Santo del día:
Santa María, Madre de Dios
Ocho días después de la
Natividad del Señor, celebramos a María, su madre. En el año 431, el Concilio
de Éfeso la proclamó «Theotokos», Madre de Dios, porque en ella el Verbo se
hizo carne y el Hijo de Dios habitó entre los hombres.
A la luz de la Palabra
(Lucas 2, 16-21) María
atesora los acontecimientos que la superan y la conmueven en lo más íntimo de
su ser. Al dar a luz a Jesús, se convierte en Madre de Dios. Su corazón es el
crisol de una actividad intensa donde los hechos son recogidos para ser
meditadas, profundizados. La joven busca en las Escrituras el sentido de lo que
está viviendo junto a José. Esta actitud puede llegar a ser la nuestra: descifrar
nuestra vida a la luz de la Palabra de Dios.
Bénédicte de la Croix, cistercienne
Primera
lectura
Invocarán mi
nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré
Lectura del libro de los Números.
EL Señor habló a Moisés:
«Di a Aarón y a sus hijos, esta es la fórmula con la que bendecirán a los hijos
de Israel:
“El Señor te bendiga y te proteja,
ilumine su rostro sobre ti
y te conceda su favor.
El Señor te muestre su rostro
y te conceda la paz”.
Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré».
Palabra de Dios.
Salmo
R. Que
Dios tenga piedad y nos bendiga.
V. Que Dios
tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R.
V. Que
canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia
y gobiernas las naciones de la tierra. R.
V. Oh Dios,
que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
todos los confines de la tierra. R.
Segunda
lectura
Envió Dios a
su Hijo, nacido de mujer
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas
HERMANOS:
Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer,
nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que
recibiéramos la adopción filial. Como ustedes son hijos, Dios envió a nuestros
corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «¡“Abba”, Padre!». Así que ya no
eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de
Dios.
Palabra de Dios.
Aclamación
V. En
muchas ocasiones habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta
etapa final, nos ha hablado por el Hijo. R.
Evangelio
Encontraron a
María y a José y al niño. Y a los ocho días, le pusieron por nombre Jesús
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
EN aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a
María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se
les había dicho de aquel niño.
Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores.
María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que
habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.
Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por
nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.
Palabra del Señor.
1
Hermanos y hermanas: comenzamos un año nuevo bajo
una palabra de Dios que es, a la vez, bendición, filiación y memoria
agradecida. La liturgia no nos pone primero los propósitos, sino algo más
hondo: la gracia. No empezamos “desde cero”; empezamos desde Dios,
que ya nos mira, ya nos llama, ya nos sostiene.
1. “El Señor te bendiga y te
proteja…” (Nm 6,22-27): el rostro de Dios sobre tu historia
La primera lectura nos regala una de las joyas más
bellas del Antiguo Testamento: la bendición sacerdotal. Tres veces aparece el
nombre del Señor, como un abrazo insistente:
- te
bendiga,
- haga
brillar su rostro,
- te
conceda la paz.
Es como si Dios dijera: “Antes de que salgas a
pelear tus batallas, deja que Yo ponga mi Nombre sobre ti”. Y cuando
Dios pone su Nombre, no pone una etiqueta: pone presencia, pone alianza,
pone futuro.
Para la Obra evangelizadora y las vocaciones esto
es decisivo: nadie anuncia a Cristo desde el vacío o desde la pura obligación.
El Evangelio se anuncia desde haber sido bendecidos, mirados con amor,
levantados por la paz de Dios. Evangelizar no es propaganda: es irradiar un
Rostro.
2. “Dios envió a su Hijo, nacido
de mujer…” (Ga 4,4-7): el centro del año es la filiación
San Pablo nos lleva al corazón del misterio: la
plenitud de los tiempos. Dios no improvisa; llega el momento, y su
respuesta es concreta, humilde, histórica:
- envía
a su Hijo,
- nacido
de mujer,
- para
que recibiéramos la adopción filial.
Aquí está la noticia que cambia el calendario del
alma: el cristiano no entra al año nuevo como “huérfano” espiritual, sino como hijo.
Y si somos hijos, no vivimos movidos por el miedo, sino por el Espíritu que clama:
“¡Abbá, Padre!”
Esto también ilumina las vocaciones: una vocación
auténtica no nace del afán de “demostrar” algo, ni de la presión social, ni del
perfeccionismo. Nace cuando una persona se sabe amada y, desde ahí,
escucha una voz que le dice: “Ven, sígueme; no para perderte, sino para
encontrarte”.
3. “María… guardaba todo en su
corazón” (Lc 2,16-21): el corazón como crisol
El Evangelio es sobrio, pero profundísimo. Los
pastores van, ven, cuentan, se maravillan… y María hace algo distinto: guarda,
recoge, medita. Alguien lo expresa con fuerza, refiriéndose a
este evangelio: María “atesora acontecimientos que la superan”. Es decir: no lo
controla todo, no lo entiende todo, pero no se desentiende. Los
acontecimientos pasan por su vida, y ella decide que no pasarán por su vida en
vano.
