martes, 16 de diciembre de 2025

17 de diciembre del 2025: Feria privilegiada- miércoles de la tercera semana de Adviento

 

Paciencia:

(Mateo 1,1-17) Cada año, la liturgia nos propone la genealogía de Jesús según Mateo, que en el texto griego hace referencia a la Creación (Génesis).

Esto nos indica la nueva creación que se realiza en Cristo y nos invita a contemplar las lentas preparaciones de la Encarnación, la paciencia de Dios que se abre camino en la historia de su pueblo para cumplir su promesa en el momento adecuado.

¿Acaso Dios no actúa de la misma manera en nuestras vidas? ¡Y eso a veces pone a prueba nuestra paciencia!

Emmanuelle Billoteau, ermite

 


Primera lectura

Gn 49,2.8-10

No se apartará de Judá el cetro

Lectura del libro del Génesis.

EN aquellos días, Jacob llamó a sus hijos y les dijo:
«Reúnanse, que les voy a contar lo que les va a suceder en el futuro; agrúpense y escúchenme, hijos de Jacob, oigan a su padre Israel:
A ti, Judá, te alabarán tus hermanos,
pondrás tu mano sobre la cerviz de tus enemigos,
se postrarán ante ti los hijos de tu padre.
Judá es un león agazapado,
has vuelto de hacer presa, hijo mío;
se agacha y se tumba como león
o como leona, ¿quién se atreve a desafiarlo?
No se apartará de Judá el cetro,
ni el bastón de mando de entre sus rodillas,
hasta que venga aquel a quien está reservado,
y le rindan homenaje los pueblos».

Palabra de Dios.

 

Salmo

Sal 72(71),1-2.3-4ab.7-8.17 (R. cf. 110[109],2)

R. En sus días florezca la justicia
y la paz abunde eternamente.


V. Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.
 R.

V. Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre.
 R.

V. En sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra. 
R.

V. Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. 
R.

 

Aclamación

R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Sabiduría del Altísimo, que lo dispones todo con firmeza y suavidad, ven para mostrarnos el camino de la prudencia. R.

 

Evangelio

Mt 1,1-17

Genealogía de Jesucristo, hijo de David

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

LIBRO del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán.
Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zará, Fares engendró a Esrón, Esrón engendró a Arán, Arán engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rajab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed engendró a Jesé, Jesé engendró a David, el rey.
David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón engendró a Roboán, Roboán engendró a Abías, Abías engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Jorán, Jorán engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatán, Joatán engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amós, Amós engendró a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia.
Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliaquín, Eliaquín engendró a Azor, Azor engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Aquín, Aquín engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Matán, Matán engendró a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
Así, las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta el Cristo, catorce.


Palabra del Señor.

 

1

 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

Hoy la Iglesia nos propone una lectura aparentemente dura para el espíritu, una lectura que desafía nuestra paciencia y nuestra fe: la genealogía de Jesús según san Mateo. Un listado de nombres que desfila sin brillo, sin narración heroica, sin drama aparente. Y sin embargo, precisamente ahí —en esa asamblea de nombres— está todo el plan de salvación de Dios, escrito con la paciencia infinita del Señor.

1. Fidelidad divina desde el origen

La primera lectura nos sitúa en un contexto ancestral: Jacob bendice a su hijo Judá, y profetiza que de su linaje nacerá el rey mesiánico. Esta bendición no es un simple discurso familiar, es la primera luz de la promesa de Dios, la primera semilla del Reino que vendrá.

En tiempos históricos esa palabra iba dirigida al pueblo dividido, amenazado, con miedo, tentado de apoyarse en poderes humanos —en alianzas humanas que diluyen la confianza en Dios. Hoy también nosotros vivimos a veces ese mismo dilema: buscar seguridades humanas antes que confiar en la fidelidad de Dios.

La fe no es simplemente creer que Dios existe; es confiar en que Dios cumple lo que promete, aún cuando los tiempos parecen largos, dolorosos, o incluso incomprensibles para nuestra razón limitada. La genealogía de Jesús nos recuerda que Dios actúa en la historia lentamente, a través de generaciones, en medio de fragilidades humanas, de esperas, de silencios, de dolor… y sin embargo fiel.

