sábado, 1 de junio de 2019

2 de junio del 2019: Solemnidad de la Ascensión del Señor




Ampliar los horizontes

Entremos en la alegría de los discípulos, ampliemos nuestra mirada, porque el Señor no ha desaparecido. Él está presente de otra manera.
Sí, que Él esté verdadera y plenamente con nosotros, este Señor que hemos venido a celebrar hoy. Es la fiesta de la Ascensión, uno podría creer que la Iglesia nos propone hacer memoria de un Dios lejano, allá en el cielo, que ha regresado allá de donde venía sin que nada haya cambiado de verdad. Y, por tanto, ¡todo ha cambiado!

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Jesús sube al cielo, regresa con su Padre, de quien había venido, pero antes de partir envía a sus discípulos como testigos y promete no dejarlos solos: les enviará al Espíritu Santo. Es una presencia misteriosa, pero real, de Dios. ¿Somos testigos de la fe? ¿De qué manera anunciamos a Jesús resucitado? ¿En qué momentos de nuestras vidas nos confiamos en la fuerza del Espíritu de Dios?





PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES 1, 1-11

En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo y, apareciéndose durante cuarenta días, les habló del reino de Dios.
Una vez que comían juntos les recomendó:
-- No es alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua; dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.
Ellos le rodearon preguntándole:
-- ¿Señor, es ahora cuando vas a restaurar la soberanía de Israel?
Jesús contestó:
-- No es toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.
Dicho esto, lo vieron levantarse hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban atentos al cielo, viéndole irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco que les dijeron:
-- Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os dejado para subir al cielo, volverá como le habéis visto marcharse.
Palabra de Dios



SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS EFESIOS 1, 17-23

Hermanos:
Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de la Gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cual es la esperanza a la que os llama, cuál es la riqueza de gloria que da en herencia a los santos y cual es la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuera y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no solo en el mundo, sino en el futuro. Y todo lo puso bajo sus pies y lo dio a la Iglesia; como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud de lo que acaba todo en todos.
Palabra de Dios




SALMO RESPONSORIAL
SALMO 46

R.- DIOS ASCIENDE ENTRE ACLAMACIONES, EL SEÑOR, AL SON DE TROMPETAS.

Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la tierra. R.-

Dios asciende entre aclamaciones,
el Señor al son de trompetas;
tocad para Dios, tocad,
tocad para nuestro Rey, tocadR.-

Porque Dios es el Rey del mundo;
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones;
Dios se sienta en su trono sagrado. R.-



ALELUYA Mt. 28, 19-20

Id y haced discípulos de todos los pueblos, dice el Señor. Y sabed que yo con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.



EVANGELIO

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 24, 46-53

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
-- Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Y vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto.
Después los sacó hacia Betania, y levantando las manos los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos (subiendo hacia el cielo) Ellos se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.
Palabra del Señor




A guisa de introducción:

Testigos en medio de la sociedad


“Ustedes son testigos de todas estas cosas”. 

El testigo es una persona que está presente en un acto o en una acción, con o sin intención de dar testimonio de lo que ha ocurrido. 

Los textos de hoy nos relatan los últimos acontecimientos que vivieron los discípulos junto a Jesús. 

Al colocarnos con ellos frente a esta despedida, se puede percibir lo que significa vivir tres años junto al Maestro y ser testigo de cosas y acontecimientos de los que no logran una mayor comprensión. 

Se les promete el envío del Espíritu Santo, quien les dará la fuerza que viene de Dios. 

El papa san Pablo VI decía que “el hombre contemporáneo escucha de mejor gana a los testigos que a los maestros, o si escucha a los maestros es porque son testigos”. 

Es esta la invitación que nos hace la fiesta de hoy: a ser testigos de que vivimos y celebramos lo que creemos y anunciamos. Frente a esta realidad, podemos preguntarnos: ¿soy testigo del Señor resucitado en medio de mi familia, comunidad y amigos?

Y en esta celebración universal de la 53ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, el Santo Padre nos invita a ser testigos de Cristo acogiendo a los demás, “abriendo el camino al diálogo, al encuentro, a la sonrisa, a la caricia... Esta es la red que queremos. Una red hecha no para atrapar, sino para liberar, para custodiar una comunión de personas libres” (mensaje del papa Francisco para la 53ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 de enero de 2019).


2

Creyentes testigos del amor del padre

El misterio de la ascensión lo muestra al Señor lleno de poder y como Salvador. Jesús ha vuelto a la casa del Padre, pero, a la vez, se ha quedado con nosotros de una manera especial: él es nuestro vínculo de unión con el Padre de los cielos, mediador e intercesor y el único Sacerdote que comparte su sacerdocio con los bautizados, siendo los ministros ordenados los que actualizan su servicio.

Ante una sociedad hostil e indiferente con Dios, es la comunidad cristiana la que, mediante la práctica de la caridad, tiene la misión de manifestar a otros el amor del Hijo, que nos reveló al Padre.

Los primeros cristianos releyeron el Antiguo Testamento a la luz de los acontecimientos pascuales y descubrieron que Jesús es el centro de la Palabra de Dios. De esa manera, comprendieron la misión de la comunidad cristiana, a la cual todos hemos sido invitados. Sí, somos los continuadores de la obra de Jesús, llamados a manifestar con palabras y gestos liberadores que su sacrificio en la cruz no ha sido en vano.
Por lo tanto, solo así se entiende que la Ascensión del Señor es el culmen del camino liberador del Hijo de Dios y la plenitud de la Pascua. J e s ú s pertenece a la esfera de Dios, quien, por medio de su Espíritu, se manifiesta en aquellos que lo aman y cumplen su palabra. Pero también es el sumo sacerdote que, derramando su sangre, ha entrado en la vida con Dios. Él no hizo un viaje a las nubes para saber dónde moraba su Padre, sino que ahora vive la comunión con él, como verdadero Dios y verdadero hombre.
Los creyentes, gracias a la ascensión, tenemos la oportunidad de vislumbrar una señal de esperanza, capaz de sostener la difícil tarea de ser testigos creíbles, apasionados y enamorados de Jesús.

