lunes, 6 de septiembre de 2021

6 de septiembre del 2021: lunes de la vigésima tercera semana del tiempo ordinario

 

(Colosenses 1, 24 - 2, 3.) Hasta nuestro último aliento, alguien necesitará ser amado a la manera de Cristo. Así es como, gracias a nosotros, a pesar de nuestra debilidad, continúa la obra de salvación.



Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (1,24–2,3):

Ahora me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado ministro, asignándome la tarea de anunciaros a vosotros su mensaje completo: el misterio que Dios ha tenido escondido desde siglos y generaciones y que ahora ha revelado a sus santos. A éstos Dios ha querido dar a conocer la gloria y riqueza que este misterio encierra para los gentiles: es decir, que Cristo es para vosotros la esperanza de la gloria. Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para que todos lleguen a la madurez en su vida en Cristo: ésta es mi tarea, en la que lucho denonadamente con la fuerza poderosa que él me da. Quiero que tengáis noticia del empeñado combate que sostengo por vosotros y los de Laodicea, y por todos los que no me conocen personalmente. Busco que tengan ánimos y estén compactos en el amor mutuo, para conseguir la plena convicción que da el comprender, y que capten el misterio de Dios. Este misterio es Cristo, en quien están encerrados todos los tesoros del saber y el conocer.

Palabra de Dios

 

 

Salmo

Sal 61,6-7.9

R/. De Dios viene mi salvación y mi gloria


Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré. R/.

Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio. R/.

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas (6,6-11):

Un sábado, entró Jesús en la sinagoga a enseñar. Había allí un hombre que tenía parálisis en el brazo derecho. Los escribas y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo.
Pero él, sabiendo lo que pensaban
, dijo al hombre del brazo paralítico: «Levántate y ponte ahí en medio.» Él se levantó y se quedó en pie.
Jesús les dijo: «Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir?»
Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo al hombre: «Extiende el brazo.»
Él lo hizo, y su brazo quedó restablecido. Ellos se pusieron furiosos y discutían qué había que hacer con Jesús.

Palabra del Señor

 

 

Un sábado, entró Jesús en la sinagoga a enseñar. Había allí un hombre que tenía parálisis en el brazo derecho. Los escribas y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo.
Pero él, sabía lo que pensaban…

 

Lucas 6: 6-8

 

 

Jesús tenía un don. Por supuesto, tenía todos los buenos dones a la perfección. Pero en el evangelio de hoy, vemos cómo uno de los dones de Jesús se manifiesta, y es que Jesús podía darse cuenta de las intenciones de las personas con las que se encontraba a diario.

 

Normalmente, solo podemos conocer las intenciones de los demás si nos dicen sus intenciones. No podemos leer mentes y corazones. Pero nuestro Señor pudo. Tenía la habilidad divina de leer cada alma y conocer cada corazón. Por eso, cuando alguien se le acercaba con gran fe, él lo sabía. Y cuando alguien se le acercaba con malas intenciones, él lo sabía.

 

Cuando Jesús percibió las malas intenciones de los escribas y fariseos, usó ese conocimiento para manifestar sus intenciones. Tenían la intención de encontrar una razón para acusar a Jesús, así que Él les dio una. Jesús curó a un hombre con una mano seca en sábado, y los escribas y fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo.


 Pensaban que los milagros eran violaciones de la ley del reposo sabático. Jesús sabía que ellos aplicarían su lógica retorcida a esta curación milagrosa, y sabía que se enfurecerían con Él debido a su envidia. Entonces, en cierto sentido, Jesús los provocó para que lo que estaba en sus corazones saliera para que lo vieran.

 

Todas nuestras intenciones y pensamientos interiores son conocidos por Dios y deben manifestarse ante nosotros en la presencia de Dios. Al provocar a los escribas y fariseos en la caridad, Jesús los obliga a afrontar lo que había dentro de ellos. Tuvieron que elegir entre continuar por el camino de la envidia o darse cuenta de la estupidez de sus pensamientos interiores. Lamentablemente, para los escribas y fariseos, parece que muchos de ellos se endurecieron más en su pecado. Pero esta era una elección que solo ellos podían tomar.

 

Reflexiona hoy sobre tus propias intenciones y pensamientos interiores. ¿Por qué haces las cosas que haces? ¿Qué motivaciones ocultas hay en tu corazón? ¿Hay alguna persona o situación en la que te encuentres que te obsesione interiormente con la ira? ¿O es la verdadera caridad que reside dentro de ti y es la fuente de tus acciones? ¿Existe una fe profunda? ¿Una esperanza sobrenatural? ¿O es principalmente algún pecado con el que luchas? Has de saber que Jesús conoce tu corazón, y quiere que tú también veas claramente las cosas escondidas en tu corazón. Quiere que veas tus intenciones tan claramente como Él las ve. Permítele que te revele lo más profundo de tu corazón para que puedas alejarte de los pecados que encuentres y regocijarte en las virtudes por las que vives.