2. Una genealogía humana para un Dios que se hace carne

San Mateo comienza su evangelio —y aquí está la profundidad teológica de estas lecturas— con una lista de nombres humanos. Abraham, David, Judá, Tamar, Rut… y muchos otros. Algunos nombres nos escandalizan, otros nos son completamente desconocidos. Y sin embargo todos ellos, con sus vidas, alegrías y fracasos, son parte del camino que conduce a Jesús.

Esto nos enseña que Dios se entrega a nuestra humanidad, no la cancela. Él se hace historia, se encarna en personas concretas, con historias humanas, con dolores reales. Jesús no es una idea abstracta, sino Dios que escogió entrar en la fragilidad humana, para transformar desde dentro nuestras heridas y nuestras limitaciones.

3. El Adviento: paciencia en la espera y confianza en la venida

Estamos ya en el corazón del tiempo de Adviento, un tiempo en que la liturgia nos invita a vivir la espera vigilante de Cristo: Jesús vino en Belén, viene hoy en nuestros corazones y vendrá al final de los tiempos.

Adviento no es un simple recordatorio del pasado. Es una llamada a la conversión, al caminar hacia el Señor con confianza, paciencia y esperanza. Es reconocer que Dios no obra según nuestros plazos, sino según su fidelidad. Él sabe que nuestras vidas son misterios que se desentrañan gradualmente en su amor.

4. Intención especial: oración por los enfermos

Queridos hermanos y hermanas, hoy elevamos una oración especial por todos los enfermos, especialmente por aquellos que sufren en silencio, en sus cuerpos, en sus almas, en su esperanza.

Queremos mirar a Cristo como Hijo de David y de Abraham: el que llega a sanar, el que toma nuestra humanidad y la lleva a su plenitud. Que Él, que conoció el sufrimiento en su carne y también en su misión, visite a los enfermos y les conceda alivio, fuerza, paciencia para vivir este tiempo de prueba sin perder la fe.

Oremos por quienes están en hospitales, por quienes enfrentan enfermedades crónicas, por quienes sienten miedo al futuro. Que la presencia de Cristo, Emmanuel —Dios con nosotrosles sostenga en la fe y en la esperanza. Cristo camina con ellos, no les abandona, hasta en los momentos más oscuros de enfermedad y debilidad.

5. Conclusión: esperanza que no defrauda

En este Adviento, al meditar en la genealogía de Jesús, aprendemos que Dios obra a través de la historia, en medio de nuestras vidas, de nuestras familias, de nuestras comunidades. Él no rompe los vínculos humanos, sino que los eleva. Él no elimina nuestras fragilidades, sino que las redime. Su fidelidad supera nuestras debilidades.

Que la Virgen María, estrella de la paciencia y de la obediencia confiada, nos enseñe a decir cada día: “Hágase en mí según tu palabra”, entregando a Dios nuestros temores, nuestras angustias y también nuestras esperanzas más profundas.

Que así, fortalecidos por la gracia, caminemos firmemente hacia la luz de la Navidad, llenos de fe, esperanza y amor, sabiendo que en Cristo nuestra historia tiene un sentido definitivo.

† Que así sea. Amén.

 

2

 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

La liturgia de hoy nos presenta un texto que a primera vista puede parecer árido: una larga lista de nombres en la genealogía de Jesús según san Mateo. Frente a nuestros ojos modernos, acostumbrados a relatos dinámicos, Mateo inicia su Evangelio con lo que parece ser una simple enumeración. Pero la Iglesia nos invita a ver más allá de las palabras y a contemplar en esa genealogía la fidelidad inquebrantable de Dios a su plan de salvación.

