viernes, 12 de junio de 2026

13 de junio del 2026: El Inmaculado Corazón de Santa María Virgen-Memoria obligatoria

 

Guardar la Palabra en el corazón

(Lucas 2,41-51) En esta memoria del Inmaculado Corazón de María, el Evangelio nos lleva a Jerusalén, donde María y José buscan con angustia a Jesús y lo encuentran en el templo, en medio de los maestros. María no comprende del todo las palabras de su Hijo, pero no se cierra al misterio: “conservaba todo esto en su corazón”.

El corazón de María es un corazón que ama, busca, sufre, escucha y guarda. Ella nos enseña que la fe no siempre consiste en entenderlo todo de inmediato, sino en permanecer confiados ante Dios, dejando que su Palabra ilumine poco a poco nuestro camino. En su Corazón Inmaculado aprendemos a contemplar a Jesús y a seguirlo con fidelidad.

 


Primera lectura

Is 61, 9-11
Desbordo de gozo en el Señor

Lectura del libro de Isaías.

LA estirpe de mi pueblo será célebre entre las naciones,
y sus vástagos entre los pueblos.
Los que los vean reconocerán
que son la estirpe que bendijo el Señor.
Desbordo de gozo en el Señor,
y me alegro con mi Dios:
porque me ha puesto un traje de salvación,
y me ha envuelto con un manto de justicia,
como novio que se pone la corona,
o novia que se adorna con sus joyas.
Como el suelo echa sus brotes,
como un jardín hace brotar sus semillas,
así el Señor hará brotar la justicia
y los himnos ante todos los pueblos.

Palabra de Dios.

 

Salmo

1 Sam 2, 1. 4-5. 6-7. 8abcd (R.: cf. 1a)

R. Mi corazón se regocija en el Señor, mi Salvador.

V. Mi corazón se regocija en el Señor,
mi poder se exalta por Dios.
Mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación. 
R.

V. Se rompen los arcos de los valientes,
mientras los cobardes se ciñen de valor.
Los hartos se contratan por el pan,
mientras los hambrientos engordan;
la mujer estéril da a luz siete hijos,
mientras la madre de muchos queda baldía. 
R.

V. El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece. 
R.

V. Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de gloria. 
R.

 

Aclamación

R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Bienaventurada Virgen María, que conservaba la palabra de Dios,
meditándola en su corazón. 
R.

 

Evangelio

Lc 2, 41-51

Conservaba todo esto en su corazón

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

LOS padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua.
Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.
Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo.
Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:
«Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados».
Él les contestó:
«¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debía estar en las cosas de mi Padre?».
Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.
Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos.
Su madre conservaba todo esto en su corazón.

Palabra del Señor.

 

 

1

 

María guardaba todo en su corazón

Celebramos hoy la memoria obligatoria del Inmaculado Corazón de María, y la Palabra nos invita a mirar no solamente a María como Madre de Jesús, sino a contemplar su interior: su manera de creer, de amar, de sufrir, de esperar y de guardar la voluntad de Dios.

El Evangelio de san Lucas nos presenta una escena muy humana y muy profunda: Jesús, a los doce años, se queda en Jerusalén sin que María y José se den cuenta. Ellos lo buscan angustiados durante tres días. Al encontrarlo en el templo, María le dice con dolor de madre: “Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados”. Y Jesús responde con palabras misteriosas: “¿No sabían que yo debía estar en las cosas de mi Padre?”

María no entiende del todo. Pero el Evangelio nos dice algo precioso: “Su madre conservaba todo esto en su corazón”. Ahí está la clave de esta memoria. El Corazón de María no es un corazón sin preguntas, sin lágrimas o sin sufrimiento. Es un corazón creyente. Un corazón que no rechaza el misterio de Dios cuando no lo comprende. Un corazón que guarda, medita, espera y confía.