Y mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo. Hay una canción para esta fiesta de la Ascensión del Señor que dice: Mirad al suelo, corred la voz de que en los hombres está el Señor… hoy no se puede estar mirando al cielo.

Más allá del canto, que invita a comprometerse con la construcción del Reino de Dios, lo cierto es que nosotros miramos al cielo y al suelo. Miramos a Jesús y su ascensión, pero también miramos a los hombres, nuestros hermanos, para ser testigos de Aquél que vive junto al Padre, Cristo.

La subida de Jesús al cielo significa por un aparte el final de su ministerio y por otra el comienzo de la misión de la Iglesia.

La Ascensión trajo a los discípulos una gran lección: La presencia física de Jesús debía desaparecer, para dar paso a una presencia espiritual e interior. 

Cuando los discípulos experimentaron esa realidad, su debilidad se convirtió en fortaleza. Su tristeza en gozo y su temor en testimonio de Jesús resucitado.
Al mismo tiempo, esta fiesta es alentadora para nosotros, porque nos marca también un destino: vivir junto a Dios, alcanzar la felicidad plena que Jesús había prometido.

Miramos al cielo con ilusión esperanzada. Pero también miramos al suelo con optimismo comprometido para implantar y fortalecer el Reino de Dios.




Aproximación psicológica al texto del evangelio:

Mirando al Cielo


J.R.R. Tolkien dice que toda historia verdadera digna de contar tiene una ida y una vuelta. Respecto a su Ascensión, dos hombres vestidos de blanco les dicen a los apóstoles: Galileos ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse. 

Y una vez que hubo dado a los apóstoles las últimas instrucciones, el Señor Jesús les lleva por el mismo camino de ida por el que fueron a Jerusalén, pero ahora al revés: el camino de vuelta. Sobre el monte de los Olivos, donde se encuentra Betania, y con el gesto sacerdotal de bendición con las manos —de llagas santas y gloriosas— se separa de los suyos. Elevado al Cielo, entra para siempre en el Santuario celestial donde allí nos aguarda e intercede por nosotros ante el Padre.

Los discípulos se postran ante Él en adoración, reconociendo su divinidad, y experimentan lo que el Señor les había prometido: su tristeza por la separación se torna en la alegría con que vuelven a Jerusalén, donde frecuentan el Templo, alabando a Dios.

El tiempo de Cristo en la tierra acaba con la espera del Espíritu Santo, cuya venida en Pentecostés abre el tiempo de la Iglesia, preparado en clima de oración y de alabanza. Y tanto tiempo como la misma Iglesia, llenos de la alegría de tomar parte en la Pascua del Señor.

Mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo, puede resultarnos muy difícil si solamente tenemos en cuenta nuestras experiencias dolorosas y malas. Por eso es tan necesario que aprendamos, de la mano de las primeras generaciones de cristianos, las vivencias que ellos tan bien cultivaron: el sentido de la provisionalidad de este mundo y el sentido de la inminencia de la venida gloriosa del Señor. Nuestros ojos deben tener altura de miras, hemos de aprender a mirar al Cielo—nuestra esperanza—sin dejar de trabajar por el Reino de Dios aquí en la tierra.

El libro de los Hechos de los Apóstoles nos dice: Hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios. Y tengamos presente la sublime observación de S. León Magno: Lo visible de la gracia del Señor ha pasado a lo invisible de los misterios/sacramentos de su Cuerpo, la Iglesia.

Por todo ello, haríamos bien cultivar la espiritualidad pascual, ya desde los primeros tiempos, y que aparece en el libro del Apocalipsis, y está muy presente cada vez que celebramos el Sacrificio de la Misa: ¡Que venga el Señor! ¡Y que pase este mundo! ¡Hosanna a la Casa de David! Aquel que es santo ¡que venga! Aquel que no lo es ¡que se convierta!... Maranathá! ¡Ven, Señor Jesús!




REFLEXIÓN CENTRAL:


Desaparición y no partida


Si no queremos que la Ascensión se parezca más a un melancólico «adiós» que, a una verdadera fiesta, es necesario comprender la diferencia radical que existe entre una desaparición y una partida.

Con la Ascensión, Jesús no partió, no se ha «ausentado»; sólo ha desaparecido de la vista. Quien parte ya no está; quien desaparece puede estar aún allí, a dos pasos, sólo que algo impide verle.

En el momento de la ascensión Jesús desaparece, sí, de la vista de los apóstoles, pero para estar presente de otro modo, más íntimo, no fuera, sino dentro de ellos.

Sucede como en la Eucaristía; mientras la hostia está fuera de nosotros la vemos, la adoramos; cuando la recibimos ya no la vemos, ha desaparecido, pero para estar ya dentro de nosotros. Se ha inaugurado una presencia nueva y más fuerte.

Pero surge una objeción. Si Jesús ya no está visible, ¿cómo harán los hombres para saber de su presencia? La respuesta es: ¡Él quiere hacerse visible a través de sus discípulos!

Tanto en el Evangelio como en los Hechos de los Apóstoles, el evangelista Lucas asocia estrechamente la Ascensión al tema del testimonio: «Vosotros sois testigos de estas cosas». Ese «vosotros» señala en primer lugar a los apóstoles que han estado con Jesús. Después de los apóstoles, este testimonio por así decir «oficial», esto es, ligado al oficio, pasa a sus sucesores, los obispos y los sacerdotes.