 

 

Mi glorioso Señor, tú conoces todos los pensamientos y exploras las profundidades de cada corazón. Tú me conoces, Señor, de principio a fin. Por favor, abre mis ojos para ver lo que está dentro de mí para que pueda discernir las malas intenciones que tengo y regocijarme en las virtudes que me has dado. Que esté siempre atento a Ti, querido Señor, para que tome conciencia de todo lo que Tú deseas revelarme. Jesús, en Ti confío.

sábado, 4 de septiembre de 2021

5 de septiembre del 2021: 23 Domingo del Tiempo Ordinario (B)


Ábrete!

La sordera y el mutismo no siempre son físicos; ellos también pueden afectar lo espiritual, al corazón. Es en este plan que Jesús se sitúa cuando dice "Ábrete!. Él nos invita a salir de nosotros mismos,  a derribar muros, barreras, a  ir más allá de nuestras "fronteras".




EVANGELIO   
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 7, 31-37

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron a un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó le lengua: Y mirando al cielo, suspiró y le dijo:
-- Effetá (esto es, "ábrete").
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia proclaman ellos. Y en el colmo del asombro decían:
-- Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

Palabra del Señor



A guisa de introducción:

Qué vemos, qué escuchamos?

Actualmente las noticias y diarios nos reportan los muertos y heridos por inundaciones y terremotos, nos hablan de la gran crisis migratoria en Europa. Escuchamos noticias de las consecuencias del COVID...  Los problemas de inseguridad en las distintas ciudades, las masacres y asesinatos de hermanos y hermanas ...  Yo personalmente me pregunto qué relevancia tiene para nosotros las noticia de estos sucesos?…Mismo nosotros que nos decimos creyentes, con fe, llevamos estos sufrimientos de otros hermanos a la oración? Nos preguntaremos si podremos hacer algo más que quedarnos como simples espectadores lacónicos, tímidos y paralizados ante las pantallas o bien podemos pensar en hacer algo y aportar una solución?

Acaso no seremos más dados a interesarnos más por las noticias frívolas, la farándula, el deporte y el fútbol especialmente?

Esto muestra como lo diremos en esta reflexión, qué tan selectivos somos en lo que escuchamos y vemos no solo por querer personal sino porque los medios de comunicación nos imponen y comunican lo que ellos solo quieren…

De ahí la importancia de saber lo que leemos, lo que escuchamos, filtrar y alimentarnos de lo que enriquece el alma (y no lava el cerebro como dirían los necios).

Por qué seremos tan sordos, tan selectivos de manera negativa en lo que escuchamos? …Por qué se nos pasan las horas hablando sandeces y utilizando la lengua para juzgar, para denigrar de los otros (sin mirar la propia paja antes de mirar la ajena) y nos privamos de crecer personalmente, hacer grandes a los otros y construir una sociedad, un mundo más humano, justo y feliz?  ¿Por qué?  Simple y llanamente porque la mayor parte del tiempo, Dios no está presente en nuestros diálogos, en nuestra comunicación, en nuestras palabras…Preferimos llenarnos de perjuicios, alimentarnos de las mentiras que mil veces repetidas (por los periodistas, los foristas malintencionados, los soberbios y necios que abundan por todo lado) las asumimos como verdades…

Estar con Dios y confiarse a Él es la garantía de poder ser escuchados y hablar como debe ser…

Este domingo la lección a aprender es fácil: dejarnos llevar aparte por Jesucristo, dejarnos impulsar por su Espíritu que está siempre presto a empujarnos y hablarnos al oído y así poder escuchar su Palabra de Vida,  dejar meter sus dedos en nuestra lengua para desenredarla, purificarla y hacernos comunicadores de su amor y su ternura.

Esta sanación (signo o milagro) del sordomudo, revela la SALVACIÓN que Dios ofrece a todos los humanos. Jesús nuestro Salvador ha venido para establecer la comunicación entre Dios y nosotros.

Jesús nos dice a todos y a cada uno  de nuevo “Effata”, ábrete, despliega todos tus sentidos y compromételos en la construcción del mundo nuevo mientras esperas mi segunda venida.


Por los sacramentos que son acciones concretas y bien sensibles, el Señor nos toca, nos habla y nos sana hoy... 



Aproximación psicológica y política al texto del Evangelio

Realización personal y justicia social

Leía una frase esta semana que decía “uno no será libre mientras haya un esclavo” o en otras palabras “No hay libertad para nadie cuando alrededor alguien permanece esclavo”.  Cuando hay todavía muestras o brotes de esclavitud, esto quiere decir que no hay “Justicia social” en el sentido pleno de la palabra. 