La primera lectura del profeta Isaías nos habla de alegría y de salvación: “Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios, porque me ha vestido con un traje de salvación”. Estas palabras parecen brotar también del corazón de María. Ella es la mujer revestida de gracia, la humilde servidora en quien Dios hizo maravillas. En su Corazón Inmaculado resplandece la alegría de quien se sabe amada por Dios y llamada a colaborar en su obra de salvación.

El salmo, tomado del cántico de Ana, también nos ayuda a comprender a María: “Mi corazón se regocija en el Señor”. Ana canta porque Dios levanta al pobre, fortalece al débil y da vida donde parecía no haber esperanza. María cantará algo semejante en el Magníficat: Dios mira la pequeñez de su servidora, derriba a los poderosos y enaltece a los humildes. El corazón de María está hecho de esta confianza: Dios actúa, aunque sus caminos no siempre sean evidentes.

Por eso, celebrar el Inmaculado Corazón de María es pedir la gracia de tener un corazón semejante al suyo: limpio para amar, humilde para obedecer, fuerte para sufrir, atento para escuchar y fiel para seguir a Jesús.

En nuestra vida también hay momentos en que buscamos a Jesús con angustia. A veces parece que se nos pierde entre las preocupaciones, las pruebas, las enfermedades, los silencios de Dios, los problemas familiares o las heridas del alma. María nos enseña qué hacer: no dejar de buscarlo, volver al templo, volver a la oración, volver a la Palabra, volver a la casa del Padre.

Y cuando no entendamos todo, cuando la respuesta de Dios nos parezca difícil, hagamos como María: guardemos la Palabra en el corazón. No para quedarnos pasivos, sino para dejar que Dios nos vaya educando por dentro.

Que el Inmaculado Corazón de María nos enseñe a vivir con fe serena, con amor limpio y con esperanza firme. Que ella nos ayude a buscar siempre a Jesús, a encontrarlo en la casa del Padre y a conservar su Palabra en el corazón, hasta que nuestra vida entera sea también un canto de alegría en el Señor. Amén.


2

 

El corazón que guarda, ama y contempla

Celebramos hoy la memoria obligatoria del Inmaculado Corazón de María, al día siguiente de haber contemplado el Sagrado Corazón de Jesús. No es casualidad. La Iglesia nos invita a mirar estos dos corazones unidos: el Corazón del Hijo, fuente de misericordia, y el Corazón de la Madre, santuario limpio donde esa misericordia fue acogida, guardada y meditada.

El Evangelio de san Lucas nos presenta a María y José buscando a Jesús con angustia. Han subido a Jerusalén para la fiesta de la Pascua y, al regresar, descubren que el Niño no va con ellos. Después de tres días lo encuentran en el templo, sentado entre los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. María, como verdadera madre, le dice: “Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados”. Jesús responde con palabras misteriosas: “¿No sabían que yo debía estar en las cosas de mi Padre?”.

María no comprende del todo. Pero san Lucas nos dice una frase decisiva: “Su madre conservaba todo esto en su corazón”. Ahí está el secreto de María. Su corazón no es un corazón que lo entiende todo de inmediato, sino un corazón que cree, que ama, que busca, que sufre y que guarda la Palabra hasta que Dios mismo la vaya iluminando.

Esta misma actitud ya aparece en otro momento del Evangelio de Lucas: cuando los pastores, después de escuchar el anuncio de los ángeles, corren a Belén y encuentran a María, a José y al Niño acostado en el pesebre. Ellos cuentan lo que se les ha dicho acerca de aquel Niño, y todos se admiran. Pero María hace algo más profundo: guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón. María no se queda solo en la emoción del momento. Ella contempla. Ella deja que el misterio entre en su interior.

Por eso, cuando hoy hablamos del Inmaculado Corazón de María, no hablamos simplemente de un símbolo piadoso. Hablamos de toda la persona de María: su fe, su amor, su pureza, su obediencia, su silencio, su dolor, su esperanza y su total disponibilidad a Dios. María, preservada del pecado desde su concepción por una gracia singular de Dios, fue preparada para ser Madre del Salvador. Pero esa gracia no la hizo pasiva; al contrario, María cooperó libremente con Dios durante toda su vida.

