jueves, 20 de noviembre de 2025

21 de noviembre del 2025: memoria de la Presentación de la Bienaventurada Virgen María

 

Santo del día:

Presentación de la Virgen María

Más allá de los relatos antiguos que narran la Presentación de la Virgen María en el Templo, las Iglesias de Oriente y Occidente conmemoran hoy la ofrenda que la Inmaculada Virgen hizo de sí misma al Señor en los albores de su vida consciente.

 


En familia

(Mateo 12, 46-50) Jesús sacude nuestras certezas al ampliar su familia a aquellos que escuchan y ponen en práctica su palabra. Este evangelio nos cuestiona: ¿estamos dentro o fuera? Ser de su familia es acoger las gracias de los sacramentos, reconocer a quienes Dios pone en nuestro camino para guiarnos. Es una fraternidad universal que nos compromete cada día a elegir a Dios en nuestras palabras y en nuestros actos.

Jean-Paul Musangania, prêtre assomptionniste

 


Primera lectura

Zac 2, 14-17

Goza, Sion, que yo vengo

Lectura de la profecía de Zacarías.

ALÉGRATE y goza, Sion,
pues voy a habitar en medio de ti
—oráculo del Señor—.
Aquel día se asociarán al Señor
pueblos sin número;
ellos serán mi pueblo,
y habitaré en medio de ti.
Entonces reconocerás
que el Señor del universo
me ha enviado a ti.
Judá será la herencia del Señor,
su lote en la tierra santa,
y volverá a elegir a Jerusalén.
¡Silencio todo el mundo
ante el Señor que se levanta
de su morada santa!

Palabra de Dios.

 

Salmo

Lc 1, 46b-47. 48-49. 50-51. 52-53. 54-55 (R.: 49)

R. El Poderoso ha hecho obras grandes en mí:
su nombre es santo.


O bien:

R. Bienaventurada eres Virgen María,
que llevaste en tu seno al Hijo del Padre eterno.


V. Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador. 
R.

V. Porque ha mirado la humildad de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí:
su nombre es santo. 
R.

V. Y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón. 
R.

V. Derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos. 
R.

V. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre. 
R.

 

Aclamación

R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. R.

 

Evangelio

Mt 12, 46-50

Extendiendo su mano hacia los discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos»

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él.
Uno se lo avisó:
«Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo».
Pero él contestó al que le avisaba:
«¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?».
Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo:
«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».

Palabra del Señor.

 

1

 

1.    Introducción espiritual: Presentación, entrega y pertenencia

 

La fiesta de hoy nos coloca en el corazón del misterio de María: una mujer presentada, ofrecida, entregada totalmente a Dios. No como quien realiza un rito externo, sino como quien nace para pertenecer. La tradición narra que sus padres, Joaquín y Ana, la llevan al templo siendo apenas una niña; pero la Iglesia contempla el gesto como un signo profético: María es el “templo vivo”, la hija de Sión que Dios prepara para que en su seno tome carne el Hijo eterno.

En este Año Jubilar, cuando reflexionamos sobre nuestra condición de “Peregrinos de la Esperanza”, María aparece como la primera peregrina, la que camina hacia Dios sin reservas, la que se deja habitar por la Palabra y se convierte en su hogar y custodia. Y en este viernes penitencial, cuando elevamos súplicas por quienes cargan enfermedades del cuerpo y heridas del alma, la Virgen se convierte también en modelo, consuelo y refugio, pues ella conoce el dolor humano y lo abraza con la ternura de una madre que escucha, acompaña y presenta a Dios nuestras lágrimas.


2. Primera lectura (Za 2,14-17): “Regocíjate, hija de Sión, porque yo habito dentro de ti”

El profeta Zacarías anuncia un tiempo nuevo: Dios vuelve a habitar en medio de su pueblo. No habita desde lejos, no mira desde una nube, no vigila desde una montaña: habita dentro. Esta promesa alcanza su plenitud en María; ella es la “Hija de Sión”, la tienda viva donde Dios hace morada para siempre.

