Orar es
osar, atreverse…
Al
enseñarles a sus discípulos la oración de los hijos de Dios, Jesús les invita a atreverse a pedir sin vergüenza ni
represión. Orar es hablar a Dios como a un padre y querer que se realice su
proyecto de salvación.
Al enseñarnos cómo orarle, Jesús nos invita a entrar en diálogo
con Dios. Como quien tiene hambre recibe el pan, como recibe el ave el espacio
para volar, como un padre se hace cercano de sus hijos, Dios Padre nos recibe,
nos acoge como sus hijos bien amados. Osemos orarle. Atrevámonos a mendigarle su amor y su paz. Osemos darle
gracias por todos sus beneficios.
Primera lectura
Lectura del libro del Génesis (18,20-32):
EN aquellos días, el Señor dijo:
«El clamor contra Sodoma y Gomorra es fuerte y su pecado es grave: voy a bajar,
a ver si realmente sus acciones responden a la queja llegada a mí; y si no, lo
sabré».
Los hombres se volvieron de allí y se dirigieron a Sodoma, mientras Abrahán
seguía en pie ante el Señor.
Abrahán se acercó y le dijo:
«¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes
en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás el lugar por los cincuenta
inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti tal cosa!, matar al inocente con el
culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos
de ti! El juez de toda la tierra, ¿no hará justicia?».
El Señor contestó:
«Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la
ciudad en atención a ellos».
Abrahán respondió:
«Me he atrevido a hablar a mi Señor, ¡yo que soy polvo y ceniza! Y si faltan
cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la
ciudad?».
Respondió el Señor:
«No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco».
Abrahán insistió:
«Quizá no se encuentren más que cuarenta».
Él dijo:
«En atención a los cuarenta, no lo haré».
Abrahán siguió hablando:
«Que no se enfade mi Señor si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?».
Él contestó:
«No lo haré, si encuentro allí treinta».
Insistió Abrahán:
«Ya que me he atrevido a hablar a mi Señor, ¿y si se encuentran allí veinte?».
Respondió el Señor:
«En atención a los veinte, no la destruiré».
Abrahán continuó:
«Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más: ¿Y si se encuentran diez?».
Contestó el Señor:
«En atención a los diez, no la destruiré».
Palabra de Dios
Salmo
Sal
137,1-2a.2bc-3.6-7ab.7c-8
R/. Cuando te
invoqué, me escuchaste, Señor.
V/. Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti;
me postraré hacia tu santuario. R/.
V/. Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera tu fama.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R/.
V/. El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.
Cuando camino entre peligros, me conservas la vida;
extiendes tu mano contra la ira de mi enemigo. R/.
V/. Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R/.
Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los
Colosenses (2,12-14):
Hermanos:
Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo y habéis resucitado con él, por
la fe en la fuerza de Dios que lo resucitó de los muertos.
Y a vosotros, que estabais muertos por vuestros pecados y la incircuncisión de
vuestra carne, os vivificó con él.
Canceló la nota de cargo que nos condenaba con sus cláusulas contrarias a nosotros;
la quitó de en medio, clavándola en la cruz.
Palabra de Dios
Lectura del
santo evangelio según san Lucas (11,1-13):
Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus
discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus
discípulos.»
Él les dijo: «Cuando oréis decid: "Padre, santificado sea tu nombre, venga
tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados,
porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes
caer en la tentación."»
Y les dijo: «Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante
la medianoche para decirle: "Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis
amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle." Y, desde dentro,
el otro le responde: "No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y
yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos." Si el otro
insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo
suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues
así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os
abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre.
¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O
si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un
escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros
hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se
lo piden?»
Palabra del Señor
A guisa de introducción:
La utilidad de la oración
Incomodidad ante la oración
La
población, en general, ora menos y ha perdido confianza en la oración. Orar
para que la cosecha sea buena, ¿sirve para algo? Se preguntan algunos. Que llueva, que haga sol, que haga buen tiempo…
¿depende acaso eso de Dios? Y después, puede hacer buen tiempo tanto donde el
vecino como en mi casa; puede llover tanto en mi casa como en la de mi vecino; ¿Qué es lo que cambia? ¡La cosecha será buena, siempre y cuando uno vaya al campo y
trabaje! Orar para curar una enfermedad, ¿para qué? No será acaso mejor ir donde un buen médico? Dicen algunos.