En la Biblia, la presencia de la injusticia social llevaba a Job (el paciente, el santo, como muchos le llamamos) a dudar, sino de la existencia de Dios al menos de su sabiduría…Si existía, entonces no era tan inteligente:

Job se queja de que Dios es indiferente ante la maldad.  Puesto que no son ocultos los tiempos al Todopoderoso,  ¿Por qué los que le conocen no ven sus días?  (Job 24).

A la luz del conjunto de la Revelación, este reclamo parece justificado, puesto que Dios ha efectivamente definido su intervención en la historia en términos de salvación para los oprimidos y los alienados de todo tipo.

En efecto, la gran corriente profética nos muestra muy claramente que Dios ha unido de manera indisoluble la pareja justicia social y liberación personal. En este sentido, veamos un texto extraído de Isaías:

Ciertamente, un rey reinará con justicia,
Y príncipes gobernarán con rectitud.
Cada uno será como refugio contra el viento
Y un abrigo (amparo) contra la tormenta,
Como corrientes de agua en tierra seca,
Como la sombra de una gran peña en tierra árida.
No se cegarán entonces los ojos de los que ven,
Y los oídos de los que oyen escucharán.  

El corazón de los imprudentes discernirá la verdad,
Y la lengua de los tartamudos se apresurará a hablar claramente…

(Isaías 32,1-4).

La situación que Dios entrevé, entonces,  es la siguiente: ”hombres y mujeres protegidos “por la justicia” y “por el derecho (O “rectitud”)   (…) contra el viento y “contra la tormenta” de los egoísmos y de las opresiones individuales y colectivas, de los hombres y mujeres realizados, satisfechos, con el ojo abierto y el oído atento  y con el corazón ávido de comprender, y capaces de expresarse…

He aquí descrito el sueño de Dios, en términos sorprendentes por su actualidad política y sicológica. El  liberador que Dios anuncia y envía, inicia la empresa o tarea a su manera para realizar este sueño, de una parte echando por tierra un poder religioso fuertemente opresor (a nivel político), y por otro lado haciendo a las personas amantes de la justicia, del derecho (a nivel sicológico).

Pero por razones que permanecen misteriosas, la realización de este sueño de liberación total se convierte en un proceso o camino que tomará mucho tiempo, será a largo término.

Cada uno de los evangelistas dice a su manera, nos muestra que el proceso ha comenzado con Jesús, y este es el sentido del presente relato de la curación del sordo mudo.

Tres capítulos después del pasaje citado más arriba. Isaías evoca de nuevo el proyecto de liberación de Dios, en un contexto político, aquel de la liberación del exilio en Babilonia y en términos psicológicos:  

Entonces se abrirán los ojos de los ciegos,
Y los oídos de los sordos se destaparán.
El cojo entonces saltará como un ciervo,
Y la lengua del mudo gritará de júbilo, 
(Isaías 35,5-6)

Marcos presenta en Jesús al gran agente de esta liberación total, reportando la curación del sordo mudo, en términos que reenvían directamente a Isaías. (Ejemplo: el adjetivo “hablaba apenas”  o “con dificultad” no se encuentra que dos veces en la Biblia griega, ya sea aquí, en Marcos 7,32, y la otra en Isaías 35,6).

El combate que Jesús ha sostenido y que ha dejado como legado a sus discípulos, ésta responsabilidad de continuar, debe entonces ser conducida de frente en el plano político como en el plan psicológico. Y cuando somos tentados de disociar esta pareja, realización personal y liberación social, es bueno escuchar a Jesús advertirnos de no separar lo que Dios ha unido!





Reflexión Central :

"Abrirse"  o   ser  prisionero de su cuerpo?



Los textos bíblicos que nos presenta este 23º domingo ordinario, podrían resumirse en una sola palabra; “ábrete”. Y antes que nada ÁBRETE A LA ESPERANZA. A veces tenemos la impresión que el mal siempre se impone, que el hombre es un eterno condenado al sufrimiento y que mañana será  aun mucho peor que hoy. Y de manera inconsciente nos decimos “no hay nada que hacer”, “Nada ganamos con preocuparnos o hacer algo que al final de cuentas será irrelevante…”Y ahí es cuando aparecen los mecanismos de defensa, nos decimos “falsas verdades”: ”ser caritativo no paga”, “no hay que patrocinar la mendicidad”, “es prohibido dar limosna”; “si está en la calle es un delincuente”…nos alienamos, llenando nuestro tiempo y nuestra mente con chats, conversaciones o discusiones irrelevantes, visualizaciones de emisiones light, de series fantásticas y bodrios que nada bueno construyen…

Pero he aquí que tenemos la respuesta, la invitación del profeta Isaías en la primera lectura: “«Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará.»