Pero aquel «vosotros» se refiere también a todos los bautizados y los creyentes en Cristo. «Cada seglar –dice un documento del Concilio- debe ser ante el mundo testigo de la resurrección y de la vida del Señor Jesús, y señal del Dios vivo».

Se ha hecho célebre la afirmación de Pablo VI: «El mundo tiene necesidad de testigos más que de maestros». Es relativamente fácil ser maestro, bastante menos ser testigo. De hecho, el mundo bulle de maestros, verdaderos o falsos, pero escasea de testigos. Entre los dos papeles existe la misma diferencia que entre el dicho y el hecho... El testigo es quien habla con la vida.
Un padre y una madre creyentes deben ser, para los hijos, «los primeros testigos de la fe» (esto pide para ellos la Iglesia a Dios, en la bendición que sigue al rito del matrimonio).

Pongamos un ejemplo concreto. En este período del año muchos niños [y jóvenes] se acercan a la primera comunión y a la confirmación.
Una madre o un padre creyentes pueden ayudar a su hijo a repasar el catecismo, explicarle el sentido de las palabras, ayudarle a memorizar las repuestas. ¡Hacen algo bellísimo y ojalá fueran muchos los que lo hicieran!
Pero ¿qué pensará el niño si, después de todo lo que los padres han dicho y hecho por su primera comunión, descuidan después sistemáticamente la Misa los domingos, y nunca hacen el signo de la cruz ni pronuncian una oración? Han sido maestros, no testigos.

El testimonio de los padres no debe, naturalmente, limitarse al momento de la primera comunión o de la confirmación de los hijos. Con su modo de corregir y perdonar al hijo y de perdonarse entre sí, de hablar con respeto de los ausentes, de comportarse ante un necesitado que pide limosna, con los comentarios que hacen en presencia de los hijos al oír las noticias del día, los padres tienen a diario la posibilidad de dar testimonio de su fe.

El alma de los niños es una placa fotográfica: todo lo que ven y oyen en los años de la infancia se marca en ella y un día «se revelará» y dará sus frutos, buenos o malos.  ( P. Raniero Cantalamessa ofm cap).




53a Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales




“Somos miembros unos de otros” (Ef 4, 25)

De las comunidades en las redes sociales a la comunidad humana

En su mensaje para esta Jornada, el papa Francisco nos recuerda que Internet representa una posibilidad extraordinaria de acceso al saber; pero también es uno de los lugares más expuestos a desinformación y distorsión. La red es ocasión para favorecer el encuentro con los demás, pero puede también potenciar el autoaislamiento, como una telaraña que atrapa.

Señala el Santo Padre: “Cuanto más cohesionada y solidaria es una comunidad, cuanto más está animada por sentimientos de confianza y persigue objetivos compartidos, mayor es su fuerza. La comunidad como red solidaria precisa de la escucha recíproca y del diálogo basado en el uso responsable del lenguaje”.

El Papa alerta sobre el peligroso fenómeno de los jóvenes que se convierten en “ermitaños sociales”, con el consiguiente riesgo de apartarse completamente de la sociedad.

La imagen del cuerpo y de los miembros nos recuerda que el uso de las redes sociales es complementario al encuentro en carne y hueso, que se da a través del cuerpo, el corazón, los ojos, la mirada, la respiración del otro.

“Si una familia usa la red para estar más conectada y luego se encuentra en la mesa y se mira a los ojos, entonces es un recurso (…) Si la red me proporciona la ocasión para acercarme a historias y experiencias de belleza o de sufrimiento físicamente lejanas de mí, para rezar juntos y buscar juntos el bien en el redescubrimiento de lo que nos une, entonces es un recurso”.
Concluye el mensaje afirmando que la “Iglesia misma es una red tejida por la comunión eucarística, en la que la unión no se funda sobre los «like» sino sobre la verdad, sobre el «amén» con el que cada uno se adhiere al Cuerpo de Cristo acogiendo a los demás”.

Conoce el mensaje del Papa en:




Oración:

Padre Dios, bueno y fuente de bondad, hoy celebramos que tu Hijo Jesús sube a lo más alto del cielo, pero nos ha dejado clara la tarea: Hacer una sociedad cimentada en el valor sagrado de la persona. Sembrar amor, perdón, respeto, servicio mutuo... Consolidar la paz, la justicia, la solidaridad, la fraternidad… Atender con generosidad a los pobres y necesitados. Acompañar y fortalecer a los que están sin esperanza. Gracias, Padre bueno, porque nos has hecho de tu familia. Gracias, por regalarnos el mundo como don y tarea. Amén.





 OBJETIVO DE VIDA PARA LA SEMANA:

No nos quedemos estáticos mirando al cielo todos tristes por la partida de Jesús. Al contrario, estemos (hagámonos) presentes en las personas que encontremos a lo largo de esta semana. Acaso, ¿no hemos recibido de Jesús Resucitado la responsabilidad de ser su mirada, su palabra, sus manos, su corazón?




ORACIÓN-MEDITACIÓN

Señor, nosotros no te hemos conocido durante tu vida terrestre,
pero el testimonio de los primeros discípulos ha llegado hasta nosotros a través del tiempo y las edades.
Nosotros creemos en tu presencia permanente en medio de nosotros.
Tu estas aquí, siempre y en todas partes, gracias a los innumerables testigos, que hoy todavía, revelan tu vida en el centro de su cotidianidad.

Tu presencia se manifiesta en los gestos de amistad, de compartir y de perdón que se propagan en las comunidades.
En las personas que hacen prueba de compasión, que aportan confortación y esperanza a las personas tristes, enfermas o rechazadas (marginadas).
Tú estás vivo en nuestros amores,
en la paciencia de uno,
en la ternura del otro.
En la inocencia y la espontaneidad de los más pequeños,
en las caricias y las palabras de amor.
Tú eres el sostén de tu Iglesia en sus crisis y sus tempestades.
Tu bendición permanece siempre sobre ella y la fortalece en su misión de propagar el mensaje de amor del Padre por todas las personas.

