Modelos
(Mateo 21,28-32) Los publicanos y las
prostitutas son figuras emblemáticas del Evangelio. Rechazados por los
“bienpensantes” de la época, Cristo los pone de relieve como modelos de acogida de la
salvación. ¿Por qué, si no, para indicar que la conciencia de su propia
“miseria” los hizo más
capaces de acoger a Cristo Salvador que la autosuficiencia de
algunos de sus contemporáneos? Por eso, no
tengamos miedo de reconocer nuestros extravíos y de volver a Él,
para vivir la alegría de sabernos salvados
y perdonados.
Emmanuelle Billoteau, ermite
Primera
lectura
La salvación
mesiánica será enviada a todos los pobres
Lectura de la profecía de Sofonías
ESTO dice el Señor:
«¡Ay de la ciudad rebelde,
impura, tiránica!
No ha escuchado la llamada,
no ha aceptado la lección;
no ha confiado en el Señor,
no ha recurrido a su Dios.
Entonces purificaré
los labios de los pueblos
para que invoquen todos ellos
el nombre del Señor
y todos lo sirvan a una.
Desde las orillas de los ríos de Cus,
mis adoradores, los deportados,
traerán mi ofrenda.
Aquel día, ya no te avergonzarás
de las acciones con que me ofendiste,
pues te arrancaré tu orgullosa arrogancia,
y dejarás de engreírte en mi santa montaña.
Dejaré en ti un resto,
un pueblo humilde y pobre
que buscará refugio en el nombre del Señor.
El resto de Israel no hará más el mal,
no mentirá ni habrá engaño en su boca.
Pastarán y descansarán,
y no habrá quien los inquiete».
Palabra de Dios.
Salmo
R. El
afligido invocó al Señor, y él lo escuchó.
V. Bendigo
al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R.
V. Contémplenlo,
y quedarán radiantes,
su rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor, él lo escuchó
y lo salvó de sus angustias. R.
V. Pero el
Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias. R.
V. El
Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él. R.
Aclamación
V. Ven, Señor,
y no tardes, perdona los pecados de tu pueblo, R.
Evangelio
Vio Juan y
los pecadores le creyeron
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
EN aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo:
“Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero”. Pero después
se arrepintió y fue.
Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no
fue.
¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?».
Contestaron:
«El primero».
Jesús les dijo:
«En verdad les digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de
ustedes en el reino de Dios. Porque vino Juan a ustedes enseñándoles el camino
de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y prostitutas le
creyeron. Y, aun después de ver esto, ustedes no se arrepintieron ni le
creyeron».
Palabra del Señor.
1
En Adviento, Dios no solo nos prepara la cuna de
Belén; nos prepara el corazón. Y hoy la Palabra nos pone un espejo honesto: podemos
hablar muy bonito… y no convertirnos; o podemos venir desde lejos… y volver de
verdad.
1) Sofonías: cuando la
autosuficiencia nos vuelve sordos
El profeta Sofonías lanza una denuncia fuerte: “¡Ay
de la ciudad rebelde… no escuchó la voz, no aceptó corrección, no confió en el
Señor!” (cf. So 3,1-2). Es la radiografía de un alma que se acostumbra a vivir
“sin Dios”, o peor: a vivir “con Dios en la boca” pero sin dejarse corregir.
Sin embargo, Sofonías no se queda en el reproche.
Anuncia algo precioso: Dios purificará los labios, reunirá un pueblo humilde, y
quedará un resto pobre y sencillo que ya no se apoya en la mentira ni en
la arrogancia (cf. So 3,9-13).
Adviento es esto: Dios no viene a premiar a los perfectos; viene a levantar
a los humildes.
2) El salmo: la oración del que
se sabe necesitado
El Salmo 34 repite una certeza que sostiene a los
que luchan: “El Señor escucha el clamor de los pobres”. Cuando uno se
sabe frágil, ora sin maquillaje. Y esa oración —sencilla, verdadera— abre
puertas.
Aquí hay una clave psicológica y espiritual: la
conversión empieza cuando dejamos de justificarlo todo. El que se defiende
siempre, no cambia nunca. El que reconoce su herida, se deja sanar.
3) El Evangelio: el “sí” que Dios
bendice no es de palabra, es de camino
Jesús cuenta la parábola de los dos hijos. Uno
dice: “No quiero”, pero después se arrepiente y va. El otro dice: “Sí,
señor”, pero no va.