No podemos, ni debemos equivocarnos sobre el sentido de estas palabras. Nosotros tendemos a pensar en la venganza contra aquellos que nos hacen mal como “dulce” o como dicen los franceses “un plato que se come frío”. Aquí no se trata de esto. El profeta no habla de venganza contra los hombres sino contra el mal. Él anuncia la victoria del amor de Dios contra el odio, la violencia. Es un estimulo, una fuerza motivadora para aquellos que han vivido entre el miedo. La revancha de Dios es suprimir el mal, hacer de tal modo que los ciegos vean y los sordos escuchen. La buena noticia es este amor infinito de Dios por toda la humanidad. Y es a esta esperanza que hemos de abrirnos.

La Carta de Santiago (2ª lectura) nos aporta una luz nueva cobre esta Buena Noticia: ella nos invita a reaccionar contra ciertas actitudes que son contrarias al Evangelio. Nosotros hablamos de igualdad y fraternidad, pero nos dejamos encandilar, enceguecer por todo aquello que brilla. Durante este tiempo, los pobres son dejados de lado. El apóstol nos recuerda que no debemos hacer “diferencia entre nosotros”. No es el dinero ni la pobreza que constituyen el valor de una persona sino la fe. La fe es la acogida de Dios en toda nuestra vida. Él No está contra nadie. Si queremos estar en comunión con Él es necesario que seamos abiertos y acogedores para con todos, mismo si ellos son diferentes. Esta precisión de Santiago se dirige también hoy a nosotros. Se trata de tener la misma mirada de Dios sobre todos aquellos que nos rodean.

En el Evangelio vemos a Jesús en pleno territorio pagano. Él no lo piensa dos veces y sale más allá de las fronteras de Israel. Es una forma de decir que la Buena Noticia no está reservada solo  a algunos sino al mundo entero. Lo hallamos aquí entonces en medio de todo ese mundo que no tiene oídos  para escuchar la Palabra de Dios ni boca para proclamar sus alabanzas. Como sus ídolos, ellos “tienen una boca y no hablan…orejas y no escuchan”  (Salmo 113). Vemos como el evangelio nos revela una lamentable ilustración de este mundo pagano: un sordo mudo es llevado ante Jesús.

Cuando uno lee los evangelios por primera vez, se sorprende de ver varias curaciones y variados milagros, así como por el clima maravilloso que reina al momento de suceder el signo. Por lo tanto, a la larga, al momento de releer, uno se da cuenta que los relatos de milagros no son muchos. Uno encuentra los mismos relatos en un evangelio y otro con ligeras variantes.

Finalmente, los evangelistas cuentan pocas curaciones, algunas decenas…

Hoy Marcos, nos hace el relato de un sordomudo que es conducido para que vea a Jesús. Él es probablemente mudo debido a su sordera. Para estar en esta condición, poca cosa habría bastado: una herencia genética deficiente, un choque o una caída, una otitis mal tratada. Basta con mirar un niño para comprender la enorme dificultad que se experimenta para arribar a decir lo que se escucha.

Cuántas veces es necesario escuchar y cuántos ensayos son requeridos  para llegar a reproducir en su boca el sonido escuchado!  (que lo digamos también quienes hemos estudiado lenguas) Para los pequeños bebes es muy largo el tiempo antes que pueda hacer realidad el sonido articulado. Es necesario ubicar bien la lengua, mover las mejillas, cerrar los labios, todo a la vez que se abre la boca y se lanza un respiro. Y cuando por primera vez se reconoce la palabra: papá o mamá (oh qué maravilla!), yo no conozco padres que no hayan derramado al menos una lagrima luego de esta primera victoria de su bebé sobre el sonido articulado.

La relación con nuestro cuerpo es algo extraordinario. El cuerpo no es una parte de nuestro ser. El cuerpo, somos nosotros. Si yo me tropiezo y me lastimo, soy yo quien siente dolor. El cuerpo y el alma no son dos partes separadas e independientes. El cuerpo es la dimensión carnal de mi alma. Mi alma es la dimensión espiritual de mi cuerpo. Mi cuerpo soy yo. Pero al mismo tiempo es necesario que yo aprenda a habitar mi cuerpo. Pasa mucho tiempo antes que la persona tome posesión de su cuerpo, haga cuerpo con su cuerpo (haga cuerpo de su cuerpo), si se permite el pleonasmo.  El cuerpo permanece pesado, lento, opaco, y es necesario un enorme trabajo en sí mismo para hacer de su cuerpo un instrumento de luz y de expresión.