Y como no negarlo Señor, sucede que nuestro corazón se arruga, tiembla y no sabemos como superar nuestras decepciones, nuestras inquietudes, nuestras debilidades.
Ten Piedad de nosotros, Señor, cuando nos confiamos solo en nuestras propias fuerzas en lugar de apoyarnos en la “fuerza venida de lo alto” que nos habita después de nuestro BAUTISMO.

En esta Eucaristía, nos hacemos conscientes del lazo que nos une a Ti, el que VIVE por siempre.
Abre nuestros labios, nuestros brazos y nuestros corazones para que lleguemos a ser los testigos de tu misteriosa, pero segura, reconfortante y EFECTIVA PRESENCIA…

Lise Hudon-Bonin




Textos de ayuda para la homilía


Pensamientos:

-         Celebramos hoy el triunfo de Cristo que entra en la Gloria del Padre. Antes de entrar en su gloria, Cristo ha trabajado, se ha dado totalmente, sin contar, en el servicio a Dios su Padre y a los hombres sus hermanos. Nadie puede ser su discípulo si se niega a cargar la cruz de la entrega total, de la paciencia, la cruz del amor.

(Charles Brèthes)

-         Acordémonos que Dios está siempre presente, mismo cuando aparentemente está más ausente. Él actúa en lo invisible. Él siembra la alegría en nuestras tristezas y hace fructificar nuestros sufrimientos”.

(Jules Beaulac)


++++


La última alegría fue quedarte marchándote.

Tu subida a los cielos fue ganancia, no pérdida;

fue bajar a la entraña, no evadirte.

Al perderte en las nubes

te vas sin alejarte,

asciendes y te quedas,

subes para llevarnos,

señalas un camino,

abres un surco.

Tu ascensión a los cielos es la última prueba

de que estamos salvados,

de que estás en nosotros por siempre y para siempre.

Desde aquel día la tierra

no es un sepulcro hueco, sino un horno encendido;

no una casa vacía, sino un corro de manos;

no una larga nostalgia, sino un amor creciente.

Te quedaste en el pan, en los hermanos, en el gozo, en la risa,

en todo corazón que ama y espera,

en estas vidas nuestras que cada día ascienden a tu lado.


José Luis Martín Descalzo en "Razones para la alegría"




Referencias:

Diversas fuentes de internet


sábado, 18 de mayo de 2019

19 de mayo del 2019: Quinto domingo de Pascua (C)


Moniciones:


1.  Misa para clausurar la semana de oración por la familia:

Hoy, Quinto Domingo de Pascua, después del Domingo del Buen Pastor, la Liturgia nos vuelve a centrar en el Señor Jesús que nos deja su mandamiento nuevo de amarnos los unos a los otros como él nos ha amado. 
Siempre la Eucaristía es celebración del Amor total de Dios por nosotros en la persona de su Hijo Jesucristo que se entregó a la muerte de Cruz por amor a nosotros y por nuestra salvación. Por lo tanto, la Eucaristía es Amor celebrado y Amor compartido. Dispongámonos con fe a participar fructuosamente de nuestra eucaristía dominical.



2.

La eternidad del amor

El Evangelio del Amor es el eje de la liturgia de este domingo de Pascua. Volvemos la mirada hacia el Jueves Santo, a la mesa de la Última Cena, donde el mandamiento del amor contrasta con el egoísmo de Judas. Por eso, imploramos al Señor que nos ayude a dar frutos abundantes de amor y alcanzar la vida eterna, a la que se accede al final de la vida cuando seamos juzgados por el amor. Ese amor lo entregaron Pablo y Bernabé, dedicados a la primera misión en tierras que no conocían la Palabra de Dios, y es lo que contaron a los hermanos que los habían enviado. Ese amor es el que permanece para siempre, porque Dios es eterno amor y es capaz de dar consuelo a los afligidos y dolidos por el luto, el llanto y el sufrimiento. Jesús es el que hace nuevas todas las cosas por medio del amor. Este camino estrecho deberemos andar en nuestro país y en nuestra Iglesia, que clausura hoy la Semana de la familia, y hemos de volver la mirada a sus orígenes para ser “una comunidad cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común”.



 L  E  C  T  U  R  A  S



Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (14,21b-27):

En aquellos días, Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios. En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Predicaron en Perge, bajaron a Atalía y allí se embarcaron para Antioquía, de donde los habían enviado, con la gracia de Dios, a la misión que acababan de cumplir. Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe.

Palabra de Dios



Salmo
Sal 144,8-9.10-11.12-13ab

R/. Bendeciré tu nombre por siempre jamás, Dios mío, mi rey.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.

Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad. R/.




Segunda lectura
Lectura del libro del Apocalipsis (21,1-5a):

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra han pasado, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el trono: «Ésta es la morada de Dios con los hombres: acamparé entre ellos. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado.»
Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Todo lo hago nuevo.»

Palabra de Dios




Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (13,31-33a.34-35):


Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en si mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.»

Palabra de Señor





A guisa de introducción:

La concreción del amor


Les doy un mandamiento nuevo: que se amen unos a otros... Como yo les he amado. Escuchando el mandamiento nuevo de Jesús podemos preguntarnos : 

Ha cambiado algo la situación porque los discípulos de Jesús han vivido durante veinte 20 siglos el mandamiento del amor?

Jesús dice que Él hace nuevas todas las cosas. A veces nuestra percepción es que todo está igual que siempre; que nuevo, lo que se dice nuevo, no hay mucho.

¿Qué ha sido del mandato del amor, ámense como yo les he amado? 

