martes, 16 de diciembre de 2025

16 de diciembre del 2025: martes de la tercera semana de Adviento

Modelos

(Mateo 21,28-32) Los publicanos y las prostitutas son figuras emblemáticas del Evangelio. Rechazados por los “bienpensantes” de la época, Cristo los pone de relieve como modelos de acogida de la salvación. ¿Por qué, si no, para indicar que la conciencia de su propia “miseria” los hizo más capaces de acoger a Cristo Salvador que la autosuficiencia de algunos de sus contemporáneos? Por eso, no tengamos miedo de reconocer nuestros extravíos y de volver a Él, para vivir la alegría de sabernos salvados y perdonados.

Emmanuelle Billoteau, ermite



Primera lectura

So 3,1-2.9-13
La salvación mesiánica será enviada a todos los pobres

Lectura de la profecía de Sofonías

ESTO dice el Señor:
«¡Ay de la ciudad rebelde,
impura, tiránica!
No ha escuchado la llamada,
no ha aceptado la lección;
no ha confiado en el Señor,
no ha recurrido a su Dios.
Entonces purificaré
los labios de los pueblos
para que invoquen todos ellos
el nombre del Señor
y todos lo sirvan a una.
Desde las orillas de los ríos de Cus,
mis adoradores, los deportados,
traerán mi ofrenda.
Aquel día, ya no te avergonzarás
de las acciones con que me ofendiste,
pues te arrancaré tu orgullosa arrogancia,
y dejarás de engreírte en mi santa montaña.
Dejaré en ti un resto,
un pueblo humilde y pobre
que buscará refugio en el nombre del Señor.
El resto de Israel no hará más el mal,
no mentirá ni habrá engaño en su boca.
Pastarán y descansarán,
y no habrá quien los inquiete».

Palabra de Dios.

 

Salmo

Sal 34(33),2-3.6-7.17-18.19 y 23 (R. 7a)

R. El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó.

V. Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. 
R.

V. Contémplenlo, y quedarán radiantes,
su rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor, él lo escuchó
y lo salvó de sus angustias.
 R.

V. Pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias. 
R.

V. El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él. 
R.

 

Aclamación

R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Ven, Señor, y no tardes, perdona los pecados de tu pueblo, R.

 

Evangelio

Mt 21,28-32

Vio Juan y los pecadores le creyeron

Lectura del santo Evangelio según san Mateo


EN aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue.
Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue.
¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?».
Contestaron:
«El primero».
Jesús les dijo:
«En verdad les digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de ustedes en el reino de Dios. Porque vino Juan a ustedes enseñándoles el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, ustedes no se arrepintieron ni le creyeron».

Palabra del Señor.

 

 

 

1

 

En Adviento, Dios no solo nos prepara la cuna de Belén; nos prepara el corazón. Y hoy la Palabra nos pone un espejo honesto: podemos hablar muy bonito… y no convertirnos; o podemos venir desde lejos… y volver de verdad.

1) Sofonías: cuando la autosuficiencia nos vuelve sordos

El profeta Sofonías lanza una denuncia fuerte: “¡Ay de la ciudad rebelde… no escuchó la voz, no aceptó corrección, no confió en el Señor!” (cf. So 3,1-2). Es la radiografía de un alma que se acostumbra a vivir “sin Dios”, o peor: a vivir “con Dios en la boca” pero sin dejarse corregir.

Sin embargo, Sofonías no se queda en el reproche. Anuncia algo precioso: Dios purificará los labios, reunirá un pueblo humilde, y quedará un resto pobre y sencillo que ya no se apoya en la mentira ni en la arrogancia (cf. So 3,9-13).
Adviento es esto: Dios no viene a premiar a los perfectos; viene a levantar a los humildes.

2) El salmo: la oración del que se sabe necesitado

El Salmo 34 repite una certeza que sostiene a los que luchan: “El Señor escucha el clamor de los pobres”. Cuando uno se sabe frágil, ora sin maquillaje. Y esa oración —sencilla, verdadera— abre puertas.

Aquí hay una clave psicológica y espiritual: la conversión empieza cuando dejamos de justificarlo todo. El que se defiende siempre, no cambia nunca. El que reconoce su herida, se deja sanar.

3) El Evangelio: el “sí” que Dios bendice no es de palabra, es de camino

Jesús cuenta la parábola de los dos hijos. Uno dice: “No quiero”, pero después se arrepiente y va. El otro dice: “Sí, señor”, pero no va.