Es así como un niño requiere años de trabajo para aprender a controlar sus esfínteres (y por lo tanto tenemos esto de común con los mamíferos), para caminar, permanecer de pie, correr, hablar.

Hablar es muy complicado puesto que se requiere a la vez dominar el sonido y agarrar la dinámica y la construcción del lenguaje: poner juntos un sujeto, un verbo, un complemento, a veces un adjetivo y un adverbio.

Diferenciar lo masculino de lo femenino, distinguir entre el singular y el plural, el pasado, el presente, el pluscuamperfecto y el futuro…

Para llegar a ser un bailarín o digamos un patinador, se necesitan varios años de trabajo. La misma cosa si uno quiere ser músico o cantante. En este sentido, hay una distancia entre sí mismo  y su cuerpo, entre la persona que es su cuerpo y la capacidad para el cuerpo de servir como vehículo de todo lo vivido por la persona. Algunos se sienten dando manotazos, otros se sienten bien.

Dentro de este contexto, se puede decir que nuestros sentidos son puertas abiertas al mundo. El ojo permite ver, percibir la luz y en consecuencia nos proporciona un instrumento formidable para conducirnos y tener control-dominio del espacio. Por lo tanto, personas ciegas llegan a desenvolverse bien en el espacio, a pesar de no poder ver. Pero para nosotros, en general, ser privado de los ojos, es como tener una casa con una ventana  que permanecería siempre cerrada y escondida tras unas sábanas opacas. Es lo mismo que ocurre con la oreja que percibe el mundo según su dimensión sonora…Y así con cada sentido: del ojo, de la oreja, de la nariz, de la boca, de la piel. Los sentidos nos informan sobre el mundo exterior. Ellos nos transmiten informaciones  y experiencias, nos permiten aprender, experimentar o tener placer, de actuar en consecuencia o en respuesta, de tener experiencias. El parapléjico se ve privado de experiencias importantes. Lo mismo le ocurre al cojo, al manco. Esto no quiere decir que las personas privadas de uno o varios sentidos sean desgraciados o infelices. Por suerte, las personas llamadas hándicaps tienen una facultad de adaptación y de superación extraordinarios (algunos, con todos los sentidos completos,  ya les gustaría tener ese coraje). Ellos aprenden a vivir con sus limitaciones, a integrarse, a superarse, desarrollando otros aspectos de su personalidad. Pero lo que importa, y lo que queda, el ideal es poder estar en posesión de todos sus sentidos..

Es por ello, me parece, que los profetas del Antiguo Testamento insisten siempre en decir que cuando Dios vendrá para librar su pueblo, los sordos escucharan, los ciegos verán,   los cojos saltaran como cabritos…La era mesiánica significara la curación de todos los hándicaps. La era mesiánica le dará al ser humano la plenitud de su vida. Y es por esto que los milagros de Jesús insisten en estas curaciones de ciegos, de sordos, de mudos, de paralíticos. Son milagros simbólicos de la condición humana misma.  Lo repito: nuestros sentidos son ventanas abiertas al mundo. Pero espiritualmente, nuestros sentidos están atrofiados. Nosotros vemos sin ver, oímos sin escuchar, caminamos sin ir a algún lado. El salmo 113B (115) se complace en esta crítica sarcástica de los ídolos:

tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen;
tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan;
no tiene voz su garganta.

Las curaciones que Jesús realiza procura a las personas concretas un bienestar esperado. Pero sobre todo, ellos simbolizan la curación espiritual de la humanidad en su búsqueda de la vida en plenitud…

Qué concluir de todo esto? Una lección que atraviesa tanto el evangelio de Marcos como los otros: Jesús cura, sana nuestros sentidos. Libera los prisioneros que nosotros somos, prisioneros de su cuerpo enfermo. Quizás nosotros somos sensuales a nivel primario. Nuestra vista es buena y nuestro olor, y nuestra escucha. Nuestro sexo puede pagarse todos los fantasmas. Igualmente este es un mercado muy importante (que lo digan los adictos a la pornografía, al proxenetismo o la prostitución) . Espiritualmente, nuestros sentidos están atrofiados…Engullidos en la dimensión estrictamente carnal de la existencia, ellos son poco despiertos  a otras dimensiones. Es de este hándicap  que Jesús nos cura. Quien escucha su palabra abre sus sentidos a la dimensión espiritual de su presencia. Entonces nuestros ojos se iluminan, nuestros ojos se abren, nuestras manos palpan.