Orar para salir adelante en determinada situación, ¿es eficaz? No será
mejor arremangarse ¿y estar atento y prevenido?
La
oración entonces, a primera vista, sería de una utilidad discutible y en
ocasiones llegamos a pensar, o a razonar de esta manera! Su efecto sería muy
mínimo y difícil de probar a personas materialistas! Cuántas veces decimos que
hemos orado mucho y que eso no ha tenido ningún efecto? Cualesquiera sea
nuestra opinión sobre la oración y cualquiera haya sido nuestra experiencia
personal tenida hasta ahora, hoy podemos examinar de nuevo la cuestión,
volviendo a los textos fundamentales de la liturgia de este domingo.
Jesús
cree en la oración. No nos sorprendemos por esto. No solamente, él se pone a
orar, también enseña cómo orar…”Padre Nuestro”…Y más aún, de manera muy
convincente, afirma la eficacia de la oración: “pidan y se les dará, busquen y encontrarán, toquen a la puerta y se
les abrirá”. E insiste, “pidan, pidan,
hasta que el corazón de Dios se ablande ». Porque es tierno el corazón
de Dios.
Como un
Padre. Y Al igual que en esa pequeña historia de un papá con su joven hijo
quien por sí mismo, intenta desplazar una gran matera. El muchacho hace varios
esfuerzos sin lograr desplazar la matera. Su padre le pregunta: “Nicolás, te
has esforzado lo suficiente, haz hecho todo por mover esa gran matera?" “Si papá", responde el chico, "ya he hecho todo
lo que he podido”- “Nicolás", le responde su padre, "tú no has hecho todo lo que has
podido…no les has pedido a tu padre que te ayude”.
A la
oración insistente de Abraham, Dios responde: 10 justos serán suficientes para
que la ciudad de Sodoma sea librada del castigo.
Algunos
dirán que ellos han orado más largo tiempo que Abraham, sin haber sido
escuchados. No vamos a negar ni poner en duda la cualidad de su fervor o de su
confianza en Dios.
Diremos
por otra parte que el efecto de la oración no es siempre aquel que uno se
espera. Quien pide ser curado de un cáncer, necesariamente no se alivia. Quien
pide que su hijo desaparecido vuelva un día a casa, no verá necesariamente ese
día en que le abra los brazos. Quien implora la salud, el confort y la
seguridad de un empleo no es muy seguro que todo eso le será dado. Sin embargo,
podemos afirmar que como nos lo testimonian o recuerdan publicaciones y
personas (santos) la posibilidad de favores obtenidos por la intercesión de los
humildes servidores de Dios, es real, es verdad.
Dios
tiene su propia manera de considerar todo y responderle a quien se dirige a Él.
Y en el campo de la oración como en tantos otros, sus pensamientos no son
necesariamente nuestros mismos pensamientos, aquellos que esperamos. Esto,
Jesús lo deja entender claramente, cuando al final de su discurso sobre la oración,
concluye: …” Cuanto más vuestro padre del
cielo, dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan” Dios da siempre su
espíritu. Entonces nuestras oraciones nunca serán vanas, si ellas piden el
Espíritu Santo. Recibir el Espíritu, es recibir la acción de Dios, el principal
don. El resto puede también pedirse, como lo enseña en el « Padre Nuestro »,
pero ese resto, cuando es dado, es por añadidura que es donado.
Orar
uno mismo.
Dar el
ejemplo de la oración.
Enseñar
a orar.
Tres
etapas de todo cristiano en el camino de la oración. Es lo que Jesús ha hecho.
Y eso es lo que Él espera de nosotros.
Aproximación Psicológica al texto del
evangelio:
Asuman su humanidad y háganle
(denle) un lugar a Dios!