1. Dios cumple lo que promete

La genealogía de Jesús se estructura en tres bloques: de Abraham a David, de David al exilio en Babilonia y del exilio hasta Jesús. Esta secuencia de generaciones no es un dato histórico sin sentido, sino una declaración teológica profunda: Dios no abandona su proyecto de salvación a pesar de los vaivenes de la historia humana. Él había prometido a Abraham que todas las familias de la tierra serían bendecidas en su descendencia, y había prometido a David un reino estable para siempre. En Jesús, esas promesas alcanzan su cumplimiento pleno.

Hoy, en este tiempo de Adviento, la Iglesia nos invita a recordar que Dios es fiel a sus promesas. Aunque el mundo cambie constantemente —nuestras ideologías, nuestras seguridades, nuestras prioridades— el plan de Dios permanece firme. Él nos promete gracia, santidad, vida eterna, justicia, paz y su amor sin límites. Esta fidelidad divina no depende de nuestras fuerzas humanas, sino del infinito amor con que Dios nos ama.

2. Una fidelidad que da esperanza en medio de la prueba

Vivimos en un mundo rápido y cambiante, donde muchas cosas nos pueden hacer dudar: cambios sociales, crisis personales, enfermedades que minan el cuerpo y el espíritu. Frente a esas realidades que ponen a prueba nuestra paciencia y nuestra esperanza, la genealogía de Jesús nos recuerda que Dios nunca nos deja solos. Él ha caminado con nuestro pueblo a lo largo de generaciones, entrando en la historia humana y haciéndose uno de nosotros en Jesucristo.

Este tiempo de Adviento nos prepara para acoger al Señor que viene, no como una idea, sino como persona concreta, nacido en la carne humana, en una historia concreta y frágil. Él es Emmanuel —Dios con nosotros—, que se identifica con nuestra humanidad, la toma para elevarla y transformarla desde dentro.

3. El Salmo de hoy nos recuerda la justicia y la paz del Mesías

El Salmo que la liturgia nos presenta hoy es una oración por el rey justo cuya justicia hará florecer la paz. Este salmo, situado en la tradición del pueblo de Israel, nos recuerda que el rey definitivo y verdadero, el Mesías, traerá justicia y paz universales. En Cristo estas palabras encuentran su cumplimiento: Él es el Rey que juzga con justicia y extiende su reinado de amor a todas las naciones.

4. Oración por los enfermos: la fidelidad de Dios en la fragilidad

Queridos hermanos, en este Adviento y en el contexto del Año Jubilar, presentemos ante el Señor a nuestros hermanos y hermanas que sufren a causa de la enfermedad. Para muchos, el dolor físico, la incertidumbre de un diagnóstico, la soledad en medio de la fragilidad son pruebas que ponen a temblar el espíritu y la esperanza.

Jesús, el Hijo de David, el Salvador prometido, no es un Dios lejano. Él conoce el dolor, conoce la fragilidad humana, porque Él mismo tomó nuestra carne y vivió entre nosotros. Por eso te invito a elevar esta oración:

Señor Jesús, tú que eres la plenitud de las promesas del Padre, no apartes tu rostro de los enfermos. Sé consuelo para quienes sufren en su cuerpo y en su espíritu. Derrama tu gracia sobre ellos, fortalece su fe, calma su angustia y dales la paz que solo Tú puedes dar. Hazles sentir tu presencia fiel, hoy y siempre. Amén.

5. Vivir la fidelidad de Dios

Así como Dios ha sido fiel a lo largo de la historia, también queremos ser fieles a Él. No edifiquemos nuestra vida sobre modas pasajeras, sobre lo que cambia con los vientos de opinión o circunstancias. Edifiquémosla sobre Cristo, la roca firme. En este tiempo de espera vigilante, que nuestras vidas reflejen la fidelidad de Dios a través de nuestra fidelidad a la fe, a la oración, a la caridad, y especialmente a los más necesitados y enfermos.

Que el Adviento sea para nosotros un tiempo de conversión y esperanza. Que la Virgen María, que guardaba todas estas cosas en su corazón y vivió con fidelidad el plan de Dios, nos enseñe a decir con generosidad: “Hágase en mí según tu palabra”.

Que así sea. Amén.

† En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen.

 

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