Y entonces Jesús suelta una frase que incomoda
porque cura: publicanos y prostitutas —los marginados, los mal vistos—
“van delante de ustedes en el Reino de Dios”, porque creyeron, cambiaron, se
pusieron en camino (cf. Mt 21,28-32).
No es que el pecado sea modelo. El modelo es otra cosa: la capacidad de
regresar. La conciencia de la propia miseria, puede volvernos más
disponibles para recibir al Salvador que la autosuficiencia.
Déjame ponerlo en una imagen sencilla: hay personas
que llevan años diciendo “Señor, Señor”, pero cuando Dios les pide perdonar,
reparar, devolver, pedir perdón, cambiar hábitos… responden con “después”. Y
hay otras que venían quebradas, quizá manchadas, quizá señaladas, pero cuando
escuchan la llamada, dicen con la vida: “voy”.
4) Año Jubilar: “Peregrinos” no
son los que prometen, sino los que caminan
El Jubileo nos recuerda que la fe es peregrinación:
se avanza paso a paso. Hoy Jesús nos pregunta, sin gritos:
¿En qué parte de mi vida digo “sí” pero no voy?
¿Y en qué parte, aun habiendo dicho “no”, puedo arrepentirme y volver hoy
mismo?
El arrepentimiento cristiano no es humillación
estéril; es la puerta de la alegría: ser salvados, ser perdonados,
volver a casa.
5) Intención por los
benefactores: el “sí” hecho obra
Hoy, en nuestra intención orante, damos gracias por
los benefactores. Ellos son un signo concreto de esta parábola cuando su ayuda
no queda en palabras, sino que se vuelve obra, pan, misión,
evangelización, acompañamiento, caridad organizada.
Pidamos por ellos tres cosas:
1. Que el Señor les devuelva con
sobreabundancia lo que
entregan con generosidad.
2. Que su vida sea cada vez más un
“sí” coherente: fe que se hace servicio.
3. Que, si cargan cansancios o
preocupaciones, encuentren en Dios consuelo y alegría: “El Señor está cerca de
los atribulados” (cf. Sal 34).
Para llevar a la vida (tres
compromisos)
- Un
acto de verdad: hoy
nombro ante Dios (sin excusas) una incoherencia: “Señor, aquí digo ‘sí’ y
no voy”.
- Un
paso concreto: una
llamada, una disculpa, una restitución, un gesto de justicia, un cambio de
hábito. Pequeño, pero real.
- Una
obra de gratitud: agradecer explícitamente a un benefactor, y si puedo, convertirme
yo también en benefactor: con tiempo, con ayuda, con oración, con
servicio.
Oración final (breve)
Señor
Jesús, que vienes a salvar y no a condenar,
danos un corazón humilde, capaz de reconocer sus extravíos
y la gracia de levantarnos y volver.
Purifica nuestros labios y nuestras intenciones,
para que nuestro “sí” no sea solo palabra, sino camino.
Te
encomendamos a nuestros benefactores:
bendice sus hogares, su trabajo, sus proyectos y su salud;
dales paz, alegría y esperanza,
y haznos a todos peregrinos coherentes en este Año Jubilar.
Amén.
2
1)
Introducción: Dios no busca palabras bonitas, sino corazones disponibles
En
este Adviento, el Señor no viene a examinar nuestras frases religiosas, sino
nuestra vida. Hoy Jesús nos pone una escena sencilla, casi doméstica: un padre,
dos hijos, una viña… y una pregunta que atraviesa el alma: ¿quién hizo la voluntad del padre?
(cf. Mt 21,28-31).
La respuesta nos revela algo decisivo: Dios no se queda con el “sí” de labios;
Dios mira el “sí” que se vuelve camino.
2)
Iluminación del comentario: “Arrepentirse humildemente y obedecer”
Jesús
habla a los sumos sacerdotes y ancianos: gente correcta, “religiosa”, con
autoridad. Pero los sacude con una frase que humilla el orgullo y levanta la
esperanza: “los publicanos
y las prostitutas entran antes que ustedes en el Reino” (cf. Mt
21,31).
¿Por
qué? Porque aquellos, aunque venían con historias rotas, escucharon, se arrepintieron y empezaron
a obedecer. En cambio, otros dieron “culto de palabras”:
dijeron “sí” a Dios, pero no fueron a la viña.
Esto es una buena noticia: nadie
está fuera del alcance de la misericordia, si se deja tocar por
Dios, se arrepiente y comienza a caminar.