Reflexión jubilar: Dios no abandona a su pueblo

En tiempos de confusión, miedo o enfermedad —como los que viven tantos hermanos nuestros— esta lectura es una caricia para el corazón:

  • Dios está cerca, no lejos.
  • Dios entra, no se queda afuera.
  • Dios habita, no visita de paso.

En el Año Jubilar, esta cercanía se vuelve aún más profunda: Dios camina con su pueblo que sufre, con los que viven ansiedad, depresión, duelo, cansancio espiritual, violencia doméstica, pobreza, soledad. Él pone su tienda en nuestras historias rotas.

Reflexión penitencial: ¿En qué no dejamos habitar a Dios?

La Presentación de María nos invita también a preguntarnos:

  • ¿Qué rincones del alma no hemos presentado al Señor?
  • ¿Qué heridas no permitimos que Él toque?
  • ¿Qué resentimientos, culpas o pecados impiden que habite plenamente en nosotros?

María es la mujer sin reservas. Nosotros, en cambio, solemos reservar habitaciones oscuras. La Virgen nos llama hoy a abrir el corazón para que Dios haga en nosotros su morada y nos sane.


3. Salmo: Magníficat (Lc 1,46-55): “El Poderoso ha hecho obras grandes en mí”

El Magníficat no es solo un canto de alabanza. Es una proclamación profética, un grito de jubileo. María reconoce lo que Dios hace en ella y en los pobres, en los humildes, en los pequeños y abatidos.

Reflexión para quienes sufren

Este canto es medicina para el que sufre:

  • Porque el Señor mira la pequeñez.
  • Porque derriba lo que oprime.
  • Porque exalta lo humillado.
  • Porque sacia con bienes al que tiene hambre de justicia, de paz, de consuelo.

El Magníficat es un himno sanador, que cura la desesperanza y abre espacios para creer que Dios puede hacer cosas nuevas incluso en medio del dolor más hondo.

Reflexión jubilosa

El Magníficat es el canto de los peregrinos que dicen:

“Aunque el camino sea duro, Dios está actuando. Aunque no vea aún la meta, Dios ya está salvando”.


4. Evangelio (Mt 12,46-50): “Mi madre y mis hermanos: los que cumplen la voluntad de mi Padre”

Jesús no disminuye la grandeza de María; al contrario, revela su auténtica gloria: ella es Madre porque cumplió perfectamente la voluntad de Dios. Esto es lo que la convierte en modelo para la Iglesia, en luz para el creyente y en compañera de quienes atraviesan la noche del sufrimiento.

María no es grande por tener privilegios, sino por su disponibilidad incondicional. La Presentación que celebramos hoy es figura de ese “sí” que atraviesa toda su vida: ella se ofrece a Dios para siempre.

Reflexión para este viernes penitencial

Querer cumplir la voluntad de Dios no siempre es fácil:

  • La voluntad de Dios puede llevarnos a caminos incomprensibles.
  • A veces pasa por la cruz, por la renuncia o por el servicio silencioso.
  • A veces implica aceptar límites, enfermedad, fragilidad o pruebas.

Pero María demuestra que quien se entrega a Dios no pierde nada. La voluntad divina nunca destruye; purifica, transforma, sana, construye, eleva.


5. Aplicación pastoral: María, madre de los que sufren

Hoy oramos por los que viven:

  • Enfermedades físicas dolorosas o incurables.
  • Depresión, ansiedad, trauma o heridas emocionales.
  • Soledad, abandono, angustia espiritual.
  • Procesos de duelo, pérdidas, rupturas afectivas.
  • Violencia doméstica o situaciones límite.

A todos ellos, María les ofrece tres dones:

a) La cercanía de una Madre que entiende

Ella conoce el dolor: el exilio en Egipto, la pobreza de Nazaret, la incomprensión, la espada de la cruz. No es una madre distante: es una madre que ha llorado con nosotros.

b) La fuerza para mantenerse en pie

María es la mujer del Magníficat… pero también la mujer de pie junto a la cruz. Ella enseña a no rendirse, a sostener la esperanza cuando todo parece perdido.

c) La confianza para presentarnos a Dios

Ella no solo se presenta a sí misma; también nos presenta a nosotros. Somos llevados de su mano al Padre para recibir gracia, luz y consuelo.