Aquí hay una enseñanza muy humana (y muy actual):
muchas personas viven sobrecargadas, reaccionando, sobreviviendo; los hechos
las golpean y quedan sin elaborar. María nos enseña un camino de salud interior
y de fe madura: hacer espacio para que lo vivido sea iluminado por Dios.
- No
es negar lo que duele.
- No
es romantizar lo difícil.
- Es
aprender a leer la vida “a la luz de la Palabra”.
Eso es oración verdadera: no solo “decir cosas a
Dios”, sino permitir que Dios lea conmigo mi historia.
4. El Nombre de Jesús y el inicio
del año: no empezar sin Él
El Evangelio termina con un detalle: “a los ocho
días… le pusieron por nombre Jesús”. Ese Nombre no es un adorno piadoso:
significa “Dios salva”. Empezar el año con María, Madre de Dios, es empezar el
año con Jesús en el centro: Dios salva.
No dice: “Dios complica”.
No dice: “Dios aplasta”.
Dice: Dios salva.
Y María, como Madre, no se queda con el Niño para
ella. Una madre verdadera no encierra; entrega. Por eso, pedir hoy por
la Obra evangelizadora es pedir que la Iglesia tenga el corazón de María: un
corazón que recibe a Cristo, lo cuida, y lo ofrece al mundo.
5. Intención del día: Obra
evangelizadora y vocaciones
Hoy oremos así:
Por la obra evangelizadora:
Señor, que tu Iglesia no pierda el asombro de los pastores ni la hondura del
corazón de María. Que evangelicemos con alegría, con cercanía, con verdad; no
desde la queja, sino desde la bendición; no desde el juicio, sino desde la
misericordia.
Por las vocaciones:
Señor, sigue enviando obreros a tu mies: sacerdotes santos, consagradas
luminosas, matrimonios misioneros, laicos valientes, jóvenes que no tengan
miedo de darte la vida. Y concede a nuestras comunidades la gracia de
acompañar, cuidar y sostener los llamados.
6. Un gesto concreto para
comenzar bien
Te propongo una “práctica mariana” para estos días:
toma un momento cada noche y haz tres movimientos sencillos:
1. Agradece un signo de Dios del día.
2. Presenta una herida o preocupación.
3. Escucha una frase del Evangelio (aunque
sea una línea) y pregúntate: “¿Qué me ilumina hoy esta Palabra?”
Es el modo de María: recoger, meditar, discernir.
Oración final (breve)
Santa María, Madre de Dios, guarda a la Iglesia
bajo tu manto. Enséñanos a leer la vida a la luz de la Palabra. Pon en nuestro
corazón el nombre de Jesús, para que este año sea camino de bendición y de paz.
Y suscita en tu pueblo vocaciones santas para la misión. Amén.
2
Hermanos y hermanas, hoy la Iglesia nos hace
comenzar el año con una certeza luminosa: Dios no se cansa de bendecir,
y lo hace por un camino humilde y entrañable: una Mujer, María; un Niño,
Jesús; una Familia, la de Nazaret; y un corazón que “desborda”.
El Corazón Inmaculado de María, tan lleno de amor y
gracia, que se derrama. No es poesía sin fundamento: es Evangelio vivido. María no es una
figura lejana; es una Madre con el corazón “rebosante”, y ese desbordamiento es
la manera de Dios para acercarse a nosotros.
1) “El Señor haga brillar su
rostro sobre ti” (Nm 6,22-27): el año empieza bajo una bendición
La primera lectura nos entrega la bendición
sacerdotal, como una “cobija” espiritual para el año que inicia. No es un deseo
humano, es una palabra eficaz:
- El
Señor te bendiga y te proteja.
- Haga
brillar su rostro sobre ti.
- Te
conceda la paz.
Comenzar el año así es aprender a vivir desde otra
lógica: no la del temor, ni la de la prisa, ni la de “a ver cómo me va”, sino
la certeza de que el rostro de Dios está inclinado sobre tu historia.
Y aquí entra María: porque el rostro de Dios, que
antes era promesa, se ha hecho visible en su Hijo. Lo que pedía el
pueblo —“haz brillar tu rostro”— ahora tiene nombre y carne: Jesús.
María es la primera en contemplar ese Rostro y, por eso, es también la primera
en enseñarnos a recibir la bendición.
2) “Dios envió a su Hijo, nacido
de mujer” (Ga 4,4-7): la plenitud del tiempo y la plenitud del corazón
San Pablo nos abre el misterio: cuando llegó la
plenitud de los tiempos, Dios no envió una idea, ni un decreto, ni un ángel: envió
a su Hijo, nacido de mujer. En otras palabras: Dios quiso que la salvación
pasara por el “sí” de María y por la ternura de una maternidad real.
¿Para qué? Para que nosotros dejáramos de vivir
como esclavos y comenzáramos a vivir como hijos: “Abbá, Padre”.