3)
Exégesis pastoral del Evangelio: dos hijos, dos peligros, una esperanza
·
El primer hijo: dice “no”, pero luego
cambia, se arrepiente y va. Su “no” inicial no es ideal… pero su final es
luminoso: la conversión es
posible.
·
El segundo hijo: dice “sí, señor”,
pero no va. Su drama es más fino: parece
obediente, pero vive de apariencias.
Aquí
está el punto: en la vida espiritual, el peligro mayor no siempre es el pecado
escandaloso; a veces es la autosuficiencia
que ya no se deja corregir, que se cree “cumplidora”, que se protege con
discursos.
4)
Primera lectura: Sofonías y el corazón que no escucha
Sofonías
denuncia a la ciudad que “no
escuchó… no aceptó corrección… no confió en el Señor” (cf. So
3,1-2).
Ese es el clima interior del segundo hijo: mucha forma, poca escucha; mucha
seguridad, poca docilidad.
Pero
el profeta abre una ventana de esperanza: Dios formará un pueblo humilde, un “resto” que
no presume, que no se apoya en la mentira, que vuelve a la confianza (cf. So
3,9-13). Ese resto se parece al primer hijo: cayó, se resistió, pero regresó.
5)
Salmo 34: la oración del que se deja rescatar
El
salmo canta: el Señor escucha el clamor del pobre, está cerca del atribulado,
libera de las angustias (cf. Sal 34).
El arrepentimiento humilde no es una derrota: es el lugar donde Dios puede
entrar sin chocar con nuestra soberbia. Cuando uno deja de justificarlo todo,
empieza a respirar: la
conversión es el inicio de la libertad.
6)
Aplicación psicológica y espiritual: el “no” inicial y el hábito
Cuando
Dios nos pide un paso más en santidad, muchas veces la primera reacción es: “¡No!”.
Porque los hábitos pesan; porque hay heridas; porque cambiar cuesta; porque el
Evangelio siempre nos desinstala.
Pero
aquí está la clave: la
primera respuesta cristiana no es la perfección inmediata, sino el
arrepentimiento.
Arrepentirse no es vivir culpables: es aprender un hábito santo, un “volver”
constante. Y con el tiempo, ocurre algo hermoso: lo que al principio parecía
duro se vuelve dulce; el corazón aprende a decir: “Sí, iré”, y
efectivamente va.
7)
Año Jubilar: peregrinos son los que vuelven a ponerse en camino
En
el Jubileo, la Iglesia nos llama Peregrinos
de la Esperanza. Peregrino no es el que promete; peregrino es el
que camina,
aunque sea con pasos pequeños.
Hoy el Señor nos pregunta:
·
¿Soy
de los que dicen “sí” y no van (fe de palabras)?
·
¿O
soy de los que a veces dicen “no”, pero se arrepienten y vuelven (fe que
madura)?
La
esperanza cristiana se alimenta de esto: si
hoy vuelvo, hoy empiezo.
8)
Intención por los benefactores: el “sí” que se hace obra en la viña
Hoy
oramos por los benefactores: quienes sostienen la misión con su oración, su
tiempo, sus recursos, su cercanía. Ellos, muchas veces sin ruido, responden
como quien va a la viña: su
“sí” se vuelve servicio.
Pidamos
que el Señor:
·
los
colme de bendiciones y les devuelva en paz lo que entregan en generosidad;
·
los
proteja de la fatiga, del desánimo y de la ingratitud;
·
y
nos contagie a todos el deseo de ser también benefactores, cada uno según sus
posibilidades.
9)
Compromisos concretos para hoy
1.
Un “sí” verificable: elige una acción
concreta de obediencia (reconciliarte, reparar, servir, ordenar tu vida de
oración).
2.
Un acto de arrepentimiento humilde: confiesa ante Dios un
“sí” solo de palabra.
3.
Un gesto de gratitud: agradece a un benefactor
(mensaje, llamada, oración con nombre propio) y ofrece una obra por él.
10)
Oración final
Señor
Jesús, mi Señor exigente y misericordioso,
cada mandato tuyo es un mandato de amor.
Cuando tu voluntad me cuesta, no permitas que me refugie en palabras bonitas.
Dame un corazón humilde para escuchar, arrepentirme y obedecer.
Bendice a
nuestros benefactores:
sostén su vida, su trabajo y su familia;
hazlos fuertes en la esperanza y alegres en la entrega.
Y a mí,
Señor, enséñame a ir a tu viña hoy,
no mañana, no en teoría: hoy.
Jesús, en Ti confío. Amén.

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