miércoles, 27 de mayo de 2026

28 de mayo del 2026: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, Fiesta

 

El verdadero sacerdote

En esta fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, la Iglesia contempla el corazón mismo de nuestra fe: Cristo que se ofrece al Padre por amor y permanece para siempre intercediendo por nosotros. Las lecturas de hoy nos llevan desde la obediencia confiada de Abraham hasta la oración dolorosa de Jesús en Getsemaní, donde el Señor acepta plenamente la voluntad del Padre. Él es el verdadero sacerdote que no ofrece animales ni sacrificios externos, sino su propia vida para la salvación del mundo.

En esta Eucaristía oramos especialmente por la obra evangelizadora de la Iglesia y por las vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras, para que nunca falten corazones generosos dispuestos a decir con Cristo: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”.

G.Q

 


Primera lectura

Gen 22, 9-18 (opción 1)

El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe

Lectura del libro del Génesis.

EN aquellos días, llegaron Abrahán e Isaac al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán alargó la mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:
«¡Abrahán, Abrahán!».
Él contestó:
«Aquí estoy».
El ángel le ordenó:
«No alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo».
Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
Abrahán llamó aquel sitio «El Señor ve», por lo que se dice aún hoy «En el monte el Señor es visto».
El ángel del Señor llamó a Abrahán por segunda vez desde el cielo y le dijo:
«Juro por mí mismo, oráculo del Señor: por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de sus enemigos. Todas las naciones de la tierra se bendecirán con tu descendencia, porque has escuchado mi voz».

Palabra de Dios.



Heb 10, 4-10 (opción 2)

Así está escrito en el comienzo del libro acerca de mí: para hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad

Lectura de la carta a los Hebreos.

HERMANOS:
Es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados.
Por eso, al entrar Cristo en el mundo dice:
«Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas,
pero me formaste un cuerpo;
no aceptaste
holocaustos ni víctimas expiatorias.
Entonces yo dije: He aquí que vengo
—pues así está escrito en el comienzo del libro acerca de mí—
para hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad».
Primero dice: «Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, ni holocaustos, ni víctimas expiatorias», que se ofrecen según la ley. Después añade: «He aquí que vengo para hacer tu voluntad».
Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

Palabra de Dios.



Salmo





Sal 39, 7-8a. 8b-9. 10-11ab. 17 (R.: cf. 8a. 9a)

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

V. Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios;
entonces yo digo: «Aquí estoy». R.

V. «—Como está escrito en mi libro—
para hacer tu voluntad.
Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas». R.

V. He proclamado tu justicia
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes.
No me he guardado en el pecho tu justicia,
he contado tu fidelidad y tu salvación. R.

V. Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
digan siempre: «Grande es el Señor»,
los que desean tu salvación. R.



Acalamación

R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Cristo se ha hecho por nosotros obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre. R.


Evangelio

Mt 26, 36-42

Mi alma está triste hasta la muerte

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

JESÚS fue con sus discípulos a un huerto, llamado Getsemaní, y les dijo:
«Siéntense aquí, mientras voy allá a orar».
Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia.
Entonces les dijo:
«Mi alma está triste hasta la muerte; quédense aquí y velen conmigo».
Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo:
«Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú».
Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos.
Dijo a Pedro:
«¿No han podido velar una hora conmigo? Velen y oren para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil».
De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:
«Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad».

Palabra del Señor.

 


“Aquí estoy para hacer tu voluntad”

 

Queridos hermanos:

La fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, nos invita hoy a mirar profundamente quién es Jesús y cuál es el centro de su misión. Cristo no es simplemente un maestro admirable, un profeta extraordinario o un líder espiritual. Él es el Sacerdote eterno, el mediador perfecto entre Dios y la humanidad.

Y lo más hermoso es que Jesús ejerce su sacerdocio no desde el poder humano, sino desde el amor, la entrega y la obediencia al Padre.

Las lecturas de hoy nos ayudan a comprender ese misterio.

La primera lectura, tomada del Génesis, nos presenta el episodio de Abraham e Isaac. Abraham sube al monte llevando en el corazón una prueba durísima. Humanamente hablando, aquella situación parece incomprensible. Pero el texto revela algo fundamental: Abraham aprende a confiar radicalmente en Dios.

En el fondo, aquella escena prepara otra mucho más grande: el Padre celestial entregando a su propio Hijo por la salvación del mundo.

Isaac carga la leña; Cristo cargará la cruz.
Abraham sube al monte con dolor; el Padre entregará a Jesús por amor.
Pero mientras Isaac es perdonado, Cristo sí se ofrecerá plenamente.