Esto cambia todo. Una Iglesia que evangeliza no puede hacerlo desde la
esclavitud de la ansiedad o del desaliento; evangeliza desde la libertad de
saberse hija, amada, sostenida.
Y las vocaciones nacen aquí: nadie responde con
alegría si no ha sentido primero que Dios le dice: “Tú eres mío; eres mi hijo;
eres mi hija”.
3) “Los pastores fueron
corriendo… y María conservaba todo en su corazón” (Lc 2,16-21): el doble
movimiento del discípulo
El Evangelio nos muestra dos actitudes
complementarias:
- Los
pastores: van aprisa, encuentran, cuentan lo que han visto y oído,
contagian asombro.
- María:
conserva y medita. No hace ruido, pero hace algo inmenso: deja
que el misterio la habite.
Alguien, comentando este evangelio, lo expresa de forma bellísima: el corazón de
María está tan lleno de gracia que se desborda. Los pastores, con su visita
y adoración, “provocan” ese desbordamiento: María recibe su testimonio y lo
guarda; pero también ella los bendice más, porque su corazón se vuelve instrumento
del amor de Dios.
Aquí hay una lección pastoral enorme: la
evangelización no es solo hablar; es también gestar. No es solo salir
corriendo; es también guardar.
La Iglesia necesita pastores que anuncien y comunidades que mediten. Necesita
misioneros de calle y contemplativos del corazón. Y cuando ambas cosas se
abrazan, el Evangelio florece.
4) ¿Por qué “Madre de Dios”? Un
título que protege la fe y sana la vida
Hoy celebramos un título que parece simple, pero
sostiene toda nuestra fe: María es Madre de Dios porque Jesús, su Hijo,
es verdaderamente Dios.
Esto no engrandece a María por encima de Dios; al
contrario: protege la verdad de Jesús. Si el que nació de ella es Dios
hecho hombre, entonces nuestra fe no se basa en un mito, sino en un
acontecimiento: Dios entró en nuestra historia.
Y si Dios entró así, entonces ninguna vida está
fuera de su alcance. Ninguna familia, ninguna herida, ninguna vocación en
crisis, ningún corazón cansado: Dios ha querido tener Madre para que
nadie se sienta huérfano en la fe.
5) “Corazón que desborda”: María,
Madre y mediadora en la vida de la Iglesia
Alguien comentando este texto dice algo profundo:
como el Corazón Inmaculado de María está rebosante, ella sigue derramando amor
y gracia sobre sus hijos espirituales, que somos nosotros en la Iglesia.
Entendámoslo bien: María no reemplaza a Cristo; nos
lleva a Cristo. Su mediación es materna: como en Caná, no se pone en el
centro; se pone al servicio del “Hagan lo que Él les diga”.
Por eso hoy, al comenzar el año, la Iglesia nos
invita a un acto sencillo y fuerte: acoger la maternidad de María.
No como devoción decorativa, sino como camino de vida: dejarse cuidar, dejarse
corregir, dejarse llevar de la mano hacia Jesús.
6) Intención del día: Obra
evangelizadora y Vocaciones
Si María es Madre de Dios y Madre de la Iglesia,
entonces nuestras dos intenciones de hoy se iluminan solas:
a) Por la Obra evangelizadora:
Que el anuncio de la Iglesia nazca de un corazón lleno, no vacío. Evangeliza
mejor el que se sabe bendecido, perdonado, acompañado. Que nuestras comunidades
sean como María: capaces de escuchar, de guardar, de discernir, y luego de
ofrecer a Jesús al mundo con humildad.
b) Por las Vocaciones:
Que el Señor siga llamando, y que nosotros sepamos crear ambientes donde la
llamada pueda crecer: hogares que oren, parroquias que acompañen, sacerdotes y
consagrados que sean testigos felices, jóvenes que no tengan miedo de decir
“sí”.
Y que quienes ya han respondido, no se apaguen: que vuelvan a la fuente, al
corazón, a la gracia.
7) Un gesto concreto para empezar
el año “a la manera de María”
Te propongo una práctica breve, para vivir este día
como escuela de María:
1. Bendice tu casa con la palabra de
Números: “El Señor haga brillar su rostro sobre ti”.
2. Nombra a Jesús en tu oración: “Jesús,
mi Salvador, guía este año”.
3. Guarda en el corazón un acontecimiento:
el más alegre o el más difícil… y dile al Señor: “Enséñame a leerlo a tu luz”.
Esto es espiritualidad madura: no negar la vida,
sino interpretarla en Dios.
Oración final
Madre de Dios, tu corazón rebosa de amor y gracia.
Recíbenos como hijos, acompáñanos en este año que comienza. Alcanza para la
Iglesia un nuevo ardor misionero y vocaciones santas y valientes. Enséñanos a
conservar y meditar la Palabra, y a ofrecer a Jesús al mundo con alegría.
Madre de Dios, ruega por nosotros. Jesús, en Ti confío. Amén.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por visitar mi blog, Deje sus comentarios que si son hechos con respeto y seriedad, contestaré con mucho gusto. Gracias. Bendiciones