El
Jesús que nos presenta Lucas en su evangelio es un hombre profundamente
comprometido en la experiencia de la oración. Pero los otros evangelistas
también nos transmiten como era también de importante la oración para Jesús.
Esto puede llevarnos a sentir la
continuidad que existe entre el contenido de la oración de Jesús y el contenido
de la oración que formula por pedido de sus discípulos.
De manera habitual se nos ha
llevado a distinguir entre oraciones: la “oración de Jesús”, se ha dicho, no era necesariamente “la
oración de los discípulos”. Pero de hecho, es a partir de su propia experiencia
que Jesús le enseña orar a sus discípulos, de tal modo que el “Padre Nuestro”
puede ciertamente enseñarnos alguna cosa sobre su oración.
De paso subrayemos las
diferencias sensibles entre las versiones del Padre Nuestro tal y como nos son
presentadas por Mateo y Lucas. En Mateo hay 7 peticiones, mientras que Lucas no
ha retenido sino 5. Este fenómeno nos recuerda que los redactores de los
evangelios no se percibían como archivistas, y que ellos se sentían libres de
cortar o de agregar algo a las palabras de Jesús. Lo importante para ellos era el contenido
del mensaje de Jesús y no su formulación literal.
Si retomamos el texto del Padre
Nuestro, dos cosas nos admiran. Primero la sobriedad con la que se demanda o
pide a Dios de intervenir en la historia. El pensamiento judío tenía la
tendencia a imaginar cataclismos cósmicos y castigos terroríficos para los
enemigos de la nación, mientras que los justos triunfarían de manera
espectacular (podemos reportarnos al libro del Apocalipsis para tener una idea
de este estilo literario). No hay nada de eso aquí en el Padre Nuestro. Jesús
vuelve a llevar la oración a una gran moderación y a una profunda simplicidad:
“Padre hazte reconocer como Dios…con los medios que quieras”, “Haz venir tu
Reino…cuando Tu bien lo quieras”.
Pero la oración del discípulo no
es una oración centrada exclusivamente en Dios. Ella es la oración de un hombre
encarnado en una condición bien concreta, consciente de sus necesidades
físicas, presto (listo) a reconocer sus errores y a aceptar los defectos del
otro (metiéndose en sus zapatos), y siendo consciente de su fragilidad.
De esta manera, por un lado, encontramos en el PADRE NUESTRO
un equilibrio admirable entre el reconocimiento y la asunción por parte del
hombre de su fragilidad, y por otra parte el sitio o lugar que quiere darle a
Dios quien se prepara para intervenir en su vida y en la historia.
Pensándolo bien, todo este
mensaje de Jesús a sus contemporáneos se encuentra en estas cuantas líneas del
Padre Nuestro: “Reconozcan sus
necesidades, su fragilidad y sus errores, y denle un lugar a Dios en su vida”.
Un comentarista remarca con audacia que se
puede invertir los papeles en esta parábola del amigo insistente con la que
Jesús completa su enseñanza sobre la oración: es el hombre quien está acostado
, mientras es Dios el que insiste “sin vergüenza” o sin sentirse apenado (v.8) para que
le abran!
Y de hecho, en el Nuevo
Testamento abundan pasajes que van en esta dirección o tienen tal sentido. En
el Apocalipsis, es Jesús mismo que “Está en la puerta y que toca” (Apocalipsis
3,20). El texto a los Hebreos, por su parte, nos recuerda la insistencia de
Dios por hacerse escuchar del hombre: “Dios,
habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres
por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo” (Hebreos 1,1-2).
Esta inversión de la parábola
puede mismo introducirnos en el corazón de la Encarnación. Puesto que con la
Encarnación, es Dios que se pone (no se mete) afuera, que se pone en la
situación vulnerable de aquel que está en el exterior a la merced de aquel que
puede abrir la puerta o dejarla cerrada (revisar en este sentido Filipenses
2,5-8).
En Jesús, como en los profetas
que le han precedido, es Dios quien toma la decisión de venir insistentemente a
golpear la puerta del hombre, que se expone a la merced de la aceptación o del
rechazo por el hombre (releer en este sentido la parábola de los viñadores
asesinos- Lucas 20,9-16).