Por eso el salmo responde con esas palabras tan profundas:
“Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.”

Esa es la clave del sacerdocio de Cristo.

La carta a los Hebreos lo explica maravillosamente: Dios no quiere sacrificios vacíos ni ritos externos sin amor. Cristo viene al mundo para ofrecer algo infinitamente más grande: su propia vida.

Jesús no ofrece cosas; se ofrece a sí mismo.

Y esto alcanza su momento más conmovedor en el Evangelio de hoy, en la escena de Getsemaní.

Allí vemos a Jesús profundamente humano. Está triste. Siente angustia. Experimenta el peso del sufrimiento que se acerca. Dice incluso: “Mi alma está triste hasta la muerte”.

¡Qué importante es contemplar esto!

A veces pensamos que la santidad consiste en no sentir miedo, en no sufrir, en no experimentar crisis. Pero Jesús mismo pasó por la oscuridad interior. Lo decisivo no es no sufrir; lo decisivo es no dejar de confiar.

En Getsemaní, Jesús nos enseña cómo orar en los momentos difíciles.

Primero abre el corazón delante del Padre:
“Si es posible, que pase de mí este cáliz”.

Pero luego pronuncia la oración más sacerdotal y más hermosa:
“Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

Ahí está el corazón del sacerdocio de Cristo.

Ser sacerdote no significa buscar honores ni privilegios. Significa aprender a entregar la propia vida. Significa vivir para Dios y para los demás. Significa cargar dolores ajenos, escuchar heridas humanas, acompañar lágrimas, sostener la esperanza de un pueblo.

Por eso hoy es también un día muy especial para orar por los sacerdotes y por las vocaciones.

La Iglesia necesita sacerdotes santos.
No perfectos humanamente, sino profundamente enamorados de Cristo.
Sacerdotes capaces de servir.
Capaces de escuchar.
Capaces de llorar con el pueblo.
Capaces de permanecer fieles incluso en Getsemaní.

Y también debemos orar por nuevas vocaciones. Porque muchas veces el mundo ofrece caminos fáciles, éxito rápido, placer inmediato, pero pocos jóvenes escuchan la voz de Dios que sigue diciendo: “Ven y sígueme”.

Sin embargo, Cristo continúa llamando.

Llama en silencio.
Llama en la oración.
Llama a través del sufrimiento del pueblo.
Llama cuando alguien descubre que la vida solo tiene sentido cuando se entrega.

Y aquí todos tenemos una responsabilidad. Las vocaciones nacen en familias creyentes, en comunidades que oran, en parroquias vivas, en sacerdotes felices de su ministerio.

Un joven difícilmente responderá al llamado de Dios si solo escucha críticas, divisiones o desánimo. En cambio, cuando encuentra testigos auténticos, servidores alegres, comunidades que viven el Evangelio, el corazón comienza a abrirse.

También nosotros, aunque no seamos sacerdotes ministeriales, participamos del sacerdocio de Cristo por el Bautismo. Cada cristiano está llamado a ofrecer su vida como ofrenda agradable a Dios.

Una madre que se sacrifica por sus hijos.
Un enfermo que une su dolor a Cristo.
Un catequista que evangeliza con amor.
Un joven que lucha por permanecer fiel.
Un anciano que ora por la Iglesia.
Todo eso también es ofrenda sacerdotal.

La fiesta de hoy nos recuerda que Cristo sigue intercediendo por nosotros. Él no abandona a su Iglesia. Él sigue sosteniendo a sus sacerdotes. Sigue llamando obreros para su mies. Sigue acercándose a nuestras noches de Getsemaní.

Tal vez muchos hoy cargan un cáliz difícil: problemas familiares, enfermedad, soledad, incertidumbre, cansancio espiritual. Miren a Jesús en el huerto. Él comprende nuestras luchas porque quiso pasar por ellas.

Y desde Getsemaní nos enseña el camino: confiar incluso cuando no entendemos todo.

Pidamos hoy:

— por la obra evangelizadora de la Iglesia, para que anuncie el Evangelio con valentía y misericordia;
— por los sacerdotes, para que sean pastores según el corazón de Cristo;
— por las vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras;
— y por todos nosotros, para que aprendamos a decir cada día:

“Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”.

Amén.

 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Gracias por visitar mi blog, Deje sus comentarios que si son hechos con respeto y seriedad, contestaré con mucho gusto. Gracias. Bendiciones




28 de mayo del 2026: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, Fiesta

  El verdadero sacerdote En esta fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, la Iglesia contempla el corazón mismo de nuestra fe: Crist...