¿Pueden los demás apreciar que somos discípulos de Jesús porque nos amamos como él ama?

Cuando el libro del Apocalipsis nos dice hoy que Jesús hace nuevas todas las cosas, debemos pensar si nosotros colaboramos en algo o si estamos más bien empeñados en que "todo siga como siempre".

El hermoso mandato del Señor, amarnos los unos a los otros, no puede ser únicamente una indicación bonita, pero sin concreción en nuestra vida.
Éste es el camino de los discípulos: amarnos, amarnos unos a otros, amarnos como Él nos amó.

¿Cuáles son las oportunidades que tenemos cada día para bajarnos de nuestro egoísmo y vivir el amor? El camino de cada día nos ofrece múltiples posibilidades para que veamos los cielos nuevos y la tierra nueva. Sólo el amor lo logrará.




Aproximación psicológica al texto del Evangelio:


Ámense los unos a los otros, tal como yo los he amado!


El amor es una dimensión esencial de nuestra vida, tremendamente personal e íntima. 

Hay tantos tipos y estilos de amor como personas. Cada uno de nosotros posee un modo propio de amar; un modo que habitualmente hemos aprendido en nuestro entorno familiar. Por lo mismo, el amor cristiano no es cualquier tipo de amor, sino un amor como el de Jesús.Al estilo del amor que podemos aprender de Jesús. 

Jesús no nos pide simplemente que amemos, así de modo general, sino que nos pide que amemos tal como Él nos ha amado. Por lo mismo, los creyentes necesitamos tener una mirada contemplativa de Jesús, a fin de percibir el estilo y la calidad de su amor. A fin de dejarnos enseñar en el amor, de ponernos a los pies de Jesús para aprender su modo de amar. Y el camino fundamental para aprender su modo de amar es dejarnos amar por Dios. 

Necesitamos la valentía de la fe que nos hace capaces de reconocer y acoger el amor de Dios en nuestra propia vida. Su amor educa nuestra capacidad de amar. 

En este tiempo estamos invitados por el papa Francisco a superar la cultura del abuso y reemplazarla por una cultura del cuidado y protección de cada ser humano. Estamos llamados a aprender un modo de relacionarnos en el cual cada persona sea valorada por sí misma, respetada en su originalidad y protegida de toda agresión y daño. 

Para construir esta cultura nueva es indispensable mirar a Jesús y contemplar su modo de relacionarse con las personas, contemplar su modo de entablar vínculos de amor para aprender de él un nuevo modo de amar. En este momento eclesial y social estamos desafiados a ahondar nuestra capacidad de amar, pero por sobre todo a mejorar la calidad de nuestro amor.

¿Estoy viviendo y amando tal como Jesús me ha amado? 

Cuando alguien mira nuestra comunidad, ¿puede reconocernos como discípulos de Jesús por el amor que nos une?

 Los Apóstoles exhortaban a la comunidad a perseverar en su fe en medio de las tribulaciones. ¿Cuáles han sido o están siendo mis mayores tribulaciones? ¿Qué elementos me ayudan a perseverar en la fe?

En este domingo, en que el Señor nos entrega el mandamiento del amor, pidamos la gracia de unirnos al esfuerzo de todos los hombres para construir una sociedad más justa, una patria reconciliada, la civilización del amor.




Reflexión (1)

Que perviva el amor a pesar de todo

En este quinto domingo de Pascua, la Iglesia nos propone un pequeño texto del discurso de Jesús la tarde del jueves santo. El contexto es doloroso. Cristo acaba de anunciar su muerte y su resurrección a sus discípulos.

Durante 3 años, ellos han vivido una bella experiencia con Jesús. Y es justo ahora que ellos se dan cuenta que todo va a terminarse. Ahora, para Cristo la muerte no es el fin de todo sino un paso. El abre un camino y los invita a seguirle. A través de sus Palabras, Él quiere transmitirles confianza y sobretodo prepararlos para la misión que viene.

Y así será, más tarde ellos serán enviados para anunciar el evangelio (la Buena Nueva) al mundo entero. Este evangelio, nos muestra un Dios apasionado de amor por toda la humanidad. Este mundo impregnado de tanta violencia, el Señor quiere sanarlo y salvarlo.

Al recibir el sacramento del bautismo, nosotros somos sumergidos en ese océano de amor que está en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esto cambia toda la vida de los creyentes. En adelante, ellos no pueden vivir más en el egoísmo ni en la violencia. Al entrar a la gran familia de Dios, los bautizados estamos llamados a vivir como lo que somos: Hijos de Dios.

Ahora, la cuestión es, ¿cómo saber si nosotros somos verdaderos discípulos de Cristo? La última frase del evangelio de hoy nos da la respuesta: “El signo de que ustedes son mis discípulos es el amor que ustedes tengan los unos por los otros”.      
                  
Veamos aquí nuestra marca distintiva. Los ritos, las instituciones, los sacramentos, están subordinados a ello, y no tienen otra función que de mantener y expresar el amor que nosotros nos tenemos los unos a los otros.

El mandamiento del amor no es nuevo en sí. El constituye uno de los elementos fundamentales de la tradición bíblica: “Tu amaras tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19,18). Lo que es nuevo, es la manera como Jesús expresa este amor: “Ámense los unos los a los otros como yo los he amado”.

Es decir, un amor sin límite, un amor que llega hasta dar la vida por el otro.

Recordemos la historia del padre polaco Maximiliano Kolbe (modelo de sacerdocio y de santidad para nuestros días): En el campo de concentración nazi, donde él estaba, un prisionero había acabado de evadirse. Las represalias son terribles: diez de sus compañeros detenidos son condenados a morir en el bunker del hambre. El padre Maximiliano Kolbe decide morir, intercambiándose con uno de los condenados que lloraba junto a su mujer y sus hijos. El padre Kolbe entonces se suma a los condenados y les ayuda a morir cantando las alabanzas del Señor. A través de este testimonio y muchos otros, nosotros vemos cuanto el amor es más fuerte que el odio.