Este acercamiento confiere una
profundidad admirable a la experiencia de la oración, ya que ORAR es dejar
entrar a Dios en nuestra vida
y no implorarle más dejarnos entrar en la de él.
Puesto que en la vulnerabilidad
de Jesús, Dios ha elegido los roles: somos nosotros que estamos adentro y es Él
quien está afuera; la decisión de abrir la puerta o de dejarla cerrada, no es
decisión de Él a tomar, sino
nosotros que podemos tomarla; Ya no es mas Dios quien tiene un poder sobre el
hombre, sino el hombre quien tiene un poder sobre Dios.
La oración llega a ser la
experiencia que nos permite salir de esta dinámica vergonzante del poder y de
la vulnerabilidad, para entrar en una dinámica de intimidad. La oración abre la puerta, y cuando la
puerta está abierta, ya no hay más alguien que suplica y otro que se hace
suplicar, no hay más que dos amigos que están juntos y que se comunican el uno
al otro, “yo con Él y Él
conmigo”, dice Jesús
(Apocalipsis 3,20).
Pongan a Dios en su lugar
Jugamos un juego peligroso cuando
nos ponemos en el lugar de Dios, cuando proyectamos en Dios nuestros
sentimientos de rencor, de odio y nuestras fantasías de venganza. Al igual como
cuando soñamos espontáneamente con hacerle mal aquellos que nos han ofendido o
hecho mal, nosotros nos regodeamos, nos alegramos imaginando un Dios que manda
al infierno aquellos que no han respetado sus leyes (igual que al Cura Don
camilo de Guareschi antes de ser reprendido y corregido por Jesús, je,je).
Luego recurrimos a argumentos
filosóficos (sobre la libertad) o teológicos (sobre la retribución) para
justificar esos sentimientos dudosos.
Jesús pone completamente al revés
todos esos procesos, y nos invita, no a ponernos en el lugar de Dios y a jugar
al juez universal, sino a poner a Dios en nuestro lugar y a descubrirle a
partir de nuestra propia bondad y de nuestra propia ternura. Ustedes, son
malos, ustedes tienen fácilmente fantasías de venganza y ustedes tienen (ponen) limites serios en su capacidad
de perdonar. Y por tanto, ustedes dan espontáneamente buenas cosas a sus hijos,
independiente de su mal comportamiento o de sus méritos.
¡Y bien! Pongan Dios en su lugar.
¿Qué pasa? ¿Piensan ustedes que Dios va a darles serpientes y escorpiones?
(pensemos aquí en nuestras imágenes del infierno, crueles o refinadas…)
“Yo, yo les digo: se les dará,
ustedes van a encontrar, se les abrirá”, siempre y cuando sean ustedes
conscientes de sus necesidades, ya que tienen un Padre que se ocupa de ustedes,
que “conoce lo que les hace falta” (Mateo 6,32) y que no tiene otro placer o
satisfacción que ser bueno y tierno con ustedes.
No hay acá lentes de color rosa.
Jesús no dice: Todo el mundo es bello, todo el mundo es gentil. Él conoce la
dureza del mundo en el que vive y no se hace ilusiones sobre la gravedad o
fragilidad del hombre. “Ustedes
son malos”, nos dice claramente. Pero lo que es determinante para él, no es
que el hombre sea malo, sino que Dios sea bueno. Para Él todo está ahí
comprendido. He aquí quien debe colorear la experiencia espiritual. La oración
e igualmente la oración de petición o suplica o demanda, se resume en acoger
esta realidad de la bondad y de la ternura invencible del Padre.
A través de estas
palabras de Jesús, es su esperanza desbordante en la bondad de Dios que surge.
Con el Dios que yo he descubierto, no puede ser de otra manera, nos dice
Jesucristo.
1
Reflexión Central:
Una escuela de oración:
Las lecturas
bíblicas de este domingo nos ofrecen una escuela de oración.