Es interesante notar los gestos realizados por Jesús. Uno le pide imponer las manos. Jesús lleva la persona hándicap aparte, le introduce los dedos en los oídos, después toma saliva y le toca la lengua. Si alguien hiciera eso hoy, se le iniciaría un proceso jurídico. Pero se entendía en las costumbres de la época, ya que se pensaba que un medico debía luchar contra la enfermedad extendiendo su cuerpo sano contra el órgano enfermo. Para la gente de esta época, el contacto físico de una parte sana con una parte enferma podía aportar la sanación.

Después de esto, el texto dice que Jesús elevó los ojos al cielo. Es un momento solemne de imprecación. Después él suspira, lo que parece manifestar estrés o un momento incomodo (pero también podíamos interpretarlo como efusión del Espíritu), después Él dice “effata”, es decir, ábrete.

Volvamos  a mirar los gestos: imposición de las manos, puesta aparte, dedo en la oreja, saliva en la lengua, effata. Estos son, todavía casi los mismos gestos del bautismo. Uno como ministro, no se atreve ya más a poner la saliva. Pero uno puede tocar las orejas, la nariz, los labios. El bautizado es liberado de  sus trabas, de lo que lo obstaculiza y puede saborear a Dios profundamente, a través de todos los sentidos.

Esto es justamente la liturgia. No es una acción solamente intelectual, cerebral. Es algo de ver, de escuchar. Esto son los gestos, los vestidos, las procesiones, los ritos, un espacio sagrado, los cantos, el incienso, la palabra, el pan y el vino, un beso de paz, un estrechón de manos. La liturgia es la oración que toma cuerpo, son los sentidos que se abren a Dios.

Es usted prisionero de su cuerpo?  Yo lo confieso que lo fui por mucho tiempo. Un día, muy joven, desde la edad de 33 años, fui ordenado sacerdote, y me he visto obligado a aprender a celebrar la Eucaristía ante la gente. La liturgia ha sido para mí un bello proceso de sanación y maduración.

Es esta sanación que Jesús nos aporta, variable, de acuerdo a cada uno. En la liturgia, Dios se hace perceptible a nuestros sentidos, Nuestra relación con nuestro cuerpo es compleja. Es difícil aprender a estar bien en su cuerpo, "a sentirse confortable en su piel" ("se sentir bien dans sa peau", dicen los franceses) . Es formidable aprender que el Cuerpo lleva a Dios.

En este día hagamos nuestra esta oración:

“Abre mis ojos Señor a las maravillas de tu amor, yo soy el ciego del camino, cúrame, yo quiero verte.

Haz que yo escuche, Señor, todos los días a mis hermanos que me suplican. A su sufrimiento y a sus llamados, que mi corazón no sea sordo”…Amén!



 Referencias:


http://ciudadredonda.org

HÉTU, Jean-Luc. Les Options de Jésus

http://dimancheprochain.org



BEAUCHAMP, André. Comprendre la parole, année C. Novalis, 2007. Québec 

jueves, 2 de septiembre de 2021

2 de septiembre del 2021: jueves de la vigésima segunda semana del tiempo ordinario

 

(Lucas 5, 1-11) Jesús le pide a Simón que detenga su trabajo. Incluso cansado de una infructuosa noche de pesca, el apóstol accede a responder a su llamado. A Dios le encanta ser escuchado en el centro de todas estas pequeñas interrupciones en la vida diaria. Tomemos el tiempo para escucharlo.




Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (1,9-14):

Desde que nos enteramos de vuestra conducta, no dejamos de rezar a Dios por vosotros y de pedir que consigáis un conocimiento perfecto de su voluntad, con toda sabiduría e inteligencia espiritual. De esta manera, vuestra conducta será digna del Señor, agradándole en todo; fructificaréis en toda clase de obras buenas y aumentará vuestro conocimiento de Dios. El poder de su gloria os dará fuerza para soportar todo con paciencia y magnanimidad, con alegría, dando gracias al Padre, que os ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

Palabra de Dios

 

 

Salmo

Sal 97,2-3ab.3cd-4.5-6

R/.
 El Señor da a conocer su victoria

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.

Tocad la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. R/.

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas (5,1-11):

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.»
Simón contestó: «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»
Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Palabra del Señor


Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»


Lucas 5: 8

 

 

Considere cuidadosamente esta acción conmovedora de Simón Pedro. Jesús acababa de comenzar Su ministerio público, sanando a la suegra de Simón como uno de Sus primeros milagros. Después de eso, Simón fue testigo de cómo Jesús sanaba a muchos otros enfermos y echaba fuera muchos demonios. Y luego, poco después de estos milagros iniciales, Jesús se subió a la barca de Simón y le indicó: «Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.»
Tan pronto como Simón obedeció, pescó tantos peces que necesitaron un segundo bote para venir a ayudarlos. La respuesta de Simón a este milagro adicional se nos dice enseguida.