Ahora, el amor fraternal no es muy evidente que digamos en el seno de nuestras comunidades. La historia nos enseña que los cristianos han sido violentamente separados por cuestiones más o menos importantes de teología, dogma, liturgia, por política, etc.  Desde las primeras divisiones (separaciones, cismas), desde los primeros conflictos sobre la concepción de la verdad, los cristianos se han peleado entre ellos y estas disputas están presentes todavía hoy. Ha habido los conflictos entre Roma y Constantinopla, ha habido las cruzadas, las guerras de religiones, las numerosas excomuniones, la cacería de brujas, los abusos del poder, las muertes y genocidios de la colonización, los desacuerdos o malentendidos entre ortodoxos, católicos y protestantes.

Los países de Europa se separaron, perdieron su unidad en el nombre (por causa) de la religión, lo que causó la muerte de millones de personas. El fanatismo religioso ha llevado a atrocidades terribles…en el nombre de Dios.

En el plan individual y o personal, el mismo tipo de divisiones nos afectan y nos dividen. Nuestros amores son frágiles y arriesgan de no ser sólidos y consistentes en los momentos de prueba, en los momentos difíciles y dolorosos.  Nuestras familias no están libres de esta crisis. Muchos hermanos y hermanas que se entendían bien de un momento a otro no se hablan más; gran cantidad de parejas juntas por muchos años se separan y a veces se persiguen delante los tribunales. Los amigos de vieja data se evaporan y no se frecuentan (visitan) más.  La indiferencia, el egoísmo, la violencia, hacen parte de nuestros comportamientos.

El amor del cual nos habla y nos propone Cristo, es una fuente de agua viva que hace surgir una nueva primavera. Es un bálsamo que sana las heridas. Este amor es difícil, profundo, fiel, un amor más fuerte que el odio, más fuerte que la injusticia y más fuerte que la muerte. Y él es nuevo, porque va hasta el final: “Ámense los unos a los otros como yo les he amado”

Este mandamiento se constituye como la única obligación de la nueva alianza. Todo el resto es secundario y en función de esta misión que nos confía Cristo. “Ellos sabrán que ustedes son mis discípulos, si ustedes se aman los unos a los otros”.

Lo más importante en la Iglesia no son las leyes, las instituciones, los mecanismos de organización, ni los dogmas ni las tradiciones. No son tampoco las oraciones, el diezmo, la limosna, la cruz sobre la pared de la casa o la estatua y o la estampilla de la Virgen.  Todo eso es importante, pero lo que es absolutamente esencial es el amor que nosotros tenemos los unos por los otros. Ese es el distintivo por el cual los cristianos pueden ser reconocidos. Ese es el mandamiento nuevo que Cristo nos ha dejado de herencia.

Cada domingo, después de la consagración, nosotros oramos para que este amor nuevo se realice en nosotros.  En la plegaria eucarística Número III, decimos “para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de tu Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu”.

Esta clase de amor, o mejor, esta forma de amar a la manera de Cristo, nosotros la podemos palpar, vemos que es posible vivirla en nuestro mundo. Cada uno podría dar ejemplos que todos conocemos:

- Padres de familia que durante años rodean de amor y de afecto un hijo con discapacidad, incapaz de cuidarse a sí mismo.

- Hijos que se ocupan y se preocupan de sus padres ya ancianos (no autónomos) y que los visitan regularmente y les ayudan económicamente.

- Gente que consagra una parte de su tiempo a hacer trabajo benévolo y o voluntario, visitando enfermos, acompañando a los ancianos, ayudando a los que no pueden valerse por sí mismos.

- Personas que aceptan vivir con los más pobres y marginados de nuestro país y en otros países del mundo.

- Gente que trabaja con Amnistía Internacional, la cruz roja, médicos sin fronteras.

- Voluntarios que dan su tiempo y dinero para ayudar en las situaciones de desastres naturales, de tragedias de cualquier tipo, un poco por todo el mundo, etc.

Este amor mutuo se traduce de mil maneras en la vida de todos los días: en la escucha, en la acogida, en la atención al otro, en el servicio a los más débiles, en la compasión, en el perdón, en la misericordia, etc.

Este amor se traduce también en los actos comunitarios en favor del bien común, en la lucha por los derechos de las personas, en la búsqueda de la justicia social, de la mejor repartición de los bienes, de una vida más digna y o de mejor calidad, de un ambiente o aire más puro y sano, en la lucha contra todo racismo e indiscriminación, etc.

Amándonos los unos los otros como Cristo nos ha amado, participamos en la construcción de la ciudad nueva, la ciudad, donde no habrá ni muerte, ni lágrimas, ni dolor, ni violencia, ni guerra, ni explotación.




2.

DIOS ES NOVEDAD.

1.– JESÚS NOS DA UN MANDAMIENTO NUEVO. (Evangelio) 

Es interesante conocer el contexto inmediato. Las palabras que anteceden son éstas:” hijitos míos, qué poco me queda de estar con vosotros”. Sabemos que, en arameo, la lengua que hablaba Jesús, no había diminutivos. ¿Cómo se puso esta palabra en diminutivo al traducirla al griego? Dicen los comentaristas: Juan, el testigo de los hechos, no sólo quiso traducir la palabra sino el tono, la emoción, la ternura que puso al pronunciarla. Jesús, en estos momentos tan emocionantes se sintió de una manera especial,” Revelador del Padre”. Y, en los últimos instantes de su vida, quiso entregarnos todo el cariño del Padre que tenía acumulado a lo largo de su existencia. 

En este mandamiento nuevo se concentran y se funden el mandamiento del amor al Padre y el mandamiento del amor a los hermanos. 