Tenemos en
primer lugar la intercesión de Abraham por los habitantes de Sodoma. Debido a
sus pecados, ellos están amenazados de un castigo bien merecido. Esta discusión
entre Abraham y Dios se parece a un mercado oriental: este parte de 50 y termina en 10. Abraham se
esfuerza por hacer valer lo que hay de bueno en la vida de los hombres; él cree
que los justos salvarán el mundo. Su intercesión tiene más peso sobre la suerte
de la humanidad que los factores del mal. Abraham
confía en la justicia de Dios quien va hasta salvar al culpable para no
castigar el inocente.
La ciudad
de Sodoma es presentada como lo que había de peor en pecado. Pero cuando uno
observa de cerca, uno constata bien que el mal está siempre ahí. Cada día, los
periódicos y noticieros, en radio y televisión nos transmiten las últimas
noticias de la política, de la criminalidad y de la perversión. ¿Entonces qué
debemos hacer? La gran tentación sería quedarnos lamentándonos sobre el mundo
pervertido. Pero Abraham nos enseña a cambiar nuestra mirada. En medio de toda
esta perversidad, hay justos. Su generosidad nos recuerda que nada está
definitivamente perdido.
Al igual
que Abraham, estamos invitados a permanecer, a perseverar ante la presencia del
Señor. La misión de las comunidades cristianas es precisamente interceder ante
Dios por este mundo que Él ha amado tanto. Si uno como cristiano, ama los
otros, uno debe tenerlos presentes en la oración. Esta oración nos ayudará a
cambiar nuestra mirada sobre ellos. Como Abraham, tenemos la firme certeza que
el pequeño resto de fieles puede salvar la multitud.
Por
desgracia, en su negociación con Dios, Abraham no ha ido bastante lejos. Él se
detiene en 10 justos. Pero, el apóstol Pablo nos anuncia una buena noticia: que
queda bien un justo y es Jesús mismo. Por su pasión, muerte y resurrección, su
salvación es ofrecida a toda la humanidad; nuestra suerte, nuestro destino,
están unidos al de Jesucristo: Él ha resucitado; nosotros también, estamos
llamados a la resurrección. Nosotros cristianos bautizados, creemos que la
fuerza de Dios actúa también en nuestras vidas. Cristo se nos presenta como el
único justo que nunca deja de ser misericordioso con nosotros.
El
evangelio nos conduce más lejos en el aprendizaje de la oración.
Es Jesús
mismo quien nos da el ejemplo. Él ora de manera frecuente y de manera intensa. A veces se pasa en ello noches enteras. Hoy, Jesús quiere asociarnos a
todos a su oración. Es importante porque
ella nos permite entrar en una relación más fuerte y siempre más profunda con
Dios.
A las
personas mayores, a menudo uno les dice: “mientras que usted pueda orar, usted
no es inútil sobre este mundo”. Y es
verdad, nuestro mundo tiene una gran necesidad de la oración de todos.
En la
oración que Jesús nos enseña, se dice todo sobre nuestra relación con Dios y
con los demás. Él nos enseña a dirigirnos a Dios como un padre pleno de
ternura. Las primeras peticiones nos dicen que debemos preocuparnos del Reino
de Dios, de su gloria y de voluntad. Es eso lo más importante: “santificado sea tu nombre…” Es en
nuestra vida y en nuestro mundo que la santidad de Dios debe manifestarse. A
través de estas peticiones expresamos nuestro agradecimiento al Padre que nos
colma de su amor. Nuestra respuesta debe ser aquella de un amor que busca el
triunfo o el establecimiento de su Reino.
La
segunda parte del “Padre Nuestro” concierne a nuestras necesidades y a las del
mundo. Es con confianza que pedimos a Dios el pan cotidiano que necesitamos (“Danos hoy nuestro pan de este día” o el
pan cotidiano dánoslo hoy)… es bueno precisar que la traducción original
pide el pan exclusivo para hoy, para este día…) Seguramente pensamos en el
alimento material que necesitamos para vivir, mas San Cipriano nos recuerda que
el pan más esencial es la Eucaristía. Debemos desear que los cristianos se
alimenten de ese pan para ser transformados por Cristo. Es ahí, donde ellos
encontrarán toda la luz y la fuerza de su gracia
“Perdona nuestras ofensas” … Dios se
muestra padre cuando su perdón libera nuestros corazones y hace revivir. Y
nosotros le pedimos perdón, es porque nosotros hemos aprendido a perdonar a
nuestros hermanos.