6. Conclusión jubilar

En esta memoria de la Presentación de la Virgen, pidamos la gracia de aprender de ella:

  • Presentar nuestra vida entera al Señor.
  • Dejar habitar a Dios en lo que nos duele y avergüenza.
  • Cantar el Magníficat incluso en medio de la noche.
  • Hacer la voluntad del Padre como camino de libertad y santidad.
  • Acompañar a los que sufren, como María acompañó a Jesús.

Que este Año Jubilar sea realmente un tiempo de gracia para los que se sienten cansados, abatidos o heridos, y que la Virgen María, Madre de misericordia, interceda por cada uno de ellos.

 

 

21 de noviembre:

 Presentación de la Bienaventurada Virgen María — Memoria

 


Cita:


«Y la niña tenía tres años, y Joaquín dijo: “Inviten a las hijas de los hebreos que sean puras, y que cada una tome una lámpara, y que permanezcan con las lámparas encendidas, para que la niña no se vuelva atrás ni su corazón se aparte del templo del Señor”. Y ellas lo hicieron así hasta que subieron al templo del Señor. Y el sacerdote la recibió, la besó y la bendijo diciendo: “El Señor ha engrandecido tu nombre en todas las generaciones. En ti, al final de los días, el Señor manifestará su redención a los hijos de Israel”. Y la colocó sobre el tercer escalón del altar, y el Señor Dios envió gracia sobre ella; y ella danzó con sus pies, y toda la casa de Israel la amó. Y sus padres bajaron maravillados, alabando al Señor Dios, porque la niña no se había vuelto atrás. Y María estaba en el templo del Señor como si fuese una paloma que moraba allí, y recibía alimento de la mano de un ángel».


~ Protoevangelio de Santiago


Reflexión

Existen tres “evangelios” que se consideran como la principal influencia de la memoria litúrgica que celebramos hoy: el Protoevangelio de Santiago, el Evangelio del Pseudo-Mateo y el Evangelio de la Natividad de María. El más antiguo de estos escritos es el Protoevangelio de Santiago (también llamado “Evangelio apócrifo de Santiago”), que probablemente fue compuesto en algún momento del siglo II. No es considerado parte de la Palabra inspirada de Dios —es decir, del canon de la Escritura— porque no parece haber sido escrito realmente por el apóstol Santiago. Sin embargo, como muchos documentos cristianos antiguos, este evangelio apócrifo tuvo una gran influencia en la Iglesia primitiva. De hecho, es de este escrito de donde la Iglesia toma los nombres tradicionales de los padres de la Bienaventurada Virgen María —san Joaquín y santa Ana— pues es el único registro que poseemos con sus nombres.

El Protoevangelio de Santiago ofrece un relato detallado de la vida de la Santísima Virgen María. Narra su Concepción Inmaculada, su nacimiento, su presentación en el Templo y su vida allí, donde oraba continuamente y era asistida por ángeles hasta los doce años. La historia continúa con su matrimonio, arreglado milagrosamente, con san José, el nacimiento de Jesús, el encuentro de Herodes con los Magos, la matanza de los Santos Inocentes y el martirio de Zacarías, el padre de san Juan Bautista. Aunque este evangelio apócrifo no contradice nada de los evangelios canónicos, añade muchos detalles adicionales que podrían ser verídicos.

En la época del nacimiento de la Santísima Virgen, no era raro que algunos niños fueran presentados en el Templo a temprana edad para ser educados allí y dedicarse al servicio del Templo. Estos niños ayudaban a los sacerdotes y actuaban como servidores de caridad. Aunque todo primogénito varón era presentado ritualmente al sacerdote ocho días después de su nacimiento para ser consagrado a Dios, a veces también las niñas eran presentadas, pero con el propósito de entrar al servicio del Templo.
San Alfonso María de Ligorio, doctor de la Iglesia del siglo XVIII que escribió ampliamente sobre la Virgen María, describe así su presentación en el Templo, en sintonía con los relatos del evangelio apócrifo:

