Quiero: queda limpio».
La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente:
«No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».
Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.

Palabra del Señor.

 

 

                                                                            

1

 

1) “Dios no es un talismán”: cuando confundimos fe con superstición

La primera lectura es fuerte, casi desconcertante. Israel entra en combate, pierde, y entonces se le ocurre una idea: “traigamos el Arca de la Alianza, así el Señor estará con nosotros y venceremos”. Es decir: convierten el Arca —signo sagrado de la presencia de Dios— en un amuleto. Como si la victoria fuera automática por portar un objeto santo.

Esa es una tentación recurrente: usar lo religioso como garantía, sin conversión; como “seguro espiritual” sin obediencia; como símbolo sin corazón. Podemos caer en algo parecido cuando reducimos la fe a fórmulas, gestos, objetos o costumbres… y nos olvidamos de lo esencial: la alianza es relación, no magia; es camino, no atajo.

Y el texto nos golpea con una lección: el Arca termina capturada; mueren muchos. Dios no se deja manipular. No “funciona” a conveniencia. El Señor no se presta para validar nuestras decisiones cuando no queremos escuchar su voluntad.

2) El Salmo: la oración que nace cuando el corazón queda sin “muletas”

El Salmo 44(43) suena como el lamento de un pueblo que no entiende: “Nos has rechazado… nos has entregado…”“despierta… ¿por qué duermes?”“levántate y sálvanos”. Es oración desde la herida, desde la confusión, desde la noche.

Y eso también es fe. Una fe adulta no es la que nunca se quiebra, sino la que se atreve a hablarle a Dios incluso cuando no comprende. La Biblia es realista: hay momentos en que el creyente no tiene respuestas; solo tiene una súplica.

Aquí hay un punto psicológico y espiritual: cuando se nos caen las “muletas” (seguridades, control, explicaciones rápidas), aparece lo verdadero: o la soberbia que culpa y se endurece, o el corazón que se arrodilla y pide.

3) El Evangelio: “Si quieres, puedes”: la valentía humilde del leproso

En el Evangelio, un hombre leproso se acerca a Jesús. En aquella cultura, la lepra no era solo una enfermedad; era expulsión social, aislamiento, impureza ritual, estigma. Ese hombre carga no solo dolor físico: carga vergüenza, soledad, rechazo, miedo.

Pero hace algo decisivo: rompe el cerco. Se acerca. Se arrodilla. Y dice una frase impresionante:
“Si quieres, puedes limpiarme.”
No exige. No manipula. No reclama derechos. Presenta su necesidad y se abandona a la libertad de Jesús: “si quieres”. Esa es fe auténtica: confianza sin control.

Y Jesús responde con dos gestos de Dios:

  • Compasión (se le conmueven las entrañas),
  • Cercanía (lo toca).
    Y luego la palabra creadora: “Quiero: queda limpio.”

Lo que faltaba no era un “talismán”, sino coraje del corazón. Israel quiso asegurar la victoria por un signo externo; el leproso se arriesga con el corazón en la mano. Y ese corazón valiente abre la puerta a la gracia.

4) “No se lo digas a nadie” … y sin embargo evangeliza

Jesús le pide discreción y obediencia: que vaya al sacerdote y cumpla lo prescrito. Pero el hombre, desbordado de gratitud, lo proclama. No sabe callar. Y se arma un “desorden santo”: Jesús ya no puede entrar abiertamente en los pueblos.

Esto también nos enseña algo sobre la evangelización:

  • El testimonio verdadero nace de la experiencia: “me tocó”, “me limpió”, “me devolvió la vida”.
  • Pero el celo necesita sabiduría: evangelizar no es hacer ruido; es anunciar con amor, obediencia y oportunidad.

5) Aplicación pastoral: obra evangelizadora y vocaciones, hoy

Hoy oramos por la obra evangelizadora de la Iglesia y por las vocaciones. Y la Palabra nos marca tres conversiones muy concretas:

1.    De la fe-talisman a la fe-corazón
No basta “tener cosas de Dios”; hace falta vivir de Dios. La evangelización pierde fuerza cuando se vuelve costumbre sin pasión, rito sin entrega, religión sin caridad.