 

En este pasaje suceden tres cosas. Primero, “Simón Pedro vio esto…” Y aunque él vio esto, literalmente con sus ojos, deberíamos ver su “ver” como algo aún más profundo. Simón Pedro vio no solo el mejor día de pesca que había tenido. Vio la gracia de Dios obrando a través de Jesús y se sintió profundamente conmovido interiormente por lo que vio. Jesús usó lo que fue una de las partes más centrales de la vida de Simón Pedro (la pesca) para manifestar Su poder divino. En cierto sentido, Jesús le llevó esta lección a Simón, usando la pesca como fuente de su lección.

 

En segundo lugar, la respuesta de Simón fue perfecta. Al constatar este milagro divino, Simón inmediatamente se dio cuenta de su pecado. Aunque no sabemos cuál fue el pecado de Simón, está claro que este encuentro con nuestro Señor lo llevó a recordar inmediatamente de qué era culpable. Quizás había luchado con algún pecado habitual en curso durante años, o quizás había hecho algo de naturaleza grave que todavía lo perseguía. Pero todo lo que sabemos es que el encuentro de Simón con este milagro tan poderoso y personal lo llevó a tomar conciencia de su pecado.

 

En tercer lugar, Simón cae de rodillas a Jesús y le dice al Señor que se aparte de él. Y aunque la misericordia de Jesús es tan grande que Jesús nunca se apartaría de él, Simón no solo es consciente del hecho de que no es digno de estar en la presencia de Jesús, sino que también manifiesta esta convicción a través de su humilde acción de arrepentimiento. 

 

¿Qué hace Jesús? Él dijo: "No temas ..." Y cuando estos nuevos discípulos llegaron a la orilla, "lo dejaron todo y lo siguieron".

 

Cada uno de nosotros debe encontrar a nuestro Señor de la misma manera. Debemos ver a Jesús. Debemos estar profundamente atentos a Él. Debemos reconocer Su presencia, escuchar Su voz y ver Su acción en nuestra vida. Si esto se hace bien y mediante la fe, entonces nuestro encuentro personal con nuestro Señor iluminará el pecado del que debemos arrepentirnos. Esto no es para que permanezcamos en la culpa y la vergüenza; más bien, es para que también podamos humillarnos ante Jesús y reconocer que no somos dignos de Él. Cuando esta humilde admisión se haga bien, podemos estar seguros de que Jesús también nos dirá: "No temas". Sus palabras de consuelo para nosotros deben ser respondidas con la misma elección que hicieron Simón y los demás. Debemos estar listos y dispuestos a dejar todo atrás para seguirlo.

 

Reflexione hoy sobre esta imagen de Simón Pedro de rodillas ante Jesús. Vea su humildad y honestidad. Vea su sinceridad y conciencia interior. Y vea su comprensión del poder divino de Jesús ante él. Ore para que usted también vea a nuestro Señor, experimente su pecado, se humille ante Él y lo escuche llamarlo para que lo siga de manera radical y completa dondequiera que Él lo lleve.

 

Mi consolador Señor, manifestaste Tu omnipotente poder a Simón Pedro a través de su actividad diaria ordinaria. Le permitiste ver Tu poder divino en acción. Ayúdame a verte obrando también en mi vida, querido Señor. Y al verte, ayúdame a humillarme ante ti, reconociendo mi indignidad. Mientras lo hago, oro para que también te escuche decirme “No tengas miedo”, para que pueda levantarme y seguirte a dondequiera que me lleves. Jesús, en Ti confío.

miércoles, 1 de septiembre de 2021

1 de septiembre del 2021: miércoles de la vigésima segunda semana del tiempo ordinario

 

(Colosenses 1, 1-8) Estamos muy lejos del entusiasmo de los orígenes de la Iglesia. Nuestra Iglesia hoy parece estar perdiendo fuerza. Y, sin embargo, la Buena Nueva todavía está en ella, lista para brillar. Entonces, ¡un poco de fe! ¡Y sobre todo atrevimiento y creatividad como al principio!




Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (1,1-8):

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y el hermano Timoteo, a los santos que viven en Colosas, hermanos fieles en Cristo. Os deseamos la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre. En nuestras oraciones damos siempre gracias por vosotros a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, desde que nos enteramos de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis a todos los santos. Os anima a esto la esperanza de lo que Dios os tiene reservado en los cielos, que ya conocisteis cuando llegó hasta vosotros por primera vez el Evangelio, la palabra, el mensaje de la verdad. Éste se sigue propagando y va dando fruto en el mundo entero, como ha ocurrido entre vosotros desde el día en que lo escuchasteis y comprendisteis de verdad la gracia de Dios. Fue Epafras quien os lo enseñó, nuestro querido compañero de servicio, fiel ministro de Cristo para con vosotros, el cual nos ha informado de vuestro amor en el Espíritu.