«Apenas había cumplido los tres años cuando la santa niña María rogó a sus padres que la colocaran en el templo, conforme a la promesa que habían hecho. Llegado el día señalado, la inmaculada joven Virgen salió de Nazaret con san Joaquín y santa Ana, acompañada por una multitud de ángeles que asistían a aquella santa niña destinada a convertirse en la Madre de su Creador… Al llegar al templo de Jerusalén, la santa niña se volvió hacia sus padres. De rodillas, les besó las manos, pidió su bendición y luego, sin mirar atrás, subió las gradas del templo. Allí, renunciando al mundo y a todo lo que este podría ofrecerle, se ofreció y consagró totalmente a Dios. Desde entonces, la vida de María en el templo fue un continuo ejercicio de amor, ofreciendo todo su ser a su Señor… Como joven virgen en el templo, María no hacía otra cosa que orar, deseando ser la sierva de la bienaventurada Virgen destinada a ser la Madre de Dios».
~ Glorias de María, sobre la fiesta de la Presentación de María

Se cree que esta fiesta se originó en la liturgia bizantina oriental alrededor del siglo VI, cuando el emperador romano Justiniano I construyó una iglesia en Jerusalén, cerca de las ruinas del Templo, llamada la Basílica de Santa María la Nueva. Para el siglo IX, varios monasterios de la Iglesia latina comenzaron a celebrarla, y fue incorporada al calendario de la Iglesia Universal en el siglo XV.

En 1953, el papa Pío XII vinculó esta memoria de la Presentación de María a la conmemoración anual del Día Mundial de la Vida Contemplativa. Lo hizo por la creencia de que la Santísima Virgen no solo fue presentada en el Templo siendo niña, sino que vivió allí su infancia en oración y recogimiento, convirtiéndose así en el modelo más excelente para las almas consagradas al silencio y la contemplación.

En 1974, el papa san Pablo VI escribió una hermosa exhortación apostólica, Marialis Cultus (Para la debida ordenación y desarrollo del culto a la Santísima Virgen María), en la que aborda el desarrollo de la devoción mariana en la vida de la Iglesia. Respecto a fiestas como la de hoy, que proceden en parte de fuentes apócrifas, afirma:

«Hay otras [fiestas] que, al margen de su contenido apócrifo, presentan valores elevados y ejemplares y mantienen tradiciones venerables que tienen su origen, especialmente, en Oriente».

Al celebrar la memoria litúrgica de la Presentación de María en el Templo, honramos especialmente el hecho de que, más allá de la falta de certeza histórica en algunos detalles, la Santísima Virgen vivió una vida de profunda oración y contemplación desde sus primeros años y continuó así durante toda su existencia. Ella ha sido siempre —y sigue siendo— la Inmaculada, la sin mancha, la Esposa del Espíritu Santo, la primera contemplativa, y la que dedicó toda su vida al servicio de la voluntad de Dios. Incluso si el relato de su presentación y servicio infantil en el Templo no está representado con exactitud histórica, la realidad espiritual de su entrega total a Dios durante toda su vida es un dogma indiscutible de nuestra fe.

Al contemplar hoy la infancia y la entrega de la Santísima Virgen María a la voluntad de Dios, reflexionemos en que todo niño es capaz de una fe profunda y de una entrega sincera al querer divino. Para quienes tienen la misión de custodiar y educar a los niños, que esta meditación sobre la vida santa de María niña inspire el compromiso de ayudar a los pequeños a imitar su fe y su santidad.


Oración

Santísima e Inmaculada Virgen María, fuiste concebida sin pecado y permaneciste sin mancha durante toda tu vida. Con la perfección de todas las virtudes y de toda gracia, amaste y serviste a Dios incluso desde tu infancia. Te suplico que intercedas por mí, para que alentar a los jóvenes en los caminos de la santidad sea siempre para mí una misión gozosa y fiel, y que jamás dude en presentarte como modelo y mediadora de la gracia de Dios.

Santísima Virgen María, ruega por mí.

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