2.    De la distancia al “tocó”
La Iglesia evangeliza cuando se parece a Jesús: cuando se acerca a las llagas del mundo, cuando toca con ternura lo que otros evitan: los pobres, los enfermos, los heridos, los excluidos, los que cargan culpas, los que no encajan.
Una comunidad que no toca el dolor se vuelve museo; una Iglesia que se compadece se vuelve hogar.

3.    De la gratitud muda a la gratitud misionera
Las vocaciones nacen muchas veces así: de un corazón que dice: “Señor, me has hecho tanto bien… ¿qué puedo hacer por ti?”
Quien ha sido tocado por Cristo empieza a preguntarse: ¿a quién debo servir? ¿dónde me necesitas?
La vocación no es primero una idea; es una respuesta agradecida.

6) Una pequeña anécdota para iluminar

A veces queremos “asegurar” la vida espiritual como quien lleva un objeto “por si acaso”. Como alguien que guarda una llave sin abrir nunca la puerta. El Arca —sin corazón— fue como una llave sin puerta.
En cambio, el leproso abrió la puerta de su vida con una llave distinta: humildad y confianza. Y Jesús hizo el resto.

7) Conclusión y llamado

Hermanos, hoy el Señor nos pregunta:
¿Buscas un amuleto religioso o buscas un corazón convertido?
¿Te refugias en signos externos o te atreves a acercarte y decir: “Si quieres, puedes”?

Pidámosle al Señor una Iglesia de corazón:

  • valiente para acercarse,
  • compasiva para tocar,
  • humilde para obedecer,
  • y agradecida para anunciar.

Oración final (por la evangelización y las vocaciones)

Señor Jesús,
tú que te conmoviste ante el leproso y lo tocaste sin miedo,
purifica también a tu Iglesia de toda rutina sin amor
y de toda fe sin conversión.

Danos un corazón valiente,
capaz de acercarse a los que sufren,
de tocar con ternura las heridas del mundo,
y de anunciar tu Evangelio con alegría y prudencia.

Suscita en nuestras comunidades vocaciones santas:
sacerdotes, diáconos, consagradas, consagrados, misioneros,
matrimonios fieles y laicos apasionados por tu Reino.

Que muchos, al sentirse tocados por tu misericordia,
respondan con generosidad: “Aquí estoy, envíame”.

Amén.

 

 

2

 

1) Puerta de entrada: cuando buscamos a Dios por lo que “hace” y no por lo que “es”

A todos nos conmueven los milagros. Nos fascina que Dios toque lo imposible, que sane, que abra caminos. Y es normal: el dolor humano es real, y la fe también se vuelve súplica. Pero el Evangelio de hoy nos pone una lámpara en el corazón: no basta buscar a Jesús por su poder; hay que buscarlo por su Persona y por su misión.

Por eso, después de curar al leproso, Jesús le ordena:
“Mira, no se lo digas a nadie; ve, preséntate al sacerdote…” (Mc 1,44).
Y aquí nace la pregunta: ¿por qué ese “secreto”? ¿por qué callar un milagro tan hermoso?

2) El “secreto mesiánico”: Jesús no quiere fama, quiere fe pascual

Ese mandato de discreción aparece muchas veces en los Evangelios. La razón es profunda: Jesús no quiere que lo reduzcan a un “milagrero”, ni que su identidad sea malinterpretada como la de un Mesías político, útil para los intereses del momento.

La verdad de Jesús solo se entiende plenamente desde la Cruz y la Resurrección.
Si lo anuncian solo por los milagros, el pueblo puede buscarlo por conveniencia: “resuélveme esto, líbrame de aquello, dame aquello…” Y Jesús no vino a ser un dispensador de favores, sino el Salvador que reconcilia al mundo con el Padre.

Aquí está la lección: los milagros señalan el camino; no son la meta. La meta es la conversión, la comunión con Dios, la salvación.

3) Primera lectura: el peligro de convertir lo sagrado en instrumento

La primera lectura (1S 4,1-11) es un espejo incómodo. Israel, derrotado, decide traer el Arca al campo de batalla, como si la presencia del Arca garantizara la victoria. Es decir: tratan a Dios como talismán, como amuleto religioso.

Y el resultado es trágico: no solo pierden; el Arca es capturada. La Escritura nos enseña con crudeza: Dios no se manipula. Lo santo no es un objeto para controlar la vida; lo santo es llamado a la alianza, a la obediencia, a la conversión del corazón.