La muerte de Cristo es “para demostrar al mundo que yo amo al Padre” (Jn. 14,31). Y para demostrar al mundo lo que yo amo a los hombres: «Nadie ama más al amigo que aquel que da la vida por él” (Jn. 15,13). 

La novedad consiste en que debemos amarnos con este mismo amor que Cristo nos ama. Aquí está la gran revolución del mundo. La energía, la fuerza de este amor es irresistible ante cualquier obstáculo. Y, sin embargo, como se lamentaba el Papa San Juan XXIII, “a veinte siglos de distancia, el mandamiento nuevo sobre el amor, lo tenemos los cristianos todavía sin estrenar”.


2.– JESUS NOS ABRE UN CAMINO NUEVO PARA LA FE  (1ª lectura). 

Después de la Resurrección, los apóstoles, en especial Pablo, caen en la cuenta de que esta “maravillosa noticia” no se podía quedar sólo para el pueblo judío. Y abrieron la puerta de la fe a todos los paganos. Jesús había dicho: «Cuando yo sea levantado en alto, atraeré a todos hacia mí” (Jn. 12,32). Cristo, muriendo en la Cruz, ha escrito en la cima de ese monte la carta más bella sobre el amor. No se trata de un amor sentimental, pasajero, superficial. Se trata del amor de donación, del amor gratuito, del amor de excelencia. 

Los primeros cristianos fueron creadores, fueron capaces de traspasar la fe a un mundo pagano. La razón es que creyeron “en la fuerza del amor”. El amor auténtico siempre es atractivo, seductor. Y los primeros cristianos, entusiasmados por ese amor, supieron seducir y atraer a los paganos al mundo fascinante del amor de Jesús. !Mirad cómo se aman!. La gente se quedaba embelesada por esa nueva manera de amarse. 

Los cristianos del siglo XXI, ante el paganismo reinante, ¿qué hacemos? ¿En qué nos entretenemos? ¿Por qué no vamos a la raíz de nuestros males y estrenamos el maravilloso camino que Jesús nos dejó? ¡ AMAOS COMO YO OS HE AMADO!


3.– JESÚS NOS ANUNCIA UN NUEVO CIELO, UNA NUEVA CIUDAD, BELLA COMO UNA NOVIA QUE SE ADORNA PARA SU NOVIO (Segunda lectura). 

Lo peor que nos está pasando a esta generación es que, con el apagón de la fe, se nos está eclipsando la esperanza en un mundo futuro. 

Hay muchos cristianos, incluso que van a Misa, y tienen muchas dudas en su futura resurrección. 

San Juan, cuando describe la Nueva Jerusalén con esas imágenes tan vivas, tan evocadoras, tan sugerentes, está copiando lo que sucede en la liturgia de la tierra, con esas celebraciones tan vivas, tan alegres, tan radiantes, tan entusiastas. 

En cada celebración recordaban la Resurrección del Señor y avivaban su esperanza con un grito MARANATHA=VEN, SEÑOR JESUS. 

Para San Juan de la Cruz, lo que separa el cielo de la tierra no es un muro sino “una tela transparente”. No se ve todavía el cielo pero se trasparenta. Y la muerte sólo consiste en “romper la tela de ese dulce encuentro”. 

Hemos vaciado de contenido nuestra fe y nuestra esperanza. Hay que volver a un encuentro vivo con Jesús y con la mejor tradición. Así acaba San Agustín su famoso libro de la Ciudad de Dios: “Allí veremos, alabaremos, amaremos, gozaremos, en un fin que no tendrá fin".    




OBJETIVOS DE VIDA PARA LA SEMANA:

1.    Me doy tiempo para decir a miembros de mi familia “yo te amo”.

2.    Me pregunto sobre mis compromiso cristiano-católico (de bautizado) en mi ambiente de vida y de trabajo

3.    Me acerco a alguien que vea en la misa con frecuencia, le hablaré y trato de entablar una relación de amistad con ella.





ORACIÓN UNIVERSAL


(Extraída del folleto “Semana de la familia, del CELAM 2019)


Presidente: oremos hermanos a Dios nuestro Padre y digámosle con fe:

R. Padre de Amor, llénanos del amor de tu Hijo.


1. Oremos por el santo Padre, por los sacerdotes y por los diáconos para lleven a todos los pueblos el amor de Cristo que se les ha confiado transmitir.

2. Oremos por los dirigentes de las naciones para amen a sus pueblos y promuevan la justicia, la paz, el desarrollo y la dignidad de todas las personas.

3. Oremos por las familias para que sean escuelas en donde se cultive el auténtico amor y para que con valentía imiten el amor vivido por la Sagrada Familia de Jesús, María y José.

4. Oremos por todos los enfermos, por los privados de la libertad y por todos los que sufren para que experimenten el amor de Dios en Jesucristo y con Él transformen su sufrimiento en fuente de bendición para ellos y para muchos más.

 5. Oremos por las familias, para que logren llevar el don del amor buscando siempre la perfección y la Santidad

6. Oremos por todos los aquí presentes para que Jesús nos inflame con su amor y vivamos la auténtica fraternidad cristiana que él nos pidió vivir.

En un momento de silencio presentemos al Padre intenciones particulares.



Oración conclusiva

Escucha Padre de Amor las oraciones de tus hijos y envíales hoy y siempre el Espíritu Santo para que sean misioneros del Amor de tu Hijo en sus familias, ambientes y hasta el mundo entero. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.





Textos de apoyo para la homilía



1.