La primera lectura del profeta Isaías parece cantar desde el alma de María: “Desbordo de gozo en el Señor y me alegro con mi Dios, porque me ha vestido con vestiduras de salvación”. María es la mujer revestida de gracia, la humilde esclava del Señor en quien Dios hizo maravillas. En ella vemos lo que Dios puede hacer cuando encuentra un corazón limpio, disponible y fiel.

Isaías habla también de una descendencia bendecida por el Señor. Y en María esa promesa alcanza una belleza particular: por medio de ella viene al mundo Jesucristo, el Bendito por excelencia, el Salvador. María no se guarda a Jesús para sí. Lo ofrece al mundo. Su corazón materno se abre a todos los hijos que Jesús le confiará desde la cruz.

El salmo, tomado del cántico de Ana, nos ayuda a comprender todavía más el corazón de María: “Mi corazón se regocija en el Señor”. Ana canta porque Dios levanta al débil, sostiene al pobre, da vida, enaltece al humilde. Ese canto anticipa el Magníficat de María. El corazón de María es un corazón que sabe que Dios actúa en la pequeñez, que no abandona a los pobres, que derriba las falsas seguridades y levanta a los humildes.

Pero el corazón de María no solo conoció el gozo. También conoció la espada del dolor. Lo vemos en la búsqueda angustiosa del Niño en Jerusalén. Lo veremos más tarde al pie de la cruz. Allí, María contempla a su Hijo entregando la vida por la salvación del mundo. Allí, Jesús le dice al discípulo amado: “Ahí tienes a tu madre”. Y en Juan está representada toda la Iglesia. Desde entonces, María es Madre de los creyentes.

Por eso, el Inmaculado Corazón de María no es un corazón lejano. Es un corazón materno que sigue amando a los hijos de Dios. Ella no reemplaza a Cristo; nos conduce a Él. No ocupa el lugar del Salvador; nos enseña a recibirlo. No distrae nuestra fe; la purifica y la orienta hacia Jesús.

Hoy podemos preguntarnos: ¿qué guardamos nosotros en el corazón? A veces guardamos heridas, resentimientos, tristezas, miedos, preocupaciones o recuerdos que nos pesan. María nos enseña a guardar de otra manera: no guardarlo todo como quien acumula dolor, sino como quien pone la vida delante de Dios y deja que su gracia la transforme.

También nosotros, como María y José, muchas veces buscamos a Jesús con angustia. Lo buscamos en medio de pruebas, enfermedades, fracasos, silencios, dudas, cansancios y oscuridades. El Evangelio nos recuerda que Jesús está en las cosas del Padre. Para encontrarlo hay que volver al templo, volver a la oración, volver a la Palabra, volver a la Eucaristía, volver al corazón de Dios.

Celebrar el Inmaculado Corazón de María es pedir un corazón más parecido al suyo: limpio para amar, humilde para obedecer, fuerte para sufrir, atento para escuchar, generoso para servir y fiel para seguir a Cristo hasta el final.

Que María nos ayude a no vivir superficialmente la fe. Que nos enseñe a meditar la Palabra, a conservarla en el corazón y a descubrir la presencia de Dios incluso cuando no comprendemos todo. Que su Corazón Inmaculado interceda por nosotros, por la Iglesia y por el mundo entero, para que el amor misericordioso de Cristo llegue a todos.

Inmaculado Corazón de María, ruega por nosotros. Amén.

 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Gracias por visitar mi blog, Deje sus comentarios que si son hechos con respeto y seriedad, contestaré con mucho gusto. Gracias. Bendiciones




13 de junio del 2026: El Inmaculado Corazón de Santa María Virgen-Memoria obligatoria

  Guardar la Palabra en el corazón (Lucas 2,41-51) En esta memoria del Inmaculado Corazón de María, el Evangelio nos lleva a Jerusalén, d...