Esto conecta con el Evangelio: el leproso se acerca sin manipular; no exige. Dice:
“Si quieres, puedes limpiarme.”
Esa frase es fe pura: confianza humilde en la libertad de Dios.

4) Salmo 44(43): oración desde la noche, fe que no suelta la mano de Dios

El Salmo pone voz al desconcierto:
“Nos has rechazado… ¿por qué duermes?… Despierta, Señor… levántate y sálvanos.”
Es la oración de quien no entiende, pero no rompe la relación. Hay momentos donde la fe madura consiste en esto: seguir orando cuando no hay explicaciones.

Y eso es importantísimo para la obra evangelizadora: evangeliza más el que persevera en la esperanza que el que presume seguridades.

5) El Evangelio: compasión, toque y envío… pero con prudencia

Jesús ve al leproso, se conmueve, lo toca y lo limpia. En seguida lo envía al sacerdote: no es un detalle burocrático; es un gesto de reintegración. Ese hombre no solo queda sano: vuelve a la comunidad, recupera su dignidad y su lugar.

Pero luego viene el “silencio” pedido por Jesús. ¿Por qué? Porque la evangelización sin discernimiento puede terminar dañando la misión. El hombre, agradecido, lo divulga tanto que Jesús ya no puede entrar públicamente en los pueblos.

Aquí hay una enseñanza pastoral muy fina:

  • Zelo sí, pero con obediencia.
  • Testimonio sí, pero con sabiduría.
  • Anuncio sí, pero sin convertir a Cristo en espectáculo.

6) Aplicación: ¿qué milagro busca Dios primero?

A veces pedimos milagros, y Dios puede concederlos; pero su plan mayor es otro: la santificación del alma, la conversión, la salvación.

A veces el Señor sana el cuerpo; otras veces fortalece el corazón para cargar la cruz. Y en ambas cosas hay amor. La pregunta no es solo: “Señor, ¿me vas a cambiar esta situación?”, sino:
“Señor, ¿en qué me quieres transformar dentro de esta situación?”

Esa es la clave cristiana: seguir a Cristo en sus términos, que son los del Evangelio:
“Conviértanse y crean.”
No: “Pídeme favores y te arreglo todo.”
Sino: “Entrégame tu vida y te conduzco a la Vida.”

7) Intención orante: por la obra evangelizadora y las vocaciones

Hoy, al orar por la evangelización y las vocaciones, pidamos tres gracias:

1.    Una Iglesia que anuncie a Cristo entero
No solo sus milagros, sino su Cruz y Resurrección; no solo lo que “hace”, sino lo que “es”: el Hijo que nos lleva al Padre.

2.    Vocaciones que no busquen prestigio, sino entrega
El “secreto mesiánico” también educa el corazón del servidor: el evangelizador auténtico no busca fama, busca fidelidad. No se anuncia a sí mismo; anuncia a Jesús.

3.    Comunidades que ofrezcan el milagro más necesario: la misericordia
Tocar al leproso hoy es acercarse al herido, al excluido, al quebrado por dentro, al que carga culpas, al que se siente “impuro” o indigno. La Iglesia evangeliza cuando toca con compasión y reintegra con amor.

8) Cierre: pedir lo correcto

Hermanos, pidamos milagros, sí… pero pidamos sobre todo el milagro de un corazón nuevo.
Que nuestra fe no sea un amuleto como el Arca usada sin conversión; que sea alianza viva.
Y que cuando Dios responda de modos distintos a lo que imaginamos, no nos perdamos: porque su plan —con milagros o con cruces— siempre busca llevarnos a una unión más profunda con Él.


Oración final

Señor Jesús, Tú puedes hacerlo todo.
A veces intervienes y cambias nuestra historia con un milagro;
otras veces nos das la gracia de abrazar la cruz con esperanza.

Purifica mi fe de toda búsqueda interesada.
Enséñame a buscarte por Ti mismo,
a desear tu voluntad más que mis preferencias,
y a confiar en tu tiempo, que es sabio y misericordioso.

Sostén la obra evangelizadora de tu Iglesia:
hazla humilde, valiente y fiel.
Y suscita vocaciones santas, generosas y alegres,
que anuncien tu Evangelio sin buscar aplausos,
y que vivan para tu Reino.

Jesús, en Ti confío. Amén.

 


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