Un cuento sobre… la fuerza del amor

En el evangelio de hoy, Jesús nos ordena amarnos de verdad, como signo esencial e identificador de que somos sus seguidores. Por ello, compartamos un cuento para reflexionar sobre el significado y la importancia del amor:

“Te moldearé”, le dijo el hacha a un férreo y duro pedazo de hierro, mientras descendía empecinadamente sobre uno de sus costados. Pero, tras cada golpe que le daba, iba perdiendo su filo hasta que, después de un rato, aquella herramienta no pudo más y quedó completamente obtusa. “¡Déjamelo a mí!”, exclamó un serrucho que vio la escena anterior, y que comprobó cómo perdía sus filosos dientes a medida que los hincaba en el hierro. “Yo me encargaré de moldearlo”, profirió con arrogancia un martillo, burlándose del fracaso de sus compañeros. Sin embargo, luego de unos pocos martillazos perdió su cabeza al desprenderse del mango partido. “¿Me permiten probar a mí?”, dijo una humilde y pequeña llamita de fuego, quien tuvo que soportar las burlas y carcajadas de sus tres antecesores, convencidos de que ella también iba a fracasar. Sin embargo, la llamita cubrió el pedazo de hierro; no se desprendió de él, lo abrazo y abrazó hasta volverlo blando y darle la figura que quería. De ese modo, aquella pequeña llama logró lo que las otras tres poderosas herramientas no pudieron alcanzar.

Así es el amor.

En el mundo, hay corazones tan duros que pueden resistir los hachazos de la ira, los dientes del rencor y los golpes del orgullo y el rechazo. Pero, por más severo que sea ese corazón, no podrá resistir los embates del amor, porque el amor es la fuerza más poderosa que existe”.

(Tomado y adaptado de M. Buttera y R. Re, La auténtica felicidad, SAN PABLO, 2010).



2

DE JOSE LUIS MARTIN DESCALZO:
DEL LIBRO RAZONES PARA LA ALEGRIA

Este es el gran problema: volver a creer en la eficacia del amor. En la l-e-n-t-a eficacia del amor. Una eficacia que tiene poco que ver con todas las de este mundo, sean del signo que sean. Una eficacia que -con frecuencia es absolutamente invisible.
Jesús conoció en su vida esa tristeza de la aparente inutilidad del amor. Nadie ha entendido esto tan bien como Endo Shusaku, el primer biógrafo de Jesús en japonés: «Jesús -dice- se daba cuenta de una cosa: de la impotencia del amor en la realidad actual. Él amaba a aquella gente infortunada, pero sabía que ellos le traicionarían en cuanto se dieran cuenta de la impotencia del amor.
Porque, a fin de cuentas, lo que los hombres buscaban eran los resultados concretos. Y el amor no es inmediatamente útil en la realidad concreta. Los enfermos querían ser curados, los paralíticos querían caminar, los ciegos ver, ellos querían milagros y no amor. De ahí nacía el tormento de Jesús. Él sabía bien hasta qué punto era incomprendido, porque él no tenía por meta la eficacia o el triunfo; é1 no tenía otro pensamiento que el de demostrar el amor de Dios en la concreta realidad.»
Tal vez los ilustres le mataron porque les estorbaba. La multitud dejó que le mataran porque ya se habían convencido de que era un hombre bueno, pero «ineficaz». Arreglaba algunas cosillas, pero el mundo seguía con sus problemas y vacíos. No servía.

Veinte siglos después van aumentando los hombres que están empezando a sospechar que la picardía, los codos, las zancadillas son más útiles que el corazón. Cientos de miles de cristianos buscan otras armas más eficaces que el amor. En el amor hoy ya sólo creen los santos y unas cuantas docenas de niños, de ingenuos o de locos. Pero si un día también éstos dejaran de creer en ello habríamos entrado en la edad glaciar.

Amarás a Dios. Lo amarás sin retóricas, como a tu padre, como a tu amigo. No tengas nunca una fe que no se traduzca en amor. Recuerda siempre que tu Dios no es una entelequia, un abstracto, la conclusión de un silogismo, sino Alguien que te ama y a quien tienes que amar. Sabe que un Dios a quien no se puede amar no merece existir. Lo amarás como tú sabes: pobremente. Y te sentirás feliz de tener un solo corazón y de amar con el mismo a Dios, a tus hermanos, a Mozart y a tu gata. Y, al mismo tiempo que amas a Dios, huye de todos esos ídolos de nuestro mundo, esos ídolos que nunca te amarán, pero podrán dominarte: el poder, el confort, el dinero, el sentimentalismo, la violencia.

(José Luis Martin Descalzo, sacerdote y periodista español + 1991)



3.

10 cosas que Dios no te preguntará:

1.  Dios no te preguntará qué modelo de auto usabas; te preguntará a cuánta gente llevaste.


2. Dios no te preguntará los metros cuadrados de tu casa; te preguntará a cuánta gente recibiste en ella.

3. Dios no te preguntará la marca de la ropa en tu armario; te preguntará a cuántos ayudaste a vestirse.

4. Dios no te preguntará cuán alto era tu sueldo; te preguntará si vendiste tu conciencia para obtenerlo.

5. Dios no te preguntará cuál era tu título; te preguntará si hiciste tu trabajo con lo mejor de tu capacidad.

6. Dios no te preguntará cuántos amigos tenías; te preguntará cuánta gente te consideraba su amigo.

7. Dios no te preguntará en qué vecindario vivías; te preguntará cómo tratabas a tus vecinos.

8. Dios no te preguntará por el color de tu piel; te preguntará por la pureza de tu interior.

9. Dios no te preguntará por qué tardaste tanto en buscar la Salvación; te llevará con amor a tu casa en el Cielo y no a las puertas del Infierno.

10. Dios no te preguntará a cuántas personas enviaste este mensaje; te preguntará si te dio vergüenza hacerlo.




REFERENCIAS:




Libro razones para la alegría, José Luis Martin Descalzo.


Diversas fuentes de internet en español y francés.


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