Palabra de Dios

 

 

Salmo

Sal 51,10.11

R/. Confío en tu misericordia, Señor, por siempre jamás


Pero yo, como verde olivo,
en la casa de Dios,
confío en la misericordia de Dios
por siempre jamás. R/.

Te daré siempre gracias
porque has actuado;
proclamaré delante de tus fieles:
«Tu nombre es bueno.» R/.

 

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas (4,38-44):

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella. Él, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose en seguida, se puso a servirles. Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando.
De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios.»
Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías. Al hacerse de día, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese.
Pero él les dijo: «También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado.»
Y predicaba en las sinagogas de Judea.

Palabra del Señor

 

 

al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella. Él, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose en seguida, se puso a servirles

 

Lucas 4: 38–39



Si desea compartir algún mensaje importante con un grupo de personas, primero debe llamar su atención. Esto podría hacerse a través de una variedad de medios, como a través de una personalidad carismática, una historia poderosamente conmovedora, un acto heroico de virtud o cualquier otra cosa que deje a las personas impresionadas o incluso asombradas. Una vez que tenga toda su atención, puede compartir el mensaje que desea compartir. Esto es lo que hizo Jesús en el evangelio de hoy.

 

Jesús comenzó su ministerio público en Nazaret, pero la gente de su ciudad natal lo expulsó de su sinagoga. Por lo tanto, viajó de inmediato unas 20 millas a pie hasta Cafarnaúm, una ciudad al norte del mar de Galilea, donde pasaría gran parte de su tiempo. 

 

En esta primera visita a Cafarnaúm, al comienzo de Su ministerio público, Jesús enseñó en su Sinagoga, expulsó a un demonio y luego fue a la casa de Simón (a quien finalmente se le dio el nombre de Pedro) para realizar Su primera curación física registrada en el Evangelio de Lucas. Curó a la suegra de Simón, que padecía una fiebre intensa. Luego, más tarde esa noche, muchas personas llevaron a Jesús a los enfermos y endemoniados, y Jesús "impuso las manos sobre cada uno de ellos y los curó". Ciertamente llamó su atención. Y a la mañana siguiente Mientras Jesús se preparaba para salir de Cafarnaúm después de esta primera visita durante su ministerio público, la gente trató de convencer a Jesús de que se quedara. Sin embargo, Jesús les dijo: "También a las otras ciudades debo anunciar la buena nueva del Reino de Dios, porque para este propósito he sido enviado".

 

¿Alguna vez ha recibido Jesús toda su atención? Aunque lo más probable es que nunca haya presenciado una curación milagrosa de primera mano ni haya visto a un demonio expulsado de alguien que estaba poseído, Jesús todavía quiere toda su atención. Él quiere que usted esté tan asombrado de Él y tan impresionado por Él que le encuentre buscándolo para ser más plenamente alimentado por Su enseñanza divina.

 

Algunas personas prestan toda su atención a nuestro Señor después de una poderosa experiencia en un retiro. A otros les sorprende un poderoso sermón. Y habrá innumerables otras formas en las que Jesús ha llamado su atención para llenarlo con el deseo de escucharlo y estar con Él. Tales experiencias sientan una base maravillosa por la cual se nos invita continuamente a volvernos a nuestro Señor. Si esta no es una experiencia con la que pueda identificarse, entonces hágase la pregunta "¿Por qué?" ¿Por qué no le ha asombrado nuestro Señor hasta el punto de que lo busque fervientemente para escuchar Su Palabra nutritiva?

 

Reflexione hoy sobre esta forma inicial por la cual nuestro Señor llamó la atención de la gente de Cafarnaúm. Aunque algunos eventualmente se apartarían de Él, muchos se convirtieron en fieles seguidores debido a estas experiencias personales. 

 

Reflexione sobre cualquier forma en que haya encontrado a nuestro Señor poderosamente en el pasado. ¿Ha permitido que esa experiencia se convierta en una motivación constante para buscarlo? Y si no puede señalar tal experiencia, ruegue a nuestro Señor que le dé un impulso interior para desear más de Él y ser alimentado por Su santa Palabra y Su divina presencia.

 

Mi milagroso Señor, sé que deseas toda mi atención en la vida. Y sé que a menudo me distraen muchas cosas que compiten contigo. Dame la gracia que necesito para quedarme tan asombrado por Ti y por Tu acción en mi vida que te busque fervientemente para nutrirme continuamente de Tu santa Palabra y tu divina presencia en mi vida. Jesús, en Ti confío.

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