Y entonces Jesús suelta una frase que incomoda porque cura: publicanos y prostitutas —los marginados, los mal vistos— “van delante de ustedes en el Reino de Dios”, porque creyeron, cambiaron, se pusieron en camino (cf. Mt 21,28-32).
No es que el pecado sea modelo. El modelo es otra cosa: la capacidad de regresar. La conciencia de la propia miseria, puede volvernos más disponibles para recibir al Salvador que la autosuficiencia.

Déjame ponerlo en una imagen sencilla: hay personas que llevan años diciendo “Señor, Señor”, pero cuando Dios les pide perdonar, reparar, devolver, pedir perdón, cambiar hábitos… responden con “después”. Y hay otras que venían quebradas, quizá manchadas, quizá señaladas, pero cuando escuchan la llamada, dicen con la vida: “voy”.

4) Año Jubilar: “Peregrinos” no son los que prometen, sino los que caminan

El Jubileo nos recuerda que la fe es peregrinación: se avanza paso a paso. Hoy Jesús nos pregunta, sin gritos:
¿En qué parte de mi vida digo “sí” pero no voy?
¿Y en qué parte, aun habiendo dicho “no”, puedo arrepentirme y volver hoy mismo?

El arrepentimiento cristiano no es humillación estéril; es la puerta de la alegría: ser salvados, ser perdonados, volver a casa.

5) Intención por los benefactores: el “sí” hecho obra

Hoy, en nuestra intención orante, damos gracias por los benefactores. Ellos son un signo concreto de esta parábola cuando su ayuda no queda en palabras, sino que se vuelve obra, pan, misión, evangelización, acompañamiento, caridad organizada.

Pidamos por ellos tres cosas:

1.    Que el Señor les devuelva con sobreabundancia lo que entregan con generosidad.

2.    Que su vida sea cada vez más un “sí” coherente: fe que se hace servicio.

3.    Que, si cargan cansancios o preocupaciones, encuentren en Dios consuelo y alegría: “El Señor está cerca de los atribulados” (cf. Sal 34).


Para llevar a la vida (tres compromisos)

  • Un acto de verdad: hoy nombro ante Dios (sin excusas) una incoherencia: “Señor, aquí digo ‘sí’ y no voy”.
  • Un paso concreto: una llamada, una disculpa, una restitución, un gesto de justicia, un cambio de hábito. Pequeño, pero real.
  • Una obra de gratitud: agradecer explícitamente a un benefactor, y si puedo, convertirme yo también en benefactor: con tiempo, con ayuda, con oración, con servicio.

Oración final (breve)

Señor Jesús, que vienes a salvar y no a condenar,
danos un corazón humilde, capaz de reconocer sus extravíos
y la gracia de levantarnos y volver.
Purifica nuestros labios y nuestras intenciones,
para que nuestro “sí” no sea solo palabra, sino camino.

Te encomendamos a nuestros benefactores:
bendice sus hogares, su trabajo, sus proyectos y su salud;
dales paz, alegría y esperanza,
y haznos a todos peregrinos coherentes en este Año Jubilar.

Amén.

 

2

 

1) Introducción: Dios no busca palabras bonitas, sino corazones disponibles

En este Adviento, el Señor no viene a examinar nuestras frases religiosas, sino nuestra vida. Hoy Jesús nos pone una escena sencilla, casi doméstica: un padre, dos hijos, una viña… y una pregunta que atraviesa el alma: ¿quién hizo la voluntad del padre? (cf. Mt 21,28-31).
La respuesta nos revela algo decisivo: Dios no se queda con el “sí” de labios; Dios mira el “sí” que se vuelve camino.

2) Iluminación del comentario: “Arrepentirse humildemente y obedecer”

Jesús habla a los sumos sacerdotes y ancianos: gente correcta, “religiosa”, con autoridad. Pero los sacude con una frase que humilla el orgullo y levanta la esperanza: “los publicanos y las prostitutas entran antes que ustedes en el Reino” (cf. Mt 21,31).

¿Por qué? Porque aquellos, aunque venían con historias rotas, escucharon, se arrepintieron y empezaron a obedecer. En cambio, otros dieron “culto de palabras”: dijeron “sí” a Dios, pero no fueron a la viña.
Esto es una buena noticia: nadie está fuera del alcance de la misericordia, si se deja tocar por Dios, se arrepiente y comienza a caminar.