“No nos dejes caer en la tentación” (o más
precisamente “ no nos sometas a la
tentación”) … Esta tentación es aquella del desespero, es cuando pensamos
que Dios nos abandona. Jesús nos enseña a volvernos al Padre para pedirle que nos
libere de ese mal que busca destruirnos.
Es en la
oración que encontramos la verdadera alegría. Es gracias a ella que encontramos
la valentía de amar como Jesús y con Él. Es la oración que hará nuestra vida
digna de Dios y fecunda. Sí Señor, enséñanos a orar. Enséñanos a volvernos al
Padre con confianza y con perseverancia. ¡Amén!
2
He de
pedir que se haga la Voluntad de Dios
“Pues
así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os
abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre.”.
Lucas 11:9
Si tuviéramos que tomar esta declaración de Jesús de una manera
muy literal, fácilmente podríamos concluir que Jesús nos dará cualquier cosa
que pidamos en oración. Pero sabemos que esto no es lo que sucede. Tal
vez todos han orado mucho por esto o aquello y la solicitud no fue respondida
de la manera que queríamos. ¿Por qué? ¿Simplemente fallamos en orar
con fe? ¿Hará Jesús todo lo que le pidamos cuando oremos por ello con
todas nuestras fuerzas? Ciertamente no.
Este pasaje continúa diciendo: “Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a
vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a
los que se lo piden?» ( Lucas 11:13 ).
Dentro de este contexto, y dentro del contexto de todo lo que
Jesús nos ha enseñado, es importante saber que hay una cosa y sólo una cosa por
la que debemos orar. Y cuando oramos por esta única cosa, podemos estar
seguros de obtenerla cuando oramos por ella con fe. ¿Qué es esa cosa? Es
la voluntad de Dios.
Si sinceramente y de todo corazón pedimos y buscamos la voluntad
de Dios, podemos estar seguros de que nuestro Señor nos dará el Espíritu Santo
y que el Espíritu Santo, a su vez, nos guiará hacia la voluntad de Dios para
nuestras vidas. El problema es que con demasiada frecuencia terminamos
orando que “Hágase MI voluntad” en lugar de “Hágase la TUYA”. Esta
es una diferencia importante.
La verdadera oración se trata, en última instancia, de confianza y
entrega a Dios. Confiamos en Su plan perfecto y nos sometemos a ese plan
perfecto en nuestras vidas. Cuando hacemos esto, podemos estar seguros de
que el Señor escuchará y contestará esta oración perfecta.
Reflexiona, hoy, sobre esa simple oración en el Padrenuestro: ¡Hágase
tu voluntad! Esfuérzate por confiar en el plan perfecto de Dios
para tu vida y haz todo lo que puedas para rendirte ante él. Con esta
forma de oración podemos estar seguros de que el Espíritu Santo vendrá a
nosotros, conduciéndonos a Su santa voluntad.
Padre nuestro que estás en los cielos,
santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la
tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día dánoslo hoy, y perdona
nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, y no nos
dejes caer en tentación, mas líbranos del mal. Jesús, en Ti confío.
ORACIÓN:
Osemos tocar a la puerta de su misericordia,
el Padre celeste nos abrirá.
Osemos buscar el pan cotidiano,
el padre celeste nos alimentará.
Osemos pedir el perdón de nuestros pecados,
el Padre Celeste nos escuchará.
Osemos acoger la salvación de Jesucristo,
el Padre celeste nos llenará.
Osemos pedir el Espíritu Santo,
el Padre celeste nos acompañará.
Referencias bibliográficas:
HÉTU, Jean-Luc. Les Options de Jésus
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