3) Exégesis pastoral del Evangelio: dos hijos, dos peligros, una esperanza

·        El primer hijo: dice “no”, pero luego cambia, se arrepiente y va. Su “no” inicial no es ideal… pero su final es luminoso: la conversión es posible.

·        El segundo hijo: dice “sí, señor”, pero no va. Su drama es más fino: parece obediente, pero vive de apariencias.

Aquí está el punto: en la vida espiritual, el peligro mayor no siempre es el pecado escandaloso; a veces es la autosuficiencia que ya no se deja corregir, que se cree “cumplidora”, que se protege con discursos.

4) Primera lectura: Sofonías y el corazón que no escucha

Sofonías denuncia a la ciudad que “no escuchó… no aceptó corrección… no confió en el Señor” (cf. So 3,1-2).
Ese es el clima interior del segundo hijo: mucha forma, poca escucha; mucha seguridad, poca docilidad.

Pero el profeta abre una ventana de esperanza: Dios formará un pueblo humilde, un “resto” que no presume, que no se apoya en la mentira, que vuelve a la confianza (cf. So 3,9-13). Ese resto se parece al primer hijo: cayó, se resistió, pero regresó.

5) Salmo 34: la oración del que se deja rescatar

El salmo canta: el Señor escucha el clamor del pobre, está cerca del atribulado, libera de las angustias (cf. Sal 34).
El arrepentimiento humilde no es una derrota: es el lugar donde Dios puede entrar sin chocar con nuestra soberbia. Cuando uno deja de justificarlo todo, empieza a respirar: la conversión es el inicio de la libertad.

6) Aplicación psicológica y espiritual: el “no” inicial y el hábito

Cuando Dios nos pide un paso más en santidad, muchas veces la primera reacción es: “¡No!”.
Porque los hábitos pesan; porque hay heridas; porque cambiar cuesta; porque el Evangelio siempre nos desinstala.

Pero aquí está la clave: la primera respuesta cristiana no es la perfección inmediata, sino el arrepentimiento.
Arrepentirse no es vivir culpables: es aprender un hábito santo, un “volver” constante. Y con el tiempo, ocurre algo hermoso: lo que al principio parecía duro se vuelve dulce; el corazón aprende a decir: “Sí, iré”, y efectivamente va.

7) Año Jubilar: peregrinos son los que vuelven a ponerse en camino

En el Jubileo, la Iglesia nos llama Peregrinos de la Esperanza. Peregrino no es el que promete; peregrino es el que camina, aunque sea con pasos pequeños.
Hoy el Señor nos pregunta:

·        ¿Soy de los que dicen “sí” y no van (fe de palabras)?

·        ¿O soy de los que a veces dicen “no”, pero se arrepienten y vuelven (fe que madura)?

La esperanza cristiana se alimenta de esto: si hoy vuelvo, hoy empiezo.

8) Intención por los benefactores: el “sí” que se hace obra en la viña

Hoy oramos por los benefactores: quienes sostienen la misión con su oración, su tiempo, sus recursos, su cercanía. Ellos, muchas veces sin ruido, responden como quien va a la viña: su “sí” se vuelve servicio.

Pidamos que el Señor:

·        los colme de bendiciones y les devuelva en paz lo que entregan en generosidad;

·        los proteja de la fatiga, del desánimo y de la ingratitud;

·        y nos contagie a todos el deseo de ser también benefactores, cada uno según sus posibilidades.

9) Compromisos concretos para hoy

1.    Un “sí” verificable: elige una acción concreta de obediencia (reconciliarte, reparar, servir, ordenar tu vida de oración).

2.    Un acto de arrepentimiento humilde: confiesa ante Dios un “sí” solo de palabra.

3.    Un gesto de gratitud: agradece a un benefactor (mensaje, llamada, oración con nombre propio) y ofrece una obra por él.

10) Oración final

Señor Jesús, mi Señor exigente y misericordioso,
cada mandato tuyo es un mandato de amor.
Cuando tu voluntad me cuesta, no permitas que me refugie en palabras bonitas.
Dame un corazón humilde para escuchar, arrepentirme y obedecer.

Bendice a nuestros benefactores:
sostén su vida, su trabajo y su familia;
hazlos fuertes en la esperanza y alegres en la entrega.

Y a mí, Señor, enséñame a ir a tu viña hoy,
no mañana, no en teoría: hoy.
Jesús, en Ti confío.
Amén.

 

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